FUNCIONARIOS Y CRISIS: DIVIDE Y VENCERÁS.

Resulta fácil, en una situación de crisis como la que vivimos, señalar un chivo expiatorio para que pague las culpas. La técnica es bien conocida y antigua, ¿no fue Nerón quien inmoló a los cristianos entre el aplauso del pueblo señalándolos como responsables del incendio de Roma? Entonces, para distraer a la opinión pública se decía aquello de “panem et circem”, dales pan y circo. Hoy el pan se nos está acabando, pero somos los campeones de Europa y están próximas las olimpiadas.

El tener un sueldo estable y un puesto de trabajo garantizado es motivo suficiente para suscitar la envidia y el recelo de una población que sufre horriblemente. La imagen lanzada desde los medios de comunicación “demoniza” a los funcionarios que aparecen como vagos e irresponsables. Pero no se les dice que, gracias a ellos y a las garantías de su trabajo como funcionarios, la Administración Pública puede funcionar con independencia del partido que gobierne. En definitiva, su estabilidad no sujeta a nombramientos a dedo es la única garante de una administración que respete la ley.

En un país con seis millones de parados, se vende la idea permanente de que el gasto público obedece a la nómina de estos empleados, se repite una y otra vez que el 70% del gasto de las Comunidades Autónomas se destina a Educación y Sanidad. Pero se confunde intencionadamente “funcionario” con “empleado público”, ese que es nombrado a dedo para que ocupe cargos de responsabilidad, ese que dispone de coche oficial y dietas, teléfono móvil y tarjeta Visa a cargo de erario público. Durante veinte años he estado viajando para desempeñar mi trabajo como profesor, nadie me ha pagado dietas, nadie me ha pagado el alojamiento en el sitio de destino, nadie me ha pagado kilometraje y debo trabajar un mínimo de 35 años para tener derecho a pensión. ¿De dónde han salido éstos?

El acudir a la rebaja del sueldo de los funcionarios o a la subida del IVA no obedece a la “necesidad de preservar puestos de trabajo”, obedece sencillamente a la necesidad de dinero en efectivo para salir del paso. Pero a estos señores se les olvida -ellos lo saben de sobra- que el mes que viene habrá que pagar otra vez la hipoteca, España tendrá que pagar la parte correspondiente a la deuda contraída. Volverán a necesitar dinero en efectivo, ¿qué harán? Volverán a bajarnos el suelo y a subir el IVA, a rebajar el paro o bajar las pensiones… Y eso, ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo podremos soportarlo los españoles?

En esta época en que la necesidad nos ha hecho a todos grandes economistas -aunque no solo no nos paguen por ello, sino que nos embarguen- cualquiera sabe que para salir del atolladero hay que actuar en un doble sentido: minimizar los gastos y activar mecanismos que a medio y largo plazo nos puedan generar más ingresos. En minizar el gasto, estos políticos -me da igual la bandera- están atacando únicamente al sector productivo con el incremento del IRPF y los impuestos, al funcionariado además con el incremento de jornada laboral y la rebaja del sueldo -un 20 % en solo dos años-, y a las clases pasivas más desfavorecidas y débiles que dependen de ellos -parados y pensionistas- y eso es mala cosa porque hay que dar de comer al buey que ara, pero no están haciendo absolutamente nada por reducir el gasto en lo que es improductivo: este montaje nacional que más que un país parece un chiste de Forges donde el entramado de las Autonomías nos cuesta el sueldo, las dietas y complementos de más de 70 000 políticos. Si a esto le sumamos los cargos designados para la gestión de sociedades paralelas, cargos de designación política, no funcionarios, nos vamos a más de 200 000. Entes públicos como Canal Sur son el exponente máximo de esta negligencia: comparen, por favor, el número de empleados de esta radiotelevisión andaluza con cualquiera de las demás cadenas nacionales o extranjeras y díganme, después de saber cuánto nos cuesta mantenerla, si de verdad es un gasto necesario en los tiempos que corren u otro ejemplo de lo bien que se vive cuando disparo con pólvora ajena.

El recorte de salarios y derechos no es la única bolsa donde meter mano, ni siquiera la más inteligente, es, sencillamente la que más les interesa para mantener sus propios intereses y derechos adquiridos: derecho a la pensión después de siete años, posibilidad de compatibilizar la pensión con otros salarios o ingresos, compatibilidad de sueldos durante el ejercicio de su cargo, derecho a dietas por desplazamientos, viajes pagados, telefonía móvil gratuita, tarjeta de crédito para gastos de representación… Etc. ¿De verdad sabemos lo que nos cuestan mantener este aparato político? ¿Son necesarias las Diputaciones en un Estado de las Autonomías? ¿Es necesario el Senado? ¿Son necesarios tantos Senadores y Congresistas? ¿Deben ser los alcaldes y concejales los que decidan qué sueldo van a cobrar? Y, ahora, piensen en estas preguntas multiplicadas por 17.

Pero es que tampoco se está haciendo nada para activar el sector productivo del país a medio plazo. Todas las medidas serán inútiles si no se activa el consumo y el consumo no puede activarse en una época en la que no vivimos, sobrevivimos. Y lo peor de todo quizás sea la falta de una comunicación clara, de una apuesta común que nos haga luchar como nación como uno solo por salir de este atolladero. Las razones son sencillas: los dos grandes partidos siguen alentando a sus seguidores a mantener la división, cualquier cosa que haga el otro, siempre estará mal hecha, no hay un mensaje aglutinador cuando más falta nos hace; y, en segundo lugar, porque los españoles estamos hartos de tanta corrupción, mentira, intereses creados y actos que desdicen las palabras. Hemos perdido la fe en nuestros políticos.

La maniobra está clara: desviar la atención y dividir a la opinión pública. Mientras que el odio se concentre en los funcionarios, no pensarán en nosotros. Aplaudimos el paso de los mineros aunque los números en el papel nos digan que es irracional mantener las minas abiertas, pero abucheamos a los funcionarios que se manifiestan en protesta contra la ruina y la persecución a la que están siendo sometidos.

El problema no somos los funcionarios, ni los empresarios, ni los obreros. Lo que todos queremos es un país donde podamos vivir en paz y sin la amenaza a la vuelta de la esquina. No queremos vivir con el miedo a perder nuestro trabajo, nuestros ahorros, nuestra casa, nuestra vida.

Y en este estado de cosas, empiezo a creer que lo mejor que nos puede ocurrir es que Europa nos intervenga como país, porque éstos, nuestros gobernantes, son incapaces de ordenar la casa. Demasiados intereses creados. Hemos puesto al zorro a cuidar el gallinero, lo que ha de ver el zorro es que muertas las gallinas, muerto el zorro.

Permítanme, por último que les deje esta reflexión de Martin Niemöller, blanco sobre negro, sobre el riesgo de jugar su juego y dejarnos dividir en la opinión, en la intención y en los actos:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

José Carlos Aranda Aguilar

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Filosofía y Letras y Doctorando en Ciencias de la Educación; Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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3 respuestas a FUNCIONARIOS Y CRISIS: DIVIDE Y VENCERÁS.

  1. No lo sé, Tolo, no lo puedo saber porque ni tengo la perspectiva, ni el conocimiento, ni el poder. Pero hay algunas cosas que sí tengo claras. Una de ellas es que los sindicatos no son el camino, son cómplices alimentados por el sistema, parte del problema. Eso significa que cualquier planteamiento tendrá que salir desde las propias aulas. En el Claustro de final de curso, imagino que igual te sucedería a ti, nos dieron lectura de las medidas que se pondrían en marcha, incluida la de desplazamientos provocados por incrementos de horarios y aumento de ratio -esa que no se iba a producir-, bajada de sueldo, etc. Pedí la palabra una vez que finalizara el Claustro para dirigirme a mis compañeros. Tardé un minuto. No sé si es tarde, pero durante el verano, vamos a pensar qué medidas concretas podemos aplicar desde las aulas para llegar en septiembre con las ideas claras. Algunos compañeros ya me están mandando ideas. Estoy buscando ayuda para abrir un muro, preservar la intimidad de los participantes, ir recogiendo ideas y votaciones sobre propuestas concretas. Tolo, sé que todo esto es inútil, pero me niego a morir profesionalmente en un silencio cómplice de este montaje escénico.

    Gracias por tu respuesta. Si para algo ha servido esto es para saber que no estoy solo, no estamos solos. Somos muchos más de los que podía imaginarme. Solo falta una idea que nos aglutine. Espero que surja.

    Un abrazo.

    José Carlos Aranda

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  2. Antonio Luis García-Atance Huete dijo:

    Totalmente de acuerdo con el planteamiento que haces, pero ¿cómo desmontar el desbarajuste que han creado esta panda de irresponsables para beneficiarse ellos?

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  3. Carmen dijo:

    ¿Qué te voy a decir?, ojalá no tuvieras razón, pero así es. Un abrazo

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