LA TORRE DE LA MALMUERTA (ORIGEN Y NOMBRE) (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Torre de la Malmuerta

Una torre hay, dijo Colodro, frente a los frailes de la Merced, que se llama Malmuerta, y deseo saber por qué motivo se le puso ese nombre.

Yo me maravillo de que no lo sepáis por ser muy público. Sucedió, pues, que dos deudos principales, por diferencias que tuvieron, se desafiaron saliéndose a matar. Y el uno de ellos, llevando armas aventajadas, mató al otro. Procedió la justicia contra el reo y convencida del crimen fue condenado a muerte. Mas los reyes, estando en aquel tiempo nece- (B)-sitados de hombres y dineros, conmutaron la muerte en que hiciese una torre o fortaleza que se llamase la Torre de la Malmuerta aludiendo a la causa porque fue hecha.

Nota: A lo largo del tiempo se ha especulado con otros orígenes. Es un monumento singular que ha dado lugar a otras leyendas, pero esta es la primera noticia documental que tenemos.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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LA PUERTA DEL COLODRO (ORIGEN DEL NOMBRE) (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Por Dios, me cuadra, dijo Colodro, y tengo por cierto que lo mismo debió de ser de la del Colodro que está entre la Excusada y la del Rincón. Yo hice diligencias, dice Domingo, y supe de un hombre muy versado en historias que la puerta del Colodro la entro uno llamado Álvaro Colodro, valiente soldado, y de él tomó nombre la puerta.

Nota 1: Soledad Carrasquilla, a quien agradezco su comentario, amplía la información en este enlace: https://www.facebook.com/…/a.12888577…/1663511190372864/.

Nota 2: Según este texto, se trataba de dos puertas diferentes.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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CÓMO LOGRÓ FERNANDO III CONQUISTAR CÓRDOBA… LA PUERTA DEL EXCUSADO

PUERTA DE EXCUSADO Y COLODRO ¿LA MISMA?

CAPÍTULO 1º

En la feria de Daimiel concurrieron dos mercaderes, el uno llamado Colodro y el otro Excusado. Llego Colodro a una parada y le dieron el último cuarto que había quedado. Llegó después Excusado buscando posada. Por estar todos ocupados y viéndole Colodro afligido, pareciéndole hombre honrado le ofreció su cuarto y agradeciendo la merced que se le hacía, se van al cuarto y piden de cenar. De sobremesa, le dijo Colodro a Excusado que cuál era su patria, a que le contestó que Córdoba. Amigo, hace días que no residía en ella. Una puerta, dijo entonces Colodro que se llama Excusada. Es verdad, dijo Domingo, y a lo que entiendo por eso me llamaron a mí así, porque nací cerca de ella. Pues por lo mismo hubieron a mí de llamarme Colodro, porque nací cca de la puerta que tiene este nombre, y quisiera saber por qué esa puerta que os nombré se llama Excusada.

Pláceme, dijo Excusado, y principió a decir de esta manera:

(&2) Habiendo venido a ganar a Córdoba el Rey don Fernando III el Santo, la cercó y apretó de suerte que no se podía entrar ni salir de ella. Acudieron al rey moro y le dijeron que por aquella parte que cae a la sierra se podía abrir un postigo para entrar ganado. Pareció bien al rey y dio licencia para que se abriese por donde entró por algunos días ganado y otros bastimentos. Vino esto a noticia de algunos soldados y con un ardid extraño se metieron entre el mismo ganado doce de ellos con apercibimiento de que en siendo la refriega comenzada acudiesen los que quedaban en acechanza.

Al fin, viéndose dentro de la puerta, sacaron las armas y comenzaron como leones a matar moros de tal modo que en breve tiempo, con ayuda de sus compañeros se hicieron dueños de la puerta y de las (bis) torres inmediatas. Sabido por el rey moro lo que pasaba dijo: “Bien excusada hubiera sido allí aquella puerta”, y desde entonces le quedó el nombre.

Nota: Las primeras páginas no tienen numeración

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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CUANDO NO TE PUEDES FIAR NI DE TU NOVIO

CASO PARECIDO AL PASADO AUNQUE SIN MUERTE ALGUNA (B)

214: Admirado quedo, dice Colodro del caso que me habéis contado, y a mi ver es uno de los más extraños que yo he oído, y casi a invitación de ese os tengo de contar otro que sucedió en nuestra patria que me lo contó el Padre Balderrama Provincial de San Agustín de la ciudad de Córdoba, que aunque en él no hubo muerte fue harto notable, y es de esta manera. En Córdoba había un principalísimo caballero el cual tenía una hija, la cual por su mucha nobleza y riqueza, no la pensaba casar menos que con un gran título. Tratando de esto, la señora lo hizo mejor, que fue poner los ojos en un caballero de poca calidad que esto tienen las mujeres antojadizas, trabándose los dos por tercerías y billetes, porque en público no se atreviera ni aun a pasear la calle. Anduvieron algunos meses de esta manera aguardando ocasión de que su padre muriese y pareciéndoles que iba a la larga [208] se resolvió la señora que la sacase de casa de su padre a un lugar de allí cerca. Pareciole bien al caballero, señalaron el día y llegado tomó un famoso caballo y vínose al puesto donde la señora le aguardaba. Tomola a las ancas del caballo y caminó con ella casi dos leguas.

215: En este tiempo fue el cobarde caballero considerando el laberinto en que se había metido y que según su padre era poderoso y endiablado. Le pareció era imposible escaparse de sus manos. Y así, arrepentido de lo hecho se resolvió de dejar a la pobre señora en aquel desierto metiéndose en lo más espeso de él y viéndose allí, se echó del caballo y él las lio con toda la priesa posible y se volvió a su casa sin haber bastado mil ruegos y plegarias que la pobre señora hizo. Quedó la infeliz peor que la pasada, en mitad de aquellos montes sin saber qué hacer. Comenzó como una mujer aburrida a maldecir su aflicción y loca determinación, arrancábase los cabellos, abofe-(B)-teábase el rostro, ponía los ojos en que medio podía tomar en aquel aprieto y no hallaba ninguno, oía cerca de sí los ahullidos de los lobos y otras salvajinas que para la afligida señora eran aullidos de demonios. El silencio de la noche le apretaba el corazón y lo que más le acababa la vida era pensar lo que su padre hacía en echándola de menos y sabiendo su liviandad y el mal retorno y paga que daba a su cansada vejez y al mucho amor y regalo que siempre le había hecho, no dejándola de querer y adorándola. Y al fin la campanada que había de dar en la ciudad y en toda España su atrevimiento.

216: Viéndose cercada de angustias y sin remedio humano acudió a Dios como a su padre de misericordias, pidiole con todo su corazón que no la desamparase ni mirase a sus graves culpas, prometiéndole una muy grande enmienda de su vida y en particular de meterse monja y servirle toda su vida si de aquel aprieto la sacaba. [209] Hecho este voto comenzó a dar gritos y voces que los metía en el cielo y el Señor de él, que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva, permitió que un caballero de la ciudad, muy gran cristiano y de los que llaman alumbrados, había salido en día antes de un lugarejo para venirse a Córdoba y por permisión divina, había perdido el camino y andaba metido en el mismo bosque sin saber dónde iba, yendo y revolviendo a una y otra parte y andando en esto oyó las voces y gemidos que no le causaron poco espanto y temor, entendiendo si sus pecados lo habían traído por aquel lugar y a aquellas horas, encomendándose a Dios y viendo que perseveraban y que parecían voces de mujer, determinó irse acercando y ver qué podía ser aquello. Fue prosiguiendo su camino hasta que vino a llegar donde la pobre señora estaba. El caballero, entendiendo alguna ánima en pena, la comenzó a conjurar de parte de Dios, que le dijese quien era (B) y qué quería.

[Y aquí finaliza el relato con una tachadura, ¿quieres tú escribir un final?]

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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SEIS CONSEJOS PARA CUIDAR TU CEREBRO

Somos lo que hacemos, nuestros hábitos determinan nuestro estado de ánimo y de eso va a depender el que nos sintamos mejor o peor. Pero hay hábitos saludables para el cerebro que conviene implementar en nuestras vidas para mantenernos activos. A todos se nos recomienda el ejercicio, pero a ningún deportista se le recomienda que lea, por ejemplo. En este vídeo se nos habla de seis consejos:

1) La importancia de mantener una vidas social activa -somos seres sociales y crecemos con los vínvulos y el afecto-.

2) Hacer ejercicio -mejora la memoria y previene la degradación neuronal a partir de los 65 años-.

3) Ser optimistas -no podemos cambiar la realidad, pero sí podemos decidir cómo reaccionamos ante ella-,.

4) Cuidar la alimentación sana -verduras, fruta, pescado…-.

5) Mantener activa nuestra mente enfrentándonos a nuevos retos.

6) Dormir bien -el sueño es fundamental para mantener el equilibrio hormonal y consolidar la memoria y el aprendizaje-.

Os dejo el enlace a este vídeo, no dura mucho y confío en que os sea útil

. https://fb.watch/aPk8LcRVpT/

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CUANDO LAS PRISAS POR CASARSE TERMINAN EN TRAGEDIA

Perdida en el bosque una noche oscura y tenebrosa…

CASO ESPECIAL QUE SUCEDIÓ A UNA SEÑORA TRATANDO CASAR CON UN PARIENTE SUYO FORASTERO.

208: Por remate de tantos cuentos como hanse contado, dice Excusado, os diré uno que me contó un hijo de Córdoba y es de esta suerte. Un caballero de Córdoba tenía una hija que le había quedado de la primera mujer, era ya casadera y de ordinario se llevan mal con las madrastras. La de esta señora salió tan endiablada que la pobre señora no la podía sufrir. Padeció todo lo que pudo y viéndose apurada, trató de decirlo a su padre el desconsuelo con que vivía con su madrastra y pedirle que por la sangre de Jesucristo que la casase o metiese monja porque ya no la podía llevar. El padre, que no ignoraba lo que su hija había dicho trató con ella de casarla con un pariente suyo que vivía dos o tres leguas de Córdoba, holgó la señora de ella y teniendo el sí de su padre trató de la hora del casamiento en el cual no hubo contradicción sino mucho gusto de todos. Hizose el asiento y escritura y dentro de pocos días diole al desposado una calentura la cual fue causa para que el casamiento se dilatase. La mala madrastra, sabiendo lo que pasaba dio en atormentar a la pobre señora en tanto grado que estuvo por irse aburrida de su casa. Viendo que sus trabajos se le doblaban de nuevo, hallándose en este aprieto se resolvió de escribir una carta a su esposo pidiéndole por las entrañas de Dios que la sacase de allí porque se le acababa la vida con el maltratamiento de su madrastra.

209: Su esposo le respondió que por poca salud no se había acabado aquel negocio, que en estando algo mejor no se dilataría una hora. La pobre señora no creyó que estaba tan mal, y así le volvió a escribir que [205] viniese aquella noche y la llevase a su casa y sería su enfemera y que si esto no hacia entendería que no la amaba. Diole pena al pobre caballero la carta y razones tan apretadas y así se animó sacando fuerzas de flaqueza. Mandó que le ensillasen un caballo diciendo que se quería ir a pasear un rato y a tomar el fresco, que aderezasen la cena que él vendría presto. Alegrose su padre y madre y toda la casa por ser único de ella y su mucha bondad lo merecía. No quiso llevar criado consigo aunque le importunaron diciendo que no era menester y que presto volvería. Con esto se fue dejándolos a todos alegres por parecerles que era verdadera la mejoría.

210: En saliendo del lugar, torció luego el camino y llegó a las once de la noche a un postigo falso adonde la señora le dijo que viniese. Llegó a tiempo que ya la referida le estaba aguardando y sin ser sentido de nadie la cogió a las ancas y se volvieron de la ciudad caminando a gran priesa. Sucedió que en la mitad del camino le sobrevino al caballero un desmayo mortal, con que se echó del caballo abajo. La pobre señora hizo lo propio, tomolo en su regazo limpiándole el sudor no menos desmayada y afligida que su esposo (B), adivinándole el corazón el suceso que había de tener aquella su desdichada salida. Estuvo con este desmayo un rato, y cuando volvió en sí le pidió a su esposa que fuese en su sobrero por un poco de agua a una fuente que cerca de allí estaba porque padecía de sed. La desdichada señora fue hacia donde le dijo con el cuidado y la solicitud que se puede imaginar. La noche era oscura y tenebrosa y la pobre señora no acertó a tomar la senda y así se fue entrando en un monte adentro tan espeso y lleno de zarzales que a cada paso que daba iba dejando ya la toca, ya la jervilla (1) ya el pedazo de saya. Y al fin se vino a hallar en el mayor aprieto que se ha visto humana criatura en estos tiempos y viéndose en este miserable estado acudió a Dios y a sus santos, dando gritos y alaridos que los ponía en el cielo, llamando a la Reina de los Ángeles, y como Madre tan piadosa, acudió a la necesidad de esta [206] atribulada mujer, y fue de esta manera.

211: Que un primo de esta señora se había salido la tarde antes a cazar por aquel bosque, y estando él y sus criados reposando los despertó el ruido de voces que dando estaba la afligida señora. Vistiose el caballero de esfuerzo, acompañose de curiosidad, subió en su caballo mandando a sus criados que todos se estuviesen quedos, que él volvería presto. Metió mano a su espada y caminó hacia donde se daban las voces, y llegando cerca, conoció ser de mujer afligida. Fue metiendo por el bosque adentro hacia donde estaba y halló a la pobre señora enredada entre mil malezas, de donde no podía ir atrás ni adelante, con que era su trabajo mucho. Hablola el caballero preguntándole quién era. Ella le respondió que una mujer sin ventura pues la había traído a trance el más extraño que jamás se había oído, pues estaba ya por expirar, que le pedía por las entrañas de Dios (B) que la sacase de allí, y luego le daría cuenta de sus desventuras. Apeose el caballero y haciendo camino con la espada, la sacó rogándole le dijese quién era y quién la había metido en aquellos breñales.

212: Ella le contó en breves palabras toda su tragedia. Oyéndola su primo, quedó fuera de sí, determinó decirle quién era. Oído por la pobre señora, dio mil gracias a Dios por la singular merced que le había hecho trayéndole en aquel desconsuelo la prenda que más estimaba en esta vida. Fueron adonde había quedado el enfermo para aliviarlo de la aflicción en que había quedado. Saliendo al camino hallaron el caballo y dieron voces a su amo nombrándole por su nombre. Al fin dieron con él y viendo que no respondía ni despertaba le cogieron de la mano y hallaron estar muerto. La pobre señora, viendo que ella era la causa de la muerte de su futuro esposo fueron tantas [207] las lástimas que hizo que enternecerían las piedras.

213: Finalmente, después de haber hecho mil llantos, el primo le dijo que mirase lo que pensaba hacer, porque venía cerca el día. Ella le dijo que lo que él ordenase ella daba por hecho. Él dijo que pues ya aquello estaba en aquel estado y en su casa no se había sabido de su salida y que ni sus padres del desposado tampoco habían sabido su venida, que su parecer era que se volviese a su casa de su padre. Y con esta resolución la tomó a las ancas del caballo y la metió en su casa por el postigo por donde había salido sin que criatura humana los sintiese. Ella le rindió las gracias por la merced que le había hecho encargándole el secreto. Él lo prometió y se fue. Después se supo este caso y se tuvo por uno de los más extraños que han sucedido en toda España por las muchas circunstancias que tuvo.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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REQUIEM POR JOAQUÍN MELLADO, MI MAESTRO

GRACIAS, JOAQUÍN

HOY HA MUERTO UNO DE MIS MAESTROS, JOAQUÍN MELLADO

Se me ha muerto un maestro, de esos que tienen el honor de recibir este título: Joaquín Mellado. Fue mi profesor de Latín en la Facultad cuando me iniciaba en esto de intentar aprender. En un tiempo en que el profesor era poco menos que Dios, me enseñó el valor de la humildad y la sonrisa, el trato afable y el saber escuchar, la puerta abierta y el rigor en sus clases. Nunca podré agradecerte, Joaquín, aquellas charlas distendidas donde no pretendías ser más que tú mismo, en toda tu grandeza, mirándonos a los ojos con la afabilidad de un padre, con el rigor de un maestro. Fue tan buen profesor que logró que me gustara el Miles gloriosus de Plauto, algo imposible de no haberte conocido. Con el tiempo fuimos compañeros en la Real Academia de Córdoba, ¿quién lo hubiera dicho entonces, Joaquín? Y aún reías contando anécdotas y vivencias. Ese cordón umbilical entre maestro y alumno nunca se perdió por muchas canas que peináramos. Y es que tu corazón es muy grande. Ya estás con Enrique, Joaquín, dale recuerdos y allanad el camino. Si es grande el vacío que nos dejas, más grandes son los recuerdos que nos acompañan. Gracias, Joaquín.

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PRIMER CASO DE HECHICERÍA Y LA CORREDERA COMO ESCENARIO.

CASO ESPECIAL QUE SUCEDIÓ AL LICENCIADO CALMAESTRA.

203: Yo os contaré, dice Colodro, otro caso harto particular que sucedió en Córdoba y fue de esta suerte. Estaba en Córdoba un licenciado que se decía Calmaestra natural de la Villa de Arjona. Era letrado de la Inquisición y del fisco. Era rico y discreto y de una condición de un ángel. Su mujer [202] de este se llamaba doña Marina de Berrio, harto hermosa y discreta. Eran amados y queridos de toda la ciudad por su bondad y nobleza. Dios les dio seis hijos con que vivían con el gusto que se puede desear. Estando en este estado, dos señoras hermanas del Principal de Córdoba, aunque pobres, vivían pared y medio del dicho licenciado Calmaestra. Trabaron con toda su casa tanta amistad que era más que parentesco. Pagaron esta amistad y buena acogida no como quien ellas eran cuyos nombres se callan por no lastimar sus parientes.

204: Al fin, viéndose pobres y con buena ocasión de hacerse ricas trataron de darle unos hechizos al Licenciado y a su mujer y a dos hijos grandes y a otros dos criados con que les pareció que podían ir sacando todo lo mejor de la casa, como hicieron sin que nadie lo echase de ver fueron sacando toda la plata, los adornos y vestidos y al fin todo lo mejor, y los pobres hechizados andaban encantados que no lo echaban de ver. Al fin dentro de cuatro o seis meses fueron haciendo operación los hechizos: cayó en la cama el licenciado y a pocos días murió todo consumido. Lo mismo sucedió a la doña Marina y a las hijas y criadas, de suerte que de cuatro en cuatro meses vinieron todos a morir si no se descubriera la verdad.

205: Sucedió pues que pasó un día por casa de las hechiceras un lencero, llamáronlo y tomaron todo el lienzo que hubieron menester. Fue y vino algunas veces por el dinero y las señoras que dijeron que no lo tenían, que mirase si gustaba de alguna de ellas que escogiese la que mejor le pareciese. El lencero porque no se perdiese todo se acomodó con la menor. Andando en este trato, salió un día de su casa y queriendo orinar no halló con qué, fue y vino cien veces casi fuera de juicio por lo que le faltaba y considerando que el mal le venía de donde había salido volvió a ella y con una risa falsa comenzó a echar en burla la fiesta por ver en qué paraba; las señoras holgaron mucho del entretenimiento y al fin con mucho placer le restituyeron su alhaja en esta ocasión se habían dejado un arca a medio cerrar donde estaba toda la [203] plata que le habían hurtado al difunto; admirado de lo uno y de lo otro aunque con disimulación se fue muy contento al parecer de las señoras y enderezó su camino a casa del Corregidor a quien dio cuenta de todo lo que pasaba.

206: A esta sazón había ya muerto el Licenciado Calmaestra y la mujer y una hija, y la otra andaba ya en lo mismo. Con tantas muertes juntas no pudo dejar de haber escándalo en la ciudad y cada uno decía su sentir en esto: y la justicia muy en particular trataba de este negocio y aunque había algunas sospechas contra estas señoras por ser tan principales nadie se atrevía a hablar, pero viendo el Corregidor lo que decía el lencero mandándole que callase llamó toda su gente y con ella fue en casa de las señoras, las cuales estaban bien descuidadas de lo que había de suceder, aunque la sangre de los muertos estaba clamando a Dios. Fueron a el arca y hallaron toda la vajilla y colgaduras y otras muchas cosas; todo lo cual se depositó y puso por inventario. Cerraron las puertas y lleváronlas a la cárcel. Todo (B) lo sucedido se publicó en la ciudad, en un instante y fue tanto el alboroto que hubo que no se puede decir.

207: Comenzó la justicia a proceder contra las buenas piezas, las cuales confesaron luego de una hora donde estaban los hechizos y dijeron cómo se podría hacer que no muriese la segunda hija que quedaba y las dos criadas; púsose en esto mucha diligencia y aseguradas sus vidas trataron de acabar las de tan malas hembras, pero ellas se dieron tan buena maña en encartar que no quedó señora ni mujer de consideración de Córdoba, de Montilla, de Aguilar y de todos los pueblos que no encantaron. Al fin, viendo la justicia el estrago tan grande que se había de hacer y apremiados de ruegos de todos los duques, condes, marqueses y señores de toda la comarca, se dejaron rendir contentándose con meter estos demonios en unos cueros en el río y luego las llevaban por las calles dándoles doscientos azotes y teniéndolas a la afrenta en un tablado que se hizo en mitad de la Corredera de Córdoba. Allí se leyeron sus maldades públicamente y las desterraron de toda [204] el Andalucía para siempre. Y con esta leve pena castigaron a las que merecían no una sino mil muertes. En esta ocasión se cumplió el refrán que allá van leyes donde quisieren reyes, pues con el mucho dinero y ruegos que hubo se torció la justicia y aquellas malas hembras quedaron sin el castigo que merecían sus enormes delitos.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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UN CORDOBÉS DIRIGE LA BATALLA EN LA QUE MURIERON TRES REYES (EL RENEGADO) (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

LASTIMOSA TRAGEDIA DE DON JUAN DEL POZO:

190: Yo contaré, dice Excusado, otro caso que sucedió en esta desdichada jornada, bien diferente del que pasó a don Luis de Godoy que me lastima el corazón, pero es fuerza el decirlo pues que se han contado tantas proezas y se contarán delante de hijos de Córdoba, no es maravilla que caiga una mancha como dicen en el mejor paño. Sucedió, pues, que había en Córdoba entre los demás apellidos de caballeros uno que es el de los Pozos, en cuyo linaje hay 24 canónigos. Tienen en sus armas un pozo con un castillo. Antes de la guerra de Portugal hubo un licenciado deudo de estos caballeros, y de su apellido llamado licenciado del Pozo. Tuvo un hijo bastardo y dicen por Córdoba. Cuentan que su madre fue una honrada morisca. No tuvo este licenciado hijos y por esta razón se hizo más caudal de este caballero; reconociolo su padre por hijo y lo trató muy honradamente y junto con esto lo ejercitó en todos los ejercicios de caballería.

191: Fue junto con esto muy grande estudiante; y entre todas sus habilidades fue una (B), la esgrima, en que salió famoso: tanto que pudiera vivir por ella con mucho provecho y honra. Hacia malabares a un caballo extremadamente tanto que los caballeros de Córdoba le rogaban se los hiciese de su mano. Al fin por todas estas buenas partes era estimado de toda la ciudad y disimulaba la falta de su nacimiento. Sucedió que yendo el Conde de Alcahudete para Gobernador de Orán llevó de los caballeros de Córdoba una escuadra y entre los demás fue este hidalgo don Juan del Pozo. Llegados a Orán se ejercitaron en hacer correrías como se acostumbraba para ejercitar los jinetes, defendiéndose y ofendiendo como quería. Con que quedó estimado y tenido de su capitán y de los soldados por uno de los más señalados caballeros que había. Con estos buenos sucesos se comía las manos por guerra y deseaba por momentos ocasiones para señalarse más pedía el don Juan esto al Conde rogándole se hiciese alguna buena entrada la tierra adentro para ellos cobrar fama y los enemigos temor. Poreciole bien al Conde y a [196] los demás soldados y capitanes y así determinaron hacer una buena empresa a los aduares (1) más cercanos. Sucedió que sin pensar habían venido el día de antes gran cantidad de mozos a holgarse bien descuidados que de Orán les saliesen a ofender por la paz que hay entre los vecinos moros: viendo la ocasión salieron a ellos de Oran y viendo que los ofendían se dieron tan buena maña que temiendo no tuviesen los mozos alguna emboscada como suelen, comenzaron a recoger los soldados con poca reputación todos obedecieron.

192: Pero don Juan del Pozo o por su valor o por hacerse famoso se había adelantado tanto que cuando quiso retirarse se halló en medio de los enemigos sin hallar quien le ayudase porque los demás iban marchando: con gran priesa combatiéronle los moros tan fuertemente que le mataron el caballo y no por esto perdió el ánimo, antes viéndose a pie comenzó a hacer mil proezas y muy cansado por haber más de dos horas que estaba peleando. Viendo los moros su valor y mucha valentía le rogaron que se rindiese prometiéndole toda amistad y buen tratamiento, y viendo que de allí no se podía escapar hizo lo que le pedían. Rindió las (B) armas y lleváronlo a sus aduares adonde lo curaron y regalaron y sobre comida se trató de la batalluela y dijeron cómo ninguno sino él había mostrado tanto valor, y que si tuviera otros que le acompañaran que sin duda ganaran la victoria.

193: Con esto, se hizo tan afable con los moros que no le echaron prisiones ni se recelaban de él, antes le trataban como a hermano y con mucha cortesía, esperando un gran rescate por parecerles un grande caballero. Al fin, retirado el conde se echó menos don Juan del Pozo y se envió un soldado de paz a los moros, que si quedaba cautivo que tratasen del rescate y si estaba muerto se lo dieren para enterrarlo en Oran. Llegado el soldado, supo que no era muerto y que por el rescate habían de dar dos mil duros. Escribió don Juan al Conde y a su Padre en el estado que quedaba; que se enviase el rescate. Sabido por el conde que estaba cautivo se alegró, pareciéndole sería fácil el sacarlo o por trueque o por dinero. Sabido por su padre de don Juan recibió notable pena por amarlo tiernamente que lo mismo hicieron todos sus parientes y conocidos, pero templáronse estos disgustos con las grandes cosas que escribió el conde de sus hazañas y valentías y mucha nobleza de las muchas esperanzas que tenían todos de su mucho valor.

194: Los moros que lo cautivaron para asegurarlo más, metiéronlo la tierra adentro y, determinando ya a Marruecos a dar cuenta al Rey de lo que se había hecho, llevaron consigo a don Juan del Pozo. Llegados, dieron aviso al Rey de lo sucedido y que en la escaramuza se había cautivado un caballero que por las muestras que había dado se había echado de ver ser una gran persona y muy esforzado y gran jinete. Oídas las buenas partes del caballero diole deseo al Rey de verlo y traído a su presencia hízole tantas cortesías y reverencias como si fuera a su propio Rey, con que quedó muy satisfecho y le pareció que los que lo cautivaron habían quedado cortos en alabanzas. Al fin, satisfecho de su (B) persona le preguntó por su tierra y como se llamaba y a todo respondió con mucha cortesía y discreción.

195: Pidiole el Rey que dejase su ley y tomase su secta, dándole su palabra de tratarlo y honrarlo como a su propio hijo. Tuvieron tanta fuerza estas palabras que no supo contradecirle dándole su palabra de hacerlo. Se hincó de rodillas y le besó las manos. Hecho esto, diole el Rey por nombre Solimán del Pozo. Hízolo luego su caballerizo mayor y hallando en él mucha capacidad, tomaba su consejo y parecer para todos los asuntos y negocios de más importancia que se le ofrecían. Casole luego con una dama de la reina muy hermosa y principal con que todos le estimaban y honraban. Estando las cosas en este estado, llegó el dinero del rescate que lo traía de Córdoba un fraile mercenario. Llegó a la Corte y sabido por él lo que pasaba quedó fuera de sí. Para ver si era cierto lo que le habían dicho, visto ser todo verdad y que él estaba muy contento, le comenzó a persuadir, todo lo cual fue en vano. Al fin él le dijo que le volviese a su padre el dinero y le dio de lo mucho que ya tenía otra suma de doblones que les llevase, quedó con esto el fraile absorto viendo aquel mancebo en lo mejor de su vida tan rico y bien emparentado y que sin haberle hecho fuerza hubiese hecho tal disparate solo por gozar de la privanza del rey y de sus gustos.

196: Sabido esto por su padre y parientes no es posible encarecer el sentimiento que hicieron, escribiéronle muchas cartas y procuraron otras de grandes señores y de la misma Inquisición asegurándole el perdón, pero nada fue bastante a sacarlo de su dureza. Ofreciose en esta ocasión la Jornada del Rey de Portugal, don Sebastián.(2) Estaba a la sazón el rey moro malo, y por esta ocasión convidó a Rey con la paz saliendo a muchos partidos y el principal era acudir con una gran suma de dinero para el gasto. A todo esto, se hizo sordo don Sebastián y el Rey moro, aunque enfermo, se metió en una litera y acudió a la defensa de su reino. Aderezó lo necesario para la jornada y llegado a vista de sus enemigos dispuso su ejército y puso en orden todas las cosas, llevando siempre a su lado a don Soliman del Pozo, que era él quien todo lo hacía y ordenaba (B) y así era de todos obedecido.

197: Sucedió que el día de la batalla por la mañana murió el Rey de la agitación del camino y por el temor que tenía del suceso de la batalla. Finalmente, se dice que ciertamente estuvo en manos del cordobés el dar la batalla o no, pero el maldito renegado, olvidado de Dios, no quiso aprovecharse de la mejor ocasión que hombre ha tenido. Quedo muerto el Rey y él por absoluto señor a quien todos obedecían. Ordenó el ejército con tanta discreción y prudencia militar que queriéndolo así Dios, quedó por su parte la victoria, muriendo en un día tres Reyes que fueron don Sebastián, el Despojado, a cuya petición había hecho la guerra y su primo el que poseía uno de los más extraños sucesos que han sucedido en el mundo. Tantos días antes pronosticado, con aquel cometa tan famoso que se apareció sobre Portugal.

198: Ganada pues la victoria, le cupieron a don Soliman gran suma de despojos, y entre ellos fue gran cantidad de cautivos. Con esta pérdida acudieron los redentores [199] de las órdenes y entre ellos fue un Mercenario natural de Córdoba de quien yo supe toda esta historia, llamado el padre Fray Luis de Ahumada, este padre trató con don Soliman del Pozo de rescatarle una gran partida de cristianos cautivos. Hecho el concierto, le faltó alguna cantidad de dineros y concertóse con él que los dejase ir, y que él se quedaría por el dinero que faltaba. Tuvolo por bien don Solimán, pero puso una condición, pero que si no se traían para tal día el dinero que quedase el fraile para esclavo y para más seguridad lo llevó preso a su casa. El redentor lo tuvo por bien a trueque de enviar todos los cautivos. Satisfecho que en el dinero no habría falta, quedó el buen fraile en Marruecos consolando a los cautivos enfermos, acudiendo al hospital que tienen en Marruecos, confesando a unos y a otros, sacramentando y acomodando los rescates otros.

199: En esta ocasión y santa ocupación se entretuvo este santo religioso y las veces que hablaba con don Solimán trataban de Córdoba y de sus parientes y amigos y de todo le daba cuenta como hijo de la patria. No olvidaba el santo fraile en estas ocasiones de rogarle se convirtiese a Dios (B: en blanco [200]) dándole palabra de alcanzarle perdón del Rey y del Papa y de su Majestad. Le prometía grandes mercedes atribuyendo todos a su poca edad y experiencia el yerro que había hecho. Contábale muchos ejemplos, así de la Escritura como de nuestros tiempos y todo lo escuchaba con gusto, pero a cabo de rato salió con decir si el Rey me hace mercedes y el Santo Padre me perdona, dejarían de decir por eso este es el que renegó, padre? Deje esas pláticas que no tiene remedio.

200: Al fin pasose el tiempo que estaba aplazado y algo ofendido don Solimán de las persuasiones y ruegos del fraile, por vengarse de él, lo prendió y metió en una mazmorra adonde no se sabía si era de noche o de día. Y así lo tuvo hasta que vino el dinero, sin bastar con el renegado de Solimán todos los ruegos del mundo para sacarlo de la mazmorra. Al fin salió de ella el santo fraile muy contento por haber padecido algo por la fe, aunque muy indignado contra aquel hereje. Vino a Córdoba y dio aviso a aquel santo Tribunal de la Inquisición de la obstinación de aquel maldito renegado. Hizo este Santo Oficio sus diligencias notificán-(B)-dole por tres veces que se volviese a su Dios y Santa Ley. Y viendo que no quería, pronunciaron su sentencia que fuese quemada su estatua con el mismo traje que allá traía, y así se hizo el año de 1584 en un auto adonde le leyeron la sentencia y que fuese quemado fue cosa muy lastimosa lo que sintió esta afrenta toda la ciudad como tan católica viendo un hijo suyo y de tantas esperanzas echado al fuego con afrenta y deshonra de todos sus parientes. En este día noté que todos a una voz disculparon a este mozo en lo que había hecho por tener el medio camino andado como dijimos por ser hijo de una morisca (y esta maldita canalla jamás ha probado bien en España) y en confirmación de esto contaré uno con que contó un padre de la Compañía que se lo oí yo y dijo que viviendo en la ciudad de Granada conoció un caballero de los principales de ella que lo había criado una morisca desde niño y en lo que dicen que en la leche se mama en la mortaja se pierde se verificó en este caballero y fue que siendo ya grandecito le [201] dieron a comer tocino como se usa en aquella tierra pues destetan con él los muchachos y al punto lo echó del cuerpo y todas la demás veces que se lo daban sucedía lo mismo.

201: Al fin siendo ya grande le reprendió este padre sabiendo lo que pasaba y el caballero le respondió con juramento que le sabía cuando lo comía como almendras pero que en entrando en el estómago se le revolvían con el las entrañas y sin ser en su mano lo lanzaba luego y así se quejó de sus padres porque lo habían dado a criar a la morisca, de donde le venía su trabajo. Al fin, por dar fin a esta historia yo conocí y traté a su padre de Solimán que se decía el Licenciado del Pozo y a dos hermanas monjas en Santa María de las Dueñas y puedo afirmar que no se ha hecho sentimiento igual al que hicieron estas religiosas rogando a Dios con muchos ayunos y asperezas retrocase el corazón a su hermano. Lo mismo hacía el padre con otros muchos parientes y amigos, pero a todo se hizo sordo el maldito renegado hijo.

202: Estando yo en Cádiz supe (B) de un mercader que venía de Marruecos cómo era alcaide de una ciudad y me dijo que él había ido algunas veces a pedirle limosna para los pobres cautivos y que siempre se la dio con larga mano y que sentía bien de la fe, pero que poco le prestaba esto pues tenemos obligación de protegerla y morir por ella. Dícese que cuando quiso morir hizo llamar un sacerdote y le pidió le absolviese de sus pecados. El sacerdote le respondió que él no podía hacerlo si no se desdecía públicamente confesando haber ofendido a su Dios. Él lo dejó de hacer por la vergüenza que tuvo para desdecirse y así se lo llevó el diablo y estará allá harto arrepentido por no haberlo hecho. Este fin tuvo el desdichado don Solimán del Pozo.

  1. Campamento
  2. Se refiere a la batalla de Alzcazarquivir donde también murió el rey de Portugal.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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DE CÓMO DON LUIS DE GODOY SE LIBRÓ DEL CAUTIVERIO TRAS LA DERROTA EN PORTUGAL

El rey Sebastián de Portugal. Litografía.

TRAGEDIA DE DON LUIS DE GODOY Y OTROS COMPAÑEROS SUYOS:

184: Ya que va de trances de guerra, dice Colodro, os quiero contar otro caso semejante al pasado y sucedió en esta forma. Entre los capitanes que fueon en compañía de don Alonso de Aguilar a la triste jornada del rey don Sebastián, fue don Luis de Godoy, caballero Mayorazgo de Córdoba, gran jinete y muy cortesano, no solo entre los suyos, pero entre los enemigos. No fue con menos gusto recibido en el campo don Luis que lo fue don Alonso de Aguilar y dio su consejo al rey y a sus consejeros, pero no fue recibido como los demás. Al fin diose la batalla como lo dicen los cronistas y en particular Herrera el Cordobés que escribió dieciséis años del reinado del prudente rey don Felipe 2ª, dice que los castellanos que fueron dos mil, fueron los que sustentaron la batalla contra los moros después de desbaratado el rey con sus portu-191-gueses. El cual dijo viendo el valor de los castellanos que si hubieran traído más soldados de Castilla no perdiera la victoria. Finalmente, don Luis de Godoy como gran soldado y gran caballero, acaudilló su gente de tal manera que fueron los últimos que sustentaron su parte a pesar de los moros, aunque a mucha costa suya por ser solos y tener toda la morisma sobre sí.

185: Viendo algunos religiosos a porfía y que al fin habían todos de morir, fueron con Cristo en las manos pidiéndoles por Dios y por sus entrañas divinas que se diesen a partido y no muriesen allí como bestias. Viendo esto don Luis, como discreto y cristiano, se acomodó al tiempo y así dio orden a los suyos que se rindiesen. Don Luis se dio a un moro principal que tenía cargo del campo y sabía que era capitán y tan gran caballero le hizo un trato tan honrado que no hubo que desear. Diole una casa en que viviese y un tanto cada día (B) esperando por esto y por su rescate una gran suma de dinero. Don Luis de Godoy y sus compañeros lo tuvieron por bien y dieron su palabra que pagarían como caballeros. Esto hecho, escribieron a Córdoba por el rescate y como era la suma tan grande, no se pudo llevar tan presto. En este tiempo, don Luis, como soldado viejo, le pareció para no estar ocioso poner tabla de juego. Sucedió que los ciudadanos de marruecos comenzaron a picarse de suerte que comenzó el juego de burla y acabó en jugarse gran suma de dineros. Con juegos tan gruesos sacaba don Luis gran cantidad con que levantó sus pensamientos a grandes cosas: lo primero que hizo fue que a los guardas que lo custodiaban los regalaba soberbiamente dándoles dineros sin tasa y prometiéndoles para adelante montes de oro.

186: Fue de suerte que los que al principio miraban no se les fuese el preso, las dádivas los ablandaron de suerte que le dije-[193]-ron que si se quería ir, que ellos harían con otros moros que los hurtasen y los pusiesen en salvo. A los principios no salió a ello don Luis, antes afeó el caso diciendo que por ninguna cosa tomaría su libertad negociada por el hurto, que el tenía grandes riquezas en España y que presto le traerían el rescate. Con esto engañó a los moros entendiendo que eran echados de manga. Viendo los guardas que no querían irse, avisaron a unos piratas, grandes ladrones y contáronles la ocasión que tenían de coger una gran cantidad de dinero si le hablasen a un capitán famoso que cautivaron en la batalle y que estaban con bastante libertad para poderlo hacer y que ellos darían lugar porque les daba lástima de ver fuera de su casa un tan gran caballero y que de compasión ellos se lo habían dicho y que no salía a ello, que lo tratasen ellos, quizá y atendería otro parecer.

187: Sabido por los piratas lo que pasaba determinaron que fuese uno de ellos y habló a don Luis, diciéndole que si su merced quería que le hurtasen a él y sus compañeros y los pusiesen en su casa, que lo harían y esto con tanta verdad como si se trataran con sus propios parientes, y que en (B) confirmación de ello habían llevado a Portugal muchos hidalgos de aquel reino. Don Luis dio oídos a los piratas con el seguro que les dieron de la vida, y viendo que los guardas gustaban de su libertad y que ellos lo negociaban. Al fin trataron de conciertos y esto hecho señalaron día y hasta que llegó el plazo se mostró don Luis y sus compañeros más liberales con los guardas, de suerte que quedaron satisfechos de sus salarios. Fueron en este tiempo recogiendo todo el dinero que pudieron y llegado el día vinieron los piratas y quitándoles los vestidos que tenían, los vistieron a su usanza y por un postigo falso que hicieron los sacaron y llevaron a su barca. Recibido el precio de concierto, alzaron las velas y a remo y vela se dieron tan buena maña que al amanecer estaban en Ceuta. Cuando don Luis y sus compañeros se vieron en tierra de cristianos no hay encarecimiento para decir el alegría que tuvieron por tan señaladas mercedes de Dios.

188: Sabida la llegada por el capitán de [194] Ceuta vino con notable regocijo a ver a don Luis y a sus compañeros y sabiendo el modo de su liberad se fue a los piratas y les dio las gracias y cien ducados y un gran presente por lo que habían hecho, dándoles palabra de favorecerles en todo lo que quisiesen, rogándoles que todos los cristianos que pudiesen se los trajesen que él se lo pagaría y agradecería. Fue medio eficacísimo este para que se rescataran muchos cautivos a muy poca costa. Como se dio en el rescate de don Luis y sus compañeros que no se rescatarían por treinta mil ducados y se vieron libres por mil. El capitán de Ceuta, regaló a don Luis y a sus compañeros y viendo el deseo que tenían de irse a su patria, los acomodó de todo cuanto habían menester y los envió a Málaga, donde llegaron con próspero viento y sin detenerse tomaron el camino de Córdoba, y entraron en sus casas en ocasión de que se estaba vendiendo todo lo mejor de sus haciendas para el rescate.

189: Quién podrá decir con palabras (B) el contento que recibió toda la ciudad con la venida de estos caballeros, y en particular de sus padres, mujeres e hijos, bien se deja entender. Al fin, dentro de pocos días, fue don Luis a besar las manos al católico rey Felipe 2º y le dio cuenta de su venida y del suceso de la batalla, de que gustó mucho el rey. Pidiole por otros capitanes caballeros que fueron a ella y en particular por don Alonso de Aguilar y de la muerte del desdichado Rey, su sobrino Sebastián (1). Y también del estado de las cosas del reino de Marruecos. Y de todo la dio muy cumplidamente como testigo de vista. Mandole dar el Rey un buen acostamiento para el camino y un hábito de Calatrava con su encomienda y junto con esto le hizo Corregidor de Almagro, y después le dio otros muchos cargos muy honrados, con que murió muy bien y muy honrado y se llamaba don Luis el comendador a distinción de don Luis de Godoy el Bárbaro que era su sobrino. Este buen fin tuvo el cautiverio de don Luis de Godoy. [194]

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

  1. Por esta referencia, sabemos que se refiere a la batalla de Alcazarquivir, empresa del rey Sebastián para la expansión por África: https://thereaderwiki.com/es/Sebasti%C3%A1n_de_Portugal
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