LEYENDAS DE LA MEZQUITA DE CÓRDOBA. Almuzara, 2024.

Córdoba es una de esas ciudades eternas, pero quizás sorprenda porque, entre tímida y austera, se ha mantenido semioculta como si estuviera cubierta aún con ese velo de misterio; tanto que el visitante no espera lo que encuentra, no es solo belleza, es un alma latiendo no sabemos dónde. Soy cordobés, amo esta ciudad y este barrio que disfruté siendo niño, que me deleitó siendo estudiante, que me enamoró siendo ya un hombre. Y cuando camino por las calles de mi barrio, de la judería, me asaltan las leyendas y cuentos oídos en mi infancia, las historias leídas en tantas novelas, los documentos estudiados en ese afán de satisfacer una curiosidad insaciable. Hoy quiero simplemente compartir esa ensoñación que experimento con todos vosotros.

Esta Córdoba milenaria, cuna de cultura, guarda celosamente sus secretos; es una ciudad donde lo romántico, lo misterioso, late en sus calles orquestando una danza entre generaciones. Sus patios, sus casas, sus palacios, sus castillos, sus gentes y sus costumbres son fruto de todos y cada uno de los pueblos que la habitaron a lo largo de los siglos. La historia forja las leyendas, y sus leyendas beben de una historia que invita a soñar. Como dijo Borges, hay en ella «lugares que parecen contener, escondida e intacta, la integridad del universo».


De entre sus tesoros, el monumento por excelencia de la ciudad es la Mezquita-Catedral, ordenada por Abderramán I, el Inmigrado, con ese entorno extraordinario del Puente Romano, la torre de la Calahorra, el Alcázar de los Reyes Cristianos, el Palacio Episcopal, la Puerta del Puente o el Triunfo de San Rafael. Aquí, cada rincón, cada piedra, cada balcón, cada jardín tiene su historia o su leyenda tradicional, transmitida de padres a hijos.


Este libro es una invitación a recorrer la Córdoba profunda y legendaria a través de un paseo por los alrededores que circundan el monumento más emblemático del islam andalusí, desde el Campo Santo de los Mártires hasta el corazón de la Mezquita aljama. Todo ello, de la mano de alguien que nació, se crio y estudió en esas calles, en esos patios, en esa torre.


«Leyendas de la Mezquita de Córdoba» aúna los recuerdos de una infancia feliz con los cuentos y leyendas locales, pero también con la historia recogida en las crónicas y con algunos fragmentos literarios de quienes quedaron atrapados por su embrujo, pasajes que ayudan a comprender, imaginar y soñar la magia de Córdoba inundando de espíritu el paisaje.

¿Quieres dar un paseo conmigo hasta la Mezquita-catedral?

José Carlos Aranda Aguilar

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LEYENDAS DE LA MEZQUITA DE CÓRDOBA. Almuzara, 2024

Acabo de publicar mi nuevo libro. Tendré ocasión de presentarlo el próximo día 14 de noviembre en un marco incomparable, como lo es la Facultad de Filosofía y Letras, en pleno corazón de la Judería. Todo un privilegio. Se trata de un libro inolvidable para visitar una ciudad inolvidable generando recuerdos de cada monumento, de cada estatua, de cada palacio, de cada patio… Un libro donde se entremezclan las leyendas populares con los recuerdos, las crónicas con las reseñas literarias. Estáis invitados y confío en que sea una sesión memorable.

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A MARCIAL HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, IN MEMORIAM

Cuando pasé ese día frente a tu casa, como tantas otras veces, miré por ver si te veía sentado a la puerta, con tu periódico en la mano y la radio conectada, tomando el fresco de la mañana. Ví a una señora fuera mirando como si buscara algo. Pensé que habían venido a cuidarte y seguí caminando.

Fue al llegar a casa cuando, por el chat de los vecinos, me enteré de tu fallecimiento. No hacía una semana que habíamos estado juntos. Cuando te veía en mi caminar me gustaba detener los pasos para hablar contigo desde aquel día en que Enrique nos presentó. Todo un lujo tener de vecino a un profesor de griego, amante de la lectura, con una biblioteca de más de tres mil ejemplares –“No sé que hacer con ellos, el día que yo no esté…”, “Yo pienso donar los míos a la Real Academia, creo que en los pisos nuevos ya no cabrían, aunque mi hija no está muy conforme”- casí cincuenta años dedicado a la docencia y, además, escritor y enamorado de Córdoba. Siendo como soy profesor de Lengua y Literatura, con mis cuarenta años de docencia a las espaldas, son tantas cosas las que nos unían que era un placer departir contigo sobre las historias y leyendas de Córdoba, sobre cómo se había ido deteriorando la educación con el paso de los años, no solo el conocimiento, sino la “Educación” con mayúsculas, sobre la importancia de mantener las inquietudes y apartarse de los medios de comunicación (“Yo no veo la televisión, es gana de amargarse la vida. Me pongo mi radio y así no estoy solo”).

Me regalaste un ejemplar de tus Historias y leyendas de Córdoba, yo te llevé un ejemplar de El libro de la gramática vital, ese ensayo del camino hacia la felicidad (“Qué bella encuadernación”, ¿quién te lo publicó?”). Ese día, ese último día que hablamos allí sentados te di la noticia de mi última publicación, la de los narradores andaluces, “¿Quieres un ejemplar?”, y me dijiste que te encantaría. Aquí lo tenía preparado en casa para ti, Marcial, se me ha quedado huérfano.

Me contaste, entre paso y paso aquel día que me acompañaste por la acera lo mal que lo pasaste cuando te dejó tu esposa, esa tristeza que oprime como una losa, cómo poco a poco lo fuiste superando aunque imaginaba que hablabas más para ti que para mí. “Bueno, me vuelvo, que ya me canso mucho”. Y te acompañé hasta la puerta donde María Auxiliadora parecía sonreír desde sus azulejos. “Coge un poco de romero, verás qué bien huele”.

Perdona si te traigo en el recuerdo, quizás tu humildad hubiera querido marcharse en silencio para escuchar con más claridad la voz de tu esposa desde el cielo, pero no me resisto a dejarte en el olvido. Te echaré de menos cada vez que, durante mis paseos, pase frente a tu casa y, te prometo, que cada vez que pase rezaré una oración ante la Virgen, tu querida Virgen, pensando en vosotros. Descansa en paz, querido amigo. Yo me quedo con los versos de Juan Ramón Jiménez recordando que ese «viaje definitivo» nos tocará a todos. Un abrazo.

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquéllos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquél de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

José Carlos Aranda

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UNA ALEGRÍA: Narrativa andaluza en el siglo XIX. Catálogo biobibliográfico de autores con cuatro estudios críticos sobre novelas marginales. Diputación de Córdoba, 2024.

Hace ya treinta años que presenté este trabajo. Los medios tecnológicos entonces eran la máquina de escribir y, con suerte, un ordenador personal que hoy nos parecería prehistórico por su capacidad tan limitada -solo podía almacenar 40 páginas por disco-. Hoy se me ofrece la oportunidad de publicar esta obra, los medios con que contábamos no admitían la digitalización para la consulta on line de quien quisiera profundizar en los temas tratados. No podía dejar pasar la oportunidad de poner a disposición de la comunidad este estudio en el que se abren puertas a futuras investigaciones sobre la narrativa andaluza del siglo XIX mediante la localización de buena parte de las obras referenciadas en los catálogos al uso. Debo agradecer a la Diputación de Córdoba su interés por este estudio, así como su generosidad. Vaya también mi agradecimiento al Instituto El Tablero donde finalicé mi etapa docente, la maquetación de la obra y el diseño de la portada se realizó gracias a un proyecto de Artes Gráficas y al profesor José Luis del Rosal. También debo mi agradecimiento a la editorial Almuzara que, con su esfuerzo, ha publicado hasta la fecha todo cuanto he escrito. Sin ellos, esta aventura no hubiera sido posible.

He mantenido la dedicatoria, cuando la escribí mi hijo José Carlos aún no había nacido, pero, él lo sabe, no es menos importante en mi corazón.

Solo deseo que el esfuerzo de esta investigación sea útil a quienes me sigan en esta apasionante aventura y podamos, entre todos, completar este corpus y profundizar en el estudio de la historia de nuestra literatura que no es otra sino nuestra propia historia. Gracias.

INTRODUCCIÓN: DISEÑO DE LA OBRA.

Creemos necesario empezar esta introducción con una serie de precisiones sobre el título de la presente Tesis Doctoral. En el mismo, hemos empleado el término «narrativa» en lugar de «novela» por los problemas que este último conlleva inevitablemente. El primero, al ser más genérico, permite la inclusión de composiciones que, de otro modo, no encajarían dentro de una definición precisa del género, tales como la leyenda, el cuento o la novela corta. El diccionario de la Real Academia define «narrar» como «contar un sucedido», sin más pretensiones; en nuestro caso, no podría olvidarse la función estética o poética, como dice Valera[1], ese «algo de poesía» que todo novelista introduce en su obra. Por otro lado, el entrar a definir el término novela nos llevaría inexcusablemente a redactar todo un capítulo de crítica  literaria que al final nos conduciría al punto de partida. Si aceptamos, por ejemplo, la definición de Lever[2]: «Novela es de forma de narración de considerable extensión escrita en prosa que involucra al lector n un mundo imaginado que es nuevo porque ha sido creado por autor», tendríamos que hacernos inmediatamente algunas preguntas: ¿qué significa exactamente «considerable extensión»?; ¿dónde quedaría la función poética?; ¿se trata de ese «mundo imaginado»? Por supuesto tendríamos que excluir las leyendas en verso, puesto que el autor precisa que ha de ser «prosa». Habría que concluir en que estamos ante unos hechos imaginados que se suceden en el tiempo, final al que ya llega Marthe Robert tras dos brillantes capítulos de exposición[3]. Por todo ello, el término «narrativa» creemos que responde más exactamente a la pretensión que se marca como objetivo prioritario de esta investigación, de ahí nuestra elección.

La delimitación cronológica -siglo XIX-, necesita igualmente de una justificación por nuestra parte. Es sabido que la Historia de la Literatura ha venido sirviéndose de la periodización cronológica impuesta por las Ciencias Históricas, respetando en lo posible los periodos culturales -Edad Media, Humanismo, Renacimiento, Barroco, Romanticismo, Modernismo, etc.-, sin olvidar tampoco la trascendencia que ciertas efemérides pueden tener a la hora de agrupar escritores u obras en torno a un suceso histórico -Generación Lin del 98, 68, de la literatura de postguerra, etc.-. Por otra parte, es cierto que los géneros y modas literarias no cambian por el procedimiento de dar saltos en el vacío у que, aun admitiendo que determinados acontecimientos marcan у pueden hacer torcer el rumbo de las historias literarias, lo habitual suele ser la existencia de un constante curso evolutivo donde la multiplicidad de incidentes históricos, culturales e incluso personales, trazando el camino que consolidará en grandes corrientes artísticas y en unos cuantos nombres inmortales, dejando a su paso los flecos de lo que bien sirviendo de «humus» prolífico, bien de los que se aprovechan de él, compusieron un panorama mucho más amplio, valorado diversamente en su época, que adelantan o perpetúan agónicamente actitudes estéticas ya fenecidas, cuyas aportaciones quedaron esparcidas, cuando no desaparecidas, en los ámbitos más insospechados. La elección, pues, de los años 1800-1900 como límites del corpus narrativo aquí catalogado obedece, en suma, a un propósito que busca una mayor operatividad a la hora de posibles bibliográficas. Por eso queremos advertir desde aquí que en algún caso hemos dudado en traspasar la fecha de 1900, si bien es cierto que, cuando ello sucede, se debe a casos excepcionales en los que, de no hacerlo así, la producción del autor se vería mutilada en una o dos obras solamente. En caso contrario, se enumera y se deja constancia de que la obra creativa continúa en el siglo siguiente, pero sin entrar en su especificación.

En cuanto al término «novelas marginales» se quiere indicar con ello novelas «atípicas» en su época, narraciones que presentan tendencias, temas, modos de narrar, etc. infrecuentes en el momento que salen a la luz. Es evidente, como demuestra Marthe Robert, que ningún esquema es suficiente para describir la realidad, aunque los multiplicásemos hasta el límite[4], pero no es menos cierto que la descripción y clasificación de las novelas ayudan a valorar y comprender mejor la peculiaridad de una obra concreta. Los cuatro títulos seleccionados presentan peculiaridades que creemos que escapan a las clasificaciones al uso, de ahí la denominación de «marginales» con que las hemos designado y que, en el segundo apartado de la presente Tesis, serán objeto de un estudio detallado.

Y tras las consideraciones concernientes al título, creemos oportuno realizar algunas precisiones en cuanto a los objetivos perseguidos en la presente investigación y en cuanto a la metodología seguida en su elaboración.

OBJETIVOS

 Dos eran los objetivos que nos marcamos al comienzo de esta tesis: el primero, conseguir un conocimiento lo más preciso que nos fuera posible acerca de la aportación que los narradores andaluces hicieron a la literatura decimonónica, conocimiento que abriera el camino а futuras investigaciones concretando la disponibilidad del material anotado en buena parte de los catálogos al uso. Con el segundo, nos propusimos hacer una cala en el material localizado y proceder a su estudio, buscando límites y peculiaridades con respecto a las tendencias descritas para el siglo XIX.

Respecto al primer objetivo, se hacía necesaria una revisión lo más pormenorizada posible de la relación de autores y producción de cada uno de ellos. No esperábamos grandes hallazgos en este sentido, pero sí que, tras la utilización de fuentes locales, pudiera ampliarse el número de escritores considerados de segundo orden que, por lo escaso de sus publicaciones o la relativa calidad de su obra, no suelen mencionarse ni aun en los grandes catálogos. La empresa ha sido laboriosa por dos circunstancias fundamentales: la primera es la proliferación en la segunda mitad del XIX del «erudito local» que publica una o tal vez dos novelas en su vida y en un ámbito muy concreto; la mayoría de estas obras se encuentra dispersa en bibliotecas particulares cuya accesibilidad no siempre es posible, y rara vez en las bibliotecas públicas -es de sobra conocida la penuria bibliográfica de la mayoría de los centros correspondientes a este periodo como consecuencia tanto de la legislación vigente como de la acción en muchos casos depredadora de algunas personas que tuvieron acceso a estos fondos-: la segunda circunstancia es la difusión de las novelas por entregas, unas encuadernadas y publicadas como volúmenes tras su aparición en prensa y otra gran mayoría que no tuvo esa suerte y se encuentra «enterrada» en las hemerotecas. Con esto somos conscientes de que no hemos conseguido un catálogo definitivo, labor, por otra parte, imposible en la práctica por la ya aludida enorme dispersión de datos existente.

En cuanto a la metodología seguida en la elaboración del presente Catálogo, procedimos a establecer en un primer momento la relación de autores andaluces, utilizando para ello catálogos como el de Ferreras, la Gran Enciclopedia Andalucía, el Diccionario de Montaner y Simón, el Manual de Palau, etc., a los que sumamos la consulta de tratados, como el del P. Blanco García, del que, si bien son conocidos errores ya subsanados, sin embargo aporta información precisa sobre autores que interesaban a nuestro catálogo. Añadimos, también, los nombres de autores extraídos de distintas fuentes, como los colaboradores en el Almanaque del Diario Córdoba, los mencionados por Ramírez de Arellano, los citados por Montoto o por Martínez Barrionuevo, etc. En esta primera fase, no excluimos a poetas o periodistas, en la creencia de que cualquier escritor, ya fuera de versos, artículos periodísticos, etc., podía haber tomado la pluma en alguna ocasión para elaborar un cuento, una leyenda o una novela. El resultado fue una relación de seiscientos nombres muchos de los cuales aparecían vinculados a Andalucía, pero sin referencias. El siguiente paso fue comprobar en los casos dudosos el lugar de nacimiento, para lo cual nos basamos en los catálogos anteriores añadiendo la Enciclopedia de Espasa-Calpe que, como señala Ferreras[5], resulta «[…] inapreciable en cuanto a datos, siempre que se encuentren inmersos en la sociedad del siglo XIX español”. Aproximadamente, ochenta y siete nombres quedaron fuera del catálogo por distintas razones; bien por haber sido comprobado su nacimiento en otras regiones, aunque se encontraran afincados en Andalucía, de ahí su vinculación; bien por no haber sido identificados. A estos últimos los mantuvimos, no obstante, por si en el transcurso de la investigación, aparecían reseñados en alguna otra fuente. De hecho, algunas obras han sido confrontadas con posterioridad a esta fase del trabajo, como las interesantes aportaciones del profesor Labandeira que amplía y precisa muchos de los datos manejados por Ferreras.

Pero si se pretendía realizar un trabajo que sirviera de puente a nuevas investigaciones era necesario conocer la disponibilidad del material encontrado. Todos los catálogos con más o menos precisión y exhaustividad, presentan datos parecidos. pero a la hora de acercarse a un autor poco conocido siempre nos encontramos con el problema de dónde localizar su producción. Están en uso las obras de autores de primera fila, de Valera o de Alarcón, en ediciones recientes anotadas y con amplias reseñas críticas, pero dónde encontrar las obras de esa galería de nombres desconocidos, qué material se ha conservado, de qué autores. Es imprescindible conocer francamente el terreno que se pisa antes de organizar una investigación sobre supuestos que se traducen en una inevitable pérdida de esfuerzos y tiempo. Así pues, una vez confeccionada la relación procedimos de forma inductiva.

Tres eran las fuentes posibles para localizar las obras: la primera en las hemerotecas, la más interesante sin duda por ser la que presenta mayores garantías de éxito como apunta Ferreras[6]; No obstante, para llevar a cabo una investigación rigurosa en este sentido, solo existía un problema, pero insoslayable: el económico: resultaría excesivamente costoso el realizar desde Córdoba una búsqueda necesariamente lenta en la Hemeroteca Nacional de Madrid. El segundo, seria en las Bibliotecas particulares cuyas dificultades a nadie se le ocultan. Así pues, emprendimos el tercer camino: cotejar la relación de autores en las bibliotecas andaluzas y ampliar el campo en la medida de nuestras posibilidades. El resultado fue la consulta de diecisiete bibliotecas, entre las cuales se encuentran todas las de capitales andaluzas, a las que se añadieron dos de Madrid y cuatro norteamericanas. Sin duda, la más interesante por la cantidad de fondos es la Nacional de Madrid, pero podemos afirmar que ninguna búsqueda fue infructuosa, siempre apareció algún ejemplar anteriormente no localizado, incluso manuscritos utilizados en la elaboración de obras publicadas con posterioridad como es el caso de Afán de Rivera en la Biblioteca del Rectorado de Granada. No todas las obras han sido localizadas, los problemas ya los apuntamos anteriormente, pero creemos de indudable utilidad el conocer la localización de las fuentes o la ausencia de ellas en estas bibliotecas a la hora de plantearse una investigación puntual sobre un autor concreto.

Una vez realizada esta fase, procedimos a cotejar datos con los que aparecen en los catálogos al uso, prestando atención a la localización de primeras ediciones y reediciones en el siglo XIX. De ahí surgieron ampliaciones, precisiones o rectificaciones que en cada caso hemos constatado señalando la procedencia de la información.

El trabajo del catálogo se completó añadiendo los datos biográficos disponibles de cada escritor, trabajo que, dado el número de autores, aúna las tareas de investigación con las de recopilación y síntesis. De cualquier forma, en caso de conocer la bibliografía concreta, especialmente de la época, la hemos anotado al final, para que pueda servir de orientación en estudios posteriores. De todo el volumen de datos consultados, procedimos también a la elaboración de tres «Anexos» que consideramos de interés para completar la visión de la narrativa andaluza en el XIX:

  1. Novelas Publicadas en Andalucía por Autores no Andaluces o no Identificados;
  2. Novelas Publicadas por Autores no Andaluces de Tema Andaluz; y
  3.  Traducciones hechas en Andalucía. A diferencia del resto del catálogo, en este no hemos procedido al intento de localización por tratarse de autores no andaluces.

 El segundo objetivo era realizar una cala para localizar y analizar algunas novelas «marginales». Para elaborar el segundo apartado, procedimos a la lectura y a elaborar una reseña critica de todas las novelas halladas en las bibliotecas de Córdoba. La mayoría respondía a los patrones clásicos de la novela decimonónica, de ahí que sólo dos de ellas resultaran interesantes para nuestro fin: Santa Casilda de María Dolores Gómez de Cádiz y La valija rota de Eduardo Gómez Sigura. La tercera fue conseguida a través de la Biblioteca Nacional Madrid: Tortilla al ron de José Conde de Salazar. Y la cuarta, gracias a la aportación del profesor Antonio Cruz quien me la cedió de su Biblioteca particular: Historia de los siete murciélagos de Manuel Fernández y González. Cada una de estas novelas presenta peculiaridades poco frecuentes en su época, dos de ellas pertenecen al periodo anterior a La Gloriosa, las otras dos al periodo de la Restauración.


[1] Tomado de Montesinos (1969). Valera o la ficción libre. Madrid: Castalia, p. 8.

[2] Lever, K. (1961). The novel and the reader. London: Methuen, p.16.

[3] Robert, M. (1973). La Novela de los orígenes y orígenes de novela, Madrid, Taurus. Caps. I «¿Por qué la novela?» y II «¿Narrar historias».

[4] Robert, M. (1973), Ob. Cit., pp. 15 y ss.

[5] Ferreras, J.I. (1979). Catálogo de novelas y novelistas españoles del siglo XIX. Madrid: Cátedra, p. 7.

[6] Ibídem: “… creo que la búsqueda masiva en las hemerotecas no solo nos permitiría descubrir el texto de más de una novela, sino que nos demostraría, por alusión, la existencia de muchas otras”, p. 9.

 

Si algún lector está interesado en el tema o en la obra, puede ponerse en contacto conmigo a través de los comentarios. Gracias a todos.

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CUANDO LOS LIBROS LLORAN

Habíamos ido a unos grandes almacenes, de esos que tienen de todo y donde entre tanta gente no ves más que caras serias y ojos pegados a las pantallas, escaparates y neón, televisores enormes y música de fondo, escaleras eléctricas, deshumanización.

Cuando ya íbamos hacia la escalera mecánica pasó lo inesperado. Un joven sentado detrás de tres mesas repletas de libros. Estábamos en la Feria del Libro, finales de abril, pero no esperaba ver libros en una gran superficie. El joven, apenas treinta años, barba rala, delgado… estaba ensimismado en su tableta. Nos acercamos, se puso de pie, nos explicó que estaban allí para contribuir a una organización no gubernamental «Madre Coraje». La conocemos, se dedica a ayudar a mujeres embarazadas que quieren tener a sus hijos, las acompañan, las acogen, y tratan de integrarlas para que sean autosuficientes más allá del parto. Llevan décadas haciéndolo con humildad, sin altavoces ni grandilocuencia.

El muchacho nos explica que venden los libros «al peso», a tres euros el kilo. Se lo hago repetir porque apenas puedo creerlo. «Sí, a tres euros el kilo», me repite señalándome una báscula que había en la mesa central. Miro con incredulidad a mi mujer que, como me conoce, me anima a echar un vistazo por ahí. Hay de todo, pero me reconforta encontrarme con viejos amigos entre los títulos. Ruyard Kipling debería estar en la parte de literatura juvenil. «No he tenido tiempo de ordenarlos», medio se disculpa. Revuelvo uno a uno los cajones, lomo a lomo, portada a portada. Es algo parecido a la búsqueda del tesoro y, al final, el tesoro aparece.

Allí escondido encuentro a Vicente Aleixandre, Diálogos del conocimiento, en una cuidada edición de la Biblioteca de Autores Andaluces, pasta dura, en el interior, a lápiz, un nombre escrito y repetido en letra cursiva «José Luis, José Luis, José Luis». También en edición antigua, con forro de plástico, veo la novela Colomba, de Próspero Merimé, pero, en realidad, es una recopilación de novelas, en letra menuda, a doble columna, con obras de Oliverio Golsmith, Bernardino de Saint Pierre y Nicolás Gogot. Aunque estos últimos no me son conocidos, el nombre de Merimé me atrapa. Se publicó en Barcelona, Ediciones Reguera, pero no consta el año.

Aparece ante mí un autor amigo viejo, también andaluz, Manuel Fernández y González. Ya pocos conocen a quien fue reconocido en el siglo XIX como el Alejandro Dumas español, publicó más de mil novelas una de las cuales estudié pormenorizadamente en mi primera tesis doctoral. La novela, histórica, me es conocida aunque no la leí en su momento: El pastelero del madrigal. Es un buen momento para añadirla a su lista en mi biblioteca personal junto a Historia de los siete murciélagos. Tapa dura, en rojo, 15 cms, publicado en Madrid por editorial Castro. El depósito legal es de 1971 y me pregunto cómo se le pudo ocurrir a un editor publicar a este autor ya desconocido en la segunda mitad del siglo XX. La pregunta se queda en el aire y mi mente en blanco mientras sigo huroneando entre los cajones.

Como me conviene perder peso, me quedo con uno de Allen Carr, Es fácil perder peso. Ya sé que de poco me va a servir con los años que tengo y los hábitos que arrastro, también sé que lo de «fácil» es un truco para vender ejemplares, pero, aún así, por si queda algo que aprender, lo echo a la báscula con los demás. Este está publicado por Espasa y la 16ª edición es de 2006. El hecho de que haya llegado a tantas ediciones siempre es un marchamo de calidad. «Ya veremos» me dice ese runrun interior que siempre me habla en los momentos más inoportunos.

Como ya tenemos un precioso nieto, veo tres libros que pueden acompañarle en la vida -eso de que vaya teniendo su propia biblioteca es uno de nuestros objetivos-. En distintos formatos son libros de cuentos. El primero que nos llamó la atención fue una versión de El Quijote contado para niños con ilustraciones. Aún es pequeño para esto, pero algún día puede que su curiosidad lo acerque al personaje, el personaje al autor, y el autor a la literatura. El segundo es más adecuado para su edad, en formato pequeño con forma de flor y colores vivos, abundantes ilustraciones y poco texto, La gran carrera del pequeño osito. Resultará ideal para ir leyéndolo con él en brazos mientras pasamos las páginas. Y el tercero es una recopilación de cuentos clásicos con ilustraciones muy vivas. Pasta dura, 20 cms, letra grande para cuando empiece a leer por sí mismo. Por su extensión y tamaño, ideales para leer a la hora de dormir. Ahí se encontrará con Cenicienta, la Sirenita, Aladino y otros tantos cuentos clásicos que, de alguna manera, están presentes en el imaginario colectivo antes de las versiones de dibujos animados. Se han simplificado los argumentos, está bien, pero se ha respetado el fondo de la historia.

El muchacho comprueba el peso de la selección realizada. Pesa un kilo, son tres euros. Me da vergüenza pagar solo tres euros pero me sonríe. Me habéis alegrado el día, sois los primeros que os paráis a ver los libros y este es el primer dinero que ingresamos en dos días. Se me desgarró el alma y sentí cómo los libros lloraban el abandono como esqueletos muertos de seres que algún día vivieron y esperan, como todos, el milagro de la resurrección cuando unos ojos nuevos, una mente nueva, vuelva a recorrer sus lineas para transformar en vivencias y emociones sus páginas. Le di cinco euros, quiso darme la vuelta. Me negué, sentí que era yo quien lo estaba engañando. Le di las gracias por estar allí y por la labor que estaba haciendo. Y, lentamente, nos dirigimos hacia las escaleras mecánicas para sumergirnos en los sótanos de las cocheras. Había encontrado algún tesoro, caminaba tranquilo, nadie reparó en la ligera sonrisa que se dibujaba en mi cara. Al menos estos libros que nos acompañaban, de alguna forma, también cambiaron sus lágrimas por sonrisas de esperanza.

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MUERTE DEL BANDIDO PACHECO DE UN DISPARO EN CÓRDOBA DURANTE LA REVOLUCIÓN DE 1868 (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba, tomo II, pp. 154 y ss.)

CASO ESCANDALOSO DEL BANDIDO PACHECO[1] Y NOTICIAS DEL LEVANTAMIENTO DE 1868. DE CARTAS DE MI FAMILIA (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba. Cajasur, 2003. Tomo II, págs. 154 y ss.)

Pacheco fotografiado por José García Córdoba[2]

Septiembre, 22 de 1868:

                Como te dije, el domingo nos pronunciaron y pusieron la provincia en estado de guerra. Todo el día hubo un susto general. La tropa que había, se pronunció con el pueblo, a este lo armaron y corrían y corrían las calles tirando tiros en salvas con vivas a la libertad. Al anochecer empezaron a correr por las calles las músicas, la tropa y el pueblo. Por la mañana habían quitado el Ayuntamiento y la Diputación Provincial y al Gobernador y al Alcalde Corregidor, que era un hijo del Conde de Zamora; con la guardia rural ya desarmada, los llevaron presos al Cuartel de Caballerías y allí quedaron. Y ayer lunes, tienen noticias de que venían de Madrid 4.000 hombres contra el pronunciamiento y al momento se disolvió la Junta pronunciada. Tomaron el ferrocarril de Sevilla y se (B) quedó la población sin Rey ni Roque hasta esta mañana que entró un poco de tropa de la pronunciada en Sevilla y ya volvió a instalarse la Junta, y sigue.

                Pero ha ocurrido hoy una cosa nunca vista y es que un famoso ladrón llamado Pacheco, que ha sido el terror de la provincia hace años, pregonado y perseguido de la Guardia Civil sin descanso, siembre sabedor del estado de la población, se entró con otros seis o siete de su cuadrilla a caballo por la puerta de los Padres de Gracia, doblemente armados y a todo escape, han corrido toda la población diciendo “Viva la libertad” y más de mil personas de los barrios bajos tras de él diciendo altamente “Viva Pacheco”. Por aquí han pasado y hemos visto este escándalo. Tu padre, que había salido, llegó acá haciéndose cruces de semejante arrojo y locura del pueblo. Y ahora mismo acaban de decirnos los vecinos de enfrente que pasando por un cuerpo de guardia la insulto y les hizo fuego; la guardia tiró una descarga y quedó muerto en el acto (A-155) y los otros escaparon de la misma manera que habían entrado.

                Hoy miércoles, no ha ocurrido nada nuevo hasta ahora que son las 9. Ayer parece que, al saber el General el arrojo del criminal Pacheco, que paseaba por las calles armado y sus compañeros, dio orden a la tropa que le tirasen donde lo vieran, y al pasar por el cuartel de la Trinidad le tiraron y cayó muerto, y otro herido y los otros salieron rabiando al campo tirando tiros a todas partes, y todavía no sabemos el resultado de esa barbaridad.[3]

(Carta de mi tía Teresa)

DIARIO CÓRDOBA, 23 SEPTIEMBRE 1868


[1] El personaje fue inmortalizado por Pío Baroja en La feria de los discretos.

[2] https://www.diariocordoba.com/cultura/2021/05/05/fotografos-bandoleros-49818930.html

[3] Al parecer, su muerte fue una traición cuando había sido citado para recibir el indulto y alistarse en las tropas revolucionarias. Ver: https://sevilla.abc.es/20100919/cordoba/bandido-pacheco-gloriosa-20100919.html

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LA REVOLUCIÓN DE 1868 EN CÓRDOBA CONTADA POR UNA FAMILIA (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba. Cajasur, 2003. Tomo II, págs. 155 y ss.)

Mi muy querido Ángel: ahora mismo, que son las 11 de la mañana y nos encontramos aquí (en casa de mi abuela y tía), Ana y yo acabamos de recibir dos cartas tuyas fechadas el 23 y 26 que habrán estado detenidas por estar el camino cortado, razón por la que tú tampoco habrás recibido la última que tía te envió fechada el 20. Ya te daba cuenta de haberse pronunciado esta población. En este (B) trance pasamos los sustos siguientes, pero yo, a decirte la verdad, menos que otras veces por estar papá y Marcelo metidos en casa y con la llave de la puerta en el bolsillo para que no salieran a curiosear. Como la calle de Armas no es lo que otras por estar delante de cuarteles, Gobierno y Ayuntamiento, hemos tenido bastante menos ruido que otras veces. Pero al día siguiente, que la Junta Revolucionario entendió que venían persiguiéndolos, todos se fueron, los civiles, los rurales, en fin, se quedó Córdoba sin un alma que la guardar más que el pueblo armado, pero ¡qué pueblo! Parece que todos los presidiarios y bandidos se habían reunido a tomar las armas, pero afortunadamente estuvieron todos llenos de miedo y todos todos se metieron en sus casas, presentando la población un aspecto extraño y que parecía un gran cementerio. Ni café, ni casino, ni Círculo, ni casa particular… nada había abierto a la oración, no pasando por las calles ni los perros, por lo que se llama la noche del silencio.

Fuente de la Piedra Escrita 1914

                Al día siguiente, se volvió la Junta con un General y alguna tropa (A-156) ya pronunciada de Sevilla, y enseguida siguió entrando tanta, hasta veinte mil hombres. Las tropas de la Reina venían ya hacia Montoro en número de 16.000; en fin, el 28 salieron estas tropas precipitadamente hacia las ventas, adonde estaban ya las avanzadas de las otras y donde se trabó el combate que dicen algunos que se hallaban en África que no hubo allí un combate que le igualara. Dos días han estado entrando heridos sin interrupción, llenándose hospitales, seminarios, institutos y muchas casas particulares; muertos muchísimos y más de lo que se dice de los partes; mil ochocientos veinte disparos de cañón se tiraron por estas tropas pronunciadas, y regularmente otros tantos por la otra parte. Ya con el parte del pronunciamiento de Madrid, se acabó, y todos han vuelto, y muchos pasados, resultando había hoy en Córdoba unos 30.000 hombres. En esta casa de mamá tienen cuatro alojados, que fueron los mismos que tuvieron antes de entrar en acción, siendo los primeros que entraron en Córdoba y han salido salvos los cuatro.  Nosotros, es (B) cosa extraña, no hemos tenido alojados hasta ahora. Como creo que tú no lees los periódicos, por eso te he explicado todo lo ocurrido.

                Ahora iremos viendo el resultado de todo esto, que por lo pronto ya han embarcado a los Filipenses y Jesuitas que había en Sevilla, y creo que este mes no verá la paga ningún empleado, y menos el clero. En fin, allá veremos que no dejarán de verses cosas grandes.

(Carta de mi madre).

                Mi muy querido Ángel: después de lo que ligeramente te dice tu mamá, que estaba en casa cuando se recibió tus cartas, que tan ansiosamente deseábamos, te digo que en esta casa, como en todas las de la calle es cada una un cuartel. Los primeros que vinieron fueron el 25 a las tres de la madrugada, que nos levantamos Francisca y yo temblando de miedo porque parecía que todas las casas de la calle las echaban abajo a culatazos con los fusiles. Les abrimos las puertas, entraron 4 y detrás me encuentro con un vecino de enfrente que al ver que abrimos la puerta a los alojados, tan de noche, envió uno de los dependientes de su casa (A-157) para que no estuviéramos solas y vieran que había un hombre. El joven estuvo con ellos mientras que Francisca les hizo las camas y se acostaron, y a instancias mías, se fue a su casa. Hazte cargo si es de agradecer semejante acción de personas que solo hace un año que nos conocemos, que tanto se interesan por nosotras por vernos solas. Al fin, han sido muy buenos los pobres, y el 27 de madrugada se marcharon a las Ventas, nada menos que 20.000 hombres, que parecía Córdoba el día del juicio, de infantería, caballería y artillería; y el lunes, a las 3, principió el combate tan furioso, de que no hay memoria según dicen, de atroz, y tan lleno de horrores. Anteayer, a las 10 de la noche, volvieron los mismos sanos y salvos, de lo que nos alegramos de verlos, muertos de hambre, llenos de sangre de recoger los heridos, que son sobre 800 lo que hay en Córdoba, aunque los papeluchos no dicen más que 200. Después de los hospitales habilitados, está lleno San Pelagio y la Asunción, y a los colegiales los han enviado a sus casas, como que este año se abrieron 15 días antes. (B)

                En la sala de la calle baja pusimos unas esteras de las de arriba, y sobre ellas los colchones, sábanas y mantas, todo muy extendido, y se han acostado juntos y lo han pasado muy bien; hoy 2 se han marchado.

Esta la escribió tu madre ayer y yo no pude seguirla, lo hago hoy. Y ahora estamos solas, que parece mentira, porque aunque han sido cuatro para comer y dormir, la casa ha sido un cuartel a toda hora, y lloviendo; ya ves cómo estará la casa y el aparato queda puesto para otros. Todas las tropas han salido hoy para Madrid ya pronunciado. Excusado es decir que los repiques, iluminaciones, tiros y cohetes, carreras y vivas han sobrado a todas horas.

(De la continuación de la carta anterior para mi tía Teresa)

Publicado en ACTOS | Etiquetado , , | Comentarios desactivados en LA REVOLUCIÓN DE 1868 EN CÓRDOBA CONTADA POR UNA FAMILIA (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba. Cajasur, 2003. Tomo II, págs. 155 y ss.)

Juan LuisGonzález Ripoll: sierra, alma y literatura (Córdoba 1925 – 2001)

Juan Luis González Ripoll: sierra, alma y literatura (Córdoba 1925 – 2001). Conferencia Real Academia de Córdoba, 07 de junio de 2023

     Cuando me llamó Manuel Gahete para participar en este evento, no pude menos que pensar en nuestro común maestro, Feliciano Delgado, que al hilo de un artículo sobre un autor cordobés afirmaba cómo Córdoba, en el panorama cultural de 1980, poseía buenos ensayistas e investigadores, también buenos poetas y novelistas. Así pues, era difícil elegir uno, pero fue este recordatorio de nuestro maestro el que me llevó a elegir a Juan Luis González Ripoll. Este artículo escrito por Feliciano es muy revelador porque se refiere, precisamente, al autor que elegí para esta breve exposición. Este autor merece ser recordado por muchas razones, pero sobre todo, en lo que nos concierne, por su arte como narrador o novelista que diría el maestro.

     Hay quien afirma que la obra literaria se explica y se defiende por sí misma con independencia del contexto en que se produce y de la experiencia vital del autor. Podríamos discutir largamente esto, que, como todo, tiene su parte de verdad, y su parte de simplificación de la realidad que envuelve todo acto de creación. La obra escrita ha permanecido, la memoria de quien la escribió va diluyéndose en las sombras a medida que se marchan quienes conocieron al autor y pueden dar testimonio. Permítaseme, pues un esbozo de aproximación a la figura humana de Juan Luis González Ripoll, tal y como me llegó, tal y como lo conocí.

     Juan Luis González Ripoll nació en Córdoba allá por 1925, estudió en el colegio de Cultura Española y, más tarde, se graduó en Sociología. Murió en marzo del 2001. Cordobés de nacimiento, podríamos decir que jiennense de adopción. Fue un enamorado de sus sierras y de sus bosques, Cazorla y Segura son paisajes inequívocamente asociados a su obra. Tenía pasión por el campo, y por la pesca, y aunque uno de sus libros trata de la caza (Narraciones de caza mayor en Cazorla), nunca fue cazador. En muchos aspectos, su estilo coincide con otro gran novelista, Miguel Delibes, tanto que, a veces, confundo las citas y las referencias entre ambos autores. Quizás aquella casa familiar de La Ponderosa -como aquella famosa serie de los años 60- a orillas del río Zumeta, junto a Santiago de la Espada en la serranía de Jaén, casa familiar de infancias y recuerdos, tuviera algo que ver en el espíritu esculpido entre el verde del monte, el azul del cielo y la transparencia de las aguas heladas donde las truchas jóvenes saltaban, y algunas viejas y sabias lo acechaban en las pozas profundas del Borosa o el Aguamula.

     Llevaba pegado el olor de sus sierras y el rumor sus aguas -algunas fuentes construyó- y aún hoy, me lo imagino allí, entre su jardín y en su huerto, un tanto asalvajado,  sentado o paseando, sus botas de goma enfundadas después de una tormenta,  pescando o rebuscando fósiles y raíces para darles una nueva vida transformadas en esculturas provocativamente retorcidas. Me lo imagino frente a un lienzo o con su cámara de fotos colgada al cuello tratando de atrapar lo que no cabía en las palabras. Porque era un artista que dibujaba con la palabra más allá de los pinceles y las formas.

     Juan Luis González Ripoll era un gran conversador, sabía escuchar, Mariano Aguayo en un artículo que le dedicó en ABC,  nos lo retrata así: “es fácil verlo en esa casita charlando con aquel guarda mayor, Justo Cuadros, o con el viejo furtivo cuyas historias nutrieron su narrativa, Justo”,  un artículo sentido e íntimo en que la afinidad de ambos artistas se mezcla con la tristeza por no haber tenido ocasión de compartir con él la presentación de su última obra, Montear, cuando Juan Luis, allá por el año 2000, estaba ya muy enfermo.

     Era un artista dotado de una sensibilidad extraordinaria. A este respecto nos comenta Mariano Aguayo en su artículo que era un “Artista abierto a todas las artes, Juan Luis hizo en su juventud escultura abstracta en hierro. Y, con raíces y piedras erosionadas halladas en la sierra, componía figuras. También fue muy interesante su pintura, a caballo entre el fauvismo francés y el expresionismo alemán”. En su estudio tenía “colgado un gouache suyo en el que aparecían un venado y un perro con pretensiones de terrorífico. “Me lo regaló a raíz de la publicación de mi Montear en Córdoba -nos comenta- y tiene una leyenda plena de fino cachondeo: “Al terminar la temporada, un perro currillo pelibasto, propiedad de Benjamín de los rehaleros Curro Spínola, arrepentido de su vida belicosa ha entregado el collar a su amo y se ha pasado a los ecologistas”. Las cosas de Juan Luis.”

     ¿Fue un solitario? Feliciano lo describe como “no perteneciente a la vida literaria cordobesa, sino que se había ido haciendo en la soledad de su isla literaria, una isla que el mismo se había construido. No es que sea un escritor antisocial -nos comenta-, sino todo lo contrario. Es que no ha querido pertenecer a la sociedad factual de los literatos, sino a la sociedad simplemente. Esto es indicio de su riqueza interior.  Juan Luis escribe desde donde vive con intención de trascender lo cotidiano”.

     Nada de esto sabía yo entonces cuando, con motivo del simposio de Filología celebrado en Córdoba, don Feliciano Delgado me invitó a participar. Como no tenía claro sobre qué realizar un artículo que mereciera la pena, puso en mis manos el libro de Los hornilleros, de Juan Luis. No lo conocía. Se trataba de una edición entrañable por cuanto fue hecha por José Luis Escudero en 1976  (Ediciones Escudero, C/ Romero 6 y 11). José Luis fue un gran bibliófilo y mejor persona con quien compartimos aulas en mi promoción.  Acepté el reto. En la sinopsis de la contraportada rezaba: “En su prosa, fluida y sencilla, el humor y la ternura van de la mano. Sus páginas evocan la pobreza sobrellevada sin amargura y la bondad de las gentes que viven en la Sierra”. Es una magnífica sinopsis porque, en efecto, me encantó su estilo directo, franco, sencillo, tan cercano al realismo descarnado pero amable de un Miguel Delibes, con quien otras veces ha sido comparado. La ambientación, los personajes, las fuerzas actanciales eran fascinantes. Finalmente realicé el artículo y lo expuse en el simposio, publicado más tarde en la revista Axerquía (n. 9, diciembre 1983, pp. 239-246). Mi sorpresa fue cuando don Feliciano me comentó que nuestro autor lo había leído, le había encantado y quería conocerme. Nos reunimos en su casa de la calle Encarnación. Yo vivía en Deanes, éramos vecinos sin saberlo. Me encontré con una persona menuda, afable, tranquila, de mirada penetrante y barba rala, los ojos agrandados por sus gafas cuadradas. Me dio las gracias por el artículo, me felicitó por la profundidad del análisis y las reflexiones, se me quejó un poco del final, le hubiera gustado seguir leyendo, y de ahí derivamos a hablar de lo humano y lo divino, de la narrativa, de las nuevas tendencias, de la importancia de las raíces, de ese bañarse en terruño que decía Unamuno, aquello del realismo mágico no acababa de entenderlo, porque la fascinación está en las cosas que vemos y tocamos. Sabía escuchar, hacerte sentir protagonista en la conversación, y cuando intervenía lo hacía con sencillez y sin presunción, como lo hacen los grandes. La casa era una casa vivida, al estilo del maestro Feliciano, que odiaba las cocinas asépticas que parecían quirófanos y gustaba de ver el totum revolutum de algo vivido, sentido, puesto en medio, como un retrato de quien la habita. La casa tenía una entrada con arco mudéjar, cancela de hierro que abría a un patio clásico con columnas y galería. A la izquierda, las escaleras conducían a la planta superior, pasillo y puertas, mesitas bajas y sillas de anea, cuadros y esculturas dispersas, colocadas a su antojo. Al fondo del pario principal se abría el acceso al patio de servicio, se veían aún las huellas de lo que fuera un huerto, y, colgado de un naranjo, un saco de boxeo. “En mi juventud me gustaba boxear, y siempre he hecho algo de deporte. Pero lo que más me ha gustado siempre es pasear, el campo, respirar”. Al despedirnos puso en mi mano un ejemplar de su  última obra, El dandy del lunar, venía dedicada “ A José Carlos Aranda Aguilar, que con tanta profundidad y acierto se ha ocupado de estudiar mi novela Los Hornilleros, con mi agradecimiento. Un fuerte abrazo, Juan Luis González Ripoll, Córdoba, 24 de diciembre de 1983”. No volvimos a vernos y lo lamento profundamente.

     De él queda su amabilidad, su humildad, su sensibilidad y la bondad de su trato, unas características que vuelca en sus personajes de profundo sentido común, en lucha permanente por la supervivencia en escenarios que chocan hoy con la vida regalada y virtual que tiene la naturaleza como un marco colgado en la pared. Quizás por eso conviene traer ahora su narrativa, para poner los pies en la tierra y recordar que la naturaleza y el hombre van de la mano y hemos vivido en una lucha, también en una connivencia, continua para lograr hacer posible una compatibilidad que solo entienden quienes la viven, muy alejados de los despachos donde se dictan las leyes que, a veces, atenazan los bosques, los ríos y las montañas.

Fotografía tomada de Paisajes del Agua, Antonio Castillo.

     Ahora vamos a centrarnos un poco en la obra literaria De José Luis González Ripoll. Desde luego, cuando se me pidió esta colaboración pensé inmediatamente en el valor que su obra narrativa podía tener en la actualidad: es autor andaluz y cordobés enamorado de la naturaleza y con una enorme fuerza narrativa que le mereció el ser finalista del premio Nadal (1981). Dos son para mí sus obras más importantes: Los hornilleros y Narraciones de caza mayor en Cazorla. González Ripoll es un maestro en el arte del cuento, no entendido como un arte menor de la narrativa, sino como la columna vertebral sobre la que gravita la misma narración. En un cuento tenemos algo fundamental que es la brevedad y la llaneza de los componentes y de los personajes.

     Las obras de González Ripoll se desarrollan como un calidoscopio de historias breves, a las que podríamos llamar cuentos o, si lo prefieren, relatos, a través de los cuales asistimos a la evolución de unos seres humanos en lucha permanente contra los elementos, contra el sistema, contra sus propios instintos; es decir, contra lo más natural del ser humano que vive, respira y sufre o goza, y esto es lo que la hace una obra trascendental en cualquier época en que la leamos y mucho más necesaria cuanto más nos apartamos de esa realidad telúrica que supone la vivencia desde la precariedad del hombre donde los derechos son una conquista y con los deberes se nace.

     Y el autor es plenamente consciente de que está dejando un testimonio vivo de una realidad ya extinguida. Así en el prólogo a Narraciones de caza mayor en Cazorla llega a afirmar que los protagonistas son, en efecto, supervivencias de formas ancestrales ya extinguidas y, además, sin entrar en motivaciones, sus hijos prefieren la ciudad; de modo que la continuidad se ha roto o está a punto de romperse (p.6). Hombres y naturaleza vivían en otro tiempo, a otro ritmo, en otras claves, en un “tiempo en que los hombres hablaban por leguas y caminaban a pie o a lomos de bestias…”. Podría multiplicar las citas, pero el tiempo nos apremia y mejor les invito a leer y recomendar su obra.

     Es plenamente consciente del testimonio de un cambio de ciclo, de la pérdida de una forma de vida y con ella de los caracteres y tipos que la representaban. Así, en Narraciones de Caza Mayor en Cazorla, encontramos la obra dividida en dos partes: la primera parte anterior a la fundación del Coto Nacional y la otra posterior. Una primera parte en la que el que limpiaba del monte un pedacito de tierra y le quitaba las piedras y lo guardaba y encauzaba el agua de una fuente para regar, de hecho era tan dueño de aquello como el duque de Alba podía serlo del Pinal de la Vidriera. Tenía menos papeles que una burra robada -nos cuenta- pero era el amo”. Y una segunda parte en que desaparecen las escopetas de chimenea y les llega el turno a los rifles de mira telescópica. Los antiguos furtivos se convierten en guardas después de firmar un armisticio con las reses del monte· esta obra tiene un carácter casi notarial como él mismo dice en el prólogo: “He escogido a tres hombres de la Sierra para que nos cuenten sus cosas: el tío Alejo Fernández, el tío Julián el aserrador y Justo Cuadros, guarda mayor del coto desde 1951. Cada uno de ellos nos dejará lo mejor de sus recuerdos. Al hilo de sus palabras, vamos a levantar acta de cómo era la Sierra antiguamente y de las cosas que pasaban en ella, y Justo nos hablará de caza que es lo suyo” (p.10)

     La arquitectura narrativa es sencilla; en el caso de Los hornilleros se empieza justificando el título, el porqué de los hornillos, y después continúa con una serie de cuadros: los amos, mi tío Luciano, la pastoría, los numantinos, mi tío Perico Pedro, etc.  El protagonista, sí es que tal puede ser la denominación, procede de una familia de colonos de los que vinieron a repoblar los montes de realejo hace ya muchos años. En las primeras páginas se nos describe a grandes rasgos el camino y el trabajo de estos colonos a los que por no tener nada más que un hornillo donde guisar lo que cayera durante el camino llamaban “hornilleros·. A partir de ahí, las anécdotas, las historias, se suceden y, en ellas, destaca la dureza del medio, también de las personas hechas a la necesidad, y el ingenio puesto al servicio de la supervivencia. Pero donde el paisaje, la sierra, es el protagonista omnipresente.

     El dandy del lunar es su única novela y no por ello está exenta de mérito y de rigor. En palabras de Feliciano Delgado, es una novela de la guerra pero no es sobre la guerra. Es la novela de la repercusión de una guerra en la conciencia de los demás. Se desarrolla con la guerra española de fondo como podría cualquier otra guerra, “porque la gente sencilla no entiende de bandos sino de sufrimiento, es de la guerra española por su geografía y su forma de reacción”.  Para el narrador, González Ripoll escoge a un niño, quizás lo más conseguido del relato:  asistimos a una historia de adultos vistos desde la pupila de la inocencia. Este protagonista también evoluciona con la historia en un diseño progresivo que acabará precisamente en el desenlace.

     No podemos olvidar el estilo en el sentido más externo de esa palabra: Juan Luis González Ripoll posee dos cualidades estilísticas admirables en primer lugar el lenguaje natural, no hay  ni pobreza ni rebuscamiento, desde siempre ha tenido la palabra precisa y el adjetivo indispensable; en segundo lugar, se admira en él la capacidad narrativa visual, la caracterización visual es tan fuerte que invito a quien lea la novela a que vaya haciendo la lectura como si en el lugar de ser un simple lector fuera el ojo de una cámara que está filmando lo que en la narración se nos va contando. Es la huella del pintor convertido en escritor.

     Pero lo especial de Juan Luis, como vislumbró Feliciano Delgado es la técnica narrativa, la claridad de su prosa y la finura de las observaciones. “No escribe en una prosa lírica de recreación de interioridades -en una alusión clara al ya fallecido Antonio Gala- sino con el distanciamiento de quien construye un objeto literario y lo deja ahí para que el lector lo capte”. El léxico, la forma, la expresión y el fondo transmiten esa sencillez rotunda de la vida en contacto con la naturaleza, con lo seres humanos desde la conciencia de estar en un tiempo agotado.

     Su obra es una ventana abierta a un aspecto concreto de nuestra sociedad, a nuestra realidad y nuestra historia. Predomina la dureza de la vida, a pesar de lo cual la adecuación del estilo, su llaneza expresiva y el desparpajo de sus personajes, especialmente del narrador, hacen que la obra llegue al lector con rapidez y sin amargura. La realidad inherente de la que da testimonio es fruto de la reflexión sobre un trasfondo que se diluye ante la facilidad de la narración el humor y la sensibilidad del autor. Pero es un estilo consciente y buscado: En su estilo narrativo, pretendía y recomendaba la expresión directa y franca, que la prosa fluyera con naturalidad. Mariano Aguayo nos dejó esta perla extraída de sus conversaciones con la que concluyo: “Mariano, cuando a uno le sale una frase profunda, de gran valor filosófico, hay que tacharla enseguida”. Y ese fue su dogma, la sencillez terruñera que se nutre del léxico pleno que nace y vive en las sierras que tanto amó.

     Sirva esta reflexión como homenaje a tres grandes del arte y la literatura: Juan Luis Gonzáles Ripoll, Mariano Aguayo y nuestro querido maestro Feliciano Delgado. Muchas gracias.

https://www.abc.es/opinion/abci-recordando-juan-luis-gonzalez-ripoll-200908010300-923006024529_noticia.html

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MANUAL PRÁCTICO PARA UN BUEN USO DE LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN. JOSÉ CARLOS ARANDA (NOVEDAD EDITORIAL. BERENICE) 2022)

Una de las dificultades más frecuentes en la redacción es el uso correcto de los signos de puntuación. Parece que nos resulta difícil saber dónde poner el punto y seguido, organizar nuestros escritos con el uso adecuado de los párrafos y el punto y aparte, la delicadeza de la coma y sus múltiples aplicaciones para ordenar la oración, insertar comentarios o hacer aclaraciones, o cómo emplear el punto y coma estructurando las oraciones complejas. Pero los signos de puntuación van mucho más allá de los signos comunes y conviene familiarizarse con los puntos suspensivos, la interrogación y la admiración, los guiones o las comillas.

La principal causa de este déficit, que resulta tan necesario para una redacción ordenada, clara y precisa es la pesadez de la teoría gramatical. Prácticamente nadie se ha leído las normas de aplicación en las distintas gramáticas, resultan tediosas. La clave está en invertir el proceso de aprendizaje e ir de la práctica a la teoría y esto es, precisamente, lo que hace este método a través de los ejercicios de aplicación.

No es necesario leerse o memorizar todas las reglas ortogáficas ni todos los usos correctos o incorrectos de los signos de puntuación. Todos los que escribimos tenemos conocimientos más o menos conscientes de cuándo usar un punto o una coma. A través de ejercicios prácticos revisamos estos conocimientos. Cada uno de los ejercicios viene seguido de un autocorrector que nos proporciona la respuesta correcta y la regla que debemos consultar en caso de duda o desconocimiento. De esta forma, estamos interactuando con la obra y leemos la teoría gramatical solo cuando nos es necesario. El resultado es un manual dinámico y de fácil seguimiento.

Esta estructura, que va de lo más básico hasta lo más complejo de forma progresiva permite el estudio individual o su aplicación en el aula de forma gradual y entretenida. Lo importante, para el seguimiento del método, es el dedicar un tiempo diario o semanal, hacer lo que podamos y continuar en la siguiente sesión. Espero que os resulte tan útil como los anteriores manuales. Gracias a todos por vuestra confianza.

José Carlos Aranda Aguilar

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MATERIAL DE APOYO, ENLACES Y RECOMENDACIONES PARA LITERATURA EN EDUCACIÓN PRIMARIA

Siempre nos surgirán dudas en la selección de material y en la metodología. En este sentido es importante disponer de herramientas y enlaces para consultas, tanto de trabajos de investigación como de corpus aplicable a las distintas edades. A continuación referenciamos algunos de los más interesantes, espero que os sirvan de ayuda en vuestra labor docente. Si conoces algún otro recurso que te haya resultado útil, envíame un mensaje y lo añadiremos.

CONSULTA DE CORPUS GENERAL

Catálogo virtual de autores españoles e hispanoamericanos de obras infantiles y juveniles, revistas, cuentos, bibliotecas de autor, fonoteca de obras clásicas, talleres, enlaces, dirigido al mundo de la educación, edición, formación e investigación.

  • Teatro

Boletín informativo de la Asociación Española de Teatro para la Infancia y la Juventud

http://bienvenidosalafiesta.com

Cuaderno de notas y diccionario de literatura infantil y juvenil en el que se encuentra también libros de teatro.

  • Cómics

https://es.literaturasm.com/comics

  • Libros de texto

https://www.clubkirico.com

Mantiene una página web como instrumento de comunicación de los libreros y como canal de información y participación de los socios lectores, padres y docentes.

INVESTIGADORES E ILUSTRADORES, RECURSOS RECIENTES

  • DARABUC

https://darabuc.wordpress.com/libros/:

Blog de Gonzalo García con muchos recursos sobre literatura e ilustración.

  • GRETEL

http://www.gretel.cat/

Grupo de investigación de literatura infantil y juvenil y educación literaria de la Universidad de Barcelona dirigido por la Dra. Teresa Colomer.

  • GALIX

http://www.galix.org/

Incluye una sección de biografía de autores e ilustradores, datos sobre revistas gallegas y referencias a premios literarios.

FUENTES DE CONSULTA E INFORMACIÓN. BIBLIOTECAS VIRTUALES

Afortunadamente, hoy contamos con muchísimas fuentes de información para poder seleccionar loa materiales y actividades. Berta Dolores Guerrero (2020), de la Universidad de Granada, nos ofrece las siguientes recomendaciones actualizadas.

REVISTAS:

Academia Argentina (https://academiaargentinadelj.org/)

Amigos del libro (https://www.amigosdellibro.com/),

Revista Babar (http://revistababar/wp/category/articulos/)

BLOG:

CEPLI (http://blog.uclm.es/cepli/)

Andreu Martín (https://andreumartin.wordpress.com)

Gonzalo Moure (https://www.gmoure.es)

Ana Llenas (www.annallenas.com)

Rocío Bonilla (https://rociobonilla.com)

Mónica Rodríguez (http://monicarodrigues.es/)

Romanba (http://romanba1.blogspot.com/)

Casa de Tomasa (http://casadetomasa.wordpress.com/)

Libros juveniles (http://librosjuveniles.bolgspot.es)

Club peques lectores (http://www.clubpequeslectores.com/?m=1)

Educación Tres punto cero: https://www.educaciontrespuntocero.com/experiencias/blogs-de-literatura-infantil/

INSTITUCIONES:

Fundación Germán Sánchez Ruipérez (https://fundaciongsr.org/la-fundción)

Fundación Alonso Quijano (http://alonsoquijano.org/fundación-alonso-quijano/)

Fundación Jordi Sierra i Fabra (http://sierraifabra.com/?lang=es)

GRUPOS DE INVESTIGACIÓN:

http://www.gretel.cat/es

PREMIOS:

Premio Hans Christian Andersen

Premios Cervantes Chico

PLATAFORMAS Y PORTALES:

Canal lector (https://www.canallector.com)

Bosque de Fantasía (https://bosquedefantasía.com/)

Boolino (https://boolino.es/es/)

OEPLI (https://www.oepli.org/)

ERIC (https://eric.ed.gov/)

REDINED (http://educalab.es/recursos/redined)

La Biblioteca de los peques (https://www.facebook.com/groups/1027521160638688/pending_posts?search=&has_selection=false)

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