VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE: EL FÍSICO ESTADOUNIDENSE ROBERT LANZA AFIRMA QUE SÍ.

«LA IDEA DE LA MORTALIDAD NO TIENE SENTIDO»

La física demuestra que hay vida después de la muerte, pero «nuestra mente no lo ve»

13/01/2014 (06:00)

“La muerte, tal y como la concebimos, no existe, sólo es una ilusión”. Esta es la principal conclusión a la que ha llegado el médico y director de Advanced Cell Technology Robert Lanza, defensor de la teoría del biocentrismo, en la que se niega que el tiempo o el espacio sean lineales. Para la gran mayoría de científicos este tipo de afirmaciones son sólo sandeces o, al menos, hipótesis indemostrables. Sin embargo, Lanza parece haber encontrado en el famoso experimento de Young, también denominado de la doble rendija (doble-split), el perfecto aliado para defender su tesis. Si con este se logró demostrar la naturaleza ondulatoria de la luz, Lanza pretende hacer lo propio con el espacio y el tiempo.

En la obra Biocentrism: How Life and Consciousness are the Keys (BenBella Books), el físico norteamericano parte de la premisa de que la vida crea al universo, y no al revés, la base misma del biocentrismo. A partir de aquí, va deduciendo paso a paso que la mortalidad es una idea falsa, creada por nuestra conciencia.

La mortalidad es una idea falsa, creada por nuestra concienciaEn primer lugar, sugiere que la conciencia de una persona determina la forma y el tamaño de los objetos en el universo. Para explicarlo, utiliza como ejemplo la forma en la que percibimos el mundo que nos rodea: “Una persona ve un cielo azul, y se le dice que el color que están viendo es azul, pero las células cerebrales tienen la capacidad de variar esta percepción, pudiendo ver el cielo de color verde o rojo”. En pocas palabras, concluye, “lo que vemos sólo existe gracias a nuestra conciencia”.

El multiverso y la teoría de las cuerdas

Este es el motivo por el que Lanza dice que creemos en la muerte. Al observar el universo desde el punto de vista del biocéntrismo, erramos a la hora de concebir el espacio y el tiempo, pues lo haríamos en función de lo que nos dicta la conciencia. En resumen, el espacio y el tiempo son «meros instrumentos de nuestra mente”, por lo que entender la muerte como algo terminal no tendría sentido según sus tesis.

Robert Lanza.

Robert Lanza. Al concebir que las dimensiones espacio-temporales son meras construcciones mentales, la inmortalidad sería una realidad para Lanza. Es decir, hay vida después de la muerte (física) debido a que habitaríamos un mundo sin fronteras lineales de espacio y tiempo, lo que entronca con la teoría de las cuerdas.

A pesar de ello, lamenta el científico, seguimos creyendo que “la vida es sólo un poco de carbono y una mezcla de moléculas, las cuales dan forma a nuestra existencia durante un tiempo y luego vuelven a descomponerse en el suelo”, explica el físico. ¿Por qué? Simplemente, “porque se nos ha ensañado que las personas se mueren, aunque sólo existe la evidencia de que desaparece el cuerpo en un momento dado”.

“Trascendemos a la vida, pero nuestra mente nos impide verlo”

Para explicar la muerte física del cuerpo, Lanza recurre a la teoría del multiverso o universos paralelos. Una interpretación a la que se ha dado un fuerte pábulo debido a los datos recogidos por el satélite Planck, que mostró una serie de anomalías supuestamente causadas por la atracción gravitatoria de otros universos. Así, según Lanza, “todo lo que ocurre en nuestro universo está sucediendo también en el multiverso, por lo que la vida nunca dejaría de existir en este sentido.

Cuando el cuerpo desaparece, nuestra vida se convierte en una planta perenne que vuelve a florecer una y otra vez en el multiverso“Cuando morimos, nuestra vida se convierte en una planta perenne que vuelve a florecer una y otra vez en el multiverso”, explica gráficamente el físico. Por tanto, la vida trascendería a la forma lineal bajo la que se rige nuestro pensamiento. Esto es porque, como sucede con las partículas de la luz, la materia y la energía “funcionan como las ondas”.

El estudio del fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) ha centrado en los últimos años la atención sobre la posibilidad de que exista la inmortalidad. Una de cada cinco personas que sobrevive a una parada cardíaca asegura haber tenido una ECM durante el tiempo de duración de un coma o de muerte clínica, en el que supuestamente desaparecen todas las señales externas de vida, pero que son capaces de narrar luego sus sensaciones y percepciones.

Investigaciones millonarias para demostrar la inmortalidad

Cada vez son más los investigadores médicos interesados en este fenómeno, y la literatura sobre el tema llegó a su cénit con la publicación el pasado año de La prueba del cielo: El viaje de un neurocirujano a la vida después de la vida (Zenith). Un libro superventas en el que el neurocirujano Eben Alexander narra su supuesta experiencia en el más allá durante el tiempo que estuvo en coma.

Para intentar acabar con esta incertidumbre, la fundación fundación John Templeton que, con base en Filadelfia, se describe a sí misma como “un catalizador filántropo para la investigación sobre las Grandes Cuestiones de la vida”, financiará con cinco millones de dólares una selección de proyectos de investigación sobre las experiencias al borde la muerte. Es lo que se ha dado en llamar el Proyecto Inmortalidad.

Entre los elegidos en el Proyecto Inmortalidad destaca Sam Parnia, director de investigación sobre reanimaciones en la Universidad de Nueva York, quien tratará de de determinar si las ECM son reales. Es decir, discernir si sus causas son físicas o, por el contrario, parapsicológicas o metafísicas. Para ello, el autor de Erasing Death: The Science That Is Rewriting the Boundaries Between Life and Death analizará la actividad cerebral de los pacientes que sufren un paro cardíaco. De este modo, tratará de determinar si las conexiones neuronales son susceptibles de provocar una experiencia subjetiva, verse a uno mismo fuera del cuerpo y en tercera persona mientras los médicos tratan de reanimarlo.

ENLACE DIRECTO CON EL ARTÍCULO DE «EL CONFIDENCIAL»

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INTELIGENCIA NATURAL en la COPE, «Así son las mañanas en la COPE», Rafael González entrevista a José Carlos Aranda

rafael gonzalez
Hoy martes, 30 de diciembre, me tendréis en entrevista en directo con Rafael González en el programa «Así son las mañanas en la COPE», a partir de las 12:30. Todo un lujo contar con profesionales como Rafael en la Radio de Córdoba. Espero que disfrutemos y disfrutéis de la entrevista. Un abrazo.

cope cordoba

José Carlos Aranda

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INTELIGENCIA NATURAL en Radio Aragón con Carlos Espatolero (28/01/2014)

radio aragon

El domingo 28 de diciembre de 2014. a las 10:00, estuve en Radio Aragón con Carlos Espatolero. Si os apetece escuchar la entrevista, podéis hacerlo en el siguiente enlace:

ENTREVISTA DE CARLOS ESPATOLERO A JOSÉ CARLOS ARANDA

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ALIMENTAR AL NIÑO QUE LLEVAMOS DENTRO (fragmento de El libro de la gramática vital, Almuzara, 2010)

niño abriendo ventana

«No dejes de ser niño,  solo los niños disfrutan de la magia de cuanto nos rodea porque todo se estrena para sus ojos nuevos. Después nos acostumbramos a vivir entre milagros y somos tan tontos que creemos que son cosas normales. Vuelve a dejar que la realidad te sorprenda en todo su esplendor, recupera el placer de la caricia suave de una mano amiga, de una sonrisa. Vuelve a dejarte atrapar en la transparencia arácnida de un ala de libélula y a disfrutar del vuelo de los pájaros sin preguntarte por qué. Vuelve a sumergir tu mano en la corriente fría de cualquier arroyo sin pensar nada más que en esa sensación, suspendiendo el tiempo en tus emociones porque has nacido para sentir. Acepta que el mundo es maravilloso porque sí.  Vuelve a reaccioar ante la belleza grandiosa que te rodea, disfruta este paraíso.

Material de forrado_El libro de la gramatica vital_26mm_251010.iVuelve a ser niño para vivir el presente, para vivir la vida -la vida es aquello que sucede mientras planeamos el futuro, decía John Lenon-, para disfrutarla sin ser víctima de tu pasado ni verdugo de tu futuro, por el sencillo placer de disfrutar. Está bien, muy bien, que la prudencia te lleve a anticipar los problemas  que pueden ir surgiendo en el camino, está muy bien que reflexiones sobre tu pasado y puedas rehacer, modificar, reconducir, mejorar tus actuaciones. Pero es necesario aparcar toda preocupación y dejar que la vida te llene por sí misma, después regresarás a tus preocupaciones, a tus anticipaciones, pero procura dejarte atrapar con frecuencia por lo maravilloso que puede ser vivir sin más. ¿Has visto alguna vez lo feliz que puede ser un niño, simplemente, botando una pelota? ¿No has dejado tu mente en el vacío contemplando el vuelo de una mariposa? ¿Nunca has lanzado una flecha al aire, simplemente, para ver cómo se deslizaba por el cielo para caer en cualquier parte, sin otro objetivo que disfrutar de su vuelo? ¿Nunca has oído un cuento sufriendo por la bruja sin racionalizar el hecho de que las brujas de los cuentos no existen? Luego volverá la razón, la seriedad. Pero recuerda siempre lo feliz que fuiste vestido de pirata y piensa que eso es una actitud mental. Deja respirar al niño que fuiste y que sigue viviendo en ti. Mantén la ilusión de descubrir la aventura que hay en cada nuevo día» (pág. 304)

Hoy he visto este vídeo, inspirado en un cuento de Peter H. Reynolds.  Cuando escribí estas líneas, allá por 2009, no lo conocía, pero me ha devuelto a estas páginas de forma tan gráfica que no he podido menos que compartirlas con todos vosotros. Aquí os dejo el enlace para que lo disfrutéis.

«Él era yo»

 

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“La publicidad de juguetes en Navidad puede producir en los niños más ansiedad que otra cosa”

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Hoy aparece publicado este titular en Mallorca Confidencial.com donde se hacen eco de unas recientes declaraciones mías. Me gustaría, en primer lugar, agradecerles la reseña realizada con motivo de la 2ª edición de Inteligencia natural y, en segundo lugar, aclarar algunos aspectos relacionados con la noticia.

Somos los que sentimos, las emociones preceden a las acciones, son ellas las que nos impulsan a actuar y a decidir. Constituyen una guía básica de supervivencia que motiva nuestra atracción o repulsión hacia conductas concretas. En la mayoría de los casos, la publicidad enlaza el estímulo concreto -marca y producto que se trata de promocionar- con imág.enes sonrientes de niños divirtiéndose y familia feliz. Se trata de asociar el producto con la promesa de emociones positivas asociadas al consumo; por ejemplo, promocionamos un coche por control remoto, la imagen nos muestra a un niño riéndose exhibiendo el juguete ante una familia que aplaude y  celebra al niño como si nunca hubieran visto nada más divertido. Es fácil asociar el objeto con familia, felicidad, reconocimiento, protagonismo… Cuando se logra la asociación la mente focaliza su intención y su objetivo hacia la consecución de esa «sueño», real para la mente del niño. En este sentido, conviene recordar que el niño distingue con dificultad lo real y lo imaginado, lo soñado, hasta los cuatro o cinco años, dicho de otra forma, en el cerebro del niño se produce la activación emocional real a través de la visualización de las imágenes. Luego viene la realidad, no siempre podemos satisfacer sus demandas, a veces, los precios son prohibitivos, otras veces, fijan su atención en productos no recomendables para su edad. Ellos sentirán la negativa en clave emocional de rechazo, es decir, no entenderán nuestras razones de precio o de inconveniencia, entenderán que no queremos que sea feliz, que si no queremos su felicidad no los queremos a ellos. La situación se agrava cuando el entorno, sus amigos, sus compañeros, tienen acceso a eso mismo que se les niega. Son situaciones trampa en las que hagamos lo que hagamos siempre perdemos.

Por esto es tan importante no exponer a los niños a la publicidad indiscriminada, en especial, durante las fechas navideñas… Pensemos en qué es aquello que le conviene y seamos nosotros quienes presentemos los posibles regalos a los niños. Dejarlos escoger es siempre positivo porque fomentamos la asertividad, pero dentro de parámetros controlados. Un error muy frecuente hoy es confundir tecnología con progreso y educación, aparatos electrónicos se regalan a edades cada vez más tempranas, mi consejo, no os dejéis arrastrar por la moda y consultad qué tipo de regalos son los adecuados. Y, recordad que lo que ellos desean realmente es vuestra sonrisa, vuestra compañía, vuestro reconocimiento, vuestro tiempo… Vosotros sois su mejor regalo, los publicistas solo asocian todo esto al consumo en unas fechas determinadas. No dejéis que sean víctimas ni confundáis falsas ilusiones con felicidad.

“La publicidad de juguetes en Navidad puede producir en los niños más ansiedad que otra cosa”.

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EDUCAMOS DESDE LAS EMOCIONES, PERO ¿EDUCAMOS LAS EMOCIONES?

 niño y padre

Hoy me encuentro con este artículo de Cristina García, pedagoga, terapeuta infantil, orientadora familiar y fundadora de Edúkame. El artículo pone las bases necesarias para una buena educación emocional. Un error muy frecuente en educación es confundir persona y actos… Todos hacemos cosas mal, lo que no quiere decir que «seamos malos», probablemente no sepamos hacerlo mejor. Pero los actos tienen su origen en la emoción, es esa emoción generada en la zona límbica de nuestro cerebro la que incita a la acción. Este componente emocional es una salvaguarda para nuestra supervivencia. Si ante un peligro determinado tuvieramos que racionalizar cuál es la causa de nuestro miedo en lugar de salir corriendo, el león ya nos habría comido en ese pequeño intervalo. Los niños están en proceso de desarrollo de la precorteza cerebral, el área del raciocinio y el lenguaje, según la edad verbalizan con dificultad y el mundo de las emociones les resulta desconocido, actúan por impulsos irracionales porque no han adquirido aún la capacidad de reconocer las causas ni de controlar las reacciones. Esto es difícil incluso para los adultos si no estamos entrenados o no hacemos el esfuerzo consciente. En el experimento sobre la anticipación de respuesta, solo el 40 % de los sujetos fueron capaces de producir alteraciones.

10569118_10202158566444495_1444027699_nEn Inteligencia natural (Toromítico, 2014, 2ª ed.) trato de cómo el educar contra las emociones, especialmente en la primera infancia, merma la autoestima y el desarrollo del niño sencillamente porque las emociones no las controlamos, son instintivas y nos asaltan sin previo aviso. Nadie decide tener miedo en una situación determinada, simplemente lo siente. Pero el miedo no es malo, como tampoco lo es la vergüenza o la envidia o los celos. Cada una de estas emociones tratan de ponernos a salvo de posibles peligros. De ahí que no debamos «prohibir» las emociones. Decirle a un niño que «los hombres no sienten miedo» es cruel e innecesario porque él no puede evitar sentirlo, el mensaje que recibe es «yo no soy ni seré un hombre porque siento miedo», de ahí la merma en su autoestima. Lo que sí podemos y debemos hacer es acompñarlos en el reconocimiento y gestión de sus emociones. En este sentido me ha interesado este artículo. Las pautas que ofrece son sencillas y correctas, hay que poner límites ante una conducta que queramos corregir, pero indagando en las causas y ofreciendo pautas de conducta claras que faciliten al niño formas específicas de canalizar sus emociones: identificación, reconocimiento, gestión, son los tres pasos a seguir.

A lo expuesto yo añadiría la importancia del momento elegido para mantener la

ira

Ira

conversación con el niño. Es importante que se relaje, que se tranquilice… Es también importante que la conversación sea inmediata o muy próxima a los hechos que queremos corregir o perderá eficacia, pero recordemos que un niño alterado no escucha. Enseñémoslo a respirar y a tranquilizarse hasta que comprobemos que se ha relajado. La respiración es clave. En estado de alteración, estamos en el denominado «rapto de la amígdala» y escuchamos solo a nuestras emociones. No serviría de nada, si forzamos la situación solo lograremos una reacción de cierre y bloqueo. Para hablar, situémonos a su altura y mantengamos el rostro cerca mirándonos a los ojos. Evitemos gritar o usar tono amenazante, controlemos nosotros mismos nuestras emociones. Y entonces, procedamos a hablar con nuestro hijo.

Simplemente recordar que, como afirma el científico Jonah Lehrer, que «Si no fuera por  nuestras emociones, la razón ni siquiera existiría». Nos cuenta el caso de un paciente, Eliot, que perdió una pequeña parte de la precorteza cerebral en una intervención quirúrgica. Aunque era un alto ejecutivo y su memoria e inteligencia parecían intactas, al cabo de un tiempo lo perdió todo. El problema era que no era capaz de tomar decisiones porque había perdido la capacidad de sentir emociones. Todo le era absolutamente indiferente. Las emociones, aún las más dolorosas y negativas, están ahí cumpliendo su función en nuestras vidas, importa conocerlas y aprender a gestionarlas escuchándolas y prestándoles la atención que se merecen.

Aquí os dejo con este interesante artículo:

«Educar la conducta a través de la escucha emocional, ¿cuáles son las pautas?.

La conducta de los niños se apoya en una emociónLos niños son seres emocionales por excelencia, ya dentro del útero materno inician su vida emocional (como afortunadamente científicos y expertos conocidos se están encargando de divulgar).Cuando nacen y a lo largo de toda su infancia, captan todo principalmente a través del canal de sus emociones.Así, ante estímulos desagradables como el frío, el hambre la soledad o un trato brusco sentirán miedo; ante una mirada agradable o un abrazo sentirán amor; ante la despedida del chupete sentirán tristeza; con un grito o castigo sentirán miedo, rabia o culpa; con la llegada de un hermanito sentirán celos, ante muchas normas y límites pueden sentir rabia o frustración, etc.

Vergüenza

Vergüenza

Todas estas son situaciones que los niños no saben procesar todavía con su mente; pues, por su corta edad sus habilidades de razonamiento se están formando. En cambio, ¡sí saben procesar emocionalmente!

Por este motivo, os invito a abrir los ojos del corazón ante la conducta de vuestros hijos. Si queremos ayudarles a superar todas las etapas de la infancia con la autoestima alta tenemos que hablar su mismo lenguaje: el de las emociones.

Limitar la conducta pero no la emoción 

Cuando un niño muerde, pega o empuja a otro niño actuamos censurando y corrigiendo esta conducta, algo que está bien y además es necesario, pues las conductas dañinas se deben limitar, pero no es suficiente. También es muy importante que averigüemos qué emoción ha originado esta conducta. Y lo más importante: que lo hablemos con él.

“Si muerdes haces daño y no está bien hacer daño a los demás. ¿Qué te ha pasado: te has asustado y por eso has reaccionado así; o te has enfado porque él tiene un juguete que tú también quieres?

Si el niño es muy pequeño, conviene que escuchemos su respuesta a través de los gestos de su cara, de su gesto corporal. Si tiene más de 4 años puede que use el lenguaje para contestarnos. Pero lo más importante no es que nos conteste, sino que mamá o papá “pongamos” palabras a lo que ha sentido y le ha hecho actuar así.

Tras nuestra escucha – con el corazón y la observación -, es importante que le indiquemos

Miedo

Miedo

de qué formas puede actuar la próxima vez que se sienta celoso, enfado, con vergüenza, etc; sin dañar a nada ni a nadie.
Detrás de la conducta de nuestros hijos hay un origen emocional que hemos de esforzarnos en observar y atender. Te proponemos cinco pautas para ayudar a tu hijo a identificar y gestionar sus emociones.

La escucha emocional

La escucha emocional nos ayuda a que el niño se sienta escuchado y comprendido, que conozca los sentimientos que le llevan a actuar de esa manera y sepa de qué forma puede expresar lo que siente.

Así pues no respondamos únicamente a su comportamiento, escuchemos y acojamos también la emoción que la sustenta:

  1. Describe lo sucedido con “frases espejo”, (sin censurar, reñir, o castigar) ¡veo que le has hecho daño!
  2. Pregúntale qué le ha pasado, qué ha sentido para actuar así. Ayúdale dándole pistas pues tú conoces más vocabulario y dominas mejor el lenguaje emocional.
  3. Escucha mirándole a los ojos y reconoce sus sentimientos de forma verbal y no verbal: puedes asentir con la cabeza o decir palabras cortas: vaya, ajá, ya veo, etc.
  4. Se censura o limita la conducta, nunca las emociones: ya veo te has asustado pero no está bien hacer daño a los demás…
  5. Muéstrale cómo puede expresar sus emociones, sin dañar a nadie, ni a él mismo, ni a nada. Si te sientes asustado lo puedes expresar con palabras, con un grito. Pero nunca mordiendo”.

Fuente: Cristina García. Pedagoga, terapeuta infantil, orientadora familiar y fundadora de Edúkame.

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EL ÁRBOL DE LA CIENCIA, resumen de la obra por partes y capítulos

Un resumen, por bueno que sea, nunca podrá sustituir la lectura reposada de la obra y menos de El árbol de la ciencia. En ella encontramos la síntesis de una época de crisis política, económica, social y existencial que engloba todas las inquietudes de la llamada Generación del 98. No es una obra que haya pasado ni que vaya a pasar porque en ella nos vemos lamentablemente reflejados en esta sociedad en que vivimos, tanto que da miedo. Lamentablemente, esta obra es una de las lecturas recomendadas para los exámenes de ingreso en la Universidad en España. Esto hace que sea necesario actualizar el argumento y los personajes de cara a esta prueba, siempre recomiendo este repaso a mis alumnos. Confío en que lejos de servir de sustituto, sirva de estímulo para acercarse a la obra de Pío Baroja, uno de los mejores retratistas de la literatura española.

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA de Pío Baroja (Madrid: Ediciones Cátedra, 1985)
PARTE PRIMERA: “La vida de un estudiante en Madrid”

I: “Andrés Hurtado comienza la carrera”
Serían las 10 cuando Andrés esperaba junto a los demás estudiantes en el patio que daba acceso a la antigua capilla a la que se accedía por la Escuela de Arquitectura; allí se impartiría la primera clase con que daría comienzo el curso y su carrera de Medicina. Abrieron la puerta y entraron en tropel impacientes por coger sitio en el graderío. Cuando entró el profesor con sus ayudantes provocó aplausos ridículos, y él los agradeció de forma ridícula. Después pronunció un discurso vacío y grandilocuente como si fuera un actor. Comenzaron las burlas.
La siguiente clase se impartía en la Universidad Central, hacia allí se encaminó con Julio Arancil, antiguo compañero de instituto, y Montaner, amigo de este. Aquella clase fue diferente, el viejo profesor, seco, cortó de raíz el primer conato de desorden.[38]
Hurtado y Montaner estaban encontrados, el uno republicano y antiburgués, Hurtado, monárquico y aristócrata, dándoselas de hombre de mundo… Los intentos de mediar de Julio eran inútiles.

II: “Los estudiantes”
Madrid vivía en una burbuja. Los estudiantes venían a divertirse, el estudiante serio no podía empeñarse, cualquier crítica era descalificada como fruto de la envidia. Estábamos estancados. La mayoría de los profesores universitarios, viejísimos, deberían estar jubilados y se mantenían porque tenían contactos o por vanidad. El profesor de Química era un buen ejemplo, sus clases eran un circo donde la gente fumaba, leía, gritaban, entraban perros o tocaban la corneta, menos atender cualquier cosa. Aquello, para Andrés, resultaba bochornoso [43].

III: “Andrés Hurtado y su familia”
Andrés se sentía solo desde la muerte de su madre a pesar de ser 5 hermanos. Su padre era alto, flaco, elegante, egoísta, dirigía la casa como un déspota sin dejar que Margarita, la mayor con 20 años, tomara las riendas. Le gustaba disponer de dinero para sus caprichos, vestir bien, cultivar amistades caras. Era socio de dos casinos. Su madre pasó la vida sufriendo creyendo que ese era su deber de esposa. Ahora muerta, don Pedro la idealizaba. Sus hijos favoritos era Alejandro, el mayor, y el pequeño, Luis. El mayor era su vivo retrato, inútil, juerguista, egoísta.
Margarita era seca y dominante. Pedro, el siguiente, estudiaba para abogado, no le importaba y aprobaba por recomendación, le gustaba vestir bien y divertirse. El pequeño, Luisito, tendría 4 o 5 años. Andrés no se llevaba bien con nadie, aunque él sí era admirado por Pedro y estimado por Margarita. Y quería con locura al pequeño Luisito. [46]

IV: “En el aislamiento”
Su madre era muy fanática de la religión y lo llevó a su primera Confesión. Andrés pasó mucho miedo, pero el cura pasó de él. Luego, su hermano Pedro le contó cómo para él lo de la confesión era un trámite, y acabó por ir a comulgar sin pasar por el confesionario. Aunque sus hermanos mayores estudiaron en Colegio Privado, él estudio en un Instituto público por cuestión de presupuesto familiar, eso lo despabiló y lo hizo triste y solitario. Andaba continuamente enfrentándose a su padre sobre todo por cuestiones políticas, pero también porque don Pedro no soportaba su independencia, por eso se enfadó tanto cuando decidió por su cuenta estudiar Medicina. Para él una persona decente solo podía ser conservadora y se reía de los revolucionarios. Margarita trataba de mediar, pero inevitablemente acababa marchándose a su habitación. Nunca le pedía dinero, prefería considerar a su padre como a un extraño. [49]

V: “El rincón de Andrés”
Don Pedro tenía buenas amistades, administraba un edificio propiedad de un marqués compañero de colegio. Trataba bien a los vecinos excepto a los de las “guardillas”, la pobreza solo era disculpable cuando iba acompañada de desvergüenza.
Al comenzar la carrera, Andrés logró un dormitorio para sí. El cuarto parecía una celda, pero pronto se lleno de libros y papeles, también de huesos que le pasaba el tío Iturrioz. La ventana daba a la parte de atrás, allí se entretenía poniendo nombres novelescos a cuanto veía. Por fin estaba a gusto. Luisito y Pedro, de vez en cuando subían a visitarlo.
Al final, le sorprendieron los finales y supendió la Química. Sus buenos propósitos para el verano pronto se esfumaron, apenas se enteraba de lo que leía y le pilló el toro, así que decidió pedir una recomendación a su tío. El examen le salió de vergüenza, pero la carta hizo su efecto y aprobó.[54]

VI: “La sala de disección”
Ya en segundo, los tres amigos coincidieron en la misma mesa de disección de cadáveres. Las asperezas entre Hurtado y Montaner se suavizaron y Andrés pidió a su hermana que le cosiera una bata para las prácticas. Aquello de los cadáveres producía en los estudiantes jovialidad o indiferencia; las bromas de mal gusto estaban al orden del día, también la brutalidad quirúrgica, y la ostentación de desdén hacia la muerte, la insensibilidad. Pero lo que más molestaba a Andrés era el traslado de los cadáveres desde el carro hasta el depósito. Los dejaban caer como sacos, golpeándolos, arrastrándolos, las cabezas rebotando contra los escalones al bajar al sótano, “Si las madres de aquellos desgraciados […] hubiesen visto el final miserable de sus hijos, hubieran deseado seguramente parirlos muertos”. También le resultaba desagradable la incineración de los pedazos, brazos, piernas, vísceras, sobrantes.
La curiosidad de Jaime Massó –amigo de Aracil- era tal que robaba trozos para llevárselos a casa y diseccionarlos. Era extraño Massó, decía ir dejando un rastro al caminar en un hilo que no podía romperse. También era un apasionado de Wagner. Aracil lo trataba como un payaso. Los tres amigos despreciaban a los provincianos, sus historias prebeyas. También huían de lo vulgar y bullicioso.
Su biblioteca fue formándose a retazos, medicina, historia de la Revolución Francesa… una pasión que mantuvo en secreto que lo hacía sentir diferente. A veces coincidía con dos antiguos compañeros, Rafael Sañudo, estudiaba para ingeniero, y Fermín Ibarra, un chico enfermo. Iban al café del Siglo, en la Calle Mayor. Sañudo y sus amigos solo hablaban de música, adoraban a Wagner. Andrés no entendía cómo a seres tan brutos podía a la vez gustarle la música. Iban por allí también algunas muchachas de aire dudoso. Había una rubia guapa, acompañada de su madre gorda –mirada retorcida y colmillo de jabalí. Su historia era hija de un sargento, casada con un relojero que acabó echándola de la casa por golfa.
No era este su ambiente. Tampoco el cante flamenco que le gustaba cuando era sencillo pero le repugnaban sus excesos. Algunos cafés cantantes y casas de juego le atraían porque se le antojaban peligrosos y entraba para alternar con bailaores, camareras, chulos… venciendo sus miedos. A veces visitaba a Fermín Ibarra, enfermo de artritis y le contaba lo que hacía. Después se sentía mal, con un vago sentimiento de dolor y amargura.[62]

VII: “Aracil y Montaner”
El verano fue largo, paseos por el Retiro con Margarita y Luisito, por la tarde, novelas (Dumas, Sue…) hasta aburrirse de crímenes y misterios. El nuevo curso estudiaría Fisiología, le hizo ilusión pero fue otra decepción. El libro no era más que un montón de recortes y el profesor era más un político que un médico, sin pasión por lo que enseñaba.
Hizo buenas migas con Julio, parecía más hombre, moreno, de palabra fácil e inteligente. Vivía con unas tías, y aunque modesto era independiente hasta el punto de renunciar a la protección de su primo Enrique, médico por oposición. Gracias a su habilidad en el juego, lograba llegar al fin de mes con el poco dinero que le daban sus tías para el teatro. Le gustaba rodearse de gente inferior a él y siempre andaba ocupado como un insecto en ganar dinero, un auténtico fenicio. Le molestaba todo lo que fuera molesto o exaltado como el patriotismo o la guerra. La dificultad en conseguir dinero constituía para él su mayor aliciente.
También Montaner tenía más de semítico que de ibérico. Era perezoso, tranquilo, blando, quizás porque vivía con varias hermanas de carácter avinagrado. Al acabar el curso, volvieron a marcharse. Andrés se reunía con Aracil y paseaban por El Retiro y criticaban a Julio, incapaz de hacer nada por nadie. [68]

VIII: “Una fórmula de la vida”
El aliciente de cuarto de carrera era el profesor Letamendi, sus teorías aplicando las matemáticas a la Biología lo deslumbraron. Pero cuando trató de defenderlas con Hurtado y sus amigos, estos científicos le demostraron que eran una sarta de simplezas sin fundamento, solo juegos de palabras barnizados de cientifismo. El único método del tal Letamendi resultó ser su palabrería. Este vacío acercó a Andrés a la Filosofía (Kant, Fichte, Schopenhauer…). Sus compañeros no lo entendías. En la mayoría de los libros franceses e italianos solo encontró divagaciones y esto le hizo volver a Kant y a la Crítica de la razón pura.[74]

IX: “Un rezagado”
Luisito cayó enfermo de fiebre tifoidea a principios de otoño. La enfermedad cedió a los 30 o 40 días gracias a los cuidados de Margarita. Por ese tiempo, se hizo amigo de un estudiante rezagado, Antonio Lamela, un gallego de aspecto frágil y misterioso. Antonio estaba enamorado, padecía de un romanticismo trasnochado que paliaba con las borracheras. Era un hombre chapado a la antigua para quien todos los problemas sociales se resolvían con la caridad. La amada de Lamela resultó ser una solterona fea, negra, nariz ganchuda y vieja. Sin embargo, vivía permanentemente pendiente de sus actos. Residía en un pequeño cuarto en una casa de huéspedes de Lavapiés donde estudiaba metido en la cama con los libros descosidos y rodeado de botellas vacías que escondía en los lugares más insospechados por miedo a que se las robaran. Dormía con una botella bajo la cama para beber si despertaba.
Nunca discutía con los profesores y, para él, solo había dos clases de personas: los de buen corazón y los mezquinos y vanidosos. Aracil y Montaner eran de estos. [80]

X: “Paso por San Juan de Dios”
Con vistas al examen de ingreso en el Hospital General, los tres amigos decidieron apuntarse a un curso de enfermedades venéreas. El Hospital de San Juan de Dios resultó un estercolero humano en un edificio inmundo. El médico encargado trataba a aquellas desgraciadas con una crueldad inútil, aplicándole castigos severísimos por supuestas faltas como quejarse en la cura o hablar durante la visita. Cierto día, ordenó matar a un gato que hacía compañía a una enferma. Andrés le soltó “Canalla”, y no volvió a aparecer por allí.
Otro día se sintió conmovido por el mitin de un anarquista, Ernesto Álvarez, pero Julio Aracil, mucho más pragmático, frenó su sentimentalismo: Si quieres intervenir, dedícate a la política, si no, déjalo correr. Pero Andrés no pensaba en la política, no le inspiraba confianza. En la vida ni había ni podía haber justicia. Poco a poco iba inclinándose hacia el anarquismo espiritual basado en la simpatía y en la piedad sin soluciones prácticas. Estaba desconcertado y sobreexitado intelectualmente. [85]

XI: “El alumno interno”
Gracias a la recomendación del tío Iturrioz fue llamado por un médico amigo especialista en diagnósticos. Había llegado la fecha del examen de ingreso en el Hospital y, aunque no sentía afición, el dinero y la experiencia le vendrían bien. Este médico era un hombre vocacional que vivía por y para su carrera. Pero a Andrés le interesaba todo menos los síntomas y el médico no tardó en darse cuenta: la vida de las monjas en el hospital, la administración… La gestión económica era inmoral, como la actitud de los trabajadores. Algunos médicos, curas e internos se pasaban las noches jugando y apostando. Los curas no tenían vocación; uno de ellos, el Lagartijo, vivía siempre entre apuros económicos por el juego, quejándose continuamente. Las monjas habían tomado el hábito por sobrevivir. Un día, un enfermero le dio el diario de una monja que había encontrado, Sor María de la Cruz. Eran notas breves que abarcaban 5 o 6 meses. Ya había muerto contagiada de tisis en el hospital. A base de leerlo, llegó a sentir obsesión por ella.
En este ambiente, el hermano Juan resultaba extraño. Era un místico que iba a cuidar a los enfermos. Era bajito, con barba, y vivía en un callejón cercano. Siempre estaba disponible. Su vida era un misterio. Una noche de guardia fueron a pedirle de comer y les dio café, azúcar y galletas. Cuando recibía dinero, convidaba a los convalecientes y regalaba. Para Andrés, lo normal era que el hombre huyese del dolor ajeno, por eso había algo repulsivo en este ser a pesar de su caridad y sus buenas obras. No lograba entenderlo. [91]

PARTE SEGUNDA: “Las Carnarias”

I: “Las Minglanillas”
Montaner se había quedado atrás, pero él seguía como interno con Aracil y su amistad se fue afianzando. Julio lograba hacer cosas extraordinarias con su pequeño sueldo. Un día lo llevó a casa de las Minglanillas, Nini y Lulú, hijas de una viuda venida a menos. Estaba en relaciones con Nini, la mayor, solo para entretenerse. Andrés no entendía que actuara así deshonrando a una muchacha, pero Julio pensaba que en la vida hay que aprovechar las oportunidades. Estas vivían en una casa de vecinos en un ambiente de miseria. La madre, doña Leonarda, era hosca y falsamente amable, se las daba de aristócrata. Su marido había sido subsecretario y vivía de sus recuerdos de gloria.
Lulú era graciosa, no bonita, con unos ojos muy humanos. Tenía picardía e ingenio, pero carecía de ingenuidad, “marchita por el trabajo, por la miseria, por la inteligencia”. Tenía 18 años. Nini era más mujer, más vulgar. Andrés estaba convencido de que doña Leonor sabía lo que estaba pasando, y consentía confiando en que aquello acabara en boda. Andrés se sentía muy violento con aquella situación. [98]

II: “Una cachupinada”
Julio invitó a Andrés al baile de carnaval en casa de las Manglanillas. Allí conoció a Antoñito Casares, un chulo andaluz para quien las mujeres pobres solo servían para divertirse, y las ricas para casarse. En esto último concentraba sus energías. Ellas lo aceptaban engañadas por su apariencia pero al descubrir que solo era un pobre periodista, lo rechazaban. Pero Julio lo consideraba un igual, alguien capaz de ayudarlo en la vida.
Al comenzar el baile, Julio mandó a Andrés a entretener a Lulú. Entre las muchachas, destacaba una rubia llamativa con una historia sórdida. Se había fugado con un rico al hotel de La Prosperidad, se dejaba ver en el balcón, medias de seda calada, camisas de seda… Las vecinas no soportaban a Estrella. Su padre había sido procesado por violar a una niña, su hermano le había pegado 2 tiros a la mujer. Su hermana, Elvira, de 12 o 13 años, muy bonita y descocada, seguía sus pasos.
Lulú habló con Andrés y rechazó la invitación a bailar de Casares. Conocía las intenciones de Julio como también que Andrés era de otra manera. No se dejaba impresionar por los hombres, tenía una lucidez temprana y cierta repulsión al sexo quizás fruto de la miseria. Llegó a confesarle que nada esperaba de la vida. A las 12:30 terminó el baile, doña Leonor era inflexible, las niñas tenían que trabajar al día siguiente. [103]

III: “Las moscas”
A la salida fueron a casa de Virginia García, una comadrona cuarentona, rubia y gorda que se las daba de sensible. Estaba reunida con un profesor de italiano que continuamente se quejaba de la falta de confort de España, también había un tipo siniestro, director de la revista El Masón Ilustrado. Estaba de guardia, en su casa atendía partos de muchachas de buena familia que habían quedado embarazadas, “Pobrecitas, qué malos sois los hombres”.
No podían seguir allí. Al salir se encontraron con Victorio, sobrino de un prestamista, acompañado de una chulapa, iban al baile de la Zarzuela. Al poco, se les unió el director y pusieron al corriente a Andrés: la comadrona se dedicaba a los abortos y las tercerías, la trata de muchachas. Había enterrado a dos maridos. El italiano era su cómplice, sus idiomas los había aprendido ejerciendo como carterista en los hoteles. Se despidieron para ir a casa de Villasús, un autor dramático con dos hijas coristas. Por el camino compraron unos pasteles. Una muchacha los hizo pasar a un estudio de pintor donde los recibió Rafael Villasús, un majadero que se creía poeta bohemio y había echado a perder a sus dos hijas, Pura y Ernestina. Pura, la mayor, tenía un hijo y su amante era un imbécil y un granuja, fabricante de chistes fáciles, amigo del padre. Allí estaba e hicieron entre ambos exhibición de ingenio tomando por halagos las burlas que les hacían para reírse de su estupidez.
Cuando fue a beber agua a la cocina, se encontró con Casares y el director. Este se proponía ensuciarse en el puchero. Andrés lo llamó “imbécil” y se le enfrentó. Medió Casares y la cosa no pasó a mayores: “Doña Virginia explotando y vendiendo mujeres; aquellos jóvenes encarneciendo a una pobre gente desdichada. La piedad no aparecía por el mundo”. [109]

IV: “Lulú”
Lulú no era bonita, pero sí graciosa y clara, tenía además cierta malicia. Aquella alcahueta le había ofrecido llevarla a casa de un viejo, la había llamado “tía guarra”. Era inteligente y cerebral. Trabajaba en un taller por 3 pesetas al día. Le gustaba con una picardía admirable. A veces se ensimismaba en largos silencios. Contestaba con desparpajo a los requiebros, tanto que la madre y la hermana se avergonzaban de su modo de hablar. No guardaba respeto por nada ni por nadie, pero era buena con los viejos y los enfermos, también servicial.
Doña Leonarda añoraba la vida de antaño que recordaba con don Prudencio, un chulo grueso con acento andaluz que de vez en cuando las visitaba. [112]

V: “Más de Lulú”
A veces, salía a pasear con doña Leonarda y Lulú por el Jardín Botánico o por El Retiro. Lulú le contó cómo de pequeña sufrió jaquecas y ataques de nervios, cómo le pegaban y cómo algo de todo eso quedó en su carácter desigual. Pasaba de periodos de gran actividad a periodos de cansancio. Lulú no tenía una moral al uso, tenía una idea noble y humana de la vida. Estaba dispuesta a irse con un hombre que la quisiera sin atender al “qué dirán”. Si luego salía mal, la ilusión y la felicidad vivida nadie se la podría quitar. Le contó a Andrés cómo con 12 años estuvo a punto de ser violada, sin acritud porque “…para una mujer que no es guapa como yo, la cosa no tiene gran importancia”.
Algunos sábados salían juntos con Julio, Nini y su madre, al teatro, a tomar café. [115]

VI: “Manolo el Chafandín”
La señora Venancia era una amiga y vecina de Lulú. Tenía 60 años y se pasaba todo el día planchando. Vivía con su hija y su yerno, Manolo el Chafandín. Tenían 3 o 4 hijos, el último de pecho, al que Lulú solía pasear por la galería. Manolo no trabajaba, y la hija de Venancia era una vaca borracha y vaga. Un día en que la hija estaba insultando a su madre, Lulú se metió en medio y la puso en su sitio, se insultaron. Manolo el Chafandín iría a pedir explicaciones y doña Leonarda estaba temblando. Al enterarse, Andrés las tranquilizó: Julio y él estarían allí con ellas. A media tarde se presentó con la garrota en el antebrazo izquierdo. Entró y comenzó a divagar, Lulú había insultado a su mujer y el asunto exigía una reparación. Como nadie le replicaba fue subiendo el tono y envalentonándose hasta que Andrés, muy tranquilo, lo invitó a sentarse y después le dejó claro que estaba dispuesto a abrirle la cabeza con la silla por imbécil. El chulo salió por pies soltando bravatas mientras Julio y la familia retenían a Andrés. [119]

VII: “Historia de Venancia”
Venancia era una vieja sirvienta que no paraba de trabajar. Para ella, la aristocracia era una especie superior a la que todo estaba permitido, algo que a Andrés le parecía monstruoso. Mientras planchaba, la Venancia contaba historias de sus amos. Su primera ama era una mujer caprichosa, loca y violenta que maltrataba a todo el mundo. Se escondía para sorprender los comentarios que pudieran hacer sobre ella, vestía mal a su hija para que nadie se fijara en ella. Cuando murió su hijo estaba vestida para salir a un baile, le pidió a la Venancia que disimulara para no perderse la fiesta.
Después fue a parar con otra guapa y generosa que tenía los amantes a pares. Pasaba de estar en la iglesia a marcharse con su amante. Un día llegó el duque a deshora y tuvo que ayudar al amante a escapar justo a tiempo. La Venancia conocía todos los sórdidos manejos de la aristocracia, pero no aceptaba la opinión de Andrés de que esta gente era morralla. Para ella, todos eran buenos y caritativos. Él quiso explicarle que su dinero procedía del trabajo de los pobres y que era una situación que podía cambiar. Todo aquello no era más que una fantasía para la Venancia.[123]

VIII: “Otros tipos de la casa”
Lulú seguía la vida de sus vecinos. En una buhardilla vivía la tía Negra, una vieja verdulera borracha a la que daba por vitorear a la República e insultar a las autoridades. Otra vecina era la Benjamina, doña Pitusa, una limosnera a la que gustaba el aguardiente. Sorprendía a los transeúntes en plena calle, con su velo negro, con narraciones trágicas: su pobre hijo había muerto… Pero su hijo, el Chuleta, tenía 20 años y era un tipo fúnebre, vengativo, tenebroso. A Manolo el Chafandin se la tenía jurada. Tenía muchos hijos que se parecían a él. En otra buhardilla vivía Paca la Gallega que tenía como pupilos a un cesante, don Cleto, un hombre culto venido a menos que vivía de la caridad. Este viejito flaco luchaba con su pobreza por mantener la dignidad. Paseaba, saludaba cortésmente, se sentaba y conversaba en los jardines y, cuando nadie lo veía, cogía algunas colillas del suelo. Otro era el Maestrín, un droguero que junto a su hija Silveria atendía su tienducha. También estaba Victorio, el sobrino del prestamista, conocido como el tío Miserias, el que cobraba las rentas del edificio. El tío Miserias era un viejo encorvado que siempre vestía de luto. Se pasaba el día en la trastienda de su establecimiento, aunque tenía otras dos tiendas. No quería ver a nadie desde que un día un mancebo se abalanzó sobre él, hacha en mano, y a punto estuvo de matarlo. El muchacho fue apresado, pero condenado solo a unos meses de cárcel para indignación del tío Miserias. Nunca perdonaba, llegó a embargar a burros a un pobre sabiendo que sin ellos le resultaría imposible pagarle nunca.
Su sobrino seguía sus pasos, además de ir de don Juan y gastarse en juergas el dinero ganado con usura. Iba camino de enriquecerse con una casa de juego y una taberna. Cuando había dinero en el tapete al grito de “la policía” todos salían corriendo y él se quedaba con la ganancia. A pesar de ello, nadie lo odiaba, lo veían algo natural. [128]

IX: “La crueldad universal”
El tío Iturrioz había preparado la azotea para disfrutarla. Allí solían conversar. Para Andrés la vida era una lucha continua en que vamos devorando unos a otros. El hermano Juan era una anomalía. La lucha era un proceso en el que hay siempre un vencedor y un vencido sin que ello implique que uno sea bueno y otro malo. Cada quien, animales, plantas, personas… actúa según su naturaleza. Todo forma parte de un proceso biológico común a cualquier ser vivo: la justicia es una idea que existe en nosotros, pero algo irrealizable. En esa línea, para Iturrioz, el padre Juan era una anomalía, un depredador con los instintos perturbados.
El hombre sereno solo puede abstenerse y dedicarse a la contemplación, o actuar en su círculo reducido. Pero ir en contra de la regla es absurdo. “Es lo que tiene de bueno la filosofía […] le convence a uno de que lo mejor es no hacer nada”. No somos más que síntesis de la psicología animal. Podríamos encontrar multitud de similitudes en el mundo animal para cada uno de los tipos descritos por Andrés con sus respectivos caracteres. El tío Miserias alimentándose de la sangre de los demás es como cualquier araña o insecto que devora para alimentarse siguiendo el curso de la naturaleza y la naturaleza es salvaje: digerir, guerrear, cazar… La conclusión del tío Iturrioz estaba clara: “Si quieres, vivir con decoro, vete a un club inglés”.
Después de la conversación con su tío Andrés se marchó más confuso de lo que había llegado, ¿qué sentido dar a la vida? [135]

TERCERA PARTE: “TRISTEZAS Y DOLORES”

I: “Día de Navidad”
Antes de Navidad, ya en último año de carrera, Luisito comenzó a escupir sangre. Los análisis no detectaron tuberculosis, pero Andrés no quedó satisfecho, podía ocurrir que estuviera en estado incipiente. Convenía llevarlo a un clima más cálido. Así que escribieron a unos primos de don Pedro que vivían en Valencia, Andrés pidió dinero adelantado en el hospital y fue a ver una casa que tenían libre. El día de Nochebuena tomó el tren, en tercera. La idea de que Luisito pudiera tener tuberculosis lo aterraba. Tenía un frío terrible. Al amanecer, un aldeano le prestó su manta, el paisaje se fue suavizando poco a poco a medida que se acercaban. Una vez en Valencia, se ajustó con una tartana que lo llevó hasta el pueblo. La casa era baja, encalada, un cartel indicaba que la llave se encontraba en la casa vecina. Entró, apenas tenía fondo y detrás había un jardín con un huerto de frutales cubierto de yerbajos. Era justo lo que deseaba. El día lleno de luz, de paz, el contacto con la vegetación, lo llenaron de paz y melancolía. Una campana lo sacó de su ensimismamiento y regresó, puso un telegrama informando favorablemente y tomó el tren de regreso. [144]

II: “Vida infantil”
Mientras don Pedro y Margarita acomodaban a Luisito en Valencia, Andrés se concentró en aprobar la licenciatura. Cuando se reunió con ellos encontró a Margarita embellecida y a Luisito bien. El huerto había florecido. Al día siguiente comenzó a arreglarlo ayudado por su hermano. Plantaron de todo, pero al final solo salieron los ajos. Era durísimo regar a base de cubetas sacadas del pozo. Solo permanecieron las antiguas increíblemente frescas a pesar del calor.
Andrés había impuesto a Luisito una vida muy sana, dormitorio ventilado, duchas matutinas, largos paseos hasta el pinar. Se entretenían por las tardes con mil juegos. Luisito tenía más tendencia a leer y a hablar que a los juegos físicos, pero Andrés no le dejaba los libros y lo enviaba a jugar con otros chicos. Lo esperaba sentado en la puerta con un libro en las manos mientras pasaban las carretas y las muchachas que trabajaban en la fábrica.
Luisito siempre andaba contando historias inventadas, le gustaba caricariturizar a la gente que iba por la casa. De entre sus amigos, le preocupaba Roch, cuyo padre ejercía de curandero y atendía lo mismo a personas que a caballos y sabía de brujerías y procedimientos para sanar. Roch siempre andaba con una cesta bajo el brazo cogiendo caracoles para ayudar en casa… “A estos les echamos un poco de arroz y ya tenemos la comida”.
En las cuevas vivían otros dos de sus amigos, el Choviset era un auténtico troglodita, decía estar dispuesto a matar por un real. El Chitano, en cambio, tenía más tendencia al robo. Andrés iba poco a poco, sin querer, conociendo a la gente. Entre las muchas costumbres absurdas, hombres y mujeres siempre estaban separados. A veces, a instancia de Margarita, solía ir al café de la Plaza donde lo ponían al corriente de todos los cotilleos. [150]

III: “La casa antigua”
El padre no podía mantener dos casas y, Luisito parecía estar bien, así que los mudaron a casa de los tíos Valencia contra el criterio de Andrés, que no creía que cambiar campo por ciudad fuera bueno para la salud de su hermano. Aquello era un caserón antiguo con patio central. Don Juan, primo de don Pedro, los recibió en la planta superior. Eran tres hermanos solteros y una hermana y la idea de que los niños deambularan por allí les encantaba. Don Juan era el pequeño y enseñó la casa a Andrés. La habitación preparada para él y Luisito era grande, daba sobre los tejados. A los pocos días se instalaron y Andrés empezó a buscar trabajo de médico en algún pueblo para poder llevarse consigo a Luisito, que, mimado por sus tíos, pronto dejó de seguir sus instrucciones, su autoridad no era reconocida en aquella casa. [154]

IV: “Aburrimiento”
A Andrés no le apetecía salir ni conocer gente, tampoco encontró trabajo, así que comenzó a preparar el doctorado. Al anochecer subía a una pequeña azotea desde la que se divisaba el mar, y casas blancas, patios, tejados y palomares. Le gustaba seguir con la vista el vuelo de los pájaros, vencejos y golondrinas. Después bajaba a cenar y, a veces, regresaba a contemplar las estrellas.[158]

V: “Desde lejos”
Por mayo fue a examinarse a Madrid. Allí se encontraba mal, hubiera querido irse, viajar, pero no tenía dinero. Entonces le salió una sustitución en Burgos. El médico al que fue a sustituir estaba más interesado en su colección de monedas que en su profesión. Se hicieron amigos y le ofreció su casa. El verano resultó delicioso entre los paseos y la lectura. El optimismo y el pesimismo, pudo comprobar Andrés, son reacciones orgánicas como una buena o mala digestión.
Llevaba allí mes y medio cuando recibió la carta: Luisito había muerto en Valencia hacía 8 días. Recordaba a su hermano sano y fuerte. La noticia lo dejo indiferente y aquella ausencia de dolor le parecía algo malo. Por Margarita supo que había sufrido una meningitis tuberculosa. Recordó entonces a un niño que vio morir así en el hospital, imágenes de horror, pero no lograba imaginarse a su hermano en ese trance. [161]

CUARTA PARTE: “INQUISICIONES”

I: “Plan filosófico”
Regresó a Madrid. Se encontró con Fermín Ibarra, ya no estaba enfermo, aunque cojeaba un poco. Estudiaba para ingeniero y era inventor, lo llevó a su casa y le enseñó algunos. Andrés lo tomó por loco hasta que vio las llantas con trozos de metal que él había diseñado.
Le gustaba visitar a su tío Iturrioz y charlar con él. La práctica de la medicina no lo atraía como un buen laboratorio de fisiología, pero ni existían laboratorios, ni la preparación científica era la adecuada, “los profesores solo sirven para entretenernos, solo piensan en cobrar el sueldo. Son vagos, fanáticos y farsantes”. Su plan era vivir de su trabajo de forma independiente, “Aquí en España no se paga el trabajo, sino la sumisión”. En cuanto a la filosofía, sigue buscando una síntesis que explique el hombre y el universo por Kant y Schoopenhauer. Iturrioz prefería a los filósofos ingleses, más apegados a la vida que los alemanes.
Andrés se siente estéril en un intelectualismo malo. Kant demostró que los dos pilares de las religiones, Dios y la libertad, eran indemostrables, todo está sometido a una concatenación causa-efecto sin que exista causa primera. Y puede que todo exista solo dentro de nosotros. La realidad acaba con nosotros, el espacio, el tiempo, la causalidad, todo se apaga cuando morimos. Y eso lo tranquiliza. Pero para su tío Iturrioz, todo eso son ideas absurdas, juegos de ingenio y fantasías. [169]

II: “La realidad de las cosas”
Para Iturrioz la realidad es algo práctico y todo lo demás poesía. La duda lo destruye todo. Las verdades lo son no porque creamos en ellas, sino porque son verdades, por ejemplo, la gravedad. La ciencia no puede llegar hasta el final, pero para Andrés ahí es donde entra la filosofía, para elaborar hipótesis que nos ayuden a comprender lo que no alcanza la ciencia. La ciencia es una fortaleza del hombre que lo arrolla todo. “También al hombre”, comenta Iturrioz. [173]

III: “El árbol de la ciencia y el árbol de la vida”
Para su tío Iturrioz, se ha idolatrado la ciencia, la vida necesita del capricho y hasta de la mentira. El instinto de supervivencia nos hace ver la realidad que nos interesa, confirma Andrés. Es como dice el Génesis, en el paraíso estaba el árbol de la ciencia: “Si coméis de este árbol, moriréis”. El árbol de la vida nos hubiera llevado a vivir como animales, es el estado de conciencia el que corrompe la vida, afirma Iturrioz.
Las religiones semíticas suponen una gran impostura para Andrés, es la ciencia la que está devolviendo al mundo la cordura [176], y fue Kant quien dejó definitivamente abierto el camino de la ciencia. Schopenhauer situó junto a la ciencia la libertad, la responsabilidad y el derecho. Y todo ello movido por la voluntad que, a veces, produce el reflejo de la inteligencia. Hoy no fracasa la ciencia, sino la mentira.
Iturrioz, en cambio, opina que las religiones seguirán prosperando. Si caemos en el relativismo por aceptar que no podemos conocer más allá de los principios científicos, caeríamos en una inacción paralizante. Por ello hemos de decantarnos por el principio de utilidad, porque hay que seguir viviendo. Sin embargo, Andrés ve peligroso este principio de utilidad porque nos lleva a aceptar como válidas ilusiones falsas, como el fanatismo religioso.
Incluso la fe es, sin embargo, útil según su tío porque cuando crees en algo, la fe te ayuda a lograrlo. Pero eso no sería, para Andrés, más que la conciencia de la propia fuerza, la otra fe habría que destruirla porque detrás de ella están todas las locuras humanas. “En cambio, cerrando esa puerta –dice Iturrioz- la vida languidece. Razón y ciencia nos apabullan”. [182]

IV: “Disociación”
El intelectualismo, la filosofía, nos lleva a la destrucción sistemática según Iturrioz, pero para Andrés no se trata de destrucción sino de análisis; ¿por qué no aplicar a la filosofía procedimientos que tan buenos resultados han dado en la ciencia? Sin embargo, la disociación moral nos llevaría a una nueva sociedad que no tendría por qué ser mejor porque la maldad social proviene del egoísmo del hombre y forma parte de su misma naturaleza.
Iturrioz no cree en el cambio gradual, lo que mueve a la masa son las promesas de felicidad y paraíso como bien sabían los semitas y también los anarquistas, unos neocristianos que prometen el paraíso en vida. “Alguna vez tendremos que dejar de ser niños para mirar alrededor con serenidad y superar nuestros miedos”, concluye Andrés. [185]

V: “La compañía del hombre”
Pero Iturrioz es un romántico, para él acabar con el misterio sería acabar con la sal de la vida. Hay que ser práctico, tienes que vivir con tus ideas, cuidándolas, aprovechándote de ellas, aunque a los ojos de los demás puedan parecer ridículas. Si hay que luchar es por dar a los hombres una regla común, una disciplina como hiciera Ignacio de Loyola con la Compañía de Jesús, para enseñar los valores puros, a ser hidalgos limpios de semitismo, de espíritu cristiano. Andrés ya lo corta: “Escríbame al pueblo cuando la funde”. Cansados de hablar, guardan silencio, anochece. [190]

QUINTA PARTE: “LA EXPERIENCIA EN EL PUEBLO”

I: “De viaje”
Unos días más tarde recibió el nombramiento y marchó hacia Alcolea, un pueblo de unos 10.000 habitantes entre Andalucía y La Mancha. Esta vez hizo el viaje en primera, en no fumadores. Un señor vestido de negro les insistió en este punto. Al arrancar se echó a dormir. Lo despertó el revisor. Resultó que el señor de negro viajaba con billete de 2ª, se enfrentó al revisor, él era extranjero, comenzó a despotricar de España y los españoles. Un joven rubio que iba con ellos se levantó: “No le permito hablar así de España” y lo amenazó con tirarlo por la ventanilla. A Andrés le pareció admirable la reacción, mientras que él se limitaba a observar, el joven reaccionó con una afirmación rotunda de su patria y de su raza. El hombrecillo quedó murmurando, Andrés se hizo el dormido.
En la siguiente estación, una compañía de cómicos subió al tren. Al amanecer ya se divisaban tierras de vides y olivos. Cuando llegó a su destino bajó de un salto a la estación, “¿a qué hora sale el coche para Alcolea?” Pasaba a las 5, se sentó en su maleta a esperar. [194]

II: “Llegada al pueblo”
El pueblo le pareció grande. Se instaló en la fonda de La Palma. Le sorprendió la comida a base de carne de caza y un vino muy subido de grados. Después se fue a tomar café al casino acompañado de los viajantes que se alojaban con él. Tras dormir la siesta fue a ver al Secretario del Ayuntamiento que el llevó a conocer al doctor Sánchez [197]. Era un hombre grueso con cara de carnero que desde el primer momento le dejó claro que a los clientes ricos los atendía el otro médico, don Tomás. El médico titular no podía sino malvivir.
Salieron a dar un paseo, casas encaladas, balcones, patios. En uno se encontraron gente orando, se trataba de un “rezo”, era tradición ir a rezar el Rosario a casa del difunto. Subieron hasta un cerrillo, hacía un calor terrible y el doctor Sánchez no los acompañó. Desde allí el pueblo se veía enorme, el campo estaba colmado de viñedos. Con la luz del atardecer, su aspecto era fantasmagórico, un olor dulce se dejaba sentir, estaban quemando orujo.
Salió la luna, fachadas blancas, rejas, misterio, silencio.

III: “Primeras dificultades”
Andrés y el doctor Sánchez se repartieron el pueblo, pero acordaron respetar los deseos del enfermo. Las pocas visitas que tenía, las hacía por la mañana. El primer verano llevó así una vida soñolienta. La comida del hostal lo cansó pronto, pidió legumbres pero lo miraron con extrañeza, para los dueños hubiese sido deshonroso para el establecimiento. Tampoco había pescado y el agua era un lujo caro, debía ser traída en carros desde muy lejos.[201]
Decidió mudarse, y Sánchez, para quitarse competencia, lo llevó hasta una casa a las afueras. Era una casa grande, antigua y blanca. José, el dueño, era conocido como “El Pepinillo”. Pidió Andrés un cuarto en la planta baja y una tinaja donde poder bañarse, también pidió legumbres en las comidas. La patrona empezó a pensar que estaba loco. Era una mujer morena, de ojos negros brillantes, guapísima. El marido, en cambio, era estúpido, tenía aspecto de degenerado. Tenían una hija con 12 o 13 años. Cierto día capturaron un gorrión que no podía volar, Pepinillo llamó al gato y lo azuzó, después se rio del sentimentalismo de la mujer.

Don Juan Sánchez llevaba 30 años ejerciendo en Alcolea, era un manchego apático y triste muy aficionado a los toros, lo que bastó para que Andrés lo considerara un bruto. Una noche llamaron a Andrés del Molino, la hija estaba enferma, era paciente de Sánchez, pero no estaba en el pueblo. El molinero se sintió contrariado cuando lo vio aparecer, era un hombre rico y orgulloso. La hija tenía vómitos y convulsiones. El líquido sonaba claramente en su vientre hinchado. Tenía una grave enfermedad del hígado, el pulso era débil, no se podía esperar [206]. Fue a por su instrumental y le practicó una punción en el abdomen. Comenzó a manar un líquido verdoso y la enferma respiró con más facilidad, bebió un poco de leche y descansó. Andrés sabía que el cuadro se repetiría, por lo que recomendó a la familia que la llevara a Madrid para que la viera un especialista.
Sánchez se sintió perjudicado por esta recomendación, así que empezó una campaña de descrédito contra Andrés. Multiplicó su prudencia, sus diagnósticos no es que fueran acertados, pero los tratamientos eran suavísimos, recomendaba mucha agua, jarabe y procuraba, si no curar, al menos no perjudicar. El tiempo hacía el resto. Lo que peor llevaban de él era su régimen alimenticio, no entendían eso de que no comiera carne. “Desde que ha venido este médico no se siente placer en ser rico” [210]

V: “Alcolea del Campo”
Alcolea era un pueblo troglodita sin instinto colectivo. El pueblo vivió su época de prosperidad cuando el tratado de vino con Francia, pero aquello pasó, nadie habló de cambiar los cultivos y aceptaron la ruina con resignación. Los hombres iban al casino, las mujeres solo salían de casa para ir a misa los domingos. La perfección en el orden social se lograba poniendo al más inepto en el poder, apenas había delitos. El caciquismo estaba asentado y vivían una guerra declarada entre los ratones, liberales, y los mochuelos, conservadores. Entonces dominaban los mochuelos, el pueblo se había acostumbrado a eso y entre unos y otros se repartían el botín, pura expresión de egoísmo, envidia, crueldad y orgullo. Andrés, a veces, pensaba que todo esto era necesario, ¿por qué angustiarse entonces? Lo comentaba de vez en cuando con Dorotea, su patrona, “¡Qué hermosa sería la revolución!”. Ella reía esas ideas absurdas, no quería saber nada de política, ¿para qué?, solo conseguirían otra casta de ratones o mochuelos. Lo mejor, marcharse.
Por la mañana se bañaba, las siestas se le hacían interminables. Después se sentaba a leer bajo el emparrado, las mujeres cosían junto al pozo. Al anochecer volvía el patrón, era un petulante que trataba mal a su mujer y a su hija: las trataba de estúpidas, borricas… Gustaba de contar historias sangrientas de matanzas… Como era de El Tomelloso siempre lo estaba ensalzando contra Alcolea.
Al final de septiembre, Dorotea le enseñó la bodega, la estaban arreglando. Bajaron hasta la cueva repleta de tinajas antiguas que, a la luz del candil, cobraban movimiento. Se entendían las historias de duendes y huesos humanos. Días después comenzó la vendimia, aquello le pareció un trabajo brutal y desagradable. [218]

VI: “Tipos de casino”
Por el invierno comenzó a ir por el casino, El Esplendor. Era un vestigio de la época de bonanza, repleta de tipos vulgares. Entre los asiduos estaban el pianista y Blas Carreño, un hidalgo local. Los dos eran flacos, el uno de aspecto eclesiástico era también organista en la iglesia, el otro vivía anclado en el pasado hasta el punto de arcaizar el lenguaje. El pianista lo imitaba y habían llegado a establecer una especie de código común. Don Blas puso a disposición de Andrés su biblioteca. Parecía no tener nervios y vivía ajeno a cuanto le rodeaba. Todo lo antiguo era lo mejor. Un día de broma le dieron a probar unas migas asquerosas diciéndole que se habían hecho siguiendo la receta tradicional, se las comió todas ponderando su buen sabor. Le gustaba obsequiar a sus invitados y era arbitrario en sus decisiones. Para él había quien no tenía derecho a nada y quien tenía derecho a todo. Insultaba a sus criados y despotricaba de las mujeres por el placer de citar a los clásicos. La investigación de un sabio se echa abajo con una frase graciosa, afirmaba, lo importante era lucir el ingenio. A pesar de todas sus diferencias, no le era antipático.
Otra impresión tenía del hijo de un usurero local, un joven petulante que lo contemplaba todo con aire de superioridad, con su sonrisa irónica, un imbécil con un barniz de cultura. Andrés pensaba con Demócrito que “quien ama la contradicción y la verbosidad es incapaz de aprender nada en serio”.[223]

VII: “Sexualidad y pornografía”
En la papelería del pueblo, que servía de librería, encontró Andrés algunas novelas pornográficas al estilo francés. Ante su sorpresa, el dueño le comentó que eran las únicas que se vendían. Aquello resultaba contradictorio, que en un país tan moral estuvieran autorizadas estas obras. “En Londres, al agrandarse la vida sexual por la libertad de costumbres, se achicaba la pornografía. Toda una paradoja, un fenómeno de compensación.[225]

VIII: “El dilema”
Su mala reputación fue en aumento, dejó de ir por el casino y pasaba las tardes leyendo. Estaba irritado, trató de alejarse de la filosofía y tomó prestados algunos libros de historia de la biblioteca de don Blas, también encargó a Madrid un libro de Astronomía e intentó escribir, pero nada le satisfacía, se sentía irritado por todo. Comenzó a tener dolores articulares y a perder pelo: “Es la castidad –se dijo-“. La idea de casarse, someterse, le horrorizaba; tampoco había muchas formas de conocer chicas en Alcolea como no fuera yendo a un burdel y eso jamás lo hubiera aceptado. Decidió probar a limitar la alimentación. Su odio contra el pueblo lo sostenía en esta batalla interior, aunque a veces su propia actitud le parecía absurda. Pero el régimen fue dando resultado y se sentía como un asceta. Se levantaba temprano y paseaba por los viñedos hasta el olivar donde había una casa y un molino de viento que siempre lo sobrecogía. Por la noche, se refugiaba en el fogón de la cocina junto a Dorotea, la vieja y la niña. [230]

IX: “La mujer del tío Garrota”
Llamaron a Andrés una noche para atender a una mujer moribunda. La halló con la cabeza cubierta de sangre, sin sentido. Era la mujer de un prendero, el tío Garrota. Le practicó una sangría, comenzó a respirar mejor, recobró el sentido, pero solo llegó a decir “Garrooo…”. El juez entendió que estaba acusando a su marido, pero Andrés observó que la herida la tenía en el lado izquierdo de la cabeza, el lenguaje estaba afectado, sufría afasia. Dejaron al cura dándole la Extremaunción y subieron a la planta superior de la casa de donde la mujer había caído. Allí encontraron una badila manchada de sangre y manchas de sangre en el suelo. [233]
Entre los antecedentes y los indicios todos sospecharon del tío Garrota. Pero, cuando lo interrogaron, él lo negó rotundamente. Quedaron pendientes del resultado de la autopsia. Andrés pidió un tercer médico presente, de poco sirvió porque no se pusieron de acuerdo sobre las causas. Para Sánchez, corroboraba la hipótesis del asesinato. Andrés, en cambio, pensaba que, por el tamaño, los cardenales del cuello eran autoinfligidos, que borracha se cayó y se golpeó la cabeza en la badila y, desorientada, cayó por la ventana. El asunto apasionó al pueblo que se inclinaba por culpar al tío Garrota, pero las huellas de la badila no coincidían y el juez lo dejó en libertad para decepción de todos, esto no hizo sino acrecentar la animadversión hacia Andrés.[237]

X:”Despedida”
Andrés decidió marcharse en primavera. Se despidió de Blas y el juez y discutió con Sánchez. Aquella tarde la casa quedó a solas, Pepinito y los demás habían ido a un balneario próximo. El irse al día siguiente y estar a solas lo llevó a sincerarse con su patrona. Estaba casada con un imbécil y él era otro por no haberle hecho el amor. Dudas, recelo… pero al final Dorotea no se resistió. Por la mañana huyó dejándolo en un estado de abatimiento y confusión. Se marchó, pero tuvo que bajar en Aranjuez, “¡Qué absurdo!¡Qué absurdo es todo esto!” [241]

SEXTA PARTE: “LA EXPERIENCIA EN MADRID”

I: “Comentario a lo pasado”
Al llegar a Madrid, la noticia era la inminente guerra con EEUU. Cogió una sustitución de 3 meses. Siguió con interés las noticias, los políticos y sus bravuconadas ignorantes. La derrota era tan evidente que aquello era ridículo. La indiferencia de la población era insultante, ya no quedaba ni patriotismo, Después de la derrota, la gente siguió yendo a los toros o al teatro como si nada.
Fue a ver a su tío y comentaron su experiencia manchega [248]. Para su tío, esa moral era una forma de defenderse contra la pobreza. En todas partes, el hombre en su estado natural es un canalla, idiota y egoísta. Andrés no comprendía cómo no se levantaban contra el sistema. Para Iturrioz aún no se ha inventado un sistema de justicia redistributiva y, sin embargo, el mundo marcha porque la naturaleza es sabia, igual que sucede en el mundo animal, cada quien tiene el espíritu que le corresponde, abeja obrera o reina, rico o pobre, obrero o militar. Le contó a Andrés cómo en Cuba presenció un accidente, un chino se cayó en la máquina trituradora de caña de azúcar y fue despedazado. Sus compañeros reían mientras los blancos estaban consternados. Esa es la realidad y hay que aceptarla, lo contrario es andar como un ser superior tal y como hizo Andrés en Alcolea, absurdo. Lo de ir de independiente no funciona y si lo intentas tendrá sus consecuencias. Sin embargo, Andrés estaba dispuesto a defender su independencia.[250]

II: “Los amigos”
Un día se encontró con Montaner y entraron en el café Fornés. Estaba concurrido, había acabado la carrera pero no encontraba trabajo. Estuvo un tiempo como ayudante de Arancil, ahora tenía una clínica además de una plaza en el ferrocarril. Le prometío cedérsela, pero no lo hizo. Ganaba mucho, pero gastaba más. Le hizo trabajar de todo, desde albañil a niñera. Después le convino asociarse y le dio una patada. [253]
Le dieron un repaso a los condiscípulos, a ninguno le había ido bien excepto a Cañizo con su periódico de Carnicería. Los regalos de los carniceros, una buena mujer poniéndole langosta algunos domingos… Julio Aracil se casó bien, pero andaba prostituyendo a su mujer. Iba a llevar a su nuevo socio a su propia casa para que se entendiera con la mujer. Se casó por dinero, pero tenía además una amante vieja y rica.
A los pocos días coincidió con Arancil y lo acompañó a una visita. Dio por supuesto que Montaner lo había criticado, no soportaba su sentimentalismo, como su familia política que también criticaba el que Melot viviera en su casa. Él confiaba en su mujer. Trabajaba mucho, ganaba bien, pero había que gastar para estar a la última: sastres, joyas, teatros, coches… Hay que disfrutar mientras se puede. La moralidad es una lacra estúpida y una mujer honrada, una estupidez. Las mujeres han de ser coquetas y lucirse. Entre tanto, llegaron a su destino y se despidieron.[257]

III: “Fermín Ibarra”
Otro día se encontró con Fermín, el ingeniero inventor, planeaba irse al extranjero, iban a comprar sus patentes en Bélgica. En España no había nada que hacer, ni talleres, ni medios, ni laboratorios… Pero lo más indignante para Fermín es que no hay más que chulos y juerguistas petulantes, y el capital en manos de canallas.
Meses después le escribió desde Bélgica. Ya era Jefe de Taller y sus empresas iban adelante. [259]

IV: “Encuentro con Lulú”
Lulú se turbó un poco al encontrarse con Andrés por la calle. Como tenía prisa, lo citó para el sábado en el café de la Luna donde solía ir con su madre. Allí estaban el sábado acompañadas por un señor joven con anteojos. Lo hizo sentar junto a ella para hablar, se habían mudado a la calle del Pez, Andrés comenzó a hablar de su experiencia en el pueblo y, al final, el joven de los anteojos se marchó aburrido, lo que enojó a doña Leonor. Julio había dejado a Nini por una señorita de buena posición, pero Lulú se anticipó y le pidió que hablara con don Prudencio. Sabía que don Prudencio estaba enamorado de su hermana y acudiría cuando supiera que el camino estaba libre. Aquello fue la salvación, don Prudencio era rico, se casó con Nini y a ella le puso una tienda de ropa infantil. Se mudaron de barrio. Quedaron en volver a verse [267].

V: “Médico de higiene”
Un amigo de su padre le consiguió este empleo, pero pronto comprendió que no era lo suyo. El reconocer prostitutas solo acrecentaba su odio hacia los ricos. Vivía amargado, irritable y violento. No comprendía cómo no se rebelaban, no sentían odio… Iturrioz debía tener razón, la naturaleza que hacía al esclavo, también haría a las prostitutas.
A través de ellas se enteró con asombro de cómo un cura regía dos de aquellas casas “con ciencia apostólica”. Algunas pasaban el reconocimiento en sus casas, allí contrastaban estas mujeres ajadas, de caras cansadas y empolvadas con señoritos engominados y fuertes por el deporte. Si el pueblo comprendiese –pensaba Andrés- se mataría por intentar una revolución social. Las diferencias sociales se acentuaban, se notaba en todo, incluso en la estatura, en la inteligencia, en la fuerza… “La casta burguesa se iba preparando para someter a la casta pobre y hacerla su esclava” [267]

VI: “La tienda de confecciones”
Al cabo de un mes pasó por la tienda de Lulú. Comenzaron a verse con frecuencia. El joven de las gafas era un pretendiente de la chica, farmacéutico, pero ella lo trataba con desdén [270]. Andrés se lo recriminó, pero ella respondió simplemente que no le gustaba.

VII: “De los focos de la peste”
Andrés comentó a Lulú cómo su trabajo lo hacía sentir mal, los abusos que se cometían, la crueldad y el sinsentido, de cómo las madamas tenían tendencia a martirizar, de “el Cotorrita”, un travesti que le raptaba jóvenes disfrazándose de mujer. Vivían indefensas destinadas a morir pronto, en la cárcel, en el hospital, enfermedades… Si intentaban escapar las acusaban de robo, tenían a policías comprados, además conocían las triquiñuelas legales por eso no servían las denuncias.
En general, no eran engañadas, no querían trabajar. Era algo brutal y, sin embargo, tenían un concepto trasnochado de “honra”: “Somos una raza de fanáticos. Lulú lo miraba con pena, debía dejar ese destino”. [274]

VIII: “La muerte de Villasús”
Dejó el trabajo y comenzó en La Esperanza, una sociedad para atender a indigentes. Aquello era agotador: miseria, suciedad, pestilencia, violencia… Aquellos desgraciados no entendían que la solidad de los pobres podía acabar con el rico. Se le pasaban por la cabeza todo tipo de ideas destructivas, entonces encontraba su oasis en la tienda de Lulú; allí se sentaba a la sombra y conversaban. Algunas noches la acompañaba a pasear con su madre por el Paseo Rosales. Eran horas de paz.
Un día le pidieron que fuera a atender a un anciano, era ciego y se había vuelto loco, nada se podía hacer por él. Era Rafael Villasús, aquel autor dramático que vivió como bohemio. Sus hijas habían envejecido de forma asombrosa, “¡Qué asco de heroísmo trágico!”, pensó Andrés. Poco después murió y pasó a verlo. Estaba tumbado en el suelo, su hija acurrucada en un rincón, ausente. Para colmo, sus amigos bohemios, dudando de si estaba muerto, se dedicaron a hacerle perrerías como quemarle los dedos. Ni siquiera muerto lo dejaban tranquilo. La llegada del mozo del coche fúnebre puso fin a la escena.[279]

IX: “Amor, teoría y práctica”
Una tarde, Andrés comenzó a hablar con Lulú sobre el amor y la conversación derivó hacia lo personal. Creía que el amor era instinto, un engaño romántico que nos empuja a la reproducción, de ahí los dolores y desengaños en los matrimonios.
Cierto día encontró a un joven de uniforme conversando con Lulú. Quiso alejarse pero no pudo. Un día de otoño, paseando, se sintió profundamente melancólico y pensó en ella. Fue hasta la tienda y se declaró. Lulú se estrechó contra él, “Ya no me dejes más, adonde tú vayas, llévame”.

SÉPTIMA PARTE: “LA EXPERIENCIA DEL HIJO”

I: “El derecho a la prole”
Andrés planteó el asunto a su tío Iturrioz como si se tratara de un tercero. Él artrítico y ella débil e histérica… No debían casarse, sería un delito traer un hijo al mundo de semejante pareja. Andrés no veía relación necesaria entre salud de padres e hijos. Pero para su tío el riesgo existe y eso basta. No entiende la paternidad irresponsable, engendrar hijos de presidio o prostitución, borrachos o inútiles, para ir luego mendigando como si semejante despropósito fuera un mérito y no un delito. No es lícito engendrar hijos para el dolor. Su consejo último sería “Cásese si quiere, pero no tenga hijos”. Andrés salió de la azotea aturdido.[289]

II: “La vida nueva”
Andrés se casó por la iglesia como quería doña Leonarda. Llevó a Lulú a conocer a su tío, simpatizaron, además, éste le consiguió un nuevo trabajo de traductor de artículos para una revista. El matrimonio se acomodó en una nueva casa cerca de las Pozas, próxima a la tienda de Lulú. Andrés se negó a que doña Leonarda viviera con ellos, prefería que nadie de la familia entrara en casa. Lulú decidió contratar a una antigua vecina, La Venancia.
Pronto se sintió Andrés entusiasmado con su nuevo trabajo y la vida fue fluyendo plácidamente. Lulú no quiso dejar la tienda, había que ahorrar porque nunca se sabía qué podía ocurrir, incluso cosía algo por la noche. No tardó en acometer también trabajos originales además de traducciones. Se encontraba tan bien que le daba miedo. Su pesimismo le inclinaba a pensar que la dicha no podía durar. Veía un peligro en todos los allegados, “No hagas caso de lo que te digan, nuestra felicidad es un insulto para toda esa gente”, recomendaba a su mujer.
Lulú iba a veces al teatro con su hermana y, de regreso, le contaba lo que veía. En verano, Andrés recogía a Lulú de la tienda e iban a corretear por la Dehesa o el Canalillo, o iban al cine, “Hemos llegado a querernos de verdad porque no teníamos interés en mentir”.[295]

III: “En paz”
Los meses pasaban y Andrés vivía feliz. Le sentaba bien su nuevo trabajo, su matrimonio. Su carácter y el de Lulú se habían dulcificado. Cierto día, Lulú mencionó la posibilidad de tener un hijo y Andrés sintió de nuevo el vértigo del porvenir. Pero Lulú enfermó al cabo del año y se instaló en ella la tristeza, el no tener hijos la sumia en un dolor inconsolable. No había razonamiento que pudiera remediarlo. Cedió, y al cabo de los dos meses la mirada de Lulú le dijo que estaba embarazada. Fue entonces cuando Andrés comenzó a vivir en una angustia continua, a ella le cambió el carácter, se volvió posesiva, sentimental, irritable y su histerismo se fue acentuando con el paso del tiempo. Aunque todo ello era normal, Andrés vivía en una tensión permanente de la que solo le aliviaba el trabajo.[299]

IV: “Tenía algo de precursor”
Llegó el parto y los dolores fueron terribles. Fue a peor durante la noche, las fuerzas comenzaron a abandonarla. Finalmente, hubo de sacar al niño con fórceps, pero nació muerto. Lulú quiso ver a su hijo y Andrés sintió un dolor agudísimo, lloró. Lulú lloraba amargamente. El médico tuvo que extraer la placenta con la mano, la hemorragia fue abundante. Dos días estuvo postrada, se sentía morir: “Si siento morirme es por ti, ¿qué vas a hacer tú, pobrecito mío?” Otras veces, su atención se dirigía al niño muerto. Finalmente falleció. Estaban allí doña Leonor y Nini con su marido. Fue a su cuarto y se inyectó morfina, se durmió.
A medianoche se despertó y fue a ver el cadáver. La besó varias veces en la frente. Lulú estaba blanca como el mármol, serena, indiferente. En la habitación de al lado, su tío Iturrioz hablaba con el médico sobre lo acaecido. Regresó a su habitación y se encerró. Fueron a despertarlo a la mañana siguiente para el entierro, estaba muerto, se había envenenado.

José Carlos Aranda

Publicado en LECTURAS, LITERATURA, LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX, SELECTIVIDAD | 82 comentarios

POESÍA EN VENA 2014 EL ACTO

 

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No es fácil reunir a más de cien personas en torno a la poesía, más difícil es aún que el ambiente se haga mágico y se respiren las emociones a través de las palabras. Este año hemos contado con algunas novedades, en primer lugar nuestro conferenciante. José Ignacio Fernández es, por su juventud, uno de vosotros que se ha visto atrapado por este mundo misterioso de la poesía hasta el punto de constituir hoy el eje de su vida. Fue todo algo diferente, cercano, escuchar sus palabras, sus poemas, su experiencia tan pegada a vuestra realidad, que es la nuestra, pero que, a veces, parece separar la distancia del tiempo. Estoy seguro de que, a través de él, encontraréis puentes para seguir respirando en versos día a día, el gustar de este mundo no tiene edad ni exige la renuncia de vuestros años sino el acrecentar las ganas de comunicar lo que todos lleváis dentro. Enorme aportación de José Ignacio. La segunda novedad, el abrir una ronda de preguntas tímidas al conferenciante, pero suficientes para acercarlo como persona y sentirlo. Es fantástico sacar a los poetas del papel y de las fotos y que veáis que son seres de carne y hueso con los que dialogar de tú a tú, que sus experiencias son las vuestras, y sus inquietudes, y sus miedos. La tercera fue el invitar a los compañeros de 2º de PCPI acompañados de Jesús a interpretar un villancico en el acto. Música y poesía siempre de la mano, un homenaje a aquel antiguo zéjel cordobés para traer a la conciencia que también son poesía esas cancioncillas que siguen resistiéndose a desaparecer a pesar del avance imparable de las melodías americanas.

Me gustó veros a todos participando en los preparativos, nerviosos, inquietos. Ese es el espíritu de la actividad, el auténtico… Lo que después ocurre en el escenario ya es anécdota.

Solo me queda dejaros como recuerdo vuestra selección de poemas, vuestros comentarios. Quizás algún día os apetezca dar un paseo por estas páginas, por estas fotografías, instantáneas de esos momentos vividos.

PAULA RUIZ (2º BACH B): “Te amo” (Pablo Neruda)

1008Desde el primer momento en el que nombró Poesía en Vena y nos animó a participar tengo un poema en mente. Con apenas ocho años cayó en mis manos un libro de poemas de los considerados mejores poetas de lengua española. Entre ellos venían Antonio Machado, Góngora, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, etc. Me acuerdo que cada capítulo era un autor. El penúltimo estaba dedicado a Lorca y la última poesía era la de “Verde que te quiero verde”. Desde entonces mi color preferido es el verde. Sin embargo, el último capítulo es sin duda mi preferido. PABLO NERUDA. Yo, como todas las niñas de ocho años, soñaba con mi príncipe azul, el baile en el castillo y todas esas cosas ñoñas que nos introducen en la mente las películas Disney. Pues bueno estaba yo leyendo y llegue a un poema relacionado con el amor. Me tuve que parar a pensar porque no me creía la sarta de tonterías que decía dicho poema. Sin embargo, junto al Poema 20 (“Puedo escribir los versos más tristes esta noche”), era el poema que más leía. Supongo que para intentar encontrarle algo de sentido. Pero, muchos años después de haber leído el poema por primera vez, me enamoré. Y se me vino a la mente aquel poema que yo leía con ocho años y que no entendía. Y lo volví a leer. El poema decía exactamente lo mismo, no había cambiado ni un verso, ni la rima, ni si quiero un punto, pero ya no era lo mismo. El poema reflejaba cada pequeña cosa que yo sentía y que siento. Y entonces me dí cuenta de que si me volviese a leer ese mismo poemario otra vez lo entendería de manera diferente. Por eso la poesía es tan maravillosa. Un libro escrito en prosa te invita a entrar en un mundo ya hecho. Pero la poesía es siempre diferente. Siempre habrá algo que te sorprenda. Siempre habrá algo distinto a lo que leíste la vez anterior. Pienso que Pablo tendría que estar muy enamorado en ese momento o haberlo estado porque sino no puedes ver el amor de esa manera.
Tuve la mala suerte de investigar sobre el poema y sobre el autor. Varias fuentes dicen que no es de Pablo, y puede ser cierto. Se supone que el autor real es Gianfranco Pagliaro. No dudo que no sea un excelente autor, de hecho lo es porque he tenido la oportunidad de haber leído algo más suyo. Pero para mí, siempre será ese poema de Pablo Neruda que no entendía.
Me gustaría recitar este poema para que la gente que lo conozca pero que especialmente lo sienta y que si no lo siente o no lo entiende cuando se enamore se acuerde de él y diga, es verdad, el poema lleva toda la razón.

Te amo,
te amo de una manera inexplicable,
de una forma inconfesable,
de un modo contradictorio.
Te amo
con mis estados de ánimo que son muchos,
y cambian de humor continuamente.
por lo que ya sabes,
el tiempo, la vida, la muerte.
Te amo…
con el mundo que no entiendo,
con la gente que no comprende,
con la ambivalencia de mi alma,
con la incoherencia de mis actos,
con la fatalidad del destino,
con la conspiración del deseo,
con la ambigüedad de los hechos.
Aún cuando te digo que no te amo, te amo,
hasta cuando te engaño, no te engaño,
en el fondo, llevo a cabo un plan,
para amarte mejor.
Te amo…
sin reflexionar, inconscientemente,
irresponsablemente, espontáneamente,
involuntariamente, por instinto,
por impulso, irracionalmente.
En efecto no tengo argumentos lógicos,
ni siquiera improvisados
para fundamentar este amor que siento por ti,
que surgió misteriosamente de la nada,
que no ha resuelto mágicamente nada,
y que milagrosamente, de a poco, con poco y nada
ha mejorado lo peor de mí.
Te amo,
te amo con un cuerpo que no piensa,
con un corazón que no razona,
con una cabeza que no coordina.
Te amo
incomprensiblemente,
sin preguntarme por qué te amo,
sin importarme por qué te amo,
sin cuestionarme por qué te amo.
Te amo
sencillamente porque te amo,
yo mismo no sé por qué te amo.

CLARA GUERRERO (2º BACH A): “Un soneto me manda hacer Violante” (Lope de Vega)

1009Lo he elegido por un recuerdo… en segundo de la ESO el profesor Francisco Osuna nos lo enseñó, y me sorprendió tanto la forma tan simple, tan ingenua que tenía el poema… Me preguntaba cómo o qué se le habría pasado por la cabeza a ese poeta, en aquel momento aprendiz, para escribir algo tan diferente… no es un poema típico de amor o descripciones … simplemente te enseña mediante su rima, su ritmo y las estrofas como él mismo iba pensando como hacerlo; y aunque se hubiese tirado horas para pensar en esta idea,¡me da igual!, es increíble. Sencillo, ajustado a la estructura, fácil de leer… Desde ese día lo he hecho mío, me lleva encantando desde entonces y así seguirá.

Un soneto me manda hacer Violante
en la vida me he visto en tal aprieto
catorce versos dicen que es soneto
burla, burlando van los tres delante

Yo pensé que no hallara consonante
y ya estoy a mitad de otro cuarteto
mas si me veo en el primer terceto
no habrá cosa en los sonetos que me espante

Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando

Ya voy por el segundo y aún sospecho
que voy los trece versos acabando
contad si son catorce y está hecho.

1012CRISTINA OCAÑA JIMÉNEZ (2º BACH C): “La Tarara” (Federico García Lorca)

He elegido este poema por que viendo alguna variación de poemas he visto el nombre de tarara y me ha recordado a mi infancia. Este poema mi madre me lo cantaba cuando era pequeña y me ha traído buenos recuerdos y no he dudado en elegirlo.

La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.

Lleva la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.

La Tarara, sí;
la tarara, no;
la Tarara, niña,
que la he visto yo.

Luce mi Tarara
su cola de seda
sobre las retamas
y la hierbabuena.

Ay, Tarara loca.
Mueve, la cintura
para los muchachos
de las aceitunas.

RAFAELA BUJALANCE (2º BACH A): “No quiero que te vayas” (Pedro Salinas)

1014He elegido este poema, porque todos hemos perdido alguna vez a alguien y cuando la ausencia hace vacío, el dolor nos inunda, de esa forma sentimos que lo que nos llenaba antes de alegría existió de verdad porque el dolor es su reflejo. Y aunque sea masoquista no queremos que el dolor se vaya porque si este también desaparece, la indiferencia es sinónimo de que nunca ocurrió nada, que nunca hubo nadie colmandonos de felicidad.

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

ADOLFO LORENTE (2º BACH C): “Colegios” (Rafael Alberti)
1015Me gustaría recitar este poema porque tengo la suerte de tener a mi madre cuya afición es la poesía y siempre que leo este poema, consigue trasladarme a aquellas tardes de colegio donde al andar por aquellos largos pasillos ,a media luz en un ambiente frio y lúgubre sentía lo que ahora se que alguien tan grande como Alberti sintió en algún momento de su vida, y me gustaría hacer que la gente pudiera disfrutar de esa sensación de complicidad.

Veo los años,
Los mismos que ahora escucho volver a mí esta tarde colgados de sotanas,
Espantajos oscuros,
Henchidos como cerdos de pez muerta que fueran navegando,
Dejando tras de sí una cola de tinta goteada de esperma sucia y vómito.
Oigo cómo me invaden crucifijos,
Despiadadas penumbras de toses con rosarios y vía crucis
Y un olor a café, a desayuno seco,
Descompuesto en las bocas tibias de los confesionarios.
No es posible que vuelva este mismo paisaje,
Que reconquiste ni por un momento su sueño embrutecido de moscas,
Formol y humo.
No es posible otra vez este retrete sórdido de hábitos con eructos y sopa de tapioca.
No es posible, no quiero,
No es posible querer para vosotros la misma infancia y muerte.


1020TERESA LÓPEZ (2º BACH A): “Saber sin estudiar” (Leandro Fernández de Moratín)

Lo he escogido porque es una crítica ingeniosa a la ignorancia.

Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que para hablar en gabacho
un fidalgo en Portugal
llega a viejo, y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho.

1023MARÍA RAMOS (2 BACH C): “Canción de cuna” (Federico García Lorca)

Me gustaría participar en el acto de poesía en vena con el poema de canción de cuna del autor Federico García Lorca porque me llena la mente de imágenes sobre mi infancia y me doy como el tiempo pasa y se acaba llevando todo, gracias

Ya te vemos dormida.
Tu barca es de madera por la orilla.

Blanca princesa de nunca.
¡Duerme por la noche oscura!
Cuerpo y tierra de nieve.
Duerme por el alba, ¡duerme!

Ya te alejas dormida.
¡Tu barca es bruma, sueño, por la orilla!

SARA CASTILLO (2º BACH A): “No te salves” (Mario Benedetti)

1026Este primer poema me gusta por su musicalidad, por la tranquilidad y armonía que me transmite, y porque me gusta como empieza, recomendando no hacer cosas, para después decir que si no puede evitar hacerlas, tendrá esa consecuencia, tan sencilla y tan bonita, para mi gusto. El único problema es que no se exactamente a que se refiere, si al «pueblo» o a alguien en concreto.

No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora ni nunca no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo sólo
un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

CARMEN ESCALANTE (2º BACH B): “Retrato” (Antonio Machado)

1028He elegido esta poesía porque su primer verso siempre me trae gratos y familiares recuerdos de la casa donde nací: mi patio de Sevilla y el huerto donde maduraba un limonero.
Las versiones musicales de la obra de Machado nos han hecho detenernos y conocer algo mejor su poesía, aunque en mi caso, me resulte a veces difícil de entender sin un buen comentario crítico que me ayude.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

1030SARA MARTOS (2º BACH A): “La doncella guerrera” (Romance anónimo)

El poema de la doncella guerrera porque me recuerda a la película de Mulán y me transmite que la mujer tiene los mismos derechos que el hombre.

Pregonadas son las guerras de Francia para Aragón,
¡Cómo las haré yo, triste, viejo y cano, pecador!
¡No reventaras, condesa, por medio del corazón,
que me diste siete hijas, y entre ellas ningún varón!
Allí habló la más chiquita, en razones la mayor:
—No maldigáis a mi madre, que a la guerra me iré yo;
me daréis las vuestras armas, vuestro caballo trotón.
—Conoceránte en los pechos, que asoman bajo el jubón.
—Yo los apretaré, padre, al par de mi corazón.
—Tienes las manos muy blancas, hija no son de varón.
—Yo les quitaré los guantes para que las queme el sol.
—Conocerante en los ojos, que otros más lindos no son.
—Yo los revolveré, padre, como si fuera un traidor.
Al despedirse de todos, se le olvida lo mejor:
—¿Cómo me he de llamar, padre? —Don Martín el de Aragón.
—Y para entrar en las cortes, padre ¿cómo diré yo?
—Besoos la mano, buen rey, las cortes las guarde Dios.
Dos años anduvo en guerra y nadie la conoció
si no fue el hijo del rey que en sus ojos se prendó.
—Herido vengo, mi madre, de amores me muero yo;
los ojos de Don Martín son de mujer, de hombre no.
—Convídalo tú, mi hijo, a las tiendas a feriar,
si Don Martín es mujer, las galas ha de mirar.
Don Martín como discreto, a mirar las armas va:
—¡Qué rico puñal es éste, para con moros pelear!
—Herido vengo, mi madre, amores me han de matar,
los ojos de Don Martín roban el alma al mirar.
—Llevarasla tú, hijo mío, a la huerta a solazar;
si Don Martín es mujer, a los almendros irá.
Don Martín deja las flores, un vara va a cortar:
—¡Oh, qué varita de fresno para el caballo arrear!
—Hijo, arrójale al regazo tus anillas al jugar:
si Don Martín es varón, las rodillas juntará;
pero si las separase, por mujer se mostrará.
Don Martín muy avisado hubiéralas de juntar.
—Herido vengo, mi madre, amores me han de matar;
los ojos de Don Martín nunca los puedo olvidar.
—Convídalo tú, mi hijo, en los baños a nadar.
Todos se están desnudando; Don Martín muy triste está:
—Cartas me fueron venidas, cartas de grande pesar,
que se halla el Conde mi padre enfermo para finar.
Licencia le pido al rey para irle a visitar.
—Don Martín, esa licencia no te la quiero estorbar.
Ensilla el caballo blanco, de un salto en él va a montar;
por unas vegas arriba corre como un gavilán:
—Adiós, adiós, el buen rey, y tu palacio real;
que dos años te sirvió una doncella leal!.
Óyela el hijo del rey, trás ella va a cabalgar.
—Corre, corre, hijo del rey que no me habrás de alcanzar
hasta en casa de mi padre si quieres irme a buscar.
Campanitas de mi iglesia, ya os oigo repicar;
puentecito, puentecito del río de mi lugar,
una vez te pasé virgen, virgen te vuelvo a pasar.
Abra las puertas, mi padre, ábralas de par en par.
Madre, sáqueme la rueca que traigo ganas de hilar,
que las armas y el caballo bien los supe manejar.
Tras ella el hijo del rey a la puerta fue a llamar.

SILVIA GALVÁN (2º BACH B): “Gacela del amor desesperado” (Federico García 1034Lorca)

Yo he elegido un poema de un libro que tuve que leer en cuarto de la ESO sobre la Generación del 27 y en el sale un poema de Federico García Lorca llamado Gacela del amor desesperado.

La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.

El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.

Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.

Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.

BELÉN GARCÍA (DPTO. FRANCÉS): “Estados de ánimo” (Mario Benedetti)

1037El poeta uruguayo ha sabido plasmar en el poema sus estados de ánimo que siempre serán distintos porque el mundo de las emociones se percibe de forma diferente en cada situación o en cada momento. Las emociones son necesarias para vivir y cada uno las afronta de distinta forma porque los factores externos influyen siempre en nuestras emociones.
Todo puede cambiar en cuestión de segundos y una persona puede pasar de la máxima euforia al abatimiento completo. La vida es eso. Así, el poeta nos dice que unas veces se siente como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas. Una colina es algo más bajo y de menor fuerza que una montaña que inspira emoción fuerte, mayor seguridad y mayor empuje. El poeta, con su “yo poético” nos hace partícipes de ese sentir y nos está diciendo que siempre tenemos que agarrarnos a algo para seguir viviendo porque la vida está llena de mil contradicciones y hay que aferrarse siempre a algo para poder vivir.
Los símiles y las metáforas que el poeta utiliza nos ayudan a entender su estado de ánimo insatisfecho hasta que alguien llegue y anide en su corazón. Al final del poema vemos que confía en que una tarde alguien se acerque y lo mire para seguir sintiendo y viviendo. Será su compañera, será lo que él desea.
¡Qué bonito Benedetti! Yo también me siento como tú en muchas ocasiones y me dejo acariciar por mi pluma para plasmar mil emociones y matar mis inseguridades.

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

VILLANCICO NAVIDEÑO (2º PCPI)

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JOSÉ CARLOS ARANDA (DPTO. LENGUA): “Elegía por las palabras”

1032He dudado mucho sobre qué poema recitar. Al final me he decidido por uno propio en honor a José Ignacio, un creador no se merece menos que la creación. Muchas veces os corrijo cuando tratáis de definir la poesía como expresión de la belleza a través de la palabra, la poesía es emoción y la emoción no siempre es positiva. En ocasiones, lo que nos mueve es la rabia. Eso fue lo que me ocurrió a mí un día después de ver un telediario, harto de la manipulación y de los eufemismos que trastocan significados y vacían las palabras prostituyendo la comunicación, impidiendo el entendimiento, falsificando las emociones. El resultado fue esta «Elegía por las palabras»:

Devolvedme las palabras, dejad que mi mente

vea y sienta y oiga y huela las palabras

sin el vómito repugnante de vuestra avaricia opaca.

Devolvedme las palabras,

que la libertad huela otra vez a campo y cielo,

que la democracia suene otra vez a pueblo y mar,

que la paz dibuje para siempre silencios y sonrisas en el aire,

que el amor sepa como antaño a sangre, a sudor, a niño,

a pecado trascendente de entrega…

y de vida.

Devolvedme las palabras,

que la poesía vuelva a ser acuarela para el alma,

que podamos entregar algún tributo

de futuro y de esperanza.

Devolvednos las palabras,

cerdos, cínicos ávidos de miserias,

que inoculáis vuestros miedos

desde la pobre ignorancia,

vaciando mis palabras.

Pero el acto requirió de la colaboración de muchos más a quienes quiero dar también las gracias. Sé que no estáis todos y que, a la hora de la verdad, muchos más estuvisteis ahí, eso es lo que realmente hace importante un acto como este. Un fuerte abrazo y feliz Navidad.
AZAFATA.
Alba de Luna Sánchez Jiménez 2C
Elena Mármol Morales 2C
Paula Sáez del Moral 2C
DIBUJANTES CARTEL
José Fernando Luque Benítez 2A
Sara Martos Martínez 2A
Karen Velarde 2ª
TÉCNICOS PARA EL ORDENADOR DURANTE LA PROYECCIÓN
Antonio Madera Peña 2ª
Jesús Sanz Herruzo 2ª
TÉCNICO CONTROL VOLUMEN MICRO
Daniel Fernández Pérez 2ª
ENCARGADO DE LUCES
Javier Yudes Reina
CONTROL DE ENTRADA
Diego Román Martínez 2ª
Iván Fernández Olivares 2ª
REPARTIR FOLLETOS
Belén Serrano Chavero 2ª
Blanca Hidalgo Lucena 2ª
Sara Castillo Baena 2ª
Lourdes de la Torre Ramírez 2ª
MOBILIARIO
Juan David Aguado Muñoz 2ª
Ángel Segura Jurado 2ª
DETALLES DE LA MESA CENTRAL
Anabel López Pulido
Marta de la Fuente Roldán

PERSONAL DE APOYO

Marina Luque Rodríguez, Rocío Navas Delgado, Marta Rivera Gordón, Cristina Mejías Bonilla.

A todos un fuerte abrazo y hasta siempre.

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SENTIDO COMÚN Y EDUCACIÓN INFANTIL: ¿QUÉ ESPERAMOS QUE APRENDAN LOS NIÑOS?

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Hace algún tiempo, me comentaba una amiga, Directora de un Centro de Educación Infantil una anécdota sorprendente, y lo era porque logró sorprenderla a ella a pesar de llevar más de veinticinco años dedicada a los niños. Imagínense en la reunión de principio de curso, esa que se organiza para que los padres puedan conocer a quien será el maestro o  maestra de sus hijos, donde van a explicarles las líneas básicas que se van a seguir a lo largo del curso. Se trataba de padres de niños de 3 años de edad. Uno de los padres, docente de profesión, al terminar la intervención levantó la mano, cuando le dio la palabra, le dijo que todo aquello estaba muy bien, pero que él quería ver las programaciones de Lengua y Matemáticas. Mi amiga, me cuenta, se quedó sin saber muy bien qué quería ver aquel señor. También me cuenta que, en ese momento, sintió pena por el pobre niño a quien había caído en suerte semejante padre.

La Educación Infantil es una etapa de desarrollo que debe centrarse fundamentalmente en el aprendizaje y desarrollo afectivo, emocional y social del niño. Mucho más importante que aprender a leer o a sumar o a escribir es lograr que el niño acuda feliz al cole a jugar con sus compañeros, que quiera a su profe, que venga a casa contando cada día su nueva aventura y que se acueste soñando en volver. Cuando se logra eso, el aprendizaje cognitivo viene solo. Cuando lo desenfocamos, truncamos la infancia de un niño. Los niños aprenden con las manos, haciendo y jugando, y siempre en un entorno de seguridad y cariño. A sumar, a escribir, se puede aprender o no a los cuatro años, pero a odiar el colegio se puede aprender desde los dos y que no se le olvide nunca. Al madurar el cerebro, es muy posible que el niño aprenda con facilidad esos cálculos que se le resistían el curso pasado, pero ¿quién logrará modificar sus emociones asociadas cuando están lastrando su desarrollo? Es más que posible que la inseguridad, el hastío, el rechacho… lo acompañen a lo largo del resto de la etapa escolar.

Una conocida periodista me comentaba que una vez le preguntó a la maestra de su hija ¿Cómo va mi niña? Ella le respondió: «Yo la veo venir todos los días con una sonrisa, ¿y tú? Yo también. Pues entonces todo va bien», dice que le contestó, y entonces se dio cuenta de la suerte que su hija había tenido con aquella profe. Es así de sencillo. Aquí les dejo el artículo, una bonita reflexión.

Sin leer ni escribir hasta los seis

La presión sobre los niños más pequeños está en cuestión – Los docentes piden flexibilidad en una edad en la que importa más lo físico, ético y social

«Creo que he perdido la primavera», grita Sara, de cinco años. Está en clase, en el colegio público Teresa de Calcuta de San Sebastián de los Reyes (Madrid). Mientras revuelve en una caja, tiene frente a sí tres fotografías de un mismo paisaje: una tomada en verano, otra en otoño y otra en invierno. Efectivamente, falta la primavera, así que Sara no estaba haciendo ninguna metáfora, pero su inocente comentario enmarca perfectamente el núcleo de este artículo. A saber: se han adelantado demasiado los objetivos y los contenidos escolares para niños muy pequeños, con lo que el segundo ciclo de la educación infantil se co nvierte en una especie de miniprimaria para unos niños que deberían estar aprendiendo, tal vez, cosas parecidas a las que les enseñan, pero desde luego de otra manera.

Hay una presión social para adelantar aprendizajes, dicen los especialistas. Lo importante es fomentar las ganas de aprender, asegura un experto. En Finlandia se centran en el desarrollo general hasta los cinco años. La enseñanza debe ser lúdica y tener en cuenta intereses y desarrollo del niño.

Básicamente esto es lo que dice una de las conclusiones de un reciente estudio dirigido por el profesor de la Universidad de Cambridge Robin Alexander, el mayor repaso hecho a la enseñanza primaria británica en 40 años. Los expertos aseguran que cuatro y cinco años es muy temprano para empezar a recibir una educación formal, estructurada en materias, y reclaman una enseñanza que les ayude a construir sus destrezas sociales, su lenguaje y su confianza a través de juegos, o simplemente hablando con los niños. Todo ello, en lugar de primar el aprendizaje de la lectoescritura y los números, como se ven obligados a hacer muchos docentes, presionados por la necesidad de elevar el nivel educativo, dice el informe.

Es cierto que el sistema español y el británico son distintos: ellos empiezan la escolarización obligatoria a los cinco años, en lugar de a los seis, con una especie de preprimaria, y en España el segundo ciclo de la educación infantil (tres, cuatro y cinco años) aún tiene mucho de juego en su metodología. Pero a los expertos no les cuesta nada trasladar las ideas del estudio británico al caso español, ya que aseguran que también existe esa presión por engordar los contenidos en una educación infantil muy parecida a la primaria, con una cierta división asimismo por áreas o materias y algún que otro cambio de profesor al lo largo del día.

Están de acuerdo con esta idea la profesora de Sara, Pilar Vara, y su compañera Marisa Cervigón. Son las docentes del último curso de infantil del colegio Teresa de Calcuta y entre las dos suman 40 años de experiencia docente en esta etapa.

¿Quién no está de acuerdo? Para empezar, parece que quienes hacen las normativas, que introducen cada más contenidos (más lectoescritura, más inglés, más tecnología). Y para continuar, la sociedad en general, y los padres en particular. «Hay mucha fijación con el aprendizaje de la lectoescritura», dice Cervigón. «Quieren que les enseñemos a leer antes de tiempo. Van a querer que empiecen a andar a los seis meses», ironiza Vara, y añade después: «¿Cómo van a aprender a hablar si no hablan, se pasan el día rellenando fichas?».

Los expertos se quejan sistemáticamente de esa presión social para mejorar el nivel educativo adelantando contenidos, como ya señalaba el estudio de Cambridge. Pero ese afán puede llegar a convertirse en algo contraproducente. «Puede socavar la confianza de los niños y se corre el riesgo de dañar a largo plazo su aprendizaje», dice el informe. Y pone el ejemplo de Finlandia, que siempre está en los primeros puestos del Informe Pisa de la OCDE, que mide las destrezas lectoras matemáticas y científicas de los chicos de 15 años. En el país nórdico, se centran en la educación social, física y ética hasta los cinco años, y a los seis dedican un año a la transición al colegio reglado de toda la vida.

Pero eso requiere un fuerte respaldo social. Y en España, por el contrario, «hay una presión terrible y enorme para adelantar la escuela en el sentido de las materias, de leer y escribir, pero adelantar el aprendizaje formal, lejos de reforzar su voluntad de aprendizaje, lo que hace es que se aburran sobremanera», dice la presidenta de la asociación de maestros Rosa Sensat, Irene Balaguer. La portavoz de directores de escuelas infantiles de la Comunidad de Madrid, Carmen Ferrera, con más de tres décadas de experiencia, es todavía más tajante: «Mi opinión es que la lectoescritura no debe empezar antes de los seis años. Todos los aprendizajes que se fuercen van a estorbar en el futuro».

Incluso la idea, respaldada por muchas investigaciones, de que la escolarización temprana puede evitar el fracaso escolar se puede ir al garete si se les mete a los niños mucha presión, asegura el catedrático de la Universidad de Sevilla Jesús Palacios. Para niños de entornos más favorecidos socioeconómica y culturalmente no es crucial una escolarización temprana, pero sí para otros de ambientes más desfavorecidos, asegura el profesor: «Y es precisamente a estos niños a los que más les puede perjudicar una escolarización excesiva».

Palacios se queja de que las clases de infantil están, en general, muy basadas en las fichas, ésas de las que hablaba Pilar Vara. Las fichas son el equivalente infantil del libro de texto, explica. Por ejemplo, los niños identifican las partes de un árbol, las rellenan con distintos colores, reproducen las letras… «Hay una paradoja en infantil: los chavales están sentados en grupos, más o menos en círculos, pero raramente trabajan en grupo, sino que, colocados así, hacen un trabajo estrictamente individual», añade Palacios.

Por supuesto, la cuestión tiene unas raíces que vienen de lejos. «Tenemos un problema que el sistema británico no tiene: que la educación infantil fue creada como una extensión hacia abajo de la primaria, aquí no existía el kindergarten, como en Alemania, ni la maternal, como en Francia, sino que simplemente, en un momento dado se empezaba la primaria. Así, el sistema ha ido creciendo de arriba abajo», dice el catedrático.

Palacios, como Balaguer, Ferrera, Vara y Cervigón, todos explican que la diversidad de los alumnos, tanto en su desarrollo como en sus intereses, es tan distinta que parece una tontería intentar enseñar a todos a escribir o los números. «Hay niños que sienten mucha curiosidad y escriben su nombre. O los que descubren que en la calle o en los cuentos hay letras. Estos arrancan de una manera espontánea. Pero hay niños que tienen otros intereses», dice Balaguer

«Hay que ir a cosas mucho más lúdicas, con una metodología que les ayude a un desarrollo global», continúa Ferrera. Pero eso, ¿cómo se hace? La docente pone un ejemplo: arrancar la clase con una asamblea: «Los niños en círculos empiezan a hablar con el profesor sobre las cosas que les preocupan, que les interesan, sobre lo que han hecho… Si resulta que es un día nublado, la maestra tiene que tener la habilidad para proponerles juegos, dramatizaciones, o simplemente hablar sobre el tiempo y las nubes».

«Es verdad que la educación infantil tiene que ser más flexible, menos regulada que la primaria y la secundaria, no debe existir sobre todo la presión, que es fruto de una presión social. Pero también es verdad que hay escuelas y profesores que ya lo hacen así», asegura el pedagogo y director de Cuadernos de Pedagogía, Jaume Carbonell. Probablemente el colegio Teresa de Calcuta es un ejemplo. Al menos, Pilar Vara y Marisa Cervigón insisten en ello. «Nosotras tratamos de ser muy flexibles, por ejemplo, evitamos todo lo que podemos los textos», dice la segunda.

La tarde para ellas ha sido más o menos tranquila. Bueno, todo lo tranquila que puede ser alrededor de un montón de chavales de cinco años. A las tres entraron todos en fila -«Vamos, todos, el tren», colocó Pilar-, hasta llegar a la clase, decorada con un montón de murales, de dibujos, un gran tótem de papel, más alto que todos los niños, junto a la ventana. El paisaje continúa con una pizarra de toda la vida junto a un reproductor de música y un ordenador.

En el otro extremo del ventanal, hay una mesa con un bonsái y unos trozos de patata que, puestos en agua, empiezan a germinar. Allí se sentarán algunos niños, lupas en mano, a investigar. Otros, en un grupo de mesas (como explicaba Palacios, hay tres bloques de varias mesas unidas) harán formas con la plastilina; otros pocos decorarán con series una espiral dibujada en un papel que luego recortarán dejando el resultado como una serpentina; «Yo hago sol-corazón, sol-corazón», dice una alumna con entusiasmo. «Yo una muy difícil: cuadrado, triángulo, círculo», añade otro, orgulloso. Los últimos se dedican a coger una tarjeta con una palabra escrita y a descubrir, dando palmas, cuántos sonidos-sílabas tiene cada una. Durante aproximadamente una hora harán por turnos todas las actividades.

Aunque alguno parece aburrirse un poco, otros se ríen con entusiasmo, y hay una discusión, en general parecen pasarlo bien, si bien da la impresión de que a alguno de ellos se le estuvieran acabando las pilas. «Pasan aquí muchas horas. Los hay que llegan a las 7.30 a desayunar y se van a las 18.00», dice Pilar. Y, aunque intentan efectivamente hacer las cosas de otra manera, se quejan de esa falta de flexibilidad, por ejemplo, que se tenga que romper la clase por narices para ir a inglés.

Hay muchos niveles de flexibilidad, y la normativa y la organización de los centros lo permiten hasta cierto punto, y aunque existen esos profesionales que intentan hacer las cosas de otra manera, se trata de un porcentaje que no es «representativo de la mayoría y, en cualquier caso, la sociedad no lo aplaude», asegura José Antonio Fernández Bravo, experto en didáctica de las matemáticas y autor de varios trabajos sobre los contenidos en la educación infantil. Fernández insiste en la presión social que imprimen los padres: «Estamos obsesionados con subir el nivel y nos creemos que eso consiste en adelantar contenidos, pero no lo es. Está demostrado, incluso neurológicamente, que a esa edad lo más importante es fomentar el querer aprender».

En educación hay muchas pescadillas que se muerden la cola y ésta podría ser una de ellas. Entre informes Pisa que causan estupor y enfado general porque la educación española no da los resultados que a todos les gustarían, los profesores de primaria se quejan de que los niños llegan de la infantil sin saber lo suficiente; los de secundaria se quejan de lo mismo con respecto a la primaria y los de universidad, ídem de ídem. Pero, entre quejas entrecruzadas y manoseadas, ¿y si resulta que el problema de raíz es que nos estamos saltando pasos? ¿Y si resulta que a Sara se le ha perdido la primavera de verdad?»

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JOSÉ CARLOS ARANDA EXPLICA UN NUEVO MODELO EDUCATIVO

FERIA DE LA EDUCACIÓN CORDOBA DIPUTACIÓNJosé Carlos Aranda explica un nuevo modelo educativo basado en la inteligencia natural

El profesor José Carlos Aranda destacó, durante la conferencia que ofreció en “Sigo Creciendo”, la importancia de educar en la felicidad más que en el conocimiento, ya que el éxito escolar no garantiza que el niño tenga la misma suerte en su vida personal en un futuro próximo. Aranda, autor entre otros libros de “Inteligencia natural”, explicó a los asistentes que el ser humano es un compendio de cuatro inteligencias entre las que debe existir un equilibrio para el correcto desarrollo del niño: la inteligencia social (la que nos permite relacionarnos correctamente con los demás), la cognitiva (los conocimientos adquiridos), la emocional (la que permite controlar las emociones para que no se conviertan en una lacra) y la moral. Asimismo, Aranda informó de que su último libro “Inteligencia natural” es un “viaje apasionante” por el crecimiento del cerebro de un niño y en el que se dan las claves para que, desde el principio del embarazo, se puedan estimular las capacidades innatas del niño y, una vez que haya nacido, que no se vean mermadas. El método de la Inteligencia natural tiene como objetivo educar a los niños para que sean capaces de ser felices con la estimulación de sus capacidades y sin las imposiciones de la negatividad, la inseguridad o la impotencia.

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