UNA SOCIEDAD SIN HIJOS ES UNA SOCIEDAD SIN FUTURO.

13791942-familia-feliz-tiene-un-pic-nic-al-aire-libreHe elegido este título a raíz de un artículo de Juan Manuel de Prada publicado en ABC que un buen amigo me ha reenviado. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué tenemos una de las tasas de natalidad más bajas del planeta? No hay una respuesta sencilla a estas preguntas, pero cuando el ser humano renuncia a su naturaleza está enfermo moralmente. No se equivoquen, no me refiero ahora a la «moral católica o religiosa», me refiero a la moral en mayúscula desde una perspectiva religiosa, humanística o humana si lo prefieren. La moral es la que nos dicta el por qué hacemos lo que hacemos, la motivación que guía nuestros actos.

La palabra «proletario» venía de «prole», de aquella persona cuya única posesión y riqueza eran sus hijos. Pero hemos logrado que un hijo no sea ni una posesión -ellos nos poseen-, ni una riqueza -solo suponen gastos-. Del padre que disponía del tiempo y de los beneficios que producía el hijo desde que tenía edad de producir, hemos pasado a la hiperprotección en derechos donde un juez sentencia a un padre a seguir manteniendo a su hijo de 27 años al que no le apetece trabajar y prefiere jugar a la petanca. Hemos pasado de una familia que integraba la atención a los hijos en la distribución de papeles en el matrimonio, a un nuevo matrimonio en el que prima el interés individual de los cónyuges. Hemos pasado de una política que propiciaba la familia numerosa, a la imposibilidad de conciliación.

Por nuestro afán de proteger a los niños, hemos llegado a creer y crear una carga para el matrimonio. Ya no pensamos en lo que los hijos nos reportan a nuestra vida, la posibilidad de transmitir y recrear, de devolver lo que un día nos fue dado: primero la propia vida, segundo el calor y el amor de un hogar, tercero un sentido de la trascendencia. El amor no se agota en uno mismo, adquiere su sentido cuando se pone en obra a través de los actos. Y el disfrute requiere paciencia. Pero la paciencia es otra de las virtudes que se han ido quedando en el camino en un modelo de sociedad que todo lo quiere aquí y ahora.  Y este entrenamiento, cuando nos instalamos en la visión hedonista, egoísta, de la propia existencia, reporta unas actitudes muy difíciles de vencer.

Pero nadie echa de menos aquello que no posee. Yo, que tengo dos hijos, sí que puedo decirles que han costado mucho tiempo, dedicación, horas de insomnio, preocupaciones, dinero, discusiones… Todo ello es cierto. Como también lo es que me han reportado enormes alegrías, de esas que se sienten con el alma y que no se borran, de esas que solo puedes sentir cuando tienes hijos. Y ahora que me aproximo al ocaso, veo en ellos, en su existencia, en su vida, el que mi propia vida no ha sido inútil, y que en ellos yo seguiré viviendo como viven en mí mis padres y abuelos… Una cadena que se pierde hacia el pasado y hacia el futuro.

Por eso, cuando alguien me pregunta por qué decidimos tener hijos, siempre respondo que porque nos sobraba amor en nuestras vidas y algo había que hacer con él, porque no tiene sentido luchar toda una vida por crear una sociedad mejor, más justa, más humana…, si no estamos pensando en alguien que pueda habitarla. O si no, ¿para qué o quiénes estamos creando esta sociedad de occidente?

En fin, el tema da para mucho más, pero aquí les dejo el artículo que motivó esta reflexión y que cada uno extraiga sus propias conclusiones.

«Hasta hace poco, las parejas sin descendencia eran miradas con una suerte de caridad compungida; presumíamos que, si no habían procreado, se debía a que alguna deficiencia orgánica se lo impedía. Tratábamos a estas parejas sin hijos con esa especie de funesta obsequiosidad que empleamos con los familiares de un difunto, cuando acudimos al velatorio a confortarlos. Ahora empieza a suceder lo contrario: a las parejas con hijos se las empieza a mirar con una mezcla de aprensión y desconfianza, como si fueran pringados a quienes el farmacéutico del barrio endosa las cajas de condones averiados; las parejas sin hijos, en cambio, son contempladas con una fascinada curiosidad, incluso con envidia. Se han convertido en un modelo social digno de emulación, en «creadores de tendencias»; incluso se les ha adjudicado una designación que suena risueña y megacool, «dinkis» (derivada del acrónimo DINK: «Double Income, No Kids»). Son parejas que han dimitido voluntariamente de la procreación, encerradas en la cápsula de un amor sin prolongaciones, como Narcisos atrapados en su fuente. Ya ni siquiera necesitan justificar las razones de su elección; pero, en caso de que alguien se las pregunte, responden con una munición orgullosa y archisabida: desean prolongar su juventud (pero en el fondo saben que son jóvenes fiambres, y que no hay modo más infalible de acelerar el advenimiento de la vejez que la compulsiva manía de disimularlo con afeites juveniles), desean alcanzar la estabilidad laboral (pero una vez alcanzado este objetivo, la ambición les dictará seguir ascendiendo), desean disfrutar de sus ratos de asueto, de sus vacaciones, y, sobre todo, de su dinero con una intensidad que no les permitiría la fundación de una familia.

No negaremos que haya razones sociales, económicas, psicológicas e incluso ideológicas por las que entre los europeos se ha extendido un modelo de convivencia tan narcisista y ensimismado en el disfrute de un bienestar puramente material. Pero, más allá de estas razones coyunturales (que no son sino lastimosas coartadas), existe una razón mucho más honda, que es el hastío vital. El amor que no se prolonga en otro ser acaba sucumbiendo a la náusea de su propia esterilidad; esos «dinkies» que se juntan para inventar una forma de entrega postiza que en realidad es una forma de egoísmo recíproco encarnan, acaso sin saberlo, el emblema de un fin de época. Algo muy grave está ocurriendo, cuando un continente que atraviesa la etapa más próspera de su historia, que dispone de medios para combatir la enfermedad y prolongar la vida, que parece haberse sacudido la amenaza de las guerras, plagas y catástrofes naturales que en otras épocas diezmaron su población, presenta una tasa de nacimientos (sólo rectificada por el flujo de inmigrantes) que ha caído por debajo del nivel de sustitución. Algo muy grave está ocurriendo, cuando cada vez más europeos se niegan a crear una nueva generación.

Los pueblos que dimiten de la procreación son pueblos que han perdido la fe en el futuro. El suicidio demográfico, ese «arrebato de automutilación» (Solzhenitsyn) que está minando la vitalidad europea, delata la crisis de una forma de civilización. Falta una esperanza que dé sentido a nuestra vida y a nuestra historia. La debilitación del concepto de familia, el ombliguismo existencial, el egoísmo parasitario de las nuevas generaciones que postergan o declinan la oportunidad de reproducirse no son sino síntomas de esa crisis. Europa no sólo carece de recursos para mantener su civilización, sino que ni siquiera posee argumentos para prolongar su existencia. A este hastío vital que mata la imaginación, entorpece el deseo y niega el futuro humano se le considera, sin embargo, una «tendencia» digna de ser emulada. Ha llegado el momento de cerrar el quiosco y esperar la llegada de los bárbaros».

Tags: Juan Manuel de Prada,

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INTELIGENCIA NATURAL, ENTREVISTA CON PATRICIA SERNA (RTP DE ASTURIAS) EN «LA BUENA TARDE».

PATRICIA SERNA

Me alegra contar en nuestro país con profesionales de la radio como Patricia Serna, por su esfuerzo en hacer grato y sencillo lo que suele resultar arduo y complicado. Fue muy agradable departir este rato que permite que el mensaje positivo de Inteligencia natural llegue a los oyentes y sirva de preámbulo a la lectura del libro. Aquí os dejo el enlace para quienes quieran escucharla.

http://www.ivoox.com/libro-inteligencia-natural-jose-carlos-aranda-aguilar-audios-mp3_rf_2183836_1.html

Gracias, Patricia.

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10 RAZONES PARA UN MANUAL PRÁCTICO DE BUEN USO DE LA LENGUA «ON LINE»

Manual de redacción para profesionales e internautas. Todas las soluciones para escribir adecuadamente desde un correo comercial hasta una entrada en una red social. [Córdoba]: Berenice, 2011.

PI

 

1: OFRECER UNA IMAGEN PROFESIONAL DE EMPRESA: Hoy, con la generalización de las nuevas tecnologías, el correo electrónico es el medio de comunicación más eficaz. Cada vez que escribimos ofrecemos una imagen que se transmite de forma insconsciente.

Esta obra nos enseña a lograrlo.

2: OFRECER UNA IMAGEN PERSONAL: Cada vez ofrecemos una imagen más virtual a través de las Redes Sociales, Foros… Internet nos ofrece enormes posibilidades de promoción que tenemos que saber explorar y explotar.

3:  LA CORRECCIÓN NO SE LIMITA SOLO A LA ORTOGRAFÍA: Los procesadores de texto nos ayudan a evitar errores ortográficos a través de los correctores. Esta obra se centra en aquellos errores que podemos cometer y no son detectados por los correctores: organización de contenidos, uso de mayúsculas, errores de concordancia temporal o modal, errores en concordancia de sujeto, errores en el uso del género y número de las palabras, uso de signos de puntuación, etc.

4: LA CORRECCIÓN ES IMPRESCINDIBLE EN LA COMUNICACIÓN FORMAL: La rapidez y la fluidez de la comunicación «on line» nos arrastra a malos usos que conviene evitar. Escribir «on line» no lo justifica todo. Debemos distinguir entre comunicaciones de carácter personal y profesional. Los emoticones pueden aportar matices de humor, emoción, ironía, etc., pero no tienen cabida, por ejemplo, en una correo comercial.

5: DEBEMOS CONOCER LOS USOS CORRECTOS «ON LINE»: Existe un protocolo de «buenos usos» en la Red, la llamada «netiketa». Conviene que los conozcamos y apliquemos cuando debemos ofrecer una imagen de seriedad y respeto. En el Manual… encontramos un capítulo dedicado expresamente a estas normas cada vez más aceptadas.

6: CARÁCTER DIVULGATIVO: La obra no conviene que sea tan técnica que cualquier profesional no pueda entenderla y aplicarla sin poseer unos elevados conocimientos de gramática. Explicaciones sencillas y prácticas.

7: CARÁCTER PRÁCTICO: Aquello que leemos se nos olvida con facilidad, recordamos mejor aquello que hacemos. Este manual contiene más de ochenta ejercicios para la práctica inmediata de lo explicado. La idea es interiorizar y adquirir destrezas. La realización de un ejercicio diario nos supondría unos 20 minutos y posibilitaría una enorme mejoría inmediata en nuestra capacidad de comunicación.

8: CARÁCTER INTERACTIVO: Todos y cada uno de los ejercicios tienen un corrector «on line» que permite comprobar nuestros progresos a partir de nuestros aciertos y errores. La obra está pensada para quienes trabajamos diariamente con el ordenador, no podía ser de otro modo. Las anotaciones nos llevan también a páginas de consulta en la Web donde podemos aclarar dudas concretas.

9: ACOMPAÑAMIENTO Y COMPROMISO: A través del «corrector on line» podemos plantear dudas e interactuar con el autor. Una maravillosa oportunidad de ampliar, matizar, comentar, comprender…

10: POR NECESIDAD: Dice un anuncio publicitario: «Porque tú te lo mereces». Tú te mereces ofrecer a los demás la mejor imagen de ti mismo y los demás se merecen ser tratados como amigos, clientes o contactos con toda la corrección. ¿Por qué no ofrecer lo mejor de nosostros mismos en algo tan importante como la comunicación? Un correo, una entrada, un comentario son la tarjeta de visita a través de la que van a conocerte. También en la Red es muy importante cuidar los detalles.

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LA FAMILIA DEFINE LA PERSONALIDAD DEL NIÑO (POR JOSÉ MARÍA LAHOZ GARCÍA)

Mi enhorabuena a don José María Lahoz por este artículo que transcribo desde Solohijos.com (http://www.solohijos.com/html/articulo.php?idart=3). Personalmente creo que la auténtica revolución educativa está por llegar y vendrá de la mano de las familias. Lo importante sería una «política de educación preventiva» para que este tipo de mensajes llegara a toda la población y se fuera generando una actitud proclive al cambio en la sociedad. Está claro que la familia y la infancia son claves en el desarrollo del individuo. La convivencia familiar es la auténtica escuela que perfila la personalidad del adulto. Felicidades por su artículo.

SOLO PODEMOS EDUCAR DESDE LA CONVIVENCIA

SOLO PODEMOS EDUCAR DESDE LA CONVIVENCIA

«El ambiente familiar influye de manera decisiva en nuestra personalidad. Las relaciones entre los miembros de la casa determinan valores, afectos, actitudes y modos de ser que el niño va asimilando desde que nace. Por eso, la vida en familia es un eficaz medio educativo al que debemos dedicar tiempo y esfuerzo. La escuela complementará la tarea, pero en ningún caso sustituirá a los padres.

El ambiente familiar es el conjunto de relaciones que se establecen entre los miembros de la familia que comparten el mismo espacio. Cada familia vive y participa en estas relaciones de una manera particular, de ahí que cada una desarrolle unas peculiaridades propias que le diferencian de otras familias. Pero el ambiente familiar, sea como sea la familia, tiene unas funciones educativas y afectivas muy importantes, ya que partimos de la base de que los padres tienen una gran influencia en el comportamiento de sus hijos y que este comportamiento es aprendido en el seno de la familia. Lo que difiere a unas familias de otras es que unas tienen un ambiente familiar positivo y constructivo que propicia el desarrollo adecuado y feliz del niño, y en cambio otras familias, no viven correctamente las relaciones interpersonales de manera amorosa, lo que provoca que el niño no adquiera de sus padres el mejor modelo de conducta o que tenga carencias afectivas importantes.

 

El ambiente familiar no es fruto de la casualidad ni de la suerte. Es consecuencia de las aportaciones de todos los que forman la familia y especialmente de los padres. Los que integran la familia crean el ambiente y pueden modificarlo y de la misma manera, el ambiente familiar debe tener la capacidad de modificar las conductas erróneas de nuestros hijos y de potenciar al máximo aquellas que se consideran correctas.

Para que el ambiente familiar pueda influir correctamente a los niños que viven en su seno, es fundamental que los siguientes elementos tengan una presencia importante y que puedan disfrutar del suficiente espacio:

  1. AMOR
  2. AUTORIDAD PARTICIPATIVA
  3. INTENCIÓN DE SERVICIO
  4. TRATO POSITIVO
  5. TIEMPO DE CONVIVENCIA

1. Amor

Que los padres queremos a nuestros hijos es un hecho evidente. Pero que lo manifestemos con suficiente claridad ya no resulta tan evidente. Lo importante es que el niño se sienta amado. Para ello, además de decírselo con palabras, tenemos que demostrar que nos gusta como es, que queremos su felicidad, que sienta la seguridad que le damos, el apoyo y el reconocimiento y ayudarle en todo lo que necesite. Y esto se consigue mediante los pequeños detalles de cada día: mostrando interés por sus cosas, preguntando, felicitando, sabiendo lo que le gusta e interesa, y mostrándonos comprensivos y pacientes.

2. Autoridad participativa

Tiene que ver con la manera de ejercer la autoridad. Considero indiscutible que los padres deben saber cómo ejercer la autoridad. La autoridad es un derecho y una obligación que parte de nuestra responsabilidad como padres en la educación de nuestros hijos. Pero la autoridad sólo tendrá una función educativa correcta si se ejerce de manera persuasiva cuando los hijos son pequeños, y de manera participativa cuando ya sean mayores. Difícilmente serán educativos aquellos mandatos que no vayan precedidos de razones o que no hayan tenido en cuenta las opiniones y las circunstancias de los hijos.

3. Intención de servicio

La intención del servicio que brindamos los padres a los hijos tiene que ver con la intencionalidad o la finalidad de nuestra autoridad y de nuestras relaciones en general. Los padres debemos buscar la felicidad de nuestros hijos y ayudarles para que su vida sea más agradable y más plena. Nunca debemos utilizar nuestra autoridad para aprovecharnos de nuestros hijos ni vivirla como un privilegio o una ventaja que tenemos sobre ellos.

4. Trato positivo

El trato que brindamos a nuestros hijos y a nuestra pareja debe ser de calidad y positivo, es decir, agradable en las formas y constructivo en el contenido. Es frecuente que nuestros hijos escuchen de nuestros labios más críticas que halagos. No debería ser así. Debemos comentar todo lo bueno que tienen las personas que conviven con nosotros y todo lo positivo de sus acciones. También podemos y debemos comentar las cosas negativas, pero no debemos permitir que nuestro afán perfeccionista nos haga ver sólo los defectos que hay que mejorar. Pensemos que con ello podríamos lesionar gravemente uno de sus mejores recursos: su autoestima.

5. Tiempo de convivencia

La quinta condición para un buen ambiente familiar es que tengamos suficiente tiempo para compartir con los hijos y con la pareja. Seguramente es una condición que muchas veces no depende de nosotros y que a veces resulta difícil de conseguir. Pero es necesario que exista tiempo libre para disfrutar en familia y que permita conocernos los unos a los otros, explicarnos lo que hacemos, lo que nos gusta y lo que nos preocupa, y que podamos ayudarnos y pasarlo bien juntos. Muchas veces no es necesario disponer de mucho tiempo, sino que el tiempo que tengamos sepamos utilizarlo correctamente. Algunos padres disponen de mucho tiempo para pasar con los hijos pero están con ellos mientras está la tele encendida, hacen la cena, hablan por teléfono y otras mil cosas a la vez, sin prestar demasiada atención a «estar» realmente con su hijo. Quizás es mejor para el niño que sólo dispongas de un par de horas pero que estés con él dibujando, yendo en bicicleta o explicándole un cuento. Ese es un tiempo de convivencia de calidad, porque tu atención está centrada en tu hijo y eso él lo nota y lo agradece.

Cuanto mejor se cumplan estos 5 requisitos y más atención pongamos en ellos, mejor será la educación que recibirá vuestro hijo de su entorno familiar, y gracias a ella él conseguirá:

  • Recibir la información adecuada sobre aquellas actitudes y valores sociales y personales que se consideran correctos, gracias al buen ejemplo de sus padres.

 

  • Recibir información sobre sí mismos, sobre cómo son, a través de nuestras opiniones, reacciones y juicios de valor y de la calidad del trato que les otorgamos.

 

  • Desarrollar la confianza en sí mismo y la autoestima gracias a las manifestaciones de amor y de reconocimiento que colman sus necesidades afectivas básicas: necesidad de afecto, necesidad de aceptación y necesidad de seguridad.

Me gustaría acabar este artículo con una anécdota que se quedó conmigo como una imagen entre mis ideas revueltas y que hace referencia a la importancia de poder y saber dedicar tiempo a las cosas que son realmente importantes. En cierta ocasión, un viajero que esperaba el tren, se acercó al jefe de la estación que, habiendo acabado su turno, seguía en la estación cuidando unas flores que adornaban un parterre de la estación.

¿Cuántas horas trabaja cada día? – Le preguntó con una sonrisa amable.

Ocho horas justas – le respondió dejando la regadera y mirando complacido las flores.

¿Nunca más o menos?

Nunca menos porque, si no, no podría comprar mis flores y nunca más porque, si no, no podría disfrutarlas.»


José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

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CÓMO EDUCAR HIJOS LECTORES

En Inteligencia natural trato el tema de la importancia de la lectura para el desarrollo neurolingüístico en los niños, y allí recomiendo el inicio de la actividad desde el acompañamiento y la lectura en voz alta en clave de ilusión, pasión y alegría. La asociación de emociones plácidas y positivas a la actividad es una de las claves básicas para la consolidación de hábitos. Este es un buen artículo con recomendaciones muy útiles, pero el método se inicia ya a edades muy tempranas. Enhorabuena.

Errores de padres en su afán por que sus hijos lean

¿Por qué a muchos niños no les gusta leer? Quizá toda la culpa no la tengan la televisión y las consolas

Día 30/05/2012 – 16.14h
Errores de padres en su afán por que sus hijos lean

«Haced lo que queráis, porque de todas maneras lo haréis mal», decía Sigmund Freud a las madres. Quizá fuera demasiado extremo, pero lo cierto es que con toda la buena voluntad del mundo, a veces los padres se equivocan. Todos querrían ver a sus hijos devorando libros y disfrutando al leer mientras aprenden sobre mil y un asuntos, pero en su empeño por fomentar la lectura, el tiro les sale por la culata. ¿Qué falla?

No «hay que leer». Ya lo decía el escritor francés y profesor de literatura Daniel Pennac en el ensayo «Como una novela» con el que lleva abriendo la mente a muchos padres y educadores desde hace 20 años: el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Leer es un derecho, no un deber. Es inútil obligar a leer y además resulta contraproducente porque no se transmite una afición por la fuerza.

No se contagia un «virus» que no se tiene. Si los padres no leen o sus hijos no les ven leer, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros. La falta de tiempo no es excusa porque cuando algo realmente se quiere, se busca el tiempo, insiste Pennac.

La lectura, no siempre en soledad. Leer a un niño «es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz sobre todo con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta un gran esfuerzo», señala el maestro, licenciado en Historia y logopeda Pablo Pascual Sorribas. Al escuchar a sus padres, comprenden mejor el mensaje y disfrutan con la historia.

¿…y por qué en silencio? «¡Extraña desaparición la de la lectura en voz alta. ¿Qué habría pensado de esto Dostoievski? ¿Y Flaubert? ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la boca antes de clavárnoslas en la cabeza? ¿Ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? ¡Y qué más! ¿Acaso Flaubert no se gritó su Bovary hasta reventarse los tímpanos? ¿Acaso no es el más indicado para saber que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras de donde sacan todo su sentido?», escribía Pennac.

No al constante «¿qué has leído?». Examinar a los niños de cada capítulo o cada libro convierte un placer en un examen, con la ansiedad que de ello se deriva. Conversar sobre un libro que se ha leído fomenta la lectura, siempre que el niño no se siente como en un banquillo. Es el «derecho a callarse» de todo lector, porque ¿a quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?

No a los clásicos por obligación. La escritora Ángeles Caso describía en el artículo «Lectores del siglo XXI» cómo se enamoró de la literatura: «No recuerdo que me padre me negase nunca un libro. Ni por bueno ni por malo, ni por demasiado sencillo ni por demasiado complicado, ni por moral ni por inmoral. En mi casa leíamos con la misma fruición los «Cuentos del conde Lucanor» y las historietas de Tintín, el «Poema del Cid» y las trastadas de Guillermo Brown…». Y añadía: «Si alguna vez le devolví un libro sin terminarlo, lo recogió con la misma sonrisa con que me lo había entregado, sin hacerme sentir culpable o tonta por mi desinterés». Los padres pueden alentar y estimular, pero los lectores tienen derecho a elegir.

No al «hasta que no lo acabes, no hay televisión». La televisión se convierte así en un premio y la lectura en un trabajo, en el peaje necesario hasta la tele, una contradicción. Y puede ser la tele, o la consola…

Miguel de Cervantes decía: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». No pongamos zancadillas.

Los diez derechos del lector

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MIEDO AL RIDÍCULO: POR QUÉ SE PRODUCE Y CÓMO ACTUAR PARA VENCERLO (PILAR JERICÓ, EL PAÍS)

Adiós al miedo al ridículo

Por: Pilar Jericó | 07 de junio de 2013

Presionsocial

¿Nos cuesta hablar en público, expresarnos en otros idiomas o mostrarnos en grupo tal cual somos? Se llama  miedo al ridículo, una derivada del miedo al rechazo… algo muy, pero que muy latino.

Lo sabemos: Todos necesitamos sentirnos parte de un grupo, ya sea de amigos, compañeros de trabajo, equipo de fútbol o marca de cerveza. Compaginamos la pasión de sentirnos diferentes con la necesidad de identificarnos con un grupo o una tribu. Y este miedo tiene una finalidad biológica. La cría del ser humano es la más desvalida de todo el reino animal. Mientras que un potrillo necesita sólo unas horas para andar, nosotros requerimos meses de constante apoyo y paciencia de nuestros pobres padres. No estamos preparados para valernos solos. El hueco que ha dejado en nosotros la genética lo rellena la cultura. Como dice el sociólogo Cristóbal Torres, “un lobo educado entre personas sigue siendo un lobo. Un niño educado entre lobos se comporta como un lobo”. Y la cultura se adquiere por la interacción con los otros. El miedo al rechazo, por tanto, tiene una base sana, que se proyecta directamente en las empresas o en los estadios de fútbol. Como dijo Erich Fromm, filósofo alemán (1900-1980): “La religión o el nacionalismo, así como cualquier otra costumbre o creencia, por más que sean absurdas o degradantes, siempre que logren unir al individuo con los demás constituyen refugios contra lo que el hombre teme con mayor intensidad: El aislamiento”.

Siguiendo la lógica de Fromm, las pandillas y las empresas también actúan como refugios para luchar contra el aislamiento. Trabajar en una gran corporación alivia muchas soledades y, lo que es más triste, da sentido a la vida de muchas personas. Seguro que conoce más de un ejemplo. ¿Y quiénes son más esclavos del miedo al rechazo? Aquellos que más necesitan pertenecer a un grupo. Es decir, los que tienen una motivación más afiliativa.

Y ahora vamos con un dato importante para el mundo latino: Nuestra cultura latina nos conduce a buscar la armonía entre las personas a diferencia del mundo anglosajón más centrado en el logro. Es decir, uno de nuestros mayores miedos culturales es el rechazo social. Y se observa en el pánico escénico que algunos tienen a hablar en público. Nicholas Negroponte dio una conferencia en una Escuela de Negocios de Madrid y al abrirse el turno de preguntas se hizo un silencio sepulcral. Nadie preguntó. Si hubiera habido algún valiente, el resto de los asistentes posiblemente le hubiera seguido. Negroponte tuvo que irse con esa decepcionante sensación que queda en estos casos: O lo han entendido todo perfectamente… o no han entendido nada.

La sensación de ridículo, tan acusada en las culturas latinas, se debe también a este miedo. Incluso la vergüenza ajena, una emoción derivada de la anterior, ni tan siquiera tiene traducción al inglés. De no ser así, estadounidenses y japoneses parecerían extraterrestres, ya que, a diferencia de nosotros, no muestran ningún reparo en participar en juegos callejeros delante de extraños como hacen los primeros en Halloween o cantar en un karaoke con escasas dotes artísticas y sin una gota de alcohol en la sangre como gustan hacer en Japón. Algo impensable para una gran parte de los latinos siempre bajo el paraguas de nuestra querida “falsa modestia” y tan preocupados por el “qué dirán».

Y ya no hablemos de los jóvenes. Este miedo les paraliza completamente. La mayor parte de los estudiantes de primer año de las universidades públicas con más de sesenta alumnos por aula, a la hora de hacer preguntas al profesor no son especialmente activos (al menos, no lo éramos hace unos años). Y no es porque no tengan preguntas que hacer, sino por la presión del grupo. Destacar está mal visto y quienes lo hacen pueden ser objeto de las críticas del resto de sus compañeros. Este comportamiento está en las antípodas de lo que ocurre en otras culturas, como la de Estados Unidos. Allí el profesor se presenta el primer día de clase y tras una breve presentación de la asignatura, lanza un cortés: “¿Alguna pregunta?”, encontrándose con un 70% de manos levantadas para preguntar todo tipo de cuestiones (eso sí, algunas pueden ser de lo más peregrinas), pero sin ningún miedo por lo que el resto pudiera pensar. De ahí que nos cueste hablar en público, expresarnos en otros idiomas y queramos que nos trague la tierra cuando nos destacan en un grupo (por supuesto, hay excepciones).

Hemos visto que el miedo al ridículo es cultural en el mundo latino y por tanto, complejo de abordar. Sin embargo, veamos algunas ideas para reducir su impacto.

Recetas:

  1. El miedo es una creencia. Cuanto más pienses en ello, más importancia le otorgas. Si pones excesivo énfasis en lo que los otros están pensando de ti, pierdes la libertad para ser tú mismo. Por tanto, comienza a pensar en lo que realmente quieres hacer más allá de buscar la aprobación del resto.
  2. Atrévete con pequeñas cosas. Si estás en una reunión y nunca hubieras preguntado algo, lánzate. Ya verás cómo en la mayor parte de los casos te sorprendes positivamente.
  3. Y comienza en entornos fáciles. Quizá con amigos, con esa persona con la que te puede costar pero que no te impone tanto… Pero empieza.

Fórmula:

El miedo al ridículo es una consecuencia del miedo al rechazo por el que pagamos un precio excesivo para poder ser nosotros mismos.

Basado en el libro NoMiedo

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INTELIGENCIA NATURAL, FIRMA DE LIBROS EN LA FERIA DE MADRID 2013

Feria Madrid 2013 5

¿Qué os puedo contar? Fue una toda una experiencia en clave positiva en todos los sentidos. En la Feria del Libro de Madrid los nombres cobran sentido: es un feria, el libro es el protagonista y el personal lo vive y lo disfruta.

Llegué despistado como buen provinciano. La Feria está en el Parque del Retiro, íbamos con la hora pegada porque el hotel reservado quedaba excesivamente lejos. Cuando ya llegué al Retiro me encontré que las distancias no eran las de mi Córdoba. Desde la entrada de Atocha hasta la caseta donde debía firmar a las 18:00 había ¡1 kilómetro! Así que no pude disfrutar de ese ir paseando entre carátulas y gente que sin prisa iba parándose donde le apetecía buenamente.

Aparte de este primer desencuentro con las prisas y las distancias, solo tengo una palabra para Madrid y los madrileños: ¡Gracias! Gracias por vuestra curiosidad, vuestro desparpajo, por las ganas de estar en la calle, por hacerme sentir como en casa desde el primer momento.

Solo tengo una palabra: ¡Gracias!

Solo tengo una palabra: ¡Gracias!

Sería muy arduo tratar de contar lo que siente un escritor sentado detrás de un mostrador en una Feria del Libro, lo que sí os digo es que no sé cómo a nadie se le ha ocurrido todavía un guion cinematográfico con este trasfondo, porque las anécdotas son como para escribir un libro. Pero hay una que sobresale, de esas que te dicen que nunca sabes con quién puedes encontrarte ni lo que puede ocurrir en una ocasión como esta. Esa es la maravilla del directo en vivo con los lectores:

Mi mujer me acompañaba en el viaje -la inteligencia natural nos invita a combinar el trabajo y el placer, a convertir una buena causa en una magnífica excusa-. En un momento determinado se me acercó al quiosco con tres señoras: «José Carlos, estas señoras te quieren conocer». Saludé con mi mejor sonrisa manchada de perplejidad, porque no podía imaginar que fuera conocido en Madrid a pesar de mis cinco publicaciones. En realidad no me equivocaba. La señora apurada me contó la historia de su interés: «Pues verá… Resulta que me he detenido ahí enfrente y, mirando el cartel y leyendo su nombre, se me ha ocurrido decir: `José Carlos Aranda: a ese lo conocerán en su casa´ Y entonces su señora va y me dice: `Pues sí señora que lo conocen, yo soy su mujer y si quiere se lo presento´. Y aquí estoy». A todo esto, una de las amigas que la acompañaba, apostillaba entre risas: «Mujer, con lo grande que esto, dónde te has ido a parar para soltar la gracia». ¿Qué os puedo decir después de semejante anécdota? Que acabamos entre risas como buenos amigos y, por supuesto, se llevaron su ejemplar dedicado.

Allí conocía a Felipe Díaz Pardo, autor de Claves para educar en tiempos de crisis (Toromítico, 2013)

Allí conocía a Felipe Díaz Pardo, autor de Claves para educar en tiempos de crisis (Toromítico, 2013)

Entre las personas que me encantó conocer, está Felipe Díaz, también autor de Toromítico, colección en la que me he estrenado con Inteligencia natural, al que sigo desde hace años, filólogo con mucho que decir en esto de la educación. Felipe es una persona cercana y tranquila, estoy seguro de que habrá un antes y un después porque, como diría Miguel Hernández, «tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero». Él acaba de publicar Claves para educar en tiempos de crisis, le deseo toda la suerte del mundo.

Otra persona que me llegó, cercana, inquieta, inquisitiva y magnífica, fue la periodista Alejandra Rodríguez, especialista en medicina y salud, con una larga trayectoria profesional. Presentada por un gran amigo, Luis de Vicente, tuvimos ocasión de charlar más despacio una vez finalizado el tiempo de firmas… También tendremos que hablar y concretar mucho sobre educación y felicidad, salud y educación. Había tantos temas cruzados que me supo realmente a poco:

Con Alejandra Rodríguez y Luis de Vicente, ¡qué buen rato!

Con Alejandra Rodríguez y Luis de Vicente, ¡qué buen rato!

Espero verlos pronto por Córdoba cuando sus respectivas ocupaciones se lo permitan. Tienen una invitación «formal» por nuestra parte. Una buena excusa, además, para compartir con Luis de Vicente una de sus grandes aficiones: la fotografía. Córdoba es una ciudad espectacular para fotografías nocturnas de larga exposición.

Podría seguir hasta el agotamiento, algunos de los contactos, por las circunstancias, no me los pude anotar, pero quedaron en comunicarse conmigo, y espero que lo hagan y podamos así mantener un contacto vivo. Comprometí una entrevista a una periodista «comprometida» con la Cruz Roja a la que desde aquí le digo que mantengo mi promesa y espero su llamada.

Solo un apunte más para terminar: recuerdan aquel dicho que rezaba «De Madrid al Cielo», pues va a resultar que era verdad. Y eso porque la Feria solo es una pequeña parte de lo bien que nos los pasamos, pero eso ya son otras historias que transcurren por la Alcarria y merecen su propia entrada.

Gracias a todos y no dudéis de que volveré a la mínima oportunidad. No os merecéis menos. Un fuerte abrazo

José Carlos Aranda

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¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos? por Ángela Bernardo

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos?

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10 de junio de 2013, 16:00

Conocer cómo funciona la atención selectiva es todavía un reto importante para la neurociencia. Y es que para nuestro cerebro, diferenciar entre los estímulos importantes y el ruido, es un desafío que debe afrontar diariamente.

Hace un tiempo Eduardo Arcos nos hablaba en esta entrada sobre siete trucos que podían ayudarnos a mantener la concentración. Seguro que en nuestro día nos encontramos con más de un problema para lograr focalizar nuestra atención en un objetivo en particular, por lo que es difícil que alcancemos un rendimiento óptimo.

A más de un lector le sonará común esto, y es que las distracciones están en todas partes: teléfono, correo electrónico, servicios de mensajería, ruido en la calle. Circunstancias, al fin y al cabo, que disminuyen nuestra eficacia en nuestro día a día, y contra las que debemos luchar si queremos no distraernos.

En el estudio del cerebro, se define la atención selectiva como el proceso cognitivo de tipo discriminatorio, que utiliza principalmente la selectividad, ya que nos ayuda a tomar conciencia de un único aspecto en el escenario complejo de la realidad.

Y cuando hablamos de atención visual selectiva, resulta inevitable preguntarnos qué pasa en nuestro cerebro cuando nos concentramos. ¿Qué trucos empleamos para focalizar nuestros esfuerzos en realizar una única tarea? ¿Qué hace que podamos evitar todos los estímulos distractores que nos rodean?

El cerebro no funciona de la misma manera siempre. En neurociencias, se considera que existe un cierto sesgo de nuestra mente para no responder de igual forma ante determinados estímulos. La distinta atención que prestemos no dependerá solo de las características propias de los estímulos, sino también del espectador, ya que habrá variaciones según sus expectativas o su estado emocional, por ejemplo.

De hecho, resulta fascinante comprender qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos en determinadas situaciones muy específicas, como por ejemplo ante señales de alarma. Algunas investigaciones hablan de que la rápida detección y la priorización de recursos cognitivos son factores clave para dar una respuesta adecuada en situaciones de riesgo.

De forma adaptativa, los trucos empleados por nuestro cerebro cuando nos concentramos también son interesantes, ya que ante información positiva, es importante que recojamos todos los datos posibles. Esto nos permitirá tomar de nuestro entorno elementos variados, lo que redundará en en estados emocionales positivos, mayores recursos y posibilidades de respuesta en el futuro, etc.

En lo que se refiere a focalizar toda nuestra atención en un único objetivo, los científicos han descrito tres etapas importantes: la orientación de la atención, el desplazamiento del foco donde nos queremos concentrar, y por último, la actividad modular de nuestro cerebro para conseguirlo.

Y tras estas características, resulta lógico pensar que de lo que vemos con nuestras retinas a lo que percibimos en nuestra cabeza, hay una gran diferencia. Esto es debido a que nuestro cerebro cuando nos concentramos, utiliza distintos filtros selectivos, que pueden presentar mayor o menor rigidez. El agrupamiento y la segregación perspectiva son criterios fundamentales para que podamos atender a un único estímulo.

Si observamos la siguiente imagen, que utiliza Pedro Raúl Montoro en su tesis doctoral, veremos cómo nuestro cerebro agrupa ambas imágenes por sus columnas y no por sus filas, a pesar de la diferente orientación de las mallas. Las investigaciones que ha habido sobre este tema sugieren que la agrupación de varios estímulos puede irse actualizando. En otras palabras, nuestra atención no funciona de manera única tras percibir visualmente un estímulo, sino que existe una especie de retroalimentación que facilita que nuestro cerebro permanezca siempre alerta.

Atención

Otras de las investigaciones interesantes que ha habido sobre el tema es la relación entre la actividad de nuestro cerebro cuando nos concentramos y la existencia de alteraciones como el famoso trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH. Los científicos apuntan a que las facultades intelectuales que parecen funcionar cuando nos concentramos, y que estarían dañadas en este síndrome, serían las siguientes:

  1. El autocontrol, tanto de nuestras emociones, como de la motivación y el nivel de alerta. Y es que como podemos imaginar, nuestras reacciones emocionales también suponen una fuente de distracción importante cuando nos concentramos.

  2. La conocida como memoria de trabajo es también fundamental, ya que nos permite actuar con un ‘comportamiento objetivo’, esto es, nos prepara para una situación de introspección, donde mejoraremos el procesamiento de pensamientos e ideas y la realización de tareas complejas.

  3. También en la mejora de la atención es importante la internalización del lenguaje. Desde que tenemos aproximadamente seis años de edad, utilizamos un lenguaje de manera interna y consciente, que nos ayuda a jerarquizar ideas y ordenar pensamientos, para aprender y atender los diferentes estímulos que ocurren en el mundo que nos rodea.

  4. La reconstitución, que se parece en cierta manera al ‘proceso de retroalimentación’ del que hablábamos antes. Y consiste en dos pasos sencillos: analizar lo que sucede y a partir de ahí, deducir nuevos comportamientos que no hubiéramos aprendido antes por medio de la experiencia previa.

Aunque aún quedan muchos interrogantes sobre lo que sucede en nuestro cerebro cuando nos concentramos, hoy sabemos que nuestro comportamiento va dirigido a suprimir estímulos que no nos sirvan para nada. En otras palabras, son las regiones parietales y prefrontales de nuestro cerebro las encargadas de identificar, en caso de conflicto entre varios estímulos, la respuesta adecuada para dirigir toda nuestra atención en el objetivo.

La resolución de este conflicto precisamente nos previene de situaciones de distracción muy habituales, y parece ser que es el procesamiento de la información visual el responsable de discernir los diferentes estímulos. Aunque existe una gran variedad de estudios que tratan de identificar mediante resonancia magnética las zonas del cerebro implicadas, un trabajo publicado en Neuro Image apunta a la corteza visual primaria como la región más activa en este procesamiento.

No en vano esta zona de nuestro cerebro está altamente especializada en el procesamiento de información y es la encargada de realizar el reconocimiento de patrones. Dos tareas sin duda imprescindibles en la selección de ‘nuestros’ objetivos, y en el descarte de posibles estímulos que nos distraigan.

Aunque aún queda mucho tiempo para que podamos comprender del todo cómo funciona nuestra atención, lo cierto es que la complejidad de los procesos cerebrales resulta, sin lugar a dudas, fascinante.»

Tomado de http://alt1040.com/2013/06/que-ocurre-cerebro-cuando-nos-concentramos

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ADICCIÓN A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS: UNA AMENAZA EMERGENTE.

Está claro que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida: nunca como ahora hemos tenido tan fácil la comunicación ni el acceso a la información. Se abre ante nosotros, además, una nueva era donde estas herramientas serán determinantes y necesarias. Es una revolución que no tiene marcha atrás.

CADA VEZ ANTES

CADA VEZ ANTES

Sin embargo, esta visión positiva de las nuevas tecnologías tiene su lado oscuro: la dependencia. Mi hija, con veintiséis años, me comentaba alarmada que había acompañado a una grupo de cuatro adolescentes en un trayecto de autobús ycómo en ningún momento llegó a levantar ninguna de ellas la vista de la pantalla del teléfono móvil. Ella, con veintiséis años ya no lo entendía: «Nosotras, cuando salíamos, no parábamos de charlar aunque nos hubiéramos visto esa misma mañana en el Colegio. No puedo entender que queden para salir y no se dirijan la palabra».

Justamente a esto me refiero. Trabajo en un Instituto donde están prohibidos los móviles y sucedáneos; no porque sean malos, sino porque no proceden en centro educativo donde se va a dar clase. Sin embargo es una norma contracorriente: todos los niños acuden con su teléfono móvil y, cada vez más, aprovechan cualquier momento para «engancharse» con el aparatito. Colocan las carteras encima del pupitre y camuflan el juego o la conversación «on line».  Cuando esto sucede, el aparato se les recoge, se deposita en Jefatura de Estudios y es devuelto a sus padres. El punto de adicción se demuestra, por ejemplo, cuando el incidente desemboca en un enfrentamiento violento porque se niega a entregar móvil y el alumno prefiere la sanción por falta grave al diálogo con el profesor. Los padres y los alumnos justifican el llevar el móvil en la necesidad de estar comunicados por si pasa algo, y yo pienso cómo pudimos crecer nosotros o nuestros hijos cuando sólo teníamos el teléfono del centro para avisarles o que nos avisaran en caso de que algo ocurriera. No es una causa, sino una excusa amparada en la laxitud educativa de muchas familias que no saben poner límites.

Empiecen a preocuparse cuando el niño en lugar de hacer los deberes en casa, esté jugando con el ordenador, cuando se siente a comer o cenar con la familia y lleve consigo su teléfono y siga tecleando y pendiente de la pantalla olvidando la convivencia; preocúpense cuando les escondan los móviles para llevarlos ocultos al Cole; preocúpense cuando les exijan -no pidan- un modelo superior porque ese ya está anticuado, preocúpense cuando se den cuenta de que esas pequeñas pantallas se han convertido en un refugio que los aisla del mundo real, el de los afectos y el compromiso, el de la vida misma. Preocúpense, por fin, cuando constaten que sus hijos prefieren esos aparatos a un beso, una caricia o una sana conversación con sus padres -de un buen libro ya ni hablamos-. Y es que no debemos confundir el medio, la herramienta, con el fin. La herramienta nos es útil, pero si nos quedamos ahí estaremos perdiendo la comunicación empática, la que nos socializa y nos aproxima a ese que está, vive y siente en nuestro universo inmediato; precisamente a ese al que podemos ayudar con una simple sonrisa.

A veces, tenemos la suerte de que pueda resumir en una imagen el abismo del que hablamos. Es lo que sucede con el anuncio que os presento y que espero disfrutéis tanto como yo.

¿CÓMO NOS AFECTA LA ADICCIÓN?

En este artículo publicado en ABC por M.J. Pérez-Barco tenéis algunos de los indicadores típicos que os ayudarán a detectar posible problemas. Suerte.

12 CLAVES PARA DETECTAR LA ADICCIÓN EN NUESTROS HIJOS.

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ERRORES GRAMATICALES QUE DEBEMOS EVITAR: EL CONFIDENCIAL

LAS INCORRECCIONES SON HABITUALES

7 errores gramaticales muy comunes que debemos evitar

7 errores gramaticales muy comunes que debemos  evitar

Muchas veces nos dejamos llevar por las prisas y no nos paramos a pensar en lo que decimos (o escribimos). (Corbis)

Martes, 4 de junio de 2013

Aunque en ocasiones no lo parezca, todos hemos ido a la escuela y nuestros profesores nos han enseñado cuáles son las principales reglas gramaticales del idioma castellano. Por gramática entendemos la organización de las palabras dentro de una oración, y sus reglas y principios. Parece muy sencillo cumplirlas, pero diversos factores provocan que en muchas ocasiones hagamos caso omiso de ellas. Uno de ellos es el uso del castellano en cada zona de España, que hace que lo incorrecto esté ampliamente extendido. Es el caso, por ejemplo, del leísmo castellano. Otro factor es la urgencia de la expresión: cuando hablamos en voz alta, resulta difícil vigilar las concordancias de género y número y es habitual que incurramos en leves, aunque comprensibles, errores.

Junto a la Ortografía y el Diccionario, la Gramática es uno de los tres libros más importantes de los publicados por la Real Academia de la Lengua Española. La edición de 2009, que fue la primera editada por la academia desde 1931, fue responsabilidad del lingüista Ignacio Bosque Muñoz, catedrático de Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid, y se trata de la obra de referencia sobre este tema. Para septiembre de este año está prevista una nueva edición. Pero, ¿cuáles son los errores que se cometen más a menudo? Todos podemos encontrar la solución en nuestros libros de texto, pero seguramente estos estén cogiendo polvo en algún lugar oculto de nuestro hogar…

  • “Cuatro de cada cien lleva una mala alimentación”: errores de concordancia. Uno de los más habituales en el lenguaje hablado, ya que al pensar sobre la marcha tendemos a centrarnos más en el contenido que en la forma de lo que decimos. Debemos tener cuidado con expresiones como “la mayoría de personas”, ya que el verbo ha de concordar con el sujeto, que es “la mayoría”, y no con “las personas”, aunque la RAE ya no considere incorrecto concordar con este complemento. La utilización de pronombres puede confundirnos fácilmente (como ocurre con el caso de “les tengo envidia a estas personas”, que ha de ir en plural) o cuando un adjetivo ha de concordar con el complemento directo (“pinta azules esas palabras” en lugar de “pinta azul esa palabra”).
  • “Si querría hacerlo…”: utilización incorrecta del subjuntivo. El empleo de este modo verbal constituye una de las mayores dificultades que hemos de afrontar en nuestro habla, ya que requiere un esfuerzo mental mucho mayor por lo alambicadas que resultan las construcciones en las que aparece el subjuntivo, que por lo general suele indicar posibilidad, incertidumbre o subjetividad. En muchas ocasiones, lo que ocurre es que se utiliza el modo indicativo cuando debería emplearse el subjuntivo. Es el caso, por ejemplo, de “estaría bien que vengas” o “hubiese preferido que estás”. Suele ocurrir a menudo también en la utilización de condicionales, como es el caso de “si yo tendría más tiempo…”, incorrecto.
  • “Bajo ningún punto de vista”: utilización incorrecta de preposiciones. Cualquiera que haya estudiado con un poco de profundidad el idioma inglés sabrá que los llamados “phrasal verbs”, con sus matices obtenidos gracias a las diferentes preposiciones, resultan altamente complicados para el no angloparlante. En español no es exactamente igual de difícil, pero aun así, tenemos dificultades para diferenciar cuál es la preposición exacta que se debe emplear con cada verbo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los galicismos “a tomar”, “a decidir”, etc., que se deben expresar con una oración subordinada (por ejemplo, “es una decisión que se debe tomar” es correcto y “es una decisión a tomar”, incorrecto), o expresiones mal utilizas como “quedar de venir”, “bajo ningún punto de vista” (se debe decir “desde ningún punto de vista”), “cerca a” o “en consecuencia a” (las correctas son “cerca de”, o “como consecuencia de”).
  • “No pienses de que te vas a salir con la tuya”: dequeísmo. Una de las variantes del punto anterior, que nos lleva a utilizar expresiones como “me dijo de que tenía razón” o como “resulta de que había venido muy pronto”. Ojo, porque esta regla es un arma de doble filo. Hay que tener cuidado con no pasarse con la corrección y comenzar a utilizar de manera incorrecta expresiones como “me olvidé comprar” (que debería ser “me olvidé de comprar”) o no utilizar nunca “de que”, incluso cuando está bien (como es el caso de los verbos “acordarse”, “presumir”, “estar seguro”, etc.).
  • “Le quiero mucho”. Laísmo, leísmo y loísmo. El triángulo de las Bermudas de la meseta castellana. El menos habitual de los tres es el loísmo, que consiste en sustituir el pronombre “le” (objeto indirecto) por “lo” (objeto directo). Un ejemplo de esta mala utilización sería decir “lo voy a dar un beso”. El laísmo consiste en utilizar “la” como complemento indirecto cuando la única palabra que puede cumplir esa función es “le”. Por ejemplo, la oración “la voy a dar un beso”, que aunque se refiera al género femenino, debe emplear “le”. El más habitual en esta triada es el leísmo, la sustitución del complemento directo “lo” por el “le” que debería utilizarse únicamente para complementos indirectos. Por ejemplo: “le quiero mucho”. Aunque se considera un vulgarismo, la RAE considera aceptable el leísmo.
  • “Ayer vinistes pronto”. Añadir “s” en la segunda persona del pretérito imperfecto de singular. “Tú comistes”, “tú pensastes”, “tú vinistes”. Todas estas expresiones son absolutamente incorrectas, y no deben emplearse jamás.
  • “Hubo un incendio, muriendo tres personas”: gerundio de posterioridad. Uno de los más empleados en la prensa, ya que muchos no son conscientes de que este empleo de la expresión es incorrecto. Consiste en utilizar el gerundio para expresar una acción que ocurre detrás de otra, como es el caso de “se cayó por las escaleras rompiéndose una pierna”. Es incorrecto, ya que el gerundio sólo puede emplearse para expresar simultaneidad.
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