EL PINTOR DE BATALLAS. Arturo Pérez-Reverte. Madrid: Alfaguara, 2006

EL PINTOR DE BATALLAS. Arturo Pérez-Reverte. Madrid: Alfaguara, 2006

No puedo evitar pensar que Arturo Pérez-Reverte vuelca en esta obra una purga de su conciencia, de su experiencia vital como ser humano. El hilo de la trama puede ser anecdótico: un fotógrafo de guerra retirado acomete un proyecto monumental, un gran fresco pintado en el interior de una torre vigía aislada en un punto cualquiera de la costa levantina. En ese fresco se propone plasmar la batalla de las batallas, encerrar todos los fotogramas que capturó su retina, que no su cámara, a lo largo de su vida. Un fantasma regresa de su pasado, un personaje, un soldado a quien una de sus fotografías cambió su vida. Portada de revista, el soldado es reconocido cuando cae prisionero. Su mujer y su hijo son asesinados como represalia. Él es torturado. Finalmente sobrevive y la idea de asesinar a quien le cambió la vida, al responsable de sacarlo del anonimato, le da un proyecto que le permite seguir adelante.

La llegada del soldado irrumpe en la vida del pintor, y cambia radicalmente su monotonía y su proyecto. Los diálogos entre personaje y autor recuerdan algo a Unamuno y su nivola. A partir de aquí y con los diálogos y reflexiones de los personajes se inicia un viaje de introspección y análisis sobre el amor, el sentido y la coherencia de nuestros actos, de la repercusión que un hecho anodino puede tener sobre la vida de los demás, sobre la posibilidad de mantenerse ajeno a la crueldad de la vida, sobre el sentido de la crueldad humana, sobre el destino y la existencia de la casualidad o la causalidad, sobre el amor y la búsqueda de la autenticidad.

Decía al principio que no puedo dejar de pensar en que se trata de una purga de la conciencia del autor. Admiro, y mucho, la capacidad de Arturo Pérez-Reverte como novelista, como fabulador, como narrador; admiro su capacidad de generar personajes –aunque del perfil de sus personajes femeninos habría que escribir y mucho y quizás algún día me decida a hacerlo-, de inventar situaciones, de componer la trama y contar la historia. Pero creo que hay mucho más de él como persona en esta obra que en cualquiera de las demás que haya leído. Siempre dejamos retazos de nosotros mismos en lo que contamos, es inevitable. En este caso, creo que hay que entender que esos veinte años como reportero de guerra que sirvieron de escuela a nuestro autor, están detrás de esta introspección revisionista que lleva a cabo en la novela. ¿Cómo puede un reportero, un fotógrafo, un periodista, ser testigo de semejantes atrocidades y mantener su objetividad observante? ¿Cómo puede controlar el impulso de intervenir para evitar una muerte siniestra o un violación? ¿Cómo puede ver a un niño masacrado junto al cadáver de su madre y seguir con su propia vida? Por eso, tal vez sea la más cercana al ser humano que se esconde detrás del personaje y el título. Hacía falta la propia experiencia vital en esos escenarios y la experiencia previa como narrador para componer un relato de este calado. Curiosamente, alguna crítica que he leído la califica como obra de segundo orden en la producción de Pérez-Reverte; para mí, desde luego, no lo es.

No voy a reventar el argumento, ni a analizar personajes; prefiero, en este caso, animar a los lectores a acercarse a esta novela y a descubrir entre líneas a la persona que ha vivido y sufrido lo que se relata en la obra. No me lo ha dicho el autor, a quien no tengo el gusto de conocer, sino que lo presumo -un universo demasiado rico en matices para ser una mera recreación literaria-. Si además eres aficionado a la fotografía o a la pintura, las alusiones constantes a técnicas concretas supondrán un aliciente en su lectura. De la misma forma que una imagen impresiona la película de una cámara, también impresiona en nuestra alma los sentimientos asociados a las situaciones vividas y esas impresiones no pueden reflejarse en una imagen revelada sobre un simple papel. La novela trata del alma de las fotografías que vive y persiste en el ánimo del testigo, esa que tal vez solo pueda ser atrapada y transmitida con las palabras, aunque en la novela se trate de atrapar con los pinceles.

La novela es un apasionante viaje al sentido de la vida, de nuestros actos, de nuestra propia experiencia vital.

José Carlos Aranda

MUY RECOMENDABLE PARA QUIEN ESPERA DE UNA NOVELA ALGO MÁS QUE UNA SIMPLE AVENTURA.
El pintor de Batallas. Arturo Pérez Reverte. Punto de Lectura, 2007.

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Filosofía y Letras y Doctorando en Ciencias de la Educación; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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