COSMOPOÉTICA. FERNANDO BELTRÁN Y CLAES ANDERSSON EN LA CARLOTA, CÓRDOBA. ABRIL, 2009. PRESENTACIÓN DE JOSÉ CARLOS ARANDA.

COSMOPOÉTICA. FERNANDO BELTRÁN Y CLAES ANDERSSON EN LA CARLOTA, CÓRDOBA. ABRIL, 2009. PRESENTACIÓN DE JOSÉ CARLOS ARANDA.

Debe ser para nosotros, los cordobeses todos, un orgullo servir de anfitriones a los poetas del mundo y acrisolar de este modo tendencias y espíritus en una tierra con tanta tradición poética. En esta tierra que ya alumbró, con las jarchas, las primeras poesías conservadas en lengua romance hace mil años cuando, igual que hoy, las culturas encontraron en la expresión poética la fusión que traspasaba la sinrazón del ser humano unido, a su pesar, por un destino y una forma de sentir.

Hoy nos acompañan dos grandes poetas y artistas: Fernando Beltrán y Claes Anderson. Dos artistas distintos en su ejecución y en la percepción del hecho artístico y poético. Distintos en su origen y en su experiencia. Y, estoy convencido, unidos por su sensibilidad rebelde.

No estoy aquí para dar una conferencia, mi misión es dibujar el marco y preparar el espíritu adecuadamente para que escuchemos de viva voz a estos autores. Tampoco estoy aquí para establecer clasificaciones –nombrar es una de las aficiones favoritas de Fernando Beltrán-. No es la racionalidad tranquila y armonizada lo que vamos a encontrar hoy en Fernando ni en Claes. Hubo un autor andaluz, granadino, Federico García Lorca, que hablando del proceso de creación poético dejo dicho:

“Si me preguntan ustedes por qué digo yo “…mil panderos de cristal herían la madrugada”, les diré que los he viso en manos de ángeles y de árboles, pero no sabré decir más, ni mucho menos explicar su significado. Y está bien que sea así. El hombre se acerca por medio de la poesía con más rapidez al filo donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio”.

Nuestros dos autores participan de esta ruptura con lo racional y buscan salida o explicación a su propio universo interior a través de su creación poética, del arte.

Fernando Beltrán, ovetense, filólogo, encontró pronto su camino en poesía cuando en 1982 consiguió el accesit al premio Aquelarre en Madrid. Apenas contaba veintiséis años y fue un camino consciente. Sus ideas sobre la poesía quedaron plasmadas en sus artículos “Perdimos la palabra” (1987) y “Hacia una poesía entrometida” (1989). A partir de ahí, más de diez poemarios avalan su creatividad; el haber sido traducido a más de quince lenguas, su prestigio; el haber entrado en los manuales de historia de la literatura, su reconocimiento.

Su poesía «entrometida», en la línea del llamado sensismo, parte del hecho vivencial, de la propia experiencia. Pero ese es sólo su punto de partida. El poema arranca desde ahí como la flecha de un arco sin que se sepa dónde va a llegar. El hombre es un sujeto que se sabe colectivo, inmerso en un universo cada vez más urbano que le rodea, es parte de un todo y es el todo en esa parte, y sabe que tiene la partida perdida pero no se rinde y se descara y se rebela en un continuo inconformismo que denuncia con libertad.

Si entramos en su página de internet, observaremos a un Fernando cuya silueta se acerca llena de palabras, de letras, es «el nombrador», una silueta que cuando se define lo hace contemplando el devenir de las palabras que fluyen como un río formando frases, ideas, sensaciones que se desvanecen antes de que tengamos oportunidad de atraparlas, como los destellos efímeros en la corriente del agua. Y, a veces, atrapamos y sentimos bofetadas, gregueriadas de belleza: «El mar era un silencio que se curó con las olas».

Hoy compagina su poesía con su labor docente en el Instituto Europeo de Diseño, es, además, director de la revista poética “El hombre de la calle” y fundador del estudio creativo “El nombre de las cosas”.

También es evidente la proyección internacional de nuestro segundo autor, Claes Andersson. Nacido en Helsinki, Finlandia, en 1937. Médico psiquiatra, ha alternado en su vida su profesión con su vocación de escritor y pianista. Ha publicado más de 21 libros de poesía, y ha escrito una veintena de obras de teatro. Además ha sido coguionista de obras de cine como «Grabación del Ángel» (1986) o “El ultimo verano” (1998). Sus convicciones sociales lo llevaron a la política, y fue miembro del Parlamento (1987-1999) y Ministro de Cultura (1995-1998). Como pensador de izquierdas, ve el capitalismo salvaje como una lacra para el hombre. Como poeta y psiquiatra ve en el arte una terapia imprescindible para la cordura del ser humano. Una forma de canalizar la creatividad, que puede ser una fuerza positiva en nuestras vidas, pero también una fuerza que llegue a destruir. Y la canalización de esta fuerza pasa por el arte y, para nuestro autor, el arte es diálogo.

Esta forma de entender la poesía nos ofrece en su obra un acto de integración de la realidad en la conciencia, la creatividad reorganiza el universo que le rodea para transformarlo en soporte de motivación y en resorte de vivencias, haciendo evidente lo que la razón oculta, porque:

“El poema es siempre una evidencia

Como el calor que despierta a la semilla,

Como el aire que sostiene al pájaro,

Como el niño que susurra “mira” durante el sueño

Como la mano dirigida por la amistad y la atención…

Nuestra tarea es siempre la evidencia

Como la lucha que eleva nuestra vida

A su dignidad humana.”

Este padre de seis hijos y hoy abuelo de diez nietos, que nos mira desde la pantalla del ordenador con la condescendencia del que sabe y espera, piensa que “el niño es el padre del hombre” y aún se sorprende de que “Si todo lo que sucede hoy en día, sucede mañana ¿Por qué no lo conocemos?”. Pasa la vida entre su piano de jazz y su teatro, su poesía y su música, y cree, sólo cree, que es aficionado al fútbol.

Sin más, con mi agradecimiento por estar aquí compartiendo este espacio y este momento, cedo la palabra a nuestros dos autores.

Publicado en ACTOS | Deja un comentario

CÓMO EDUCAR EN LA PREVENCIÓN DEL CONSUMO DE DROGAS. CHARLA. ESCUELA DE PADRES. Colegio, El Encinar, marzo de 2002.

CÓMO EDUCAR EN LA PREVENCIÓN DEL CONSUMO DE DROGAS

Colegio, El Encinar, marzo de 2002.

Cuando acepté la invitación para dar esta charla, no sabía dónde me metía. Lo cierto es que en el lugar en que yo me encuentro, podríais estar cualquiera de vosotros. Y aún no entiendo muy bien cómo estoy aquí delante en lugar de estar sentado entre vosotros escuchando a alguien realmente entendido en la materia. Pero cuando Taro me propuso la intervención y me habló del tema elegido… creí que era algo importante, muy importante, sobre lo que merecía la pena reflexionar juntos.

Nuestros hijos ante el alcohol y las drogas…

Tengo dos hijos, Lola, con dieciséis años y José Carlos con trece. Os puedo garantizar que este tema ha sido una constante pesadilla en mi vida. Y lo ha sido porque estoy marcado por esta pesadilla.

Llevo veintidós años de mi vida dando clase. Mi acercamiento a la docencia fue vocacional, y he de confesaros que debo mucho a Fomento de Centros de Enseñanza. Le debo mucho porque me educaron como alumno, y como alumno me inculcaron una escala de valores en la que aún creo y que ha constituido y sigue constituyendo el baluarte de mi existencia. Y también le debo como docente porque me estrené como profesor en sus aulas, con los cursos de preparación de nuesvos profesores en Madrid. Fue esta institución la que me marcó las directrices de lo era ser un buen profesor y de lo que es ser un buen tutor.

No estoy echando flores. Os prometo que estoy hablando desde el corazón.

Yo tenía veintidós años cuando empecé a dar clases en Ahlzahir. Fue allí, durante el primer año como profesor cuando un tutelado mío, una persona sensible y maravillosa, se vio envuelto en la droga. Asistí impotente a su proceso de degradación y sufrimiento. Intentó cortarse las venas, se le salvó.  Fui a verlo al hospital y no quiso mirarme a los ojos. Al día siguiente, saltó desde una sexta planta.

Durante años, he revisado mi relación con este hombre que sólo tenía dieciséis años. La edad que hoy tiene mi hija. Durante años me culpé porque no vi la inminencia del riesgo ni supe cómo actuar. Aún hoy siento miedo y lo he sentido desde que decidí tener hijos. Quizás por eso aceptara la invitación de Taro cuando me mencionó el tema. Si lo que hoy pueda deciros os puede ayudar, y a través de vosotros a vuestros hijos, la muerte de aquel muchacho no habrá sido del todo inútil.

No voy a hablaros de drogas ni de alcohol ni de tabaco. No como si se tratara de proporcionar información pura y dura. Sobre los efectos que producen las distintas drogas y sus consecuencias, nadie mejor que un médico, y los hay entre nosotros. Si se tratara de que viéramos en vivo y en directo un porro, una china, una pastilla de éxtasis, una de ácido o cómo se guarda y se consule el crach o la cocaína, nadie mejor que un policía. No, no voy a hablaros de esto. Si queréis o necesitáis información divulgativa, al final se os dará una relación bibliográfica de consulta. Lo que a mí me preocupa y de lo que voy a hablaros es de por qué se drogran, de cómo podemos evitarlo, de cómo debemos actuar.

Dijo Séneca, que lo único que hace falta para morirse es que uno esté vivo. Pues en la misma línea, lo único que alguien necesita para drograrse es, en un momento de debilidad, decir… ¡Sí! Ya no podemos pensar en el “sí” del inocente, del que llega a drogarse sin saber lo que está haciendo, tanto en las familias como en los centros educativos, como en los medios de comunicación, se está proporcionando una cantidad ingente de información sobre la droga. Nuestros hijos están cansados de oír siempre lo mismo y con la misma insistencia. Cuando alguien dice “sí” es porque acepta consumir droga y asume el riesgo, aunque no tenga ni idea de lo que eso pueda significar en su vida.

Ese “sí” puede venir motivado por razones internas: soledad, inseguridad, rebeldía, ansiedad… e incluso por predisposiciones genéticas. O puede venir dado por razones externas: la influencia social y ambiental, en especial los amigos, tan idealizados en el periodo de la adolescencia… Y lo que es seguro es que no podemos aislar la causa porque se trata de un cúmulo de razones que, en mayor o menor medida, se agitan en el interior de todos nosotros como si fuéramos una batidora.

Pero cualquiera que sea la causa, está claro que si llegan a la droga es porque la droga está ahí a su alcance y es un producto de consumo sobre el que los intereses económicos están actuando. Se habla mucho de campañas contra el tabaquismo y se organizan campañas contra el consumo de alcohol en los centros educativos. Aparece como contenido transversal  con desarrollo por todos los departamentos en Tercero y Cuarto de ESO y como contenido específico en ambos cursos en Tutoría. Oímos a nuestros políticos  elevar la voz desde la tribuna,  con aspavientos más o menos pronunciados según la cercanía a unas elecciones o el auditorio, pero no se dice el dinero recaudado por la Hacienda Pública por los impuestos indirectos derivados del consumo del alcohol y del tabaco, y todos sabemos la importancia que tiene el comercio del alcohol en una zona vitivinícola como la nuestra y a mí me parece una ironía que raya en el absurdo que se estén denunciando a las tabaqueras por los problemas de cáncer y no a los gobiernos que autorizan el comercio del tabaco en sus estados y se lucran con los impuestos derivados de este comercio. En cualquier caso,   las drogas «legales» o «ilegales» están ahí, como el  bien y el mal,  y seguirán estando al alcance de nuestros hijos y de nosotros mismos. Lo que debemos tener tan claro como una declaración de principios elemental es que siempre resultará más fácil educar a un individuo que transformar el mundo entero que ya era así cuando nosotros llegamos aquí. Podemos lamentarnos de que el mundo no nos ayuda o concentrarnos en ayudarnos nosotros mismos.

Todas las drogas presentan al principio una cara atractiva, ofrecen una imagen positiva que atrae. Vemos la televisión y en un ambiente de movida de discoteca donde el ruido de la música impide cualquier intento de diálodo, un chico gesticula preguntando a la chica qué quiere que le pida –obsérvese que la chica es el centro de atención de un muchachote de buen ver que quiere invitarla a algo-. En ese momento, la adolescente está observando la escena y quisiera estar en su piel, saberse el centro de atención, sentirse agasajada por un muchachote de anuncio como ese. La chica trata de decirle algo, pero la música lo impide. Ella decide entonces gesticular y hace una perfecta representación del placer sensual-sexual que le supone ingerir alcohol. Desliza la punta de sus uñas por la garganta en sentido descendente buscando y centrando nuestra atención en el escote del vestido; dobla hacia atrás su cabeza, deja los ojos en blanco y se contonea suavemente frente al chico. El chico entiende, ese efecto embriagador sólo puede proporcionarlo una bebida. Se gira, no menea la cola porque no tiene, pide la bebida en la barra. ¿Qué chica de quince o dieciséis años no desearía poder vencer su timidez hasta el punto de poder contonearse así delante de un guapo mozo? ¿Qué chico se resiste a semejante exhibición y renuncia a la supuesta llave que le va a proporcionar ese espectáculo? La puntilla viene ahora, el eslogan del anuncio, el mensaje que graba en la mente del receptor es… “¿Quién te lo prohibe?” El publicista ha sido un genio. Está jugando con el sentido transgresor de las normas propio de la adolescencia y está instrumentlizando todos y cada uno de los carteles que aparecen en bares y discotecas: “Prohibido el consumo de alcohol a menores de edad”. ¿Quién te lo prohibe? De esta forma, el inicio en el consumo es presentado ante el adolescente como un rasgo de madurez, de decisión, de autoafirmación. Un paso adelante para identificarse con la imagen de felicidad que se la presentado como modelo. Una forma de relación social, una forma de vencer la timidez, un puente para ligar. Instrumentaliza los complejos propios de la adolescencia: si no te sientes segura de ti misma, si no eres una persona aceptada con un buen círculo de amigos, si no ligas… es porque aún no consumes este producto que te ofrezco. Está a tu alcance… ¿Quién te lo prohibe?

Si desde el principio, la carta de presentación social de las drogas fuera la real, la negativa, la que centra la atención en las consecuencias… no tendríamos tanta dificultad para evitar que nuestros jóvenes y no tan jóvenes se iniciaran en la droga. Pero lo que se presenta ante ellos, a través de los medios de comunicación –financiados por la publicidad- es la imagen atractiva, tanto más deseable cuanto lo propio de la adolescencia es la inseguridad. La búsqueda de una identidad diferenciada de la familiar.

Desde el momento en que se inicia en el consumo de las drogas, y según qué drogas, aparecen cinco etapas en el proceso de adicción –sigo aquí al doctor Arnold M. Washton, en su libro Querer no es poder-.

La primera sería la etapa del enamoramiento. Las primeras experiencias con las drogas suelen dejar una marca. Si este primer contacto resulta agradable, se produce el enamoramiento. Entonces se produce un cambio en el estado de ánimo, es algo visceral causado por una alteración química en el cerebro. Se genera un encandilamiento igual que cuando uno se enamora.

La segunda fase sería la “luna de miel”. Una vez aprendido el camino y asociado el consumo a un determinado ambiente, el principiante se aleja de cualquier sentimiento de culpabilidad, de cualquier sentimiento negativo relacionado con el consumo. De ahí, el paso a la adicción es muy sencillo. La baja tolerancia a la frustración en nuestra sociedad, la incapacidad para hacer frente a esas adversidades constantes y necesarias en la vida, los lleva a la búsqueda de soluciones mágicas. Entonces se busca el recurso químico que facilite el cambio. Durante la luna de miel, el individuo experimenta todas las gratificaciones de la droga sin experimentar ninguna consecuencia negativa. Siente que ejerce el control, es la época del “Tranqui, tronco, yo controlo”. Siente que la actividad es inofensiva, que él se la merece, y aún no se ha dado cuenta de que el engaño puede funcionar a largo plazo. No olvidemos nunca que los adolescentes viven en el hoy.

La tercera fase es la traición. Aparece cuando la adicción empieza a afectar a las distintas esferas de la vida. Es probable que el adicto empiece haciendo cosas que normalmente no haría para mantener su adicción (robar, participar en actividades ilícitas…), comienza el declive pero aún no lo reconoce y se disfraza de eufemismos psíquicos: lo hago porque me divierte, lo hago por el grupo, si lo hacen todos… Quiere aferrarse al “Yo controlo” de la etapa anterior.

La cuarta fase, es la ruina. Cada vez se necesita un mayor consumo. Las dosis han de ser mayores para conseguir los mismos efectos que al principio. Los estados de ánimo negativos profundizan en la conciencia. Está desarrollando la tolerancia y tiene que aumentar las dosis. Pero ya no obtiene el mismo placer. Ahora se trata, sencillamente, de evitar la angustia asociada al síndrome de abstinencia. La dependencia física ha afectado al sistema nervioso y el individuo está apresado. Los problemas vitales siguen agravándose.

La quinta y última fase es la “de prisión”. Es aquella en la que la deseperación llega a tales niveles que el individuo deja todo lo demás. Es un descenso a la deseperación incontrolada y a la destrucción personal. El servilismo ante las drogas no permite tregua y la espiral tiende a perpetuarse a no se que algo la detenga.

No, no, no os asustéis, no me voy a poner melodramático… Ya he acabado con este descenso al infierno.

El uso de la droga no es algo que deba asustarnos. De hecho, imagino que la mayoría de nosotros consumimos drogas de forma habitual o esporádica. Yo he sido fumador durante veinticinco años y bebo alcohol. Me gusta, los fines de semana, acompañar la carne de un buen tinto o tomar una cerveza bien fría. Y si eso somos nosotros… ¿Qué nos preocupa en nuestros hijos?

Hasta ahora, hemos hablado genéricamente de drogas. A mí me gustaría separar lo que son drogas sociales, fundamentalmente el alcohol y el tabaco; de aquellas que podríamos llamar drogas “prohibidas socialmente”, que serían las demás, desde el hachís o la marihuana, hasta la cocaína, pasando por el éxtasis. Y me gustaría separarlas porque creo que forman un grupo aparte y se ha hecho un flaco favor a la sociedad identificando a unas con otras.

¿Quiere esto decir que las segundas son más peligrosas? No.

En un editorial de prensa especializada en medicina preventiva, aparecía el siguiente titular: “ El consumo de alcohol provoca en España más de 13.000 muertes anuales”. Y continuaba con los siguientes datos: “El 46 % de los homicidios y el 25 % de los suicidios y las autolesiones que se registran en España están causados por el alcohol, una de las sustancias que más potencian la agresividad humana. Asimismo, el alcohol es el responsable del 40 % de los accidentes de tráfico con más de 2000 muertos al año. A esto, debemos añadir muertes ocasionadas por tumores, cirrosis y otras enfermedades derivadas del consumo de alcohol etílico”. En resumen, más de 13000 muertos, lo que representa el 6 % de la mortalidad total.

Evidentemente no son menos dañinas.

Lo que las hace diferenciables es que, al tratarse de sustancias prohibidas, su consumo se asocia a ambientes marginales en los que no vamos a tener acceso. Los padres estaremos excluidos, por lo que no podremos observar la progresión ni advertir el riesgo. Porque no solo se consiente en el consumo, sino que se hace en la aceptación de un grupo de “amigos” a los que une la transgresión. Esta realidad se ocultará a los padres con el consiguiente aislamiento que deja al joven en manos del grupo. Mi hija no tendría el más mínimo problema en decirme que ha bebido una cerveza, pero sí lo tendría y ella lo sabe en decirme que ha fumado marihuana o que ha esnifado coca. Lo segundo exige muchas más explicaciones que quizás ella estuviera dispuesta a dar si se tratara solo de sí misma, el problema es que nunca traicionaría a sus amigos.

Por otra parte el tabaco, siendo como es pésimo para la salud  e inequívocamente adictivo, no produce alteraciones de la personalidad; y el alcohol siendo, como es tan  peligroso como cualquier otra droga dura, forma parte de nuestra cultura. Tanto que oficiamos la Santa Misa con vino porque Jesús lo usó en la última cena y nos ordenó hacer lo mismo en conmemoración suya. Y lo que estoy diciendo no es ninguna ironía, es la verdad.  La mayoría de nosotros guardamos recuerdos de nuestros padres y abuelos asociando el consumo de alcohol con alguna celebración, con motivo de un festejo, la feria, la boda, el bautizo, o la reunión familiar que motivaba el santo del abuelo. Y muy probablemente estemos transmitiendo esta misma imagen a nuestros hijos. Esta convivencia  social e histórica de miles de años con esta droga, hace que sepamos cómo  reaccionar en caso de intoxicación o «borrachera» de alcohol. Las drogas prohibidas son otra historia.

¿TENEMOS QUE DEJARLOS BEBER LO QUE QUIERAN?  Yo no he dicho eso, ni me lo oiréis decir; perdón, o sí, sí me lo vais a oír decir y ahora, debemos dejarlos beber lo que quieran, cuando tengamos la certeza de que son dueños de su voluntad, cuando ese QUERER no sea sino una manifestación de una voluntad libre y no de una necesidad cualquiera que ésta sea.

Hace cuatro años, organicé una campaña contra la droga en el Instituto Nuevas Poblaciones, en La Carlota. Invité a participar en una conferencia al Director del centro de rehabilitación de alcohólicos “Acali”. Lleva veinte años tratando con alcohólicos y, sin embargo, no emprendió una cruzada contra el alcohol. Lo que a él le daba miedo era el cambio de hábitos de consumo en la sociedad y, especialmente, entre los jóvenes. Decía que estábamos cambiando el modelo mediterráneo de consumo por el modelo sajón. Según él, el modelo mediterráneo, aún vigente entre nosotros, los de nuestra generación, era beber porque estábamos alegres –celebraciones de cualquier tipo- o para acompañar la conversación. Es decir, lo fundamental era la conversación, el amigo, el estar… O simplemente lo hacíamos para acompañar una comida. En cualquiera de los casos, lo accesorio era la copa. En cambio, en el modelo sajón, se bebe “para estar alegre”. Se graba en la conciencia que para estar alegre hay que beber, por lo que se empieza bebiendo si quieres pasarlo bien. Se crea así un círculo vicioso con una dependencia inconsciente del consumo en grandes dosis.

Como soy muy curioso, quise comprobar esta teoría y organicé una encuesta entre alumnos de tercero y cuarto de la ESO (alumnos entre 14 y 16 años). Lo que demostró claramente era que consumían, que habían sustituido las bebidas naturales y tradicionales (cerveza, vino, sidra o cava) por bebidas blancas destiladas, solas o combinadas (vozca, ron, ginebra o whisky) e ingerían al comienzo de la salida en dosis elevadas (según ellos, «3 o 4 pelotazos al llegar para coger el punto»). No expresaban una razón precisa para este comportamiento. Manifestaban que así no les da vergüenza, que rompen el hielo, que todos lo hacen, que es… guay. Algunos alumnos de 4º decían que no había nada de malo en eso, que en su familia era normal e identificaban el ser adultos con aguantar la bebida. El alumno tenía quince años y sus tíos, sus primos mayores, cada vez que coincidían en la salida, lo invitaban a una copa, lo instaban a seguir su ritmo de consumo. El mensaje que se le estaba inculcando era “todavía no soy lo suficiente hombre porque me mareo antes que ellos”. Se le identificaba, entre risas y chirigotas, que la hombría, la virilidad, la madurez, en definitiva todo aquello que anhela un adolescente, con el aguante. Lamentablemente, ese “aguante” lejos de enorgullecer a nadie debería ser motivo de vergüenza porque es la manifestación explícita del desarrollo a la tolerancia que manifiesta el sujeto. Lo que acabo de contar me resulta una aberración que sólo puede proceder del embrutecimiento de la ignorancia. La libertad actual en las salidas y entradas de las casas, el nivel económico familiar y los hábitos sociales imponen un modelo muy peligroso para nuestros hijos.

Cuando yo empecé a consumir alcohol, tenía unos dieciséis años y recuerdo que empecé con la cerveza porque era más barata que la Fanta o la Coca Cola. Además me hacía parecer mayor eso de pedir una cerveza y que no miraran con cara rara. Mis padres nunca me prohibieron beber alcohol, pero jamás disculparon el hecho de que alguien se emborrachara. Para ellos, eso era uno de los peores vicios que podía tener una persona. Significaba no respetarse ni respetar a los demás, no tener control sobre sí mismo, y, por lo tanto, no poder responder de sus actos. Era vergonzoso para uno mismo y para sus padres. Aunque mi padre nunca me pegó, crecí en el convencimiento de que si me hubiera visto borracho, donde hubiera sido, me habría abofeteado. Su filosofía era sencilla: «Haz lo que quieras, pero conoce tus límites y nunca los pases».

Curiosamente, la mentalidad de nuestros jóvenes, lo que ellos manifestaban públicamente es que no hacen nada malo, que se colocan los fines de semana y que todo el mundo lo hace. Cuando los oía, pensaba: “¿Y que ocurre en sus casas cuando llegan es ese estado?”

Mis datos fueron confirmados por el Diario Córdoba que en una encuesta publicada el martes 5 de febrero apuntaba: “El 57 % de los escolares de 14 a 18 años sale por la noche cada fin de semana”. “Un informe del Plan Nacional sobre drogas reveló ayer que el 18 % de los menores de 14 años regresa a casa los fines de semana después de las doce de la noche, y un 8% de ellos, pasadas las dos de la madrugada. Según su responsable Gonzalo Robles, este dato pone de relieve la gran “tolerancia” social de lo padres, a pesar de que hay una clara relación entre las salidas nocturnas y la hora de regreso con el consumo abusivo de alcohol”.

Y continua: “Un 57 % de los escolares de 14 a 18 años sale por la noche todos los fines de semana y más de la mitad regresa a patir de las 2 de la madrugada. Entre los 18 años, este porcentaje llega al 85 %. La encuesta también apunta que el 43 % bebe alcohol cada fin de semana y, además, uno de cada tres fuma porros. Sólo la mitad de los padres prohiben a sus hijos que beban, el resto mantiene actitudes más o menos permisivas. El consumo de los padres y la mayor disponibilidad económica de estos condicionan que los hijos beban, según los estudios.”

Y para terminar, esta perla: “El Delegado llamó la atención sobre la creciente feminización del consumo de alcohol por imitación del rol masculino. Las jóvenes entre 14 y 18 años beben un 1 % más que los muchachos de su misma edad. Mientras el consumo de alcohol entre chicos de estas edades se ha incrementado un 2 % en los últimos 5 años, el de las chicas aumentó en un 13 %. Robles se mostró partidario de establecer en los 18 años la edad mínima legal para el consumo de alcohol en todo el Estado.”

No existe una respuesta única ni fácil a esta situación, tampoco existe una receta universal, ojalá y existiera. Pero esto no quiere decir que no hay respuestas y verdades. Y desde ahora os voy a decir que las dos verdades más evidentes es que “no podemos esperar que las soluciones nos vengan dadas por Decretos. Los políticos y la policía no van a traernos respuestas. Y la segunda verdad es que la única respuesta está en vosotros, en nosotros, en la familia, en aceptar el reto de educar a nuestros hijos.

Y también tendremos que afirmar que no nos lo están poniendo nada fácil, pero que nada fácil. Jardiel Poncela, en una novela en la que aparece el diablo tratando de tentar a un mortal, que no se sentía atraído por la oferta. Desesperado, el pobre diablo desalentado le confesó: ·Es cierto que yo inventé los pecados, pero vosotros luego inventasteis la publicidad y luego vino la televisión. ¿Cómo puedo competir con eso? No, no lo tenemos fácil.

No hay que ser un genio para volver la mirada a la familia. También los políticos y la policía están dirigiendo la vista hacia las familias. En el mismo Diario Córdoba, el 2 de febrero, en la página 29, podíamos leer cómo Isaías Pérez Saldaña, Consejero de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía, responsabilizaba del botellón a las familias: “La familia es la base fundamental para evitar que los menores estén consumiendo alcohol, dijo, porque muchas veces no saben dónde están sus hijos menores de edad a altas horas de la noche”. Y continúa: “En una sociedad democrática no se puede hacer descansar la educación de los hijos en los demás. Es de sentido común que un chaval con esa edad no puede estar en la calle a las cuatro de la madrugada bebiendo alcohol.”

Pero tampoc ellos, los grandes responsables, tienen las ideas muy claras. Si yo hubiera dicho lo mismo que el señor Isaías Pérez Saldaña hace 25 años, me hubieran tildado de facha porque lo “democrático” era que cada quien hiciera lo que quisiera. Y yo no sé si lo habréis notado, pero hubo una época en la que cuando alguien te llamaba facha invalidaban tus argumentos anulándote como persona. Ese era el argumento máximo, la varíta de Harry Potter. Esta filosofía de dejar hacer tuvo muchas consecuencias negativas y las sigue teniendo en educación, tantas que ya parecen estar las aguas volviendo a su cauce y estas declaraciones son una manifestación explícita del sentido común.

Yo diría más, estamos llegado a unos extremos en los que las reacciones pueden llegar a ser exageradas: en Canarias, se ha aprobado en no sé que pueblo, una especie de toque de queda para los jóvenes menores de edad a partir de las 10 de la noche. En un Ayuntamiento de Francia han aprobado el ponerles multas a los jóvenes que tendrán que pagar los padres. La justicia ha fallado en Sevilla que el fenómeno del botellón es un delito contra el orden público que debe ser perseguido por la Policía Municipal. Todo esto no son sino síntomas de adonde estamos llegando… Y sólo estamos empezando a tomar medidas, porque hay casas aseguradoras que no hacen contrato para ciclomotores y advierten explícitamente que no queda cubierto el vehículo si el conductor tiene menos de veinticinco años… La cuestión puede llegar aún más lejos.

Todo el fenómeno tiene que ver con algo muy sencillo, y es que no se puede dar libertad si no existe responsabilidad. El ejercicio de la libertad exige la conciencia de la responsabilidad. Eso supone la conciencia de que se es libre al elegir, y en esto consiste la libertad, pero se es responsable, necesariamente responsable, ante las consecuencias del camino elegido, que exige de nosotros un compromiso.

Ahora os pregunto: ¿Estamos educando en la responsabilidad? O una pregunta mucho más sencilla: ¿Estamos educando de forma consciente?

Personalmente creo que no educamos de forma consciente, sobrevivimos.  Para educar, padre y madre tendríamos que sentarnos para hablar de nuestros hijos, uno por uno, reflexionar sobre ellos, saber dónde se encuentran, en qué momento preciso de su evolución; pero con frecuencia no tenemos tiempo. Analizar sus actitudes y programar para ellos una línea de medidas, comportamientos y  actuaciones tendentes a conseguir el mejor desarrollo de la personalidad de nuestro hijo: pero mi horario no coincide con el de mi mujer y tendremos que mirar nuestras agendas. Educar de forma consciente significa que el matrimonio capture toda la información posible sobre su hijo para poder ayudarle a sacar de sí mismo los mejores valores, pero para eso pagamos el mejor Colegio. Para ello, padre y madre tendrían que coordinarse con el Centro Educativo, ver a su hijo desde ojos externos y ambientes diferentes a los de la propia familia para comprender y analizar su comportamiento y su evolución pero ya se sabe que nos llamarán si hay algún problema. En definitiva ASUMIR LA RESPONSABILIDAD de educar sabiendo que no puede existir educación sin dedicación.  El problema ahora es saber a QUÉ NOS DEDICAMOS.

No, no me contestéis, ya sé que lo que hacemos la mayoría de las veces es simplemente sobrevivir. Ahora que la familia «tradicional»  como la nombraba Ingrid la semana pasada se deshace, que los dos cónyuges trabajan,  llegamos tarde a una casa en la que aún hay que preparar la cena porque la «muchacha» no se mete en cosas de cocina, llevamos la presión del trabajo en el tuétano de los huesos, a duras penas esbozamos una sonrisa y sólo nos apetece que nos permitan la tranquilidad de una mesa camilla y el dulce olvido anestésico producido por la perorata de la televisión. Lo último que deseamos son más problemas,  y buscamos el refugio  en el aislamiento del telediario.  … y a todo esto ¿dónde están los niños?, en algunos casos no han llegado porque no hay tiempo, ni dinero para ese estorbo, por eso tenemos el índice de natalidad más bajo de Europa. En otros casos, ya han sido bañados y acostados con lo cual nos ven en sueños y desde ahí difícilmente podemos educar. En otros casos, son esos extraños que se sientan con nosotros a cenar mirando en la televisión su serie favorita y mandándonos callar porque no se enteran y nosotros, que tampoco queremos enterarnos, agradecemos el descanso brindado por su interés por la serie y su desinterés por nosotros.   El 60% de mis alumnos no come ni cena con sus padres, el 95% come viendo la televisión y hablamos de alumnos de ámbito rural.  ¿Llegamos a esta situación porque creemos que es lo DESEABLE o simplemente porque es así? Llegamos a esta situación sencillamente porque es así, no porque conscientemente hayamos estimado esto como un modelo de comportamiento conveniente para el desarrollo de la familia como tal y de nuestro hijo como individuo. A esto me refería cuando decía que SOBREVIVIMOS.

Permitidme volver ahora atrás. ¿Por qué se drogan nuestros hijos? Porque en un momento determinado dijeron SÍ, cedieron al placer a corto plazo, a la presión del ambiente. La respuesta es que en ese momento concreto, no tenían la suficiente confianza en sí mismos, no estaban lo bastante seguros de sí mismos, no se respetaban a sí mismos lo suficiente.

Sabemos que uno de estos días, si no ha ocurrido ya, algún amigo de nuestros hijos se acercará y le ofrecera alcohol, y otro día le ofrecerán éxtasis, y otro día le ofreceran… Sabemos que está ocurriendo y que invetablemente ocurrirá. ¿Qué harán? O mejor dicho, ¿qué están haciendo nuestros hijos ante esta realidad? Eso dependera de cada uno de ellos. Lo que ellos hagan no está ya en nuestras manos, lo que sí está en nuestras manos es lo que nosotros podemos hacer.

¿QUÉ PODEMOS HACER COMO PADRES?

Todo aquello que refuerce su personalidad y afiance su autoestima.

¿CÓMO SE CONSIGUE ESO?

No existen recetas mágicas pero podemos apuntar algunas ideas claras, permitidme que las enuncie:

1)  NO HAY MAYOR FUERZA QUE EL EJEMPLO. PRIMERO EL EJEMPLO Y LUEGO LA PALABRA.

2) LOS PADRES SOMOS EL PUNTO APOYO Y REFERENCIA DE LOS HIJOS.

-SENTIR EL AMOR DE LOS PADRES COMO PAREJA (AFIANZA LA ESTABILIDAD)

-SENTIRSE AMADO POR SÍ MISMO E INCONDICIONALMENTE.

-SENTIRSE MIEMBRO DE LA FAMILIA, OCUPANDO SU LUGAR.

-SENTIRSE ÚTIL EN LA FAMILIA.

3) SABER ESCUCHAR.

4) NO RESOLVER NUNCA LO QUE EL PUEDA RESOLVER POR SÍ MISMO.

5) EXIGIR SIEMPRE EN FUNCIÓN DE SUS CAPACIDADES.

6 ) NO JUGAR A SER PERFECTOS. EN NUESTRA LUCHA ESTARÁ SU FUERZA

7) EL ADIESTRAMIENTO DE LA MOTIVACIÓN POSITIVA EN LA CONDUCTA.

1.- NO HAY MAYOR FUERZA QUE EL EJEMPLO: PRIMERO EL EJEMPLO, LUEGO LA PALABRA.

Estamos en un Colegio excepcional: ¿recordáis aquellas fichas de Nacho y Cuca que nos traían nuestros hijos desde Preescolar a casa? En ellas evaluábamos una virtud: el orden, la sinceridad, la limpieza, la alegría… Y os acordáis de cómo, cuando teníamos que firmarlas, hablábamos con nuestros hijos sobre cómo había ido todo… Para ellos, entonces, era importantísimo que le pusieras “Muy bien” para poder llevar la hoja a su “profe”. A través de aquella actividad, el Colegio nos llamaba la atención para que observáramos a nuestros hijos y así poder ayudarles en el desarrollo de las virtudes humanas que les iban a ser necesarias en su vida adulta. Creo que nunca se inventó mejor sistema para coordinar la labor educativa de los dos grandes focos educacionales de la infancia: la familia  y el Colegio.

Pues bien, nada de esto sirve si nosotros como padres no somos ejemplos vivos de lo que tratamos de conseguir en nuestros hijos. De nada servirá el mejor Colegio, ni la mejor programación y seguimiento en la educación de las virtudes humanas. Es más, puede conseguir el efecto contrario en nuestros hijos si nuestra actitud no es coherente con nuestras palabras. Estaremos mintiendo y “…si me has mentido en esto no puedo fiarme de ti. Tú no me sirves.”

¿Cómo pretendemos consegujir que nuestros hijos sean piadosos si nosotros no vamos a Misa? ¿Cómo podemos decirles que no fumen con un cigarro en la mano? ¿Cómo podemos prohibirles que beban mientras tomamos una copa? ¿Cómo exigirles que nos escuchen si no los escuchamos? ¿Cómo podemos pretender que nos respeten como padres si, con o sin razón, cuando llegan a casa quejándose de un profesor hacemos causa común con el niño, arremetemos contra el profesor y nos olvidamos de la importancia del principio de autoridad y el respeto? ¿Cómo pretender que sean niños alegres si sólo conocen nuestra sonrisa en la fotografía del salón? Pues bien, no podemos. Sencillamente, no podemos. La frase de “Haz lo que yo diga pero no lo que yo haga”, no sirve en educación. Conseguiremos situar a nuestros hijos ante el vacío. Lo que tú me dices no te lo  crees ni tú, ¿Cómo pretendes que yo me lo crea? Nuestra incoherencia vital, los ha dejado solos.

Me hace gracia cuando escucho que todos deseamos lo mejor para nuestros hijos y nos olvidamos de que lo mejor que puede sucederle a un hijo, para el hijo, es parecerse a sus padres. Pensad que vuestros hijos se están mirando en vosotros, están siendo vuestro propio espejo. Si queréis modificar un rasgo de ellos, examinad primero si vosotros mismos sois el exponente de ese rasgo, aseguraos de que sois ejemplo vivo de él. Luego podréis exigirlo a vuestros hijos.

Este Colegio, el mejor Colegio que podamos imaginar, no puede sino ser una prolongación de la familia. Es importante ir de la mano en esto de la educación y ofrecer al niño y al adolescente una visión coherente de la realidad para que, a partir de esa coherencia, enfrente el mundo, haga uso de su libertad y se realice en un proyecto de vida propio. Probablemente nada tendrá que ver con nosotros, pero su alma se estará hundiendo en nosotros como las raíces del árbol se hunden en la tierra para alimentar las ramas y sus frutos.

2.- LOS PADRES SOMOS EL PUNTO DE APOYO Y DE REFERENCIA PARA LOS HIJOS.-

Sentir el amor de los padres afianza la seguridad de los hijos. Cuando Federico García Lorca, en su Romance sonámbulo, decía aquello de “el barco sobre la mar y el caballo en la montaña” lo único que quería transmitir es la plenitud de saber que las cosas están en su sitio. Parecería ahora políticamente incorrecto con el crecimiento de las llamadas “familias monoparentales” o las llamadas “familias alternativas”, que venga a destacar el papel de la estructura tradicional de la familia; pero no he venido aquí a ser políticamente correcto ni a buscar eufemismos que satisfagan sensibilidades sociales… He venido a hablaros con el corazón. Es un factor de equilibrio emocional básico para el niño disponer de un padre y de una madre que se aman. El amor entre los padres es la solidez sobre la que el niño podrá construir su personalidad. Esto creo que lo dijo Freud también y me alegra coincidir con él. Y no nos  referimos sólo a la definición del rol sexual, sino a toda la estructura de su personalidad. Me alegro también, en este sentido, de coincidir con Valentina-Viterbo, en su libro El niño mal amado, publicado este mismo año en enero, en la editorial Acento, y cuya lectura os recomiendo.

La personalidad del niño necesita el cariño protector de una madre, y la referencia externa del padre. No podremos nunca volar una cometa si nuestros pies no están en el suelo. La firmeza y la imaginación, la realidad y la fantasía, la ensoáción y el carácter, el hombre y la mujer como un uno de realidad, vocación y espíritu. El amor desde el que el niño fue engendrado y que es la causa de su existencia. Si ese amor dejara de existir, desnaturalizaríamos la causa de su existencia.

¿Quiere esto decir que los hijos de divorciados no van a ser adultos equilibrados? No, no quiere decir eso. Quiere únicamente decir que lo van a tener mucho más difícil.

Tuve un alumno brillantísimo al que le tocó vivir con dieciocho años la separación de sus padres. Hoy es un profesional liberal de éxito, bien situado en la vida, tiene treinta y cinco años y… no se ha casado. Es heterosexual, pero cada vez que ha mantenido una relación que amenazaba con ser seria, rompía. ¿Creéis que es un hombre feliz? Yo creo que no. Le falla la fe en el matrimonio porque no vivió el matrimonio como una realidad feliz, sino como fuente de amargura.  No soy psiquiatra, pero estoy convencido de que sigue recreando en cada mujer, en cada relación que inicia, el fracaso de sus padres. Es como si no tuviera derecho a disfrutar de aquello en lo que sus padres fracasaron.

2.1. SENTIRSE AMADO POR SÍ MISMO E INCONDICIONALMENTE.-

Fallamos en esto con demasiada frecuencia. El niño, y yo añadiría que el adolescente y el adulto, necesitamos sentirnos queridos por nosotros mismos, incondicionalmente. Pero ahora estamos hablando de nosotros como padres y nosotros somos la roca sobre la que el niño construye su personalidad porque somos lo permanente. Sólo en la familia se puede alcanzar ese amor incondicional. Puede hundirse el cielo y la tierra, mis padres están ahí, puedo hundirme yo, pero mis padres están ahí.  Aunque en realidad todos los padres sentimos eso mismo y todos, preguntados, diríamos aquello de «quiero a mi hijo más que la niña de mis ojos», la realidad es que se usa frecuentemente el amor como moneda de cambio. Os suena de algo esa frase tan cruel de «Ya no te quiero». Como has hecho algo que me disgusta te castigo retirándote mi amor.

El chantaje afectivo funciona muy bien, pero es enormemente peligroso porque les estamos haciendo daño y porque se volverá contra nosotros. Les estamos haciendo daño porque se sentirán siempre inseguros, porque nuestro amor siempre estará en juego. Hoy te quiero, pero mañana a ver como te portas… Es la frase que Daniel, el Mochuelo, en el libro de El Camino de Miguel Delibes nos dirige: “Lo malo es que para Roque, el Moñigo, eso de la valentía era una cosa que uno podía tener un día y perderla al día siguiente….” con lo cual siempre tenían que estar sometiéndose a pruebas. Esto le hará crecer en falso, podremos así modelar su personalidad porque no hay nada más importante para un niño que el amor de sus padres; pero será nuestra voluntad y no su libertad la que diseñe y modele su personalidad. Siendo así, ¿qué ocurrirá cuando sea su propia libertad la que tenga que actuar en una situación concreta, contracorriente, para decir: ¡ NO, gracias!”.  La adolescencia es una etapa de autoafirmación que no puede realizarse sin que exista una ruptura con los padres. El niño empieza a experimentar cambios de todo tipo, no sólo físicos, también mentales. Reflexiona y empieza a cuestionar. Llega un día que descubre que sus padres no son perfectos, que son personas, que son cuestionables, que no comparten su realidad inmediata, que pertenecen a otra generación. Y es un ciclo que se repite y es necesario. Durante la infancia han sido con mejor o peor éxito una prolongación de nosotros mismos. Con suerte, han sido obedientes, nos han hecho caso, hemos podido supervisar su vida, sus estudios, sus amigos, hemos asistido a todo el proceso de crecimiento. Y ellos han crecido, y llega el momento en que deben romper el cordón umbilical y enfrentarse al mundo.  El arco de sus sentimientos e intereses, irá creciendo y llegará un momento en que habrá afectos que le interesen más que tu amor de padre. Llegará ese primer amor, ese cantante de moda, esa idealización de la pandilla, imprescindible como medio de socialización. Y todo esto está bien porque entra dentro de la evolución del ser humano y es imprescindible para que pueda convertirse un ser maduro, capaz de tomar sus propias decisiones, coincidentes o no coincidentes con las tuyas.

Si cuando llegue ese momento, lo hemos ejercitado en ese chantaje afectivo, lo que le habremos enseñado será que si quiere ser acreedor de ese nuevo amor tendrá que actuar al dictado de su voluntad. Le hemos enseñado que el amor es moneda de cambio, que se entrega a cambio de la sumisión y la docilidad. Si ese nuevo amor se droga, y quiere ser acreedor de ese amor, le habremos enseñado a que tiene que drogarse. Si ese nuevo amor, una pandilla, exige de él vestir ropas negras y atravesarse la nariz con un clavo, lo hará, porque le hemos enseñado que el amor se consigue a través de la sumisión.

Lo peor es que si transige en agujerearse la nariz o en drogarse, sabiendo que somos contrarios a esa conducta y convencido de que actuar contra nuestro criterio de padres equivale a haber perdido nuestro amor, lo obligamos a elegir. O tus nuevos amigos, o tu familia; o tu novia o tu familia. Él acaba de descubrir que no somos perfectos, ha descubierto nuestros fallos. Puede que nuestro amor en la pareja se tambalee porque no siempre la convivencia es fácil; puede que se sientan solos y nos critiquen por abandonarlos para dedicarnos a trabajar. Puede que descubran que les exigimos ser perfectos estudiantes cuando nosotros no hemos pasado de ser mediocres profesionalmente, puede… pueden verlo todo. Y una vez descubierto el primer fallo, todo lo demás se verá cuestionado, nos hemos caído del pedestal y nos hemos caído con todo el equipo. Nosotros somos el pasado, lo que tiene frente a sí, es su futuro. Si los obligamos a elegir ¿Qué creéis que eligirá

Usar con ellos el chantaje afectivo es también peligroso porque les estamos enseñando un juego que él mismo aprenderá a jugar contra nosotros. Les estaremos enseñando que el amor es moneda de cambio y que si queremos SU amor tendremos que actuar siguiendo SUS pautas. Y ese niño de ahora será el adulto de mañana y os aseguro que cuando el desafío empieza no puede haber ganadores ni perdedores en el enfrentamiento y sí un enorme dolor detrás.

NO. Los niños deben sentirse amados por sí mismos. Deben sentir que hagan lo que hagan les seguiremos queriendo, que nuestro amor es incuestionable y va más alla de cualquier dificultad, circunstancia, acontecimiento, fracaso, relación, éxito, incluso de sus notas de evaluación. Sólo así, cuando tengan dificultades de verdad, cuando se emborrachen, cuando se sientan inseguros en ese nuevo ambiente, cuando empiece a salir con el chico de turno, sabrá que nos cuente lo que nos cuente, nuestro amor estará por encima de eso.

¿Quiero eso decir que tenemos que consentírselo todo? NO, en absoluto y todo lo contrario.

Desde pequeños, tendríamos que aprender a castigar con un beso: “Yo te quiero, pero lo que has hecho está mal y debes hacer esto otro para compensarlo”, o dicho de otro modo: se castiga el hecho en sí, nunca a la persona. Y ser inflexibles en la aplicación y exigencia del castigo. Esta norma es tan antigua como el dicho de «mano de hierro con guante de seda».  Si nos ha herido, expresaremos nuestro dolor pero jamás usaremos el amor como moneda de cambio: “Me duele porque te quiero”, “porque te quiero me interesa. Si no te quisiera me resultaría indiferente”.

Es también muy importante que el niño se sienta querido por sí mismo y reconocido como corresponde en la familia. En qué familia no hay un hijo que por sus características no destaque más que los demás, porque sea más inteligente, porque sea más cariñoso, porque alguna carencia o incluso deficiencia en él haga que nos necesite más que los demás. Y encima, cada vez nos resulta más difícil prestar una atención pormenorizada a nuestros hijos por la falta de tiempo y nuestro propio hedonismo -también nosotros como padres tenemos derecho los fines de semana a vivir, tener amigos y distracciones, no va a ser todo trabajar ¿verdad?-;   pero por mucho que trabajemos, por muchas horas que estemos fuera de casa, siempre hay algo que debemos hacer: buscar la ocasión  para esa conversación en solitario con el hijo, de tú a tú. No delante del cónyuge ni de sus hermanos, sino a solas. Puede ser en el trayecto del coche hasta el Colegio, o hasta el club o con la excusa de coger espárragos, eso es lo de menos. Lo de más es que nuestro hijo se sienta centro de todo nuestro interés, aunque sea el cuarto, aunque sea el séptimo. Empezamos con una sencilla pregunta ¿Cömo estás, hijo?¿Cómo va eso? Cuando un hijo se siente centro de nuestro interés se siente estimulado a mejorar, porque sabe que su vida no nos es indiferente, porque querrá construir una vida que mostrarnos cuando le preguntemos el próximo domingo ¿cómo va tu vida? Con demasiada frecuencia las prisas y el exceso de ocupaciones hacen que nos olvidemos de este contacto individual y los niños acaban sintiéndose anónimos en su propia casa, anulados por hermanos más brillantes, por circunstancias más urgentes, por …. nosotros, a quienes invariablemente nos importa más nuestra propia vida que la suya. Y se sienten solos. Y ese es un mal caldo de cultivo.

Recuerdo a un pedagogo que nos decía que los roles del padre y la madre están en este sentido diferenciados. El madre es la infantería; el padre la artillería. No es que el niño no respete a la madre, la quiere más porque lo es todo para él. Es la que, normalmente, más se preocupa por él, la que mantiene una presencia constante, ha nacido de ella, es su mundo, un mundo que lo domina y que él domina. El padre, en cambio, es esa persona extraña, ese intruso en su círculo. Cuando se trata de buscar las confidencias del día a día, el control de la tropa, la madre está siempre ahí. La madre sabe cuándo todo va bien, o cuándo algo va mal sólo con mirar a su hijo a la cara. El padre no. Mi mujer siempre se queja de que cuando nuestros hijos eran pequeños, siempre era ella la que se despertaba a cuidarlos por la noche cuando se despertaban. Yo puedo asegurar a quien quiera creerme que ella intuía el llanto del bebé antes de que se produjera. Era como si aún mantuviera con ellos el cordón umbilical. Cuando el llanto se producía, ya estaba junto a ellos cuidándolos. El resultado es que yo no me enteraba. La conclusión es que ella tiene razón.

Ese padre ajeno a su universo, de mayor tamaño, voz más grave, con quien el bebé tiene que competir por la atención y el cariño de la madre, tiene su rol. Es el que interviene cuando el asunto a tratar no admite negociación. Los padres nos convertimos así en castigadores oficiales. ¿Cuántas veces habremos oído eso de “verás cuando se entere tu padre”? Con el padre no hay negociación que valga porque somos los extraños desconocidos. Por eso, y porque la madre apoya, el padre impone autoridad cuando no hay más remedio.

La familia de hoy día está en evolución, la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral está trayendo consigo un  cambio más o menos pronunciado en los papeles tradicionales en la educación de los hijos. Mi mujer y yo, desde el inicio de nuestro matrimonio, hemos trabajado fuera de casa. Hemos hecho encajes de bolillo para poder dedicar tiempo y esfuerzo a la educación de los hijos. En nuestro caso, esta distribución ha funcionado, y en cualquier caso, en función del carácter y las ocupaciones de la pareja, tendrá que seguir funcionando. Siempre habrá una infantería y una artillería. Siempre tendrá que haber uno a quien le toque la china de ser el castigador.

3.- SABER ESCUCHAR Y ESPERAR.-

Ya hemos dicho que no podemos pretender de nuestros hijos lo que nosotros mismos no hayamos conseguido. Pues bien, os presento una de las cualidades más extrañas en nuestra sociedad actual. Saber escuchar; y, sin embargo, es fundamental para poder averiguar cual es la situación de nuestros hijos.

Ahora llegamos a casa y le preguntamos a nuestro hijo: “¿Cómo estás?” -horror, la televisión está encendida y no me ha hecho ni caso- Apagamos la televisión y volvemos a preguntar: “¿Como estás?”. Silencio. El niño nos mira fijamente a los ojos enfadado porque le hemos apagado la televisión mientras trata de comprender a qué viene ahora eso. Entonces nos enfadamos y salimos gritando: «Tú ves, la culpa es tuya, contigo no hay quien hable.»

En efecto, para llegar a escuchar hay un requisito previo y ese requisito es que alguien te hable. Volvamos ahora al principio. Hemos dicho que no exijas aquello no tú mismo no das. Ante esta situación empieza hablándole a tu hijo de ti mismo. Estoy cansado, estoy contento porque…. por supuesto sin descargar en él tus problemas de adulto, se supone que eres tú quien controlas la situación. Cuando hayas hablado tú, vuelve a preguntarle a él, muy posiblemente esté mejor predispuesto ahora a contarte cómo le ha ido a él. Si repetimos la pregunta con frecuencia muy posiblemente el niño acepte del diálogo como algo normal y gratificante y tener ese puente abierto es fundamental (¡Ah, se me olvidaba! antes de empezar a hablar pídele perdón por haber apagado la televisión sin previo aviso, constituye una agresión. El perdón es necesrio como un tratado de tregua previa al diálogo).

Cuando esté hablando escucha conscientemente. Te asaltarán diciocho mil setecientas sugerencias, gritos, puntualizaciones que hacer mientras el habla, y eso en tan solo el primer párrafo, cuando te ha dicho que ha suspendido “mates” porque la profe es un rollo, no lo juzgues,  calla y sigue escuchando, pregunta, indaga, no le digas que el problema es que él es un perro,  sigue escuchando. No juzgues, plantea preguntas… ¿Por qué ha sucedido?, ¿cuál crees tú que ha sido la causa?, ¿cuál crees tú que puede ser la solución? y sigue escuchando, no cedas a la tentación de darle tu solucionario porque recuerda que tu solucionario es tuyo y él no asumirá como suya sino una idea o solución que a él se le haya ocurrido. Sigue escuchando hasta que plantee la idea que es coincidente con la tuya y celébrala como algo positivo. El saldrá reforzado porque ha conseguido tu aprobación y no tu reprobación y acometerá sus soluciones con doble energía porque nadie le obliga sino su propia voluntad. Pero hay que saber escuchar y hay que saber esperar.

Si desarrollamos esta virtud en el tiempo, tendremos un arma poderosísima en nuestras manos: la capacidad de exigirles que nos escuchen hasta el final cuando realmente tengamos algo importante que decirles.

El doctor A. Polaino-Lorente, catedrático de psicopatología de la Universidad Complutense, en un artículo titulado “¿Cómo evitar que mi hijo se drogue?”, nos apunta: «Es importante ser tolerante en todas aquellas cuestiones que realmente no tengan verdadera importancia, ya que de otro modo podemos caer en el error de estar haciendo a nuestros hijos continuos reproches, lo cual termina por arrebatarnos su confianza.

Hablar con los padres no puede terminar conviertiéndose en algo no gratificante y que, por tanto, se tiende a evitar».

4.- NO RESOLVER NUNCA ALGO QUE PUEDA RESOLVER POR SI MISMO.-

Si queremos formar el carácter de la persona tendremos que dejarla equivocarse. Todos aprendemos cometiendo errores, no conozco a nadie que haya nacido perfecto, entre otras cosas porque no hay dos personas que entiendan lo mismo por «ser perfecto». Todos actuamos por aproximación hasta conseguir un comportamiento que resulta gratificante para nosotros  -normalmente la aprobación de nuestros padres y nuestro entorno-.

Cuando seamos conscientes de que nuestros hijos pueden hacer algo por sí mismos debemos dejarles actuar y no ceder a la tentación de hacerlo por ellos. Es cierto que yo hago la cama mejor que mi hijo, pero también es cierto que él puede hacerla, y poner la mesa y recogerla y coger un autobús y sacarse un carnet de identidad.  Si queremos desarrollar una personalidad autónoma debemos permitirles enfrentarse a las dificultades normales y salir victoriosos de ellas.

En la revista ACEPRENSA, el 3 de diciembre de 1.997, apareció un interesante artículo titulado «Los riesgos de tener padres hiperprotectores», En el artículo se recogía el diagnóstico de Jackie Lang, Presidenta de la Asociación de Escuelas Femeninas de Enseñanza Privada Británica. Ella describía una situación que nos resulta sumamente conocida: «La mayoría de los niños británicos de hoy no van a la escuela a pie o en transportes públicos, sino en coche con sus padres. Tampoco pueden estar a su aire durante unas horas en el campo o en la ciudad. Y la mayor parte del tiempo están en actividades organizadas.» «…es una vida organizada por adultos donde el principal objetivo no es que los niños lo pasen bien, sino la obtención de diplomas y la tranquilidad de los padres.»

La profesora Lang afirmó que los padres estamos criando una generación de niños blandos con una vida demasiado organizada y protegida.

Si asumimos nosotros sus responsabilidades les impediremos desarrollar su capacidad de enfrentarse a la realidad, los haremos dependientes de nosotros. Haremos niños que no sepan reaccionar ante situaciones inesperadas o no programadas. Tenemos que dejarles tomar decisiones y equivocarse, y rogar que el porrazo no duela mucho para que le sirva de escarmiento sin necesidad de que la sangre llegue al río.

5: EXIGIR EN FUNCIÓN DE SUS CAPACIDADES.-

Si queremos que nuestros hijos tengan autoestima, se respeten a sí mismos y confíen en sus capacidades debemos cuidar mucho este punto.

En cierta ocasión escuché a una madre avergonzada del comportamiento de su hijo en El Corte Inglés. El niño tenía cuatro años y la señora había quedado con una amiga para ir de compras a estos grandes almacenes. El niño no paraba de tocarlo todo y cuando la madre se lo impedía lloraba, y la mujer se quejaba del bochorno que el niño le había hecho pasar. Al llegar a casa, la buena señora se ufanaba de haberle dado una buena tunda para que no volviera a repetirlo.

¿Cómo podemos someter a un niño a una situación absolutamente nueva para él, esperar que se comporte como un adulto cuando aún ni sabe hablar correctamente, y que salga triunfante de la prueba? El único favor que le ha hecho al pobre niño es que probablemente odie de por vida El Corte Inglés, pero a quién podría extrañar que de adulto se sintiera inseguro en unos grandes almacenes sin saber por qué.

No olvidemos nunca que si no queremos convencer a nuestros hijos de que son unos inútiles, más nos vale estar seguros de que las expectativas y pruebas a que los sometemos son proporcionales a su capacidad. Y esto no sólo en cuanto a sus estudios, sino también en cuanto a sus cualidades.

Olvidémonos de:»Fíjate en tu hermana, qué bien lo hace». Nunca debemos comparar porque cada individuo es diferente y la hermana tiene tres años más y es injusto que esperemos en el niño la madurez y cualidades desarrolladas en tres años de ventaja en unas edades en que tres años son el veinte por ciento de una vida. No sé si conseguiremos que haga lo que pretendemos que haga, pero le estaremos haciendo sentir inferior, y de rebote, odiará a su hermana.

6.- JUGAR A SER PERFECTOS

Tuve un compañero que afirmaba que nunca daba su brazo a torcer, que cuando se equivocaba en clase jamás reconocía su error porque eso le haría perder autoridad frente a los alumnos.

No somos perfectos. Los niños crecen y un día ellos también lo descubren.

7.- EL ADIESTRAMIENTO EN EL REFUERZO POSITIVO EN LA CONDUCTA.-

Hablo de adiestramiento porque nuestra sociedad está adiestrada en la corrección de errores y no en el refuerzo positivo de la conducta. El refuerzo positivo de conducta es fundamental para crear, acentuar y desarrollar la autoestima.

Hay profesores que como estrategia ponen un primer examen de curso durísimo, según ellos para que aprendan y sepan que con ellos hay que estudiar. Lógicamente, el índice de suspensos es altísimo.

Yo prefiero ponerles un primer examen facilísimo en el que sin hacer prácticamente nada puedan sacar sobresaliente. Y luego, al entregarles las notas, les alabo el buen nivel de lengua y su dedicación y les animo a seguir así.

Parto de la base de que nadie es conservador hasta que no tiene algo que conservar. Si yo le doy un sobresaliente, dispone de nueve meses para defenderlo de los futuros exámenes y os aseguro que lo defienden como gato panza-arriba. Además consigo que la clase tenga una predisposición positiva hacia la asignatura y hacia mí como profesor con lo cual desarrollo las clases con mejor aprovechamiento.

Con los niños sucede lo mismo, si quieres conseguir algo concreto en lugar de recriminarle continuamente lo que hace mal, ten un poco de paciencia, cuando veas que hace lo que tú quieres alábale positivamente la conducta. Para una vez que ves a tu hijo lavarse los dientes no le digas “¡Ya era hora!”, mejor dedícale una sonrisa y dile lo feliz que te sientes cuando lo ves cuidar de su higiene. De esa forma habrás conseguido que asocie el hecho de lavarse los dientes con una idea positiva de sí mismo. Si en lugar de una alabanza recibe continuas recriminaciones  de conducta mermaremos su autoestima y no verá sus virtudes sino sólo sus defectos.

Esta técnica me la enseñó Victor García Hoz, el pedagogo guía de las líneas maestras de Fomento y uno de los inspiradores de la Reforma Educativa, y os aseguro que funciona. En este sentido, el doctor Polaino Lorente nos advierte (Tus hijos y las drogas,  A. Polaino-Lorente y J. de las Heras, Col. Hacer Familia, Madrid, 4ª ed.): «…conviene destacar que se ha comprobado, desde el punto de vista de la educación, cómo el insistir en calificar negativamente a los hijos  es particularmente contraproducente, ya que pueden asumir estos calificativos como algo propio de su personalidad e identificarse con ellos. Por eso resulta más conveniente orientarles hacia lo que deseamos que sean tratándoles como si realmente fuesen así, tal y como deseamos, ya que entonces pueden asumir estos valores como algo que realmente pertenece a su personalidad sirviéndoles a la vez de guía y estímulo.

En este sentido, es necesario tratar a los hijos más que como son realmente como deseamos que sean -aunque sin exageraciones-, ya que de este modo resulta más fácil que lo logremos y además mejoremos nuestra comunicación con ellos. Se ha comprobado también cómo en la educación resultan más eficaces los premios que los castigos a la hora de intentar reforzar un comportamiento determinado. Cuando nos referimos a premios o castigos no lo hacemos refiriéndonos a cuestiones puramente materiales, sino a lo que suele ser más importante para ellos, los castigos afectivos y efectivos.

Decirle a un hijo que está bien algo que ha hecho o que lo queremos especialmente por alguna cuestión particular suele ser muy eficaz a la hora de que éste desarrolle su futuro comportamiento en esa dirección. Sin embargo, adoptar ante el esfuerzo del hijo una postura rígida y de escasa valoración con frases tan comunes como «Eso es lo normal» o «no has hecho sino cumplir con tu obligación», etc. puede desalentar al hijo en su esfuerzo personal llevándole a un cambio de actitud o incluso a un erróneo desarrollo de su personalidad.

No creo necesario añadir nada más.

Esta muy claro que si queremos que nuestros hijos tengan una oportunidad frente a la droga, debemos educarlos correctamente.  Pero ya decíamos que no nos lo han puesto nada, nada, nada fácil.  Los padres, como padres andamos también muy despistados a la hora de exigir a nuestros hijos y a la hora de transmitir una escala de valores con claridad y seguridad en nosotros mismos. ¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL?  Lo es porque el ambiente no nos ayuda, porque nadamos contracorriente. Antes de dar paso al debate que espero que ahora se produzca, quiero apuntar algunas  causas de nuestra inseguridad como padres, no están todas y espero que vosotros apuntéis más causas, pero he querido mencionar las que creo más peligrosas:

1: QUE ALGUIEN NOS EXPLIQUE QUÉ ES LA TOLERANCIA, es una palabra de moda, significa no prejuzgar al prójimo en aras de una  convivencia pacifica, no tratar de imponer por la fuerza una ideología o una religión o una raza, etc. etc. etc. Lamentablemente se utiliza hoy como pancarta política cuando es un mandamiento bíblico: amar al prójimo como a uno mismo. Ser tolerante es moderno y democrático y está muy bien.

El riesgo está en que se ha convertido socialmente en una excusa para imponer una dictadura de las minorías.

Hay que reivindicar que la tolerancia funciona en sentido recíproco. Se habla de que han cambiado mucho los modelos de familia, hablar ya de la familia construida a partir de un hombre y una mujer que se casan, tienen hijos, se cuidan y los crían, es retrógrado y parece poco respetuoso con “otras realidades”. Yo tengo del derecho de manifestar mi opinión en el sentido de que se han multiplicado las realidades, pero se mantiene el mismo modelo. Porque el modelo es aquello que consideramos como ideal a conseguir. Manifestar públicamente que creo en el matrimonio, en la familia tradicional porque creo que es “el modelo” dentro del cual se logra defender y educar mejor a los hijos, puede ser calificado de retrógrado, de poco sensible hacia otras realidades sociales. Pero no olvidéis que de la misma forma que cualquiera tiene el derecho a expresar su opinión, y yo el gusto y la obligación de respetarla, de la misma forma, quien me escucha debería tener la misma obligación de respetar unos planteamientos y una lectura de la realidad diferentes. Lo contrario, si no podemos expresar libremente nuestra opinión, bajo amenaza de descalificación y aislamiento personal, sería una dictadura.

El problema está en que  si no manifestamos abiertamente nuestra opinión, corremos el riesgo de que nuestros hijos crezcan en la creencia de que eres un retrógrado burgués, lo cual debe ser muy malo  -aunque ellos no sepan lo que significa ni retrógado ni burgués-  y lo demás, lo políticamente correcto, muchas veces incorrecto éticamente, es lo guay y lo normal. Se nos pide que nos inhibamos de toda opinión que no sea coincidente con la “mayoritariamente aceptada”. Pero sucede que luego, lo que se supone mayoritariamente aceptado, no lo es. Simplemente es lo que más se repite en los medios de comunicación sin que encuentre oposición alguna, porque es más cómodo no pensar, porque es más cómodo no señalarse. Eso no es tolerancia, es una dictadura donde la opinión abierta se condena con la represión social y la descalificación personal. Y tenemos la obligación moral de transmitir a nuestros hijos aquellos principios que para nosotros son válidos, aquellos que nos han ayudado a crecer como personas, y a darles los argumentos lógicos en los que creemos. Al fin y al cabo son nuestras convicciones y ellos tienen el derecho a comprender lo que pensamos y cómo actuamos. Somos sus padres. Debemos enseñarles a ser tolerantes desde la firmeza de nuestras propias convicciones.

2) El RELATIVISMO.-

Si todo es relativo, todo es opinable, ¿cómo sabes tú que lo que tu opinas, dices, afirmas, es lo correcto? Esto me lo preguntaba mi hija a raíz de un trabajo de filosofía sobre la relación entre fe y razón.

Que todo el mundo tenga derecho a opinar no significa que todo sea opinable. Esto es algo que debemos tener nosotros muy claro y deben tenerlo muy claro nuestros hijos. Hay ciertos principios que lo son: la droga es mala, por ejemplo. Todos los días hay que levantarse para trabajar, por ejemplo. Tu derecho a ser respetado es idéntico al mío, luego tu ámbito de libertad finaliza donde empieza el mío. Y en última instancia, cuando seas padre comerás huevos.

Hay padres que no bautizan a sus hijos porque no quieren condicionar su religión futura. No, los hijos tienen derecho a tener un punto de referencia y nosotros la obligación de dárselo y si alguna vez me pregunta mi hijo por qué lo eduqué en la fe cristiana o por qué lo eduqué en el Encinar tendremos que responderle: porque creo en Dios y porque creo haberte dado lo mejor para tu educación. No tenemos la obligación de transmitir LA VERDAD sino simple y honestamente NUESTRA VERDAD que es aquella con la que vivimos y la que nos permite sobrevivir. ¿Os imagináis a un tigre diciéndole a la señora tigresa: no enseñes a cazar al niño, por si de adulto prefiere ser vegetariano? Este absurdo está ocurriendo.

Pero no debemos confundir transmitir tus verdades con imponer tus verdades. No juzgaré a mi hijo por apartarse de lo que yo pienso y creo, si lo estoy educando como un ser libre es para que viva en libertad. Su tiempo no es mi tiempo y necesitará apartarse de mí para sobrevivir en el tiempo que le ha tocado.

3.- LA DICTADURA DE LAS MAYORIAS ESTADISTICAS.-

Que lo piense la mayoría no quiere decir que sea lo correcto, y, en cualquier caso no lo será si no lo es para nosotros. Nunca es un argumento «todo el mundo lo hace» porque eso no es equivalente a decir «es bueno».

Las estadísticas están sustituyendo a los adivinos y a los legisladores -se aprueba lo que reporta votos-, en lugar de bolas usamos estadísticas y las estadísticas tampoco nos van a ayudar mucho en la rectitud de criterio. Si yo te pregunto si no crees que la paz es el don más preciado de la humanidad me contestarás que sí, y si a continuación te pregunto si no crees que es tan preciado que debemos salvaguardarlo a toda costa, me dirás que sí con lo cual habré conseguido que estadísticamente estés afirmando que el fin justifica los medios y que eres partidario de la guerra. Puede que al principio tú no pensaras eso y que sigas sin pensarlo a pesar de que te hayan manipulado para que des una respuesta inducida.

Cuando tengamos que decidir qué es bueno o malo para nuestros hijos, no pensemos en lo que todo el mundo hace, sino en lo que yo creo que es o no es bueno para ellos. Actúa en conciencia porque no siempre lo que se dice que «hace todo el mundo» es todo el mundo quien lo hace. «Papá todos mis amigos lo hacen»: puede que sea cierto, pero mi obligación es educarte y responder por ti no por tus amigos. Y, esto, es lo que yo pienso y creo que merezco cuando menos el mismo respeto que tus amigos y más que los padres de tus amigos, no porque sea mejor sino porque soy el tuyo. Si admitimos el «todos lo hacen» como criterio de aprobación de conducta estamos inculcando un principio muy peligroso en la mente de nuestros hijos. Les estamos diciendo «Si ves que todos lo hacen, tú puedes hacerlo porque es aceptable.»

4.- ESA NIÑERA LLAMADA TELEVISION.-

Es sorprendente lo que cuidamos el colegio, los profesores, las amistades de nuestros hijos y, sin embargo…. como luego dejamos que doña televisión programe las mentes de nuestros hijos.

Sólo deciros el daño que puede hacer la publicidad en los niños programando inconscientemente la ansiedad sólo satisfecha por el consumo. ¿Habéis visto programas como “Al salir de clase”? ¿Sabéis qué ven vuestros hijos? ¿Sabéis qué se les está vendiendo como norma de conducta? Si vemos la televisión en familia y tenemos opción de comentar con ellos lo que vemos, puede ser constructivo; pero si tienen libertad horaria y de canales significa que lo estamos haciendo mal. Estamos hablando de otra adicción que por si misma merecería una charla completa por la tremenda importancia que tiene en nuestros hogares. El promedio de visualización de televisión en primero de ESO con clase matutina hasta las dos y media es de cuatro horas diarias. Es una barbaridad.

5.- LOS MODELOS JUVENILES Y LA MOVIDA.-

Nosotros como padres somos víctimas, como nuestros hijos, del hedonismo imperante. Disfruta y diviértete. ¿Y el trabajo? Nadie habla del trabajo ni de la familia ni de las obligaciones. La idea imperante desde la publicidad y los medios de comunicación, desde los programas juveniles a las series es que «está de moda ser joven». «Hay que ser joven». Estamos muy lejos de la afirmación británica de que «la juventud es una enfermedad que se cura con los años». Ahora estamos en la idealización de la juventud y de la movida y del consumo y somos nosotros mismos los adultos los que corremos a las clínicas de cirugía estética, nos vestimos con cuero, y anteponemos el placer personal a la obligación-muermo. Os habéis fijado cómo han proliferado los divorcios, cómo se consideran los hijos una carga, cómo   todo lo que suena a obligación es rechazado sistemáticamente.

Si entramos en esa dinámica ¿cómo imponer sentido común en nuestros hijos que se han convertido en nuestro modelo?

Como veis son muchas las cuestiones relacionadas con ese SÍ que abre las puertas de la droga a nuestros hijos. Y puede que algunos de vosotros hayáis venido hoy a hablar de la movida para saber si estáis o no actuando correctamente. Pero yo no he venido a daros una respuesta a esa pregunta. Para responder a esa pregunta sentaos el matrimonio y preguntaos si estáis haciendo lo correcto o no, porque sois vosotros los que debéis tomar las decisiones en vuestros hogares.

A mí personalmente no me preocupa que mi hija salga o no salga, me preocupa evaluar la capacidad de respuesta que pueda tener mi hija ante situaciones nuevas e inesperadas, su capacidad para controlar la situación porque sé que en QUO y en ZAHIRA y este verano en la playa habrá junto a ella quien fume, beba o tome éxtasis y quien le ofrezca gratis el consumo. Yo confío en ella pero sé que no debo exigirle por encima de su capacidad de respuesta. Cada mes que pasa, cada salida que regresa a casa dueña de sí misma, cada año que pasa son refuerzos de control de conducta que le permitirán afrontar con éxito esa difícil tarea que es convertirse en adulta.

Mi mujer y yo no les hemos prohibido a nuestros hijos que consuman alcohol, sólo les he pedido que cuando decidan consumirlo porque la presión social los induzca a hacerlo, me lo digan. Que me permitan ser yo quien les explique qué es y como debe consumirse. Hasta ahora no me lo han pedido, supongo que porque «todavía pueden aguantar un poco más», pero yo mantengo la puerta abierta.

Tampoco les hemos prohibido que salgan hasta altas horas de la noche  por miedo a la movida sino porque nosotros, sus padres, tenemos que dormir, porque el lunes hay que madrugar para trabajar y estudiar y no podemos trasnochar sin pérdida de reflejos y capacidad de concentración, porque si te mantienes despierta y sobria podrás observar que a partir de cierta hora lo único que puedes encontrar en la calle son problemas.

Pero esto no quiere decir que nosotros seamos quienes mejor lo estamos haciendo, no hay remedios mágicos y cualquier decisión que toméis, que tomemos,  será nuestra opción y será la válida para nuestros hijos. Como dice Valentina Supino-Viterbo (Op.Cit. pág.6)  no hay una guía de ser buenos padres. Podemos ser a lo largo de la vida que compartimos con nuestros hijos, buenos padres en determinados momentos y malos en otros. Basta con esperar ser, en conjunto, un padre suficientemente bueno.» Y, como decía mi padre, que Dios reparta suerte.

Publicado en ACTOS | 3 comentarios

EL ARQUITECTO DE TOMBUCTÚ, de MANUEL PIMENTEL. Barcelona, Umbriel editores, 2ª Ed., 2008.

EL ARQUITECTO DE TOMBUCTÚ

de Manuel Pimentel.
Argumento y opinión:
Lleva como subtítulo “Es Sahelí, el granadino”. Es una novela histórica inspirada en este poeta andaluz –antes Notario que Arquitecto y siempre poeta-, nacido en la Granada de los nazaríes, en el S. XIV.
Cuando se inicia el relato, lo vemos como embajador. El rey de los negros lo ha enviado a Vez para negociar un acuerdo que garantice el comercio a través del desierto. A partir de ese momento, el relato va siguiendo una doble vertiente, de forma alterna: por un lado, los acontecimientos que van sucediendo, sus peripecias y sus dudas íntimas entre retornar con su Rey o huir desde Fez a su Granada una vez cumplido el destierro que le había sido impuesto. La otra, sus recuerdos, su infancia y juventud en la ciudad de la Alhambra. Sus correrías, sus pasiones y sus errores, aquellos que le llevaron al destierro.La recreación ambiental está muy conseguida. Nos sumerge en una época donde pugna la tolerancia secular andaluza con la intolerancia emergente que acompaña al protagonista a lo largo de la historia. El humanismo, frente al fanatismo religioso, en este caso musulmán. Las traiciones, la política, el arribismo, el amor y la pasión por la poesía. El descubrimiento de la humildad y el ascetismo en el sufrimiento, el conocimiento válido como revelación, de nuevo el amor y la amistad. Hasta la muerte.Su viaje nos hará recorrer Andalucía, y también el Norte de África y El Cairo, y el Egipto del Nilo, con sus tumbas, sus pirámides y su religión. Iremos con él al campo de batalla, pero también de peregrinación a La Meca. Y lo más interesante es que el viaje es fidedigno y sigue al detalle el que realizara Es Sahelí.

El relato, escrito en primera persona, nos hace sentir confidentes de su alma desde el primer momento. Los versos que salpican de vez en cuando sus páginas también son auténticos y andalusíes de la época. Es una novela de contrastes y vital. De ella, me quedo con esta cita: “ Hacen falta sabios que orienten nuestra alma, pero también poetas que reconforten nuestro corazón”. NADIE SOBRA, TODOS SOMOS NECESARIOS”


SI DESEA ADQUIRIR ESTE LIBRO, PULSE EN EL TÍTULO: EL ARQUITECTO DE TUMBUCTÚ, Manuel Pimentel.

TITULOS PUBLICADOS Y A LA VENTA DE JOSÉ CARLOS ARANDA: https://josecarlosaranda.com/2013/03/31/jose-carlos-aranda-obras-publicadas/

cubierta_como se hace un comentario de texto_Af.inddmanual_ortografía_y_redacciónMaterial de forrado_El libro de la gramatica vital_26mm_251010.iportada manualCubierta_Ortografía fácil_v3_9mm_241013.inddINTELIGENCIA NATURAL IN

Publicado en LECTURAS | Deja un comentario

TEXTO XI: SELECTIVIDAD ANDALUCÍA: JUNIO 2010: OPCIÓN B: TEXTO PERIODÍSTICO DE OPINIÓN SOBRE ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN

TEXTO XI: SELECTIVIDAD ANDALUCÍA: JUNIO 2010: OPCIÓN B: TEXTO PERIODÍSTICO DE OPINIÓN SOBRE ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN

INTRODUCCIÓN:

No existe una solución única para la resolución correcta de las preguntas de cometario. Para su elaboración debemos tener en cuenta los criterios dados desde Coordinación. Son públicos y están a disposición de todos los centros y los vocales que asisten a las pruebas. A continuación, desarrollamos un modelo de realización correcta de la prueba. En cuanto al comentario crítico, esbozaremos algunas ideas vinculadas con el contenido que podrían servirnos de base y que deberían ser ampliadas. Para la organización de contenidos y elaboración del comentario crítico, aconsejamos la lectura del apartado correspondiente a «Comentario de opinión» en Cómo se hace un comentario de texto, Berenice, 2009 (3ª ed.).

TEXTO:

SÁTIRAS

Como se sabe, Martín Amis ha aconsejado a la administración laborista instalar en las calles del Reino Unido cabinas donde los ancianos podrían poner fin a su penosa e inútil existencia, si así lo deseasen, ingiriendo dosis gratuitas de martini envenenado, con o sin guinda. ABC recogía la noticia esta misma semana, a la vez que se hacía eco de la indignación que ha levantado tanto la propuesta del escritor británico como su advertencia de que, en caso de no llevarse aquélla a la práctica, las ciudades se verán anegadas en breve por muchedumbres de horribles vejestorios enloquecidos. A mí, escandalizarse por esto me parece sencillamente de hipócritas.

Porque lo que Amis ha perpetrado no es un crimen, sino una soberbia sátira en la tradición de Jonathan Swift, que recomendaba, como solución para terminar con el hambre en Irlanda, comerse a los niños de los prolíficos labradores católicos de la isla, preparados al chilindrón y con guarnición de patata autóctona. Aunque anglicano, el dublinés Swift no pretendía exterminar niños papistas, sino llamar la atención de sus lectores británicos hacia la miserable situación de la población rural irlandesa mediante una parábola salvaje y tremebunda. El hecho de que, un siglo después, Irlanda se despoblase a consecuecia de la peor hambruna registrada en la Europa moderna demuestra que pinchó en hueso.

Martín Amis no es sólo uno de los mejores escritores vivos de lengua inglesa, sino un moralista de antología y un luchador insobornable contra todo atisbo de tiranía o totalitarismo, en la estela del merjor Orwell. (…)

Detrás de la provocación de Amis se adivina al autor de la saga viajera de Gulliver, pero también el Borges de «Utopía de un hombre que está cansado», relato sobre un mundo próspero, igualitario y nihilista donde sus habitantes, al llegar a la vejez, se encaminan voluntariamente hacia la cámara letal inventada por «un filántropo cuyo nombre, creo, era Adolfo Hitler».

Ahora que los demógrafos nos predicen una Europa achacosa para dentro de treinta años (…), la parábola gamberra del escritor inglés saca la discusión del terreno de la planificación burocrática y la lleva a donde le corresponde, a un presente (…) que pone a los viejos ante la alternativa de convertirse en objeto de beneficencia o en objeto de resentimiento por parte de frondas juveniles, ávidas y sindicalizadas, como se está comprobando ya en España ante las tentativas políticas de prolongar la edad laboral. La insolencia de Amis resulta tan feroz como valiente y oportuna, aunque, como siempre, cuando un dedo señala la catástrofe, los imbéciles se apresuran a amputarle la yema.

CUESTIONES:

1. Señale y explique la organización de las ideas contenidas en el texto (Puntuación máxima: 1,5 puntos).

1) Martin Amis aconseja a la Administración británica la instalación de cabinas de suicidio para ancianos.

[porque]1.1. De no hacerlo el envejecimiento de la población llenaría las calles de viejos enloquecidos.

2) La idea anterior es una sátira en clave de ironía para llamar la atención sobre el problema del envejecimiento.

[pruebas] 2.1. La técnica de la exageración desmesurada cuenta con antecedentes literarios:

a) Jonathan Swift y su propuesta de acabar con el hambre en Irlanda comiéndose a los hijos de los agricultores católicos irlandeses.

b) Gulliver y su sátira viajera.

c) Borges y el suicidio de los ancianos en las cámaras inventadas por Hitler.

2.2. La calidad literaria y humana del autor.

3) [por lo tanto] Amis denuncia abiertamente un problema actual en Europa:

3.1. Una población envejecida en 30 años.

3.2. La necesidad de búsqueda de soluciones para evitar el problema (vivir de la beneficiencia o enfrentarse al resentimiento de los más jóvenes).

4)[argumento confirmatorio] En España ya se observan los primeros signos (aplazamiento de la edad de jubilación).

4.1. Hay que afrontar el problema y no matar al mensajero.

La organización de los contenidos se realiza de forma inductiva: partimos de una afirmación [1] (noticia publicada por ABC, afirmación de Amis) que posteriormente se analiza [2] para alcanzar una conclusión sobre la pertinencia de la llamada de atención y su actualidad [3 y 4].

2.

2a) Indique el tema del texto (Puntuación máxima: 0,5 puntos).

El envejecimiento de población es un problema que urge atender.

2b) Resuma el texto (Puntuación máxima: 1 punto).

ABC recoge un artículo de Amis en que plantea a la Administración laborista la conveniencia de colocar cabinas donde los viejos puedan suicidarse. El escándalo suscitado es innecesario dado que se trata de una ironía avalada por célebres antecedentes literarios (Swift, Gulliver, Borges) y el buen hacer y ser del propio autor. Su única intención es llamar nuestra antención ante el problema del envejecimiento de la población, el problema que supondrá dentro de 30 años, y la necesidad de plantear soluciones y sacar el asunto del ámbito meramente burocrático, antes de que la situación de los ancianos vaya a peor por la presión social, como puede ya estar sucediendo en España con la nueva ley que prevé el atraso de edad de jubilación.

3. Comentario crítico del contenido del texto (Puntuación máxima: 3 puntos).

Algunas ideas interesantes a desarrollar podrían ser:

1) Reconocimiento de que el problema existe y la necesidad de plantear soluciones.

España tiene uno de los índices de natalidad más bajos de la Unión Europea, por debajo de 1,5 hijos por matrimonio. El descenso de la mano de obra disminuirá los ingresos a la Seguridad Social, por lo que el sistema de pensiones será insostenible.

Causas del bajo índice de natalidad: Falta una buena ley de conciliación laboral y familiar. La mujer ha conquistado la igualdad, pero debe competir en el mercado laboral por lo que el embarazo y los hijos suponen un lastre para su promoción. La idea de la maternidad está denostada frente a del disfrute y realización personal (egoísmo y hedonismo social). Frente a las sociedades primitivas donde un hijo es una riqueza -mano de obra que incrementa la renta familiar-, en las sociedades industrializadas un hijo es una carga que sólo reporta gastos, por lo que supone un inconveniente.

Posibles soluciones: Una buena ley de conciliación que permita compatibilizar el trabajo y la familia. Un buen apoyo económico a la natalidad como sucede en otros países de la Unión Europea. La inmigración, siempre y cuando el tejido económico sea lo suficientemente dinámico.

El aumento de la edad de jubilación: no sería nada traumático siempre y cuando fuera voluntario. No todos los trabajos suponen el mismo desgaste físico. Hay quien se jubila sin querer hacerlo cuando hace lo que le gusta y se encuentra en buena forma física. Hay soluciones intermedias como reducciones horarias o actividades selectivas a realizar a partir de determinadas edades.

Problemas inherentes: la sensación de soledad y abandono cuando prima el egoísmo y la familia cada vez está mas desestructurada. Aislamiento, problemas psicológicos, depresión, incomunicación, abusos.

Posibles soluciones: fomentar una cultura de familia, desarrollar programas de atención, acompañamiento y cuidado de personas mayores. Programas de ocupación y desarrollo personal. Centros de día y residencias debidamente atendidas.

Recuerda que las ideas que expreses deben estar vinculadas con el contenido del texto. En la realización de este comentario ha habido dos errores muy frecuentes: el primero, el error de comprensión del texto, el creer que Amis estaba defendiendo de verdad el promocionar o incentivar el suicidio entre los ancianos [a veces confundido con la eutanasia]; y el segundo error, el usar el texto como pretexto de todo tipo de comentario formales, lingüísticos o textuales, dejando la expresión de la opinión personal para un último párrafo de posicionamiento frente a la idea [estoy de acuerdo].

4. Señale de qué tipo son las perífrasis verbales subrayadas en el texto: podrían poner, pretendía exterminar (Puntuación máxima: 2 puntos).

4.1. PODRÍAN PONER: Perífrasis de infinitivo de probabilidad o posibilidad.

4.2. PRETENDÍA EXTERMINAR: No es una perífrasis. Podemos sustituir el infinitivo por LO (Lo pretendía), actúa como Complemento Directo. Si cambiamos el sujeto del infinitivo, observaremos cómo se desarrolla en forma de Proposición Sustantiva (Pretendía que exterminaras/extermináramos/exterminaran). Se trata de una Proposición subordinada sustantiva en función de complemento directo introducida por el infinitivo.

5. Característica de los principales subgéneros periodísticos (Puntuación máxima: 2 puntos).

Publicado en LITERATURA, TEXTOS COMENTADOS | 11 comentarios

Charla de D. José Carlos Aranda Aguilar en Colegio La Salle, Córdoba.

El pasado 27 de abril y dentro de las actividades organizadas por el Departamento de Lengua con motivo de la celebración de la Quincena del Libro, tuvo lugar en el Auditorio la charla sobre la realización de un comentario crítico en las Pruebas de Acceso a la Universidad, a cargo del profesor Aranda Aguilar, Doctor en Filología Hispánica y Miembro de Tribunales de Oposiciones y PAU.

Asistieron a la misma todos los alumnos de 2º de Bachillerato y un nutrido grupo de alumnos de 1º. Tras una serie de consejos teóricos, se pasó al comentario del texto titulado “Chicas y cine” firmado por Vicente Verdú y aparecido en un rotativo nacional y que ha servido de modelo de una Prueba de acceso. Para la realización de este comentario, el autor se basó en las pautas de su Libro Cómo se hace un Comentario de Texto editado por Berenice en 2009. El Departamento agradece encarecidamente su disponibilidad y su preparación y buen hacer a la hora de dar pautas concretas sobre esta Prueba.

Publicado en ACTOS | 2 comentarios

TEXTO XII: SELECTIVIDAD ANDALUCÍA: JUNIO 2010: OPCIÓN A: FRAGMENTO DE BODAS DE SANGRE.

Bodas de sangre

 

BODAS DE SANGRE

INTRODUCCIÓN: No existe un modelo único de examen. Este que os presento se ciñe a lo solicitado por la coordinación para el desarrollo del ejercicio. No quiere decir que no existan otras formas correctas de realización. Respecto al comentario crítico, os enuncio posibles desarrollos vinculados con el texto, para su realización, os recomiendo que consultéis el apartado correspondiente del libro CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

TEXTO:

MUJER (Entrando y dirigiéndose a la izquierda):

Era hermoso jinete,

y ahora montón de nieve.

Corría ferias y montes

y brazos de mujeres.

Ahora, musgo de noche

le corono la frente (…)

MADRE:

Vecinas: con un cuchillito,

con un cuchillito,

en un día señalado, entre las dos y las tres,

se mataron los dos hombres del amor.

Con un cuchillito,

con un cuchillito

que apenas cabe en la mano,

pero que penetra fino

por las carnes asombradas

y que se para en el sitio

donde tiemble enmarañada

la oscura raíz del grito.

NOVIA:

Y esto es un cuchillo,

un cuchillito

que apenas cabe en la mano;

pez sin escamas ni río,

para que un día señalado, entre las dos y las tres,

con este cuchillo

se queden dos hombres duros

con los labios amarillos.

MADRE:

Y apenas cabe en la mano,

pero que penetra frío

por las carnes asombradas

y allí se para, en el sitio

donde tiembla enmarañada

la oscura raíz del grito.

(LAS VECINAS, arrodilladas en el suelo, lloran)

F. GARCÍA LORCA, Bodas de sangre, Cuadro último.

1. SEÑALE Y EXPLIQUE LA ORGANIZACIÓN DE LAS IDEAS CONTENIDAS EN EL TEXTO (PUNTUACIÓN MÁXIMA 1,5 PUNTOS).

El texto se compone de cuatro intervenciones. Corresponden a la mujer, la madre, la novia y, por último, nuevamente la madre.

El contenido se organiza en dos bloques temáticos:

1: Descriptivo (1ª intervención de la mujer): Se centra en el personaje de Leonardo a quien describe vivo y muerto.

2: Narrativo-descriptivo (siguientes intervenciones hasta el final): Nos narran la muerte de los dos hombres, la causa, el modo, la hora, el momento, y centra la descripción en el cuchillo como herramienta de muerte.

El planteamiento es circular en las tres últimas intervenciones, se reitera una y otra vez la misma idea. Se intensifica así la sensación de dolor, la obsesión y la impotencia ante la magnitud de la tragedia.

2:

2a: INDIQUE EL TEMA DEL TEXTO:

Lamento de las mujeres por la trágica muerte de sus  hombres: hijo, maridos, amante.

2b: RESUMA EL TEXTO:

La muerte ha transformado la belleza y la energía vital de uno de los protagonistas en frialdad y oscuridad. Dos hombres se batieron en duelo por amor, un día concreto, entre las dos y las tres. Ambos murieron de una puñalada en el corazón. Tras su muerte sólo queda llanto y desolación.

3: COMENTARIO CRÍTICO:

El fragmento nos permite adentrarnos en algunos temas interesantes. Algunos de ellos pueden ser los siguientes:

1: El fragmento nos habla de la muerte de dos hombres en un duelo por amor. Los sentimientos son un tema esencial en la obra y en el texto, ¿qué puede mover a dos hombres a la violencia y a la muerte? ¿Estamos realmente hablando de amor? ¿Los celos son parte inherente al amor o no? ¿El orgullo es parte integrante o no del concepto amor? ¿La defensa del honor es amor? Responder a cualquiera de estas preguntas sería interesante. Sólo un apunte: creo que el amor verdadero antepone la felicidad de la persona amada a la propia, se vive por y para la persona que se ama. Todo lo que no sea esto nos llevará al campo del egoísmo, el orgullo o un falso concepto de dignidad. Si falta generosidad y renuncia, no existe amor. La reflexión no tiene por qué dirigirse sólo al amor entre hombre y mujer, también al de una madre hacia su hijo, cuando la propia madre es inductora de la persecución y valuarte del honor de la familia (que, por cierto, ya le ha costado dos vidas).

2: El concepto de honor tan presente en nuestra literatura es otro tema interesante de reflexión sobre el fragmento. ¿Mi honor debe responder por los actos de terceras personas? ¿Me deshonra a mí el que mi esposa se vaya con otro hombre? Quizás debiéramos concluir en esta reflexión con una frase de Miguel de Cervantes en El Quijote:»Cada uno es hijo de sus propios actos». Si mi honra personal no puede responder de los actos realizados por terceros, ¿qué me impulsa a vengarme cuando el acto realizado por mi mujer ha sido voluntario?

3: Otro tema interesante en el fragmento es la «violencia» como modo de resolución de diferencias irreconciliables. Sigue presente la violencia en nuestra sociedad y tiene mucho que ver con la falta de habilidades del individuo para canalizar sus sentimientos de otras formas. Tendríamos que concluir con que es necesaria una educación emocional que nos proporcionara recursos «socialmente aceptados» para dar salida a esos sentimientos. El hecho de que, cuando se pelean dos, el grupo forme corrillo para animar y disfrutar del espectáculo en lugar de mediar, templar, separar, tranquilizar… es una muestra de que está fallando la educación en este sentido. Las víctimas de violencia sexista -me niego a hablar de «género» porque es una marca gramatical- es una buena muestra de ello. A esto podemos añadir los malos tratos a los menores o lo abusos de menores a sus padres. Vivimos todavía en una sociedad en la que la cultura de la violencia está muy arraigada.

4: Otro tema es el lamento y la soledad de las mujeres: Lorca centra mucho la atención en el destino de las mujeres. Hay dos violencias en la obra reflejadas en el fragmento: una violencia inmediata y contundente, la masculina, primaria; y otra dilatada, diluida, secundaria. La primera es rápida, empieza con el enfrentamiento y acaba con la muerte. La segunda es más cruel porque condena a la mujer a ser espectadora y la entierra en vida en su dolor en una sociedad que no le permite alternativa. Se quedarán cociéndose lentamente de por vida en su aflicción. Sin embargo, observad que la madre actúa como enviante, es la representante del orden social en la obra y la que impulsa a su hijo en la persecución y duelo. No es el único caso, ¿recuerdas a Bernarda Alba?. La reflexión nos podría llevar mucho más lejos, por ejemplo, ¿quién es el transmisor de los valores machistas que perviven en nuestra sociedad, el padre o la madre? ¿Ha cambiado el planteamiento de Lorca o sigue vigente?

5: Otra reflexión interesante tiene que ver con el antagonismo entre la mujer y el cuchillo, obsesivo en el fragmento. Decía Lorca en el «Romance sonámbulo» (Romancero Gitano) «el barco sobre la mar y el caballo en la montaña», y en la obra Yerma, afirmaba que cada mujer tiene sangre para alumbrar a cuatro o cinco hijos, pero si se le pasa el momento sin tenerlos, la sangre se le envenena. Cada cosa debe estar en su sitio, y todo adquiere su sentido cuando sirve al fin para el que ha sido creado. La mujer es la «dadora de vida», la que engendra y transmite vida, para eso ha sido creada según nos cuenta en Yerma. El cuchillo es un objeto que realiza su destino cuando mata. Es el antagonismo perfecto. De ahí el que sean irreconciliables. La reflexión puede ir mucho más allá, si consideramos que el cuchillo es, a la vez que herramienta de muerte, un símbolo fálico y como tal es el transmisor de vida cuando se acerca  «donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito», metáfora que en el contexto significa el corazón del hombre, y en la segunda lectura, la vagina de la mujer. Elementos antagónicos irreconciliables.

Todo esto y mucho más, pero recuerda siempre que la reflexión debe ceñirse al contenido del texto. No puedes usar el texto de pretexto para hacer un resumen de la obra, ni para hacer un análisis literario del texto (tipo de estrofa, recursos literarios, antecedentes) ni para desarrollar un tema (Teatro anterior al 36). Se te pide un comentario crítico de las ideas expuestas en el texto.

Para el resumen, estructura de la obra, personajes y elementos simbólicos, recomiendo que visitéis la siguiente página:

http://eltinterodeclase.blogspot.com/2011/04/texto-de-bodas-de-sangre.html

4. ANALICE SINTÁCTICAMENTE EL SIGUIENTE FRAGMENTO (PUNTUACIÓN MÁXIMA: 2 PUNTOS):

«[…] con un cuchillo, con un cuchillo, en un día señalado, entre las dos y las tres, se mataron los dos hombres del amor.»

Se trata de una oración simple que consta de los siguientes elementos:

SUJETO:

……….SINTAGMA NOMINAL: Los dos hombres del amor.

……………….DETERMINANTE (artículo): los

……………….DETERMINANTE (numeral): dos

……………….NOMBRE (núcleo): hombres.

……………….COMPLEMENTO PREPOSICIONAL (Complemento del Nombre*1): del amor.

………………………….PREPOSICIÓN: de

………………………….SINTAGMA NOMINAL: el amor.

…………………………………………DETERMINANTE (artículo): el.

…………………………………………NOMBRE (núcleo): amor.

PREDICADO:

……….SINTAGMA NOMINAL (Complemento Directo: pronombre recíproco): se

……….VERBO (núcleo): mataron.

……….COMPLEMENTO PREPOSICIONAL (C.C.Modo): con un cuchillo (x 2).

……………………PREPOSICIÓN: con.

……………………SINTAGMA NOMINAL: un cuchillo.

………………………………DETERMINANTE (indefinido): un.

………………………………NOMBRE (núcleo): cuchillo.

…………….COMPLEMENTO PREPOSICIONAL (C.C. Tiempo): en un día señalado.

……………………….PREPOSICIÓN: en.

……………………….SINTAGMA NOMINAL: un día señalado.

…………………………………DETERMINANTE (indefinido): un.

…………………………………NOMBRE (núcleo): día.

…………………………………ADJETIVO: señalado.

……………….COMPLEMENTO PREPOSICIONAL (C.C.Tiempo): entre las dos y las tres.

………………………PREPOSICIÓN: entre.

………………………SINTAGMA NOMINAL: las dos y las tres.

…………………………………SINTAGMA NOMINAL 1 (coordinado copulativo con SN2): las dos.

…………………………………………..DETERMINANTE (artículo): las

…………………………………………..DETERMINANTE (núcleo sustantivado): dos.

…………………………..CONJUNCIÓN COORDINADA COPULATIVA: y.

…………………………………..SINTAGMA NOMINAL 2 (coordinado copulativo con SN1): las tres.

…………………………………………..DETERMINANTE (artículo): las.

…………………………………………..DETERMINANTE (núcleo sustantivado): tres.

*1: Este grupo preposicional admite el análisis como Complemento Circunstancial de Causa. La estructura admite la doble interpretación, lo que es muy propio del lenguaje poético.

José Carlos Aranda Aguilar

Publicado en EJERCICIOS DE SINTAXIS, LITERATURA, TEXTOS COMENTADOS | 36 comentarios

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: PASEO POR SU PERSONALIDAD Y SU OBRA.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE JUAN RAMÓN Y SU OBRA POÉTICA:

Juan Ramón Jiménez es uno de nuestros más grandes poetas, pocos autores representan como él la dedicación en cuerpo y alma a la poesía. Vivía una intensa vida interior que lo limitaba en sus relaciones con los demás. Su empatía debía ser muy pobre y eso se deja notar en los comentarios que sobre él nos dejan sus contemporáneos –ver Pablo Neruda al final-. Tras una infancia feliz, su adolescencia fue tormentosa. El despertar a la conciencia de la realidad queda muy bien reflejado en su poema “el niñodiós”. Observa:

» CUANDO YO ERA EL NIÑO DIOS»

Cuando yo era el niñodiós,   era Moguer, ese pueblo,
una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.(2)
Cada casa era palacio y catedral cada templo; (1)
Estaba todo en su sitio,  lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, como los vientos, lijeros,
creyendo que el horizonte era la raya del termino.

Recuerdo luego que un dia en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos
y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol y por la calle de enmedio
iba tirando doblada del niñodiós y su perro:
El niño todo metido en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo con aprobación y esmero.
¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niñodiós huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo:(3)
ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,(4)
morir siendo el niñodiós en mi Moguer, este pueblo!

1) Esta estructura es un quiasmo, explica por qué.

2) Trata de explicar qué te sugiere esta imagen: “la luz con el tiempo dentro”.

3) Cualquier repetición aporta intensidad al significado, observa cómo reitera el adverbio “no” en ese verso.

4) ¿Por qué crees que los niños viven “con el tiempo entero”?

5) Observa la métrica: ¿qué estrofa está usando?

6) Su cambio de actitud frente al entorno de cuando era niñodiós a cuando toma conciencia de la realidad queda reflejada en dos versos: ¿sabrías decirme cuáles?

 

 De su difícil adolescencia, tormentosa, tiránica, destructiva, nos deja constancia en el siguiente episodio autobiográfico:

«Exijente, feroz, terminante”. (La inquieta adolescencia)

“De muchacho, entre los trece y los dieciséis años, yo era violento, terrible, ¿malo? Las escopetas me fascinaban. Tuve varias, muchas, desde las de salón, de balines, hasta las de dos cañones, de bala, pasando por una variedad considerable de modelos. Cazador de todo lo que cazable, mi escopeta hizo un daño largo en mis alrededores. Mataba por matar gorriones, mirlos, jilgueros, chamarices, palomos, cuervos, gallinas, gatos. Hasta la pobre tortuga griega, tan apacible y apartada, le di un tiro en la concha, que por fortuna no le saltó más que una capa de carey. Por imprevisión, estuve a punto de matar personas y de matarme a mí mismo. Recuerdo que mi primo Ignacio Ríos, menor que yo, tenía un águila y la llevaba consigo a todas partes. Vino a vernos a Montemayor con ella y yo decidí matársela. Él corría, loco, con ella cojida por los picos de las plumas de las alas, y yo, detrás, le di un tiro contra tierra. Al fin, mi pobre primo, no sabiendo qué hacer, la echó al agua de la alberca grande. Y allí se la maté. Mi prima María Teresa, niña, tenía un tic nervioso en la mano. De pronto, daba una vuelta en forma de tirabuzón, que a mí me descomponía. Comía con nosotros, y yo no podía comer con aquel tic, que en mi inconsciencia consideraba caprichoso. Le gritaba, le reñía, le amenazaba y, claro, cada vez el tic era mayor, y yo me ponía más furioso. Tuvo que dejar de venir a comer en casa.

Todo tenía que estar, para mí, en punto y exacto. Si no me exaltaba, rabiaba, amenazaba. Tenía que hacerse lo que yo decía. Mi madre sufrió mucho, aquellos años, por mi culpa. En Andalucía, las pobres madres tenían que hacerlo todo. Los hijos creen, en jeneral, que no deben cuidarse más que de su propia vida, estudio o diversión y que es obligación de la madre, no ya del padre, ser el hazlotodo de una casa y una familia. Mi madre se levantaba antes que nadie y se acostaba la última. Cuidaba, sola, o ayudada por la Macaria, de mi padre enfermo; nos tomaba las lecciones, dirijía a las costureras, nos preparaba para el colejio, etc. Jamás se me ocurrió ayudarla entonces. Se llegó a decir que yo le había cojido manía a mi madre. Sin embargo, no debía ser así, porque yo veía que mis amigos eran con sus madres lo mismo que yo. Con mis tíos, de cincuenta, setenta años, discutía yo de todo, y tenían que quedarse debajo de mí. Las discusiones sobre arte, literatura, viajes, eran interminables y estúpidas por mi parte. Todos los asuntos acababan llorando mi madre, lo cual me exasperaba más todavía Y aunque después me conmovía y me iba a mi cuarto llorando, no me determinaba a reaccionar, me daba vergüenza de «desagradarme».

Cuando, enfermo de la muerte de mi padre, me llevaron a Francia, de lejos sentí un dolor inmenso por todas estas injusticias y crueldades mías y un delirante cariño por mi madre lejana. Sentía que yo había sido el centro de un inmenso hábito de maldad propia y dolor ajeno, y resolvía mi dolor solitario en triste poesía, que yo consideraba amorosa para nosotros y que en realidad era suplicante y egoísta.

Luego, ya a mis veinte años, no podía yo comprender todo esto. Me parecía imposible que hubiera sido así. Mal jenio, mejor, arranques de mal jenio, siempre los tuve, pero fui aprendiendo lentamente, por mí mismo, en mi soledad, a reaccionar, y poco a poco fui dejando de ser capaz de dejar a nadie injustamente, en lugar desfavorable, a menos que fuese un Bergamín y yo tuviese razón.»

(«Vida y época», 1910-1954, 21, pp. 1220-2).

 Fue un poeta desde siempre. Vivía en su mundo interior, por eso le llegó la poesía con la naturalidad del pensamiento. No es de extrañar, pues, que el sentimentalismo intimista del romanticismo tardío le dejara honda huella.  De este aislamiento, de cómo pasaba siendo joven sus días en Sevilla, de cómo vivía en Bécquer, nos habla el siguiente episodio:

LOS QUE INFLUYERON EN MÍ:

“[…] Yo empecé a escribir a los 15 años, en 1896. Mi primer poema fue en prosa y se titulaba “Andén”, el segundo, improvisado una noche febril en que estaba leyendo las “Rimas” de Bécquer, era una copia auditiva de alguna de ellas, alguna de las típicas rimas con agudos […] Aunque yo estaba en Sevilla para pintar y estudiar Filosofía y Letras, me pasaba el día y la noche escribiendo y leyendo en un pupitre del Ateneo sevillano, viendo desde él a Rodríguez Marín, Montoto y Rautentbrauch, Velilla, etc., que estaban siempre discutiendo, y con la ilusión de ser, algún día, como ellos. Mis lecturas eran Bécquer, Rosalía de Castro y Curro Enríquez, en gallego los dos, cuyos poemas traducía y publicaba yo frecuentemente […] También leía a un poeta granadino, Manuel Paso, hoy injustamente olvidado, y de donde yo saqué mis “lunas amarillas”:

…la luna amarilla

Se refleja en los campos desiertos.

De los españoles antiguos, lo que más leía era Romancero (ver el poema “el niño dios”) que encontré en la biblioteca de mi casa, en diversas ediciones. De los de fuera leía a Víctor Hugo, Lamartine, Musset, Heine, Goethe, Schiller, traducidos o sin traducir, ya que yo entonces estudiaba, además de francés, inglés y alemán […]”.

 

Entonces fue cuando una postal firmada por Villaespesa y el propio Rubén Darío lo llevan a Madrid. Esto, el aprecio que se le hace cuando tan solo cuenta con 17 años de edad, el deslumbrante poeta nicaragüense, el ambiente de la capital, lo llevarán a la órbita del Modernismo. Él lo cuenta así:

“[…] Fue entonces cuando recibí la postal de Villaespesa, firmada también por Rubén Darío, que estaba ya en Madrid, llamándome; y naturalmente, entré en la órbita de Rubén Darío […] y me puse a escribir a la manera de Rubén Darío poemas como “El alma de la luna”, etc.  Me fui a Madrid porque ellos me llamaban, y en Madrid escribí febrilmente los versos que luego habían de aparecer en Ninfeas y algunos de los que habían de ir, con los anteriores más sencillos, pero también contaminados, en Almas de violeta, libros que imprimí en tinta verde y otro en morada […]”.

 

Cuando llega a Madrid, casa de «Pidoux», a reunirse con Villaespesa, Valle-Inclán y Rubén Darío, esto es lo que contempla, el retrato es magnífico:

“[…] Un cuarto estrecho, largo, hondo, con una larga y estrecha mesa de despintado pino, sobre la que vierte melancólica luz una mosqueada bombilla sin pantalla. La mesa no deja sitio casi para las sillas de clase y tamaño distinto, ni, es claro, para las personas que se acomodan como pueden, ocho, diez, quince (¿quién los recuerda, muertos, lejanos hoy?), alrededor. Todo feo, sucio, incómodo. Lo único bueno, al parecer, es el alcohol en sus múltiples destilaciones y etiquetas. Rubén Darío pide una vez y otra “whisky con soda”, coñac Martel Trois Etoiles. Personajes todos, sin duda; pero yo sólo me fijo en Rubén Darío, que oye estático, y en Valle-Inclán, que recita metido. Rubén Darío, recién pelado, bigotito claro, saqué negro y negro sombrero de media copa, totalidad estropeada, soñolienta, perdida; Valle, melena larga untuosa, barba alambreca larga, quevedos gordos, pantalón blanco y negro a cuadros, levita café y sombrero humo de tubo, rozado, deslucido todo. Rubén Darío estalla sus galas diplomáticas brillosas; a Valle la gala opaca funeral sin destino le sobra y le cuelga por todas partes: Rubén Darío, botarga, pasta, plasta, no dice más que “admirable” y sonríe un poco linealmente, más con los ojllos mongoles que con la boca fruncida. Valle, liso, hueco, vertical, lee, sonríe, abierto, habla, sonríe, grita, sonríe, aspaventea, sonríe, se levanta, sonríe, va y viene, tropieza, se enreda sin solución, sonríe, entra y sale. Salen. Los demás repiten “admirable, admirable”, con vario tono, relijioso, corriente, murmurado. “Admirable” es la palabra alta de la época, “imbécil” la baja. Con “admirable” e “imbécil” se hizo la crítica modernista. Rubén Darío, por ejemplo, “admirable”; Echegaray, “imbécil”, por ejemplo. Realmente el poema parnasiano de Rubén Darío que había leído Valle con z en vez de s, era, es y seguirá siendo permanentemente admirable a su manera, digan lo que quieran los imbéciles sucesivos, y nos lo aprendimos entero, como homenaje a Rubén Darío y a aquellos días de rica vida de ilusión conjunta de hipanoamericanos y españoles […]”.

Pero el Modernismo fue una etapa efímera en su obra. Pronto se cansa de tanta ornamentación, de tanto adjetivo, de tanto color y tanta sensación para volver de nuevo los ojos sobre sí mismo. Pero ahora lo que lo atrapará no será tanto el mundo del sentimiento sino el de la inteligencia, el de la palabra, el del concepto, el misterio arcaico de cómo a través de la palabra nos acercamos a la esencia del mundo que nos rodea que es el que nos define a nosotros mismos. Las cualidades serán accidentes ajenos a la esencia, como los sentimientos son accidentes a la esencia del espíritu. Es la poesía “esencial”. El resto de su vida será una búsqueda incesante de esta poesía suya, única, difícil.

Era un trabajador incansable, aunque según él mismo nos cuenta, algo bipolar. Alternaba periodos de inactividad en los que parecía que le habían abandonado la inspiración y las ganas de vivir, con periodos de actividad frenética en los que apenas dormía por las noches.

Estando enfermo, pasó un año en casa de un médico amigo en Madrid, el doctor Simarro, el propio poeta nos cuenta que:

“[…] cuando se iba a la cama, me decía, con voz de pereza, a mí, que trabajaba: “Déjelo usted: mañana dirá lo mismo…” “No –le contestaba yo-, mañana no dirá lo mismo. Lo que esto dice esta noche no lo dirá ya nunca más.”

 

Su matrimonio con Zenobia Camprubí fue determinante en dos direcciones. La primera, le proporcionó una estabilidad emocional que le acompañaría el resto de sus días (no deja de ser curioso que su esposa muriera sólo tres días después de que le concedieran el premio Nobel de literatura en 1956 y él la sobreviviera apenas un año). La segunda, la posible influencia del pensamiento oriental en su obra. Quizás, su mejor definición de poesía es la búsqueda de la armonía interior que se obtiene a través de la libertad y el amor al trabajo propio y ajeno. Observad este fragmento:

“[…] El gusto por el trabajo propio trae el respeto, gustoso también, por el gustoso trabajo ajeno. Si la armonía íntima, familiar, vecinal, existiera, no se llegaría nunca a la “antipatía”, el puro veneno del hombre, bebida de la guerra. No estoy hablando por hablar; el orijen de la guerra está siempre en la antipatía, las diferencias de una familia, unos vecinos que no pueden trabajar, vivir a gusto, que no pueden pensar a gusto en el trabajo, la poesía, la paz de sus familiares o vecinos.

La vida sin amor no se comprende, dice una ronda de niños que he oído mucho cantar. La vida social sin amor, sin comprensión mutua, no debía de comprenderse tampoco, porque es la guerra y la pe de todas las guerras pequeñas y constantes. Pero ¡son tan raras la personas que saben vivir, trabajar socialmente con amor y dejar trabajar, que piensan en ello o que escuchan siquiera; que quieran escuchar cuando se habla de todo esto! El trabajador intelectual y material, es decir, el hombre verdadero, es una víctima inocente de la libertad de “aporreo” que decía la delicada diplomática. Casi nadie piensa, cosa tan sencilla, que la libertad absoluta sería ponernos todos en condiciones de hacer lo que quisiéramos sin molestar a otro en lo que él quisiera hacer […]”

 

Fue un corrector incansable de su propia obra, un perfeccionista en extremo que revisaba una y otra vez sus propios versos (“Ningún día sin romper un papel”). Era poeta consciente de su legado (“Mi vida interior, la belleza eterna, mi obra”) tremendamente celoso de su “fama”, de lo que los demás pensaban y decían de él (“Muy importante es lo que la juventud piense de uno, porque la juventud es para nosotros el principio de la posteridad”).

Podríamos decir que Juan Ramón atraviesa tres etapas –él mismo así lo afirma en el poema que viene a continuación-: la sentimental –becqueriana-, la sensorial –modernista- y la nocional pura –la propia-. En vuestro libro (pág. 183) aúna las dos primeras bajo el epígrafe de etapa “sensitiva” –hasta 1914: Rimas, Arias tristes, Jardines lejanos, La soledad sonora y Platero y yo-, luego la “intelectual” –hasta 1940: Diario de un poeta recién casado– y, por último, la “autosuficiente” –desde 1945: La estación total-.

Vino primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño,

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh, pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

Pero debemos comprender que se trata de una misma persona, con una misma sensibilidad y que los rasgos del poeta siempre estuvieron en él presentes con independencia de que en su proceso de maduración personal potenciara más unos que otros en distintas épocas. Creo que lo podemos apreciar en este poema que os presento de enorme sensualidad (atención a los sentidos):

 

Primavera y sentimientoJuan Ramón Jiménez
Estos crepúsculos tibios
son tan azules, que el alma
quiere perderse en las brisas
y embriagarse con la vaga
tinta inefable que el cielo
por los espacios derrama
,

fundiéndola en las esencias
que todas las flores alzan
para perfumar las frentes
de las estrellas tempranas
.
Los pétalos melancólicos
de la rosa de mi alma,
tiemblan, y su dulce aroma
(recuerdos, amor, nostalgia),
se eleva al azul tranquilo,
a desleírse en su mágica
suavidad, cual se deslíe
en un sonreír la lágrima
del que sufriendo acaricia
una remota esperanza. Está desierto el jardín;
las avenidas se alargan
entre la incierta penumbra
de la arboleda lejana.
Ha consumado el crepúsculo
su holocausto de escarlata,
y de las fuentes del cielo
(fuentes de fresca fragancia),
las brisas de los países
del sueño
, a la tierra bajan

un olor de flores nuevas
y un frescor de tenues ráfagas…
Los árboles no se mueven,
y es tan medrosa su calma,
que así parecen más vivos
que cuando agitan las ramas;
y en la onda transparente
del cielo verdoso, vagan
misticismos de suspiros
y
perfumes de plegarias.
¡Qué triste es amarlo todo
sin saber lo que se ama!
Parece que las estrellas
compadecidas me hablan;
pero como están tan lejos,
no comprendo sus palabras.
¡Qué triste es tener sin flores
el santo jardín del alma,
soñar con almas floridas,
soñar con sonrisas plácidas,
con ojos dulces, con tardes
de primaveras fantásticas!…
¡Qué triste es llorar, sin ojos
que contesten nuestras lágrimas!
Ha entrado la noche; el aire
trae un perfume de acacias
y de rosas; el jardín
duerme sus flores… Mañana,
cuando la luna se esconda
y la serena alborada
dé al mundo el beso tranquilo
de sus lirios y sus auras
,

se inundarán de alegría
estas sendas solitarias;
vendrán los novios por rosas
para sus enamoradas;
y los niños y los pájaros
jugarán dichosos… ¡Almas
de oro
que no ven la vida

tras las nubes de las lágrimas!

¡Quién pudiera desleírse
en esa tinta tan vaga
que inunda el espacio de ondas
puras, fragantes y pálidas!
¡Ah, si el mundo fuera siempre
una tarde perfumada,
yo lo elevaría al cielo
en el cáliz de mi alma!

Rimas (1902)

SINESTESIAS: aplicación de un adjetivo que expresa una noción sensorial que no correponde con el sustantivo al que se aplica sino a algo relacionado y próximo. Obliga a reintepretar el significado. Algunas, de tanto usarlas, se han generalizado, es lo que ocurre con “fresca fragancia”, tan usado en los anuncios publicitarios de perfumes y colonias –cuando Juan Ramón lo escribió no existía la televisión-, pero ¿puede un olor ser fresco, o el frescor es una cualidad que corresponde a un sentido distinto al olfato? ¿Qué te parece?

SENSUALIDAD: No es sólo la atención al color, es la atención a los sentidos: vista, tacto, olfato, gusto, oído. Te he destacado en rojo los elementos que en el poema aportan datos sensoriales (movimiento –vista-, olores, colores, brisa, suavidad –tacto- etc.). La etapa modernista acentuará esta faceta de Juan Ramón. Observa también como la proliferación de estos rasgos en la primera parte nos marca la separación entre la parte más descriptiva del poema (la primera) y la parte en que el autor vuelve los ojos hacia sí mismo lamentando su melancolía (la segunda). La aparición de las exclamaciones en el poema son un buen indicativo de esta inflexión temática.

METÁFORAS: La metáfora más usada por Juan Ramón en el poema es la metáfora adnominal, parecida a la sinestesia, pero desprovista del valor sensorial, más conceptual o nocional. A través del Complemento del Nombre (el cáliz de mi alma) o de una Proposición Subordinada Adjetiva (…tinta inefable…que el cielo derrama…) introduce un concepto que no se corresponde con el sustantivo al que delimita, esto fuerza la interpretación de la relación de significados. Destaca de esta forma lo que hay en común entre el elemento real (mi alma consciente) y el elemento imaginario (cáliz: copa que contiene el cuerpo y la sangre de Cristo durante la Consagración en la Santa Misa). Como un sacerdote, consagraría el instante como si fuera el mismo Dios, la esencia misma de la vida, la eternidad, por ejemplo. Las he subrayado en el texto para que las identifiques rápidamente.

MÉTRICA Y RIMA: Una última observación, utiliza una forma estrófica determinada, de arte menor con una rima sencilla, ¿a quién te recuerda?

SOBRE EL RITMO: El ritmo se ha acentuado a través de algunas figuras de repetición, ¿podrías señalarlas?


 El siguiente poema lo he elegido por tres motivos: en primer lugar porque recrea de cerca un tema ya tratado por Gustavo Adolfo Bécquer, centrándolo, concretándolo; en segundo lugar, porque aparece una imagen que después veremos repetida en Antonio Machado; y, en tercer lugar, por  la sencillez estrófica, rítmica y de rima de su primera etapa. Veámoslo:

 

Yo me moriré, y la noche (2)
triste, serena y callada,
dormirá el mundo a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo estará amarillo,
y (1) por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien solloce
cerca de mi negra caja,
o quien me dé un largo beso
entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y fragancias,
y amor en las avenidas
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
sollozando en la ventana.

 
1: El balcón abierto y la muerte, el tema aparece en un poema de Antonio Machado de su obra Campos de Castilla, ¿serías capaz de localizarlo?

2: LECCIÓN ROMÁNTICA: Hasta el Romanticismo, la naturaleza era el marco en el transcurría la acción. Pero los románticos hacen partícipe a la naturaleza de su estado de ánimo, de sus sentimientos. Observa el texto y dime: ¿puede una noche ser o estar triste?

Esta participación se logra también haciendo de la naturaleza un agente de la acción, es como si tuviera voluntad propia. Esto se consigue con la “personificación” como figura retórica. ¿Observas alguna en el texto?

3: El tema es tan becqueriano que el propio Bécquer lo trató en un poema: ¿serías capaz de localizarlo?

4: Observa las formas verbales, persona, tiempo y modo, ¿que comentario podrías hacerme a partir de esta observación?

 Muchas veces os digo que no defináis la poesía como la expresión de la belleza. La lírica es la expresión del sentimiento del autor y, con frecuencia, ese sentimiento no es la contemplación de la belleza sino la angustia, el miedo, la desesperación o el amor. He elegido el siguiente poema porque, en él, Juan Ramón no usa lo externo para adentrarse en su intimidad, sino que se queda en la anécdota en sí. No habla de sí mismo. Lo que trata ahora es de hacernos testigos de la crueldad infantil, no una crueldad intencionada sino inexorable, poco hay de bello y mucho de reflexión en este poema en el que –como hace frecuentemente en Platero y yo– deja entrar las voces de los niños en el poema. El estilo directo refuerza nuestra sensación de testigos presenciales –eso ya lo sabía el anónimo autor del Cantar de mío Cid-.

La cojita:

La niña sonríe: ¡Espera,
voy a cojer la muleta!

Sol y rosas.
La arboleda movida y fresca,
dardea limpias luces verdes.
Gresca de pájaros, brisas nuevas.
La niña sonríe: ¡Espera,
voy a coger la muleta!

Un cielo de ensueño y seda,
hasta el corazón se entra.
Los niños, de blanco, juegan,
chillan, sudan, llegan (1):
¡Nenaaa!
La niña sonríe: ¡Espeeera,
voy a coger la muleta!

Saltan sus ojos. Le cuelga
girando, falsa, la pierna (2).
Le duele el hombro.
Jadea contra los chopos. Se sienta.
Ríe y llora y ríe (5): ¡Espera,
voy a coger la muleta!

¡Mas los pájaros no esperan;
los niños no esperan!
Yerra la primavera.
Es la fiesta del que corre
y del que vuela…(3)
La niña sonríe: Espera,
voy a coger la muleta!

1: Me gusta esta enumeración de verbos, acción sobre acción que, al no usar la conjunción copulativa entre los dos últimos, queda abierta; acelera de esta forma la sensación de actividad inagotable de los niños -asíndeton-.

2: Juan Ramón contrapone elementos antitéticos: “saltan los ojos”, en los ojos se refleja el ansia de la niña por participar en los juegos de los demás niños; “Le cuelga girando, falsa, la pierna”, el estatismo. Su cuerpo la traiciona. Su voluntad la lleva a levantarse, pero el cuerpo no responde, como si fuera algo ajeno a ella: “la pierna le cuelga, el hombro le duele”. Después el agotamiento y la derrota: “jadea cotra los chopos. Se sienta”.

3: Interesante cómo organiza los elementos en forma quiásmica en estos cinco versos. Observa:

1: los pájaros

2: los niños

3: primavera.

2: corren

1: vuelan

4: ¿Cómo comentarías el grito repetido de la niña coja a lo largo del poema: “¡Espera,
voy a coger la muleta!”

5: Muchas veces aparece asociado el color blanco a los niños en distintos poemas (“…los niños, de blanco juegan…”): ¿por qué crees que se asocia?, ¿qué puede significar?

6: ¿Cómo comentarías esta secuencia de tres verbos polisindéticos. Tres verbos sin complemento alguno, consecutivos, abriendo y cerrando con el mismo “reír”, en medio, el llanto?

El siguiente poema es de amor y de música y de tiempo suspendido en un atardecer. Espero que te guste:

Crepúsculo en la estancia

Se han unido la hora, el piano y tu cuerpo (1),
para hacerme morir de nostalgias fragantes…
¡Qué me importa la vida! ¡Por cogerte una estrella,
rodaría a un abismo de dolor y verdades (2)!

Y has mustiado mi frente con la música triste
de la nieve y del luto del piano (3) y tu carne…
¡Con tus armas de seda, de perfume y de llanto (6),
te daría cien almas que pudieras quitarme!

(4) …La sonata se extingue… Por la abierta ventana
entra un rosa encendido de caída de tarde,
y tus manos se abaten cual palomas heridas
y el piano parece que se tiñe de sangre… (5)

1)       Una de las reglas básicas de coherencia textual es que cuando enlazamos elementos en relación coordinada o subordinada, los significados enlazados deben resultar compatibles (No puedes beber Coca-cola con madera, por ejemplo). Observa este verso y cómo Juan Ramón ha coordinado tres sustantivos absolutamente heterogéneos y no sólo los ha enlazado entre sí sino que los hace actuar como sujeto agente de la acción “hacerme morir”.

2)       Vuelve a hacerlo, ¿qué te sugiere esa coordinación -…abismo de dolor y verdades…-?

3)       ¿Dónde están la nieve y el luto en el piano?

4)       ¿Qué valor tienen los puntos suspensivos? ¿Qué te sugieren?

5)       Explica la figura usada en “el piano parece que se tiñe de sangre…”.

6)       ¿Qué armas son esas? ¿Qué te sugiere la imagen?

7)       ¿Qué otras imágenes han llamado tu atención en el poema?

Las circunstancias externas marcan al poeta. Es curioso observar cómo el giro que da su poesía coindice con su relación amorosa con Zenobia con quien se casaría en 1916. Tenía un carácter reservado, ¿tímido?, celoso de su propia imagen y prestigio, perfeccionista, en pugna permanente con el mundo exterior que lo fascina y lo agrede. Puede que eso explique su bipolaridad y su tendencia a la depresión y al desequilibrio. Así lo ve Pablo Neruda (Confieso que he vivido, Argos Vergara, Barcelona, 1979, pág. 137):

 

“A don Antonio Machado lo vi varias veces sentado en su café con su traje negro de notario, muy callado y discreto, dulce y severo como árbol viejo de España. Por cierto que el maldiciente Juan Ramón Jiménez, viejo niño diabólico de la poesía, decía de él, de don Antonio, que éste iba siempre lleno de cenizas y que en los bolsillos sólo guardaba las colillas.

Juan Ramón Jiménez, poeta de gran esplendor, fue el encargado de hacerme conocer la legendaria envidia española. Este poeta que no necesitaba envidiar a nadie puesto que su obra es un gran resplandor que comienza con la oscuridad del siglo, vivía como un falso ermitaño, zahiriendo desde su escondite a cuanto creía que le daba sombra.

Los jóvenes –García Lorca, Alberti, así como Jorge Guillén y Pedro Salinas- eran persequidos tenazmente por Juan Ramón, un demonio barbudo que cada día lanzaba su saeta contra éste o aquél. Contra mí escribía todas las semanas en unos acaracolados comentarios que publicaba domingo a domingo en el diario El Sol. Pero yo opté por vivir y dejarlo vivir. Nunca contesté nada. No respondí –ni respondo- las agresiones literarias.”

 

De cualquier forma, su gran lección son sus sentimientos, cómo nos ofrece la realidad en su obra a través de su sensibilidad que reinventa todo cuanto le rodea. Me gustaría que observarais en este fragmento de Platero y yo, quizá la mejor obra en prosa modernista escrita en español, cómo de la contemplación de la anécdota exterior a la que transforma –está viendo un simple pozo en cuyo brocal crece un higuera- se proyecta él mismo multiplicando sugerencias y ensueños hasta el ansia de ser: el pozo se acaba convirtiendo en un tunel por el que su espíritu puede alcanzar la eternidad –las estrellas-:

El pozo

¡El pozo!… Platero, ¡qué palabra tan honda, tan verdinegra, tan fresca, tan sonora! Parece que es la palabra la que taladra, girando, la tierra oscura, hasta llegar al agua fría.

Mira; la higuera adorna y desbarata el brocal. Dentro, al alcance de la mano, ha abierto, entre los ladrillos con verdín, una flor azul de olor penetrante. Una golondrina tiene, más abajo, el nido. Luego, tras un pórtico de sombra yerta, hay un palacio de esmeralda, y un lago, que, al arrojarle una piedra a su quietud, se enfada y gruñe. Y el cielo, al fin.

(La noche entra, y la luna se inflama allá en el fondo, adornada de volubles estrellas. ¡Silencio! Por los caminos se ha ido la vida a lo lejos. Por el pozo se escapa el alma a lo hondo. Se ve por él como el otro lado del crepúsculo. Y parece que va a salir de su boca el gigante de la noche, dueño de todos los secretos del mundo. ¡Oh laberinto quieto y mágico, parque umbrío y fragante, magnético salón encantado!)

—Platero, si algún día me echo a este pozo, no será por matarme, créelo, sino por coger más pronto las estrellas.

Platero rebuzna, sediento y anhelante. Del pozo sale, asustada, revuelta y silenciosa, una golondrina.»

Aunque, por la selección de textos que he realizado, ya habrás deducido que la época que más me gusta de Juan Ramón es la primera, no me quisiera dejar atrás este poema que condensa, como en una oración, su afán perfeccionista y su búsqueda incesante de lo esencial a través de la palabra:

Intelijencia, dame…

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

(de Eternidades)

(¿Dónde se fueron los adjetivos y la sensualidad?)

Espero que te haya gustado y que, a partir de aquí, te apetezca conocer más y mejor a este grandísimo poeta, a Juan Ramón Jiménez.

José Carlos Aranda.

 

 

Publicado en AUTORES LITERARIOS, LITERATURA | 12 comentarios

TEATRO:LOS CHICOS DE HISTORIA. CÓRDOBA 11 DE DICIEMBRE DE 2009

LOS CHICOS DE HISTORIA. REFLEXIONES. José Carlos Aranda Aguilar.

La vi junto a un grupo de alumnos y mi hija el viernes 11 de diciembre de 2009 en el Gran Teatro de Córdoba.

Me gustó, es una obra que trata de temas muy serios con un aire desenfadado y, aparentemente, en clave cómica que hace muy variada y entretenida la representación, que mantiene la sonrisa en el rostro –como buen humor inglés-, pero que tiene un juego de contrastes en los personajes y en el diseño de la trama que invita a posicionarse y reflexionar sobre la evolución de los modelos educativos y humanos.

Si no has visto o leído la obra, podrás encontrar el resumen en internet fácilmente.

Héctor , el protagonista, profesor con 30 años de experiencia a sus espaldas, es un personaje entrañable, pero es un caos. No estoy de acuerdo en la crítica que afirma que es un modelo en vías de extinción, ese que prima la educación en los valores para la vida antes que el “mercantilismo capitalista” como dice alguno de los comentaristas, un mercantilismo capitalista que quedaría representado en la obra por el Director del centro y el profesor joven “Irwin”, que aparece como refuerzo, relevo y antagonista de Héctor. Es una lectura muy simplista de la educación, en blanco y negro. ¿Habéis tenido alguna vez un profesor genial? Sí, ya sé que yo lo soy. Pero estoy hablando de la genilidad extravagante que se plantea en la obra. Yo sí lo he tenido, en la carrera. Era un placer escucharlo en las clases, me enseñó a disfrutar de la lectura crítica porque para él todo comentario era aceptable, todo tenía su sentido y lo importante era leer. Estuvimos un año entero con la primera mitad del siglo XIX. Entraba en clase como un huracán, repartiendo textos como si se tratara de una baraja de naipes, nos hacía leerlos, discutirlos, comentarlos, nos deslumbraba con sus conocimientos y aborrecía los manuales y los libros de texto donde yacía la literatura muerta. Recuerdo que en el examen de 4º, teníamos con él una cuatrimestral de literatura contemporánea, nos dio una fotocopia de un poema inglés –que no entraba en el programa- y otra fotocopia de un cuadro. El cuadro representaba una señora tumbada de espaldas contemplando un horizonte neblinoso que se desdibujaba difuminado. El examen consistió en una única pregunta: «Haz un comentario comparado entre el poema y el cuadro…». Aquello fue un sálvese quien pueda. Disfruté mucho con aquel profesor, pero su ausencia de método, el desentenderse completamente de los programas de estudio, el no saber de qué iba a hablar en la próxima clase, te llevaba a una desorientación permanente. No sabías de qué te tenías que examinar. Aborrecía los manuales, en ellos no encontraríamos la literatura, pero ¿qué teníamos que estudiar? ¿Cuál era el contenido real de las clases? Estaba por un lado el temario oficial de la Facultad, pero por otro lo que él hacía, lo que él quería y… eso lo teníamos que adivinar. No, no fue bueno. Acabamos la carrera con unas enormes lagunas de conocimiento sobre periodos completos que nos hubieran ayudado a comprender muchos más textos, otras realidades, otras formas de ver, sentir y comprender la literatura… y la vida. Porque cada generación renueva el arte y el pensamiento tratando de paliar la frustración de la generación anterior. Cada hijo es una reedición de su padre que trata de asimilar lo que en él vio de positivo y obviar y desplazar lo negativo. En esa cadencia de aprendizaje de la humanidad tenemos los mayores logros y las mayores aberraciones. Mirada la historia desde arriba, en perspectiva, cada movimiento literario y filosófico se comprende y justifica a partir de las deficiencias y precariedades de los modelos anteriores. Ahora lo sé, creedme. Curiosamente estoy hablando de la misma época en la que se centra la obra, finales de los setenta.

Por otra parte, la crítica oficialista presente en algunos de los artículos que os he enviado, carga las tintas sobre el “sistema capitalista” solo preocupado del éxito y que desatiende los valores humanos. En efecto, la preocupación del Director en la obra, y para eso contrata a Irwin, es lograr que los alumnos de su escuela accedan a las mejores universidades británicas y, para eso, hay que prepararlos específicamente para ese examen. Dicho así, efectivamente es un error. Se nos olvida, no obstante, dos cuestiones importantes: por un lado, es lícito que quien está encargado de una institución aspire a los mejores logros posibles con los recursos de que dispone, porque el hecho de que sus alumnos puedan ir a las mejores universidades no implica que ellos deseen hacerlo, simplemente no se es libre si la persona no tiene capacidad de elección. Si apruebas la Selectividad con un 9, no tienes que estudiar obligatoriamente Medicina, pero esa nota te brinda la libertad de elegir aquello que tú quieras y, en el futuro, sabrás que eres lo que eres porque tú lo decidiste, no porque lo decidió el sistema. La segunda cuestión que se nos olvida es que para lograr ese éxito no sólo tenemos las técnicas y la picaresca de Irwin a la que, varias veces en la obra, se alude como el barniz necesario para que los alumnos acaben de despegar. Ha sido necesario previamente el trabajo concienzudo y sistemático de la otra profesora que le ha inculcado todo el conocimiento preciso. Ese es un punto de partida basado en el esfuerzo, como también lo es la lucidez y la multiplicación de perpectivas complementarias que aporta Héctor. El problema de la educación de hoy va por otro lado, pero de eso hablaremos más tarde.

Creo que no es tanto ese planteamiento de preparación “para el éxito” como los métodos que se justifican para lograrlo. Irwin propone atravesar una fina línea, la de la ética personal, la de traición a los principios, a la verdad, a la honestidad siempre que ello pueda conducirnos al éxito personal. Esa renuncia es la clave negativa de la dinámica de Irwin, planteamientos ante los que el autor trata de ponernos en guardia. En la obra, esa transgresión se plantea para lograr el acceso a Oxford o Cambridge, pero si aceptamos el plantemiento vital, el falsear la realidad y actuar en contra de nuestra conciencia –justificar una dictadura, negar el holocausto, por ejemplo- con tal de conseguir nuestro objetivo vital, estamos aceptando el principio de que “el fin justifica los medios”. El fin último de salvar las almas de los herejes, creó esa aberración llamada Inquisición, por ejemplo. El fin era bueno: si lográbamos que antes de morir abrazaran la verdadera fe, perderían su cuerpo pero ganaríamos su alma para la eternidad, aunque para ello tuviéramos que acudir a la tortura –el fin justifica los medios-. En la obra se pone de manifiesto varias veces este principio cada vez que Irwin trata de explicar a sus alumnos la prioridad de “sorprender” al tribunal por encima de todo. Hay un momento en que dice textualmente esta frase: “La libertad es el precio que debemos pagar para lograr la garantía de la libertad”. Cuando además disponemos de la televisión para crear “confusión”, el principio de la autenticidad es secundario, dado que  logramos nuestros fines: alcanzar el poder –pensad en la actualidad de este planteamiento en temas como la instalación de cámaras de vigilancia en las calles o la autorización de grabaciones telefónicas sin necesidad de una orden judicial ¿no estamos hablando de lo mismo?-.

Para lograr la integración de planteamientos, el autor debe humanizar al personaje de Héctor, hacerlo vulnerable. ¿Os imagináis un personaje plano –que no evoluciona- y que es perfecto en sus planteamientos docentes y pedagógicos?¿No había que arrastrarlo un poco por el fango para justificar el éxito del plantemiento de Irwin? Debe haber algo que lo arrastre hasta la tierra y a la vez justifique el que la fidelidad de los alumnos se encamine hacia el nuevo método. Los alumnos admiran a Héctor, pero hay algo en él que, aunque lo consienten, lo hace vulnerable: su pederastia. Y digo pederastia y no homosexualidad porque en la obra el personaje está casado, pero se excita manoseando a sus alumnos. El autor trata de escandalizar al espectador, baja del pedestal al personaje y nos hace plantearnos si es de algún modo justificable su actitud. La respuesta nos la da el mismo Héctor en uno de sus diálogos, cuando en la clase conjunta con Irwin sale el tema del holocausto judío: “Comprender un aberración es empezar a justificarla, y eso nunca” y él mismo es consciente, como personaje de haber efectuado una transgresión injustificable no por el vicio en sí, sino porque la transgresión lo pone en manos del sistema, es decir, lo pueden despedir por ello, pueden quitarle lo único que, al parecer, es un aliciente en su vida: la educación. Esta contradicción lo pone al mismo nivel que Irwin y el autor lo pone de relieve en el diálogo que los personajes tienen a solas mientras esperan frente al despacho del director. Aunque este es otro punto sobre el que volveré más tarde y que es otro de los puntos flacos de la obra.

Por otra parte, el hecho en sí cumple otra funcionalidad en la obra de la que autor es consciente, me refiero ahora a la relación que se establece entre alumno y profesor. Varias veces lo pone de manifiesto, incluso lo subraya en el alegato final, cuando uno de los alumnos dice “Tenía un contrato con nosotros. No sabemos muy bien en qué consistía, pero lo tenía seguro”. El propio Héctor hace mención al asunto cuando trata de justificarse ante la profesora de historia  y el director: “Hay algo de erótico siempre en la relación entre el profesor y el alumno”. Tiene que ver, o así lo entiendo, con las fases de crecimiento personal expuestas por Segmund Freud: me explico. Una de las fases del crecimiento personal es el enamoramiento del referente, un personaje que nos deslumbra por su seguridad en sí mismo y porque encarna todos aquellos valores a los que nosotros aspiramos. Este enamoramiento es el que nos lleva a la imitación -¿recordáis aquel diálogo entre los alumnos en que uno de ellos acusa al “guaperas” de imitar la letra de Irwin y hace la misma acusación hacia el muchacho judío? Este responde inmediatamente que es el otro quien imita a Irwin y él imita a su compañero porque está enamorado de él. El diálogo es esclarecedor en este sentido de equiparar los afectos de admiración y amor. Ambos sentimientos nos llevan a tratar de acercarnos al objeto imitando sus actitudes, incluso sus gestos. Como sucede en la relación padre-hijo, profesor-alumno, médico-paciente, hemos de ver el lado humano de la persona, desmitificarla, comprender que tiene defectos como nosotros, para poder evolucionar como personas. Ese reconocimiento que viene dado por la lucidez de la madurez viene acompañado del sentimiento de frustración y rechazo –y este sentimiento nos ha sido hurtado en la obra, los alumnos no rechazan a Héctor, ellos ya lo sabían y se prestaban a su juego, incluso lo justifican y lo defienden hasta el final-, pero es, precisamente este conocimiento y este reconocimiento de la humanidad del referente el que nos permite independizarnos, cortar el cordón umbilical y volar por nosotros mismos. Sin esta desmitificación del referente nunca volaríamos por nosotros mismos ni buscaríamos nuestra individualidad.

La homosexualidad de Irwin va en el mismo sentido, la mímesis del “guaperas” que ha llegado incluso a modificar su letra para acercarse a su referente, se culminaría dominando a su referente, entendiendo la sexualidad como un juego de poder. Ya lo ha logrado, ya ha aprobado el examen, ya solo necesita dominar a su referente sicológicamente y eso se materializa en esa “mamada” para darse un homenaje. El no es homosexual, lo hemos visto manteniendo relaciones paso a paso con la secretaria del director, tampoco ha consentido en ningún momento con la relación del compañero al que sabe enamorado de él. Se ha convertido en la prolongación de Irwin, respeta a Héctor y su chantaje amenazando al Director con airear su acoso sexual a la secretaria, hubiera mantenido al viejo profesor en la escuela. Pero su éxito social está denostado, en la relación que se nos hace al final, lo que logra en su vida es ser un vividor, un “relaciones públicas” con frecuentes viajes a medio oriente.

Por otra parte, la homosexualidad de Irwin tiene la función de espejo. Reproduce el mismo “fallo” humano que Héctor, así proyecta al propio Héctor hacia el futuro, pero rubricando, anunciando,  un cambio en el modelo docente –que no humano, de ahí la importancia del personaje espejo-. El modelo de Héctor desaparecerá con él, y el nuevo modelo simbolizado por Irwin, el que antepone los resultados a la persona, el que sólo se preocupa del éxito estadístico, es el que nos aguarda. La conversación que mantienen Héctor, Irwin y la profesora de historia en el segundo acto va por ahí. Le advierten que no se dedique a la docencia. Irwin argumenta que es un empleo temporal. Ellos ironizan con su propia historia. Los dos llegaron a la escuela con la misma idea y llevan allí treinta años. Están proyectando el posible futuro.

Para terminar, hablaré del principal fallo de la obra para mí como profesor viejo: “no aprecio vocación en Héctor, ni en la profesora de Historia, ni en el propio Irwin”. Es cierto que algunas frases de Héctor apuntan a esta vocación que trata de educar a sus alumnos para la vida, más allá de los conocimientos; en este sentido es magnífica la réplica que hace a Irwin cuando todo lo centra en el éxito del examen y él le responde: “Y después del examen ¿qué? Hay vida después del examen”. Pero todo ese planteamiento lúcido e idealizado se echa por tierra en el segundo acto. Allí se nos presenta a un Héctor que se ha dedicado a la educación como si hubiera caído en una trampa (“Yo llegué aquí  para tres meses…”), aconseja a Irwin que no caiga en esa misma trampa (“Dedicate a otra cosa”) y se lamenta de cómo la ilusión va dejando paso a la rutina y la rutina a la indiferencia. Lo grave es que la profesora de Historia, especie de conciencia de Héctor, mantiene la misma actitud. Es cierto que estas declaraciones las realiza es su momento bajo, en su hundimiento psicológico, cuando no se le ha dejado otra opción que aceptar la jubilación anticipada, pero no es la actitud de un maestro auténtico o un modelo. Si alguien me pregunta si no es humano el planteamiento, le diré que sí. Si alguien afirma que es el más frecuente, le diré que sí. Pero si alguien me dice que es irremediable, le diré que no. Porque la renovación de las ilusiones diarias en los grandes proyectos que acometemos en la vida, depende exclusivamente de nosotros. Cuando te casas, no has llegado a la Estación de la Felicidad, estableces un compromiso con la otra persona, el compromiso de poner toda la energía que sea necesaria en volverte a enamorar de ella cada día, a abrir tus ojos y mirarla cada amanecer como si fuera lo más maravilloso de la creación, en estar junto a ella siempre, por ella y a pesar de ella. Son unos votos de esfuerzo activo y diario. Lo mismo sucede con la docencia. Tienes un pacto con los alumnos, aunque ellos lo ignoren, un pacto que te lleva a mostrarles esas realidades que les van a ayudar en la vida (“El problema es que usted nos habla de sentimientos que nunca hemos experimentado, por eso nos resulta tan difícil conectar”. Y Héctor responde: “Pero los viviréis. Y cuando lleguen, estaréis preparados”), mostrarles el camino del sentido crítico y del esfuerzo, de la ilusión y de la confianza en sí mismos, del sentido de la vida. Y todo ello a través de un programa, de unos contenidos y del contacto personal en el día a día. Es un compromiso que nos lleva a comprender que nadie puede enseñar lo que no posee, con la dureza que ello conlleva de mantenerse alegre, confiado, tranquilo, seguro y metódico. Encarnar, en fin, esas virtudes que tratas de transmitir. Y si a la postre, todo se fuera rodando cuesta abajo, yo sé que esa dedicación, esas promociones que han pasado por mis manos y que me saludan por la calle, serán una de las partes fundamentales que darán sentido a mi vida. Sé que me marcharé, del instituto y de la vida, que, como el poeta, me iré ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos de la mar, pero también sé que seguiré viviendo en cada uno de vosotros, de quienes habéis compartido mi vida y mis clases, mis ideas y mis dudas, mis ilusiones y mis fracasos. Por eso, porque llevo treinta años en esta profesión y aún no he perdido la sonrisa de la cara, ni la ilusión de enseñarle a uno de mis alumnos sus propias posibilidades, de otorgarles el don de la libertad para que sean ellos mismos, no puedo aceptar el planteamiento reduccionista de la obra.

¿Conocéis a un grupo de alumnos brillantes, receptivos, deseosos todos ellos por luchar por el mejor expediente para entrar en las mejores universidades? ¿Los conocéis? Yo no, ni lo he conocido en los treinta años que llevo dando clase.

Si no existe ese grupo de alumnos –si existe será en colegios de élite y, desde luego afirmo categóricamente, son una mínima minoría minimalista- ¿qué sentido tiene que el autor lo haya creado para la obra? Simplemente convierte al alumno en sujeto pasivo del aprendizaje. Se vuelve a un tópico falso, la educación es fruto de cómo se imparta. El alumno asume así un papel pasivo totalmente ajeno a la realidad de las aulas. Mirad a vuestro alrededor. La educación se ha convertido en un derecho, ha dejado de ser un privilegio. Pero el derecho adquirido es el derecho despreciado. Cuando era un privilegio, era algo por lo que había que luchar y el lograrlo suponía el haber alcanzado un “status” y un reconocimiento social que animaba al sacrificio. Al transformarse en derecho el deterioro de ese ímpetu de lucha, de conquista, puede provocar un desastre, como de hecho está ocurriendo en las aulas. Hay que gritar que el alumno, la persona, es la primera pieza de este rompecabezas. No tiene un papel pasivo en el proceso de la educación, sino activo. Existe la libertad y cada quien decide si quiere o no estudiar, si prefiere el esfuerzo con la promesa de una posible recompensa futura, o si prefiere hartarse de cacharros, de play, de messenger o de telebasura. Y cada elección traerá sus consecuencias. Es cierto que cada uno somos fruto de un cúmulo de circunstancias que nos hacen desiguales –a Dios gracias ¿os imagináis un mundo de clones?- dependemos del continente en el que nacemos, de la región donde nacemos, de la ciudad, de la familia, del nivel económico y cultural de nuestros padres y de nuestra propia carga genética… son demasiados elementos variables para creer que el profesor es Dios y que de su docencia depende el futuro de toda una generación. Sin embargo, sí es verdad que hay un paso que puede producirse, cuando el alumno toma el modelo de referencia externa y utiliza al profesor como referente. Eso nos lleva a un planteamiento muy freudiano que está esbozado en la obra y del que podríamos seguir hablando y reflexionando. Pero ya está bien. Os había prometido compartir con vosotros estas reflexiones pero me parece que no prometí cansaros.

Hasta pronto.

José Carlos Aranda Aguilar

Publicado en LECTURAS | Deja un comentario

RECOMENDACIONES «IMPRESCINDIBLES» PARA EL EXAMEN DE SELECTIVIDAD

PARA MIS ALUMNOS DE 2º C, EN QUIENES PENSABA CUANDO INICIÉ EL BLOG, Y PARA LOS MÁS DE 1.500 INTERNAUTAS QUE HAN VENIDO A VISITARNOS.

Has trabajado duro para llegar hasta aquí. Los exámenes que vas a realizar a partir de mañana van a tratar de medir ese trabajo. Tranquilízate y trata de relajarte ahora. Lo fundamental, llegados a este punto, es que acudas descansado y con la mente lúcida. Sería una pena que por cansancio, agotamiento o nervios, no dieras de ti mismo lo mejor.
Tómate hoy el día con calma. No trates de memorizar a marchas forzadas. Si necesitas estar activo, repasa y afianza conceptos. Sonríe. Procura descansar.
Asegúrate de levantarte con la suficiente antelación mañana y procura tener calculado el tiempo que vas a tardar en el desplazamiento. Si puedes, haz el trayecto hoy e identifica físicamete el lugar donde te vas a examinar para no andar mañana con carreras y nervios innecesarios. Recuerda que debes llevarte el carné de identidad, que los móviles y aparatos electrónicos deben estar apagados cuando entres a la sala del examen. Si necesitas preguntar algo, levanta la mano y espera a ser a antendido en tu sitio, no te levantes. Los apuntes dentro de tu cartera, tu cartera cerrada. Encima de la mesa sólo el DNI y el bolígrafo. Si quieres usar corrector, consulta antes si está permitido. No te pongas nervioso si surge cualquier problema, dirígete al profesor que te ha acompañado de tu Centro, explícaselo y deja que él lo resuelva con el Tribunal.
Recuerda que lo que necesitas allí dentro es a ti mismo, tu mente atenta.

Muchísima suerte.

Publicado en LITERATURA | 2 comentarios

FEDERICO GARCÍA LORCA: EL ROMANCERO GITANO.

VIDA Y OBRA DE FEDERICO GARCÍA LORCA:

 

Vamos a dar a Federico un trato especial, ya que nos lo encontramos en dos temas del curso: el correspondiente a la poesía desde principios de siglo hasta 1939, y el correspondiente el teatro de la misma época; además, tenemos de él la lectura recomendada de uno de sus dramas, Bodas de sangre. Y encima, me encanta.

Poeta, dramaturgo y hombre de teatro, Federico García Lorca fue un creador de importancia histórica y de renombre mundial; es el escritor español más famoso del siglo XX y uno de sus artistas supremos. Su asesinato durante los primeros días de la Guerra Civil española hizo de él una víctima especialmente notable del franquismo, lo que contribuyó a que se conociera su obra. Sin embargo, setenta años después del crimen, su valoración y su prestigio universal permanenecen inalterados.

Nació en Fuentevaqueros cerca de Granada el 5 de junio de 1898, hijo de Federico García Rodríguez, hacendado propietario agrícola, y de Vicenta Lorca Romero, maestra nacional. Su familia gozaba de una posición económica desahogada.

De su madre, una excelente pianista, recibió sus primeras nociones musicales, que más tarde perfeccionó con su padrino, don Manuel de Falla.

En los primeros años de su infancia, Federico sufrió un amago de parálisis infantil. Su niñez, vivida en contacto íntimo con la tierra, entre los olivares y almendrales de la heredad paterna, en constante trato con los gañanes, arrieros y pastores de la llanura vecina, le dejó en el espíritu imágenes fuertemente grabadas que más tarde iba a resucitar en sus dramas populares.

Estudió bachillerato y música en su ciudad natal y a los veinte años se instaló en la Residencia de Estudiantes de Madrid donde terminó sus estudios de Derecho y Letras, pero sobre todo donde entró en contacto con el arte y el pensamiento de su tiempo y se hizo amigo del pintor Salvador Dalí, el cineasta Luis Buñuel y los también poetas Rafael Alberti y Juan Ramón Jiménez, además de Pepín Bello, José Antonio Rubio Sacristán, José Moreno Villa, Ricardo Orueta, Emilio Prados, entre otros, a quienes cautivó con sus múltiples talentos.

Como criatura genial han definido al poeta casi todos los que lo conocieron. «La obra maestra era él», dijo Buñuel. «No hay quien pueda definirle. Era tierno como una concha de la playa. Inocente en su tremenda risa morena, como un árbol furioso. Ardiente en sus deseos, como un ser nacido para la libertad», señaló Vicente Aleixandre. «Fue una criatura extraordinaria… Junto a él se respiraba un aúrea que él iluminaba con su propia luz. Entonces no hacía frío de invierno ni calor de verano: «hacía… Federico», afirma Jorge Guillén. Pues bien, esta criatura excepcional alumbró también una obra excepcional y lo hizo, como otros artistas excepcionales -Mozart, los grandes poetas románticos ingleses-, en un tiempo brevísimo, apenas dieciocho años de carrera literaria, que son los que median entre la publicación de su primer texto, Fantasía simbólica, y la composición de su último drama, La casa de Bernarda Alba.

Sus primeros poemas quedaron recogidos en Libro de poemas, de 1921, una antología que tiene grandes logros. En 1922 organizó con el compositor Manuel de Falla, el primer festival de cante jondo, celebrado en la Alhambra en medio de gran pompa y al cual concurrieron los mejores cantaores, cantaoras y guitarristas de toda España, entre ellos La Niña de los Peines, Juan Breva, el Cojo de Málaga y Vallejos, y ese mismo año escribió precisamente el Poema del cante jondo, aunque no lo publicaría hasta 1931.

Fatigado del ambiente cosmopolita de Madrid, decidió regresar a Granada, donde obtuvo la licenciatura en Derecho (1923) e inicio su “Teatro de Cachiporra» o de títeres, cuyas representaciones se hacían en su propio hogar.

El año anterior a su Romancero gitano, en 1927, Margarita Xirgu dio a conocer, en el Teatro Fontalba, de Madrid, la segunda obra teatral de García Lorca: Marianita Pineda, romance popular en tres estampas, estrenado en momentos en que España sufría una dictadura y en circunstancias parecidas a aquellas en que se desenvolvía la acción de la obra, en la época de la Restauración de Fernando VII. Mariana Pineda, la dama granadina que se dedicó a bordar la bandera morada de la causa libertaria, había atraído la imaginación de García Lorca desde sus días estudiantiles.

En 1929, deseoso de emociones nuevas, se embarcó para Nueva York donde experimentó el choque violento de la civilización de los rascacielos y de lo  concreto («Nueva York de alambres y de muerte ¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?»), por una parte, y del arte vital de los negros que lo impresionó profundamente. «Nueva York, es el sitio único para tomarle el pulso al nuevo arte teatral», comentó durante una entrevista. «Los mejores actores que he visto han sido negros. Mimos insuperables. La revista negra va substituyendo a la revista blanca. El arte blanco va quedando para las minorías. El público quiere teatro negro»

El choque de su sensibilidad andaluza con el dinamismo de Nueva York, le inspiró a García Lorca un tipo de poesía surrealista, diferente de la habitual en él y que aparece en los poemas de El Poeta en Nueva York, entre ellos, «Nueva York- Oficina y Denuncia» y «Oda al Rey de Harlem». García Lorca se sentía totalmente perdido en aquel mundo tan ajeno a su España («Yo poeta, sin brazos, perdido entre la multitud que vomita…»). Se embarcó muy pronto, por tanto, a México y Cuba, donde había proyectado estar unos días y donde permaneció varios meses, fascinado por el sol de la isla, que le recordaba el sol de su Andalucía.

En 1930 regresó a España lleno de fuerza para continuar su obra dramática y poética y para dirigir por toda España la compañía de teatro universitario La Barraca. Fue asimismo conferenciante, compositor de canciones y tuvo mucho éxito en Argentina y Uruguay, países a los que viajó en 1933-34.

El Primer romancero gitano, de 1928, es un ejemplo genial de poesía compuesta a partir de materiales populares, y ofrece una Andalucía de carácter mítico por medio de unas metáforas deslumbrantes y unos símbolos como la luna, los colores, los caballos, el agua, o los peces, destinados a transmitir sensaciones donde el amor y la muerte destacan con fuerza. Con frecuencia se encasilla de folklórico y pintoresco, a veces de fácil; muy al contrario: «Popular, sí. Pero ¿fácil?. Genial, sí, pero muy lúcido… Góngora, tan remoto, enseñaba a Federico su lección de lucidez», afirma Jorge Guillén.  El propio Federico, en una conferencia dada en 1927 sobre «La imagen poética en Góngora», afirma que «un poeta tiene que ser profesor de los cinco sentidos corporales… en este orden: vista, tacto, oído, olfato y gusto.» Acudamos a la descripción de Soledad Montoya y observemos hasta que punto Federico es fiel a sus palabras. Tras los Poemas en prosa, escribió en Nueva York un gran ciclo profético y metafísico en el que el autor apuesta por los oprimidos, sin dejar de sacar a relucir sus obsesiones íntimas. El ciclo iba a constar de dos libros, Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930, pero que no se publicó hasta 1940, y Tierra y Luna, del que algunos poemas fueron incluidos en Diván del Tamarit, concluido en 1934, aunque también se publicó póstumamente.

Calificados muchas veces de surrealistas, aunque él siempre negó esta etiqueta, los poemas de esa obra clave de García Lorca que es Poeta en Nueva York, expresan el horror ante la falta de raíces naturales, la ausencia de una mitología unificadora o de un sueño colectivo que den sentido a una sociedad impersonal, violenta y desgarrada. Por su parte, los incompletos Sonetos del amor oscuro, escritos durante una temporada en Nueva Inglaterra (Estados Unidos), expresan una desesperación más personal y constituyen unas muestras admirables de erotismo, que sólo recientemente han sido dadas a conocer. Otro de sus poemas importantes, dentro de la línea del neopopulismo, es el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de 1935, una elegía compuesta al morir ese torero intelectual, amigo de muchos de los poetas de la generación de Lorca. Mientras que los Seis poemas galegos, del mismo año, consiguen trascender las referencias populares evidentes.

Si hay algo genuino en Federico es su «intuición poética». Si eso es surrealismo, sea; pero para el poeta es una visión intuida para la que la palabra es una mera aproximación que requiere la metáfora: «…nadie sabe lo que pasa, ni aun yo, porque el misterio poético es también misterio para el poeta que lo comunica, pero que muchas veces lo ignora». La idea vuelve a aparecer en la conferencia recital que veremos a continuación. No. No es necesario comprender todo, interpretarlo todo, querer que todo tenga un significado… a veces, basta con disfrutar de la sensación, de la belleza o el miedo, de la tristeza o la tragedia, del deseo o del misterio sin nombre. Pero no es sólo un poeta de inspiración «…también lo soy por mi esfuerzo y mi trabajo», se rebela Federico contra este tópico frecuente incluso en su época.

El teatro de Lorca, con el que levantó la tragedia popular a un nivel que desde largo tiempo no se conocía en España es, junto al de Valle-Inclán, el más importante escrito en castellano durante el siglo XX.

Entre sus farsas, escritas de 1921 a 1928, destacan Tragicomedia de don Cristóbal y Retablillo de don Cristóbal, piezas de guiñol, y sobre todo La zapatera prodigiosa, una obra de ambiente andaluz que enfrenta realidad e imaginación. También pertenece a la categoría de farsa Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. De 1930 y 1931 son los dramas calificados como -irrepresentables-, El público y Así que pasen cinco años, obras complejas con influencia del psicoanálisis, que ponen en escena el mismo hecho teatral, la revolución y la homosexualidad, a partir de un complejo sistema de correspondencias.

Dos tragedias rurales son Bodas de sangre, de 1933, y Yerma, de 1934, estrenada en 1935 por Margarita Xirgu, la tragedia de la maternidad frustrada, en que asoma el clásico concepto calderoniano de la honra que impide a la mujer llegar a la anhelada maternidad a través del adulterio porque su marido es el único hombre que puede ser el padre de sus hijos. Y, en abril de 1936, la Xirgu dio a conocer, en España, el último estreno realizado en vida del poeta: Doña Rosita la Soltera o El Lenguaje de las Flores, llamada «la alegoría del olvido».

Desprovista de la violenta fuerza dramática de Bodas de sangre y realizada en tono menor, Doña Rosita la Soltera es una obra maestra en su género, un drama en que la tristeza y la ironía se combinan con una punzante amargura al abordar el problema de la solterona española, algo que también aparece en La casa de Bernarda Alba, concluida en junio de 1936, y que la crítica suele considerar su obra fundamental.

Al comienzo de su carrera también había escrito dos dramas modernistas, El maleficio de la mariposa (1920) y Mariana Pineda (1927). El mundo de García Lorca supone una capacidad creativa, poder de síntesis y facultad natural para captar, expresar y combinar la mayor suma de resonancias poéticas, sin esfuerzo aparente, y llegar a la perfección, no como resultado de una técnica conseguida con esfuerzo, sino casi de golpe. La variedad de formas y tonalidad resulta deslumbrante, con el amor, presentado en un sentido cósmico y pansexualista, la esterilidad, la infancia y la muerte como motivos fundamentales.

Al estallar la Guerra Civil, García Lorca se hallaba en Callejones de García. Un día, hacia fines de julio, mientras visitaba a su amigo Rosales Vallecillo, un comerciante, fue arrestado por los soldados franquistas. Después de algunos días en la cárcel, lo sacaron de allí y lo condujeron al cementerio, donde fue fusilado el 19 de agosto de 1936, cuando iba a cumplir 38 años de edad.

Su muerte, por las circunstancias dramáticas en que se produjo -en vísperas de realizar su proyecto de embarcarse para la América del Sur y reunirse a Margarita Xirgu- convirtió su nombre en bandera de la causa republicana, a la vez que dio origen al más espectacular auge que en América haya alcanzado su teatro y su obra toda.

Considerado por algunos mejor poeta que dramaturgo y por otros a la inversa, ambas formas de expresión se unen estrechamente en su obra, hasta el punto de que cada cual participa de los elementos de la otra.

Su teatro es poético, a la vez que su poesía es esencialmente dramática, como lo destaca Pedro Salinas: «Andaluz ejemplar, todo en él es expresión. En su persona, en su trato, en su conversación, en sus piezas de teatro o en sus canciones, circula con intensidades y plenitudes distintas de realización el mismo empuje de animación, de entera unidad humana”.

De su genio poético nos habla esta anécdota relatada por Manuel Carreño en sus Memorias tabernarias. Sucedió en Córdoba, en 1935. Manuel y Federico se encontraban en la taberna de las Beatillas haciendo espera para presenciar la entrada en el templo de San Agustín de la Virgen de las Angustias, de la que en su juventud, en Granada, Federico había sido cofrade. Pasó la Virgen, el poeta cogió una libretilla e improvisó esta décima que, acto seguido, le regaló a Manuel (1):

A la Virgen de las Angustias (Córdoba):

«Molde de la estrecha vía

dos hileras luminosas;

prisionera de las rosas

viene la Virgen María.

De plata y de pedrería

lleva las andas repletas

y a su paso, las saetas,

para su lujo y derroche,

se van clavando en la noche,

constelada de cornetas»

CONFERENCIA RECITAL DEL ROMANCERO GITANO DADA POR FEDERICO GARCÍA LORCA EN EL ATENEO DE MADRID.

 Imagínate ahora que estás en Madrid, hacia 1927. Un joven autor andaluz va a dar un recital poético y acudes. Hay una mesa larga, no hay micrófono. La sala está llena. Los rumores van apagándose cuando el joven, con chaqueta a cuadros y pajarita, empieza a carraspear tratando de ordenar los papeles que lleva entre las manos. La curiosidad te gana, guardas silencio. Empieza el recital. Lorca toma la palabra. Silencio.

 

CONFERENCIA-RECITAL. DEL ROMANCERO GITANO

No es un poeta […], sino un verdadero amigo […] que recuerda todavía cercanos los años que vivía […] llevando una vida de broma y jaleo para ocultar una verdadera y bienhechora melancolía.
[…]

Yo he observado que generalmente el conferenciante pone cátedra sin pretender acercarse a su auditorio, habla lo que sabe sin gastar nervio y con una ausencia absoluta de voluntad de amor, que origina ese odio profundo que se le toma momentáneamente y hace [que] deseemos con ansia que resbale al salir de la tribuna o que estornude de modo tan furioso que se le caigan las gafas sobre el vaso.
Por eso, no vengo a dar una conferencia sobre temas que he estudiado y preparado, sino que vengo a comunicarme con vosotros con lo que nadie me ha enseñado, con lo que es sustancia y magia pura, con la poesía.
He elegido para leer con pequeños comentarios el Rornancero gitano, no sólo por ser mi obra más popular, sino porque indudablemente es la que hasta ahora tiene más unidad, y es donde mi rostro poético aparece por vez primera con personalidad propia, virgen de contacto con otro poeta y definitivamente dibujado.

[…]
El libro en conjunto, aunque se llama gitano, es el poema de Andalucía, y lo llamo gitano porque el gitano es lo más lo más profundo, más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza y universal.

Así pues, el libro es un retablo de Andalucía, con gitanos, arcángeles, planetas, con su brisa judía, con su brisa romana, con ríos, con crímenes, con la nota vulgar del contrabandista y la nota celeste de los niños desnudos de Córdoba que burlan a San Rafael. Un libro donde apenas si está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve. Y ahora lo voy a decir. Un libro antipintoresco, antifolklórico, antiflamenco, donde no hay ni una chaquetilla corta, ni un traje de torero, ni un sombrero plano, ni una pandereta; donde las figuras sirven a fondos milenarios y donde no hay más que un solo personaje, grande y oscuro como un cielo de estío, un solo personaje que es la Pena, que se filtra en el tuétano de los huesos y en la savia de los árboles, y que no tiene nada que ver con la melancolía, ni con la nostalgia, ni con ninguna otra aflicción o dolencia del ánimo; que es un sentimiento más celeste que terrestre; pena andaluza que es una lucha de la inteligencia amorosa con el misterio que la rodea y no puede comprender.
Pero un hecho poético, como un hecho criminal o un hecho jurídico, son tales hechos cuando viven en el mundo y son llevados y traídos; en suma, interpretados. Por eso no me quejo de la falsa visión andaluza que se tiene de este poema a causa de recitadores, sensuales, de bajo tono, o criaturas ignorantes. Creo que la pureza de su construcción y el noble tono con que me esforcé al crearlo lo defenderán de sus actuales amantes excesivos, que a veces lo llenan de baba.
Desde el año 1919, época de mis primeros pasos poéticos, estaba yo preocupado con la forma del romance, porque me daba cuenta que era el vaso donde mejor se amoldaba mi sensibilidad. El romance había permanecido estacionario desde los últimos exquisitos romancillos de Góngora, hasta que el Duque de Rivas lo hizo dulce, fluído, doméstico, o Zorrilla lo llenó de nenúfares, sombras y campanas sumergidas.
El romance típico había sido siempre una narración, y era lo narrativo lo que daba encanto a su fisonomía, porque cuando se hacía lírico, sin eco de anécdota, se convertía en canción. Yo quise fundir el romance narrativo con el lírico sin que perdieran ninguna calidad, y este esfuerzo se ve conseguido en algunos poemas del Romancero, como el llamado «Romance sonámbulo», donde hay una gran sensación de anécdota, un agudo ambiente dramático, y nadie sabe lo que pasa, ni aun yo, porque el misterio poético es también misterio para el poeta que lo comunica, pero que muchas veces lo ignora.

[…]

Tengo cierto rubor de hablar de mí en público, pero lo hago porque os considero amigos, o ecuánimes oyentes, y porque sé que un poeta, cuando es poeta, es sencillo, y, cuando es sencillo, no puede caer jamás en el infierno cómico de la pedantería.

De un poema se puede estar hablando mucho tiempo, analizando y observando sus aspectos múltiples. Yo os voy a presentar un plano de este mío y voy a comenzar la lectura de sus composiciones.

Desde los primeros versos se nota que el mito está mezclado con el elemento que pudiéramos llamar realista, aunque no lo es, puesto que al contacto con el plano mágico se torna aún más misterioso e indescifrable, como el alma misma de Andalucía, lucha y drama del veneno de Oriente del andaluz con la geometría y el equilibrio que impone lo romano, lo bético.
EI libro empieza con dos mitos inventados: la luna como bailarina mortal v el viento como sátiro. Mito de la luna sobre tierras de danza dramática, Andalucía interior concentrada y religiosa, y mito de playa tartesa, donde el aire es suave como pelusa de melocotón y donde todo, drama o danza, está sostenido por una aguja inteligente de burla o de ironía.

«Luna, luna»

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Hijo de la luna (Mecano) Te la he puesto al final porque no es una versión cantada del poema, pero escúchala y dime si no sientes el poema de Lorca como inspiración en esta maravillosa canción del grupo.

PRECIOSA Y EL AIRE:
«Preciosa y el aire» (versión de Carlos Salinas y María Rivas, aunque no es una versión purista, sí que me ha gustado por el aire moderno que asegura la pervivencia de la poesía lorquiana, el hecho de que sigue transmitiendo su misterio a las nuevas generaciones).

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene,
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.

El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.

En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.

San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

En el romance «Reyerta de mozos» está expresada esa lucha sorda, latente en Andalucía y toda España, de grupos que se atacan sin saber por qué, por causas misteriosas, por una mirada, por una rosa, porque un hombre de pronto siente un insecto sobre la mejilla, por un amor de hace dos siglos.

«Reyerta

En la mitad del barranco
las navajas de Albacete,
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.

Una dura luz de naipe
recorta en el agrio verde
caballos enfurecidos
y perfiles de jinetes.

En la copa de un olivo
lloran dos viejas mujeres.
El toro de la reyerta
su sube por la paredes.
Angeles negros traían
pañuelos y agua de nieve.
Angeles con grandes alas
de navajas de Albacete.

Juan Antonio el de Montilla
rueda muerto la pendiente
su cuerpo lleno de lirios
y una granada en las sienes.
Ahora monta cruz de fuego,
carretera de la muerte.

El juez con guardia civil,
por los olivares viene.
Sangre resbalada gime
muda canción de serpiente.
Señores guardias civiles:
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses

La tarde loca de higueras
y de rumores calientes
cae desmayada en los muslos
heridos de los jinetes.
Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Angeles de largas trenzas
y corazones de aceite.

Después, aparece el «Romance sonámbulo», del que ya he hablado, uno de los más misteriosos del libro, interpretado por mucha gente como un romance que expresa el ansia de Granada por el mar, la angustia de una ciudad que no oye las olas y las busca en sus juegos de agua subterránea y en las nieblas onduladas con que cubre sus montes. Está bien. Es así, pero también es otra cosa. Es un hecho poético puro del fondo andaluz, y siempre tendrá luces cambiantes, aun para el hombre que lo ha comunicado, que soy yo. Si me preguntan ustedes por qué digo yo «Mil panderos de cristal herían la madrugada», les diré que los he visto en manos de ángeles y de árboles, pero no sabré decir más, ni mucho menos explicar su significado. Y está bien que sea así. El hombre se acerca por medio de la poesía con más rapidez al filo donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio.

«Romance sonámbulo»

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

–Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
–Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
–Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
–¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Después aparece en el libro el romance de «La casada infiel», gracioso de forma y de imagen, pero éste sí que es pura anécdota andaluza. Es popular hasta la desesperación y, como lo considero lo más primario, lo más halagador de sensualidades y lo menos andaluz, no lo leo

(Aquí vamos a traicionar al poeta para que tú sí lo leas. El problema es que tuvo tanto éxito, cuenta Pablo Neruda, que fuera donde fuera lo obligaban a recitarlo, hasta tal punto que ya estaba realmente harto. Pero digo yo que, si tanto éxito tuvo, por algo será, aquí lo tienes).

LA CASADA INFIEL:

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,

pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quién soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

En contraposición de la noche marchosa y ardiente de la casada infiel, noche de vega alta y junco en penumbra, aparece esta noche de Soledad Montoya, concreción de la Pena sin remedio, de la pena negra, de la cual no se puede salir más que abriendo con un cuchillo un ojal bien hondo en el costado siniestro.

La pena de Soledad Montoya es la raíz del pueblo andaluz. No es angustia, porque con pena se puede sonreír, ni es un dolor que ciega, puesto que jamás produce llanto; es un ansia sin objeto, es un amor agudo a nada, con una seguridad de que la muerte (preocupación perenne de Andalucía) está respirando detrás de la puerta. Este poema tiene un antecedente en la canción del jinete que voy a decir, en la que a mí me parece ver a aquel prodigioso andaluz Omar ben Hafsún desterrado para siempre de su patria.

CANCIÓN DE JINETE

[Córdoba.

Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,

y aceitunas en mi alforja.

Aunque sepa los caminos

yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,

jaca negra, luna roja.

La muerte me está mirando

desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!

¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera

antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.

Lejana y sola.]

«Romance de la pena negra»

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,

gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas

sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,

mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar

y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna

bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón

agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!

¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

[…]

Ahora aparece en el retablo uno de sus héroes más netos, Antoñito el Camborio, el único de todo el libro que me llama por mi nombre en el momento de su muerte. Gitano verdadero, incapaz del mal, como muchos que en estos momentos mueren de hambre por no vender su voz milenaria a los señores que no poseen más que dinero, que es tan poca cosa.

«Prendimiento»

Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre

va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles

le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua

hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera

sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de capricornio
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
vienes sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios.

Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre con cinco chorros.
Ni tú eres hijo de nadie,
ni legítimo Camborio.
¡ Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.
A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.
«Muerte»

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Baño con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.

Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

Pocas palabras voy a decir de esta otra fuerza andaluza, centauro de muerte y de odio que es el Amargo.

Teniendo yo ocho años, y mientras jugaba en mi casa de Fuente Vaqueros, se asomó a la ventana un muchacho que a. mí me pareció un gigante, y que me miró con un desprecio y un odio que nunca olvidaré, y escupió dentro al retirarse. A lo lejos una voz lo llamó: «¡Amargo, ven!»

Desde entonces el Amargo fue creciendo en mí hasta que pude descifrar por qué me miró de aquella manera, ángel de la muerte y la desesperanza que guarda las puertas de Andalucía. Esta figura es una obsesión en mi obra poética. Ahora ya no sé si la vi o se me apareció, si me lo imaginé o ha estado a punto de ahogarme con sus manos.

La primera vez que sale el Amargo es en el Poema del cante jondo, que yo escribí en 1921.

«Diálogo del Amargo»

CAMPO
UNA VOZ.

Amargo.
Las adelfas de mi patio.
Corazón de almendra amarga.
Amargo.

(Llegan tres jóvenes con anchos sombreros)
JOVEN 1º. Vamos a llegar tarde.

JOVEN 2º. La noche se nos echa encima

JOVEN 1º. ¿Y ése?

JOVEN 2º. Viene detrás.

JOVEN 1º. (En alta voz.) ¡Amargo!

AMARGO. (Lejos.) Ya voy.

JOVEN 2º. (A voces.) ¡Amargo!

AMARGO. (Con calma.) ¡Ya voy!

(Pausa.)

JOVEN 1º. ¡Qué hermosos olivares!

JOVEN 2º. Sí.

(Largo silencio.)

JOVEN 1º. No me gusta andar de noche.

JOVEN 2º. Ni a mí tampoco.

JOVEN 1º. La noche se hizo para dormir.

JOVEN 2º. Es verdad.

(Ranas y grillos hacen la glorieta del estío andaluz. El Amargo camina con las manos en la cintura.)

AMARGO. Ay yayayay. Yo le pregunté a la muerte. Ay yayayay.

(El grito de su canto pone un acento circunflejo sobre el corazón de los que le han oído.)

JOVEN 1º. (Desde muy lejos.) ¡Amargo!

JOVEN 2º. (Casi perdido.) ¡Amargooo!

(Silencio.)

(El Amargo está solo en medio de la carretera. Entorna sus grandes ojos verdes y se ciñe la chaqueta de pana alrededor del talle. Altas montañas le rodean. Su gran reloj de plata le suena oscuramente en el bolsillo a cada paso.)

(Un Jinete viene galopando por la carretera.)

JINETE. (Parando el caballo) ¡Buenas noches!

AMARGO. A la paz de Dios.

JINETE. ¿Va usted a Granada?

AMARGO. A Granada voy.

JINETE. Pues vamos juntos.

AMARGO. Eso parece.

JINETE. ¿Por qué no monta en la grupa?

AMARGO. Porque no me duelen los pies.

JINETE. Yo vengo de Málaga.

AMARGO. Bueno.

JINETE. Allí están mis hermanos.

AMARGO. (Displicente.) ¿Cuántos?

JINETE. Son tres. Venden cuchillos. Ese es el negocio.

AMARGO. De salud les sirva.

JINETE. De plata y de oro.

AMARGO. Un cuchillo no tiene que ser más que cuchillo.

JINETE. Se equivoca.

AMARGO. Gracias.

JINETE. Los cuchillos de oro se van solos al corazón. Los de plata cortan el cuello como una brizna de hierba.

AMARGO. ¿No sirven para partir el pan?

JINETE. Los hombres parten el pan con las manos.

AMARGO. ¡Es verdad!

(El caballo se inquieta.)

JINETE. ¡Caballo!

AMARGO. Es la noche.

(El camino ondulante salomoniza la sombra del animal)

JINETE. ¿Quieres un cuchillo?

AMARGO. No

JINETE. Mira que te lo regalo.

AMARGO. Pero yo no lo acepto.

JINETE. No tendrás otra ocasión.

AMARGO. ¿Quién sabe?

JINETE. Los otros cuchillos no sirven. Los otros cuchillos son blandos y se asustan de la sangre. Los que nosotros vendemos son fríos. ¿Entiendes? Entran buscando el sitio de más calor, y allí se paran.

(El Amargo se calla. Su mano derecha se le enfría como si agarrase un pedazo de oro.)

JINETE. ¡Qué hermoso cuchillo!

AMARGO. ¿Vale mucho?

JINETE. Pero ¿no quieres éste?

(Saca un cuchillo de oro. La punta brilla como una llama de candil.)

AMARGO. He dicho que no.

JINETE. ¡Muchacho, súbete conmigo!

AMARGO. Todavía no estoy cansado.

(El caballo se vuelve a espantar.)

JINETE. (Tirando de las bridas.) Pero ¡qué caballo este!

AMARGO. Es lo oscuro.

(Pausa.)

JINETE. Como te iba diciendo, en Málaga están mis tres hermanos. ¡Qué manera de vender cuchillos! En la catedral compraron dos mil para adornar todos los altares y poner una corona a la torre. Muchos barcos escribieron en ellos sus nombres; los pescadores más humildes de la orilla del mar se alumbran de noche con el brillo que despiden sus hojas afiladas.

AMARGO. ¡Es una hermosura!

JINETE. ¿Quién lo puede negar?

(La noche se espesa como un vino de cien años. La serpiente gorda del Sur abre sus ojos en la madrugada, y hay en los durmientes un deseo infinito de arrojarse por el balcón a la magia perversa del perfume y la lejanía.)

AMARGO. Me parece que hemos perdido el camino.

JINETE. (Parando el caballo.) ¿Sí?

AMARGO. Con la conversación.

JINETE. ¿No son aquellas las luces de Granada?

AMARGO. No sé.

JINETE. El mundo es muy grande.

AMARGO. Como que está deshabitado.

JINETE. Tú lo estás diciendo.

AMARGO. ¡Me da una desesperanza! ¡Ay yayayay!

JINETE. Porque llegas allí. ¿Qué haces?

AMARGO. ¿Qué hago?

JINETE. Y si te estás en tu sitio, ¿para qué quieres estar?

AMARGO. ¿Para qué?

JINETE. Yo monto este caballo y vendo cuchillos, pero si no lo hiciera, ¿qué pasaría?

AMARGO. ¿Qué pasaría?

(Pausa.)

JINETE. Estamos llegando a Granada.

AMARGO. ¿Es posible?

JINETE. Mira cómo relumbran los miradores.

AMARGO. Si, ciertamente.

JINETE. Ahora no te negarás a montar conmigo.

AMARGO. Espera un poco.

JINETE. ¡Vamos, sube! Sube de prisa. Es necesario llegar antes de que amanezca… Y toma este cuchillo. ¡Te lo regalo!

AMARGO. ¡Ay yayayay!

(El jinete ayuda al Amargo. Los emprenden el camino de Granada. La sierra del fondo se cubre de cicutas y de ortigas)

CANCIÓN DE LA MADRE DEL AMARGO

Lo llevan puesto en mi sábana
mis adelfas y mi palma.

Día veintisiete de agosto
con un cuchillito de oro.

La cruz. ¡Y vamos andando!
Era moreno y amargo.

Vecinas, dadme una jarra
de azófar con limonada.

La cruz. No llorad ninguna.
El Amargo está en la luna.

Después en el Romancero, y últimamente en el final de mi tragedia Bodas de sangre, se llora también, no sé por qué, a esta figura enigmática.

[…]

Pero ¿qué ruido de cascos y de correas se escucha por Jaén y por la sierra de Almería? Es que viene la Guardia Civil. Este es el tema fuerte del libro y el más difícil por increíblemente antipoético. Sin embargo, no lo es.

«Romance Guardia Civil»

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas se conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

*

Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche,
noche, que noche nochera.

*

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.

*

Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuelas.

*

La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entraron a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de moneda.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.

En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la guardia civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas;
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

¡Oh ciudad de los gitanos!
La guardia civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.

NOTAS:

1: Francisco Márquez Solano: Córdoba insólita. Córdoba, Editorial El Páramo, 2010 (2ª ed.), págs. 251-2.

Publicado en AUTORES LITERARIOS, LITERATURA, LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX | 2 comentarios