
Eran muchas las ganas que tenía de leer este libro. En primer lugar, la Navidad es un momento especial en que apetece reencontrarse con la figura de Jesús de Nazaret, no en vano celebramos su nacimiento que reproducimos en nuestros belenes; aunque cualquier momento es bueno para revisar la vida y el mensaje de este Salvador que se sacrificó para redimir los pecados de la humanidad y brindarnos el camino a la resurrección. No es una cuestión sencilla, el mensaje lleva dos mil años recorriendo el mundo. En segundo lugar, por el enorme éxito de la novela y la excelente crítica recibida. Creo que han sido cinco las reediciones que ha tenido solo en el mes de diciembre. Esto demuestra el interés del tema y la vigencia del mensaje.
Sin embargo, la historia no me ha atrapado. Quizás el problema haya sido las enormes expectativas que tenía en su lectura. La novela se centra en un oficial romano, Lucio Fedro, con un brillante futuro en su carrera profesional después de haber participado en las guerras del norte. Se le encarga una misión secreta: infiltrarse entre los seguidores de un nuevo profeta que está agitando Judea con sus prácticas. Se trata de demostrar ante el pueblo y ante Roma que no es más que un farsante charlatán. Para ello habrá de pasar por traidor a Roma y ganar la confianza del pueblo judío. El objetivo se consigue a pesar de ciertas reticencias por parte de algunos discípulos de Jesús.
La novela sigue en paralelo dos historias: la de Marco Lucio y su relación amorosa con una patricia romana, Flavia, que había sido su compañera de infancia en la casa donde fue acogido al morir su padre por un compañero de armas. Para su sorpresa, encuentra a Flavia ya casada pero entre los seguidores de Jesús. Esto supondrá un dilema y generará tensión narrativa. El segundo hilo es la propia historia narrada en los Evangelios, desde la predicación, la detención, la tortura y la crucifixión de Jesús. También su resurrección.
El protagonista tiene un antagonista, marido de Flavia, otro oficial romano, Benicio, que fuera compañero de armas del propio Lucio que repudia a Flavia y pugna por vengarse de los dos cuando sabe que están enamorados. El contacto con Jesús, que le brinda su apoyo frente a los demás apóstoles, la fe de Flavia y las experiencias van forjando poco a poco la transformación del personaje protagonista.
Dicho esto, los diálogos, en situaciones extremas no resultan creíbles (p. 389) y echo en falta una mayor penetración psicológica en los personajes especialmente en la evolución del protagonista, pero también en los demás actores. Presenciamos los hechos pero no los pensamientos y sentimientos que se dejan entrever en los diálogos sin mayor profundidad. En este sentido, apóstoles como Pedro, o María de Magdala, o el propio Jesús quedan algo desdibujados.
El autor demuestra ser un gran conocedor de la época y costumbres y esto es algo muy positivo. Me gustaría destacar la detallada información histórica sobre usos como la de los pescadores o el detallado informe sobre las irregularidades que se siguieron en el juicio contra Jesús que le llevó a la condena a muerte. Esos detalles de ambientación histórica bien merecen la pena.
Hay una película con una trama parecida, el centurión que es encargado de investigar el supuesto fraude de la resurrección y acaba siendo testigo de la misma. Fue estrenada en 2010, El centurión, dirigida por Neil Marchall, con Michael Fassbender como protagonista. Os la recomiendo. Y si os gusta el tema, permitidme recomendaros dos libros: Quo vadis, de Henryk Sienkiewicz, que a pesar de haber sido escrita a finales del siglo XIX, sigue reeditándose y fue llevada al cine -la película, creo, desmerece la novela-, y una obra poco conocida de J.J. Benítez, El enviado, publicada en 1979 y que sigue la pasión de Jesús, narrándola en forma de novela, a partir de los hallazgos de la Nasa en su investigación de la Sábana Santa. La seguís teniendo disponible en varias ediciones. Espero que os gusten.
José Carlos Aranda Aguilar
























