TRES MIRADAS SOBRE EL QUIJOTE: UNAMUNO, ORTEGA Y ZAMBRANO. Fernando Pérez-Borbujo. Barcelona: Herder, 2010.

TRES MIRADAS SOBRE EL QUIJOTE: UNAMUNO, ORTEGA Y ZAMBRANO. Fernando Pérez-Borbujo. Barcelona: Herder, 2010.

Se trata de un regalo para quien gusta de la literatura y de la reflexión seria desde una perspectiva filosófica.  Fernando Pérez Borbujo, a través de las páginas de este libro establece un diálogo con tres grandes filósofos, quizás los más grandes del siglo XX en España, que se detuvieron en el análisis de este personaje inmortal de nuestras letras: el Quijote.

Estamos ante un ensayo en el que el pensamiento y la historia se enfrenta a estas visiones profundas sobre la locura o la cordura en nuestro mundo y se tamizan con el criterio y el orden del conocimiento y la reflexión propia del autor.

Desde luego, para mí, aficionado a este difícil arte del pensamiento, ha sido todo un paseo de serenidad y cordura. Admiro la precisión con que los filósofos manejan los vocablos y los insertan en su lugar adecuado y aprendo de la contextualización del pensamiento con los grandes pensadores que tan familiares resultan en la obra.

Todos conocemos la obra de Cervantes, la historia de ese hidalgo manchego que enajenado por tanta lectura de libros de caballería, un día decide convertirse en caballero andante y salir al mundo a impartir justicia guiado por la luz de su imperecedero amor a Dulcinea del Toboso. A partir de ahí, los episodios de burla y escarnio se suceden, el caballero interpretará la realidad en clave de aventura mágica en la que todo se convierte en mera apariencia de una realidad que la trasciende, oculta a los ojos de los no iniciados. Don Quijote vive su cordura procurando el bien y la justicia contra las fuerzas del mal desatadas en la tierra sin reparar en sí mismo, en su propia incapacidad o sus menguadas fuerzas frente a tamaña misión. Sus amigos acabarán introduciéndose en su ficción para derrotarlo y traerlo de vuelta a la realidad. Y ya, lúcido, muere. A su lado, Sancho Panza aporta la perspectiva realista y pragmática; pero poco a poco, va dejándose ganar por ese idealismo que aún siendo irreal, bien merecería guiar nuestras vidas. Este argumento que se debate entre la cordura y la locura, entre la verdad y las apariencias, entre lo concreto y lo abstracto, entre lo universal y lo particular, entre el bien y el mal… no deja de ser fuente de reflexión generación tras generación.

No hay movimiento filosófico, humanístico, literario o autor concreto que, en depositando su reflexión en nuestro personaje, no arranque nuevos brillos en este sistema de dualidades aparentemente irreconciliables. Así, cada uno de los autores usados por Fernando como guía de reflexión nos aporta motivos de lucidez a la locura de don Alonso. Huelga hacer ahora un resumen de la obra, quien quiera disfrutar que se acerque al libro y lo lea despecio, y dialogue con los autores, y reflexione sobre su vigencia en nuestros días. Personalmente solo quiero hacer reseña de algunas de las ideas expuestas a lo largo de las páginas:

De Unamuno me ha seducido su perspectiva individualista, el que la filosofía no pueda ni deba desentenderse del ser humano sino que debe responder a las exigencias del hombre, o mejor dicho, del corazón humano. Este descender de lo universal para fijarse en lo particular y que vamos a ver de nuevo en Ortega. Y me ha encantado el que introduzca el sentimiento entre la razón y la fe. Creo que el hombre, en su capacidad para concebir el tiempo, ha tenido la oportunidad de concebir la ausencia del mismo: la eternidad. Y frente a la finitud de la existencia, el anhelo de ser uno siempre. El vértigo ante la idea y el sentimiento de afirmación solo puede traducirse en la agonía de don Miguel de Unamuno. Y esta agonía producida por el sentimiento, que no es razón ni es fe, sino sensación que nos mueve el alma, es lo que lanza a la aventura a nuestro héroe a medio camino entre una sociedad teocéntrica, que todo lo fia en la fe, y una sociedad racional que amanece que nada fia sino de la razón. ¿Dónde quedaba el hombre en esta disyuntiva? El sentimiento humano entre la fe y la razón como motor de la acción. ¿Y si el final es la locura, la ruptura con la realidad? Tendremos que ver qué es la realidad, si la que todos contemplan o la que interpreta la mente perturbada dentro de la lógica deformada de su turbación. Lo interesante de Unamuno es que, a partir de esta teoría de la desesperación, cree que puede desarrollarse una acción coherente, una praxis vital que se traduzca en un código eficaz aplicado a la ética o a la estética, o a la propia vida. Creo adivinar al hilo de estas afirmaciones que Unamuno utilizó a San Manuel y su aldea como un campo de pruebas. La ética queda de manifiesto en sus conversaciones con Lázaro, su religión queda sugerida por el formato evangélico que da a la obra que nos es trasladada por un testigo presencial de los hechos que nos relata sus vivencias como si se tratara de un apostol, Ángela.

En su obra Del sentimiento trágico de la vida, nos ofrece además, alguna clave más sobre la actitud de don Manuel, en ausencia de fe, en el deseo de eternidad y en su lucha por mantener en sus creencias a sus fieles porque quizás la clave para alcanzar la eternidad esté en tener la capacidad de concebirla, de desearla, de anhelarla, de luchar por ella: “¿Quiénes se salvan? […] los que anhelaron salvarse […], solo anhela la eternidad el que la lleva dentro […] Y no es injusticia no darle lo que no sabe desear, porque pedid y se os dará. Acaso se le dé a cada uno lo que deseó. Y acaso el pecado contra el Espíritu Santo, para el que no hay, según el Evangelio, remisión, no sea otro que no desear a Dios, no desear eternizarse (Del sentimiento trágico…, Op. Cit., pág. 255 y ss.). De ahí la reflexión última de Ángela sobre el propio Lázaro y don Manuel, quizá su angustia fuera su propio camino hacia la eternidad y Dios hubiera sembrado esa duda en sus corazones, el hacerles creer que no creían para que lucharan por creer.

Interesantísima reflexión nos deja don Fernando sobre esta lucha imposible de don Quijote: “Puede que esta pelea quijotesca esté condenada al fracaso de antemano, pero no se combate por afán de victoria, sino por imposibilidad de resignarse” (pág. 67).  Es una reflexión que podemos aplicar al Capitán Alegría en Los girasoles ciegos: la imposibilidad de resignarse a una victoria que ha costado tantas vidas y seguir siendo él mismo. “No podemos conocer las consecuencias de todos nuestros actos, pero sí podemos, al menos, conocer las intenciones que nos mueven” (pág. 96). Por eso, Unamuno ensalza la fidelidad de Sancho que defiende a su señor por su buen corazón y afirma que a los locos hay que seguirlos cuando son buenos. En realidad, supone la “afirmación radical del bien como origen de toda fe verdadera, que exalta la bondad del corazón como única religión, es el credo de este inmortal caballero que quiso pasar por el mundo haciendo el bien” (pág. 97).

De Ortega me quedo con dos reflexiones. La primera porque pensada por los lingüistas desde Sussure respecto a lengua y habla, me ha sorprendido verla reflejada en estas páginas remitida al determinismo de Darwing: “[…]  nada puede ser concebido de forma aislada, sino en la perspectiva en la que existe en el mundo con el que interactúa. En este sentido aprovecha la teoría de Uexkül quien modifica la teoría darwiniana de la adaptación al medio, e introduce la variable de que también el sujeto que habita el medio lo modifica al interactuar con él (Jacob von Uexküll, Teoría de la vida, Summa, Madrid, 1944). En esta clave debemos leer la afirmación de Ortega en Meditaciones del Quijote (Cátedra, Madrid, 2001): “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo yo a ella, no me salvo yo” (pág. 77). “La ciencia, el arte, la justicia, la cortesía, la religión son órbitas de realidad que no invaden bárbaramente nuestra persona como hacen el hambre o el frío; solo existen para quien tiene voluntad de ellas”; “Hay sobre el pasivo ver un ver activo, que interpreta viendo y ve interpretando, un ver que es mirar” (Meditaciones… pág. 115). Se convierte así el conocimiento de la realidad abstracta en una conquista del propio individuo, en un ansia de comprender que le hace trascender la realidad inmediata. El estructurarla de una u otra forma, el acto mismo de concebirla e interpretarla será una tarea vital permanentemente inacabada porque es realidad para el propio individuo que en su reflexión la reinterpreta continuamente. Las circunstancias, esas que creemos inamovibles solo lo son en apariencia: en realidad, nuestra forma de actuar sobre ellas, de interpretarlas, acaba por modificarlas, adaptarlas, en el margen de posibilidad real que exista para la transformación. Una idea que quedó recogida en El libro de la gramática vital, poco vamos a discutir sobre lo que es o deja de ser una piedra, pero sobre el “amor”…

La segunda idea es el amor como fuerza motora de nuestras vidas. Fernando lo saca de Ortega, quien: “ […]  siguiendo claramente la estela de Scheler, nos habla del amor como fuerza creadora de ideales y descubridora de valores morales superiores, mientras que el odio aparece como aniquilador de ideales y como aquello que cierra toda comprensión del valor” (pág. 154).

De Zambrano me quedo con una reflexión pragmática: para ella, el Quijote “[…] no es el relato de cómo se vuelve cuerdo un pobre hidalgo, demente de tanto leer libros de caballerías, sino un manifiesto gnóstico en el cual la locura quijotesca es el inicio de un despertar, que contempla a los que le rodean como durmientes” (pág. 196). “Mientras el espíritu caballeresco anda perdido en su ensoñación, la realidad queda inerme en manos de los pragmáticos y realistas. Así nació del alma soñadora española una nueva ciencia experimental de la realidad: el ingenio” (pág. 203). “Extraña condición de un ser que vive en la frontera entre dos mundos, suspendido entre el cielo y la tierra, y cuyo fármaco, la literatura, le habla de un mundo sin escisión, sin dualismos ni extremismos” (pág. 204). Mientras los lúcidos, los intelectuales, los cuerdos, sigan “drogados” en su mundo de ficción donde no hay dualismos ni extremismos, ¿en manos de quiénes está este país? En manos de pragmáticos y realistas para quienes la realidad que importa es perpetuarse como estirpe gobernante. ¿Es cierto que el espíritu caballeresco anda perdido en su ensoñación? Creo que sí. Pocos sabios alzan la voz para clamar cordura entre tanto desatino y la regeneración ética de este país, tan necesaria, pasa por que las voces que se escuchen digan algo y vivan conforme a lo que dicen. Como Diógenes, creo que nos encontramos ahora, buscando con un candil a un hombre justo a plena luz del sol. Esta escisión entre vivir en el mundo real o en la ensoñación del ideal no es buena para nadie. Debemos bajar al foso y mancharnos de barro. Y con esta reflexión regresamos a Unamuno y al Regeneracionismo, y al hecho de que “Nihil novum sub solem”.

Me gusta leer a autores que tienen algo que decir, reflexiones que aportan algo nuevo a nuestra forma de comprender y sentir las realidades que conforman nuestro pensamiento. Fernando Pérez-Borbujo es uno de ellos. Hace unos treinta años fue alumno mío. Asistí a la presentación que hizo de su libro en Córdoba. Para quien me entienda, diré que es un orgullo para cualquier maestro ver volar así a quien un día lo escuchó como si tuviera algo que enseñarle. Fernando era un alumno de una corrección extraordinaria en la forma y en el fondo. No abundaba en la sonrisa, tenía una mirada inquisitiva y sus silencios comunicaban más que sus palabras. Nunca preguntaba porque sí, y entendía hasta dónde llegaba el conocimiento. Tuve la suerte de enseñarle Lengua y Literatura, quizá algo del dominio técnico del lenguaje y de la pasión por las letras estén guardados entre los recuerdos de aquel colegio en la sierra de Córdoba. Quiero pensar que así es. Ahora lo veo hecho un gran comunicador, reflexivo, de mirada franca y con un sentido del humor que, a buen seguro, le ayuda a sobrellevar su “particular” choque entre la realidad y esa “ensoñación” forjada entre los libros y el conocimiento. Desde aquí, saludo al hoy maestro Fernando Pérez-Borbujo. Gracias por tu libro.

José Carlos Aranda Aguilar

Tres miradas sobre el Quijote: Unamuno, Ortega y Zambrano. Fernando Pérez-Borbujo. Herder, 2010.

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Filosofía y Letras y Doctorando en Ciencias de la Educación; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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