EL VIAJE DE LUIS, “La historia real de un milagro explicado por la ciencia”, José Manuel Gil. Madrid: Obrerón, 2014.

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Para ver el programa: http://www.cuatro.com/_6c3e09a7

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No conocía a José Manuel hasta que coincidimos en el estudio de Cuarto Milenio convocados ambos por Íker Jiménez para hablar del milagro, el milagro de su hijo Luis. A veces, la ciencia puede explicar lo que solo el destino o la providencia de Dios puede justificar. Y, en este caso, el de un niño muerto en accidente, con lesiones cerebrales provocadas por la hipoxia (falta de oxígeno en el cerebro), recuperado al 100% de sus facultades, hubieron de concurrir demasiados esfuerzos oportunos y correctos por personas que hicieron bien su trabajo y supieron tomar las decisiones acertadas como para creer que solo la ciencia o el azar sean la única o la mejor explicación.asasa

Luis se hirió por accidente en casa clavándose una navaja en el pecho. Una herida pequeña, ridícula, pero por la que se le escapaba la vida sin remedio porque había acertado en el corazón. Ahí empieza el viaje de Luis y su familia. Un viaje por la supervivencia escrito en clave de amor, determinación, esfuerzo y constancia. Y esperanza, mucho optimismo y esperanza.asasaq

Cuando llegó al hospital, su cerebro ya había sufrido demasiado por la falta de oxígeno, tanto que hubo quien creyó que ya no tendría solución. Pero hubo médicos que apostaron por luchar hasta el final por esa vida, hubo una unidad de urgencias que hizo un trabajo extraordinario y hubo una familia que lo dejó todo por apoyar a su hijo y ayudarlo a salir adelante a pesar de los informes y las circunstancias.

Decía el psiquiatra Luis Rojas Marcos que si en lugar de

PASO POR CUARTO MILENIO

PASO POR CUARTO MILENIO

dedicarnos a analizar los errores, nos aplicáramos a comprender las claves del éxito, avanzaríamos muchísimo más. Este libro, esta historia, es precisamente lo que nos ofrece, comprender las claves del éxito de la recuperación de un caso aparentemente perdido.

Luis estuvo en coma, un coma del que se le despertó en estado vegetativo -o de conciencia mínima-, con los ojos abiertos permanecía ausente, no respondía a ningún estímulo exterior. La imaginación y la constancia por estimularlo lograron dar sus frutos cuando finalmente despertó con el grito de un animal herido. Pero eso era solo el despertar a una pesadilla de oscuridad. La hipoxia había afectado la zona cortical del cerebro y al hemisferio derecho. Muchas habilidades las había perdido, estaba ciego, el lado izquierdo semiparalizado, pero reaccionó ante la voz imperiosa de un padre que lo llamaba a la vida, reaccionó a la voz de la sangre y el dolor.asasaqv

El cerebro es tiempo y el tiempo es cerebro, me dice mi hermano Francisco Aranda, médico del 061. José Manuel fue consciente en todo momento de la importancia del tiempo en la recuperación, fue consciente de que el tiempo jugaba a la contra, que había que hacer todo lo humanamente posible para lograr recuperar las funciones cerebrales. 12 años, la edad que entonces tenía Luis, era una esperanza contra todo pronóstico.

asasaqvaLa determinación le hizo elaborar un plan de rehabilitación para acelerar su curación mediante la estimulación constante de todos sus sentidos: tacto, vista, oído… Y más tarde, estimulando las funciones cognitivas, su campo de visión, sus capacidades motoras… El libro es un alarde de imaginación y un derroche de métodos que, en la desesperación marcada por la urgencia, José Manuel fue aplicando sistemáticamente.

El libro no solo relata técnicas, sino emociones, incertidumbres. Para mí es un libro que nos habla de la fuerza del amor, de la esperanza y la determinación. Nada es casual. Todo tiene su explicación científica desde la neurogénesis y la plasticidad cerebral. La dinámica de la estimulación que actuó sobre Luis incidía sobre 3 ejes básicos: el ejercicio físico, la estimulación cognitiva y la estimulación química mediante compuestos que favorecen la sinapsis neuronal.

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En esta historia se nos abren muchas líneas de reflexión. Ese despertar del estado vegetativo a la llamada de su padre… ¿Nos eschuchan los enfermos en coma, en estado vegetativo? ¿Tienen conciencia y perciben lo que sucede a su alrededor? Es muy posible que así sea en un gran número de casos o, al menos, así lo afirma el Dr. Adrian Owen (Ontario, Canadá). Este médico, usando imágenes de resonancia magnética, es capaz de identificar la actividad cerebral generada en determinadas regiones. Ha logrado comunicarse con un enfermo en estado vegetativo y afirma que se podría hacer en un 20 % de los casos. La clave, según Owen, está en apelar a las emociones, a los sentimientos. Scott Routly, su paciente más estudiado, lleva 10 años en estado de conciencia mínima, es capaz de comunicarse con él a través de preguntas simples de respuesta sí/no. Scott afirma sentir lo que sucede a su alrededor, también que no siente dolor (1).

en familialuis y el saxofonAbundan los enfermos que afirman conservar recuerdos de esos momentos, tal y como el propio Luis afirma, sin que sepa en qué momento exactamente arrancan esos recuerdos de lo que sucedía en la habitación durante su inconsciencia. El italiano Salvatore Cisafulli (38 años) se recuperó tras estar 2 años en coma tras un accidente de tráfico, afirma que él podía oírlo todo, incluso cuando los médicos afirmaban que no era consciente y que no había esperanzas, ¿se imaginan la agonía?

Realmente desconocemos el nivel de conciencia de estos pacientes en estado de coma o en estado vegetativo tal y como afirma el Dr. Claudio Goldoni (2). Aunque hay algo que sí sabemos, lo difícil que es trazar la línea entre la vida y la muerte.

El norteamericano Terry Wallis entró en coma a raíz de un accidente automovilístico en 1984. Se despertó tras 17 años. Comenzó a reaccionar tímidamente en 2011. La primera palabra que pronunció fue “mamá”. Sam Schmid, norteamericano de 23 años, también sufrió un accidente de coche del que salió en coma con varias fracturas. Trasladado al Centro Médico de San José en Phoenix fue operado de urgencia de aneurisma. Sobrevivió en coma y enchufado permanentemente. Ante la situación, y tras los escáneres de rigor, los médicos dictaminaron muerte cerebral y hablaron con la familia para que donase sus órganos. Fue la madre quien en ese momento observó cómo su hijo movió dos dedos de su mano izquierda.

luisPero si es importante trasladar a la sociedad y a las familias que están sufriendo la importancia del amor, del acompañamiento y la constancia en estos casos, no es menos importante el que sepan que no todos los casos son iguales. Muchos factores incidirán en la recuperación del paciente -edad, tiempo, lesiones…-, y las posibilidades de rehabilitar dependerán siempre del alcance de las lesiones y de las zonas afectadas. Los núcleos de las áreas específicas del cerebro -verbal, espacial, numérica, etc.- son  irrecuperables, por ejemplo.

En los casos anteriores, Terry Wallis tenía daños irreversibles en la zona frontas (región cortical), lo que le impide reprimir sus impulsos sexuales y lo hace agresivo. También quedó afectado del lóbulo temporal derecho. Sigue pensando que tiene 19 años, la edad que tenía antes del accidente, y no reconoce a su hija en la joven de 20 años que lo visita y lo cuida, para él su hija sigue teniendo 1 año. En cambio, la recuperación de Samm Schmid, como la de nuestro Luis, ha sido completa y hoy disfruta jugando a baloncesto como uno más.

¿Cómo son posibles estas recuperaciones? La respuesta la tenemos en la plasticidad cerebral. Cuando una parte del cerebro queda dañada, el cerebro regenera neuronas y elabora nuevas rutas estableciendo nuevas conexiones donde antes no existían. Imaginemos que todos los días vamos a trabajar en coche utilizando la misma ruta por las mismas calles. Un día nos encontramos con que un enorme agujero impide el paso por la calle que usamos habitualmente. Lo primero que ocurre es un colapso del trafico. Los coches se quedan parados insistiendo y aguardando a que la ruta habitual quede despejada. Pero poco a poco, algunos conductores más inquietos comienzan a pensar qué otra ruta podrían utilizar para llegar al mismo sitio, aunque eso suponga dar una enorme vuelta. Lentamente, se pondrían en camino y otros los seguirían. Algunos de ellos lograrían con éxito descubrir la ruta alternativa y los demás conductores comenzarían a circular por esa misma ruta. Ya habríamos elaborado un nueva ruta neuronal en nuestro cerebro. Es decir, nuestro cerebro habría reestructurado su mapa para suplir las deficiencias producidas por los daños en el cerebro.

Esto se logra a través de la estimulación y el esfuerzo. En nuestro caso, el de Luis, Joséel viaje de luis 2 foto Manuel atendió a los factores claves del desarrollo. A través del deporte favoreció la oxigenación del cerebro, a través de los fármacos lubricó el camino para facilitar la sinapsis todo lo posible, a través de los ejercicios cognitivos -lingüísticos, matemáticos, espaciales, sensoriales…- continuos enfrentó al cerebro a dificultades que le obligaban a generar nuevas rutas para la superación.

El valor significativo del esfuerzo cognitivo en la modelación del cerebro quedó sobradamente demostrado con el experimento de los taxistas londinenses. Para obtener la licencia tenían que memorizar una cantidad ingente de datos. El estudio del cerebro reveló cómo aumentaba el tamaño del hipocampo cerebral. El cerebro se hace a la medida del esfuerzo requerido para adaptarse a las dificultades que la vida nos plantea en el día a día.

Cuando defendemos el utilitarismo de las enseñanzas, nos olvidamos con frecuencia de que la utilidad fundamental del aprendizaje y el esfuerzo es la potenciación de nuestras propias capacidades cerebrales. En una época en la que se rinde culto al cuerpo, en que tanto se habla de “prevención”, en la que se hecen campañas permanentes sobre la importancia del ejercicio físico para mantener un buen estado de salud, padres y alumnos siguen preguntando: ¿Profe, y eso de La Celestina para qué sirve?. “Y eso de conjugar los verbos, ¿para qué sirve?” Parece mentira que nadie se pregunte para qué sirve correr una hora en una cinta que no te lleva a ninguna parte.

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1) Artículo publicado en The New England of Medicine, 2010.

2) Jefe del área de neurología cognitiva de FLENI.

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía y Letras; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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