
HOY ME SIENTO PERRO
Mucho se está hablando y viralizando el fenómeno de los therians (del griego therion, animal salvaje). Son personas que dicen sentirse o identificarse con animales, se disfrazan de ellos e imitan su comportamiento. Se dice que es un fenómeno social asociado a la adolescencia. Puede ser o no. En el fondo existe una inadaptación al mundo que les ha tocado vivir y se refugian en ese estado en que la emoción predomina sobre la razón. Movimientos de protesta ha habido siempre -acordémonos de los hippies o de los punks o cualquier otra tribu urbana; y, antes que ellos, los románticos o los bohemios o los dandys-. Cada nueva generación presenta nuevas formas de rebeldía frente a la sociedad.
El problema es que hoy se justifica todo y la subjetividad se convierte en derecho y en patente de corso para cualquier desvarío. A modo de ejemplo, un estudio realizado por la Universidad de Northampton en 2019 lo califica como fenómeno propio de la adolescencia, época de cambios, hormonas, transformaciones y búsqueda de una identidad propia que se ve enfrentada a un mundo adulto carente de sentido. También afirma que no es un caso clínico. En definitiva, lo que siempre ha ocurrido con los adolescentes que han reaccionado a su modo según la época que les tocó vivir.
La mala noticia que les traigo es que el fenómeno no es nuevo. ¿Recuerdan aquella novela de Los viajes de Gulliver? Todos la recordarán por las películas y los liliputienses, pocos habrán leído el libro, por desgracia. Fue escrito en 1726 por Jonathan Swift, posiblemente el primer therians del que tengo noticias.
Sucede en su cuarto viaje, cuando es abandonado por su tripulación en una isla. Allí es atacado por unas criaturas simiescas, yahoos, y salvado por unos caballos que se sorprenden de ver a un yahoo inteligente y lo presentan ante su rey. Conversan y se soprenden de las costumbres que explica Gulliver sobre Inglaterra y los hombres, de las guerras, las mentiras y las traiciones propias de la civilización humana. Entre los houyhnhnms no existen tales cosas, aunque sí las observan entre los yahoos. En la isla, los houyhnhnms son los amos y gobiernan a los yahoos, seres primitivos y grotescos, a los que destinan a los trabajos más duros. La conclusión del rey es que la única diferencia entre los ingleses y los yahoos es que al ser más inteligentes, también son más malvados. Allí Gulliver queda admirado del estilo de vida de los caballos, eran amistosos, tranquilos, nunca discutían y cuidaban de sus crías con cariño. También eran generosos, repartían alimento y lo enviaban allí donde hiciera falta. Hubiera querido permanecer entre ellos, pero un día le rey le comunicó que la asamblea había decidido que aquel no era lugar para un yahoo, debía marcharse, que su presencia podía provocar una rebelión. Consiguió volver a su casa, pero ya no era el mismo. En el barco de regreso, se aisla, desconfía de todos. Al llegar a Inglaterra siente asco de las personas, incluso de su propio padre. Compra dos caballos, él no se siente un yahoo, y vive con ellos en el establo.
En conclusión, no han inventado nada. Ya hace tres siglos que se describió el fenómeno en una novela. La cuestión es que la obra es una crítica mordaz a la sociedad de su tiempo, pero estamos hablando de un inadaptado. Una de las inteligencias del ser humano es la social, la capacidad de interpretar y adaptarse a la realidad que le ha tocado vivir. Para eso contamos con algo tan valioso como la familia, primero, la escuela, después, y, por último, los amigos que nos acompañarán en la transición y búsqueda de la propia identidad. Creo que en la base del fenómeno está el desarraigo y la falta de afecto, y también la permisividad de una sociedad que ha perdido el rumbo y ríe comportamientos que debieran ser tratados para lograr que esas personas puedan integrarse y ser felices. No podemos elegir el mundo en que nacemos y, desde luego, apesta en muchos aspectos. Pero sí podemos dar lo mejor de nosotros mismos para mejorar, en la medida de lo posible, nuestro entorno y la sociedad, con nuestro esfuerzo y nuestro trabajo. Y yo creo que este es el camino y a ello me he dedicado toda la vida. El ser permisivos, displicentes, y tolerantes con estas criaturas, lejos de ayudarlas, las encajonan en un delirio que no les reportará la felicidad, aunque momentáneamente les brinde la sensación de pertenencia a un grupo tan necesaria en cualquier ser humano. Ello explica las, cada vez más frecuentes, quedadas que se hacen virales en las redes sociales.
Siento una profunda pena por ellos. Y no debo disculparme por ello, dado que vivo en una sociedad en que cada uno se siente como de la gana. Habría que hacérselo mirar.
NOTA: La referencia a la investigación está tomada de Javier Mercadal Serrano
























