LA SILLA VACÍA. Rabí Nachman de Breslau, Edit. José J. Olañeta, Barcelona, 1997.

LA SILLA VACÍA.  Rabí Nachman de Breslau, Edit. José J. Olañeta, Barcelona, 1997. Colección Los pequeños libros de la sabiduría.

Retomo este libro después de nueve años. Me gusta dialogar con los amigos que aguardan pacientemente en las estanterías de mi Biblioteca. Siempre te encuentras sorpresas y aquí me he encontrado con una.

¿Nunca os ha pasado que vuestra imaginación y el tiempo han puesto en labios de un amigo lo que él nunca dijo? A mí sí. Me explico. Yo recordaba que el título de este libro obedecía a un bello relato, es el siguiente:

Cuentan que un rabino visitaba regularmente a los enfermos de su sinagoga. Un día visitó a un viejo enfermo postrado en su cama y le ofreció rezar junto a él. El viejo le confesó que nunca había aprendido a rezar, no sabía cómo hacerlo. El rabino le dijo: “Es muy fácil. ¿Ves esta silla? Colócala junto a tu cama, imagina que en ella está Dios, como tu mejor amigo, y cuéntale todo aquello que te inquieta y te preocupa. Cuando lo hayas hecho, pídele que te ayude a sobrellevarlo, que haga lo que pueda”. El rabino se marchó y regresó a los tres días, lo atendió el hijo y le informó de que su padre murió el día anterior. Cuando le preguntó cómo fue, le respondió que sucedió algo extraño: se lo encontraron con cara de paz, la cabeza apoyada en una silla que tenía junto a su cama.

No. No es esta historia la que da título al libro que hoy os traigo. Esa ha sido mi sorpresa. No sé cuándo ni cómo inserté este cuento en el sentido último de este pequeño libro. Se trata de una obra que invita a la reflexión mediante sentencias extraídas de los escritos de este rabino judío. Rabí Nachman de Breslau nació en Ucrania a finales del siglo XVIII (1772). En vida tuvo un gran número de seguidores, dentro de la corriente del jasidismo fundada por su abuelo Baal-Shem-Tov. Tuvo fama de santo y sus ideas siguen inspirando a muchas personas. El mensaje que centra la contraportada es “No perder nunca la esperanza; encontrar la alegría y un motivo de felicidad en todo lo que nos ocurre…”. Vivió una época de transformación apasionante, el comienzo de la Revolución industrial, la Revolución Francesa, Goethe, Kant, Byron, Beethoven y Mozart fueron sus coetáneos. Murió en 1810. Tuvo una visión anticipada de lo que sería el gran problema de la humanidad moderna: frente a todos los avances y la tecnología, un enorme vacío interior se está adueñando de la humanidad. El lo reveló en una sencilla frase: “Os diré un secreto: un gran ateísmo está llegando al mundo”. Todavía faltaba medio siglo para que Marx enunciara sus principios. Para que el existencialismo empezara a tomar forma y peso social, aún faltaba más tiempo.

El libro se dirige, principalmente, a hombres creyentes. La fe se respira una y otra vez en sus planteamientos, pero sus reflexiones son igualmente válidas para cualquier persona, con independencia del punto interior en el que se encuentre en este momento. De todo el contenido, me llama poderosamente la atención la importancia que concede a la “necesidad de la alegría en la vida”, cómo nos empuja una y otra vez a huir de la depresión como el peor de los males. En ese sentido, y como muestra de lo que podéis encontrar en su interior, os dejo estas dos perlas:

“Hoy te sientes bien. No permitas que el ayer y el mañana te depriman” (pág. 98).

“Si no te sientes feliz, aparenta serlo. Aunque te encuentres totalmente deprimido, pon una sonrisa en tus labios. Actúa como si estuvieses alegre. De esta manera surgirá la genuina alegría” (pág. 99).

El título está tomado de otra anécdota referida al rabí Nachman. Una vez preguntó a un discípulo si estaba vacía la silla en la que se encontraba sentado. No, estoy yo sentado en ella. “Pero si quien está sentado en ella está vacío, entonces la silla está vacía”. Se refiere al “ser” a la persona que logra integrar en su vida lo material y lo espiritual, capaz de superar el vacío interior y dotar de sentido su vida. Entonces es un “mensch”. Su silla, labrada por un obrero que tardó seis meses en realizarla en su tiempo libre, ha sido conservada y está expuesta en el museo de Israel desde 1959.

Conviene un tiempo para la reflexión espiritual, para tratar de colocar los sentimientos en su sitio y proyectarnos hacia el futuro con conciencia de ser. La reflexión, la meditación ayudan. Y esto siempre y a pesar de las creencias personales.

José Carlos Aranda Aguilar

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Filosofía y Letras y Doctorando en Ciencias de la Educación; Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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