EL ÚLTIMO SECRETO, Dan Brown. Barcelona, Edit. Planeta, 2025. Comentario sobre la obra.

El último libro de Dan Brown no va a decepcionar a sus seguidores. Es una historia trepidante muy bien ambientada con el aliciente de una coprotagonista, como es habitual, pero que en este caso se inicia con una relación sentimental que va a suponer un elemento más de tensión en el desarrollo de la trama. En líneas generales, sigue la estela de las novelas anteriores en cuanto a estilo y desarrollo. Hay una situación absurda que implica un riesgo inminente para los protagonistas y el mundo, una trama que irá resolviéndose a golpe de desentrañar símbolos y misterios hasta desembocar en un desenlace… que no os voy a contar. Sí os voy a decir que el autor nos muestra un universo, una ciudad, en que el misterio y lo mágico conviven con la realidad haciendo muy difícil desentrañar el perfil de los personajes que aparecen. Ese es uno de los enormes méritos del autor cómo, al final, las piezas del puzle van encajando hasta que todo cobra sentido. La elección de Praga como escenario, todo un acierto. Aún recuerdo la fascinación con la que recorrí las calles de esta ciudad encantada, su casco antiguo, el placer de pasear por sus callejuelas, sus casas coloridas, los tejados… Ese puente de Carlos con sus estatuas como telón de fondo a apariciones ¿fantasmales? que forman parte de la cultura popular. Da la impresión de estar en un cuento de hadas.

En el desarrollo de la historia se van generando expectativas, enigmas, que solo la sagacidad del protagonista va logrando resolver paso a paso, ¿os suena? Pero, quizás, lo más original sea el tema transversal que impulsa la trama. La compañera de Robert Langdon, la neurocientífica noética Katherine Salomon, ha escrito un libro sobre sus descubrimientos acerca de la conciencia humana. Ha sido invitada a dar una conferencia en Praga y se ha empeñado en que su Robert la acompañe para disfrutar de la ciudad y del evento. Pero hay quien no quiere que ese libro sea publicado e intenta por todos los medios hacer desaparecer los borradores. Comienza la persecución y el peligro acechante para los protagonistas.

No es de extrañar que un programa dedicado al misterio como Cuarto Milenio dedicara un espacio privilegiado a este libro, el pasado domingo 16 de noviembre de este año, con entrevista en primicia al autor. Sin desvelar el argumento, sí me vais a permitir algunas reflexiones que ilustren el acierto en la elección del tema y la lectura del libro que también fueron tratadas en la tertulia del programa tras la entrevista ofrecida. Hace ya algunos años, le comente a Iker Jiménez cómo el cerebro humano era «el gran misterio» en el que valía la pena adentrarse. Desde entonces, se han dedicado no pocos programas a profundizar en esa maravilla que no deja de asombrarnos tratando temas como las experiencias cercanas a la muerte, los niños índigo, los savant, la precognición, personas que tras un accidente demuestran capacidades y conocimientos de los que carecían, la conciencia en estados de coma -el caso de Luis-, etc. Todo esto está en el libro y nos ofrece una profundización sobre lo posible más allá de lo razonable.

El tema elegido por Dan Brown es, ni más ni menos, el origen de la conciencia en el ser humano, esa a la que también algunos llaman alma, aunque no tiene por qué ser lo mismo, ¿o sí? En la entrevista concedida en el programa, el autor nos trae una revelación y una preciosa metáfora. La revelación es que, tras la muerte de su madre, dejó de ser agnóstico y comenzó a creer en que había algo más allá de la muerte. La metáfora identifica la conciencia con gotas de lluvia que caen. Durante la caída son y se sienten como una individualidad, pero al caer se funden para ser uno con las demás y pasar a ser simplemente agua. Imaginamos así el mar como una especie de conciencia universal de la que procedemos y hacia la que nos encaminamos tras la muerte para integrarnos en el todo. La idea en sí no es nueva y ya la planteó el cordobés Averroes (1.126-1198) para quien el alma del ser humano es como una taza que recoge el agua de una fuente. Mientras el agua está en la taza tiene su forma -el alma individualizada en el cuerpo-, pero al devolver el agua a la fuente, ¿mantiene su individualidad o desaparece para formar parte de algo superior sin conciencia de sí misma? Averroes se mantuvo en la duda, no se atrevió a llegar más allá y sus ideas le valieron ser tildado de apóstata.

El tema es de tremenda actualidad y da mucho que pensar más allá de la ficción novelesca por varios motivos. Recuerdo una conversación en que un amigo se me quejaba de la dificultad que le suponía tener que explicarle a su hijo el don de la ubicuidad de Dios, estaba preparando la Primera Comunión y era el tema que tocaba. ¿Cómo explicarle a un niño de 9 años eso de que Dios está en todas partes y al mismo tiempo? Le respondí que podía hacerlo al llegar a casa conectando una radio, algo tan sencillo como eso. Le explicas que la radio es un receptor porque es capaz de recibir e interpretar señales, que cuando mueves el dial estás buscando diferentes frecuencias y cuando sintonizas la adecuada, entonces, se escucha correctamente. Después le explicas que lo maravilloso del caso es que si su amigo en su casa, aunque esté lejos, sintoniza en el aparato la misma frecuencia, escuchará lo mismo que él. Explícale que eso sucede porque las ondas de la radio son energía que se desplaza por el aire vibrando en una frecuencia determinada. Son energía, no materia. Igual que las ondas de radio, Dios es energía, no materia, por eso puede atravesar muros y ventanas, árboles y puertas y estar en todas partes a la vez y al mismo tiempo. Para poder escucharlo, tenemos que sintonizar con él como hacemos con el aparato de radio y es eso, precisamente, lo que intentamos a través de la oración.

Nuestro problema es que también somos materia y pensamos desde la materia, con las limitaciones propias de la materia (las dimensiones, incluyendo el tiempo). La cuestión es si somo solo materia o también somos energía. Y este es otro de los grandes misterios. Dan Brown se mueve en ese universo cada vez más inquietante que se nos muestra a través de los testimonios de experiencias cercanas a la muerte en que la conciencia sale del cuerpo y es capaz, luego, de relatar lo que estaba ocurriendo en la propia sala o en otros lugares con toda suerte de detalles. Interesante, en este sentido, la reciente publicación del doctor Manuel Sanz, La supraconciencia existe (Barcelona, Planeta, 2024) que viene a ratificar con ejemplos documentados publicaciones muy anteriores sobre el fenómeno.

Si es cierto que la conciencia puede abandonar el cuerpo ¿no estamos hablando de una energía consciente que puede moverse sin las limitaciones de la materia? Si pudiéramos lograr esta disociación de forma voluntaria a través de la ciencia, ¿no sería una magnífica oportunidad para utilizarla con fines militares?, ¿no revolucionaría el mundo del espionaje? Todo un reto argumental para un magnífico novelista. Llegados a este punto, no puedo dejar de recordar la década de los sesenta, ese New Age con los viajes astrales de la mano de Losang Rampa y El tercer ojo -también el aura aparece en la novela-.

Pero el misterio no queda ahí, y no hablo ahora de la novela, sino de la realidad que estamos descubriendo día a día. Desde que el acelerador de partículas, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), ubicado en el CERN, cerca de Ginebra, nos va adentrando en la física cuántica y descubriendo cómo se comportan las partículas subatómicas de la materia, se ha abierto un universo de posibilidades que ayer mismo nos parecerían de ciencia ficción. El conocimiento de lo que creemos real, la física newtoniana, va a cambiar. Solo os daré dos datos que ya son científicos y están contrastados para ir abriendo boca. El primero es el hecho de que las partículas quartk pueden actuar como materia o como energía indistintamente, y es un fenómeno que va a depender de quien las observa, ¿cómo es posible?; el segundo dato es que para estas partículas existe la bilocación, es decir, pueden estar en dos lugares al mismo tiempo, el famoso experimento del gato de Schrödinger. Es para volverse locos. Pero os aconsejo que leáis las entrevistas y los libros de la científica española Sonia Fernández Vida, didáctica y sencilla, genial.

Para terminar, algo que también forma parte del argumentario de la novela. El cerebro humano es la más maravillosa computadora que podamos imaginar y eso es mucho. En la novela se nos habla de 80.000 millones de neuronas, he leído en otras partes hasta 100.000; lo que no se nos dice es que cada neurona tiene la capacidad de establecer hasta 12.000 conexiones axiales, ¿os imagináis lo que esto supone?, ¿y si el funcionamiento del cerebro fuera cuántico? También se nos apunta esta posibilidad en la novela de acuerdo con los estudios científicos recientes. Llegados a este punto, con frecuencia se me pregunta que si esto es así, ¿cómo es posible que no seamos iluminados, con una extraordinaria inteligencia? La respuesta es sencilla: el cerebro no está programado para hacernos más inteligentes, sino para hacernos sobrevivir, la regla más importante de la naturaleza.

En conclusión, una novela que no defrauda, la acción es trepidante desde el comienzo y vivimos inmersos en un universo en que lo mágico y lo real se entremezclan de una forma extraordinaria. Espero que os guste y despierte en vosotros inquietudes para profundizar en todos estos temas.

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About #JoseCarlosAranda

Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía y Letras; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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