LA CRECIDA DEL GUADALQUIVIR A SU PASO POR CÓRDOBA.

LA CRECIDA DEL RÍO GUADALQUIVIR A SU PASO POR CÓRDOBA

Hoy se habla mucho de cambio climático, pero lo que nos está ocurriendo no es algo nuevo y, de tarde en tarde, viene sucediendo desde hace siglos. Hay quien, con acierto, ha mencionado la crecida del año 1963 que tuve ocasión de ver con el miedo a que las aguas rebasaran el puente romano. Pero ya sucedió mucho antes sin que el río estuviera canalizado a su paso por la ciudad con consecuencias desastrosas. Os dejo dos reseñas históricas de crecidas e inundaciones producidas en los siglos XIX y XV y que quedaron recogidas en el libro de Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba  (Córdoba: Cajasur, 2003, Ed. Facsímil)

NOTICIA DE LA GRAN RIADA DE 1876

(Crónica de una inundación, tomada de una carta de un tal Aurelio, fechada el 11 de diciembre de 1876, recibida en Roma cinco días después.)

Estas riadas son un espectáculo siempre grandioso, pero con grandiosidad que espanta y aterroriza, y de resultados funestos por la vida de algunos desgraciados que por sus impudencias o por actos de caridad que los hace heroicos, sucumben y mueren de una manera que horroriza pensarlo, y también funesto por las haciendas de las reberas y sus caseríos.

Llevábamos tres años tan escasos de lluvias que los veneros estaban agotaados, la arboleda muy castigada y sin apenas savia para vivir y fructificar; la tierra, como ripio de seca, los arroyos que en todos los tiempos llevaban corriente, secos cual las rocas, el río con dotación tan escasa que apenas si tenía agua para moler las piedras de los molinos; estábamos finalmente experimentado una sequía que prolongada un año más nos hubiera obligado a emigrar en busca de región más favorecida por los riegos atmosféricos. Dios, que estrecha pero no estrangula (y no digo ahoga porque he estado en u tris que perezcamos todos ahogados) nos envió el temporal tan abundante de agua que no solo sirvió para llenar los veneros, savificar la arboleda, acaudalar los arroyos y el río y de profundidad, sino que además sirvió para volver a los arroyos ríos de vasta superficie y gran fondo, y a los ríos mares improvisados y destructores.

El cuatro del corriente, a las ocho y media de la mañana, empezó a caer un aguacero torrencial que duró en Córdooba has las cuatro de la tarde y hasta el día siguiente en varios puntos de la provincia. Después, hasta el día siete, aunque con cortos intervalos de descanso, continuó cayendo agua abundante. El citado cuatro, tuvimos al río por la tarde cubriendo los pelambres, crecida muy regulas causada por solo la entrada de los arroyos de la sierra en sus proximidades a Córdoba. El arroyo de Rabanales, corriéndose por la Alameda de Lope García, se enlazó con el de Pedroches y este, desbordándose, inundó la huerta que hay cerca del puento, y tomando las cunetas de la carretera de Madrid, descendió hasta pasar por delante del cementerio de San Rafael y unirse a las aguas del arroyo de las piedras que, como recordarán, pasa o cruza la carretera por debajo del humillaero de San Antón. Tanto Rabanales como Pedroches y las Piedras cometieron mil entuertos y desaguisados en las tierras y cubrieron al desbordarse y en los terraplenes de las vías férreas, que batieron en brecha hasta inutilizarlas. El arroyo del Moro, que es el que deciende de la Cuesta de la Traició, pasa entre las huertas de la sierra, cruza por el camino antiguo que tantas veces hemos andado para ir a la Rizafa (Arruzafa), llega al paseo de la Agricultura […], inundó la vía férrea de Belmez, la estación de los ferrocarriles, la fábrica de harinera de vapor que hay tras la estación y amenazó inundar el barrio del Matadero. […] tomando por la carretera de la Albaida, por el callejón de los toros y por otras cuantas partes […] sin importarle un bledo los destrozos que hacía y los sembrados de desembraba.

Esto en lo concerniente a arroyos, mas en lo que respecta al río, diré que hemos visto y presenciado una de las mayores crecidas de nuestro amado Betis. El día 6, tomando las aguas de los afluentes por la parte de Jaén y de Segura, empezó a empinarse y a subirse. Al medio día solo se ven dos hiladas de la piedra del murallón de la Ribera, a media tarde están ya cubiertas; a la oración (a las 5 de la tarde) penetra en la ribera por el Molino de Martos, las rampas y los desagües del paeo; a las 12 de la noche cubre los asientos de los poyos y sube cuatro de dos sobre el arranque bajo de los barandales, entra en la calle Consolación hasta las cinco calle y princio de la del Baño y don Rodrigo, aquí se une con la inundación de la calle Lineros, verificada por el caño Vence-guerra, anegando lo bajos de todas aquellas casas y extendiendo sus aguas hasta el principio de la calle de la Candelaria. Por la Cruz del Rastro subre hasta el lugar donde estaban los arcos y la cruz. De la parroquia donde fuimos bautizados, a las 11 y media de la noche, es sacado el Depósito, llegando las aguas a la cintura del sacerdote y acompañantes. Los arcos del puente quedan cubiertos a excepción de los del ccentro que solo dejan ver media vara de boca. El río, extendiendo sus aguas desbordadas por la encima de la torroteras frente a las Peñas de San Julián, ocupa todos los llanos hasta los Visos, quedando el Campo de la Verdad inundado con una altura muy respetable del líquido encenagado. Lo mismo sucede al cortijo de El Arenal y al predio de huertas de la Fuensanta. Esta iglesia amite una vara de agua sobre el pavimento. Por la carretera de la Fuensanta entra el río hasta cerca del real de la feria. La cloaca que conduce las aguas de los barrios de Santa Marina y San Lorenzo revienta cerca de la Puerta de Baeza, y desaloja las aguas del río por la calle del Sol hasta la casa del marqués de Benamejí.

Varios hortelanos del barrio de la Fuensanta, a quienes impidió la subida ponerse a salvo, son socorridos por un hombre que, con ánimo decidido y muñecas de acero, guía una barca contra las corrientes encontradas y poderosas de la inundación; recorre, no sin gran peligro y dificultades, el pado de huertas y salva de una muerte segura a 47 personas e infinidad de cerdos. En la mañana de este mismo día 6, un guarda y un hijo suyo de 8 años, que quedaron aislados en Lope García, son salvados gracias a los heroicos esfuerzos de Amadeo Rodríguez y cuatro hombre valerosos y atrevidos que, exponiendo sus propias vidas, van en busca de aquellos infelices […], los encontraron con el agua por la cintura y embriagados y abatidos de congoja hasta el término de no poder hablar. Con ellos salvaron un perro grande y de temida reputación, dejándose el animal coger en brazos de sus salvadores para loq eu solo tuvo demostraciones del más vivo agradecimiento, lamiéndoles y haciéndoles caricias, cuando en otras circunstancias los hubiera destrozado con sus colmillos. Varios, y no pocos, de los habitantes del Campo del Espíritu Santo, desoyendo los consejos y voz salvadora de las autoridades, y demostrando su apego a su hacienda o muebles y enseres de sus casa, excesivo e inconcebible en circunstancias tan críticas para su vida, dejan de refugiarse en la ciudad cuando aún les era posible y permanecen en su barrio, no obstante conocer que el río crece y aumenta, que la riada entra ya por todas las calles y tiene cortadas todas las comunicaciones con la campiña, y próxima a cerrarse la del puente. Estos infelices, cuando ven sus casa y todo el barrio invadido por las aguas, cuando la noche extiende su oscuridad y la inundació subre más y más, se sienten poseídos de un pavor tan grande que empieza a pedir con ayes y gritos su auxilio para salvar sus vida, que por la oscuridad era del todo imposible prestárselo. En esta noche triste e imponente lleve a cántaros y la rejuela de San Lorenzo, no dando paso a las aguas por no admitirlas el río, deja que crecan los arroyos y que penetren en las habitaciones bajas de las casas de aquel barrio, de las que, con peligro, son retiradas muchas personas cuando en sus habitaciones media la inundación un metro de altura. El día 7 amanece y el río se conserva invadiendo el Campo de la Verdad, la Ribera y las calles indicadas. Los aislados en el barrio del Espíritu Santo han izado una sábana como bandera reclamando auxilio eficaz y pronto. Desde el puente, por encima del arranque de la Calahorra, se lanzan unos cuantos barcos contra las deshechas y fuertes corrientes qu a casuda de las calles y desviaciones se producen en el barco, y a fuerza de brazos y de inteligencia, penetran en las calles y recogen a las personas.

[..] El tren mixto procedente de Málaga, al entrar en el puente de hierro de Guadalaviar, cubierto hasta los raíles, descarriló y la máquina y dos vagones caen al río sepultándose en las aguas. Por fortuna, solo un niño de tres años es la víctima del desastre […].

CRECIDA DEL RÍO GUADALQUIVIR EN 1963

[…] Durante la noche baja dos varas […] y ayer, 10, el río camina sosegado y tranquilo con una vara más que de ordinario y sin conciencia ni remordimiento del robo que ha hecho a las empresas de los ferrocarriles llevándose 175.000 traviesas que estaban depositadas en Menjibar y en Córdoba a una altura de 15 metros y a una distancia de trescientos del nivel ordinario de las aguas del río; sin conciencia ni remordimiento de las muchas heredades y fincas que ha destrozado, los muchos animales grandes y chicos tales como yeguas, mulos, cerdos, lagartos y culebras que ha sofocado y arratrado. Y, por último, lo más sensible, las personas que ha hecho víctimas de su enfurecida creciente. De estas sabemos de 4: un barquero de Almodóvar, el niño ya nombrado y dos que en un barco caminaban a su segura perdición.

En las calles, las casas y en el barrio, ha dejado un barro o limo que dará bastante trabajo en limpieza. El Triunfo y los tejados y torre de la Catedral han servido de miradores para que los cordobeses desparramaran su vista por el vasto espacio ocupado por la crecida. Pocos habr´na dejado de acudir a los miradores siempre cuajados de curiosos. Nuestro hermano Rafael, continuamente ha estado visitando todos los puntos invadidos, viniendo cada un día dos o tres veces a mudas sus pantalones y calzado chorreando agua y lodos […],

En Sevilla, según noticias de un viajero […] parece que las aguas han penetrado hasta la plaza de San Francisco y la calle Sierpes, el barrio de Triana fue, desde un principio, inundado, y toda su vega.

CASO DE LA CRECIENTE DEL AÑO 1480

En el año 1480, que era obispo de esta ciudad de Córdoba don Fray Alonso de Burgos, castigó Dios a esta ciudad por los pecados de sus habitantes con la falta de agua, no lloviendo en toda ella. Por esta causa, valía la libra de pan a 80 maravedíes, cosa inaudita por ser dicha ciudad fertilísima y abundante en granos. Pero el Señor presenció sus estragos sin hacer caso de sus necesidades, y así sufrió la calamidad más abultada que jamás se había experimentado. Y para aplacar a la divina justicia de quien tan indignado estaba se hicieron procesiones generales con toda devoción y ternura que las avenidas de los corazones contritos bajaban por los ojos. Pero ¡qué pecho no había de ablandar al ver los sacerdotes con su dignísimo Obispo, vestidos de penitencia, unos descalzaos con crucifijos en las manos, otros con calaveras en ellas y coronas de espinas, otros predicando por las plazas. Al fin oyó la Divina Magestad los verdaderos lamentos de los cordobeses siendo tanta el agua que nos envió que puso a la ciudad en mayor confusión, pues desde el día 19 de diciembre de 1480 hasta ek 27 de febrero de 1481 no cesó de llover ni de día ni de noche, por lo que fue tal la avenida o crecida del río que pasó el agua por encima de las gradas de la iglesia parroquial de la Axerquía, andando los barcos por la calle de la Feria, Potro, caño de Veconguerra y las cinco calles con la de Corteduría.. Entró el agua por la puerta de Martos hasta la mitad de la plaza de los Siete Menas, y llegó a la Cruz que allí estaba, y abrió todas las aceñas, ahogó el convento de los Mártires, llevándose el agua el tejado de las aceñas de Martos y derrotó la casa de la Beata y la de Martín Vliente. Los pinos los amarraron con maromas porque a ellos llegó el río. Entró por la puerta de Baeza, anegó la iglesia de la Fuensanta, derribó las casas de la huerta de Figueras y don Fernando, cubrió el agua tres ojos por cada lado del puente, de suerte que sin barcos no se podía entrar en ella ni pasar los corrales (hoy Campo de la Verdad) a dar providencia a sus vecinos que estaban sitiados y anegados. Y siendo esta una de las mayores tribulaciones que se han sostenido, era gracioso ver tan desaforado monstruo. Pero lo que más admiró a Pedro Sánchez Sertera y demás que estaban presentes fue ver a un hombre desnudo, siendo tiempo de guerra, nada y zambullirse muchas veces en al aguo por el sitio de la portezuela de la Fuensanta hasta la misma fuente, cuya acción y destreza en el nadar admiró a todos. Duró la creciente algunos días, pero al fin se desahogó el río y los ánimos. No se pudo indagar a cuánto ascendió la pérdida que ocasionó esta avenida, pero se infiere que pasó de un millón.

¿UN MILAGRO EN MEDIO DE LA INUNDACIÓN?

“.[…] lo contó el Padre Maestro Fray Francisco Delgado en el púlpito y fue que un año de muchas aguas, viniendo muy crecido el famoso río Guadalquivir con las avenidas de otros cinco ríos que en él se juntan, día de San Andrés, vino tan crecido y fuera de sus márgenes que se temió que se llevase lal puente porque faltó muy poco para cerrarse los arcos. Estaba toda la ciudad a la mira y temerosa de la gravera del río y de lo que pudiera suceder. Sucedió, pues, que el otro Fray Francisco Delgado, que a la sazón era Prior en el convento de los Mártires, Acisclo y Victoria, que cae a los molinos de Martos y el convento cae sobre el río, estaba con sus frailes mirando la furia y los muchos ganados, chozas de pastores, árboles y leña que traía. Estando en esto, vio venir un barco pequeño y dos hombre dentro dando voces que los favoreciesen, que venían sin remedio y era tanto el caudal y su furia que no se les pudo acudir por ser dificultoso lo que pedían. El miedo de estos hombres era que en llegando el barco a la azuda que atraviesa todo el río, era fuerza el caer por la ladera de ella misma a la parte honda. Ellos y el barco había allí de perder la vida si Dios no hacía un milagro. Pues viendose en tan manifiesto peligro y que no había quien los pudiese favorecer, determinaron arrojarse al agua y ver si nadando se podían salvar.

Hiciéronlo así, y el más mozo salió primero, y puesto en la orilla, echó de ver que su padre se iba ahogando por su poca fuerza, y con el amor natural de hijo, fiando en Dios, se volvió a arrojar a las peligrosas aguas yéndose adonde su padre estaba más muerto que vivo. Metiose debajo del agua y forcejeando con aquel furioso elemento le vino a sacar a la orilla con tanto espanto de los presentes que les parecía que sin particular ayuda de Dios era imposible en tan gran tormenta poder escapar, particularmente por estar el hijo tan cansado, cuanto más sacar a su padre a cuestas como otro Eneas. Al fin, fue tan grande la alegría que todos los presentes recibieron de ver la buena suerte de aquel mancebo, que no se puede encarecer con palabras. Mandó el padre Prior que los llevasen al convento, y en su misma cama los acostasen y con mucha presteza los envolviesen con dos sábanas y que les dieran vino y ben de comer.

Después que hizo esto con gran consuelo de los religiosos y no menos edificación de los seglares que lo habían visto, el padre Prior, que desde que lo había visto volver al río tenía deseo de saber qué le había movido a aventurar su vida en tan manifiesto peligro, díjole el mozo: Padre, pues que vuestra merced reparó en eso, yo se lo diré con verdad lo que me movió cuando vi que mi padre se estaba ahogando y que, por su vejez, no podía resistir la furia del agua, dije para mí: Dios me ha de castigar si no socorro a mi padre a quien, después de Dios, debo el ser que tengo. Y fiado de Dios, y con aquel amor de hijo a padre, me arrojé a las aguas y no me engañé en esto, porque como vuestra paternidad vio, parecía que me llevaban del brazo y con menos trabajo saqué yo a mi padre que salí yo por dode aquellos santos religiosos vieron claramente que Dios le ayudó y favoreció por el repeto que tuvo a su padre y que todos os hijos que los honran serán de Dios en esta vida y en la otra favorecidos como se vio en este mozo.

Avatar de Desconocido

About #JoseCarlosAranda

Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía y Letras; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
Esta entrada fue publicada en ACTOS. Guarda el enlace permanente.