ABRAZAR, AMAMANTAR, SONREÍR, COGER EN BRAZOS SON CLAVES PARA EL DESARROLLO PSICOLÓGICO DEL BEBÉ

mama abraza

En Inteligencia natural hablamos paso a paso de la evolución y desarrollo de la psicología del niño desde el propio embarazo. Uno de los tópicos más extendidos se trata de esa frase tan oída y repetida: “No cojas al niño en brazos que lo malcrías”.

Todo lo contrario. La pieza clave para una correcta evolución y desarrollo es la sensación de seguridad y confort. Cuando nos sentimos en peligro, nuestra mente activa el modo “supervivencia”, se prepara para defenderse. Cuando estamos tranquilos, la curiosidad nos empuja a la experimentación y, a través de ella, obtenemos el desarrollo muscular y neurológico necesario para conquistar nuestra autonomía. Un niño que está llorando no te escucha cuando le hablas, está bloqueado emocionalmente y necesita salir de ese modo “supervivencia”, necesita sentirse seguro para abrir sus ojos y su mente al entorno. Y el principal factor que puede provocar la ansiedad en un niño pequeño es el desapego, el no sentirse protegido, el no sentir ese contacto placentero con la piel, las manos y la mirada de quien lo cuida.

Necesitamos sentirnos protegidos, primero, y aceptados, queridos, después. Todo influye, pero en los seis primeros meses, cuando el bebé aún no cuenta con un sistema lingüístico que le permita la comunicación verbal, cuando todavía su mirada ha de aprender a centrarse y capturar, aislar los rostros, cuando el oído aún tiene que aprender a focalizar los sonidos… el tacto y el olfato son esenciales. El abrazo se transforma así en el vínculo afectivo más fuerte que podemos ofrecer. La ausencia de afecto, la desatención, en casos extremos, puede derivar en el llamado “síndrome hospitalario”. El amor, el contacto, el abrazo, la compañía, la voz, el ambiente tranquilo… favorecen el desarrollo neurológico como ningún otro método puede.

Los brazos deberán ir cediendo poco a poco a medida que el niño vaya ganando en autonomía, es decir, pueda valerse por sí mismo: girarse, gatear, caminar… El periodo de apego fuerte va de los 6 meses al año y medio aproximadamente y solo hay una línea roja que debemos atender para procurar su correcta socialización: evitar la exclusividad. Si es bueno que el niño tenga una persona de apego estable durante este periodo, también lo es que vaya acostumbrándose a formar parte de la familia, a compartir con la familia. Se trata de ese llanto provocado cuando observa que nuestra atención se desvía hacia nuestro cónyuge o hacia un hermano. Si cedemos a esa exigencia de exclusividad sí podemos perjudicar su desarrollo social y nuestra propia convivencia familiar. Pero esto habremos de atenderlo a partir del primer año.

Para comprender mejor este desarrollo, en Inteligencia natural explicamos la evolución de esa fase de apego, cómo ayudarlo en cada momento, cómo evitar la exclusividad, cómo acoompañarlo sin ansiedades.

Os recomiendo este artículo de Cristina Silvente sobre el tema. En él encontraréis, además, bibligrafía si queréis profundizar.

http://www.mibebeyyo.com/bebes/salud-bienestar/cuidados/coger-en-brazos-bebe-5226

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Filosofía y Letras y Doctorando en Ciencias de la Educación; Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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