ACTO DE PRESENTACIÓN DE MANUAL DE REDACCIÓN PARA PROFESIONALES E INTERNAUTAS (BERNICE, 2011). TABERNA LOS PATIOS DE LA ALJAMA, C/ MANRÍQUEZ, CÓRDOBA (PATIO DE LOS MAGNOLIOS)

Creo que es obligado empezar un acto como este con los agradecimientos. A todos ustedes por estar aquí acompañándonos, en primer lugar. Después a María José Porro, no solo por sus palabras y su cariño, sino por la confianza que depositó en un joven de veinticinco años cuando aceptó dirigirle una tesis doctoral en un momento en que existían ganas y energías, pero no había camino. Ella decidió confiar en aquel joven y convertirse en el camino.

Gracias también a Berenice y Almuzara, a Antonio Cuesta, David González, y Manuel Pimentel por haberme permitido acceder a este mundo apasionante de la editorial y las publicaciones. Su confianza me ha permitido canalizar estudios y trabajos almacenados durante décadas en el fondo de los cajones de un escritorio. Hoy, con el libro que presentamos, ya son cuatro los títulos que circulan por las librerías con mi nombre en la portada. Es para agradecerlo porque hay muchos compañeros en los institutos, en los colegios, en las aulas, que podrían haberlo hecho tan bien o mejor, siempre será para mí un misterio el porqué me sonrió la fortuna aquella mañana frente a El Corte Inglés cuando me encontré por pura casualidad con Antonio Cuesta y me propuso el primer título. Creo que ni él ni yo, aún, nos creemos el recorrido que, desde aquel momento, han ido adquiriendo los títulos publicados.

Pero, además, no puedo acabar este apartado de agradecimientos sin mencionar a quien es responsable directo de todo el trabajo desarrollado a lo largo de estos años: Lola, mi esposa. Esa famosa frase que dice que “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer” no es válida en mi caso por dos razones: en primer lugar porque nunca ha caminado detrás de mí, siempre camina a mi lado y, en segundo, porque no soy ningún gran hombre. Pero si alguna vez lo fuera, no dudéis que será gracias a su amor en el tiempo. Tiene esa extraña cualidad de hacerme desear ser mejor persona por ella y para ella cuando estoy a su lado. Por eso cuanto he hecho ha sido por nosotros y para nosotros, y nuestras consecuencias, dos maravillosos hijos. A ella no he querido dedicarle ningún libro, porque tendría que iniciar todas y cada una de las obras con un “¿A Lola, con amor? ¿En agradecimiento por aguantarme más de tres décadas?” A veces, las palabras quedan huecas, es tanto lo que quisieras transmitir que no cabe en un libro, mucho menos en una dedicatoria. Esa es, precisamente, la magia del lenguaje poético. Por eso prefiero dedicarle mi mejor obra, mi vida día a día.

Hoy bautizamos a una nueva criatura que nos viene con pantalla informática y luces de neón. El manual de redacción para profesionales e internautas ¿Pero cómo se te ocurren títulos tan raros? Ojo, que no es culpa mía, no fui yo quien firmó la partida de bautismo. Fue David quien propuso el título y la línea de contenido de esta nueva obra. Yo soy el brazo ejecutor. Y la verdad es que el título es descriptivo del contenido y no va a defraudar a los lectores.

Lo del Manual práctico de redacción se nos quedó en la recámara cuando escribí el Manual de Ortografía y Redacción. En aquella ocasión, me concentré en el desarrollo del sistema de autoaprendizaje de ortografía basado en la recurrencia y en la progresividad. El incluir los dictados y las prácticas con los autocorrectores independientes obligó a sistematizar las normas ortográficas, y el deseo de exhaustividad me llevó a catalogar no solo las excepciones a las distintas reglas, sino las palabras que se escribían siguiendo una determinada regla. El esfuerzo en aquel caso de la editorial fue encomiable en la maquetación de la obra y la confección de índices. Ese esfuerzo se concretó en el primer catálogo lexicográfico remitido a reglas ortográficas publicado en lengua española con más de 2.500 palabras clasificadas. Pero supuso también un número excesivo de páginas, más de quinientas. La conclusión es que el apartado correspondiente a redacción quedó reducido a un anexo de unas 60 páginas de contenido puramente teórico. Desde ese momento, tanto a David como a mí nos quemaba el proyecto en el cuerpo, el proyecto de realizar un manual de redacción con una orientación práctica como viene siendo habitual en mis publicaciones.

Y fue David nuevamente quien dio el salto cualitativo. El Manual había que desarrollarlo pero dándole un enfoque particular, especial y necesario: debía ser pensado para profesionales, que no alumnos, que usan las nuevas tecnologías habitualmente en el día a día. Todos escribimos correos electrónicos, usamos los procesadores de texto para escribir a diario, tanto que el ordenador ya se ha convertido en una herramienta imprescindible en nuestra vida laboral. Y estas nuevas tecnologías han traído sus ventajas, enormes ventajas, de ahí que se hayan convertido en algo imprescindible en nuestras vidas.

Permitidme un canto a la añoranza. Aún recuerdo con terror cuando acudía a Granada a visitar a José Andrés de Molina, extraordinario catedrático y maestro, con el manuscrito –ya mecanografiado- de la tesina “Usos del subjuntivo en español actual”. Era un hombre preciso, metódico. El terror venía cuando me devolvía el manuscrito con las correcciones pertinentes: errores de redacción, incoherencias, terminología, párrafos mal desarrollados… es lo normal. Entonces me esperaba el introducir las modificaciones en folios mecanografiados. Aquello era una odisea para tratar de componer sin alterar en lo sustancial los espacios de tal manera que fuera el menor número posible de folios el que hubiera que repetir y mecanografiar de nuevo. Algunas páginas se solucionaron recortando un párrafo modificado, superponiéndolo y fotocopiando el resultado. ¿Os acordáis de las correcciones en las máquinas de escribir tradicionales? Un error equivalía a interrumpir el discurso, dar a tecla de retroceso, coger un papel corrector, volver a teclear la grafía o la palabra errónea para eliminarla y luego reescribir en el espacio corregido. Por eso escribíamos primero a mano y, cuando estábamos seguros de lo escrito, el pasar a máquina equivalía a pasar a limpio, a presentar adecuadamente un contenido, en fondo y en forma. Teníamos entonces conciencia de este hecho y éramos tremendamente exigentes con las normas de presentación –aún recuerdo el libreto publicado por don Feliciano Delgado al respecto hace 35 años y que aún conservo-.

Cuando me tocó redactar la tesis doctoral se me había roto mi máquina de escribir eléctrica, una Olivetti lettera 36 que había comprado con el dinero de una beca en la Universidad. Era el momento de las máquinas electrónicas, el gran avance. Te permitían escribir una línea completa que aparecía reproducida en una minúscula pantallita en el frontal de la máquina. Cuando estabas seguro de que estaba correctamente redactada pulsabas la tecla correspondiente y la máquina escribía de corrido la línea memorizada. El ahorro en tiempo y tippex era formidable, pero seguíamos redactando a mano y el pasar a máquina era como el vestir de largo nuestro trabajo. Yo, en cambio, en esta misma época, opté por el ordenador y compré un portátil Toshiba 1100 que, como la máquina de escribir Olivetti, aún conservo en casa. No tenía disco duro, funcionaba con un disquette de tres y medio; en cada disquette debía estar grabado el sistema operativo y el procesador de textos, en mi caso el Word Start. Pero permitía corregir en la pantalla simplemente pulsando la tecla de retroceso y, además, asómbrense, almacenar en cada disquette hasta 55 páginas más o menos. Cuando tenías que insertar una oración nueva, corregir, introducir un párrafo, ampliar otro existente… el ordenador desplazaba todo el texto. Aquello era asombroso y, por primera vez, se podía redactar directamente en el ordenador con la confianza de que las modificaciones, supresiones o ampliaciones podían ser aplicadas directamente sobre el texto elaborado. Aquello visto desde nuestra atalaya del presente era muy primitivo, cada vez que querías cambiar el tipo de letra tenías que actuar sobre la propia impresora, por ejemplo; los recursos tipográficos debían ser aplicados con comandos concretos que tenías en una chuleta junto al ordenador y eran muy limitados: aún recuerdo a la familia entera subrayando los títulos de las obras citadas en el libro porque el programa no subrayaba en línea continua, por lo que había que retintarlas una a una, a mano, y estamos hablando de un catálogo bibliográfico de narradores andaluces del siglo XIX con más de 800 páginas… ¡Una barbaridad!. Todavía pienso que, de no ser por mi nuevo ordenador, aquella obra, mi tesis, me hubiera llevado dos años más de tiempo simplemente por la maquetación. En cambio, también recuerdo cómo fui felicitado por el Tribunal gracias a la presentación del libro, con espaciación y alineación automática, toda una novedad para la época.

Y, ¿os acordáis de los primeros teléfonos móviles…? Parecían ladrillos y costaban 3000 €. Entonces creímos que era una especie de artículo de lujo limitado a grandes empresarios. Hoy hay cuatro teléfonos móviles por cada español. Y el cambio de hábitos de uso se ha producido en un tiempo récord, una generación, quince años. Los adolescentes actuales, e incluso nosotros, ya no concebimos el día a día sin esos aparatejos entrometidos e indiscretos. Todavía recuerdo aquel chiste de circunstancia al inicio del proceso cuando un hombre cualquiera en una casa de citas había dejado el móvil en la mesita de noche y recibió la llamada de su mujer. El despistado que no había vivido sino el teléfono fijo,  no tuvo otra ocurrencia que descolgar el teléfono preguntando: “¿Cómo sabías que estaba aquí?” Hoy esta broma no se entendería porque son muchos más lo móviles que lo fijos.

Mientras tanto, no han dejado de ir ampliándose las aplicaciones de estas herramientas. Si en un primer momento aparecieron en el ámbito meramente profesional, pronto se convirtieron en electrodomésticos, es decir, aparatos eléctricos de uso doméstico. Y la forma de introducción fue sencilla y de puro marketing: ofrecer servicios de comunicación, pero también de diversión y ocio favorecidos por la posibilidad de interconexión vía satélite: Internet. A los adolescentes se les ofreció la posibilidad de los SMS y los niños quisieron imitar a los adolescentes, luego se introdujeron los chats y los juegos en red, luego han venido las Blackberry que permiten ya interconectarse varios usuarios sin necesidad de estar atado a la pantalla del ordenador doméstico. Y, lo más importante, con SMS gratuitos previo pago de la conexión a Internet por telefonía. Así hemos llegado al punto en el que estamos.

Cuatro adolescentes en la parada del autobús. Mientras esperan ni se miran, cada una de ellas concentrada en la pantalla de su Blackberry. Solo levantan la vista para subir al autobús y sentarse dos a dos, frente a frente, y continuar tecleando en la pequeña pantalla. Durante diez minutos no se dirigieron la palabra. El siguiente paso, créanme, serán unas gafas que incorporen la pantalla en uno de los cristales y un puño electrónico con el teclado en una de las muñecas del sujeto para poder ir permanentemente conectado. Si me permitís una opinión personal, os diré que el asunto reviste la apariencia de adicción en los términos más duros que podamos imaginar.

Tampoco los correos electrónicos han quedado atrás, la posibilidad de escanear imágenes y enviar estos correos que quedan grabados en la memoria de Internet con los datos esenciales para cualquier profesional o empresa (emisor, receptor, fecha, contenido) han desplazado definitivamente al fax y al correo postal. El exceso de confianza nos lleva a no guardar archivos de seguridad en discos externos. El día que tengamos un apagón de Internet o un virus… ese día nos vamos a enterar.

Todo esto se ha producido en un periodo de tiempo muy corto, tan corto que ha generado una enorme confusión en los mecanismos y modos de redacción. Ahora escribimos más que antes, pero escribimos directamente en el ordenador, en el teléfono móvil, en la Blackberry. Los SMS han creado una mala escuela de redacción porque el pagar los mensajes por número de letras ha desarrollado el arte de la abreviatura postmoderna, críptica, iniciática, en clave contra padres curiosos, solo apta para amigos y adláteres. No solo se suprimen los dígrafos, sino las terminaciones o los inicios, al capricho; la ortografía se sacrifica a la rapidez, no porque el usuario desconozca los buenos usos –en ocasiones- sino porque no se considera necesaria ni operativa y, además, se han incorporado los símbolos expresivos abreviados para expresar alegría o enfado, amor o tristeza ya ampliamente desarrollados a través de los “emoticones” en los distintos correos cada vez más diseñados y complejos.

Y nada de esto es malo de por sí y ha existido desde siempre. Sí, sí, desde siempre. No me miréis así. Desde siempre han existido las jergas, palabras, expresiones, estructuras clave a través de las que se identifican entre sí los miembros de un colectivo, con una función similar a las prendas de vestir y, los adolescentes se han caracterizado precisamente por tratar de marcar diferencias, por eso a los “virgueros” nos sucedieron los “guay” que a su vez fueron sucedidos por los “mazo” que a su vez serán sucedidos por otra generación que tomará el “mazo” como símbolo retrogrado; desde siempre han existido las abreviaturas, o ya no os acordáis de cuando tomábamos apuntes en la Facultad; desde siempre han existido los emoticones, ¿quién no ha pintado un corazón en su agenda, o en una carta, en la contraportada de un libro de texto? Nada de esto es nuevo. La novedad consiste en la bilateralidad de la comunicación escrita. Las nuevas tecnologías permiten el diálogo por escrito en directo entre dos o más interlocutores. Esto nos lleva a introducir en estos registros elementos más propios de la lengua oral que del lenguaje escrito como tradicionalmente lo hemos empleado. Por eso, de la misma forma que en la lengua oral relajamos la pronunciación de las palabras y seguimos más de cerca una norma local, ahora se asemeja la escritura a la fonética relajando las grafías hasta el límite de ningunearlas. De la misma forma que hay personas muy expresivas en el día a día, y se empeñan en llamar la atención de sus amigos dando gritos de punta a punta de los pasillos del instituto, en plena calle o desde la ventana del patio de vecinos, en la lengua escrita usan de forma indiscriminada las mayúsculas, multiplican las letras, los signos de puntuación, las admiraciones… son personas a quienes todo rasgo expresivo les parece poco, por eso, además, ponen la tinta en rosa chicle y en tamaño 18, y adornan el texto con tres emoticones, para que se vean de lejos.

Insisto, nada de esto es nuevo, simplemente ahora lo vemos reproducido por escrito, esa es la novedad. Y la celeridad del proceso, unido a cierto desorden más o menos ideológico, tal vez social, y quizá me atreva a llamar “político”, han generado un enorme despiste en la elaboración de nuestros mensajes, textos, participación en foros, debates, anotaciones, opiniones, etc. a través de las nuevas tecnologías. Y esto se traduce en una enorme inseguridad que ya afecta al ámbito profesional entre quienes tienen la preocupación y el deseo de hacerlo bien. Durante un periodo de tiempo di clase en Formación Profesional, rama Administrativo. Recuerdo el énfasis que se ponía en la elaboración de la carta comercial, y cómo la estructura era imprescindible para facilitar tanto la elaboración como la interpretación del documento. Hoy recibo este tipo textos por correo electrónico y cualquier parecido con lo que debiera ser es pura coincidencia. Y sin embargo, existe preocupación por hacerlo bien. A modo de ejemplo citaremos algunos comentarios realizados en mi propio blog al hilo de otras publicaciones:

Bruno, profesional de Madrid, probablemente abogado o asesor, en la entrada del Manual de ortografía y redacción, escribe:

Hola José Carlos,

Quería pedirte una aclaración con respecto a un tema que tratas en tu libro.

En el capítulo donde se explica la correcta utilización del punto y aparte, escribes: “Cuando hemos acabado de expresar un idea completa, matizada y queramos pasar a otra que amplía, restringe o cambia de perspectiva de enfoque de lo que venimos expresando, debemos cambiar de párrafo.”

Se refería la duda a si en el correo electrónico había hecho o no bien al agrupar dos ideas en un mismo párrafo. Tras responder la duda, le indiqué el error en los signos de puntuación de la entrada del correo, la necesidad de la coma separando el saludo del vocativo de cortesía; y el uso de los dos puntos separando la entrada del cuerpo. Dos usos reglados de estos signos de puntuación. No quise insistir en algún que otro error como el uso de “ojear” sin hache referido al libro, corrección que, sin embargo, él detectó en mi respuesta y agradeció con posterioridad apostillando en latín “Errare humanum est”. En su respuesta me indicaba que tendrían que revisar estas fórmulas en la empresa porque sistemáticamente empezaban así los correos.

Este es un claro ejemplo del público a quien va destinado este manual. Y abunda entre los profesionales. Juan Carlos Ruiz Gómez, desde Barcelona, me comentaba hace un par de días acerca de este manual de redacción para profesionales e internautas:

“Estos días de atrás sólo he tenido tiempo de ojearlo, pero desde hoy lo estoy diseccionando con verdadero entusiasmo. Me parece una gran herramienta para los que, como en mi caso, escribimos más por la  intuición  de lo correcto que por haber tenido la posibilidad de obtener una adecuada formación lingüística. Cómo es normal tengo algunos libros y manuales sobre gramática, etc., pero se me hacen farragosos y es poco el provecho que consigo de ellos, en cambio tu “Manual de redacción” está explicado de un modo claro y coherente y ya, en apenas cien páginas, he podido darme cuenta de la cantidad de errores que cometo al escribir.

¡Gracias profesor!”

 

Sé perfectamente que no es un libro que llegue a todos los públicos porque el primer requisito imprescindible para que una herramienta sea útil es querer utilizarla. Es el caso de Clarisa, una alumna internauta de Cádiz, que en una de las entradas sobre Un viejo que leía novelas de amor, escribe:

“es de lo peor este libro no me intereso para nada encima lo tengo qe leer obligada xq en la escuela me lo piden es un bajon”

Ausencia de mayúsculas, ausencia de cualquier signo de puntuación, uso de abreviaturas, ausencia de acentos… y no es de los peores. En el libro podréis encontrar algunos ejemplos de los llamados “oygans” que, además, destrozan sistemáticamente la ortografía, mezclan mayúsculas y minúsculas, prolongan arbitrariamente grafías o signos de puntuación, etc. Aunque esto es lo más frecuente, fácilmente constatable si se consultan los comentarios del blog, hay alguna “rara avis” que me sorprendió porque parecía haber leído ya el manual. Es el caso de una internauta de Ecuador que dice así:

“Doctor Aranda:
Es un inmenso placer saludarle, me ha gustado mucho su blog y lo seguiré frecuentando, es muy valioso su aporte al idioma.
Gracias
Betty Vásconez
Guaranda – Provincia Bolívar- Ecuador”

Por eso, porque utilizamos ya de forma sistemática el ordenador en nuestras redacciones personales y profesionales, porque usamos sistemáticamente Internet para recabar información e interactuar con otros internautas, es más necesaria que nunca esta obra. ¿Tenemos que renunciar a la corrección por la rapidez? ¿Si aceptamos esta premisa, qué podría suceder a corto plazo?

La respuesta es que no. Cada correo electrónico, cada carta o documento adjunto, cada entrada que hacemos en la Red, está hablando de nosotros y está ofreciendo a los demás, al mundo entero, una imagen de nosotros como profesionales, como empresa o simplemente como personas. De ahí que debamos ser conscientes del registro que usamos cuando escribimos en la Red y separar radicalmente los registros informales entre amigos o grupos de conocidos, de los formales que deben ser usados en el ámbito profesional, comercial, o personal frente a un foro abierto o entre desconocidos. El libro, desde una perspectiva práctica, está enfocado para concienciar al lector de la necesidad de recuperar los buenos usos en el lenguaje formal escrito con independencia del soporte que utilicemos y, además, para suplir las deficiencias de nuestros procesadores de texto en aquellos temas que los correctores ortográficos no pueden detectar tales como la forma de organizar y presentar los contenidos, los errores de redacción por uso inapropiado de un término, del género o del número, malos usos relacionados con la concordancia temporal o modal entre verbos principales y subordinados, etc. Y esto lo hemos hecho de forma gradual y por capítulos tratando los errores más frecuentes según una guía morfológica: así, después de los datos relativos a la organización y presentación, nos ocupamos de errores asociados al uso de nombres, pronombres, determinantes, adjetivos, verbos, adverbios, preposiciones y conjunciones. Todo ello con la idea de facilitar la labor de localización y consulta a los lectores. Después nos hemos ocupado de dos aspectos ortográficos también ajenos a los correctores ortográficos: el uso de las mayúsculas y el uso de los signos de puntuación. Y, por último, a esto hemos añadido dos capítulos: uno por su interés y actualidad, sobre cómo debe elaborarse un curriculum vitae y cómo ofrecerlo en Internet; y otro por el público específico al que va destinada la obra, me refiero ahora a la corrección y buenos usos en Internet, la famosa netiqueta.

Y esto se ha hecho procurando un lenguaje sencillo y tratando de evitar, en la medida de lo posible, tecnicismos que puedan entorpecer la comprensión del contenido a los lectores no especialistas en gramática. No siempre lo he podido conseguir, algún tecnicismo es siempre inevitable, pero cuando se ha usado se ha hecho con la consiguiente aclaración del término para evitar dificultades añadidas y hacer asequible el método.

Dos novedades importantísimas presenta este manual respecto a cualquier otra publicación en el mercado: la primera es que, frente a las referencias bibliográficas habituales, a lo largo del libro nos vamos a encontrar con referencias en la Red, es decir, a páginas, webs, blogs, donde podemos encontrar temas de apoyo o desarrollo sobre los contenidos tratados para que podamos profundizar o usarlos según nuestras ganas o nuestras necesidades concretas. A modo de ejemplo, cuando se desarrollan las normas a tener en cuenta en el uso de abreviaturas, me ahorro el poner un listado completo, ni siquiera de las más frecuentes. Pero al final, en nota a pie de página, podemos leer (pág. 223):

Para consultar las reglas de uso y formación, recomendamos la consulta a esta página de la RAE: http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=abreviatura. Para consultas rápidas en la red sobre dudas en las abreviaturas, recomendamos esta otra página: http://buscon.rae.es/dpdI/apendices/apendice2.html. Si la abreviatura es más específica, el CSIC  ofrece en http://www.moderna1.ih.csic.es/claros/cnc/cnc3.htm, un listado más prolijo. Todas estas direcciones se encontrarán fácilmente solicitando a cualquier buscador “listado de abreviaturas en español”. Si preferimos la consulta tradicional, es bueno acudir a la Ortografía…  de 2010; se incorpora un listado completo de las abreviaturas (págs. 701-710), donde lamentablemente se obvian algunas de las más frecuentes como las correspondientes a unidades de medida”.

Es decir, al ir dirigido a un público que usa la Red habitualmente, hemos tenido en cuenta lo que Internet nos puede ofrecer como herramienta para mejorar. Pero sin dejar de mirar a los libros, los soportes tradicionales, de ahí la referencia a la Ortografía… de la RAE, obligada por otra parte.

En segundo lugar, y quizá esto sea lo más novedoso, el libro está enfocado de forma práctica y a lo largo de sus páginas se proponen multitud de ejercicios que buscan la toma de conciencia en el lector de los errores más frecuentes y sus posibles soluciones; pero en este caso, a diferencia del Manual de ortografía y redacción, la corrección de los ejercicios no se encuentra en el propio Manual sino en Internet, en la página www.josecarlosaranda.com.  Esto va a permitir a los usuarios revisar la correcta ejecución de los ejercicios, además de aportar los propios o interactuar con el autor, conmigo mismo, para resolver dudas o plantear comentarios sobre la obra.

Cuando propuse la idea a la editorial, me dijo que estaba loco, que si sabía donde me metía. Yo confío en el buen hacer de lectores y usuarios y en la pertinencia de esas consultas. De cualquier forma, la gestión del blog me ocupa un tiempo diario que dedico con ilusión porque creo que está siendo útil para muchas personas. Y en él, además de seguir siendo vehículo de comunicación con mis propios alumnos en contenidos y reflexión, me gustaría seguir insertando esas otras obras que a lo largo de los años he escrito y duermen el sueño de los justos sin una editorial que se decida a bautizarlos. Antes de estar durmiendo, prefiero que vuelen por la Red al servicio de quien pueda interesar. Al fin y al cabo, no dejo de ser solo un maestro. Muchísimas gracias por vuestra paciencia y, sobre todo, por vuestra compañía. No quiero extenderme para dar ocasión al posible coloquio por si hubiera alguna pregunta entre el público asistente que supla las carencias de esta presentación.

Gracias.

José Carlos Aranda Aguilar

ENLACES VINCULADOS:
ENTREVISTA EN COPE: http://www.ivoox.com/nuevas-tecnologias-nos-perjudican-al-escribir-manual-audios-mp3_rf_746298_1.html

Un manual pensado para quienes usamos Internet y procesadores de texto. Para personas, profesionales y empresarios conscientes de la necesidad e importancia de ofrecer una imagen correcta en las comunicaciones. Útil y práctico, incorpora más de setenta ejercicios de mejora con corrector “on line”.

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Acerca de #JoseCarlosAranda

Doctor en Filosofía y Letras y Doctorando en Ciencias de la Educación; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.
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2 respuestas a ACTO DE PRESENTACIÓN DE MANUAL DE REDACCIÓN PARA PROFESIONALES E INTERNAUTAS (BERNICE, 2011). TABERNA LOS PATIOS DE LA ALJAMA, C/ MANRÍQUEZ, CÓRDOBA (PATIO DE LOS MAGNOLIOS)

  1. Pingback: MANUAL DE REDACCIÓN PARA PROFESIONALES E INTERNAUTAS. [Córdoba]: Berenice, 2011. El libro comentado por su autor. | Josecarlosarandalengua's Blog

  2. Jessalyn dijo:

    Tip top stuff. I’ll epexct more now.

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