«INTELIGENCIA NATURAL» visita LUCENA

El próximo viernes, 24 de mayo, a las 20:00 horas estaré en Lucena con todo aquel que quiera acompañarme en una conferencia que daré en el «Salón de los espejos» del Círculo Lucentino. Siempre es un placer ir a Lucena, pero además el sitio es maravilloso. Agradezco a don Mario Flores Martínez la invitación y la cortesía. Un abrazo. Nos vemos.

Inteligencia natural en Lucena 24 de mayo de 2013 (2)Inteligencia natural en Lucena 24 de mayo de 2013

José Carlos Aranda

INTELIGENCIA NATURAL

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LUIS DE GÓNGORA: «De la experiencia vital a la cosmogonía poética: la revolución de Góngora». Conferencia homenaje al centenario de su fallecimiento celebrado el 12 de mayo de 2013 por la Real Academia de Córdoba a cargo de José Carlos Aranda Aguilar

“DE LA EXPERIENCIA VITAL A LA COSMOGONÍA POÉTICA: LA REVOLUCIÓN DE GÓNGORA”. Conferencia homenaje a don Luis de Góngora con motivo del CCCLXXXVI aniversario de su muerte. Real Academia de Córdoba, 12 de mayo de 2013.

Excelentísimo Sr. Director, Ilustrísimos miembros de la Real Academia, señoras y señores:

fotos gongora 1

Todo poema, como todo texto, es un acto de comunicación que se realiza con conciencia de estilo. El resultado no es sino la representación simbólica a través de la palabra del universo que llevamos dentro. Ese universo, impreso en nuestro cerebro, se ha ido forjando a través de la experiencia. Y la experiencia se interioriza a través de imágenes contaminadas, impregnadas, marcadas por emociones asociadas a los sentimientos y sensaciones que experimentamos en el momento mismo de la impronta del conocimiento.

Gongora por VelázquezRealidad vivida y realidad aprendida a través de la propia experiencia vital, o a través de la ensoñación simbólica diferida, recurrente, amable, de las imágenes trasladadas a nuestra mente desde ese maravilloso mecanismo que es el lenguaje: aprendemos e integramos imágenes y experiencias a través de lo que vemos, vivimos, oímos o leemos

De esta forma, vamos desarrollando en nuestra mente nuestro universo particular, único e irrepetible. Y ese universo está en continuo cambio y expansión porque mientras vivimos experimentamos, aprendemos, y mientras respiramos las emociones asociadas a los símbolos van cambiando y contaminando nuestra forma de sentir la realidad. Nuestro cerebro se transforma así en un enorme caleidoscopio que va cambiando la imagen de forma y de color -emoción- a medida que vamos cumpliendo años y contemplando la realidad desde la perspectiva que la experiencia nos va aportando en cada etapa.

Podemos caer en la tentación de pensar que todo cuanto he dicho no es más que pura retórica. No es así. Hoy sabemos, que la zona límbica cerebral, la relacionada con las emociones, se activa y actúa sobre el neurocórtex encargado de elaborar el pensamiento y gongora estatuael discurso (1). Esto nos obliga a revisar la teoría del maestro Saussure cuando descomponía el signo lingüístico en significante y significado: a esos dos elementos clave hemos de añadir un tercer elemento indispensable para comprender el funcionamiento de nuestro cerebro: la carga de emoción asociada al símbolo entendido como el significado del maestro ginebrino, la abstracción esencial de la realidad una vez asimilada y operativa, utilizable por nuestra mente para comprender, interpretar y organizar la realidad que nos rodea, incluso para reinterpretar nuestro pasado desde una coherencia íntima (2). El significado tal y como lo exponía Saussure, permanece, pero la carga emocional asociada va expandiéndose, cambiando, matizándose a medida que crecemos porque conforme lo hacemos nuestras emociones se enriquecen y se entrecruzan. Esta sencilla realidad, la interconexión latente de emociones y símbolos en el aprendizaje de la vida nos permiten comprender cómo funciona el subconsciente fruediano, y las asociaciones más allá de la imagen conectadas por las sensaciones y emociones en la figuras retóricas.

Todo esto nos lleva al título de esta breve disertación: «De la experiencia vital a la cosmogonía poética: la revolución de Góngora».

Palacio de las Pavas. Aquí nació el poeta

Palacio de las Pavas. Aquí nació el poeta

Muchos afirman que la obra literaria se basta a sí misma, que no necesitamos conocer al autor ni su vida. Podría convenir en casi todos los géneros, no tanto en la lírica. Porque en la lírica, lo que nos mueve es la emoción, y la poesía es la gran escuela de eso ahora recién descubierto que llaman “inteligencia emocional”, es la lucha del poeta por expresar con palabras las sensaciones del alma para las que no existen sino símbolos por aproximación. Cuando logramos verbalizarlas, nombrarlas, adquieren una entidad propia que nos permite interpretarlas y comprender mirando por fin de frente ese universo interno que vamos creando: nombrar por vez primera una emoción es como poner nombre a una nueva estrella que a partir de ese momento formará parte de tu cosmogonía, porque ya habrá cobrado realidad como ente propio.

Detalle del interior del Palacio de las Pavas, hoy hotel en Córdoba

Detalle del interior del Palacio de las Pavas, hoy hotel en Córdoba

Está claro que puedo disfrutar leyendo “A un olmo seco” del maestro Antonio Machado, como también está claro que mi alma empatiza mucho más con el hombre que sufre comprendiendo cómo en la rama verde contempla el atisbo de esperanza al que se aferra su corazón desesperado por la enfermedad de su amada Leonor. Vida y obra se entrelazan así otorgándonos claves que nos permiten traspasar la lectura sin otro objeto que vibrar al unísono con el alma de la persona que hay detrás de los versos.

No pretendo sentar cátedra sobre especulaciones, nunca me ha agradado afirmar como verdad científica lo que son hipótesis pero es sobre ellas como avanzamos en el conocimiento. En el ámbito de la lengua, más en la expresión lírica, las palabras no solo pesan por sílabas, acento, métrica o rima, siendo todo ello connatural al acto poético, sino también por estímulos, connotaciones y emociones asociadas a términos e imágenes. Cuando la obra sale de manos del autor, el lector la recrea en su imaginación interpretando el poema desde sus propias claves, desde su propio universo personal. Y esta reinterpretación tamizada de subjetividad emotiva supone una recreación de la obra tan nueva y válida como la que generó el propio autor, al que ya dejó de pertenercer. Por eso, quizás lo único que pueda aportar hoy ante ustedes sea esa visión personal, la vivencia de mi alma en contacto con las palabras y la figura de Góngora. Y desde ahora, les adelanto que difícilmente puede comprenderse sin su sello, sin su crianza, sin su ser cordobés. O quizás deba decir, que no logro separar al autor y su obra de su experiencia vital.

La obra de don Luis es la obra de un genio. Pero el punto de inflexión que lo elevaría a las mayores cotas de la poesía yo lo veo vinculado a su experiencia personal. Hay un Góngora anterior a 1610 y un Góngora posterior. Su grandeza, su estilo personal, siempre estuvo presente, como diría Dámaso Alonso, pero su máximo esplendor, su auténtica revolución se produce a partir de esta fecha. No es sino cuando renuncia a todos sus sueños y esperanzas mundanas, cuando su mente, por fin, logra soñar sin otro universo que aquel que el poeta llevó siempre consigo y ahora lo reencuentra en la soledad.

El Alcázar de los Reyes Crisitanos era la sede y cárcel de la Inquisición en tiempos de Góngora

El Alcázar de los Reyes Cristianos era la sede y cárcel de la Inquisición en tiempos de Góngora

Don Luis es hijo de su época y de su tierra. De todos es sabido su origen noble, los fantasmas de sus orígenes, su sólida formación desde los jesuitas o la influencia humanista de un padre que estudió en Salamanca (3), o el que se orientara a la vida religiosa tomando órdenes menores para acceder al cargo de racionero de la Catedral; el ambiente bélico y caballeresco que reinaba en la Córdoba del momento, o el trasiego popular que inundaba la ciudad populosa y cotilla y más en un barrio dominado por el hospital, el obispado, la Inquisición… Su inmersión estudiantil en Salamanca, aquella época dorada de noble acomodado con posibles, genio y ganas de vivir… (4), una vitalidad que no le abandonaría a su regreso a Córdoba como demuestra la conocida anécdota con el Obispo Pacheco (5). El nacer en la judería me es conocido, por eso, entre las muchas experiencias que comparto

Detalle de los jardines interiores del Alcázar, antiguas huertas del Rey

Detalle de los jardines interiores del Alcázar, antiguas huertas del Rey

con nuestro autor, hay una de la que no se ha hablado y debió impactar en la mente de don Luis como en la mía propia durante la infancia: La magia de la catedral. Era un laberinto umbrío, un universo mágico sobrecogedor para un niño en el que la fantasía y la realidad se confudían en un bosque de columnas. Y cada parte, cada zona, tenía sus sueños y leyendas, la del esclavo cautivo que llora, la cruz esculpida con la uña por el mártir, la cadena de oro del fin del mundo del mirhab, los sepulcros en el suelo que no pisábamos para que no nos persiguieran los fantasmas molestos por la profación que nos advertían del peligro con calaveras en sus lápidas. Una vez allí dentro, todo podía ocurrir. La religiosidad estaba imbuida en incienso, magia y penumbra. Hoy sé que el universo infantil de Góngora era el mío porque las leyendas a que me refiero, esas que me llegaron vivas de labios de María Mora, la gitana granaína que nos cuidaba de niños, me las encontré transcritas en Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba (6), manuscrito donde ya aparecen esas leyendas antiguas que circulaban entre nosotros en el reinado de Felipe II. Pero me detengo ahora en el vértigo de la geometría de la decoración musulmana de la antigua mezquita, en ese niño frente al mirab, o la cúpula de la capilla de Villaviciosa, o la fachada de Torrijos. Y cuando me refiero al vértigo quiero que me entiendan correctamente:

Cúpula de la Capilla de Villaviciosa, Catedral de Córdoba, antigua mezquita.

Cúpula de la Capilla de Villaviciosa, Catedral de Córdoba, antigua mezquita.

recuerdo que jugaba a seguir las líneas con la vista y me encantaba ver como rebotaba la línea esculpida al llegar al marco para formar un ángulo recto y volver a rebotar, y continuar su camino hasta de nuevo chocar y repetir el trazo sin llegar nunca a agotarse, era el infinito, podía pasar horas alelado frente a esta geometría recta o curva de arabescos ramajes que en equilibrio se agotaba a sí misma sin otro fin que crear la belleza desde la perfección. Entonces, siendo niño, no sabía expresar la sensación que me embargaba con palabras, solo me limitaba a sentir. Y, permítanme apuntar un dato, es un concepto en que la belleza per se, donde no existe, a diferencia del arte cristiano, símbolo alguno, imagen o historia narrada en imágenes como la que encontramos en los capiteles, vidrieras, frescos o en la sillería del coro de la catedral. Y sobre este concepto habremos de volver más adelante.

El bosque de columnas cambia la perspectiva a cada paso que damos.

El bosque de columnas cambia la perspectiva a cada paso que damos.

Nuestro poeta luchó denodadamente durante su vida por su prestigio y el bienestar de su familia, y esto solo podía lograrse desde la influencia de la Corte. Pero era consciente de su cuna, su mérito, su cultura y su fama (7), dispuesto a defender el prestigio de su pluma. Para ello utilizará su genio desde la poesía al uso en competencia abierta con los demás poetas e intelectuales. Esta fama no solo dependía de los salones cultos, también dependía del prestigio popular al que se accedía desde la calle, desde los pliegos que corrían de boca en boca. Durará esta etapa hasta 1611. Necesitaba un mecenas que le valiera influencia y poder en la Corte. Pero la suerte no le acompañó en esta empresa cuando, por ejemplo, el marqués de Ayamonte muere en 1607 o sus intenciones de acompañar al Conde de Lemos a su virreinato de Nápoles se caen. A partir de ahí, sus viajes se intensifican, su agotamiento aparece hasta que ya no puede más y se retira a Córdoba.

Es una etapa en la que Góngora escribe para los demás desde su estilo pero midiendo la

Detalle del antiguo Mihrab de la mezquita

Detalle del antiguo Mihrab de la mezquita

dificultad y el efecto que sus versos provocarían en el oyente. Ahí se insertarían sus composiciones más sencillas o populares donde vibra el Góngora niño, ¿quién no recuerda?

Hermana Marica,
Mañana, que es fiesta,
No irás tú a la amiga (8)
Ni yo iré a la escuela […]

O sencillos romances ocasionales como el dedicado a Cuenca en 1603 (“En los pinares del Xúcar/ vi bailar unas serranas, / al son del agua en las piedras, / y al son del viento en las ramas…”); o poemas caricaturescos o burlescos, incluso musicados (“[…] que yo en mi pobre mesilla / quiero más una morcilla / que en asador reviente / y ríase la gente”, “Ande yo caliente […]».

El ambiente culto y cortesano, en cambio, se movía en claves renacentistas, petrarquistas y garcilasianas dentro del universo familiar del mundo clásico que bebe de la mitología. Pero se daba la mano con el anterior. Y en ambos compitió con los grandes maestros del momento, Lope de Vega y Francisco de Quevedo, tanto en lo popular -romances- como en poesía culta -sonetos-, como en la poesía satírica o escatológica. A la primera serie debemos grandes sonetos donde se adentra en la escultura italianizante. De hecho, los poemas amorosos de Góngora son auténticos ejercicios de estilo, pero en ellos también deja la impronta de su genialidad formalmente agudizando el requiebro de la imagen a través de la metáfora, del hipérbaton. Pero anotemos una peculiaridad, a dierencia de Petrarca, don Luis se centra más en la belleza en sí que en la tensión emocional que produce en quien la contempla. Aparece ya el poeta celoso de comunicar emociones.

Nos dejó en esta temática tópica del momento composiciones inigualables por su arquitectura e intensidad. ¿Cómo olvidar su sonetos de carpe diem?

A una rosa:

«Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida?
Y, ¿para no ser nada estás lozana? […]»

O aquel otro célebre donde los atributos de la belleza, “cabello dorado”, “blanca frente”, “rojos labios”, “gentil cuello” desaparecen en una espeluznante gradación “en tierra, en humo, en polvo, en nada”.

Palacio de Congresos, Hospital de San Sebastián en vida del poeta. Allí estuvo y murió Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II

Palacio de Congresos, Hospital de San Sebastián en vida del poeta. Allí estuvo y murió Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II

En ese marcar territorio y defender su privilegio frente a genios como Quevedo y Lope debemos pasajes hilarantes como la famosa parodia realizada a Lope («Ensíllenme el asno rucio / del alcalde Antón Llorente […]» (9), o la ridiculización de su Arcadia atacando su afán de equipararse a la nobleza («Por tu vida, Lopillo, que me borres / Las diez y nueve torres del escudo, / Porque, aunque todas son de viento, dudo / Que tengas viento para tantas torres […]»). Pero no siempre, en estas batallas dialécticas, llevó la mejor parte y fácilmente se pasó de la ironía a la crueldad. ¡Cómo no recordar el trato de Quevedo a un Góngora enfermo y agotado, no solo ya en la compra de la casa que habitaba, sino en el mismo epitafio anticipado! (“[…] la sotana traía / por sota / más no por clerecía; / hombre en quien la limpieza fue tan poca / (no tocando a su cepa) que nunca, que yo sepa / se le cayó la mierda de la boca […]). Pero esta práctica defensiva no solo era en el arte, sino en la vida de intrigas e influencias como demuestra el reciente manuscrito hallado y estudiado por Amelia de Paz donde denuncia el amancebamiento del Inquisidor de Córdoba (10).

Entrada a la antigua capilla del Hospital de San Sebastián, hoy Punto de Información Turística.

Entrada a la antigua capilla del Hospital de San Sebastián, hoy Punto de Información Turística.

Más allá de las diatribas personales, la fama se ganaba también con la poesía popular, aquella que se cantaba o recitaba por los corrillos y mentideros, de ahí la atención a la tradición de romances caballerescos tan afines a sus vivencias personales que nos dejaron fulgurantes composiciones como”El forzado de Dragut”, “Aquel rayo de la guerra”, “Entre los sueltos caballos de los vencidos” o el célebre «romance de Angélica y Teodoro”. Dedicación y producción que le valió un puesto entre los poetas del romancero nuevo.

No deja de llamarnos la atención el que su espíritu no calara la ascética y la mística en una época en que todo lo impregnaba. El propio San Juan de la Cruz realizó su labor reformista en Córdoba en esa época (fundó los Carmelitas descalzos en 1586), la fama y las leyendas que corrían por la ciudad sobre la santidad y las conversiones del Padre Ávila (enterrado en Montilla en 1569) formaban parte del día a día. La imagen de Santa Teresa también le sería conocida por su visita a nuestra ciudad en 1575 y Fray Luis de León fue su profesor en Salamanca. Aunque su producción en poesía religiosa no es nada desdeñable como ya nos mostrara el maestro Feliciano, junto a Manuel Gahete y Antonio Cruz (11), sin embargo, reviste un tinte sencillo o circunstancial, no por ello exento de maestría y belleza donde destacan su sencillez popular y su honda sinceridad a decir de don Joaquín Roses. ¡Cómo olvidar aquel villancico al nacimiento de Cristo! (escrito en 1621), o el romance que dedicara a la santa cuando formó parte del jurado que le rindió homenaje en 1614 donde vuelve a sacar solapadamente el tema de la limpieza de sangre en el que ve parangón entre su propia vida y la santa (12).

Lo cierto es que en su cosmogonía prevaleció el universo mágico de la mitología y la

El caballo español nace en Córdoba de la mano de Almanzor, con sede en las Caballerizas reales.

El caballo español nace en Córdoba de la mano de Almanzor, con sede en las Caballerizas reales.

perfección escultórica de la poesía en clave latinizante. Porque a través de ella, de la exhibición del dominio técnico, obtenía el reconocimiento social. Si Ambrosio de Morales fue su descubridor, no tardó en cobrar fama entre compañeros y profesores, como demuestra el que fuera uno de los elegidos en 1580, en plena universidad de Salamanca, para celebrar la traducción de Gómez de Tapia de Os lusiadas (13) . ¿Apunta esto a una falta de vocación eclesiástica? La respuesta es evidente, de no ser así, no hubiera esperado a tener más de cincuenta años para ordenarse sacerdote.

Es una época que se extenderá hasta 1610, es decir, el periodo en que, a través de los frecuentes viajes derivados de su cargo en la Catedral de Córdoba y su estancia en Madrid para ocuparse de resolver unos asuntos familiares, Góngora busca el éxito que le permita abrirse camino en la Corte y paliar las dificultades de una economía poco acorde a la vida que soñaba. Esta intención queda clara en sus panegíricos y poemas laudatorios a personalidades relevantes de la Corte o de la Iglesia (Marqués de Ayamonte, al Conde de Salinas, a Villamediana, a don Antonio Pazos y Fray Pedro de Mendoza y Silva, obispos de Córdoba y Granada respectivamente). Su naturaleza de conveniencia se pone de manifiesto, por ejemplo, en el inacabado Panegírico al duque de Lerma, inacabado porque el Conde de Lemos, su yerno, había perdido el favor de Felipe III, ¿qué sentido tenía, pues acabar el poema? (14).

Pero el fracaso de sus intentos, la muerte o la dejadez de quienes pudieron haberle valido lo fue frustrando poco a poco hasta el desaliento. Es en 1610 cuando tiene lugar la toma de Larache a la que dedica varios poemas desde donde podemos observar la transición del

Caballerizas reales, detalle de los establos.

Caballerizas reales, detalle de los establos.

Góngora zahiriente tras el primer intento fallido en 1609 a cargo de don Juan de Mendoza, marqués de San Germán («¿De dónde bueno, Juan, con pedorreras?/-Señora tía, de Cagalarache […]»), al Góngora sublime que en 1610 ensalza la toma tras la conquista (“En roscas de cristal serpiente breve, / por la arena desnuda el Luco yerra, / el Luco, que con lengua al fin vibrante, / si no niega el tributo, intima guerra / al mar, que el nombre con razón le bebe […]”). Hay quien sitúa aquí, precisamente, el inicio de su segunda época. Pero aún le falta un paso más para, a partir de su técnica tan depurada, alcanzar su revolución particular.

Esta se produce cuando regresa a Córdoba, desengañado de todo y de todos, con una perentoria necesidad de aislamiento, de recomponerse a sí mismo en soledad. Es entonces cuando se produce la verdadera revolución de Góngora. Siempre estuvo ahí, pero requería esa pérdida de esperanza mundana para florecer en todo su esplendor. Hay quien utiliza la creación literaria como “una purga del corazón” que diría Cela (15), o si lo prefieren, como terapia de reconciliación con su espíritu. No puedo menos ahora que recordar aquellos versos de San Juan de la Cruz en su “Noche oscura del alma”:

«[…] Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba.
Dije: ¿No habrá quien alcance!
Y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance […]

Este abatimiento falto de esperanza es el que debió sentir nuestro poeta cuando se aisla incluso de sus resposabilidades catedralicias nombrando a su sobrino coadjutor de su ración. Queda así en soledad enfrentado a la necesidad de recomponer su alma. Es en ese instante bajo y rendido cuando la creación poética actuará en él como una auténtica terápia ocupacional, una forma de superar la prostración a través de la actividad que le era connatural y propia: la poesía. Y serán estas circunstancias las que logren que por fin dé el paso definitivo hacia su revolución poética.

Calleja de las flores, judería de Córdoba

Calleja de las flores, judería de Córdoba

Y esta revolución de Góngora se basa en dos elementos que gravitan sobre el acto mismo de comunicación. En primer lugar, Góngora no piensa en un receptor sino en sí mismo, escribe para su conciencia en la perfección y en la búsqueda de la belleza. Trasciende así la servidumbre del “ser entendido”. La obra, en su belleza, se basta a sí misma como terapia del alma que la concibe como refugio ante la hostilidad de un mundo del que se inhibe por primera vez superadas esperanzas y ambiciones. Y el jardín que le sirve de refugio no es sino aquel en que se abrió a la poesía en su infancia, esa cosmogonía mitológica desde la que se elevó su espíritu yendo de la biblioteca paterna a las aulas salmantinas. Lo demás, la nada, aquellos murales de nuestra catedral en que los motivos geométricos y vegetales entre arabescos y lacerías se enredaban entre sí para rebotar en los bordes del marco y continuar hasta el infinito. No busca transmitir otra emoción sino la perfección a través de la proliferación de formas que lo llenan todo en perfecta geometría. ¡Qué afinidad con el horror vacui barroco! Ahora vemos cómo las palabras, las imágenes, la arquitectura sintáctica de Góngora gira una y otra vez sobre sí misma hasta formar un entramado que, una vez superado nos enfrenta a la nada o a la mera anécdota. “Nadie ha levantado con más implacable voluntad un edificio de palabras”, admira Jorge Guillén (16). No es de extrañar, pues, el rechazo de aquellos lectores acostumbrados al juego de ingenio que esperaban descifrar tras su esfuerzo por desvelar las imágenes, un mensaje que transmitira emociones o ideas, cuando se enfrentaban a la mera anécdota intrascendente.

Plaza de la Corredera, aquí se celebraban autos y ejecuciones y corridas de toros.

Plaza de la Corredera, aquí se celebraban autos y ejecuciones y corridas de toros.

El segundo elemento clave de la revolución de Góngora es la sublimación de la realidad a través de la transmutación del símbolo mismo. Si antes las alusiones al mundo mitológico servían de realce a través de la metáfora o la comparación a elementos del mundo real, Góngora eleva ahora el mundo real para mantenerlo vagando por los rincones de esa arcadia ensoñada donde su sensibilidad transforma los elementos más sencillos en iconos de belleza que se bastan a sí mismos. Mediante la adjetivación, infunde una enorme sensualidad plástica. A través de la metáfora se transporta, nos transporta a ese universo mítico donde se refugia el genio. Ya Dámaso Alonso17 nos dejó patente que la clave de esta revolución no era ni el léxico ni la sintaxis, como tampoco lo eran la proliferación de esdrújulas (18), los juegos de ingenio, las dilogías, hipérboles, alusiones mitológicas, cultismos e hipérbatos que están presentes incluso en su poesía de la luz, ni siquiera el lenguaje metafórico, presente ya en el romance de Angélica y Medoro, todo ello ya existía. Es este salto cualitativo el que lo lleva a forjar una poesía única, sin precedentes, imperecedera que arrastrará a los poetas generación tras generación, la representación máxima del “arte por el arte” como nunca antes había sido expresada.

Y su mente y su arte se refugiaron en el universo mitológico en el que él vivía. La fábula de

Sinagoga de Córdoba, aquí rezó Mahimónides.

Sinagoga de Córdoba, aquí rezó Mahimónides.

Polifemo y Galatea es antigua y no es sino la recreación del triángulo amoroso entre el gigante, la ninfa Galatea y Acis: una tragedia de amor no correspondido por imposible a pesar de los sentimientos y fuerza incomensurable del cíclope. ¿Alegoría del propio Góngora? Los contrastes son extraordinarios. Polifemo se nos transmite en un enfoque contrapicado desde la dureza, aspereza y oscuridad, en sonoridad e imágenes:
Un monte era de miembros eminente

«[…] este que, de Neptuno hijo fiero,

de un ojo ilustra el orbe de su frente,

émulo casi del mayor lucero;

cíclope, a quien el pino más valiente,

bastón, le obedecía, tan ligero,

y al grave peso junco tan delgado,

que un día era bastón y otro cayado […]».

Polifemos, y Galatea en brazos de Acis, Fuente en Luxemburgo

Polifemos, y Galatea en brazos de Acis, Fuente en Luxemburgo

Galatea es la luz, la suavidad y la belleza. A través de su origen y su nombre nos la muestra desde su universo mitológico:

“[…] Ninfa de Doris hija, la mas bella Adora
que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella,
el terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella,
lucientes ojos de su blanca pluma.
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno […]”.

Muralla antigua, junto a la puerta de Almodóvar y la casa del poeta.

Muralla antigua, junto a la puerta de Almodóvar y la casa del poeta.

Es una alternancia mantenida a lo largo del poema a través del ritmo, la sonoridad y las imágenes que no descienden a poner las plantas sobre lo inmediato, sino que lo trasciende, yendo un punto más allá del mito clásico, por ejemplo, en la descripción del momento erótico de la seducción de Acis a Galatea donde transgrede el platonismo petrarquista:

«No a las palomas concedió Cupido,
juntar de sus dos picos los rubíes,
cuando al clavel el joven atrevido,
las dos hojas le chupa carmesíes».

La amenaza del cícople se hace presente a través del sonido de la flauta que los despierta, la huida hacia la playa mientras, los árboles que caen atronadores al paso del coloso. De nuevo el clarioscuro, la luz frente a la oscuridad, amor frente a ira, ¡qué magnífico contrapunto sensorial! ¡Cómo me recuerda la sinfonía de Sherezade, Rinski Korsakov, brusquedad y dulzura, violines frente a trombones y timbales, precipitación frente a remanso!

«Guarnición tosca de este escollo duro
troncos robustos son, a cuya greña
menos luz debe, menos aire puro
la caverna profunda que a la peña».

Frente a la luz y la dulzura que sigue a Galatea:

“La fugitiva ninfa, en tanto, donde
hurta un laurel su tronco al sol ardiente,
tantos jazmines cuanta hierba esconde
la nieve de sus miembros, da a una fuente,
dulce se queja, dulce le responde
un ruiseñor a otro, y dulcemente
al sueño da sus ojos la armonía.,
por no abrasar con tres soles al día”.

Al final, la ira y el caos. El desengaño y la desesperanza. No puedo evitar preguntarme, ¿quién es el monstruo gigante traicionado? Lo que sí sé es que Góngora dignifica a los protagonistas de la fábula, Galatea no es una fríbola casquivana, ni Acis un cobarde pusilánime, los dota de una personalidad matizada, los convierte en símbolos de tragedia. Polifemo ya no es el monstruo torpe y rudo, que dibujara Ovidio, sino un ser que sueña y siente, y porque ama, sufre. Todo un anticipo de La Bella y la Bestia al que se le hurta el final feliz por un final fiel a la tradición y acorde al espíritu trágico, aunque la transformación de Acis en río no deje de mostrarnos el fluir continuo de la vida.

El Arco del Triunfo se erigió en honor de Felipe II en vida del poeta para conmemorar su victoria en Granada

El Arco del Triunfo se erigió en honor de Felipe II en vida del poeta para conmemorar su victoria en Granada

Pero su obra cumbre son las Soledades, esos casi 2000 versos que comienzan ya a circular hacia 1613 y cuya composición se extendería inacabada hasta 1617 (19). Aquí Góngora hace de la Arcadia poética un referente de sí mismo, compone un laberinto de espejos que enfrentados entre sí nos conducen al infinito, como si de un cuento borgiano se tratase. La historia del náufrago atrae en el lector resonancias épicas, pero la historia no avanza sino que se limita a recrearse a sí misma produciendo el desencanto de quien se acerca a ellos esperando lances y desenlaces. Se trata de la transfiguración pura de la realidad que se basta a sí misma recreándose en referentes propios, es el más puro refugio de la cosmogonía de Góngora que purga sus ambiciones a través de una serenidad contemplativa que todo lo transforma. Y es que ya no escribe para los demás, sino para sí mismo. No es de extrañar que Juan de Jáuregui atacara esta nueva forma de entender la poesía nombrándola como poesía disfrazada (20). Frente a la heroicidad de los relatos heroicos, Jauregui no ve un historia contada ni sentencias profundas sino mera confusión, juegos de palabras que aturden el entendimiento para significar vulgaridades como gallos, pan o manzanas u “…otras semejantes raterías» (21). Y en efecto, Góngora transforma la realidad cotidiana en algo mágico y maravilloso a través de la palabra: así, por ejemplo, el simple acto se ordeñar al amanecer, se transforma en estos versos:

«Sellar el fuego quiso regalado
los gulosos estómagos el rubio
imitador süave de la cera
quesillo dulcemente apremiado
de rústica vaquera
blanca, hermosa mano, cuyas venas,
la distinguieran de la leche apenas». (v. 872-878)

¿Cuántas veces cruzaría Góngora nuestro antiguo puente con su imagen de San Rafael?

¿Cuántas veces cruzaría Góngora nuestro antiguo puente con su imagen de San Rafael?

Góngora trasforma lo rústico cotidiano, su realidad humilde de Trassierra, en realidades bañadas de divinidad a la luz de su cosmogonía: la mesa de pino, el tazón de leche, la coscoja, el queso, la chupa… todo a su alrededor se eleva y se sublima a través de la magia de la palabra. Jauregui no aceptará esta transformación de lo mezquino desposeída de emoción latente (22), pero sí había quien lo entendería como la sublimación pura de la poesía que sintetiza en sí misma todos los géneros.

foto gongora 2La emoción no es su clave y desposee el lirismo que impregnaba las composiciones de sus predecesores, a diferencia de las Odas de Horacio o Píndaro o la “pasión” contenida petrarquista, el hilo conductor que otorga coherencia a las Soledades es la anécdota narrativa, la excusa para someter las diferentes realidades a la transmutación poética. Es peregrino ajeno a la tradición bucólica, llega a un mundo perfecto, pero no interactúa con él, es un reportero poeta itinerante del que apenas si se nos informa de una posible desgracia amorosa (23).

Podríamos estar ante el inicio de cualquier relato épico, un héroe en desgracia que lucha contra su propio destino, contra los dioses como un nuevo Jasón o un nuevo Ulises. Pero no es así porque no encuentra desafíos sino humildes aldeanos en sus quehaceres diarios. No hay tensión, Góngora se aferra así a lo inmediato, al presente continuo que no trata de anticipar y motivar la acción. Incluso los personajes son anónimos, solo algunos nombres aparecen para rindir un pequeño homenaje a Virgilio y los poetas napolitanos del Renacimiento, por aquello de que introdujeron la Égloga marítica o piscatoria en la tradición literaria.

A diferencia de las Eglogas de Virgilio no trae el universo mágico a la realidad para ensalzarla, sino que eleva lo cotidiano al nivel de los dioses insertándolo en su propio universo, transmutando la realidad. Begoña López Bueno nos señala antecedentes literarios, conocía a Estacio y a Angelo Poliziano en sus descripciones de bodas aldeanas o en la defensa de la vida sencilla, pero ahora hablamos de una experiencia vivencial como clave para alcanzar la felicidad a cuyos recuerdos se aferra para sobreponerse en su retiro y su desengaño (24)

¿Qué nos sorprende? El universo íntimo navega por cosmogonía infantil de héroes y dioses que son continuos referentes en los cuadros descriptivos a través de las metamorfosis: Jupiter, Pomona, Minerva, Pan o Palis, Baco, Ceres o Neptuno todos presentes, nombrados o aludidos a través de perífrasis; los personajes mitológicos pueblan las páginas: ninfas, monstruos, semidioses o héroes como Hércules, Dafne, el Fénix, Sísifo o Dédalo… Y cada elemento inmediato se transporta a ese universo: un simple búho nos lleva a Ascálafo, que por probar una granada en el inframundo fue condenada a no poder ver la luz y deambular eternamente en el crepúsculo. Lo mismo podríamos decir de referentes como Ícaro desafiando a los dioses en su vuelo hacia el sol, o Acteón cuyo delito fue atreverse a contemplar la belleza prohibida, o Vulcano, Apolo o Júpiter. La realidad inmediata participa así de la divinidad que se oculta a los ojos de quien no sabe descubrirla:

«De Alcides lo llevó luego a las plantas
que estaban, no muy lejos,
trenzándose el cabello verde a cuantas
da el fuego luces y el arroyo espejos». 

(Soledad I, vv. 659-662)

Los álamos (plantas de Alcides) son ahora muchachas que trenzan su cabello mirándose en el arroyo, son las Helíades, las hermanas de Faetón transformadas en árboles. La metamorfosis no es traída como sufrimiento en el castigo de los dioses sino como elemento vertebrador que integra la realidad cotidiana en la cosmogonía poética de quien vive su retiro (25).

Y lo más importante, Góngora crea este universo con conciencia de estilo y originalidad. Cuando Lope lo critica como “[…] versos desiguales y consonancias erráticas […]”, Góngora le responde “Caso que fuera error, me halagara de haber dado principio a algo, pues es mayor gloria empezar una acción que consumarla”. “La oscuridad de Ovidio da causa a que vacilando el entendimiento en fuerza de discurso trabajándole […] lo que en la lectura superficial de sus versos no puedo entender […] Eso mismo hallará V.M. En mis Soledades si tiene capacidad para quitar la corteza y descubrir lo misterioso que encubre” (26).

Logra así esa maravillosa sinfonía donde fija la atención en la naturaleza simple con todos los matices musicales a través de la silva fluctuante con rítmico vaivén, las esdrújulas sonoras o la diéresis que deshace el nudo de un verso para dulcificar en un fluir continuo donde nada falta ni sobra, nada puede quitarse sin que se resienta la obra.

Lo demás, anédota en la vida. Es esta, su mejor obra, la que lo encumbraría y devolvería a la Corte con el cargo de Capellán Real de Felipe III. Y vuelta a las ambiciones frustradas cuando sus valedores Lerma, Rodrigo de León o el Conde de Villamediana caen en desgracia y son asesinados o ejecutados con la llegada de Felipe IV. A esta época debemos debemos el abandono de las soledades incompletas, pero también una obra de rebeldía contra sí mismo. A decir de algunos, su obra más querida, la Fábula de Píramo y Tisbe.

Y es curioso cómo en la fábula de Píramo y Tisbe, Góngora recorre el camino inverso al Polifemo. Me refiero a que Góngora no se deja atrapar por el halo romántico trágico de estos antecedentes de Romeo y Julieta, sino que se sumerge en un realismo irónico hermano de La Celestina. Es ahora el universo mitológico el que revierte a la realidad en un baño de Sancho Panza. Abunda en la idea del único Góngora de Dámaso Alonso el hecho de que la concepción y el tono fueran muy anteriores a la composición y rastreemos su semilla ya en el romance “De Tisbe y Píramo quiero…” compuesto en 1604, lo que Lázaro Carreter denominó “concepción antisentimental del mito” (27). Y es que nuestro poeta obliga ahora a los dioses a zambullirse de realidad. Y ahi encontramos, por ejemplo, ese recriminar al protagonista la necedad de un suicidio insensato (“¿Tan mal te olió la vida? / ¡Oh bien hi de puta, puto, / el que sobre tu cabeza / pusiera un cuerno de Juno!” -vv. 433-436-), o en los anacronismos que apuntan a intenciones claramente cómicas, o las disyunciones que rayan en la impertinencia sobre si los muros de Babilonia eran de ladrillo o de adobe, si Ovidio Nasón era romo o narigudo, o si la lana del cordero devorado por el león era merina o burda… O en el léxico por momentos marcadamente antitópico o antipoético («garganta» = cervatana del gusto; «los pechos» = pechugas del ave fénix; «el pubis» = el etcaetera; «Tisbe con la boca abierta» = la boba…). Hay un jugar consigo mismo, un tomarse un tanto a broma, ¿como si no interpretar esa duda que le asalta sobre cómo denominar los brazos de Tisbe si “divinos” o “ebúrneos”?, para concluir que “Divinos digo y ebúrneos”. Lo cierto es que en este caso, la metamorfosis queda como un mero elemento anecdótico en el devenir de la trama; en ella es donde Góngora centra la atención introduciendo en el relato los elementos actanciales clave para dotarlo de coherencia: así resultan necesarios elementos como la mediadora esclava negra, mucho más que un pretexto para juegos de ingenio fáciles (28), necesaria para justificar los contactos hasta que Tisbe descubre la grieta; o la razón oculta por la que la madre trata de impedir la relación de su hija con Píramo, o por qué se retrasa a su cita, la razón desencadenante de los acontecimientos. Actantes y fuerzas actanciales para completar un puzzle transgrediendo al maestro hasta atraerlo ahora al relato épico. Pero es ahora su Arcadia, aquel universo mitologico sublimado en el Polifemo o en sus Soledades, la que se enfrenta al realismo crudo de un Sancho. ¿No es recorrer el camino inverso?

A esta época de declive debemos también una cierta regresión a sus orígenes sencillos, populares, con obras imperecederas como el villancico dedicado al nacimiento de Cristo Nuestro Señor escrito ya en 1621,

«[…] Cuando el silencio tenía
Todas las cosas del suelo,
Y, coronada del yelo,
Reinaba la noche fría,
En medio la monarquía
De tiniebla tan cruel,

Caído se le ha un Clavel
Hoy a la Aurora del seno:
¡Qué glorioso que está el heno,
Porque ha caído sobre él![…]

pero la revolución ya estaba volando a pesar de sus detractores, entre una sociedad rendida a su genio.

Aquí se hallan los restos de Góngora, en la Catedral de Córdoba.

Aquí se hallan los restos de Góngora, en la Catedral de Córdoba.

Nada cambia, favores, promesas incumplidas, traiciones, mala suerte al fin, humillación, enfermedad:

«De la Merced, señores, despedido,
pues lo ha querido así la suerte mía,
de mis deudos iré a la Compañía,
no poco de mis deudas oprimido […]».

Solo pidió ser enterrado con sus padres en la Capilla de San Bartolomé. No creo que, entonces, desmemoriado, enfermo y marchito, fuera plenamente consciente de la huella que dejó, esa que hoy nos reúne aquí para rendirle homenaje, la que desde los simbolistas franceses se ha mantenido viva y admirada en la tradición literaria, incluso en la nuestra, en nuestra Córdoba y rastreable en nuestros poetas, y no solo me refiero ahora al 27 o Cántico, sino entre algunos que hoy aquí me estáis escuchando, esa que es imperecedera.

José Carlos Aranda Aguilar

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INTELIGENCIA NATURAL. ACTO DE PRESENTACIÓN FERIA DEL LIBRO DE CÓRDOBA. VIERNES 26 ABRIL 2013.

 

10569118_10202158566444495_1444027699_nSiempre resulta emotivo presentar una nueva obra. Es una mezcla de pudor y alegría. Y, llegado el momento, como cuando se abre el toril, uno no sabe si podrá más la razón o el corazón a la hora de hilvanar mensaje. Siempre ayuda llevar junta a ti a dos buenas personas arropándote a cada lado. Javier Ortega, Editor del Grupo Almuzara, inició el acto para esbozar las líneas de esta nueva criatura y poner blanco sobre negro la relevancia de quien iba a darme el relevo. El encargado de presentarme a mí como autor me conocía bien, tan bien que creo que, a veces, me conoce mejor que yo mismo. El doctor Enrique Aranda no es solo uno de los mejores científicos y  oncólogos de este país, es también un hombre comprometido con la educación y la familia durante más de treinta años, por eso le pedí que interviniera en este libro. Y le costó aceptar, no fue fácil. Pero no podía decirme que no porque por algo es, además, mi hermano mayor y, para colmo, es un personaje del propio libro entrelazado entre mis recuerdos durante toda una vida. Al fin y al cabo, no podía faltar en un libro escrito desde las vivencias y las experiencias personales, que acercan el conocimiento a la sencillez de las prácticas diarias.

Presentacion Cajasur 2

Me costó trabajo hilvanar la explicación de la obra desde la emoción de sus palabras. Esas que ponen frente al auditorio a la persona más allá del autor y, aunque sabía que lo haría -también yo lo conozco a veces mejor que él a sí mismo- no pude evitarlo. Y en ese ambiente de palabras bañadas en corazón y recuerdos transcurrió un acto en el que me sentí muy feliz.

Presentacion Cajasur 3

Confío que el mensaje vaya calando, en que a través de los lectores, los colegios, los oyentes, empecemos a ponderar que la felicidad existe, es posible y es necesaria. Que el compromiso con la educación es un reto ilusionante y es una batalla que se puede ganar uno a uno, familia a familia, centro a centro. Que los nuevos descubrimientos nos ayudan a hacerlo un poquito mejor, pero que hay también que rescatar las buenas prácticas que siempre nos han dado resultado. Que no basta el conocimiento por sí mismo y hay que crecer en las emociones, la sociabilidad y la moral personal.

Presentacion Cajasur 1

Existen técnicas sencillas. Vamos a usarlas. Es la idea de educar en y para la felicidad expuesta en forma de método desde la simple convivencia familiar y escolar.

Gracias a cuantos me acompañasteis, gracias a Antonio Cuesta por haber confiado una vez más en mí para esta publicación, gracias a Javier Ortega por sus amables palabras y su compañía en el acto y muchísimas gracias a Enrique, mi hermano, por caminar delante de mí trece meses durante toda mi vida, incluso en este acto.

Presentacion Cajasur 5

José Carlos Aranda

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INTELIGENCIA NATURAL, Entrevista CanalSur Radio por José Antonio Luque

Con mi agradecimiento personal a José Antonio Luque, ese locutor tan nuestro, por su cariño y su buen hacer como periodista.

Presentación IN en el Tablero 1-

http://www.youtube.com/watch?v=MephoALhJv4

José Carlos Aranda

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A JOAQUÍN CRIADO, «MEDALLA DE HONOR DEL INSTITUTO DE ACADEMIAS DE ANDALUCÍA», MI MAESTRO

Como ves Joaquín, he dejado atrás la toga y el birrete, el tuyo y el mío, para hablarte desde el corazón. ¡Qué alegría! A veces, la vida nos regala la ocasión del reconocimiento, y es algo tan inusual que siempre nos pilla de sorpresa. Pero si alguien se lo merece, Joaquín, eres tú.

HOMENAJE A JOAQUÍN CRIADO

Puede que para quien no te conozca, las palabras suenen huecas, pero para quienes hemos tenido la suerte de conocerte y tratarte a lo largo de los años -treinta y cinco ya de aquel curso de Literatura Medieval en la Facultad de Filosofía, entre panfletos de transición y huelgas idealistas, ¿recuerdas?- las palabras son símbolos cargados de emoción.

En labios del Secretario, don Aniceto López, sonaron  «…los servicios prestados, méritos académicos y humanos». Don Gonzalo Piédrola se refirió a los más de treinta años de dedicación desinteresada a este Instituto de Academias, a tus distintos cargos en los que, a lo largo del tiempo, has ido dejando tu impronta y tu vida. Es un poner blanco sobre negro… tres décadas, querido Joaquín, son muchos años.

Ahora quiero revelar a quien nos oiga tu gran secreto que no es otro que tu enorme humanidad desde la humildad que solo posee quien es capaz de reconocer en los demás lo mejor de cada uno. Eres el maestro que alienta el esfuerzo desde el optimismo y la sonrisa. Que estima y ama la ciencia y el trabajo, pero que se sienta tranquilo y sonríe y escucha cuando un alumno se acerca a él con la timidez de los años y le transmite lo apasionante que puede ser vivir en la cultura, que la cultura y la vida no están reñidos, que también se cantó en alejandrinos la bondad de compartir y celebrar la rima con un buen vaso de vino.

Y te salió tu humanidad cuando en tu agradecimiento mencionaste a tu familia. Yo, que te conozco, sé que el corazón, en ese momento taponó tu garganta. «Es posible que haya hecho algo bien para recibirla -la medalla-, aunque no acabo de verlo claro. Pero siempre lo he intentado». Joaquín, pero ¿qué más se le puede pedir a una persona que levantarse cada día tratando de dar lo mejor de si mismo? Y treinta años son muchos años en ese cometido. Hoy el mundo se nos ha ido achicando, y para muchos de nosotros estas nuevas tecnologías son alquimia, y seguimos prefiriendo la pluma estilográfica y un buen folio en blanco. Lo que no pueden imaginar hoy muchos de quienes nos leen es lo que supone el crear de la nada una institución como el Instituto de Academias sin teléfonos móviles, sin fax y sin internet, a golpe de viaje en coche, a golpe de tiempo y de familia, ahorrando en gasolina y quedando en los pueblos a mitad de camino porque no había dietas que paliasen al menos el esfuerzo, solo alentado con la fe y  la ilusión en un proyecto, a golpe de latido, de corazón. ¿Te parece poco, Joaquín?

Cualquiera hace algo bien, pocos logran hacer mucho, pero mantenerse en la coherencia durante toda una vida solo lo logran los maestros. Y tú, Joaquín, siempre has estado al otro lado del teléfono cuando te he llamado, a mi lado cuando te he necesitado, demostrando que estás por encima de los cargos en la cercanía del alma de un amigo. ¿Qué interés sino tu humanidad puede mover este privilegio hacia quien no era sino un muchacho y luego un aprendiz? Puede que hoy ya haya quien me llame escritor, que se reediten mis libros, que mantenga la ilusión de que aún hay cosas que transmitir y merece la pena hacerlo. Hoy quiero decir, desde aquí, que si algún día llego a ser algo bueno, te lo deberé a ti y a ese extraño club de personas que supieron perdonar mis muchos errores y alentar mis virtudes desde la paciencia y el cariño: mis maestros.

 Siempre que me presentas a alguien, lo haces con orgullo diciendo «José Carlos Aranda fue alumno mío». No, Joaquín, no hables en pasado, porque quien te conoce bien, Joaquín, te quiere, y siempre te reconocerá como maestro de quien aprender de la ciencia y de la vida.

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A mi maestro, Joaquín Criado.

José Carlos Aranda

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CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA. Gabriel García Márquez (resumen de la obra)

cronica-de-una-muerte-anunciada-9788497592437CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Ningún resumen puede sustituir el placer de la lectura de un buen libro. Mucho menos el de una obra maestra que nos permite recrear el sinsentido de una muerte trágica por absurda. Sírvanos, simplemente, para recordar personajes e hilo narrativo, ambientación y estilo antes del examen.

José Carlos Aranda

RESUMEN:

Santiago Nasár se levantó esa mañana a las 5:30 para ir a esperar el buque del Obispo. Estaba de buen humor a pesar de la resaca de la boda del día anterior. Yo estaba entonces descansando en el regazo de María Alejandrina Cervantes cuando me despertaron las campanas tocando a rebato.

Esa mañana, como iba a ver al Obispo, Santiago se vistió de blanco y dejó la pistola en la mesita de noche. De haber ido a su finca de El Divino Rostro se hubiera vestido de caqui, con botas y hubiera salido armado con su 357 magnum. La madre lo recuerda tomándose una aspirina mientras le contaba un sueño con árboles en el que ella no advirtió el peligro. Santiago era hijo único de un matrimonio de conveniencia, alto, de ojos árabes y pelo rizado como su padre, muerto 3 años antes. Tenía 21 años y un carácter alegre, pacífico y de corazón fácil.

Aunque sabía que el Obispo no se bajaría, le encantaban los «fastos» de la Iglesia, los consideraba un espectáculo. Así que se despidió de la madre con un saludo y se marchó sin paraguas en contra de las recomendaciones de la madre.

Victoria Guzmán estaba en la cocina preparando unos conejos.  Allí, Santiago masticó otra aspirina mientras observaba a las mujeres. Divina Flor, hija de Victoria, le sirvió su café con alcohol de caña. Él le agarró la muñeca cuando fue a retirarle la taza: «Ya estás en tiempo de desbravar». Pero la madre lo amenazó con el cuchillo. Había sido en su época amante del padre y no quería que su hija repitiera la misma historia. Santiago sintió horror viendo cómo Victoria arrancaba las vísceras a los conejos para arrojárselas a los perros, era una premonición. Entonces sonó la sirena del barco.

Ibrahim, el padre, compró un antiguo depósito de mercaderías para construir su casa. Abajo había un salón, las habitaciones del servicio, la cocina y las cuadras. Una escalera de caracol recuperada de un naufragio comunicaba con la planta alta. Allí donde en su día estuvieron las aduanas hizo dos amplios dormitorios y camarotes para los hijos que esperaba. Además había un balcón que abría a la plaza. La puerta de atrás la dejó con más alzada para entrar a caballo y era la que se usaba habitualmente. La delantera solía permanecer cerrada con una tranca. Sin embargo, allí fue donde lo mataron.

Aquella mañana salió por la puerta principal porque iba bien vestido. Victoria sabía que lo iban a matar, se lo había dicho una mujer que llegó pidiendo leche por caridad. Creyó que eran habladurías de borrachos o, quizás, en el fondo deseaba que lo mataran. También su hija lo sabía, pero no dijo nada porque cuando lo acompañó a la puerta le echó mano a sus partes y estaba muerta de miedo. Ni ella ni él vieron, entonces, el papel que había en el suelo.

Los almendros estaban en flor y la plaza mostraba los restos de la parranda de la boda, guirnaldas y botellas vacías. En el único negocio abierto, la lechería de Clotilde Armenta, lo estaban esperando los hermanos para matarlo, pero en ese momento estaban dormidos. Eran Pedro y Pablo Vicario, dos gemelos de 24 años, de catadura espesa pero de buena índole. Aún llevaban los trajes pardos de la boda y parecían cansados, aunque se habían afeitado. No habían parado de beber, pero no estaban borrachos. Cuando salió Santiago se despertaron y agarraron los cuchillos, pero Clotilde los detuvo, «Déjenlo para después, por respeto al Obispo», y lo dejaron ir casi con lástima.

El barco a vapor en que venía al Obispo pasó de largo a pesar del recibimiento que le habían preparado, de la gente en el muelle, la madera y los gallos -le encantaba la sopa de crestas de gallo-. El Obispo estaba en la baranda alta con sotana blanca, el barco soltó un silbato con vapor que los empapó, hizo una señal de la cruz y desapareció. A pesar de esto, Santiago Nasar estaba de buen humor, empeñado en calcular los gastos de la boda, según Cristo Bedoya. Era la más grande que se había visto en el pueblo y Santiago quería que así fuese la suya. Margot, hermana de Cristo, no pudo evitar sentir envidia de Flora de Miguel, novia de Santiago, se llevaría el mejor partido. Al final, lo invitó a desayunar como siempre que había «caribañolas de yuca». Él quedó en cambiarse de ropa y regresar a desayunar. Eran las 6:25. Margot insistió, pero Santiago continuó camino de la plaza con Cristo Bedoya, tenía que cambiarse de ropa para ir después a la finca a castrar terneros.

Don Lázaro Aponte, coronel y alcalde, y el padre Carmen Amador, también lo sabían, pero no creían que corriera peligro. Margot era una de las pocas que no lo sabía, ella lo habría evitado. Tampoco lo sabía su madre, una mujer que sin salir de casa siempre andaba enterada de todo. Margot fue a recibir al Obispo y fue al regresar a su casa cuando se enteró: Ángela Vicario, la muchacha que se casó el día anterior, había sido devuelta a casa de sus padres porque no era virgen. Los hermanos andaban buscando a Santiago para matarlo. Corrió a su casa para contárselo a su madre. Aunque su madre era madrina de Santiago, también estaba emparentada con Pura Vicario, pero no dudó en vestirse para ir a avisar a Plácida Linero, madre de Santiago, porque «siempre hay que estar de parte del muerto». Salió corriendo llevando solo a su hijo Jaime de 7 años, el único que estaba vestido para ir a la escuela. Caminaba maldiciendo a todos los hombres. No llegó a tiempo.

(FIN DE CAPÍTULO I, SIN EPÍGRAFE PERO ESPACIADO)

Bayardo San Román tenía 30 años cuando llegó al pueblo. Con muy buena planta y muy bien vestido, tanto que parecía marica, afirmó Magdalena Oliver que vino con él en el barco. Era raro según la madre del narrador. Decía andar buscando con quien casarse. Dio a entender que era ingeniero de trenes y sabía usar el telégrafo. También era amigo de juergas, pero sabía beber, terciaba en los pleitos y no gustaba de juegos de manos. Derrotó nadando a todos los del pueblo y el dinero no le preocupaba. Además, ayudaba a misa en latín -dejó de decirse misa en latín tras el Concilio Vaticano II en 1965-. Así, poco tardó en ganarse la simpatía de la gente.

A mí me pareció triste al conocerlo, aunque ya entonces había formalizado su relación con Ángela Vicario. Estaba Bayardo sesteando en una hamaca en la fonda para hombres cuando Ángela atravesó la plaza con su madre, ambas de luto. Preguntó quién era y se limitó a decir «Cuando despierte, recuérdame que me voy a casar con ella». Se vieron por primera vez en la fiestas patrias. Ella estaba en la verbena encargada de la rifa. Bayardo le preguntó cuanto costaba la ortofónica con incrustaciones de plata -tocadiscos empotrado en un mueble de madera-. No estaba a la venta, era para la rifa; «mejor, así me saldrá más barato». Compró todos los números y se la envió a su casa como regalo de cumpleaños. Ángela no sabía cómo podía haberse enterado de que era su cumpleaños, pero no podía aceptar un regalo público sin dar a entender lo que no era. Mandaron a los mellizos, Pedro y Pabo a devolver el regalo. Aparecieron al día siguiente borrachos, con la ortofónica y con Bayardo del brazo.

La familia de Ángela tenía pocos recursos. Poncio, el padre, era orfebre de pobres, tenía la vista agotada. Purísima del Carmen, la madre, fue maestra pero dejó el oficio al casarse para dedicarse íntegramente a su casa. Las dos hijas mayores estaban ya casadas. Además de los gemelos y Ángela, tuvo una hija que murió de fiebres crepusculares. Educó a las niñas para casarse y las hizo expertas en labores y en el culto a la muerte. Solo les reprochaba su costumbre de peinarse por las noches antes de dormir: «No se peinen que retrasan a los navegantes». Estaba orgullosa de ellas, harían feliz a cualquier hombre porque «…han sido educadas para sufrir». Ángela era la más bella, pero pobre de espíritu, tanto que parecía desvalida, por eso Santiago la llamaba «la boba».

La propuesta de matrimonio de Bayardo fue celebrada de inmediato, si bien, Pura Vicario exigió que se identificara claramente al forastero del que nada se sabía. Bayardo San Román respondió trayendo a su familia. Padre, madre y sus dos hermanas perturbadores llegaron en un Ford T con placas oficiales. La madre, Alberta Simonds era una mulata de Curaçao, tan hermosa que ganó un premio en su juventud. El padre resultó ser el general Petronio San Román, un héroe de la guerra, conservador, famoso por haber logrado poner en fuga al coronel Aureliano Buendía. Todos lo reconocieron por sus espejuelos de oro, su traje, su medalla al valor en la solapa.

Pero Ángela no quería casarse «me parecía demasiado hombre para mí». Ni siquiera trató de seducirla, sedujo a su familia. Pero la familia se lo había impuesto porque no tenían derecho a despreciar un premio del destino y «…también el amor se aprende». El noviazgo apenas duró cuatro meses, lo indispensable para que acabara el luto. Bayardo se ocupó de todo, compró la casa más hermosa, la que más le gustaba a ella, la del viudo Xius. El viudo no quería venderla por nada, pero le ofreció una cantidad tan desorbitada que acabó aceptando para su desgracia (10.000 pesos). Dos años después, moriría de dolor al decir del doctor Dionisio Iguarán.

Nadie podía imaginar que Ángela Vicario no fuera virgen. Iba a contárselo a su madre cuando las amigas la disuadieron asegurándole que entre el nerviosismo, la torpeza y la borrachera de los hombres, no había de qué preocuparse, solo tenía que manchar las sábanas para que pareciera.

A Bayardo todo lo parecía poco para su boda, incluso quiso que oficiara la boda el propio Obispo. Acabó siendo la mayor celebración que había visto nunca el pueblo. La familia del novio llegó en un barco con los invitados y tantos regalos que hubo que habilitar un local para exponerlos. Al novio le regalaron un coche convertible y a la novia un estuche de cubiertos de oro. Hubo que rehabilitar la casa de la novia para la celebración incluido el patio con las cochineras. También hubo que tirar las cercas y añadir los patios de las casas vecinas para tener sitio donde bailar.

El novio llegó dos horas tarde, y la novia no empezó a arreglarse hasta que llegó porque, de no presentarse, hubiera sido una vergüenza horrible para ella. Pero jugó sus cartas hasta el final y vistió velo  con azahares.

Santiago Nasar actuó en todo momento como si todo aquello no fuera con él, calculó que solo en la iglesia, en flores,  se habían gastado en la boda el equivalente a 14 entierros. A Santiago no le gustaban las flores cerradas porque le recordaban la muerte, me dijo que no quería flores en su funeral, no sabía que tendría que organizarlo el día siguiente. Cuando se encontró con Bayardo San Román le dijo que llevaría gastados unos 9.000 pesos, el novio confirmó la cifra y afirmó que estaban empezando y que al final saldría más o menos por el doble. La vida le alcanzó para confirmar que así fue con los últimos datos que dio a Cristo Bedoya a la mañana siguiente.

 A mi memoria acuden retazos sueltos de la juerga: pedí en matrimonio a Mercedes Barche en medio de la borrachera; el viejo Poncio Vicario sentado solo en un taburete en medio del patio donde todos tropezaban con el pobre ciego, que miraba sin ver a todas partes contestando preguntas que no le habían sido formuladas.

La parranda continuó después de que marchara el buque a las 6:00, se lanzaron cohetes y por fin los novios se marcharon a la villa. Ya hacia la media noche la gente comenzó a dispersarse y solo quedó abierto el negocio de Clotilde Armenta. Me marché entonces con mi hermano Luis Enrique, con Santiago y con Cristo Bedoya a casa de María Alejandrina Cervantes donde estuvimos brindando y cantando, entre otros, con los hermanos Vicario.

Pura Vicario se acostó a las 11:00 y ya estaba profundamente dormida cuando dieron tres toques en la puerta. Cuando abrió Bayardo San Román adelantó a su hija tomándola del brazo: «Gracias por todo, madre. Usted es una santa». Ángela contó como su madre estuvo golpeándola durante dos horas con tanto sigilo que nadie se despertó. Llamó a los gemelos y, cuando la interrogaron, ellá dijo que fue Santiago Nasar.

(FINAL DEL CAPÍTULO II)

Los hermanos Vecario alegaron «homicidio en legítima defensa del honor» y el tribunal lo aceptó. Esa fue su única defensa desde que se entregaron en casa del cura con gran dignidad. Estuvieron 3 años en el panóptico (edificio carcelario) de Riohacha por no poder pagar la fianza. No se arrepintieron de lo hecho, aunque se diría que hicieron lo posible para que alguien se lo impidiera. Dijeron que comenzaron a buscarlo por casa de María Alejandrina Cervantes, pero eso no era cierto porque  ella no los hubiera dejado salir de allí. Luego se fueron a esperar frente a la casa al único lugar abierto, el negocio de Clotilde Armenta, a pesar de que todos sabían que Alejandro entraba y salía a su casa por la puerta de atrás. Fue una fatal casualidad que aquel día lo hiciera por la puerta de la plaza.

Cuando Ángela pronunció su nombre, los hermanos fueron a por sus mejores cuchillos de descuartizar y los afilaron en el mercado. Allí Faustino Santos y otros testigos recuerdan cómo dijeron que iban a matar a Santiago Nasar, pero nadie les hizo caso pensando que eran «vainas de borrachos». El ser matarifes no tenía por qué predisponerlos hacia la violencia. La mayoría no eran capaces de mirar a los ojos a la res o comer su carne después de sacrificarla. Y, aunque los hermanos Vicario criaban a sus propios cerdos, les ponían nombres de flores. Al preguntarles por qué pensaban matarlo, se limitaron a responder que «él sabía por qué». Ante la duda, Faustino se lo dijo al policía que iba por las mañanas a comprar hígado para el desayuno del alcalde.

Clotilde Armenta y su marido Rogelio de la Flor no habían cerrado aquella noche el negocio porque no dejaban de entrar gente de la boda. Cuando llegaron los mellizos eran las 4:10 y les vendió una botella de aguardiente que se bebieron del tirón, y una segunda botella que bebieron despacio, ya acomodados, sentados y quitándose las chaquetas. Mirando hacia la casa de Santiago preguntaron por él, le dijeron que iban a matarlo y que él sabía por qué. Cuando se lo contó a su marido no le dio importancia. Al regresar al mostrador, los hermanos conversaban con el agente Leandro Pornoy a quien también se lo contaron y que informó al coronel Lázaro Laponte mientras éste se vestía para recibir al Obispo. En el desayuno, su esposa le contó cómo Bayardo San Román había devuelto a su esposa. A las cinco se dirigió a la plaza y otras tres personas lo informaron por el camino. Cuando llegó donde Clotilde no los encontró tan borrachos como creía, pensó que se trataban de simples bravuconadas y se limitó a quitarles los cuchillos. Tendría que haberlos arrestado, pensaba Clotilde, para «…librar a esos pobres muchachos del horrible compromiso que les había caído encima». Pero no se arresta a nadie por sospechas, y creyó haber acertado cuando más tarde vio tranquilamente a Santiago en el puerto esperando al Obispo.

Se lo habían dicho ya a tanta gente que Clotilde pensaba que a esas alturas era imposible que Santiago Nasar no hubiera sido advertido. No obstante, mandó recados a todas partes. Al rato, los hermanos regresaron con otros dos cuchillos de matanza. También estos los habían afilado, pero Faustino Santos, el carnicero, creyó que era cosa de borrachos porque seguían gritando sus intenciones. Sin embargo, ahora Clotilde los veía menos decididos, se veía que habían discutido entre ellos. No es de extrañar porque tenían distintos caracteres. Pablo era más imaginativo y resuelto; Pedro, más sentimental y autoritario. Había hecho el servicio militar, del que regresó con vocación de mandar y con una blenorragia (enfermedad de transmisión sexual provocada por una bacteria) que resistió todos los remedios. Solo en la cárcel conseguirían curársela. Quizás por eso y por su cicatriz de herida de bala, Pablo lo admiraba. Fue Pedro quien decidió matar a Santiago, pero quiso dejar el asunto cuando el alcalde les quitó los cuchillos. Fue entonces Pablo quien tiró adelante y fue a por los otros dos cuchillos mientras Pedro agonizaba tratando de orinar, media hora sentado con los pantalones bajados, cambiándose la gasa. Pero el hermano lo interpretó como una maniobra de dilación, así que arratró tras él.

Al pasar por casa de Prudencia Cotes, novia de Pablo, entraron a tomar café. Ella no trató de disuadirlos, «…no solo estaba de acuerdo, sino que nunca me hubiera casado con él si no cumplía como hombre». De hecho, lo esperó hasta que salió de la cárcel y se casó con él.

Cuando regresaron a la tienda, Clotilde les sirvió un botella de «gordolobo de vaporino» con la esperanza de rematarlos. Fue entonces cuando Pedro Vicario le pidió útiles para afeitarse. Le dio los de su marido, pero no usó la cuchilla, sino el cuchillo, una machada, costumbre de su época de militar. Pablo también se afeito, con la cuchilla. Entretanto, algunos curiosos entraron a fisgonear.

María Alejandrina apagó el negocio a eso de las tres para darle descanso a sus mulatas, llevaban tres días trabajando sin descando. Fue ella la que arrasó con la virginidad de aquella generación regentando su casa de citas. Santiago Nasar perdió por ella la cabeza, tanto que el padre tuvo en encerrarlo más de un año en El Divino Rostro para que se le pasara la fiebre, pero aún así siguieron con un vínculo especial y ella no se acostaba con nadie cuando él estaba presente. Cuando cerró, Santiago propuso dar una serenata a los recién casados y allí fuimos y tiramos cohetes. No se nos ocurrió que entonces ya no hubiera nadie en la casa, estábamos ajenos a aquella desgracia.

Santiago regresó con Cristo Bedoya por la orilla del río y lo acompañó hasta la entrada postrera de su casa. Apenas tenía una hora para dormir antes de ir a recibir al Obispo. Yo regresé con María Alejandrina Cervantes que me esperaba con la puerta abierta. Luis Enrique entró donde Clotilde a comprar cigarrillos y se encontró con los hermanos. Lo invitaron a un trago y le contaron sus intenciones, pero tampoco los creyó, estaba borracho. Cuando salió, se tropezó con el padre Amador, ya vestido para oficiar seguido por sus ayudantes. El padre había recibido el recado de Clotilde, pero lo olvidó por completo. Luis Enrique, luego, en su casa, se quedó dormido en el retrete. Su hermana la monja no logró despertarlo. Su otra hermana, Margot, logró arrastrarlo hasta la cama. Se despertaría al grito de «Mataron a Santiago Nasar».

(FIN DEL TERCER CAPÍTULO)

El alcalde ordenó la autopsia que realizó el padre Carmen Amador porque el doctor Dionisio Iguarán no estaba. Hubo que hacerla porque no había frigorífico para conservar el cadáver hasta el regreso del médico. Expusieron el cuerpo en el centro de la sala con ventiladores, pero todo el mundo quería verlo. Los perros no dejaban de aullar. Plácida había evitado que se comieran sus tripas y mandó encerrarlos. Se volvieron a escapar y, entonces, ordenó matarlos a todos. Estaba como dormido, pero al llegar la tarde las heridas comenzaron a echar un líquido almibarado, acudieron las moscas, comenzó a ponerse morado. El párroco había estudiado medicina en Salamanca, aunque no llegó a graduarse. Con ayuda del boticario y un estudiante de primer año, con el pobre instrumental de que disponían, hicieron una masacre durante la autopsia, pero el informe resultó correcto. Siete de las múltiples heridas eran mortales y tenía tantas cuchilladas que parecía un estigma del Crucificado. También se constató qu el cerebro pesaba más de lo normal y que tenía una hipertrofia en el hígado por lo que le quedaba poca vida. En efecto, tuvo una hepatitis mal curada a los 12 años, pero según Dionisio Iguarán, el doctor, el tamaño del hígado era normal en la gente del trópico, podría haber vivido mucho más. Después de la autopsia el cadáver había perdido completamente su identidad. Las vísceras acabaron en el cubo de la basura tras una bendición. El cuerpo, a punto de desbaratarse, fue metido en el ataúd, creían que así se conservaría mejor, pero hubo que enterrarlo al amanecer porque el hedor era ya insoportable.

Fui a refugiarme a casa de María Alejandrina. Las mulatas teñían en el patio sus ropas de luto. Ella estaba en su habitación, desnuda, en la cama, frente a una enorme fuente de comida, esa era su forma de llorar. Me acosté junto a ella y lloramos, pero no pudo complacerme porque «…olía a él».

Tampoco el olor a él abandonó a los hermanos Vicario por más que se restregaran con jabón en el calabozo. No podían dormir porque en sueños volvían a cometer el crimen… «Era como estar despierto dos veces», decía Pedro.

Recibieron un trato humano en el calabozo, agua, jabón y purgaciones, diuréticos y gasa estéril para que Pedro pudiera cambiarse. Pero nada logró calmar el dolor, creyó que no dormiría más, «Estuve despierto 11 meses». Ni siquiera comió. Pablo, en cambio, comió un poco pero sufrió una colerina pestilente (diarrea) que le hizo pensar en que había sido envenenado por los turcos, pero era imposible porque solo comió lo enviado por Pura Vicario. No obstante, el coronel los llevó a su casa hasta que llegó el juez de instrucción y los trasladaron al sinóptico de Riohacha.

Se temía la revancha de los árabes porque estaban entre ellos muy unidos. Eran laboriosos y su único vicio eran las cartas. Se casaban entre ellos y seguían hablando en árabe hasta la segunda generación. Pero cuando el coronel los visitó los encontró perplejos y tristes, sin propósitos de venganza. Tanto que fue la propia matriarca, Suseme Abdalá, quien recomendó la infusión que curó a Pablo.

A las tres de la mañana, Purísima Vicario fue a visitarlos con la familia para despedirse, no regresarían más al pueblo. Le pidió al padre Amador que confesara a sus hijos, pero Pedro se negó, no había de qué arrepentirse. Ni siquiera se mudaron del pueblo cuando fueron absueltos. La familia se había mudado a Manaure, a un día de camino. Allí se casó Prudencia Cotes con Pablo, quien llegó con el tiempo a ser orfebre depurado, como su padre. Pedro, en cambio, regresó al ejército y llegó a sargento, hasta que desapareció en una expedición por tierras de guerrilla.

La única víctima de esta historia fue Bayardo San Román. Cuando se acordaron de él fueron a la quinta y tuvieron que forzar la entrada. Lo encontraron inconsciente en la cama rodeado de botellas: intoxicación etílica. Cuando lograron recuperarlo los echó a todos de casa, pero el alcalde informó al general Petronio San Tomán. Al poco llegó la madre con dos señoras mayores, vestidas de luto. Descalzas, llorando, gritando, arrancandose el pelo, ueon acompañadas por el coronel Lázaro Aponte hasta la casa. Luego se sumó el doctor. Bajaron a Bayardo en una hamaca, parecía muerto, el brazo izquierdo arrastrando por el camino.

La quinta quedó sola. Todo lo que allí había fue desapareciendo lentamente, incluso el armario de 6 lunas. El viudo de Xius creía que era su mujer que estaba recuperando lo que era suyo desde el más allá. Y el coronel Lázaro Aponte lo tomaba a broma hasta que en una sesión de espiritismo la propia Yolanda de Xius se lo confirmó. Del coche, con el tiempo, solo quedó la carcasa.

23 años más tarde, Bayardo me recibió con agresividad, sin querer hablar del tema. De Ángela, en cambio, tuve noticias de vez en cuando por mi hermana la monja que la visitaba cuando pasaba por allí. Vivían en una casa grande en la que se desbordaban los retretes cuando subía la marea. Allí  se dedicaba a bordar a máquina.  Cuando la llegué a ver, usaba antiparras y peinaba canas amarilla. Pero con el trato pareció recuperar ante mis ojos la juventud y la encontré sensata y madura. La madre, en cambio, me trató con sequedad. Trató de enterrar en vida a su hija, pero Ángela se resistió y contaba su hisotia a quien quisiera escucharla, aunque jamás reveló quién fue el auténtico responsable y nadie creyó nunca que fuera Santiago Nasar. Santiago era un mujeriego pero de pueblo hacia afuera y nunca se le conoció otra mujer que Flora Miguel y su relación con María Alejandrina. Siempre creí que aquel día su nombre sonó al azar y ella protegía al auténtico responsable.

Ángela me contó cómo las amigas le habían dado instrucciones precisas para que a oscuras manchara las sábanas con mercurio cromo. Pero Bayardo San Román no se merecía esa mentira y ella estaba esa noche dispuesta a morir. Sin embargo, cuando se lo confesó, él se limitó a devolverla a casa y así fue cómo entró definitivamente en su vida. Toda la violencia que vino después la aguantó pensando en él. Y así siguió hasta el día en que fue a Riohacha a acompañar a su madre al médico y lo vio pasar. Por primera vez vio a su madre, entonces, como realmente era, «una pobre mujer consagrada al culto de sus defectos». De regreso estuvo 3 días llorando y esa misma semana le escribió la primera carta. A los seis meses le había escrito ya 6 cartas sin respuesta. Pero se conformó con saber que las recibía y el amor creció a cada carta, a la par que el odio hacia la madre. Seguía cosiendo, pero al caer la noche escribía hasta la madrugada. Durante media vida le escribió una carta semanal. Se fueron haciendo cada vez más largas, más intensas, desesperadas. Llegó incluso a sentir su presencia desnudo en el lecho. Ese día, tuvo que desahogarse en más de 20 folios convencida de que esa sería la última carta. Pero un mediodía de agosto se presentó. Estaba gordo y empezaba a perder pelo, usaba gafas. Sintió miedo porque fue consciente de que también él estaba apreciando en ella los estragos del tiempo. Llevaba todas sus cartas ordenadas por fechas, sin abrir, en una maleta: «Bueno, aquí estoy». Era él.

(FIN DEL CUARTO CAPÍTULO)

Durante años nos obsesionó a todos el papel que habíamos jugado en esta tragedia. Cada uno siguió a su conciencia. Hortensia Baute acabó echándose un día desnuda a la calle como penitencia por haber visto los cuchillos. Flora de Miguel se fugó con un teniente que acabó prostituyéndola. Don Rogelio de la Flor, marido de Clotilde, murió de la conmoción al ver el asesinato. Plácida Linero tuvo que vivir con haber cerrado la puerta y no haber sabido interpretar los presagios de aquel sueño. La gente se precipitaba a declarar. Tardé cinco años en recuperar 320 pliegos salteados de los más de 500 del sumario entre el caos del Palacio de Justicia de Riohacha, estaban sin clasificar, tirados por el suelo, con la planta inundada y los volúmenes descosidos, todo flotando por allí.

El nombre del juez no figuraba, pero debía ser aficionado a la literatura por sus profusas anotaciones marginales. Se notaba su perplejidad al no encontrar ni un solo indicio de que Santiago fuera realmente el causante. «Sobretodo, nunca le pareció legítimo que la vida se sirviera de tantas casualidades […] para que se cumpliera una muerte tan anunciada». Tampoco las amigas de Ángela supieron decir quién fue. Para el juez, como para nosotros, el comportamiento de Santiago Nasar en sus últimas horas era la mayor prueba de su inocencia, tanto que, cuando por fin supo que lo iban a matar, su reacción fue de perplejidad. Aunque hubo quien atribuyó su serenidad a una falsa confianza en que su dinero lo podría todo, como afirmaba Polo Carrillo, el dueño de la planta eléctrica.

También se lo habían dicho a Indalecio Pardo, seguros de que por amistad, lo prevendría, pero cuando lo encontró paseando tan tranquilo del brazo de Cristo Bedoya, no lo hizo. Sin embargo, la gente les abría paso, los miraban raro y Sara Noriega decía haberse espantado entonces de la palidez de Santiago. Celeste Dangond, sentado en piyama en la puerta, también lo invitó a café, pero tampoco le advirtió de nada porque la historia le parecía imposible. En cambio, Yamil Shaium sí que fue a buscarlo, pero prefirió consultar antes con Cristo Bedoya para no crear falsas alarmas. Cuando lo informó, acababa de separarse de Santiago dándole una palmada, fue a buscarlo inmediatamente pero ya había desaparecido entre la gente. Entonces se dirigió a casa de Santiago donde Divina Flor le informó de que aún no había regresado. Victoria Guzmán comprendió inmediatamente la gravedad de la situación, pero le quitó importancia, «esos pobres muchachos no van a matar a nadie». Eran las 6:56 y estaba amaneciendo. Cristo, no conforme, subió al dormitorio para comprobar, estaba cerrado y tuvo que acceder a través del dormitorio de la madre que dormía placidamente. Santiago no estaba allí y su «magnum» estaba en la mesita de noche. Lo cogió para dárselo, solo después del crimen se dio cuenta de que estaba descargado. Santiago, siguiendo la costumbre de su padre, siempre ponía la munición aparte.

Así lo descubrió la madre, que pensó que había entrado a robar. Cristo, confuso, no supo darle muchas explicaciones y se marchó. Al llegar a la plaza vio a Pedro Vicario con el cuchillo en la mano: «Cristobal, dile a Santiago que aquí estamos esperando». No se atrevió a disparar, pero les advirtió inútilmente de que Santiago iba armado; ellos sabían que solo llevaba armas cuando iba en ropa de montar.

Y Cristo Bedoya se lanzó desesperadamente a su búsqueda, pero nadie lo había visto. Advirtió al alcalde, que se sorprendió de que los mellizos volvieran a tener cuchillos y quedó en ocuparse del tema, pero se entretuvo entrando en el Club Social para confirmar una partida de domino. Cristo se encamino entonces a su casa pensando que encontraría allí a Santiago desayunando. Pero se demoró algunos minutos ayudando a Próspera Arango que tenía al padre moribundo tumbado en la carretera. Entre los dos lo subieron al dormitorio y, cuando salió los gritos, le advirtieron de que Santiago ya estaba muerto.

Santiago había ido a casa de su novia Flora. Pero a Cristo no se le ocurrió que pudiera haber ido allí porque sabía que aquella familia se levantaba muy tarde. El matrimonio entre Santiago y Flora había sido concertado por sus padres, pero los dos aceptaron conformes e iban a casarse esa Navidad. Flora se había despertado con la sirena del buque y le informaron de la noticia. Creyó que obligarían a Santiago a casarse con Ángela y se sintió humillada. Se marchó a llorar a su dormitorio. Cuando llegó Santiago, Flora lo hizo entrar para devolverle sus cartas en un cofre y encerrarse después en su habitación. Eran las 6:45 y Santiago se quedó allí, parado, perplejo. Tratando de que le abriera la puerta despertó a toda la familia. Fue el padre, Nahir Miguel, quien consiguió que por fin le abriera para pasar. Cuando salió informó a Santiago de que los hermanos Vicario andaban buscándolo para matarlo. Le ofreció su casa como refugio y su rifle. Pero Santiago exclamó «No entiendo un carajo» y se marchó. De camino a su casa, unos y otros le gritaban. También Clotilde le gritó. Santiago echó a correr hacia la puerta principal cuando vio venir a los hermanos hacia él, pero encontró la puerta cerrada. Plácida Linero informada de la noticia y creyéndolo en casa, atrancó la puerta justo en el instante en que él llegaba. A Santiago solo le quedó volverse para enfrentar a sus asesinos. «¡Hijos de puta!», gritó antes de que una cuchillada atravesara su mano. Lo siguiente fue una lluvia de puñaladas que parecía que no fuera a acabar nunca. «No te imaginas lo difícil que es matar a un hombre», me dijo Pablo, pero no caía porque ellos mismos lo sostenían con sus golpes. Al final, Pablo le dio un tajo horizontal que le sacó las vísceras. Entonces, Santiago cayó de rodillas.

Plácida se asomó al balcón a tiempo de ver huir a los gemelos perseguidos por Yamil Shaium con su escopeta. Sosteniéndose las vísceras, Santiago logró levantarse para entrar en su casa. Entró por la casa contigua. Poncho Lanao estaba desayunando con su esposa y sus 5 hijos ajenos a lo ocurrido. Recordaba a Santiago sosteniéndose las víscera y un terrible olor a mierda. Argénida Lanao lo recordaba caminando bello y con prestancia, les sonrió y continuó su camino. Se quedaron paralizados.

Mi tía, que estaba en el patio limpiando pescado, al verlo le gritó: «¡Santiago, hijo, qué te pasa!», «Que me mataron, niña Wene» -respondió. Entonces tropezó, pero se irguió, se sacudió la tierra adherida a las tripas y continuó. Entró en su casa y se derrumbó de bruces en la cocina.

FIN

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JOSÉ CARLOS ARANDA, OBRAS PUBLICADAS:

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JOSÉ CARLOS ARANDA AGUILAR, OBRAS PUBLICADAS

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Narrativa Andaluza en el Siglo XIX

Dos eran los objetivos que nos marcamos al comienzo de esta tesis: el primero, conseguir un conocimiento lo más preciso que nos fuera posible acerca de la aportación que los narradores andaluces hicieron a la literatura decimonónica, conocimiento que abriera el camino а futuras investigaciones concretando la disponibilidad del material anotado en buena parte de los catálogos al uso. Con el segundo, nos propusimos hacer una cala en el material localizado y proceder a su estudio, buscando límites y peculiaridades con respecto a las tendencias descritas para el siglo XIX.

El resultado abre las puertas a futuras investigaciones sobre el periodo y las tendencias narrativas de la época. Se presenta a modo de catálogo -diccionario- ordenado por orden alfabético con las precisiones que se especifican en el prólogo de la obra.

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Manual práctico para un buen uso de los signos de puntuación, Almuzara 2022

El libro idóneo para un empleo fácil y preciso de los diversos signos, logrando así que nuestros textos brillen con el máximo fulgor y elocuencia.

Una de las carencias más acusadas en quienes escriben actualmente estriba sin ningún género de dudas en el pobre o erróneo uso de los signos de puntuación. Y no es, desde luego, una carencia menor. Los signos de puntuación modulan el mensaje, enfatizan o atenúan ideas y contenidos y determinan la musicalidad de la prosa. En suma, una utilización incorrecta o inapropiada de los mismos puede hacer que un texto brillante se convierta en un amasijo casi ilegible, o todo lo contrario: que nuestras palabras cobren la fuerza y el vigor necesarios para seducir al lector y llevarle a compartir o disfrutar nuestros postulados.

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EL ARTE DE CONTAR UN CUENTO, Almuzara 2021

Si decimos que contar cuentos a los niños puede multiplicar hasta por 5 sus posibilidades de éxito escolar, habrá quien se extrañe, pero hay estudios que así lo demuestran. Pero para conseguir esta eficacia hemos de conocer las claves que hacen del cuento esa maravillosa herramienta didáctica, especialmente durante la primera infancia. ¿Cuáles son las técnicas para lograrlo? Contar un cuento va mucho más allá de un mero entretenimiento infantil, es una forma de transmitir conocimientos y emociones en un momento en que el cerebro está en proceso de formación. Pero hay que hacerlo bien.

Contar un cuento es un acto de comunicación en el que se condensan los elementos primordiales del aprendizaje. Aprendemos palabras nuevas asociadas a imágenes, a sensaciones, a emociones; aprendemos a expresar ideas mediante oraciones bien organizadas… Pero también aprendemos a decodificar un mundo de relaciones complejas, las que mueven a los personajes para resolver una situación problemática en que la solución, normalmente positiva, mueve a la esperanza. Si nos damos cuenta, esa es la esencia de cualquier cuento: un universo donde se desarrolla una historia, donde un problema fuerza a los personajes a moverse para lograr una solución. Esos personajes se mueven impulsados por emociones positivas o negativas, alentaremos unas, criticaremos otras. A su vez se relacionan entre sí ofreciendo catagorías básicas de comportamiento. El niño las escucha, las imita, las interioriza y las pone en práctica de forma inconsciente. De los dos a los tres años, el niño multiplica por 10 su capacidad léxica, pero para ello requiere de la estimulación adecuada.

Para lograr este milagro, hemos de tener en cuenta todo lo que conlleva un simple acto de comunicación y responder preguntas clave: ¿qué historia es mejor?, ¿cómo afecta al aprendizaje la diferencia de formatos de exposición?, ¿cuándo es mejor contar el cuento?, ¿cómo debemos contarlo?, ¿cómo influye nuestra expresividad, la gesticulación, la proximidad?, ¿qué diferencias hay entre un cuento contado, leído o representado, visto en televisión?, ¿cómo influye la actitud de la familia en el proceso de aprendizaje?, ¿cómo debemos coordinarnos con la Escuela Infantil?, ¿por qué insisten los niños en que les repitamos una y otra vez el mismo cuento?, ¿es bueno hacerlo?, ¿qué cuentos son los mejores atendiendo a la edad del niño?, ¿qué fundamentación científica hay en todo lo que venimos diciendo?

Responder a estas y otras preguntas me llevó a realizar una investigación que quedó recogida en mi segunda tesis doctoral. Este libro supone un acercamiento divulgativo para poner al alcance de familias, y también de maestros, el resultado de aquella investigación que, con gusto, reenviaré a quien me la solicite.

El resultado es una guía práctica, reflexiva, para lograr obtener de este recurso ancestral, todo el partido para transformarla en una magnífica herramienta de aprendizaje. Espero que os sea útil. Un fuerte abrazo a todos y muchísimas gracias por la acogida de esta nueva publicación.

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MANUAL PARA UNA CORRECTA SINTAXIS. Almuzara, 2019

Todo en la lengua es sintaxis, las palabras aisladas no tienen capacidad de comunicar, a través de la combinación elaboramos agrupaciones cada vez más complejas que permiten alcanzar la oración, unidad mínima con significado completo. Conocer la sintaxis es fundamental para una buena comprensión y expresión, dos de las competencias básicas de aprendizaje. Pero chocamos con el poco tiempo de que disponemos en clase, con la diversidad de nomenclaturas en las diferentes editoriales, con la falta de coordinación terminológica en los mismos departamentos. Este libro plantea una metodología de análisis gradual e interactiva que va de lo más elemental a lo más complejo, desde el sintagma nominal a las oraciones compuestas y el análisis de textos. Cada elemento y función se define desde una triple perspectiva: morfológica, semántica y funcional; en cada entrada se ofrecen abundantes ejemplos de oraciones ya analizadas; al final se enlaza con ejercicios de afianzamiento y repaso que permiten personalizar el aprendizaje en función de la evolución de los alumnos. El libro está íntegramente publicado en este blog, capítulo a capítulo, pero se hacía necesario el libro físico que ofreciera una visión de conjunto  y una guía de consulta rápida.

Para no engrosar el número de páginas, el final de cada capítulo remite a la URL donde se pueden encontrar los ejercicios de desarrollo. El poder consultar el libro en la red nos permite incorporar diferentes técnicas pedagógicas en el aula dependiendo del nivel en que nos encontremos. En concreto, personalmente me ha dado muy buen resultado la «clase invertida» y el «aprendizaje cooperativo por equipos en el aula» y esto sin necesidad de que los alumnos compren el libro. También permite mantener la estructura de análisis, terminología y conceptos a lo largo de los distintos cursos a pesar de los cambios de libros de texto y de las diferentes editoriales.

En el blog podemos acceder, asimismo, a las consultas que a lo largo del tiempo han ido realizando los usuarios. Y esta es la otra gran ventaja, lo que hace único este libro: permite interactuar con el autor. Ya superamos los 4.500.000 visitas y son más de 1500 las dudas y consultas resueltas.

Confío en que os será de una enorme utilidad en el aprendizaje y en la práctica docente.

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INTELIGENCIA NATURAL. ADOLESCENCIA, Toromítico 2016

La adolescencia definirá en gran medida la persona que serás. Gracias a los recientes descubrimientos neurológicos hoy podemos conocer mejor cómo funciona el cerebro adolescente, y aplicar métodos eficaces para potenciar el talento en su fascinante evolución.

La adolescencia se asocia a «edad problemática», «crisis», «desencuentros», «desavenencias familiares»… Pero, como sucede con toda crisis, estamos ante una auténtica oportunidad, y depende de nosotros como padres y educadores que el proceso sea menos traumático, y que el resultado sea más feliz. Gracias a los recientes descubrimientos neurológicos hoy podemos conocer mejor cómo funcionan sus cerebros, y aplicar métodos eficaces para potenciar su talento en cada instante de su fascinante evolución.

Esta etapa de transformación, que se inicia con la puesta en circulación de las hormonas sexuales, afecta a la vida y al cerebro, a la forma de percibir la realidad, a la autoestima, a la forma de relacionarse con los demás, a la forma de proyectarse en el futuro. No es fácil abandonar la seguridad de la familia para enfrentarse al mundo desde la individualidad y ser capaz de soñar un proyecto de futuro. Y, sin embargo, no tenemos más remedio que abrirnos paso.
El adolescente no es un enfermo, es un ser humano en proceso de transformación. Dejar atrás la niñez para aprender a ser un adulto es una de las tareas más titánicas que acometemos para existir. Con este libro sabrá cómo descubrir su inteligencia natural y potenciarla a través de la convivencia, con algunas pautas de observación y actuación, podremos comprender qué está sucediendo, anticiparnos a las inquietudes que van a surgir, conocer las transformaciones que afectan a su cerebro y a su psicología para ayudarles, desde la asertividad, a que conquisten su propia libertad como seres autónomos capaces de ser felices en la vida.

«En la mayoría de ocasiones, que un niño se sienta un triunfador o un fracasado depende de nuestra reacción ante los acontecimientos. Pertenezco a ese extraño club de personas que creen que la felicidad es posible, existe y se transmite. Y que es el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros hijos.» José Carlos Aranda

«Un privilegio. Este hombre reflexivo y sin arrogancia es profesor de secundaria; ¡qué privilegio tener un maestro de esta categoría! Defiende el entusiasmo como herramienta vital y la búsqueda de sentido como norte.» Ima Sanchís, «La Contra», La Vanguardia.

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    CÓMO HABLAR EN PÚBLICO. Berenice 2015 (2ª edición)

El miedo a hablar en público es uno de los más frecuentes, si no el más frecuente entre las  fobias que a todos nos afectan. Lo que necesitamos saber es que es algo que «a todos» nos ocurre en mayor o menor medida. Sin embargo es una de las habilidades más necesarias en la vida, algo de lo que puede depender una promoción profesional, el aprobado de una asignatura, la aceptación de un proyecto, de un presupuesto, o, simplemente, la posibilidad de poner nuestros conocimientos y habilidades al servicio de los demás.

Ese miedo puede superarse, controlarse y hacerlo actuar a nuestro favor. Cómo hablar en público es un manual sencillo, cercano y, sobre todo, práctico para lograr mejorar nuestras habilidades comunicativas. Presenta un novedad importantísima: los manuales al uso tratan el hablar en público en los grandes actos, charlas, conferencias, presentaciones, grandes aforos… En este manual considero el hablar en público como toda intervención de carácter formal que realizas frente a los demás. La misma preparación es necesaria para una gran conferencia ante doscientas personas, que para una reunión de empresa a la que asistirán quince, siete, tres personas. Los procedimientos, técnicas y habilidades que necesitamos son los mismos, nuestros miedos pueden variar, pero es muy posible que en una entrevista de trabajo nos juguemos bastante más que una charla o en una entrevista radiofónica.

En Cómo hablar en público te acompaño desde cómo vencer el miedo inicial a la intervención, hasta cómo controlar la comunicación no verbal, cómo organizar y estructurar tu discurso, cómo hablar y dirigirte a los demás, cómo intervenir según la situación comunicativa. Y esto descendiendo a los modelos más frecuentes: reuniones de trabajo, intervenciones radiofónicas, televisivas, charlas, debates o conferencias.

El resultado es un manual útil y cercano que os ayudará a potenciar esa capacidad comunicativa que todos, sí  tú también, llevamos dentro.

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ORTOGRAFÍA FÁCIL. Berenice, 2014 (2ª edición).

Este libro es un libro de consulta para resolver rápida y eficazmente nuestras dudas ortográficas en un momento dado. Al escribir el Manual de ortografía y redacción (Berenice, 2010) elaboré un estudio estadístico de los errores más recurrentes para diseñar el sistema de autocorrección y perfeccionamiento incorporado en la obra a través de los 60 dictados y 24 unidades dedicadas al aprendizaje del uso de los signos de puntuación (agradezco y agradeceré siempre  a Colombia, al Comité organizador del Concurso Nacional de Ortografía, que lo nombrara como uno de los 7 manuales de ortografía imprescindibles en las Bibliotecas). Usando ese índice, he centrado ahora mi atención en elaborar un libro de consulta rápida donde podamos acudir para resolver esas dudas que nos asaltan con frecuencia cuando estamos redactando un escrito. Dos claves interesantes aporta la obra: la primera, el acometer cada duda desde la comprensión del fenómeno, del porqué lo cometemos, para, inmediatamente, proponer soluciones prácticas que nos ayuden a evitar la duda; la segunda clave es una cierta dosis de humor para quitar hierro a algo tan arduo como la ortografía, porque muchas veces la sonrisa ayuda a retener ese truco fácil que nos puede ahorrar la duda.

Inteligencia natural 2ª Edición

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INTELIGENCIA NATURAL «IN». Toromítico, 2013 (2ª edición) #Inteligencianatural

Todos nacemos con un tremendo potencial de inteligencia, pero el talento es «la inteligencia triunfante» es decir, aquella que logra lo que se propone. Para conseguir seres capaces de ser felices necesitamos personas que sueñen un proyecto de vida pleno y sean capaces de realizarlo. Y ello requiere el equilibrio entre la inteligencia cognitiva, la que nos permite conocer y comprender, la inteligencia emocional, la que nos permite conocernos y enfocar nuestras emociones en sentido constructivo al servicio de este proyecto personal, la inteligencia social, la que permitirá la puesta en valor de aquello que somos dentro del grupo humano del que formamos parte, y la inteligencia moral que nos ofrezca los fines justos que mueven nuestras acciones. Pero cada una de estas inteligencias va desarrollándose paulatinamente e integrándose en nuestro cerebro de forma diferente a lo largo de nuestro desarrollo desde la infancia. Primero vamos a conocer las dificultades a las que nos enfrentamos como educadores, luego nos adentraremos en conocer cómo va desarrollándose la mente de nuestro hijo. Por último veremos cómo podemos actuar en cada fase del proceso de evolución para no impedir su crecimiento potencial y ofrecerle los estímulos que necesita en cada momento.

El libro constituye un método integral para educar «personas», que no alumnos, capaces de enfrentarse y superar las dificultades sin perder la sonrisa.

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MANUAL DE REDACCIÓN PARA PROFESIONALES E INTERNAUTAS. Berenice, 2011.

Las nuevas tecnologías traen nuevos usos, con sus ventajas e inconvenientes. Pero no están reñidas con la corrección y el buen uso de la lengua. Los correctores en los procesadores de texto limpian muchos errores, pero inducen otros nuevos por exceso de confianza. La bilateralidad de comunicación impone nuevas normas. Nuestros escritos y correos electrónicos son nuestra mejor carta de presentación como personas o como empresas. Este libro, a través de la reflexión y más de 80 ejercicios nos ayuda a mejorar en todos estos aspectos, desde el «curriculum» electrónico al correo profesional. Por primera vez se incluye la autocorrección «on line» con la posibilidad de interactuar con el autor. Toda una apuesta editorial por la profesionalidad y el buen gusto.

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EL LIBRO DE LA GRAMÁTICA VITAL. Almuzara, 2010.

Es posible ser feliz. De la misma forma que existen una reglas para lograr un mensaje coherente, existen reglas para construir una vida coherente que nos permita alcanzar la felicidad y transmitirla. Este ensayo nos acompaña en esa aventura  a través de la lengua, el pensamiento y la actitud ante la vida. Todo un camino de reflexión que no nos dejará indiferentes.

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CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición) Una magnífica herramienta para el aula y para la preparación de comentarios críticos de diversa índole, desde el comentario de madurez hasta el comentario literario paso a paso. Por primera vez, se ofrece al lector el proceso de maduración y elaboración que va desde el texto al comentario elaborado. Desde la didáctica del aula vamos progresando a través de los diferentes niveles de observación de una forma cercana y práctica aplicando un nivel de dificultad creciente y progresivo para fomentar el aprendizaje.

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MANUAL DE ORTOGRAFÍA Y REDACCIÓN. Berenice, 2010 (2ª edición).

Libro de autoaprendizaje y consulta. 60 dictados y 24 sesiones para el aprendizaje y perfeccionamiento de la ortografía y los signos de puntuación. Para los que no se contentan con saber solo cómo se escribe y quieren también saber por qué y cómo pueden evitar una duda concreta. Indispensable en cualquier despacho profesional. Libro de coleccionista, incluye el primer índice léxicográfico en lengua castellana remitido a las reglas ortográficas con más de 2.500 vocablos.

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INTELIGENCIA NATURAL. JOSÉ CARLOS ARANDA. Toromítico, 2013 (comentado por su autor)

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#Inteligencianatural #JoseCarlosAranda

Os presento mi último libro. En él me dirijo a padres, familia y educadores. Educar es fácil, tanto que resulta inevitable. Querámoslo o no educamos desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos por la noche. Otra cosa es ¿cómo educamos?, ¿para qué educamos?, ¿quiénes educamos?

Diapositiva Inteligencia natural

Defiendo la idea de que debemos educar a nuestros   hijos para que sean felices fomentando el desarrollo de sus capacidades en cada momento de su evolución. Y para ello no es necesario invertir en carísimos cursos, simplemente seguir algunas pautas oportunas que fortalezcan su autoestima, su capacidad de aprendizaje, su socialización y su capacidad de automotivación. Y ello es posible.

Imagina el teclado de un piano. Todos los sonidos están contenidos en él. Lo que suene dependerá de las teclas que elijamos, de cómo las combinemos y del ritmo que imprimamos a esas combinaciones. Nuestro cerebro es algo muy parecido, pero tiene más teclas, 20.000 genes organizados en 23 parejas de cromosomas. Esta potencia es la que podemos desarrollar a través de la inteligencia natural. Pero, además, el cerebro humano viene dotado de algo tan maravilloso que lo hace único: su plasticidad, su capacidad de discriminar aquello que va a resultar esencial para su supervivencia de lo que es accesorio y desechable. Si a esto le añadimos una curiosidad a prueba de bomba… Ya tenemos los ingredientes básicos para el desarrollo y la aventura. El niño, desde que nace, emprende su propia aventura a la búsqueda de la autonomía, de ser autosuficiente dentro de un conjunto humano. De nosotros, padres y educadores, dependerá lo apasionante o aburrida que pueda ser esta aventura.

Con un lenguaje sencillo y utilizando a modo de ejemplo anécdotas sacadas de la experiencia trato de transmitir cómo el conocimiento, por sí mismo, no es suficiente, cómo necesitamos del equilibrio entre inteligencias, integrar la inteligencia emocional y social en el desarrollo, y un buen piloto para dirigir todo esto: la inteligencia moral.

Para potenciar eficazmente las capacidades de nuestros hijos, lo primero es conocer cómo funciona y va desarrollándose su cerebro en cada etapa, desde el nacimiento. Luego regresaremos sobre cada una de ellas para ver cómo podemos ayudarlo, cómo podemos potenciar sus habilidades, qué conviene observar, qué conviene impedir, y cómo actuar en cada caso.

Ha sido apasionante escribir este libro, porque hay cuestiones que todos deberíamos conocer para actuar con eficacia, porque fácilmente nos podemos equivocar creyendo hacer un bien a nuestro hijo. En él he revivido los sentimientos de toda una vida como padre y como educador. Espero haber tenido la suerte de transmitir esa emoción al lector a través de las páginas.

José Carlos Aranda

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LUCES DE BOHEMIA. RAMÓN MARÍA DEL VALLE INCLÁN

Para quienes aún no hayáis leído la obra, aquí la encontraréis gratuita en formato pdf. Es una obra maestra que conviene leer tranquila y reflexivamente.

LUCES DE BOHEMIA. LA OBRA

El siguiente estudio os ayudará a familiarizaros con la obra, estructura, personajes y argumento. LUCES DE BOHEMIA. ESTUDIO DE LA OBRA.

Con motivo de la representación de La Noche de Max Estrella en Córdoba, dejé esta otra reflexión que puede ser de mucha ayuda para enfocar un comentario crítico, aquí tenéis también el enlace. LA NOCHE DE MAX ESTRELLA. UNA NOCHE DE TEATRO.

Y aquí encontraréis la película realizada que, si bien se permite licencias en el desarrollo de la trama, resulta muy fiel al espíritu, personajes y diálogo. El inicio con un «reddere in extrema res» -empezar por el final en lugar del principio, con el muerto de cuerpo presente en el velatorio de Max- resulta acierto cinematográfico por cuanto aporta un dramatismo lírico que prepara el ánimo del espectador para el esperpento que se va a desarrollar.

LA PELICULA DE «LUCES DE BOHEMIA»

La obra completa junto a un amplísimo y magnífico estudio introductorio, realizado por el Departamento de Lengua del IES Maese Rodrigo de Carmona (Sevilla)  la encontraréis en este otro enlace EDICIÓN ESCOLAR DE LUCES DE BOHEMIA, IES MAESE RODRIGO

 

OBRA ANOTADA CON INTRODUCCIÓN SOBRE ALEJANDRO SAWA Y MAX ESTRELLA (RECOMENDADA)

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HIJOS TRIUNFADORES. POR LUIS NAKAO (MARZO 2007)

HIJOS TRIUNFADORES

Por Luis Baba Nakao (Marzo de 2007)

Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no solo el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia…, eso será lo que buscarán quienes seleccionan personal. Para los trabajadores independientes será un auto requisito.

Un hijo forjará el carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad, los niños y jóvenes podrán resolver los problemas asertivamente. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y obrarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.

¿Exceso de autoridad? ‘Siempre será mejor el exceso de autoridad’. El límite lo pone la siguiente regla: ‘No se debe humillar’. Lo que es el niño o el joven hoy será el adulto del mañana en cuanto hay que mirar al hijo como un adulto potencial.

¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos evitarles todo sufrimiento. Deben comprender la muerte, los problemas de la vida, las dificultades económicas en casa, los problemas en el trato con sus semejantes. No debemos resolverles todas las dificultades, no debemos darles gusto cuando no hay cómo, hay que ayudarlos a que ellos las resuelvan. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. Evitándoles el sufrimiento hacemos un daño irreparable. Darles todo los incapacita para luchar por lo que de verdad vale la pena. Hay que enseñarles a hacer esfuerzos adicionales. Que sepan que siempre se puede un poquito más. Nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillitas y abonar mucha tierra.

Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a ‘sentir la falta de’. Hay jóvenes que no juegan su deporte favorito si no tienen tenis de ‘marca’, hay jóvenes que se resisten aceptar una invitación si no van con vestido nuevo; hay gente joven que no se moviliza a otro lugar si no es en carro o si papá y mamá no los llevan; aunque tengamos para darles 100%, ellos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de pequeños, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros con ellos. ¿Cómo les enseñamos a carecer? Dándoles un poquito menos de lo que necesitan. Así aprenden a apreciar lo que tienen y a no ser ingratos. Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos hacer de comer? Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! Es no sólo por su bien alimenticio, sino que es excelente que aprendan a carecer. ‘Mami…no me gustan las lentejas’. Si quieren hacerles un bien para la vida, denles lentejas, no lo cambien por la hamburguesa o la pizza que anhelan. Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar o agredir), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA!…Las lentejas de la nevera calentadas!

También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, ordenar los cuartos, lavar los platos, arreglar la mesa, etc. Hay que educarlos para que realicen las labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer y hacer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.

Las mesadas deben ser una cantidad fija, mas bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar inteligentemente el dinero.

El respeto por el adulto jamás debe transgredirse. A un padre no se le debe exigir lo que materialmente no puede ofrecer, no se le debe descalificar, menospreciar, burlar ni mucho menos gritar. Un padre jamás debe permitir la subvaloración por parte de su hijo.

 Formemos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos. Que se superen así mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener dinero o propiedades. Triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con lo que tienen y con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.

 Los hijos con carácter templado, con algunas carencias, educados en el servicio, plenos de amor, con respeto a la autoridad e ilusiones, serán hijos triunfadores.

 Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país, donde reinen la libertad, la abundancia, la justicia y la felicidad

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