SOMOS VIEJOS, PERO NO TONTOS

Esta frase es el lema de una campaña contra los abusos de los bancos con la dichosa digitalización. Cada vez hay menos personas atendiendo, cada vez menos hay alguien que nos escuche y nos ayude a resolver los problemas que a todos se nos presentan. Y está bien, aunque algunos inicien una campaña publicitaria en apoyo utilizando para ello un código QR, como si todos tuviéramos la obligación de estar hiperconectados y saber cómo funcionan los malditos aparatos.

Pero nadie habla de la Administración Pública, que debería estar al servicio del ciudadano y no complicarnos la vida. Se casó mi hija. Me quedé encargado de registrar su matrimonio en el Registro Civil de Córdoba mientras ellos se iban de luna de miel. Hasta ahí, todo normal. Me presento en el edificio de los Juzgados y la primera pregunta viene del guardia civil que hay en la puerta: “Trae usted cita”. No, pero imagino que podré sacarla aquí. “Bueno, pase y pregunte usted en Información, es esa ventanilla de ahí”. Y me señala la ventanilla que hay a la derecha de las escaleras mecánicas justo enfrente. No había nadie. “Siéntese y espere”. Me senté en unos sillones atento a la llegada del funcionario de turno. La espera duró 20 minutos de reloj, y debía ser algo habitual porque en la ventanilla de la derecha había colgado un cartel que rezaba “Esto no es información”, en letras destacadas como con hartazgo e indignación. Cuando por fin llegó el funcionario, me acerqué a la ventanilla y le indiqué el motivo que me llevaba. “¿Tiene usted cita?”. No. “Entonces no puede usted pasar”. Y, ¿cómo se saca la cita?. “Por Internet”. Perdone, y si no tengo Internet. “Puede hacerlo con el teléfono móvil”. Perdone, y si no tengo teléfono móvil. “Entonces vaya usted a un Centro Cívico, pero sin cita previa no lo pueden atender”.

¿Desde cuando es una obligación del ciudadano estar conectado a Internet o tener un teléfono móvil? ¿Cómo hemos llegado a esto? La Administración está para atender y servir al ciudadano, para facilitar las gestiones que, por obligación, tenemos que hacer sin más remedio. Porque nos sentimos amenazados, porque a nadie nos gusta perder el tiempo discutiendo con las paredes. En lugar de eso, la pandemia, que parece que ya no existe, nos ha traído estas nuevas obligaciones que nos sobrepasan con la indiferencia más insultante de quienes debieran pensar en el bienestar de las personas. E incluyo aquí a algunos funcionarios que, pobrecitos, no hacen sino cumplir con su obligación, pero hay muchas formas y caras para hacerlo, créanme.

Con una indignación que me subleva, me retiro. Vuelvo a casa después de perder inútilmente una mañana. Saco la cita por Internet. Tengo 65 años y dos doctorados. Pero pienso en quienes tienen 75, 80 años y no tienen, no tenemos, obligación ninguna de estar conectados, de tener teléfono móvil, de tener la App de turno que descifre códigos ni han manejado un ordenador en su vida, la indefensión que supone el obligarlos a utilizar herramientas que nunca han usado, que no necesitan, que no aprecian, que no debieran ser obligatorias cuando quien sirve  tiene la obligación de ayudar, no entorpecer, no liar, no agobiar, no despreciar a quienes llevan toda su vida trabajando para, entre otras cosas, que ellos puedan cobrar su sueldo todos los meses.

Así que no pongamos el foco solo en los bancos, que también, carguemos contra esta Administración abusiva que desprecia a los ancianos y hace complicado lo que antes era tan sencillo como hacer cola y presentar un documento en ventanilla. Y, con suerte, ser atendido por una persona amable que sonríe y responde a tus preguntas.

Sé que esto no servirá de nada, ¡ojalá se hiciera viral y un movimiento ciudadano obligara a cuidar más y mejor el trato personal de nuestros mayores!, no será así;  pero, al menos, me he desahogado y mis arterias lo agradecen.

¡Basta ya!

Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía y Letras; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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