¿El último milagro de San Rafael en Córdoba?

El último milagro de San Rafael en Córdoba

Ya no es época de milagros, vivimos un periodo racionalista donde el ser aconfesional es un estandarte de moda para quien no cree en nada. Pido disculpas, porque  yo, en cambio, soy un romántico empedernido a quien le gustan las leyendas y que no ha perdido el gusto por sorprenderse ante lo insólito, lo extraordinario. Y hemos vivido algo extraordinario en nuestra ciudad de Córdoba. Todos sabemos que habitamos una ciudad plagada de monumentos dedicados a San Rafael y la devoción por el Arcángel viene de muy antiguo. Permitidme hacer un poquito de memoria.

Cuenta la leyenda que ya en el siglo XIII, una epidemia de peste asolaba Europa, corría el año de 1278. Hoy sabemos del miedo a la incertidumbre cuando la muerte acecha, ¿verdad? Pero no está de más recordarlo a través de las palabras de alguien que lo vivió y así lo describe cuando un barco llevó la enfermedad a Génova: “El cuerpo parecía entonces sacudido casi por entero y como dislocado por el dolor. De este dolor, de esta sacudida, de esta corrupción del aliento nacía en la pierna o en el brazo una pústula de la forma de una lenteja. Ésta impregnaba y penetraba tan profundamente en el cuerpo que se veía acometido por violentos esputos de sangre. Las expectoraciones duraban tres días continuos y se moría a pesar de cualquier cuidado. La muerte no tocaba sólo a los que les hablaban, sino igualmente a todos aquellos que compraban sus cosas, las tocaban o se acercaban a ellas […]”[1].  Es fácil imaginar el pavor de la población en estas circunstancias. Y en este contexto dramático,   San Rafael se le apareció a Fray Simón de Sousa en lo que hoy es el palacio de la Diputación, antiguo convento de la Merced, el fraile afirmaba que le había curado milagrosamente.  También le dijo estar contento con la labor del Obispo, entonces don Pascual. Se le apareció aún una segunda vez y ordenó al fraile colocar una estatua conmemorativa en la Iglesia de San Pedro, donde se custodian las reliquias de los Santos Mártires de Córdoba[2].  De ahí arranca la devoción.

San Rafael volvió a hacerse presente cuando en el siglo XVI otra epidemia de peste amenazaba a la ciudad. Con la población aterrorizada ante el inminente desastre, el arcángel se le apareció al Padre Roelas, y lo hizo hasta en cuatro ocasiones. Le reveló que Dios le había encomendado salvar la ciudad. El Padre Roelas, no las tenía todas consigo temeroso de que todo fuera una alucinación fruto de su menguada salud, así que consultó con varios teólogos de la Compañía de Jesús, también visitó al Provisor. El pobre padre Roelas solo recibió un consejo: si se producía una quinta aparición debía preguntarle su nombre.

Fue el 7 de mayo de 1578, de madrugada, cuando tuvo lugar la quinta aparición y el Padre le preguntó quién era, la respuesta no se hizo esperar: “Yo te juro, por Jesucristo Crucificado, que soy Rafael, ángel a quien Dios tiene puesto por guarda de esta ciudad”.  A partir de ese momento, cesaron las muertes por causa de la epidemia en Córdoba. Un tesoro de la época, Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba[3], así nos lo cuenta.

Hoy recuerdo esta leyenda por lo que acabamos de vivir. Al principio de la reciente epidemia, el alcalde de la ciudad, José María Bellido, pidió a San Rafael que velase por la ciudad  con un ramo de flores, el día 22 de junio,  depositaba otro ramo de flores en la iglesia del Juramento de San Rafael, como muestra de agradecimiento por haber pasado la epidemia del corona-virus. Quizás tenga también algo que ver el que nuestro Arcángel formara parte de los facultativos de la ciudad, los que tenían que hacer frente en la vanguardia de la lucha contra la muerte. Y digo esto porque en 2002, el entonces Consejero de Salud de la Junta de Andalucia,  Jesús  Aguirre, nombró al Arcángel ni más ni menos que Colegiado de Honor del Colegio de Médicos de Córdoba. Según sus propias palabras, se hizo “para premiar sus actuaciones en pro de la salud de los cordobeses desde la noche de los tiempos”. Un artículo publicado en elplural,  el 23 de enero de 2019, finalizaba ironizando un poco sobre este asunto:  “[…] trancurridos diecisiete años, se desconoce si obra en poder del Colegio de Médicos alguna estadística sobre la evolución de la salud de los cordobeses desde aquel lejano 2002 con objeto de certificar científicamente los benéficos efectos del nombramiento del arcángel como médico de honor”.

Hoy podemos dar cumplida respuesta a esta pregunta lanzada al aire hace algo más de un año. El miércoles 3 de junio, el Instituto Nacional de Estadística publicó un estudio sobre el número de fallecimientos en España durante las 21 primeras semanas del 2020. Las cifras son desoladoras, murieron 120.000 personas en total frente a las 71.500 defunciones de promedio entre los años 2016 y 2019. Esto supone un incremento del 67 %. Sin embargo, Córdoba no solo no siguió la tendencia, sino que disminuyó el número de decesos en un 19%., fallecieron 257 personas menos entre el 9 de marzo y el 10 de mayo.  Puede que esto satisfaga la curiosidad del periodista.

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En una época tan racionalista, tal vez convenga reflexionar sobre estos hechos. Puede que todo lo que se ve no sea cierto, puede que haya muchas energías invisibles que sí lo sean, como ese virus que nos ha tenido confinados.  Quizás no todo se ciñe a lo racional, quizás es cierto que unas enormes alas blancas se extienden sobre nuestra ciudad y hay quien vela nuestro sueño. Será cuestión de preguntar a Íker Jiménez. No sé ustedes, pero yo hoy rezaré en agradecimiento a nuestro custodio por habernos ayudado a sobrellevar también esta epidemia, y le pediré que nos ayude a superar la recesión que se nos viene encima y aflore el trabajo allí donde hoy no existe. Y lo acontecido lo considero algo tan importante que bien mereciera un triunfo conmemorativo por parte de la ciudad. Tal vez la glorieta de acceso al Hospital Reina Sofía sería el lugar ideal para que cada acceso a la ciudad tenga este guardián. Quede aquí esta propuesta para el Consistorio de nuestra ciudad.

 

José Carlos Aranda Aguilar

[1] M. de la Piazza: “Historia Secula ab ano 1337 ad annum 1361”, en G. Duby, Europa en la edad Media. Barcelona,  2007,  p.161.

[2] El III Concilio de Toledo reconoce esas reliquias como verdaderas, precisamente a partir de la historia del padre Roelas que se cita a continuación.

[3] La obra fue reeditada por la Obra Social y Cultural de Cajasur en edición facsímil en el año 2003.

[4] La fotografía no corresponde a nuestra Córdoba, pero me encanta la imagen y lo que representa.

Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía y Letras; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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