
Señor director, cuerpo académico y asistentes, amigos y compañeros, gracias a todos por acompañarnos en este día.
En primer lugar, agradezco profundamente la presentación realizada por doña María José Porro Herrera, fruto más de su cariño que de mis méritos. Y no solo su presencia en este acto, sino el hecho de haber aceptado el desafío de dirigir esta tesis doctoral a un muchacho que se iniciaba con más ilusión que conocimiento. Su ejemplo fue y sigue siendo una inspiración para todos nosotros. Han pasado ya más de treinta años desde que se presentó esta obra como tesis doctoral fruto de cinco años de estudio, investigación y viajes entre libros de referencia, novelas y ficheros de bibliotecas.
En la década de los ochenta, no había Internet, mi tesis de licenciatura, dirigida por el doctor José Andrés de Molina, la redacté con una máquina de escribir rompiendo y reelaborando folios a base de típex y fotocopias, una experiencia compartida, seguro, por muchos de los presentes. Esta tesis, Catálogo biobibliográfico de narradores andaluces del siglo XIX con un estudio crítico sobre cuatro novelas marginales fue la primera que se realizó y presentó hecha con ordenador en la Facultad de Filosofía y Letras, pero un ordenador que hoy nos parecería prehistórico, aunque permitía un almacenamiento de hasta 50 páginas en cada disco de tres y cuarto, borrar, reelaborar y arrastrar contenidos. Hago esta especificación al principio porque sin esta posibilidad técnica la elaboración del catálogo que presentamos hubiera resultado tan laboriosa que probablemente no hubiera visto la luz.
¿Qué sentido tenía elaborar este catálogo cuando ya existían publicados por autores especializados y de prestigio? Es cierto que existían y existen catálogos generales en una época bastante estudiada, pero cuando queremos profundizar en un autor concreto siempre nos encontramos con una dificultad: “dónde podemos encontrar sus obras”. Así pues, nuestro objetivo era concretar lo más posible no solo la lista de autores andaluces, sino también sus obras catalogadas y la localización de las mismas en tantas bibliotecas como nos fuera posible, especialmente las andaluzas. De esta forma, abríamos la puerta al estudio pormenorizado de un elenco de autores que, por una u otra causa, han pasado desapercibidos.
Para la elaboración del catálogo partimos de los que ya existían como base relacionando todos los autores nacidos en Andalucía sin excluir el género literario, ante la posibilidad que cualquier poeta, dado que la narrativa puede darse en verso, recordemos al Duque de Rivas y su Moro Expósito, cualquier dramaturgo o periodista hubiera podido escribir un cuento o una novela, en una época tan fértil como creativa y dinámica. También incluimos en esta primera fase a los autores que hubieran publicado en Andalucía pero de los que se ignoraba su lugar de nacimiento, ante la posibilidad de que en el transcurso de la investigación recabáramos nuevos datos que pudieran arrojar luz al respecto.
Para ello acudimos a los catálogos habituales: Ferreras, Cejador, Montaner y Simón, etc., y los fuimos completando con nombres recogidos en fuentes locales como el Almanaque del Diario Córdoba, Montoto, Ramírez de Arellano, Juan Gabriel Venzalá, entre otros. También añadimos aquellos que encontramos recogidos en obras de la época como las del Padre Blanco García o la de Martínez Barrionuevo. Todo ello se contrastó con obras más recientes como de la Amancio Labandeira Fernández o María del Carmen Simón Palmer. Ello nos dio una nómina de aproximadamente seiscientos autores. Cotejada esta relación inicial con los títulos, comentarios y, posteriormente, con la búsqueda pormenorizada en las bibliotecas consultadas, el catálogo quedó reducido a 226 autores.
Al presentar la información, anotamos en cada caso sus fuentes de procedencia, así como las posibles variaciones halladas en las mismas. Tras la anotación biográfica del autor, procedimos a la enumeración de sus obras reseñando en cada caso la localización en la relación de Bibliotecas consultadas. De esta forma, ampliamos en 87 el número de autores que aparecían en los catálogos bibliográficos al uso, esto con sus correspondientes obras. Otro tanto podemos decir de las obras anotadas, que ampliaron en doscientas setenta y siete las citadas por Ferreras, por ejemplo. Sin embargo, no podemos estar satisfechos con los resultados y la investigación sigue abierta, ya que solo fue localizado un 32 % de las obras anotadas. Esto supone una pérdida de un 68 % de la producción. Las tiradas muy reducidas, las publicaciones en prensa local con la proliferación de novelas por entregas durante el siglo XIX, o las publicaciones meramente simbólicas que podrían hallarse en bibliotecas particulares cuando no definitivamente desaparecidas, podrían justificar en parte esta enorme pérdida. Hoy, gracias a la digitalización de buena parte de las bibliotecas, esta búsqueda podría ser completada de forma mucho más exhaustiva. Quede esta labor para futuras investigaciones.
Entre las bibliotecas reseñadas constan todas las de las capitales de provincia de Andalucía. En el caso de Córdoba, además, se reseñaron las del Círculo de la Amistad, la Biblioteca Provincial y el Archivo histórico de Córdoba. En Madrid fueron reseñadas la Biblioteca Nacional, y la Biblioteca de Museo Romántico. Además de cuatro Bibliotecas norteamericanas, merced a la colaboración de una compañera de Facultad, Amalia Pulgarín, entonces residente en EEUU.
La selección de cuatro novelas que no siguieran las corrientes dominantes en el momento de su publicación no fue tarea fácil. Pero queríamos comprobar si los grandes saltos en tendencias y estilos se debían a corrientes subyacentes que, en algún momento despuntaban, o bien eran fruto del genio de autores concretos rápidamente imitado por seguidores más o menos entusiastas. En parte se trataba de testar la tesis de la intrahistoria unamuniana.
Por sus características seleccionamos Santa Casilda, novela hagiográfica de María Dolores Gómez de Cádiz; Historia de los siete murciélagos, novela al estilo romántico de un maestro de la novela por entregas como lo fue Manuel Fernández y González; La valija rota, una novela epistolar escrita por quien fuera político en su época, Eduardo Gómez Sigura; y una novela original de corte marcadamente naturalista escrita por José Conde de Salazar y Souleret, Tortilla al ron, novela gastronómico social. Cada una de ellas presentaba características peculiares que bien merecían un estudio pormenorizado.
María Dolores Gómez de Cádiz , malagueña, nació en 1818 (1925 según Ferreras), y tuvo una vida intelectual muy activa. Casada con un médico, perteneció a los liceos de Málaga, Madrid, Zaragoza y Granada, también tuvo una prolífica actividad en los periódicos de la época. La obra seleccionada, Santa Casilda, se publicó en 1861, a las puertas de La Gloriosa y del triunfo absoluto del realismo que pretendió en la novela un modo de transformación social. Sin embargo, los movimientos sociales y las tendencias literarias no son compartimentos estanco y aún se podían observar los coletazos de la novela romántica, sentimental, o histórica cuya finalidad era la evasión de esa misma realidad. En el medio siglo, esta tendencia se vio acentuada por la reacción frente a la revolución que se produjo en Francia en 1848. Esto favoreció un clima conservador y procatólico como demuestra el proyecto de ley presentado ante el Parlamento por Cándido Nocedal en este sentido y el repunte de la temática religiosa en obras como las que nos ocupa o en autores como José Conde de Salazar del que hablaremos más adelante. Y, en efecto, la obra puede enmarcarse dentro de la novela histórica. Lo que la hace peculiar es que se trate de una novela hagiográfica donde se desarrolla la vida de la Santa y se enmarca su conocido milagro de transformar los panes en rosas cuando los llevaba para alimentar a los prisioneros y fue descubierta. En este caso, el análisis y estudio se centró en la comparativa de la estructura narrativa, sintaxis del relato, o lingüística textual si se prefiere, con los pasos establecidos por Vladimir Propp y Joseph Cambell, en relación con la forja del mito del héroe. El estudio reveló concomitancias extraordinarias en la técnica narrativa. La novela se enmarca en la tendencia moralizante que pone en valor la santidad de la protagonista frente a los requerimientos de todo un rey a quien resiste para salvaguardar su vocación mística y religiosa.
Manuel Fernández y González merece una mención aparte. Todo un genio de la novela por entregas, llegó a ser nombrado como el Dumas español. Nació en Sevilla en 1821, hijo de militar, y tras terminar Filosofía y Derecho se incorporó al ejército. Pero pudo más su imaginación y su vocación de novelista. Murió e Madrid en 1888 . De él anotamos más de ochenta novelas en el catálogo, como dato curioso, mencionar el hecho de que Vicente Blasco Ibáñez trabajó como “negro” en su taller de producción literaria. Pero también escribió poesía y teatro. Aunque cultivó la novela costumbrista en sus inicios, destacó en las novelas por entregas de carácter histórico. Tres rasgos llamaron nuestra atención sobre Historia de los siete murciélagos publicada en 1863: en primer lugar, la mezcla del mundo maravilloso, mágico y sobrenatural del orientalismo de la novela, ambientada en la Granada musulmana; en segundo lugar, los recursos lingüísticos utilizados para lograr la ambientación en la novela, especialmente en diálogos y descripciones, hecho tan destacado que no ha pasado desapercibido a la crítica. Para Iris María Zavala, por ejemplo, su dominio de la lengua popular, rural y urbana, la mezcla de caló y español presagia y anticipa El ruedo ibérico ; y, en tercer lugar, el tratamiento de la línea temporal del relato. Se trata de una novela que podríamos enmarcar en un romanticismo gótico en la que aparecen los magos, hechizos y vampiros como protectores de los secretos de la Alhambra. Esto la hace excepcional. Sobre estos aspectos esenciales se centró nuestro estudio crítico. De ahí que, a la clasificación de sus novelas realizada por Ferreras (moral, sentimental, anticlerical e histórica) debamos añadir una más, la que Eduard M. Forster denomina “fantástica y legendaria” , y es esto lo que la hacía especial en el momento de su publicación y dentro de la producción del propio autor.
La tercera novela escogida, La valija rota, pertenece a Eduardo Gómez Sigura , y fue publicada en 1884. Nuestro autor es jiennense, nació en Cazorla aunque desconocemos la fecha. Y lo interesante de su biografía es su dedicación a la política, hecho este determinante para la obra que nos ocupa. Llegó a ser Diputado tras la revolución de 1868, muy joven, militando en el partido republicano de Emilio Castelar, quien prologa la segunda edición que utilizamos para su estudio. Pero después de casarse con una hacendada jiennense y retirarse de la política, regresaría por el partido conservador. Esta evolución vital es la que apreciamos en la obra que, técnicamente, ofrece otra peculiaridad que la hace interesante: la técnica epistolar utilizada en un periodo en el que ya esta técnica había quedado muy atrás. Usada frecuentemente por la Ilustración -recordemos las Cartas Marruecas de José Cadalso, y autores extranjeros traducidos como Richardson, Smollet, Goethe o el mismo Rousseau- prácticamente desaparece durante este siglo salvo como apoyo narrativo -Pepita Jiménez, por ejemplo-. Para justificar la obra Gómez Sigura utiliza el recurso clásico del hallazgo , el autor encuentra una saca de correos caída de un tren, la abre y organiza la correspondencia en tiradas de distinta extensión y diversos temas. Lo que más destaca es la reflexión de carácter político-social que nos sumerge, con fina ironía y buen humor, en los debates políticos del momento donde podemos encontrar el sindicalismo, el anarquismo, el parlamentarismo o, simplemente, la necesidad de aprovecharse del sistema para sobrevivir. En los momentos que vivimos, más de una vez he sentido la tentación de publicar en la prensa una de sus cartas: “Carta al señor diputado de uno que no le votó”. Su actualidad es extraordinaria, hay cuestiones que parece que no cambian con el tiempo, desgraciadamente.
La cuarta y última novela analizada es Tortilla al ron. Novela gastronómico social, publicada en 1885 por José Conde de Salazar y Souleret, cordobés nacido en 1859 y fallecido en Madrid en 1900. De lo peculiar de su obra nos habla su propia vida: pintor, copista de El Prado, y escritor que destacó por sus novelas sobre historia religiosa y hagiográficas, tanto que mereció la bendición apostólica del Romano Pontífice por su obra El Sagrado Corazón; pero que, curiosamente, evoluciona para alinearse con la corriente naturalista, tan escasa como extraña en nuestro país. Igualmente extraordinario es el prólogo de la obra que nos ocupa, redactado por el mismísimo Eduardo López Bago, abanderado del movimiento. El prólogo en sí ya es un manifiesto que merece la pena ser estudiado por separado. En este caso, la línea de estudio y profundización se centró en comprobar la aplicación directa de los principios naturalistas a un relato escrito en clave de ese humor tan nuestro que juega con las ironías y los dobles sentidos en situaciones muy próximas al astracán, como apunta el propio Ferreras.
Cuatro obras peculiares que merecieron estudios específicos en función de sus características propias contextualizando y profundizando en cada una de ellas.
En esto consistió básicamente la investigación realizada que hoy presentamos.
No quiero finalizar mi intervención sin expresar mi más sincero agradecimiento al Instituto El Tablero cuyos alumnos del Ciclo Superior de Diseño y Artes Gráficas, José Manuel Rodríguez Gajete y María Teresa Monge Zambrano, dirigidos por el profesor José Luis del Rosal, se ocuparon de la maquetación del texto y diseño de la portada; y también a la Diputación de Córdoba por aceptar la publicación de la tesis. Y, por último, a María Dolores Hermoso Porras, mi esposa, sin cuyo apoyo, paciencia y cariño, nada de esto hubiera sido posible.
Con esto hago realidad una aspiración largo tiempo aplazada como es la digitalización de los contenidos para hacer efectiva la transferencia de conocimiento y que el trabajo realizado sirva de base y marco para profundizar en nuestra narrativa andaluza en los años venideros.
Muchas gracias.
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