Hoy nos toca poner palabras al dolor de tu ausencia, a la soledad. Pero no hay palabras, José Luis, que puedan contener el vacío que nos queda.
Te marchas con tu música, tu saxofón, y el inmenso amor que derramaste en vida. Una vida de bondad y entrega hacia tu familia, tu esposa, tu hijo, tu hermana, tus amigos, tu banda de música de la Santísima Virgen de la Esperanza y tus niños, esos niños a los que recibías cada día en tu portería con una sonrisa. Y es mucho ese amor, José Luis, es mucho. Cariñoso, familiar, noble, generoso sin límite, buen padre, esposo, hermano, amigo.
Ayer, cuando me enteré, recé con Machado: Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. / Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. / Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. / Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
Después sentí la rabia de Hernández pensando lo temprano que levantó la muerte el vuelo, lo temprano que madrugó la madrugada y sentí no poder perdonar a la tierra ni a la nada.
Después recordé ese pregón de Semana Santa, ese hablar contigo, ese sentirte conmigo y sentí que seguirás ahí, que tu peregrinar ya acabó y has firmado una vida ejemplar. Y pensé en esa Virgen tuya, tan tuya que siempre te acompañó y supe del cielo que te espera, y supe que siempre estarías con nosotros, que no te vas, y me acordé de Manrique, de esa literatura tan nuestra hecha vida: ya olvidados tus sentidos, rodeado de tu mujer, de tu hijo y tus hermanos diste el alma a quien te la dio, que Dios te tenga en su gloria, y aunque ya no estés aquí, nos ha dejado un enorme consuelo tu memoria. Incluso en tu muerte, puerta de la resurrección y la vida eterna, fuiste ejemplar, José Luis.
Gracias, José Luis, por esa vida entregada, por ser tú, siempre estarás en nuestros corazones. Ahora, descansa en paz. Hasta luego.
El aprendizaje del uso de los signos de puntuación suele resultar tedioso. En la mayoría de los casos, el aprendizaje es instintivo a través de la lectura, pero siempre hay reglas y usos que se nos quedan atrás. Resulta muy complicado leer las reglas ortográficas, por ser una sucesión ininterrumpida de normas mejor o peor explicadas. El resultado es que desconectamos con rapidez.
La idea pedagógica que preside el método es el otorgar una actitud positiva y activa frente al aprendizaje. Todos lo hacemos bien, todos podemos mejorar. Partimos de la base de que cada uno tiene un conocimiento teórico y práctico diferente, los niveles son distintos. Por eso, no necesitamos utilizar nuestro tiempo en aquello que ya conocemos, sino en resolver las posibles dudas, aclarar conceptos y aprender las normas que nos son desconocidas. Vamos de la teoría a la práctica, y de la práctica a la teoría. En el Manual práctico para un buen uso de los signos de puntuación hemos diseñado un método interactivo y gradual. Interactivo porque cada ejercicio propuesto introduce un autocorrector que nos va a permitir depurar errores, detectar lagunas y aclarar aquellas normas que nos son desconocidas sobre todos y cada uno de los signos de puntución. Y gradual porque vamos de los más simple, el uso de la coma en las oraciones simples, a lo más complejo por poco frecuente como los guiones, las barras o los corchetes.
Para ello hemos diseñado ejercicios de tres tipos en la primeraa parte del libro: en el primero vamos a repasar la teoría proponiéndote afirmaciones sobre las que tendrás que decidir si es verdadero o falso. En el segundo, te proponemos ejemplos prácticos donde el signo de puntuación puede estar bien o mal utilizado. Tendrás que detectar los errores. Y, el tercero, consiste en oraciones sin puntuar donde deberás colocar correctamente los signos solicitados. El corrector te permitirá en todo momento comprobar el acierto o error de tus respuestas y consultar la regla pertinente en caso de error o duda.
Pero el uso de los signos de puntuación puede adquirir valores estilísticos usados con una intencionalidad precisa. Para comprobarlo y comprender mejor estos posibles usos hemos recurrido a un segundo cuerpo de ejercicios consistente en la selección de ocho textos literarios en los que vamos a reflexionar sobre las posibilidades que nos ofrecen autores de primera línea, españoles e iberoamericanos. Las preguntas concretas que se realizan orientarán la reflexión y te permitirán un uso más estilístico, intencionado y elegante, en su caso. Como en el apartado anterior, el autocorrector te dará las respuestas y podrás seguir avanzando.Toda una aventura.
La clasificación sistemática de las reglas que se adjunta es la que nos sirve de guía de referencia para consultas y revisiones, y la que ha permitido los autocorrectores, la auténtica esencia del método..
Esta metodología permite el uso del Manual práctico para un buen uso de los signos de puntuación, tanto individualmente, para profesionales que quieran mejorar su estilo, como didácticamente en el aula temporalizando los ejercicios en función del nivel del alumnado con el que se practique. La clave del método es la constancia. No es necesario emplear mucho tiempo, con solo diez minutos diarios obtendremos grandes resultados.
Esta dinámica de aprendizaje es fruto de la experiencia docente. Su aplicación desde Primaria hasta la Universidad ha demostrado su eficacia.
Manifiesto en defensa de la Enseñanza como bien público (contra la LOMLOE y precedentes)
«Las mejores cosas son patrimonio común.» (Séneca)
La enseñanza reglada en España no marcha por buen camino y las leyes que se han aprobado últimamente, junto con la LOMLOE de 2020, no parece que vayan encaminadas a poner remedio, sino que más bien tienden a empeorar la situación. Entendemos que la enseñanza en todas sus etapas debe tratar de aspirar a ser de calidad, entendiendo por tal una instrucción basada en los conceptos nucleares de «esfuerzo, mérito y contenidos». Los conceptos ajenos a los saberes concretos de cada asignatura, de tipo moral o ideológico, deben ser desplazados de las aulas. Los alumnos no deben ser objeto de adoctrinamiento pues tal intromisión supone una perversión de lo público al sacrificar, especialmente para los alumnos con menos recursos, su formación técnica, profesional, académica y personal, condenándoles al sometimiento moral y a la incompetencia intelectual. Ello perjudica el carácter de ascensor social y de igualdad de oportunidades que precisamente toda escuela pública debe tener. De este modo, además, ya gobiernen unos partidos u otros, con orientaciones morales e ideológicas diversas, no se correrá el peligro de que el sistema educativo se convierta en instrumento para adoctrinar y apropiarse de un servicio público fundamental para la sociedad y sus miembros, sufragado por todos los contribuyentes. Nada distinto de lo que dice la Constitución española (Art. 27).
El presente manifiesto plantea como puntos principales que habría que tomar en consideración por las autoridades educativas los siguientes, a saber:
1. Creación de una institución pública, de una suerte de Consejo General de la Función Docente, integrado exclusivamente (o principalmente) por docentes con larga experiencia, académicos y científicos de reconocido prestigio procedentes de las distintas ramas del saber, formal y materialmente independiente del poder ejecutivo y del poder legislativo, ajeno a cualquier ideología o partido concreto, que sirva de principal referencia a la hora de proponer, o en su caso revisar, las distintas leyes e iniciativas de carácter educativo, ya sea en la enseñanza infantil, primaria, secundaria o universitaria, y cuya principal competencia sea el diseño, según criterios estrictamente técnicos, científicos y académicos, del Sistema de Instrucción Pública y sus planes de estudios.
2. La tasa de fracaso escolar, entendiendo por tal el número de repeticiones y de suspensos, es relativamente alta. Pero la LOMLOE trata de arreglar el problema haciendo desaparecer los suspensos y dificultando la repetición, con lo que no solo no solucionará sino que acrecentará el problema al ocultarlo, además de añadir carga burocrática para los docentes, que tendrán que realizar tareas administrativas ajenas a su verdadera ocupación: dar clase a los alumnos y prepararse para ello.
3. La evaluación debe ser por contenidos concretos de cada asignatura, pues la evaluación por competencias diluye los conocimientos concretos. No hay mayor adquisición de competencias que dominar con destreza los contenidos de cada asignatura.
4. Deben permanecer las notas numéricas y las Menciones de Honor. Las primeras para conocer con mayor precisión el grado de éxito del alumno en la adquisición de conocimientos; y las segundas para que el esfuerzo y el mérito sean un aliciente más para el alumnado, y contribuyan a reducir cuanto se pueda toda discriminación que no sea exclusivamente escolar, especialmente la discriminación socio-económica, que la escuela actual, por su empobrecimiento en contenidos, ejerce de hecho.
5. Los docentes deberán contar con libertad para enseñar los contenidos científicos o humanísticos de su materia, sin ser correa de transmisión de la ideología de turno, y cuyo límite debe ser la Constitución y el Código Penal.
6. Debe apostarse por exámenes externos y comunes en distintas etapas educativas, para poder realizar pruebas diagnósticas sobre la marcha de los distintos centros de enseñanza. En especial, apostamos por una Prueba de Selectividad única en todo el territorio nacional, con contenidos comunes, garantizando así la igualdad de oportunidades para todos los alumnos.
7. Creemos que es importante, asimismo, que se garanticen las resoluciones judiciales, como la que obliga a impartir al menos un 25% de las asignaturas en español en Cataluña. Aspiramos, de forma más general, a que en todo el territorio nacional se garantice la enseñanza pública en lengua española, sin perjuicio de que continúe habiendo enseñanza en otras lenguas cooficiales del Estado.
Este manifiesto por y para la instrucción pública, que ha sido redactado por un conjunto de profesores de enseñanza secundaria, se lanza a todos los implicados en el proceso educativo: maestros, profesores, padres, madres, alumnado, autoridades educativas y ciudadanos preocupados por la deriva del sistema educativo en nuestro país.
Esta frase es el lema de una campaña contra los abusos de los bancos con la dichosa digitalización. Cada vez hay menos personas atendiendo, cada vez menos hay alguien que nos escuche y nos ayude a resolver los problemas que a todos se nos presentan. Y está bien, aunque algunos inicien una campaña publicitaria en apoyo utilizando para ello un código QR, como si todos tuviéramos la obligación de estar hiperconectados y saber cómo funcionan los malditos aparatos.
Pero nadie habla de la Administración Pública, que debería estar al servicio del ciudadano y no complicarnos la vida. Se casó mi hija. Me quedé encargado de registrar su matrimonio en el Registro Civil de Córdoba mientras ellos se iban de luna de miel. Hasta ahí, todo normal. Me presento en el edificio de los Juzgados y la primera pregunta viene del guardia civil que hay en la puerta: “Trae usted cita”. No, pero imagino que podré sacarla aquí. “Bueno, pase y pregunte usted en Información, es esa ventanilla de ahí”. Y me señala la ventanilla que hay a la derecha de las escaleras mecánicas justo enfrente. No había nadie. “Siéntese y espere”. Me senté en unos sillones atento a la llegada del funcionario de turno. La espera duró 20 minutos de reloj, y debía ser algo habitual porque en la ventanilla de la derecha había colgado un cartel que rezaba “Esto no es información”, en letras destacadas como con hartazgo e indignación. Cuando por fin llegó el funcionario, me acerqué a la ventanilla y le indiqué el motivo que me llevaba. “¿Tiene usted cita?”. No. “Entonces no puede usted pasar”. Y, ¿cómo se saca la cita?. “Por Internet”. Perdone, y si no tengo Internet. “Puede hacerlo con el teléfono móvil”. Perdone, y si no tengo teléfono móvil. “Entonces vaya usted a un Centro Cívico, pero sin cita previa no lo pueden atender”.
¿Desde cuando es una obligación del ciudadano estar conectado a Internet o tener un teléfono móvil? ¿Cómo hemos llegado a esto? La Administración está para atender y servir al ciudadano, para facilitar las gestiones que, por obligación, tenemos que hacer sin más remedio. Porque nos sentimos amenazados, porque a nadie nos gusta perder el tiempo discutiendo con las paredes. En lugar de eso, la pandemia, que parece que ya no existe, nos ha traído estas nuevas obligaciones que nos sobrepasan con la indiferencia más insultante de quienes debieran pensar en el bienestar de las personas. E incluyo aquí a algunos funcionarios que, pobrecitos, no hacen sino cumplir con su obligación, pero hay muchas formas y caras para hacerlo, créanme.
Con una indignación que me subleva, me retiro. Vuelvo a casa después de perder inútilmente una mañana. Saco la cita por Internet. Tengo 65 años y dos doctorados. Pero pienso en quienes tienen 75, 80 años y no tienen, no tenemos, obligación ninguna de estar conectados, de tener teléfono móvil, de tener la App de turno que descifre códigos ni han manejado un ordenador en su vida, la indefensión que supone el obligarlos a utilizar herramientas que nunca han usado, que no necesitan, que no aprecian, que no debieran ser obligatorias cuando quien sirve tiene la obligación de ayudar, no entorpecer, no liar, no agobiar, no despreciar a quienes llevan toda su vida trabajando para, entre otras cosas, que ellos puedan cobrar su sueldo todos los meses.
Así que no pongamos el foco solo en los bancos, que también, carguemos contra esta Administración abusiva que desprecia a los ancianos y hace complicado lo que antes era tan sencillo como hacer cola y presentar un documento en ventanilla. Y, con suerte, ser atendido por una persona amable que sonríe y responde a tus preguntas.
Sé que esto no servirá de nada, ¡ojalá se hiciera viral y un movimiento ciudadano obligara a cuidar más y mejor el trato personal de nuestros mayores!, no será así; pero, al menos, me he desahogado y mis arterias lo agradecen.
43. He reparado muchas veces, señor Colodro, ¡qué dichosos tiempos de ahora a ochenta años!, ¡qué de santos resplandecieron en ellos! Y comencemos por esta santa que acabamos de decir, la condesa de Feria, la madre Teresa de Jesús, pues si se cuentan los siervos de Dios que florecieron, no hay número, y entre ellos fue el Beato Padre Ignacio y los otros santos compañeros que le siguieron, [que] no fueron de menor fama que su Padre. También el Padre Francisco Javier, el Padre Diego Laynez, el Padre Salmerón, que con sus escritos ilustró la Iglesia, el Padre Francisco de Borja, duque de Gandía; pues qué diré de los mártires que padecieron de la Compañía de Jesús, la Reina María de Gracia en Inglaterra fue de este tiempo; Fray Luis Nicolás Beltrans, el Arzobispo de Villanueva; el doctor Diego Pérez; Juan de Dios, el de Granada; un hijo mío llamado Baltasar; el Padre Mateo de la Fuente, que fue fundador del Zardón, junto a Córdoba. Pues qué diré del Fraile Francisco Moro, Fray Luis Beltrán, el Cardenal Borromeo y otros.
Florecieron también el Padre Centenares y el Padre Fray Luis de Granada, merecedores de toda alabanza, pues sus escritos ¡qué no fueron celebrados en (B) [su] patria y fuera de ella; ¡y qué diré de sus virtudes y santidad de vida! Pues ¡qué diré del Padre Ávila, de la santidad y vida, de su opinión en Italia y Francia!, pues le llamaban a boca llena Doctor de la Iglesia y, sin duda fue, providencia de Dios que cuando Martín Lutero se desvergonzó a Dios y a su Vicario, escogió Dios en España tantos siervos suyos para que predicasen su palabra más bien informada que el traidor la interpretaba.
[45] Bien habéis reparado, dice Colodro, y es de advertir todo lo dicho, y porque no penséis que he acabado os tengo que contar otras cosas que supe en Córdoba, de personas de verdad. Yo gustaré, dice Excusado, que esta materia prosiga, pues todo redunda en gloria de Dios.
En Córdoba estaba una señora, hija de los marqueses de Priego. Esta señora rubo dos hijos que fueron en nuestros tiempos el uno se llamón don Diego de Córdoba, caballero del rey don Felipe Segundo, y el otro fue don Francisco Pacheco, Obispo de Córdoba. Esta señora era viuda y para no ser menos que su madre y hermanos, con una emulación santa, se dio a todo género de obras de piedad. Y, entre otras, escogió un limosnero santo hijo del Padre Ávila. Por una mano distribuía grandes limosnas: ordenó (A-19) que cerca de la casa se hiciese un hospital que se llama de los desamparados, porque el intento del que lo comenzó fue de recoger tantos pobres desamparados. Ayudó la santa a la obra de este hospital largamente, conque se acabó brevemente. Hizo que se abriese un postigo en su casa para poder servir mejor a los pobres y visitarlos a menudo.
[46] llevando siempre regalos y conservas y lo demás que en su casa había, con mucha cantidad de sábanas y camisas para los pobres. Hacíales la cama, lavábales las manos, y esto con tanta alegría y consuelo que su limosnero, con ser muy aficionado a pobres, decía que doña María Fernanda de Córdoba le hacía ventaja en la caridad para con los enfermos. Daba, sin esto, todos los días a su limosnero cien panes de limosna, y los días de fiesta, doscientos; más infinitas limosnas que hacía a conventos de frailes y monjas y otras personas honradas.
Disfrazábase de noche e iba con su limosnero y dos escuderos suyos disfrazados a visitar pobres honrados, a las colaciones de Santa Marina, a San Lorenzo y la Magdalena, bien lejos de su casa, para la lista que su limosnero tenía. Decía que era una señora forastera de este valle de lágrimas y, sabiendo la necesidad, la venía a consolar y ayudar. Y animábalos con unas palabras tan compasivas que para alivio de sus trabajos eran (B) bastante. Preguntábales cuántos hijos tenían y el tiempo de su enfermedad, compadeciéndose de suerte que causaba espanto en las personas afligidas, ¡cuán verdadera era su compasión!
47. Finalmente, vista la pobreza y calidad de las personas, sacaba doce, dieciséis, veinte ducados y dábaselos pidiéndoles le perdonaran su atrevimiento, que les quisiera remediar todos sus trabajos. De esta suerte, iba esta Ilustrísima Señora forastera y extraña en las obras de piedad y misericordia, que pone espanto oírlas, cuanto más hacerlas. Después de hechas estas cosas, se venía a su casa que, por antonomasia, se decía la plazuela de las Doblas, que cae entre la puerta de Osario y la del Rincón, y toda la vuelta no era otra cosa que referir los trabajos y miseria que había visto trayendo a cada pobre metido en sus entrañas.
48. Era visitada esta santa señora por su virtud y por ser hija del Marqués de Priego, de todo lo mejor de la ciudad. Estimaba en mucho el tiempo perdido y procuraba gastarlo muy bien: echó de ver que las visitas que le hacían era tiempo perdido (A-20) por estar ella y los que la visitaban parados. Y dio en una traza para aprovecharlo, y fue tener de toda suerte de ocupaciones que suelen haber las mujeres, de suerte que ninguna que viniese a visitarla, tuviese excusa para no ocupar su tiempo. Viendo esto las señoras y no pudiendo excusar las visitas por la obligación que tenían y por no caer en afrenta, se ejercitaban en su casa para no quedar corridas con doña María Fernanda de Córdoba. Todo esto que se hacía en estas visitas, que era mucho, era para los pobres porque se vendía después y se sacaban buenos ducados para emplearlos en estas buenas obras.
49. Finalmente, llegó la muerte cogiéndole en estas obras de tanta piedad, y la hubo como la vida, y su memoria sería eterna, pues oí vive entre los pobres como el primer día. Después de haber muerto esta señora le dieron a su hijo don Francisco Pacheco el obispado de Málaga, y luego el de Córdoba. Y contándole este, su limosnero, estas cosas de su madre, dijo el Obispo: Hartas cosas me contó mi señora madre, pero no me dijo esas formas, por lo cual ya estimaré más de aquí [en] adelante que a la nobleza que de ella tengo.
Muy satisfecho quedo, dijo Excusado, y quisiera saber qué llevó a esta señora tan noble a acudir a semejantes obras de piedad. Pues viendo (B) que su hijo, siendo obispo, se preciaba mucho de tal madre, yo estoy persuadido que es traza de Dios está en estos casos para purificar la causa de cada estado de gentes: que es ver un Duque de Gandía renunciar su estado y meterse religioso, sino por tener Dios un Duque que le sirva de Fiscal para juzgar los demás. Que es ver un Emperador Carlos Quinto renunciar todo el mando y poder del mundo, recogido en San Jerónimo de Yuste en la vera de Plasencia, si no es para que sea juez de los demás emperadores y reyes. Y para los demás estados hay otros muchos que han de ser fiscales de sus desconcertadas vidas, pues pudieron haber vivido santamente como aquellos.
Publicado enACTOS|Comentarios desactivados en VIDA DE MARÍA FERNANDA DE CÓRDOBA, HIJA DE LOS MARQUESES DE PRIEGO (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)
(&6) Sabéis que en Córdoba era una casa de los ganadores (1) de ella, que se llaman los señores de Guadalcázar. Son de Córdoba finos, y una (B) de las casas que compiten con el Marqués de Priego, que es duque de Sesa y Conde de Alcaudete, con todos estos señores que se jactan venir de aquellos ganadores cuyos nombres hoy se tienen entre sí y de ello hacen ostentación en sus armas y escudos. Finalmente, le oí decir a don Andrés Fernández de Córdoba, obispo de Badajoz y sobrino de esta señora, doña Sancha Carrillo, que su abuela de esa señora emparentó con doña Juana, hija de los Reyes Católicos de España, por haber casado el rey don Juan de Aragón, príncipe que fue del Rey don Fernando, con una abuela suya. Al fin, esta señora iba a ser dama de la Emperatriz y, preparadas todas las cosas para el viaje como convenía, un hermano de esta señora, que se llamaba don Pedro de Córdoba, este era discípulo del Padre Ávila y le seguía en sus consejos y, como hombre tocado de Dios y que consideraba la brevedad de este mundo con diferentes ojos que su padre y hermana, le pesaba de la vida de esta su hermana por el descuido en que se vive en casa de los Reyes.
[34] Persudió muchas veces a los padres y hermanos [para que] diesen mano a aquel viaje y pretensión, pues sin ser dama de la Emperatriz podría muy bien casarse, todo lo cual le era de notable disgusto y desabrimiento (A-14). No dando oídos a nada, a trueque de salir con su contento y así, no trataba de otra cosa que de su partida, tanto que se aprestó todo hasta tener las cabalgaduras, coches y litera en que había de ir. A la puerta de su casa, don Pedro, su hermano, a quien Dios había tomado por instrumento de su conversión, no la dejaba un punto con consejos y amonestaciones, y viendo que nada aprovechaba, le rogó hincado de rodillas que, por lo menos, antes de que se fuese, lo hablase con el Padre Ávila y se despidiese de él. Para darle gusto, admitió esto luego y, así, se detuvo hasta que viniese el Padre Ávila. Fue a llamarlo en buen don Pedro a pedirle con todo encarecimiento fuese a hablar a su hermana y que la apartase del viaje que llevaba, dándole a entender los peligros en que se iba a poner de alma y cuerpo. Prometiole hacerlo como se lo rogaba y que se fuese, que él iría tras él. Hizolo así y recogiose por breve espacio en un oratorio donde pidió a Dios mudase el corazón de aquella señora y no permitiese se perdiese su alma. Fue la oración tan aceptada por Dios como se verá en lo que sucedió.
[35] Llegó el buen don Pedro y rogole a doña Sancha se llegase a Santa Marina, que es una parroquia que está allí cerca, porque sería más decente lugar para el Padre Ávila. Hízolo ellas de buena gana, que (B) en esto se echó luego de ver que comenzaba el Señor a obrar sus maravillas. Hecha la oración en la iglesia, entrose en un confesionario donde estaba el Padre Ávila, y después de las ordinarias salutaciones tomó la mano sobre lo que don Pedro le había dicho y, como Maestro tan diestro en encaminar almas al cielo, le fue diciendo tales cosas en contra de sus pretensiones que, derritiéndose aquel corazón frío en lágrimas de confusión y de vergüenza, desistió de lo que adelante estaba y, pidiéndole que no la dejase un punto, porque se determinaba dejar todo cuanto el mundo tenía, El santo Padre se lo prometió y, fiada de Dios y de la fe y palabra de su santo, se volvió a casa bien diferente de como había salido de ella. Pidió a los padres que dejasen aquel viaje dándoles las gracias por el cuidado que habían puesto en el aumento de su honra y que ella lo pensaba poner de allí en adelante en llorara y hacer penitencia de sus pecados, y que, por eso, les suplicaba le diesen un aposento, el más retirado de la casa, adonde sin registro de nadie pudiese darse a sus ejercicios
[36] Viendo esto los padres y hermanos y admirados de una mudanza tan nueva, la persuadieron que no hiciese alguna liviandad [A-15] de moza y que después se arrepintiese, que lo mirase bien y no quisiese afrentarlos. Ella les satisfizo con razones tan fuertes que, dejando sus sospechas, se determinaron a darle contento. Viendo que todo esto iba encaminado por la mano de Dios, escogió dos doncellas de quienes tenía satisfacción de que eran virtuosas, recogiose con ellas a un cuarto de casa como ella lo había pedido, y comenzó su ejercicio. Y cebose con él con tanto gusto que en ninguna cosa de esta vida lo tenía mayor; daban de limosna la comida que se les daba y, venida la noche, bajaban las tres siervas de Dios a los suelos de las cocinas y, de los mendrugos de pan que hallaban y otras cosas desechadas de las criadas de su padre, comían. Esta mortificación voluntaria agradó tanto a Dios que en retorno de ella, se apareció diversas veces recreando su alma con muchas mercedes y favores. Cebose tanto en estos gustos y fue tan agradecida de Dios que no trataba sino de recompensarle con grandísimas penitencias y trabajos, y así su ordinaria petición era pedíselos a su Majestad y que fuese arrastrada por su amor y hecha mil pedazos por quien tantas mercedes y favores le hacía.
[37] Sucedió en este tiempo un año muy trabajoso (B), y viendo la fervorosa señora que su querido Señor había de ser ofendido por ocasión de la necesidad, le pidió de todo su corazón que tomase la venganza de ella y que perdonase a toda Andalucía, y para se vea si tiene Dios a bien que le pidan con los brazos abiertos y levantados, pues se echó bien de ver haber oído a esta sierva, pues milagrosamente se remedió el hambre y a esta sierva de Dios le sobrevinieron unas tercianas tan crueles que ninguna ropa era bastante para resistir los grandes fríos que padecía; tanto, que afirmaban los médicos ser fuera d todo uso natural la enfermedad que padeció mucho tiempo, con admiración de que cuerpo humano pudiera resistir tanto mal.
[38] Iba um día esta señora al Convento de La Merced, que estaba cerca de su casa y, en el camino, apareciósele Jesucristo crucificado, y compadeciéndose de él, le dijo: Señor mío, pues siendo día de tanta festividad, ¿estáis de esa manera? (era el día del Corpus Christi). Has de saber, dijo el Señor, que los hombres con sus pecados, me ponen cada día en esta cruz. Quedó absorta en Dios por largo tiempo y, cuando volvió en sí, daba voces rogando que nadie le ofendiese.
[39] Vínole un deseo a esta sierva de Dios (A) de saber el estado en que estaba su alma, y así se le concedió y apareció una niña pequeña ensecada, descolorida y legañosa, que era asco mirarla. Y fue tanto el espanto que le dio de verla que fue necesario que la consolara el mismo Señor que le había dado este deseo, y así la animó diciendo que nada de aquello era pecado mortal, sino veniales e imperfecciones en amarle y servirle. Para que se vea la figura que tendrá una desdichada alma que está metida en un abismo de pecado en desgracia de Dios. Y, en esto, creo a los teólogos que dicen que es más feo el pecado que el Demonio. Finalmente, desde que Dios le hizo merced de mostrarle el alma, se alentó en servirle muy de veras y, últimamente, la llevó su Majestad de esta vida, teniendo siempre por guía a su buen maestro hasta el fin de ella. Murió en Écija y fue traída a enterrarla a Córdoba, al enterramiento de sus padres que es en la Capilla Mayor de San Francisco, que es uno de los mejores de aquella ciudad. Sabida su venida, salió toda ella a ver una santa, que tal era ya su fama en toda Andalucía; venía en una litera que traían dos acémilas muy mansas y domésticas, y para que se vea los justos juicios de Dios que, como dijimos arriba, le había pedido encarecidamente que fuera arrastrada por él, no se lo concedió en vida y otorgóselo en la muerte (B). Y así, luego que comenzó a entrar el acompañamiento de la clerecía y conventos por el puente, la una de las dos acémilas que llevaban el cuerpo se desasió de las correas y lazos en que iba asida con notable espanto de los circundantes, sin poderlo nadie remediar, y la delantera, asombrada del golpe que dio la litera, partió por medio de infinidad de gente sin ser poderosa toda ella para detenerla, llevó arrastrando el cuerpo de la santa por toda la Platería y la Pescadería y calle de la Feria hasta que entró en el Compás de San Francisco adonde se paró tan quieta y sosegada como si viniera en compaña de la otra.
[41] Todo lo cual se conoció ser guiado del cielo como toda la ciudad lo echó de ver. Allí fue enterrada, no con lágrimas y pena como se suele hacer, sino alabando a Dios en sus santos y pidiéndole mercedes por intercesión de su sierva de cuya gloria estaban ciertos. Este fin tan dichoso tuvo aquella visita que esta sierva de Dios hizo al Padre Ávila, véase lo que pudo su amonestación, trocando las pretensiones y regalos de este mundo por los del cielo.
Lo que sigue, pasó Colodro en silencio, y lo refiere el Padre Martín de Rosa en la vida de esta santa, capítulo 13, el Padre Maestro Ávila y don Pedro de Córdoba, hermano de esta señora. Vinieron acompañando el santo cuerpo con muchos parientes y criados de estos señores: luego que la caja en que venía el santo cuerpo cayó al suelo, se desclavó por la cabeza quedando pendiente de los pies y quedando pendiente de los pies y, faltando aquella tabla, saliose fuera la cabeza de esta sierva de Dios y vino arrastrando por los sitios que quedan referidos. Cuando el acompañamiento llegó a San Francisco, vieron la cabeza fuera de la caja, sonrosado el rostro, sudando la frente, y los labios de risa, sin haber ella ni el cuerpo recibido alguna ofensa.
Enterrada la sierva de Dios, expiraba un olor celestial cuya suavidad sintieron muchos religiosos de aquellas casas. Y atraídos de ella, se ponían allí a tener oración y la gozaban, no solo con gusto, sino con provecho del alma a quien comunicaba particular devoción la vecindad del santo depósito.
Dieron testimonio de esta maravilla muchos de ellos, especialmente el padre Fray Bartolomé de la Puebla, guardián, según algunos escriben, de este convento y, según otros, Provincial que entonces era de esta provincia de Andalucía. Hasta aquí, el padre Roa.
Dedicó a esta Santa (dice Colodro) el Padre Ávila aquel famoso (B) libro que comienza “Audi filia” de que se dice que el famoso rey don Felipe Segundo le tuvo en mucha veneración, y decía este santo Príncipe que ningún cristiano debía estar si él.
[42] Si yo pudiera, dice Colodro, explicar con palabras el consuelo de mi corazón ha recibido de haber oído la causa y principios de la conversión de doña Sancha Carrillo no me parece acabara pareciéndome que si su santidad sucediera en la primitiva Iglesia, ella estuviera canonizada por ser particulares los favores y mercedes que Dios le hizo. Maravíllome mucho que, con ser señora tan noble como decís y haber sido su vida tan notoria pues, como se sabe, la escribió don Pedro, su hermano, por mandado del Padre Ávila y se leyó en muchas comunidades y se traían cada día a los púlpitos sus heroicas virtudes que esos señores parientes no las hayan hecho imprimir… [nota al margen: “lo están ya y escrita para varios anexos”] para que todos la gocen, pues, a mi ver, compite con cualquiera de las famosas de nuestros tiempos.
A eso respondo, dice Colodro, que más pienso ha sido descuido de esos señores que otra cosa, pues pudieran haber tomado ejemplo en el marqués de Priego que rogó a un padre de la Compañía que averiguase la vida y muerte de la Condesa de Feria, la cual (18-A) anda impresa con mucho fruto de los que la leen.
CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)
Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.
Yo os contaré otro caso, dijo Colodro, que le pasó al maestro con la Condesa de Feria y Marquesa de Priego, y es que el Conde de Feria se casó con la Marquesa de Priego y, como señores tan principales, hicieron muchos gastos. [Entre ellos] fue una carroza llena de plata que no se veía la madera. Llevando pues el Conde a la Marquesa a cacería, pasó por Córdoba en su carroza, de suerte que unos se maravillaban y otros se escandalizaban viendo tanto fausto y aparato. Finalmente pasó a Zafra y dentro de dos meses que estuvo allí, envió a llamar al maestro Ávila que se quería confesar con él antes de parir. Vino a Córdoba el Padre Ávila y uno de sus discípulos preguntole que adonde iba tan apriesa. Llámame, dijo, la Condesa de Feria, y a lo que entiendo por su carta, está en pecado de pasión y quiere confesar conmigo. ¿Aquella mujer profana -dijo el discípulo- que pasó por aquí con una carroza de plata escandalizando la ciudad? Rogad, vos, a Dios, dijo el Padre Ávila, que ella se hinque de rodillas delante de mí, que yo le quitaré la carroza más adelante.
Partiose de Córdoba y llegado a Zafra fue recibido de la Condesa con grande alegría y consuelo de su alma. Dispusose la Condesa para hacer su confesión general y abriole Dios los ojos por las oraciones del Santo para aborrecer todo cuanto el mundo tenía y dio de manos tan de veras a todo que jamás volvió atrás de lo (A) que una vez comenzó.
Deshizose de la carroza con todas las demás cosas de adorno de su persona, usó de una camisa blanca y zapatos abrochados de los que se ponían sus criados, dormía en un zarzo (1) no estando el conde en casa y, a ejemplo de su señora, las doncellas que tenía hicieron lo mismo que la condesa. Hizo en Extremadura infinidad de conversiones y adquirió muchos discípulos. Finalmente (B) fue forzoso dejar esto por acudir a Andalucía.
Partiose de la Condesa dándole palabra de enviarle un hijo suyo con quien no sentiría su falta. Llegó, pues, a Córdoba y envió a llamar a aquel sacerdote que se había escandalizado de la Condesa. Diole cuenta de todo lo que había hecho y que se apresatase luego porque había de ir a confesar a la Condesa y sus criados y que de él solo hacía confianza en un negocio tangrave y que aprendiese a no menospreciar a nadie porque la gracia de Dios es más poderosa que todos los pecados del mundo.
Partiose con la bendición de su maestro y fue recibido como ángel. Quedó fuera de sí de ver a la Condesa y sus criadas que más parecía religiosa que señora. Toda su casa parecía de religiosos en vestido, comida y bebeda y en todo se echaba de ver cuán de veras servían a Dios. La Condesa, para acertar en todo, en todo pedía consejo a este siervo de Dios. A las señoras de Zafra (A) trataba como si fueran sus iguales y así era amada no como señora sino como hermana.
Las 30 doncellas que la servían no estaban menos aprovechadas por el dechado de virtud que tenían en su señora. Daba permisos la condesa a quien más se mortificaba. De las 30 raciones que daban, se mantenían con las 10 y daban las 20 de limosna. Cuando eran invitadas de gente principal, quedaban estos espantados de ver cuán de veras servían a Dios. Y en esto no solo era con la señora, sino también con los pajes, mayordomos y criados de casa, porque los amos son agujas de marcar que llevan detrás de sí a los que le sirven.
Viendo, pues, el Padre Ávila el buen estado en que estaban las cosas y que ya se valían por sí, y que los negocios de Andalucía pedían mucha asistencia, envió a llamar al siervo de Dios mandándole que se partiese luego. Avisó de ello a la Condesa y toda su casa sintió mucho el nuevo mandato, pero como hijos y verdaderos siervos de Dios, obedecían (B) todos, aunque no ignoraban lo que perdían en dejar ir al que era su consuelo.
Diole a la partida, la santa Condesa, a ese siervo de Dios dos piezas de oro que le habían quedado; y no para él, que jamás recibió nada por misa ni sermón, mas para que lo diera al Padre Ávila para que lo repartiera por Andalucía con la condición que las fundieran porque tenían las armas de la casa de Córdoba. (A, 13) Una era una galera con todos sus remos y jarcias, y la otra una esfera de extremada hechura. Porque llegando al platero que las fundiese, daba quinientos ducados que no se admitieron porque se cumpliese la voluntad de su dueña. Y así se echaron en el crisol con gran sentimiento del platero. Fue, pues, recibido este sacerdote por el maestro Ávila con gran consuelo de su alma viendo que le había Dios tomado por instrumento para obrar tantas maravillas como le contaba este santo discípulo. Y así se animaba para no desmayar ni esconder la luz que Dios le había comunicado para la conversión de las almas, que de estas cosas salía alentado para emprender otras tantas misiones como lo hizo en el resto de su santa vida.
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No sé cómo decir, dice Colodro, la alegría que mi alma ha recibido viendo los principios de la conversión de la Condesa y cuán hondos cimientos echó en la virtud y menosprecio del mundo, los cuales resplandecieron con grandes ventajas en su vida y muerte: todo lo cual os he dicho como me lo contó a mí un discípulo del Padre Ávila, y pues yo os he servido en contaros todo lo que yo he sabido, cúmplase lo que me prometisteis, que entiendo no ha de servir de menos gusto que el pasado. A mí me place, dijo Colodro.
Zarzo: Tejido de varas, cañas, mimbres o juncos, que forma una superficie plana.
CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)
Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.
Para quienes no me conozcan, diré que soy un simple profesor de Lengua y Literatura. Todos los que estudiamos literatura sabemos del arte de la idealización y denostación. Consiste simplemente en enfocar la atención solo en lo positivo -idealización-, o solo en los aspectos negativos -denostación-. El resultado es una visión sesgada porque ofrecemos una realidad parcial que evita la contemplación de la verdad desde una perspectiva objetiva, es decir, manipulamos la percepción del receptor generando emociones que mueven a la admiración o el rechazo. También sabemos cómo se pueden instaurar corrientes de pensamiento mediante la manipulación mediática ofreciendo solo aquellos aspectos que interesa en aras de ideologías o intenciones imperantes de distinto sesgo, y lamentablemente es lo que está sucediendo con la persecución a la Iglesia Católica que llega incluso al Congreso de los Diputados donde se solicita una comisión de investigación al respecto cuando ha sido negada en casos como los de Baleares o Valencia. El que quienes lo impidieron allí, lo soliciten en Madrid ya es más que llamativo de lo que venimos diciendo. Debo también constatar el no haber visto ninguna institución que haya realizado una investigación parecida a la llevada a cabo por la Iglesia Católica al respecto, ni que haya mostrado mayor preocupación a pesar de un silencio negligente anterior.
Vaya por delante mi más sincera repulsa al abuso a menores, venga de donde venga, y me repugna profundamente que los protagonistas sean sacerdotes. Pero el árbol no hace al bosque y la sociedad debería saber, en serio, que el 80 % de los abusos se producen en el entorno familiar, algo de lo que no se habla (ver, por ejemplo, Los abusos sexuales a menores de Nives Rivera Gil, pero hay muchos más estudios que merecen leerse con atención porque es algo que afecta al 20 % de las niñas y al 10 % de los niños menores de 16 años ). Sobre los efectos demoledores en el niño convendría leer El niño mal amado de Valentina Supino-Viterbo, por ejemplo, lo digo por la trascendencia que puede tener el introducir una educación sexual (¿?) en las escuelas infantiles. Hay temas que no se hablan, que no salen en los noticiarios ni son motivo de tertulias, simplemente, porque no interesa. Lo mismo podríamos decir del incremento de suicidios, por ejemplo.
Pero el que exista pecado en la Iglesia no invalida las buenas obras que se realizan, el problema es que no son noticia y pasan desapercibidas a la opinión pública. Se trata de generar odio, invalidando aquello que es admirable y que también existe, quizás en proporciones infinitamente mayores (ver el cuadro inserto). En este sentido, quiero traer hoy la carta de un sacerdote remitida a un periódico de EE.UU., simplemente para la reflexión. Espero que os sea útil:
Carta de SACERDOTE CATÓLICO AL NEW YORK TIMES
Querido hermano y hermana periodista:
Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.
Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.
Me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.
Pero ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas. Que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños…
No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.
No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados.
No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.
No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años. No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.
La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.
No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…
Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido. periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión. Sólo le pido eso amigo.
En Cristo,
P. Martín Lasarte sdb «Mi pasado Señor, lo confio a tu Misericordia; Mi presente a tu Amor; Mi futuro a tu Providencia»
Hacedme el favor de decirme, si sabéis, lo que hizo el Cupidito cuando vino y no halló en su casa a la señora. Yo lo contaré, dijo Domingo Excusado. Vuelto, pues, abrió la sala como acostumbrara, y no halló a doña María, que así se llamaba, y saliendo como un león desatado, preguntaba a (A) uno y a otro. Vase al mayordomo, pregúntale qué cuidado tiene de su casa y, al fin, como perro rabioso, viendo que nadie le daba cuenta de lo que preguntaba, los hacía pedazos entre las manos: excusábanse con decir que todos se fueron acompañándole y que no estaban avisados de nada. Al alboroto del amo y de las voces que daba, se fueron todos los criados y, entendida la contienda, dijo un mozo de caballos que a poco de haber salido el amo, entró uno con una escalera, que no conoció ni cuidó de ello por estar ocupado con los caballos, y que no pasó mucho tiempo cuando vio salir una mujer con tal vestido y sin chapines y tan deprisa que más corría que andaba, que él no había visto más que esto. Con estas señas, conoció que aquella era doña María y que, si fue para el sermón, quedaría para casada, pues fue para pecadores.(B)
Hizo luego mil diligencias, y la última fue enviar un criado a la casa donde estaba la señora preguntando si estaba en la casa una mujer de tales señas. No se previno esto y le respondieron que sí, que dentro estaba. Volvieron y dijeron al caballero lo que pasaba. Sabida la verdad, quedó fuera de su consideración que si el maestro Ávila intervenía en el negocio, lo había de vencer. Sin embargo, hizo una diligencia extraordinaria y fue que cercó toda la casa del depósito con gran porción de criados sin que la pudieran sacar sin venir la presa a las manos.
Alborotose todo el barrio viendo la prevención de los guardias, y nadie sabía la causa. Avisaron al maestro Ávila que, por evitar lo que pudiera suceder, se fue a casa del Corregidor, que era un caballero muy cristiano y contole lo que pasaba, y como buen juez, acudió al (A) remedio con la brevedad que había menester y fue que dio su misma carroza y hombres a caballo y de a pie y él, en persona, autorizó el hecho. Y sabida la voluntad del maestro Ávila, que convenía llevarla a Montilla a implorar la mediación de los Marqueses, que estimaban al Padre Ávila como a santo, se determinó llevarla allá aquella tarde.
Salió el Corregidor con el Padre y doña María en la carroza, corridas las cortinas, por la puerta del puente y andadas dos leguas se volvió el Corregidor. Finalmente, viendo el Cupidito que todas las puertas se le cerraban, acudió a un recurso que no fue menor desatino que el poner las guardas, y fue enviar un propio al Duque muy deprisa diciéndole en sustancia que el maestro Ávila le había quitado una mujer de que había recibido notable disgusto, y que sabía que marchaba adonde él estaba. Le suplicaba se la devolviera porque en ello recibiría merced. Lo que no surtió efecto (B), aunque el caballero era deudo de los Duques, porque hechos, estos señores, cargo del asunto, lejos de acceder a lo que les pedía, abominaron la demanda.
CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)
Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.
Publicado enACTOS|Comentarios desactivados en SAN JUAN DE ÁVILA EN CÓRDOBA. EL CASO DE LA MUJER ARREPENTIDA (2). (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)
Gustado he de saber este caso que no sabía, y así yo os contaré lo que del Padre Ávila (B) supiese pero con la condición de que vos hagáis lo mismo. Yo lo prometo, dijo Colodro, pues me crie con un discípulo del maestro Ávila que de día ni de noche no dejaba de contar cosas admirables que le vio hacer. Mas vayamos a lo que importa y sabed que en la Iglesia Mayor de Córdoba, un mozo rico y noble llamado el Cupidito, el cual se había entregado a unos gustos con mucho escándalo de la ciudad, puso los ojos en una señora no menos principal que él ni menos dominada de sus pasiones.
Sucedió que, por engaño, o por fuerza, se salió de la casa de sus padres y se fue a la casa del caballero. Estuvo sin salir de ella seis o siete años, en cuyo tiempo parió varias veces con tanto olvido de Dios que no salía para misa ni para nada de religión. Los parientes de la señora no lo ignoraban, pero no lo podían remediar, mas Dios lo dispuso de esta forma:
Era principio de Cuaresma y estaba el maestro Ávila predicando (A) en la ciudad. Seguíale toda ella de suerte que para oírle se iba a tomar lugar a las dos y tres de la mañana. Habiendo salido a sus negocios el caballero, uno de sus criados se volvió a casa admirado de ver la infinidad de gente que en la iglesia estaba y pasando por el aposento de la señora le dijo esto: “Fulano, ¿qué novedades hay en la ciudad? A lo que le contestó contándole lo que había visto, a lo que añadió que había en la ciudad un sacerdote llamado maestro Ávila tan gran predicador que todos le siguen para oírle. Fue tal el deseo de la señora de verle y oírle que sacándose una sortija del dedo le rogó por amor de Dios que le trajese un manto y la sacase de allí que le daba palabra de que para cuando su amo volviese ya estaría de vuelta. Creyose el buen escudero de las razones que le dijo y movido a compasión le trajo el manto y la sacó de allí.
La señora se fue al momento a la iglesia y logró colocarse frente al púlpito a tiempo (B) que estaba el predicador en él, y sucedió una cosa que, por ser particular y no fuera de propósito, la diré aquí: es, pues, que en aquel tiempo se decía el Credo antes del sermón, y desde el Concilio acá, se dice después del sermón. Sucedió que para oír este se fueron apretando muchísimo, y después que para oír el Evangelio se levantaron, al sentarse para principiar el sermón fue tanta la apretura que se quedaron ocho mujeres sin sitio, lo que extrañó toda la gente. Y hubo de salir el maestro de ceremonias con dos canónigos y no bastó para que hiciesen lugar a las mujeres. Viendo el Padre Ávila qu le impedían el sermón, dijo estas palabras: «La persona que no es comedida, más valiese que no hubiera nacido al mundo». Hizo tanta impresión estas palabras que luego se sentaron las mujeres y dieron lugar a las que estaban en pie y pudieron caber otras tantas, lo que he referido para que se (A) vea cuánta era la energía de sus palabras.
Comenzó pues el sermón encaminado todo a la señora como si se le hubiese revelado su miserable estado. Dijo los grandes castigos que Dios había hecho por él, trayendo mil lugares de la Sagrada Escritura, las penas preparadas a lo que de propósito se están en los pecados y, finalmente, dijo las piadosas que eran las entrañas de Dios para los que vuelven a él. Fue tanta la impresión de estas razones que, concluido el sermón, se fue derramando lágrimas al Padre Ávila pidiéndole rogase a Dios por ella, que era la peor mujer del mudo. El reverendo Padre la llevó a un confesionario a pesar de lo cansado que estaba. Después de haber confesado la señora sus culpas, le pidió por las entrañas de Dios la defendiese del enojo del caballero, que desde allí iría adonde la mandase confiando en él y pidiéndole favor y ayuda. Y se encargó de un negocio tan arduo y dificultoso, y llevó a la señora a casa de unos principales señores junto a la Magdalena. La señora de esta casa era muy sierva de Dios, y así que llegaron contó el Padre Ávila en pocas palabras la historia referida; y fue de tanto consuelo la conversión de la pobre señora y que su casa fuese el amparo de persona tan afligida que es dudoso quien tuviera en esto más placer. Acariciola y animola a la perseverancia prometiendo su ayuda y dando mil gracias de que Dios la hubiese traído a su casa ocasión de tanto merecimiento. Con esto comieron no sin lágrimas de alegría, que es regalo que hace Dios a los que le sirven.
CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)
Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.
Publicado enACTOS|Comentarios desactivados en SAN JUAN DE ÁVILA EN CÓRDOBA. EL CASO DE LA MUJER ARREPENTIDA (1) (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)
Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía y Letras; Creador del Método Educativo INTELIGENCIA NATURAL (Toromítico 2013, 2016). Académico Correspondiente de la Real Academia de Córdoba (España). Profesor universitario y de EEMM, educador, escritor, conferenciante, colaborador en TV, Prensa y Radio. PREMIO CENTINELA DEL LENGUAJE 2015 de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.