VERA. UNA HISTORIA DE AMOR. Juan del Val. Barcelona, Planeta, 2025 (Premio Planeta 2025). Comentario sobre la obra

Ha sido bastante polémico el Premio Planeta 2025. Hay quien habla de poco rigor o poca calidad literaria en la obra para un premio tan prestigioso, y hay quien habla de intereses comerciales por ser un autor conocido y popular. Sus intervenciones en El Hormiguero con Pablo Motos y su esposa, Nuria Roca, siempre son ocurrentes y lo mantienen en primera línea.

Yo no soy de la opinión de que la calidad literaria deba significar «difícil de leer», ya sea por la complejidad léxica, por la estructura narrativa o por las digresiones más o menos oportunas en el relato. A lo largo del tiempo ha habido muchas innovaciones, especialmente en los últimos ciento cincuenta años y, habiendo grandes aciertos, también ha habido grandes «timos» bajo el paraguas de la innovación. Todos recordamos esa revolución narrativa iberoamericana que pretendía implicar al lector para que participara activamente en la composición de la obra, ese realismo mágico que nos trajo genialidades de la mano de Cortázar, García Márquez o Borges; también hitos como el tremendismo norteamericano de la mano de Truman Capote, y cómo influyeron en la narrativa española con autores como Torrente Ballester y ese realismo mágico religioso de la Crónica de un rey pasmado o de Ojalá el viento nos lleve al infinito, Camilo José Cela y su novela polifónica de La Colmena, o el mismo Miguel Delibes que escribió Los Santos Inocentes sin utilizar un punto y seguido.

Pero también es cierto que bajo el paraguas de la innovación narrativa nos quedaron auténticos pastiches que poco o nada tienen que ver con el arte y mucho con el oportunismo. Tampoco es algo que afecte solo a la literatura y que podemos aplicar a todas las artes -conocidos son los casos de algunos pintores de renombre que se mofaban de quienes compraban sus cuadros que no eran sino manchas de pintura en un lienzo-. Y el caso es que algunos autores dejaron constancia de su intención y sus resultados en el prólogo de su misma obra como hizo Camilo José Cela con Oficio de Tinieblas 5 a la que calificaba, no como una novela, sino como el vómito de su conciencia. Y resulta que era verdad.

No me gusta ser duro con las críticas porque corre uno el riesgo de equivocarse, especialmente cuando uno mismo no es capaz de escribir algo que se le parezca. Quizás porque me acuerde de uno de nuestros grandes clásicos del teatro, don Félix Lope de Vega y Carpio. Decidió crear su propio modelo de teatro abandonando los preceptos clásicos y tuvo tanto éxito que llenaba los teatros a rebosar. Pero era continuamente criticado por ello, por no atenerse a las normas establecidas para lo que se consideraba «arte». Harto de tanta crítica dejó escrito un largo poema «El arte nuevo de hacer comedias» donde dejó una frase lapidaria como respuesta: «puesto que la paga el vulgo, justo es hablarles en necio para darle gusto». Evidentemente, su teatro no tenía nada de vulgar y su influencia fue tanta que afecto incluso a las normas morales de la época y trascendió fronteras. Con esta ironía criticaba abiertamente a quienes confundían «arte» con «complejidad conceptual», bien por genialidad como sucedía con don Luis de Góngora, bien por imitación, esos que ocultan su incompetencia tras el caos.

Me gustan los relatos que dicen algo y que lo dicen con sencillez. Esto no tiene nada que ver con la infantilización del estilo en algunos autores. Dos de mis escritores favoritos del siglo XX son Gonzalo Torrente Ballester y Miguel Delibes y poco o nada tienen que ver Los gozos y las sombras con Off side, o El camino con Mujer de rojo sobre fondo gris, dicho sea como ejemplo de evolución narrativa de los respectivos autores. Su estilo nos permite sumergirnos en la historia hasta quedarnos en ella como quien contempla un paisaje maravilloso que nunca antes hubiera visto. Personajes, ambiente, desarrollo, motivaciones van encajando como algo maravilloso que siempre hubiera estado ahí y que, ahora, en ese momento, estamos descubriendo y nos permite sentir y conocernos a nosotros mismos a través de ellos.

La novela de Juan de Val se lee con facilidad y es el retrato de una sociedad muy precisa y que tal vez perviva de alguna forma en nuestra Andalucía profunda y también en Madrid, como en cualquier otro lugar de España. Esos nobles de nueva cuna, hacendados, que caminan por la vida dejándose llevar, entre las tradiciones y la inercia de lo fácil que te viene por nacimiento: una vida regalada. Y, frente a ellos, otros protagonistas de los que viven con otros orígenes, otros valores, otra realidad. La novela es la historia de una mujer, Vera, de cómo se puede tener todo y estar vacío cuando uno no se tiene a sí mismo, cuando se ha vivido por inercia, entre ritos y convenciones sociales, pero sin mirar hacia el interior hasta que, sin darte cuenta, acabas por renunciar a ti mismo.

Puede que en un momento dado nos miremos al espejo y no reconozcamos a la persona que nos está mirando. Con cuarenta y cinco años se está en esa travesía en la que puede asaltarnos la tentación de revisar nuestra historia. Puede que decidamos en un momento romper con todo y puede, que en ese momento, descubramos emociones y sensaciones que creíamos olvidadas o, simplemente, que nunca existieron en nuestra realidad.

Los personajes están bien retratados, sus protagonistas se mueven entre La pasión turca de Gala y Las cincuenta sombras de Grey de Verlangen Pero la trama es compleja en el relato porque cada uno se mueve por emociones e historias diferentes, emociones primitivas y viscerales: el deseo, la envida, la dependencia, el servilismo, los celos… Y los acontecimientos se van enlazando desde distintas perspectivas hasta componer un puzle que nos lleva a un desenlace abierto. Un acierto que nos aleja de las tramas novelescas románticas de Corín Tellado. A diferencias de estas, ahora es la mujer la dominante, la que posee un alto nivel adquisitivo y la vida resuelta, la que es diez años mayor que él, pero mantiene con aquellas heroínas la pureza angelical de quien desconoce lo que es la pasión de verdad, y esto gracias su fidelidad en el matrimonio, su ciega resignación a un modelo de vida y sus cuarenta y cinco años de edad. Está claro que hay un esquema social que está cambiando.

Me quedo con las descripciones ambientales, geniales: la visita a la boutique de ropa, la feria de Sevilla, los paseos o las fincas. En definitiva, espero que lo disfrutéis.

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About #JoseCarlosAranda

Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía y Letras; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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