¿ES EL SEXO ADICTIVO?: DE LA ANSIEDAD A LA ADICCIÓN A TRAVÉS DE LA PORNOGRAFÍA.

Me alegra enormemente que, tras el programa de Cuarto Milenio sobre la “Conspiración del sexo”, algo se haya movido y comiencen a aparecer informaciones al respecto.

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El sexo no es malo, es un instinto básico en cualquier animal garante de la supervivencia, el problema deriva cuando paliamos nuestra ansiedad a través de conductas repetitivas que acaban generando adicciones. El que la adicción al sexo no haya sido reconocida y se considere una “excusa” que algunos utilizan para justificar su libertinaje no es más que una cortina de humo. ¿Alguien entiende que hablemos de ludopatía o bulimia refiriéndonos a la adicción al juego y a trastornos alimentarios y no exista la adicción al sexo como patología? Ocurre que el negocio de la pornografía es la segunda industria más lucrativa en internet detrás de los vídeo juegos y hay demasiados intereses conjugados como para permitir que el tema se trate como una pandemia. Según la Comisión Europea, entre el 6 y el 8 por ciento de la población es adicta al sexo. Estamos hablando de un problema que afecta a tres millones de españoles, tres millones de familias.

Practicar el sexo, la masturbación o ver pornografía no tiene por qué acabar en adicción o enfermedad, pero llega a serlo cuando genera dependencia y el individuo es incapaz de pensar en otra cosa que no sea eso. Las víctimas son fundamentalmente varones, en torno a un 85 por ciento frente a un 15, y lo son porque el área cerebral relativa a la sexualidad ocupa el triple de tamaño en el cerebro de un hombre y, además, es vulnerable a la estimulación visual. Como en las demás adicciones, en el caso de la pornografía, se va desarrollando tolerancia por lo que cada vez se necesitan mayores dosis de dureza y violencia para lograr el mismo grado de excitación. Esto va produciendo un distanciamiento entre lo virtual y la realidad lo que lleva al sujeto a ir abandonando el sexo compartido o a buscar experiencias cada vez más potentes y estrafalarias. Llegan las líneas eróticas, la prostitución, las citas por internet… Y, lo peor, es cada vez más fácil y más accesible.

Lo que en un sujeto normal no tiene ninguna repercusión, en una persona que sea propensa genéticamente, puede ser terrible. Personalmente, la hipersexualización de la sociedad la relaciono con el incremento de abusos infantiles, otro de los gravísimos problemas que está asolando el panorama. Las estadísticas nos dicen que el 20 % de los niños sufren abusos sexuales y los únicos estudios oficiales sobre el tema datan de 1998, ¿a nadie más que a mí le parece esto un disparate?.

En Inteligencia natural (Toromítico, 2013) dediqué un apartado específico a  la prevención de los abusos sexuales infantiles, en mi próxima publicación, la segunda parte, dedico dos capítulos a educación sexual en la pubertad y la adolescencia. Se está confundiendo a los jóvenes y a los padres identificando la libertad sexual como una conquista de madurez social, sin embargo, cuando sexo y emociones no van de la mano, el desequilibrio y el traumatismo de la experiencia son desastrosos. De esto nadie habla excepto los psiquiatras en sus respectivas consultas (véase El niño mal amado, de Valentina Supino-Vitervo, por ejemplo).

El sexo es salud siempre que forme parte de nuestra vida, de nuestros hábitos, de nuestra ética personal dentro de una moral social que nos permita desarrollar nuestro propio proyecto de vida. No es una definición personal, lo es de la Organización Mundial de la Salud.

Son interesantes las aportaciones de las investigaciones que presenta el siguiente artículo, les aconsejo su lectura. También les dejo el enlace al programa de Cuarto Milenio.

PARTICIPANTES EN LA MESA DE DEBATE DE CUARTO MILENIO "LA CONSPIRACIÓN DEL SEXO" ÚLTIMO PROGRAMA DE LA 9ª TEMPORADA

PARTICIPANTES EN LA MESA DE DEBATE DE CUARTO MILENIO “LA CONSPIRACIÓN DEL SEXO” ÚLTIMO PROGRAMA DE LA 9ª TEMPORADA

La adicción al sexo está en el cerebro

Día 14/07/2014 – 16.46h

Las personas con este trastorno tienen las mismas características a nivel cerebral que los adictos a drogas

El consumo incontrolado de pornografía parece provocar una actividad cerebral en personas con un comportamiento sexual compulsivo o adicción al sexo similar a la que causa la adicción a las drogas, según un estudio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Sin embargo, los investigadores advierten que esto no significa necesariamente que la pornografía sea en sí misma adictiva. El estudio se ha publicado en «PLoS ONE».

Existe controversia sobre lo que algunos expertos en salud mental denominan adicción al sexo. ¿Se trata de un trastorno mental o de algo más? En 2010 se incluyó por vez primera en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), la ‘biblia’ de la Psiquiatría mundial, y lo que hasta ese momento era para muchos un cuento chino, se convirtió en la excusa perfecta en la que se escudaban personajes como el actor Michael Douglas o el golfista Tiger Woods para justificar sus infidelidades. Sin embargo, su clasificación como trastorno mental ha sido efímera, ya que en la última revisión de esta ‘biblia’ de la salud mental, las adicciones sexuales no ha logrado «pasar el corte». A pesar de ello, muchos han achacado sus problemas de pareja, económicos o laborales y de cualquier índole a su adicción al sexo. Algunos sexólogos estiman que habría un 6% de la población con este problema. Pero, ¿realmente existe esta enfermedad?

Aunque las estimaciones precisas se desconocen, algunos estudios han sugerido que hasta uno de cada 25 adultos está afectado por una conducta sexual compulsiva. Esta adicción puede tener un gran impacto sobre la vida y el trabajo de una persona, lo que conduce en ocasiones a sentimientos de vergüenza. Y entre los factores desencadenantes, un excesivo de la pornografía parece ser una de las principales características identificadas en muchas personas con comportamiento sexual compulsivo.

En este nuevo trabajo los investigadores del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge examinaron la actividad cerebral de 19 varones adictos al sexo y los compararon con el mismo número de voluntarios sanos. Todo ellos había comenzado a consumir pornografía a edades más tempranas y en mayor proporción que los los voluntarios sanos.

Actividad cerebral

«Nuestros pacientes tenían grandes dificultades para controlar su conducta sexual lo que complicaba su vida diaria», asegura Valerie Voon. En muchos aspectos, añade, «sus comportamientos eran muy similares a los de las personas adictas a drogas». Para determinar si ambas adicciones compartían una misma actividad cerebral los investigadores analizaron las respuestas cerebrales de los participantes ante distintos estímulos -vídeos cortos de contenido sexual explícito o de deportes- mediante resonancia magnética funcional (fMRI), que utiliza un nivel de oxígeno en la sangre (BOLD) para medir la actividad cerebral.

Así, comprobaron que tres regiones eran más activas en los cerebros de las personas con un comportamiento sexual compulsivo en comparación con los voluntarios sanos. Dichas regiones -estriado ventral, dorsal cingular anterior y la amígdala- son las áreas que también están especialmente activadas en los adictos a las drogas cuando se muestran estímulos relacionados con su adicción. Explican los investigadores que el estriado ventral está involucrado en los procesos de recompensa y motivación, mientras que la corteza cingulada anterior dorsal lo está con la anticipación de recompensa y anhelo por la droga y la amígdala con el procesamiento de la importancia de los acontecimientos y las emociones.

Los investigadores también preguntaron a los participantes que evaluaran el nivel de deseo sexual que sentían mientras veían los vídeos, y lo ‘mucho’ que les gustaba verlos. Se sabe que las personas adictas a drogas se sienten ‘obligadas’ a buscar la droga porque ‘necesidad’ más que por un ‘disfrute persona’. Este proceso anómalo se conoce como ‘motivación de incentivo’, una teoría convincente en trastornos de adicción.

Sexo explícito

Como era de esperar, los investigadores vieron que los pacientes con un comportamiento sexual compulsivo mostraron mayores niveles de deseo hacia los vídeos de sexo explícito, pero no los calificaron necesariamente con la puntuación más alta. En los pacientes, el deseo también se correlacionó con una mayor interacciones entre las regiones dentro de la red identificada, con una mayor intercomunicación entre la corteza cingulada dorsal, cuerpo estriado ventral y la amígdala.

Voon y sus colegas también encontraron una asociación entre la actividad cerebral y la edad: cuanto más joven era el paciente, mayor era el nivel de actividad en el estriado ventral como respuesta a la pornografía. Además, destacan que dicha asociación fue más fuerte en los individuos con un comportamiento sexual compulsivo. Las regiones de control frontales del cerebro, en esencia, los «frenos«» de nuestras actitudes compulsividas – continúan desarrollándose hasta mediados la veintena, y dicho desequilibrio puede causar una mayor impulsividad y toma de conductas de riesgo en los jóvenes. Los hallazgos relacionados con la edad en individuos con comportamientos sexuales compulsivos , señalan los expertos, sugieren que el estriado ventral puede ser importante en los aspectos de desarrollo de los comportamientos sexuales compulsivos de una manera similar como lo es en las drogodependencias.

«Existen claras diferencias en la actividad cerebral entre los pacientes que tienen un comportamiento sexual compulsivo y los voluntarios sanos y estas diferencias son similares a los de los drogadictos -añade Voon-. Mientras que estos resultados son interesantes, es importante tener en cuenta, sin embargo, que no podían ser utilizados para diagnosticar la patología. Tampoco nuestra investigación proporciona necesariamente evidencia de que estas personas son adictas a la pornografía».

Para John Williams, jefe de Neurociencia y Salud Mental en el Wellcome Trust, los conductas compulsivas, como ver porno, comer o jugar en exceso, son cada vez más comunes. «Este estudio nos ofrece nuevos datos para descubrir cómo nos comportamos ante actitudes que sabemos que son potencialmente perjudiciales para nosotros».

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Filosofía y Letras y Doctorando en Ciencias de la Educación; Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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