LA FAMILIA DEFINE LA PERSONALIDAD DEL NIÑO (POR JOSÉ MARÍA LAHOZ GARCÍA)

Mi enhorabuena a don José María Lahoz por este artículo que transcribo desde Solohijos.com (http://www.solohijos.com/html/articulo.php?idart=3). Personalmente creo que la auténtica revolución educativa está por llegar y vendrá de la mano de las familias. Lo importante sería una «política de educación preventiva» para que este tipo de mensajes llegara a toda la población y se fuera generando una actitud proclive al cambio en la sociedad. Está claro que la familia y la infancia son claves en el desarrollo del individuo. La convivencia familiar es la auténtica escuela que perfila la personalidad del adulto. Felicidades por su artículo.

SOLO PODEMOS EDUCAR DESDE LA CONVIVENCIA

SOLO PODEMOS EDUCAR DESDE LA CONVIVENCIA

«El ambiente familiar influye de manera decisiva en nuestra personalidad. Las relaciones entre los miembros de la casa determinan valores, afectos, actitudes y modos de ser que el niño va asimilando desde que nace. Por eso, la vida en familia es un eficaz medio educativo al que debemos dedicar tiempo y esfuerzo. La escuela complementará la tarea, pero en ningún caso sustituirá a los padres.

El ambiente familiar es el conjunto de relaciones que se establecen entre los miembros de la familia que comparten el mismo espacio. Cada familia vive y participa en estas relaciones de una manera particular, de ahí que cada una desarrolle unas peculiaridades propias que le diferencian de otras familias. Pero el ambiente familiar, sea como sea la familia, tiene unas funciones educativas y afectivas muy importantes, ya que partimos de la base de que los padres tienen una gran influencia en el comportamiento de sus hijos y que este comportamiento es aprendido en el seno de la familia. Lo que difiere a unas familias de otras es que unas tienen un ambiente familiar positivo y constructivo que propicia el desarrollo adecuado y feliz del niño, y en cambio otras familias, no viven correctamente las relaciones interpersonales de manera amorosa, lo que provoca que el niño no adquiera de sus padres el mejor modelo de conducta o que tenga carencias afectivas importantes.

 

El ambiente familiar no es fruto de la casualidad ni de la suerte. Es consecuencia de las aportaciones de todos los que forman la familia y especialmente de los padres. Los que integran la familia crean el ambiente y pueden modificarlo y de la misma manera, el ambiente familiar debe tener la capacidad de modificar las conductas erróneas de nuestros hijos y de potenciar al máximo aquellas que se consideran correctas.

Para que el ambiente familiar pueda influir correctamente a los niños que viven en su seno, es fundamental que los siguientes elementos tengan una presencia importante y que puedan disfrutar del suficiente espacio:

  1. AMOR
  2. AUTORIDAD PARTICIPATIVA
  3. INTENCIÓN DE SERVICIO
  4. TRATO POSITIVO
  5. TIEMPO DE CONVIVENCIA

1. Amor

Que los padres queremos a nuestros hijos es un hecho evidente. Pero que lo manifestemos con suficiente claridad ya no resulta tan evidente. Lo importante es que el niño se sienta amado. Para ello, además de decírselo con palabras, tenemos que demostrar que nos gusta como es, que queremos su felicidad, que sienta la seguridad que le damos, el apoyo y el reconocimiento y ayudarle en todo lo que necesite. Y esto se consigue mediante los pequeños detalles de cada día: mostrando interés por sus cosas, preguntando, felicitando, sabiendo lo que le gusta e interesa, y mostrándonos comprensivos y pacientes.

2. Autoridad participativa

Tiene que ver con la manera de ejercer la autoridad. Considero indiscutible que los padres deben saber cómo ejercer la autoridad. La autoridad es un derecho y una obligación que parte de nuestra responsabilidad como padres en la educación de nuestros hijos. Pero la autoridad sólo tendrá una función educativa correcta si se ejerce de manera persuasiva cuando los hijos son pequeños, y de manera participativa cuando ya sean mayores. Difícilmente serán educativos aquellos mandatos que no vayan precedidos de razones o que no hayan tenido en cuenta las opiniones y las circunstancias de los hijos.

3. Intención de servicio

La intención del servicio que brindamos los padres a los hijos tiene que ver con la intencionalidad o la finalidad de nuestra autoridad y de nuestras relaciones en general. Los padres debemos buscar la felicidad de nuestros hijos y ayudarles para que su vida sea más agradable y más plena. Nunca debemos utilizar nuestra autoridad para aprovecharnos de nuestros hijos ni vivirla como un privilegio o una ventaja que tenemos sobre ellos.

4. Trato positivo

El trato que brindamos a nuestros hijos y a nuestra pareja debe ser de calidad y positivo, es decir, agradable en las formas y constructivo en el contenido. Es frecuente que nuestros hijos escuchen de nuestros labios más críticas que halagos. No debería ser así. Debemos comentar todo lo bueno que tienen las personas que conviven con nosotros y todo lo positivo de sus acciones. También podemos y debemos comentar las cosas negativas, pero no debemos permitir que nuestro afán perfeccionista nos haga ver sólo los defectos que hay que mejorar. Pensemos que con ello podríamos lesionar gravemente uno de sus mejores recursos: su autoestima.

5. Tiempo de convivencia

La quinta condición para un buen ambiente familiar es que tengamos suficiente tiempo para compartir con los hijos y con la pareja. Seguramente es una condición que muchas veces no depende de nosotros y que a veces resulta difícil de conseguir. Pero es necesario que exista tiempo libre para disfrutar en familia y que permita conocernos los unos a los otros, explicarnos lo que hacemos, lo que nos gusta y lo que nos preocupa, y que podamos ayudarnos y pasarlo bien juntos. Muchas veces no es necesario disponer de mucho tiempo, sino que el tiempo que tengamos sepamos utilizarlo correctamente. Algunos padres disponen de mucho tiempo para pasar con los hijos pero están con ellos mientras está la tele encendida, hacen la cena, hablan por teléfono y otras mil cosas a la vez, sin prestar demasiada atención a «estar» realmente con su hijo. Quizás es mejor para el niño que sólo dispongas de un par de horas pero que estés con él dibujando, yendo en bicicleta o explicándole un cuento. Ese es un tiempo de convivencia de calidad, porque tu atención está centrada en tu hijo y eso él lo nota y lo agradece.

Cuanto mejor se cumplan estos 5 requisitos y más atención pongamos en ellos, mejor será la educación que recibirá vuestro hijo de su entorno familiar, y gracias a ella él conseguirá:

  • Recibir la información adecuada sobre aquellas actitudes y valores sociales y personales que se consideran correctos, gracias al buen ejemplo de sus padres.

 

  • Recibir información sobre sí mismos, sobre cómo son, a través de nuestras opiniones, reacciones y juicios de valor y de la calidad del trato que les otorgamos.

 

  • Desarrollar la confianza en sí mismo y la autoestima gracias a las manifestaciones de amor y de reconocimiento que colman sus necesidades afectivas básicas: necesidad de afecto, necesidad de aceptación y necesidad de seguridad.

Me gustaría acabar este artículo con una anécdota que se quedó conmigo como una imagen entre mis ideas revueltas y que hace referencia a la importancia de poder y saber dedicar tiempo a las cosas que son realmente importantes. En cierta ocasión, un viajero que esperaba el tren, se acercó al jefe de la estación que, habiendo acabado su turno, seguía en la estación cuidando unas flores que adornaban un parterre de la estación.

¿Cuántas horas trabaja cada día? – Le preguntó con una sonrisa amable.

Ocho horas justas – le respondió dejando la regadera y mirando complacido las flores.

¿Nunca más o menos?

Nunca menos porque, si no, no podría comprar mis flores y nunca más porque, si no, no podría disfrutarlas.»


José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

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CÓMO EDUCAR HIJOS LECTORES

En Inteligencia natural trato el tema de la importancia de la lectura para el desarrollo neurolingüístico en los niños, y allí recomiendo el inicio de la actividad desde el acompañamiento y la lectura en voz alta en clave de ilusión, pasión y alegría. La asociación de emociones plácidas y positivas a la actividad es una de las claves básicas para la consolidación de hábitos. Este es un buen artículo con recomendaciones muy útiles, pero el método se inicia ya a edades muy tempranas. Enhorabuena.

Errores de padres en su afán por que sus hijos lean

¿Por qué a muchos niños no les gusta leer? Quizá toda la culpa no la tengan la televisión y las consolas

Día 30/05/2012 – 16.14h
Errores de padres en su afán por que sus hijos lean

«Haced lo que queráis, porque de todas maneras lo haréis mal», decía Sigmund Freud a las madres. Quizá fuera demasiado extremo, pero lo cierto es que con toda la buena voluntad del mundo, a veces los padres se equivocan. Todos querrían ver a sus hijos devorando libros y disfrutando al leer mientras aprenden sobre mil y un asuntos, pero en su empeño por fomentar la lectura, el tiro les sale por la culata. ¿Qué falla?

No «hay que leer». Ya lo decía el escritor francés y profesor de literatura Daniel Pennac en el ensayo «Como una novela» con el que lleva abriendo la mente a muchos padres y educadores desde hace 20 años: el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Leer es un derecho, no un deber. Es inútil obligar a leer y además resulta contraproducente porque no se transmite una afición por la fuerza.

No se contagia un «virus» que no se tiene. Si los padres no leen o sus hijos no les ven leer, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros. La falta de tiempo no es excusa porque cuando algo realmente se quiere, se busca el tiempo, insiste Pennac.

La lectura, no siempre en soledad. Leer a un niño «es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz sobre todo con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta un gran esfuerzo», señala el maestro, licenciado en Historia y logopeda Pablo Pascual Sorribas. Al escuchar a sus padres, comprenden mejor el mensaje y disfrutan con la historia.

¿…y por qué en silencio? «¡Extraña desaparición la de la lectura en voz alta. ¿Qué habría pensado de esto Dostoievski? ¿Y Flaubert? ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la boca antes de clavárnoslas en la cabeza? ¿Ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? ¡Y qué más! ¿Acaso Flaubert no se gritó su Bovary hasta reventarse los tímpanos? ¿Acaso no es el más indicado para saber que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras de donde sacan todo su sentido?», escribía Pennac.

No al constante «¿qué has leído?». Examinar a los niños de cada capítulo o cada libro convierte un placer en un examen, con la ansiedad que de ello se deriva. Conversar sobre un libro que se ha leído fomenta la lectura, siempre que el niño no se siente como en un banquillo. Es el «derecho a callarse» de todo lector, porque ¿a quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?

No a los clásicos por obligación. La escritora Ángeles Caso describía en el artículo «Lectores del siglo XXI» cómo se enamoró de la literatura: «No recuerdo que me padre me negase nunca un libro. Ni por bueno ni por malo, ni por demasiado sencillo ni por demasiado complicado, ni por moral ni por inmoral. En mi casa leíamos con la misma fruición los «Cuentos del conde Lucanor» y las historietas de Tintín, el «Poema del Cid» y las trastadas de Guillermo Brown…». Y añadía: «Si alguna vez le devolví un libro sin terminarlo, lo recogió con la misma sonrisa con que me lo había entregado, sin hacerme sentir culpable o tonta por mi desinterés». Los padres pueden alentar y estimular, pero los lectores tienen derecho a elegir.

No al «hasta que no lo acabes, no hay televisión». La televisión se convierte así en un premio y la lectura en un trabajo, en el peaje necesario hasta la tele, una contradicción. Y puede ser la tele, o la consola…

Miguel de Cervantes decía: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». No pongamos zancadillas.

Los diez derechos del lector

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MIEDO AL RIDÍCULO: POR QUÉ SE PRODUCE Y CÓMO ACTUAR PARA VENCERLO (PILAR JERICÓ, EL PAÍS)

Adiós al miedo al ridículo

Por: Pilar Jericó | 07 de junio de 2013

Presionsocial

¿Nos cuesta hablar en público, expresarnos en otros idiomas o mostrarnos en grupo tal cual somos? Se llama  miedo al ridículo, una derivada del miedo al rechazo… algo muy, pero que muy latino.

Lo sabemos: Todos necesitamos sentirnos parte de un grupo, ya sea de amigos, compañeros de trabajo, equipo de fútbol o marca de cerveza. Compaginamos la pasión de sentirnos diferentes con la necesidad de identificarnos con un grupo o una tribu. Y este miedo tiene una finalidad biológica. La cría del ser humano es la más desvalida de todo el reino animal. Mientras que un potrillo necesita sólo unas horas para andar, nosotros requerimos meses de constante apoyo y paciencia de nuestros pobres padres. No estamos preparados para valernos solos. El hueco que ha dejado en nosotros la genética lo rellena la cultura. Como dice el sociólogo Cristóbal Torres, “un lobo educado entre personas sigue siendo un lobo. Un niño educado entre lobos se comporta como un lobo”. Y la cultura se adquiere por la interacción con los otros. El miedo al rechazo, por tanto, tiene una base sana, que se proyecta directamente en las empresas o en los estadios de fútbol. Como dijo Erich Fromm, filósofo alemán (1900-1980): “La religión o el nacionalismo, así como cualquier otra costumbre o creencia, por más que sean absurdas o degradantes, siempre que logren unir al individuo con los demás constituyen refugios contra lo que el hombre teme con mayor intensidad: El aislamiento”.

Siguiendo la lógica de Fromm, las pandillas y las empresas también actúan como refugios para luchar contra el aislamiento. Trabajar en una gran corporación alivia muchas soledades y, lo que es más triste, da sentido a la vida de muchas personas. Seguro que conoce más de un ejemplo. ¿Y quiénes son más esclavos del miedo al rechazo? Aquellos que más necesitan pertenecer a un grupo. Es decir, los que tienen una motivación más afiliativa.

Y ahora vamos con un dato importante para el mundo latino: Nuestra cultura latina nos conduce a buscar la armonía entre las personas a diferencia del mundo anglosajón más centrado en el logro. Es decir, uno de nuestros mayores miedos culturales es el rechazo social. Y se observa en el pánico escénico que algunos tienen a hablar en público. Nicholas Negroponte dio una conferencia en una Escuela de Negocios de Madrid y al abrirse el turno de preguntas se hizo un silencio sepulcral. Nadie preguntó. Si hubiera habido algún valiente, el resto de los asistentes posiblemente le hubiera seguido. Negroponte tuvo que irse con esa decepcionante sensación que queda en estos casos: O lo han entendido todo perfectamente… o no han entendido nada.

La sensación de ridículo, tan acusada en las culturas latinas, se debe también a este miedo. Incluso la vergüenza ajena, una emoción derivada de la anterior, ni tan siquiera tiene traducción al inglés. De no ser así, estadounidenses y japoneses parecerían extraterrestres, ya que, a diferencia de nosotros, no muestran ningún reparo en participar en juegos callejeros delante de extraños como hacen los primeros en Halloween o cantar en un karaoke con escasas dotes artísticas y sin una gota de alcohol en la sangre como gustan hacer en Japón. Algo impensable para una gran parte de los latinos siempre bajo el paraguas de nuestra querida “falsa modestia” y tan preocupados por el “qué dirán».

Y ya no hablemos de los jóvenes. Este miedo les paraliza completamente. La mayor parte de los estudiantes de primer año de las universidades públicas con más de sesenta alumnos por aula, a la hora de hacer preguntas al profesor no son especialmente activos (al menos, no lo éramos hace unos años). Y no es porque no tengan preguntas que hacer, sino por la presión del grupo. Destacar está mal visto y quienes lo hacen pueden ser objeto de las críticas del resto de sus compañeros. Este comportamiento está en las antípodas de lo que ocurre en otras culturas, como la de Estados Unidos. Allí el profesor se presenta el primer día de clase y tras una breve presentación de la asignatura, lanza un cortés: “¿Alguna pregunta?”, encontrándose con un 70% de manos levantadas para preguntar todo tipo de cuestiones (eso sí, algunas pueden ser de lo más peregrinas), pero sin ningún miedo por lo que el resto pudiera pensar. De ahí que nos cueste hablar en público, expresarnos en otros idiomas y queramos que nos trague la tierra cuando nos destacan en un grupo (por supuesto, hay excepciones).

Hemos visto que el miedo al ridículo es cultural en el mundo latino y por tanto, complejo de abordar. Sin embargo, veamos algunas ideas para reducir su impacto.

Recetas:

  1. El miedo es una creencia. Cuanto más pienses en ello, más importancia le otorgas. Si pones excesivo énfasis en lo que los otros están pensando de ti, pierdes la libertad para ser tú mismo. Por tanto, comienza a pensar en lo que realmente quieres hacer más allá de buscar la aprobación del resto.
  2. Atrévete con pequeñas cosas. Si estás en una reunión y nunca hubieras preguntado algo, lánzate. Ya verás cómo en la mayor parte de los casos te sorprendes positivamente.
  3. Y comienza en entornos fáciles. Quizá con amigos, con esa persona con la que te puede costar pero que no te impone tanto… Pero empieza.

Fórmula:

El miedo al ridículo es una consecuencia del miedo al rechazo por el que pagamos un precio excesivo para poder ser nosotros mismos.

Basado en el libro NoMiedo

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INTELIGENCIA NATURAL, FIRMA DE LIBROS EN LA FERIA DE MADRID 2013

Feria Madrid 2013 5

¿Qué os puedo contar? Fue una toda una experiencia en clave positiva en todos los sentidos. En la Feria del Libro de Madrid los nombres cobran sentido: es un feria, el libro es el protagonista y el personal lo vive y lo disfruta.

Llegué despistado como buen provinciano. La Feria está en el Parque del Retiro, íbamos con la hora pegada porque el hotel reservado quedaba excesivamente lejos. Cuando ya llegué al Retiro me encontré que las distancias no eran las de mi Córdoba. Desde la entrada de Atocha hasta la caseta donde debía firmar a las 18:00 había ¡1 kilómetro! Así que no pude disfrutar de ese ir paseando entre carátulas y gente que sin prisa iba parándose donde le apetecía buenamente.

Aparte de este primer desencuentro con las prisas y las distancias, solo tengo una palabra para Madrid y los madrileños: ¡Gracias! Gracias por vuestra curiosidad, vuestro desparpajo, por las ganas de estar en la calle, por hacerme sentir como en casa desde el primer momento.

Solo tengo una palabra: ¡Gracias!

Solo tengo una palabra: ¡Gracias!

Sería muy arduo tratar de contar lo que siente un escritor sentado detrás de un mostrador en una Feria del Libro, lo que sí os digo es que no sé cómo a nadie se le ha ocurrido todavía un guion cinematográfico con este trasfondo, porque las anécdotas son como para escribir un libro. Pero hay una que sobresale, de esas que te dicen que nunca sabes con quién puedes encontrarte ni lo que puede ocurrir en una ocasión como esta. Esa es la maravilla del directo en vivo con los lectores:

Mi mujer me acompañaba en el viaje -la inteligencia natural nos invita a combinar el trabajo y el placer, a convertir una buena causa en una magnífica excusa-. En un momento determinado se me acercó al quiosco con tres señoras: «José Carlos, estas señoras te quieren conocer». Saludé con mi mejor sonrisa manchada de perplejidad, porque no podía imaginar que fuera conocido en Madrid a pesar de mis cinco publicaciones. En realidad no me equivocaba. La señora apurada me contó la historia de su interés: «Pues verá… Resulta que me he detenido ahí enfrente y, mirando el cartel y leyendo su nombre, se me ha ocurrido decir: `José Carlos Aranda: a ese lo conocerán en su casa´ Y entonces su señora va y me dice: `Pues sí señora que lo conocen, yo soy su mujer y si quiere se lo presento´. Y aquí estoy». A todo esto, una de las amigas que la acompañaba, apostillaba entre risas: «Mujer, con lo grande que esto, dónde te has ido a parar para soltar la gracia». ¿Qué os puedo decir después de semejante anécdota? Que acabamos entre risas como buenos amigos y, por supuesto, se llevaron su ejemplar dedicado.

Allí conocía a Felipe Díaz Pardo, autor de Claves para educar en tiempos de crisis (Toromítico, 2013)

Allí conocía a Felipe Díaz Pardo, autor de Claves para educar en tiempos de crisis (Toromítico, 2013)

Entre las personas que me encantó conocer, está Felipe Díaz, también autor de Toromítico, colección en la que me he estrenado con Inteligencia natural, al que sigo desde hace años, filólogo con mucho que decir en esto de la educación. Felipe es una persona cercana y tranquila, estoy seguro de que habrá un antes y un después porque, como diría Miguel Hernández, «tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero». Él acaba de publicar Claves para educar en tiempos de crisis, le deseo toda la suerte del mundo.

Otra persona que me llegó, cercana, inquieta, inquisitiva y magnífica, fue la periodista Alejandra Rodríguez, especialista en medicina y salud, con una larga trayectoria profesional. Presentada por un gran amigo, Luis de Vicente, tuvimos ocasión de charlar más despacio una vez finalizado el tiempo de firmas… También tendremos que hablar y concretar mucho sobre educación y felicidad, salud y educación. Había tantos temas cruzados que me supo realmente a poco:

Con Alejandra Rodríguez y Luis de Vicente, ¡qué buen rato!

Con Alejandra Rodríguez y Luis de Vicente, ¡qué buen rato!

Espero verlos pronto por Córdoba cuando sus respectivas ocupaciones se lo permitan. Tienen una invitación «formal» por nuestra parte. Una buena excusa, además, para compartir con Luis de Vicente una de sus grandes aficiones: la fotografía. Córdoba es una ciudad espectacular para fotografías nocturnas de larga exposición.

Podría seguir hasta el agotamiento, algunos de los contactos, por las circunstancias, no me los pude anotar, pero quedaron en comunicarse conmigo, y espero que lo hagan y podamos así mantener un contacto vivo. Comprometí una entrevista a una periodista «comprometida» con la Cruz Roja a la que desde aquí le digo que mantengo mi promesa y espero su llamada.

Solo un apunte más para terminar: recuerdan aquel dicho que rezaba «De Madrid al Cielo», pues va a resultar que era verdad. Y eso porque la Feria solo es una pequeña parte de lo bien que nos los pasamos, pero eso ya son otras historias que transcurren por la Alcarria y merecen su propia entrada.

Gracias a todos y no dudéis de que volveré a la mínima oportunidad. No os merecéis menos. Un fuerte abrazo

José Carlos Aranda

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¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos? por Ángela Bernardo

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos?

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10 de junio de 2013, 16:00

Conocer cómo funciona la atención selectiva es todavía un reto importante para la neurociencia. Y es que para nuestro cerebro, diferenciar entre los estímulos importantes y el ruido, es un desafío que debe afrontar diariamente.

Hace un tiempo Eduardo Arcos nos hablaba en esta entrada sobre siete trucos que podían ayudarnos a mantener la concentración. Seguro que en nuestro día nos encontramos con más de un problema para lograr focalizar nuestra atención en un objetivo en particular, por lo que es difícil que alcancemos un rendimiento óptimo.

A más de un lector le sonará común esto, y es que las distracciones están en todas partes: teléfono, correo electrónico, servicios de mensajería, ruido en la calle. Circunstancias, al fin y al cabo, que disminuyen nuestra eficacia en nuestro día a día, y contra las que debemos luchar si queremos no distraernos.

En el estudio del cerebro, se define la atención selectiva como el proceso cognitivo de tipo discriminatorio, que utiliza principalmente la selectividad, ya que nos ayuda a tomar conciencia de un único aspecto en el escenario complejo de la realidad.

Y cuando hablamos de atención visual selectiva, resulta inevitable preguntarnos qué pasa en nuestro cerebro cuando nos concentramos. ¿Qué trucos empleamos para focalizar nuestros esfuerzos en realizar una única tarea? ¿Qué hace que podamos evitar todos los estímulos distractores que nos rodean?

El cerebro no funciona de la misma manera siempre. En neurociencias, se considera que existe un cierto sesgo de nuestra mente para no responder de igual forma ante determinados estímulos. La distinta atención que prestemos no dependerá solo de las características propias de los estímulos, sino también del espectador, ya que habrá variaciones según sus expectativas o su estado emocional, por ejemplo.

De hecho, resulta fascinante comprender qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos en determinadas situaciones muy específicas, como por ejemplo ante señales de alarma. Algunas investigaciones hablan de que la rápida detección y la priorización de recursos cognitivos son factores clave para dar una respuesta adecuada en situaciones de riesgo.

De forma adaptativa, los trucos empleados por nuestro cerebro cuando nos concentramos también son interesantes, ya que ante información positiva, es importante que recojamos todos los datos posibles. Esto nos permitirá tomar de nuestro entorno elementos variados, lo que redundará en en estados emocionales positivos, mayores recursos y posibilidades de respuesta en el futuro, etc.

En lo que se refiere a focalizar toda nuestra atención en un único objetivo, los científicos han descrito tres etapas importantes: la orientación de la atención, el desplazamiento del foco donde nos queremos concentrar, y por último, la actividad modular de nuestro cerebro para conseguirlo.

Y tras estas características, resulta lógico pensar que de lo que vemos con nuestras retinas a lo que percibimos en nuestra cabeza, hay una gran diferencia. Esto es debido a que nuestro cerebro cuando nos concentramos, utiliza distintos filtros selectivos, que pueden presentar mayor o menor rigidez. El agrupamiento y la segregación perspectiva son criterios fundamentales para que podamos atender a un único estímulo.

Si observamos la siguiente imagen, que utiliza Pedro Raúl Montoro en su tesis doctoral, veremos cómo nuestro cerebro agrupa ambas imágenes por sus columnas y no por sus filas, a pesar de la diferente orientación de las mallas. Las investigaciones que ha habido sobre este tema sugieren que la agrupación de varios estímulos puede irse actualizando. En otras palabras, nuestra atención no funciona de manera única tras percibir visualmente un estímulo, sino que existe una especie de retroalimentación que facilita que nuestro cerebro permanezca siempre alerta.

Atención

Otras de las investigaciones interesantes que ha habido sobre el tema es la relación entre la actividad de nuestro cerebro cuando nos concentramos y la existencia de alteraciones como el famoso trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH. Los científicos apuntan a que las facultades intelectuales que parecen funcionar cuando nos concentramos, y que estarían dañadas en este síndrome, serían las siguientes:

  1. El autocontrol, tanto de nuestras emociones, como de la motivación y el nivel de alerta. Y es que como podemos imaginar, nuestras reacciones emocionales también suponen una fuente de distracción importante cuando nos concentramos.

  2. La conocida como memoria de trabajo es también fundamental, ya que nos permite actuar con un ‘comportamiento objetivo’, esto es, nos prepara para una situación de introspección, donde mejoraremos el procesamiento de pensamientos e ideas y la realización de tareas complejas.

  3. También en la mejora de la atención es importante la internalización del lenguaje. Desde que tenemos aproximadamente seis años de edad, utilizamos un lenguaje de manera interna y consciente, que nos ayuda a jerarquizar ideas y ordenar pensamientos, para aprender y atender los diferentes estímulos que ocurren en el mundo que nos rodea.

  4. La reconstitución, que se parece en cierta manera al ‘proceso de retroalimentación’ del que hablábamos antes. Y consiste en dos pasos sencillos: analizar lo que sucede y a partir de ahí, deducir nuevos comportamientos que no hubiéramos aprendido antes por medio de la experiencia previa.

Aunque aún quedan muchos interrogantes sobre lo que sucede en nuestro cerebro cuando nos concentramos, hoy sabemos que nuestro comportamiento va dirigido a suprimir estímulos que no nos sirvan para nada. En otras palabras, son las regiones parietales y prefrontales de nuestro cerebro las encargadas de identificar, en caso de conflicto entre varios estímulos, la respuesta adecuada para dirigir toda nuestra atención en el objetivo.

La resolución de este conflicto precisamente nos previene de situaciones de distracción muy habituales, y parece ser que es el procesamiento de la información visual el responsable de discernir los diferentes estímulos. Aunque existe una gran variedad de estudios que tratan de identificar mediante resonancia magnética las zonas del cerebro implicadas, un trabajo publicado en Neuro Image apunta a la corteza visual primaria como la región más activa en este procesamiento.

No en vano esta zona de nuestro cerebro está altamente especializada en el procesamiento de información y es la encargada de realizar el reconocimiento de patrones. Dos tareas sin duda imprescindibles en la selección de ‘nuestros’ objetivos, y en el descarte de posibles estímulos que nos distraigan.

Aunque aún queda mucho tiempo para que podamos comprender del todo cómo funciona nuestra atención, lo cierto es que la complejidad de los procesos cerebrales resulta, sin lugar a dudas, fascinante.»

Tomado de http://alt1040.com/2013/06/que-ocurre-cerebro-cuando-nos-concentramos

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ADICCIÓN A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS: UNA AMENAZA EMERGENTE.

Está claro que las nuevas tecnologías nos facilitan la vida: nunca como ahora hemos tenido tan fácil la comunicación ni el acceso a la información. Se abre ante nosotros, además, una nueva era donde estas herramientas serán determinantes y necesarias. Es una revolución que no tiene marcha atrás.

CADA VEZ ANTES

CADA VEZ ANTES

Sin embargo, esta visión positiva de las nuevas tecnologías tiene su lado oscuro: la dependencia. Mi hija, con veintiséis años, me comentaba alarmada que había acompañado a una grupo de cuatro adolescentes en un trayecto de autobús ycómo en ningún momento llegó a levantar ninguna de ellas la vista de la pantalla del teléfono móvil. Ella, con veintiséis años ya no lo entendía: «Nosotras, cuando salíamos, no parábamos de charlar aunque nos hubiéramos visto esa misma mañana en el Colegio. No puedo entender que queden para salir y no se dirijan la palabra».

Justamente a esto me refiero. Trabajo en un Instituto donde están prohibidos los móviles y sucedáneos; no porque sean malos, sino porque no proceden en centro educativo donde se va a dar clase. Sin embargo es una norma contracorriente: todos los niños acuden con su teléfono móvil y, cada vez más, aprovechan cualquier momento para «engancharse» con el aparatito. Colocan las carteras encima del pupitre y camuflan el juego o la conversación «on line».  Cuando esto sucede, el aparato se les recoge, se deposita en Jefatura de Estudios y es devuelto a sus padres. El punto de adicción se demuestra, por ejemplo, cuando el incidente desemboca en un enfrentamiento violento porque se niega a entregar móvil y el alumno prefiere la sanción por falta grave al diálogo con el profesor. Los padres y los alumnos justifican el llevar el móvil en la necesidad de estar comunicados por si pasa algo, y yo pienso cómo pudimos crecer nosotros o nuestros hijos cuando sólo teníamos el teléfono del centro para avisarles o que nos avisaran en caso de que algo ocurriera. No es una causa, sino una excusa amparada en la laxitud educativa de muchas familias que no saben poner límites.

Empiecen a preocuparse cuando el niño en lugar de hacer los deberes en casa, esté jugando con el ordenador, cuando se siente a comer o cenar con la familia y lleve consigo su teléfono y siga tecleando y pendiente de la pantalla olvidando la convivencia; preocúpense cuando les escondan los móviles para llevarlos ocultos al Cole; preocúpense cuando les exijan -no pidan- un modelo superior porque ese ya está anticuado, preocúpense cuando se den cuenta de que esas pequeñas pantallas se han convertido en un refugio que los aisla del mundo real, el de los afectos y el compromiso, el de la vida misma. Preocúpense, por fin, cuando constaten que sus hijos prefieren esos aparatos a un beso, una caricia o una sana conversación con sus padres -de un buen libro ya ni hablamos-. Y es que no debemos confundir el medio, la herramienta, con el fin. La herramienta nos es útil, pero si nos quedamos ahí estaremos perdiendo la comunicación empática, la que nos socializa y nos aproxima a ese que está, vive y siente en nuestro universo inmediato; precisamente a ese al que podemos ayudar con una simple sonrisa.

A veces, tenemos la suerte de que pueda resumir en una imagen el abismo del que hablamos. Es lo que sucede con el anuncio que os presento y que espero disfrutéis tanto como yo.

¿CÓMO NOS AFECTA LA ADICCIÓN?

En este artículo publicado en ABC por M.J. Pérez-Barco tenéis algunos de los indicadores típicos que os ayudarán a detectar posible problemas. Suerte.

12 CLAVES PARA DETECTAR LA ADICCIÓN EN NUESTROS HIJOS.

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ERRORES GRAMATICALES QUE DEBEMOS EVITAR: EL CONFIDENCIAL

LAS INCORRECCIONES SON HABITUALES

7 errores gramaticales muy comunes que debemos evitar

7 errores gramaticales muy comunes que debemos  evitar

Muchas veces nos dejamos llevar por las prisas y no nos paramos a pensar en lo que decimos (o escribimos). (Corbis)

Martes, 4 de junio de 2013

Aunque en ocasiones no lo parezca, todos hemos ido a la escuela y nuestros profesores nos han enseñado cuáles son las principales reglas gramaticales del idioma castellano. Por gramática entendemos la organización de las palabras dentro de una oración, y sus reglas y principios. Parece muy sencillo cumplirlas, pero diversos factores provocan que en muchas ocasiones hagamos caso omiso de ellas. Uno de ellos es el uso del castellano en cada zona de España, que hace que lo incorrecto esté ampliamente extendido. Es el caso, por ejemplo, del leísmo castellano. Otro factor es la urgencia de la expresión: cuando hablamos en voz alta, resulta difícil vigilar las concordancias de género y número y es habitual que incurramos en leves, aunque comprensibles, errores.

Junto a la Ortografía y el Diccionario, la Gramática es uno de los tres libros más importantes de los publicados por la Real Academia de la Lengua Española. La edición de 2009, que fue la primera editada por la academia desde 1931, fue responsabilidad del lingüista Ignacio Bosque Muñoz, catedrático de Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid, y se trata de la obra de referencia sobre este tema. Para septiembre de este año está prevista una nueva edición. Pero, ¿cuáles son los errores que se cometen más a menudo? Todos podemos encontrar la solución en nuestros libros de texto, pero seguramente estos estén cogiendo polvo en algún lugar oculto de nuestro hogar…

  • “Cuatro de cada cien lleva una mala alimentación”: errores de concordancia. Uno de los más habituales en el lenguaje hablado, ya que al pensar sobre la marcha tendemos a centrarnos más en el contenido que en la forma de lo que decimos. Debemos tener cuidado con expresiones como “la mayoría de personas”, ya que el verbo ha de concordar con el sujeto, que es “la mayoría”, y no con “las personas”, aunque la RAE ya no considere incorrecto concordar con este complemento. La utilización de pronombres puede confundirnos fácilmente (como ocurre con el caso de “les tengo envidia a estas personas”, que ha de ir en plural) o cuando un adjetivo ha de concordar con el complemento directo (“pinta azules esas palabras” en lugar de “pinta azul esa palabra”).
  • “Si querría hacerlo…”: utilización incorrecta del subjuntivo. El empleo de este modo verbal constituye una de las mayores dificultades que hemos de afrontar en nuestro habla, ya que requiere un esfuerzo mental mucho mayor por lo alambicadas que resultan las construcciones en las que aparece el subjuntivo, que por lo general suele indicar posibilidad, incertidumbre o subjetividad. En muchas ocasiones, lo que ocurre es que se utiliza el modo indicativo cuando debería emplearse el subjuntivo. Es el caso, por ejemplo, de “estaría bien que vengas” o “hubiese preferido que estás”. Suele ocurrir a menudo también en la utilización de condicionales, como es el caso de “si yo tendría más tiempo…”, incorrecto.
  • “Bajo ningún punto de vista”: utilización incorrecta de preposiciones. Cualquiera que haya estudiado con un poco de profundidad el idioma inglés sabrá que los llamados “phrasal verbs”, con sus matices obtenidos gracias a las diferentes preposiciones, resultan altamente complicados para el no angloparlante. En español no es exactamente igual de difícil, pero aun así, tenemos dificultades para diferenciar cuál es la preposición exacta que se debe emplear con cada verbo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los galicismos “a tomar”, “a decidir”, etc., que se deben expresar con una oración subordinada (por ejemplo, “es una decisión que se debe tomar” es correcto y “es una decisión a tomar”, incorrecto), o expresiones mal utilizas como “quedar de venir”, “bajo ningún punto de vista” (se debe decir “desde ningún punto de vista”), “cerca a” o “en consecuencia a” (las correctas son “cerca de”, o “como consecuencia de”).
  • “No pienses de que te vas a salir con la tuya”: dequeísmo. Una de las variantes del punto anterior, que nos lleva a utilizar expresiones como “me dijo de que tenía razón” o como “resulta de que había venido muy pronto”. Ojo, porque esta regla es un arma de doble filo. Hay que tener cuidado con no pasarse con la corrección y comenzar a utilizar de manera incorrecta expresiones como “me olvidé comprar” (que debería ser “me olvidé de comprar”) o no utilizar nunca “de que”, incluso cuando está bien (como es el caso de los verbos “acordarse”, “presumir”, “estar seguro”, etc.).
  • “Le quiero mucho”. Laísmo, leísmo y loísmo. El triángulo de las Bermudas de la meseta castellana. El menos habitual de los tres es el loísmo, que consiste en sustituir el pronombre “le” (objeto indirecto) por “lo” (objeto directo). Un ejemplo de esta mala utilización sería decir “lo voy a dar un beso”. El laísmo consiste en utilizar “la” como complemento indirecto cuando la única palabra que puede cumplir esa función es “le”. Por ejemplo, la oración “la voy a dar un beso”, que aunque se refiera al género femenino, debe emplear “le”. El más habitual en esta triada es el leísmo, la sustitución del complemento directo “lo” por el “le” que debería utilizarse únicamente para complementos indirectos. Por ejemplo: “le quiero mucho”. Aunque se considera un vulgarismo, la RAE considera aceptable el leísmo.
  • “Ayer vinistes pronto”. Añadir “s” en la segunda persona del pretérito imperfecto de singular. “Tú comistes”, “tú pensastes”, “tú vinistes”. Todas estas expresiones son absolutamente incorrectas, y no deben emplearse jamás.
  • “Hubo un incendio, muriendo tres personas”: gerundio de posterioridad. Uno de los más empleados en la prensa, ya que muchos no son conscientes de que este empleo de la expresión es incorrecto. Consiste en utilizar el gerundio para expresar una acción que ocurre detrás de otra, como es el caso de “se cayó por las escaleras rompiéndose una pierna”. Es incorrecto, ya que el gerundio sólo puede emplearse para expresar simultaneidad.
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¿DEBEN LLEVAR DEBERES LOS NIÑOS A CASA?

Hoy aparece en La Razón.es un interesante artículo que vuelve a incidir en un ya largo debate acerca de si es bueno o no que los niños lleven deberes a casa. Aporta interesante información sobre el posicionamiento de algunas Comunidades Autónomas al respecto, también de Asociaciones de Padres, y no llegamos a otra conclusión que el afirmar que aquellos niños que hacen deberes en casa obtienen mejores resultados académicos, lo cual no deja de ser lógico y natural: a más dedicación, mejores rendimientos.

Para mí es evidente que es bueno, útil y necesario que los niños lleven tareas a casa, aunque no me gusta el término «tarea» por lo que implica de «trabajo obligatorio». Y digo esto porque el niño no distingue entre lo que es un juego de lo que una «actividad» propuesta para ocupar su tiempo. El carácter lúdico de la actividad escolar lo pone la sonrisa del padre o la madre que acompaña al niño y mira complaciente cómo hace un dibujo, unas cuentas de sumar o un copiado, cómo lee un cuento o, simplemente, cómo garabatea un folio en blanco usando rotuladores de distintos colores.

No se habla en este artículo de la inteligencia emocional, del hecho de asociar las «actividades escolares» a algo que «gusta a mis papás» produciendo la carga positiva de emoción que hará al niño proclive al aprovechamiento de tiempo en clase. Las emociones del niño se mueven por la conquista del aplauso y la atención de sus progenitores. Si hacemos de la escuela y de la vida en familia dos universos completamente aislados, el niño no sentirá la retroalimentación positiva necesaria que lo acerque con entusiasmo a lo que hacemos en las aulas. Muchos padres aplauden con entusiasmo el «gol» que ha marcado su hijo en el partido, pero no se «deja» leer un cuento o se detiene a aplaudir un copiado bien hecho. El niño entiende que el fútbol es importante, pero el copiado es un «rollo» que a papá no interesa.

Tan importante o más que esta carga emocional positiva resulta el hecho de que la familia pueda observar los progresos de sus hijos y poner remedio cuando se produzca cualquier retraso o desviación en los contenidos, destrezas o «competencias» que van adquiriéndose con la edad. Para ello se requiere un contacto asiduo y sincero con sus maestros y profesores. Cuando no compartimos ese tiempo, pueden producirse carencias que vayan ahondando en deficiencias que dificulten su progreso en niveles superiores. A medida que vaya pasando de curso, el lastre arrastrado pesará y el niño puede llegar a desconectar. Solo la observación directa nos proporciona esos datos que, como padres, necesitamos también para evaluar los progresos de nuestros hijos. Eso requiere «convivir» y generar espacios compartidos donde el niño pueda mostrar -que no demostrar- lo que ha aprendido, rectificar errores y mejorar respuestas.

Otro elemento esencial del hecho de realizar deberes en casa es el generar «hábitos» en la organización del tiempo: ahora un poquito de esto y cuando terminemos un poquito de lo otro. Es apabullante el número de niños que tiene como alternativa a estas actividades escolares en casa los dibujos animados ininterrumpidos en un televisor permanentemente encendido. Somos lo que hacemos, un niño que pasa cuatro horas frente a un televisor será un buen «televidente» pero no un buen estudiante. Los alumnos con fracaso escolar con los que trabajo -trece y diecisiete años- pasan un promedio de seis horas diarias frente al televisor o el ordenador en videojuegos o redes sociales. Lamentablemente, la dificultad para conciliar la vida familiar y laboral hace que muchos de nosotros optemos por el camino más fácil, encenderles el televisor cuando llegan del colegio, o apuntarlos a toda clase de actividades para que estén ocupados hasta que regresemos del trabajo. El convivir con nuestros hijos supone, a veces, un esfuerzo ímprobo, pero no tenemos más remedio que organizarnos teniendo en cuenta que lo que ellos más necesitan somos nosotros como padres.

Y, para terminar, hay actividades que requieren de una concentración que difícilmente podemos lograr en el aula. Me refiero ahora a la memorización. Mucho se ha criticado el que los niños tengan que memorizar, ¿para qué sirve si la información ya está al alcance de una tecla? Sin embargo, es una facultad del cerebro que conviene desarrollar como cualquier otra. A quien me dice esto siempre le respondo que tiene el mismo sentido que pueda tener el animarlo a correr en un mundo donde existen motos y coches. Se trata de que el cuerpo desarrolle sus capacidades, y en el cuerpo viene incluido el cerebro. También se nos olvida que para poder hallar la solución hay que saber plantear la pregunta adecuada, y hay que tener un criterio de selección en la respuesta. Esto requiere manejar unos conceptos y haber desarrollado un sentido crítico. En la medida en que nuestro cerebro recuerda más datos tiene más capacidad de relación, lo que supone poder ofrecer una mayor perspectiva y sentido crítico. Lo siento.

De todo lo dicho, lo más importante creo que es la necesidad de conectar emocionalmente con la familia lo que se hace en el colegio, que el niño sienta que importa a sus padres y que, a través de estas actividades, puede dibujar una sonrisa en sus caras, obtener el reconocimiento. El niño integrará «profe» y «familia» como un universo único que camina en la misma dirección: su formación como persona.

Antes de dejarles con este artículo de El Mundo, una última reflexión. Las actividades a desarrollar en casa deben ser en tiempo y forma proporcionadas a la edad. Dos horas es una exageración para un niño de seis años. En este sentido, remito al capítulo IV de Inteligencia natural (Toromítico, 2013) donde trato ampliamente este tema, la organización del tiempo y las sesiones de estudio en casa.

Ahora sí, les dejo con esta reflexión de Alfonso Ussía:

domingo, 02 junio 2013.

Actualizado a las
09:20h

La Razón

Dos horas de deberes para triunfar en el cole

En Galicia está prohibido mandar deberes a los niños en Educación Infantil y en el primer ciclo de Primaria. Así ha sido durante los últimos 16 años, desde que en 1997 se aprobara una orden por parte de la Consellería de Educación y Ordenación Universitaria. Sin embargo, no todos los padres parecen compartir la medida. Prueba de ello es el CEIP Isidro Parga Pondal, en la localidad de Oleiros (La Coruña). Después de que algunos progenitores solicitaran más tareas extraescolares para sus hijos, bastó la denuncia de un padre a la Inspección de Educación de la Xunta, reclamando la aplicación de la orden, para que los deberes cesaran de inmediato. Fuentes del Gobierno gallego reconocieron a este diario que «no tendría sentido modificar esta orden en plena tramitación» de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (Lomce). En todo caso, cuando se tramite la nueva legislación, «se verá si esta norma se adecúa a la ley». ¿Y qué dicen desde el Isido Parga Pondal? «Nosotros no legislamos; sólo aplicamos la ley que está en vigor», aseguraron a LA RAZÓN desde la dirección del centro. Tal como marca la norma, sólo se «mandan» deberes a partir de segundo ciclo de Primaria: lectura y comentario de libros adecuados a la edad, búsqueda y recogida de datos o materiales para la realización de trabajos en el aula, lectura de noticias de prensa, trabajos de plástica…

Los alumnos de Primaria tienen un calendario lectivo de 25 horas semanales, mientras que los últimos datos del Instituto de Evaluación, dependiente del Ministerio de Educación, mostraban que casi la mitad de los alumnos de 6º de Primaria empleaban entre una y dos horas diarias en hacer las tareas. Sin embargo, el porcentaje de los que dedicaban dos y tres horas pasó del 18% al 26%. En otros países, los padres han sido menos comprensivos. Es el caso de Francia. En marzo del año pasado, la Federación de Consejos de Padres de Alumnos de Francia (FCPE) fue directamente a una «huelga de deberes» de 15 días para protestar contra los «trabajos forzosos» que se encargaban a los niños de Primaria, pues los consideraban una «subcontratación pedagógica». El debate vuelve a estar sobre la mesa: ¿deberes sí o deberes no?

«Estamos en contra de que se manden deberes. El calendario lectivo es más que suficiente», afirma a este diario Jesús María Sánchez, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa). De hecho, a la manera de los progenitores franceses, también plantearon la posibilidad de acudir a una huelga de tareas extraescolares. «Los niños son niños, y a esas edades tienen que tener su tiempo de ocio», añade. Y es que no es raro que esas dos horas de deberes den pie a «tensiones y perjudiquen las relaciones familiares». Así, desde Ceapa han elaborado un «calendario de competencias» con pequeñas actividades para realizar en familia a lo largo de los 365 días del año: desde preparar una comida hasta responder a una pregunta en un idioma extranjero, pasando por realizar una donación a una ONG. «Al final, los padres son los únicos responsables en el tiempo que dedican sus niños fuera de clase», dice Sánchez.

La Confederación Católica de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Concapa) mantiene la opinión contraria. «Hoy la sociedad es ultracompetitiva. Si les enseñamos cuanto antes a tener hábitos, les haremos un gran favor», dice Luis Carbonel, presidente de Concapa. La constancia y la organización del tiempo serían algunas de las ventajas. Y es que «una cosa es entender lo que se da en clase y otra retener los conocimientos: eso se adquiere estudiando». Algo que, además, «permite a los padres colaborar con los hijos, ofreciendo una buena ocasión de diálogo». Cierto es que los deberes deben estar adaptados a cada edad, pero siempre, «como todo en la vida», habrá tareas que sean gratificantes y otras duras. En todo caso, antes de reducir los deberes escolares, Concapa abogaría por rebajar la agenda de actividades extraescolares de los niños. De hecho, según Educación, el 91,7% de los alumnos de enseñanza obligatoria dedica un tiempo «extra» a actividades como la música, deporte, idiomas, etc. Así, el estudio más ambicioso en este sentido, realizado por el Ministerio de Educación de Reino Unido que analizó el progreso de más de 3.000 niños a lo largo de 15 años, mantiene que una media de dos horas de deberes al día garantiza una mejora de resultados en lengua, matemáticas y ciencias.

¿Qué opinan los profesores? «Es más fácil definir los deberes por lo que no son: no son lo que no se ha aprendido en clase, ni lo que no ha dado tiempo a hacer en el colegio, ni discutir con los padres», dice Carmen Guaita, vicepresidenta del sindicato ANPE. Sin embargo, sí que son un trabajado individual y un hábito de estudio orientado a las posteriores enseñanzas Secundaria y Superior. «No sabemos hasta qué punto se debe legislar sobre ésto. Quien debe decidirlo es el centro educativo. Pero si los padres ven que su hijo está agobiado, deben hablar con los profesores», dice Guaita. Así, si bien cada niño es un mundo, «basta con media hora diaria para crear un hábito de estudio, en un lugar habilitado para hacer deberes, que no tengan televisión ni ordenador…Un momento en el que esa media hora sea de trabajo».

Como dice José Antonio Martínez, presidente de la Asociación de Directores de Institutos de la Comunidad de Madrid, «in medio virtus»: en el medio está la virtud. «Tan exagerado me parece emplear tres horas en los deberes como no emplear nada de tiempo», asegura. Pero en ningún caso las tareas «deben ser algo que esté regulado, pues siempre habrá niños que necesiten más tiempo».

«En esas edades tan tempranas se trata de que las cosas que aprenden en clase tengan luego una aplicación, que vean su utilidad. No se trata de repetir», dice el psicólogo Francisco Rodríguez, portavoz del Instituto de Orientación Psicológica EOS. De lo contrario, «pueden acabar con una aversión por todo lo académico». Y la participación de los padres es clave: «Debe ser algo cotidiano, más lúdico… Incluso puede mejorar la relación entre padres e hijos».

(http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/2516029/dos-horas-de-deberes-para-triunfar-en-el-cole#.Uar0cGc-qE5)

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EDUCAR EN DERECHOS SIN HABLAR DE DEBERES, ¡MISIÓN IMPOSIBLE!. GRACIAS SEÑOR CALATAYUD

AFORTUNADAMENTE HAY VOCES QUE SE ALZAN CONTRA CORRIENTE PONIENDO BLANCO SOBRE NEGRO EL SENTIDO COMÚN FRENTE A LO POLÍTICAMENTE CORRECTO.

Desgraciadamente, la buena teoría debe ir acompañada de una buena praxis, eso es lo difícil. Estoy seguro de que él así lo hace, estoy seguro de que el Sr. Calatayud cuando emite una sentencia obligando a un menor a regresar al Colegio o al instituto, también establecerá un protocolo de seguimiento para su sentencia. En este, como en la mayoría de los casos, lo peor pueden ser los malos imitadores. Y me refiero a un caso que me ocurrió personalmente siendo Jefe de Estudios.

No diré ni dónde ni cuándo para evitar posibles connotaciones ni etiquetas, lo que sí les puedo garantizar es que lo que refiero a continuación es un caso real. Se trataba de un alumno de 3º de la ESO, repetidor, inadaptado, con serios problemas para respetar cualquier principio de autoridad. La acumulación de faltas graves había derivado en diferentes sanciones, incluyendo la expulsión, sin resultado. El muchacho se dedicaba a vender droga. En una persecución con la Guardia Civil, se cayó de la motocicleta y se partió la tibia. Fue arrestado y juzgado. Tenía dieciséis años. La vida en el Instituto continuaba con el trasiego normal cuando un buen día se presentó en el despacho con su muleta y su escayola: «Pues nada, que me ha condenado el juez a seguir en el Instituto». Mi respuesta, francamente fue de perplejidad. Conocía este tipo de sentencias, pero entendía que para alumnos en edad de educación obligatoria, menores de 16 años. Tampoco entendía que, conociendo el perfil del alumno, una sentencia de esas características fuera emitida sin establecer un contacto con el Centro Educativo, si no por parte del propio Juez, al menos por parte de la Fiscalía. Conociendo al sujeto opté por no darle crédito, hablé con el Director y le solicitamos el que se personara con la sentencia.

El muchacho así lo hizo. Se presentó con su sentencia en la que, efectivamente, se le condenaba a optar por un Centro de Menores o por volver al Instituto. Lo que en ningún momento establecía la sentencia era «en qué condiciones debía regresar al Instituto». Lo que me llamó la atención fue que, en ningún momento del proceso hubo una coordinación entre fiscalía, juzgados y centro educativo. El problema se aparcó sin condiciones y no tardó nada en volver a explotar. Bastó la primera hora de clase para que el muchacho sacara su móvil en clase y comenzara a trastear ostensiblemente en las teclas. Decir que él sabía que estaba prohibido en el centro y más en medio de una clase, creo que no es necesario afirmarlo. Buscaba intencionadamente el enfrentamiento. Si las reglas son las mismas para todos, no hay otra que pedirle que guarde el móvil; ante la negativa y el desafío, exigirle que nos lo dé para entregarlo a sus padres; ante la negativa, la expulsión de clase con amonestación grave. Y ante la negativa a abandonar la clase, ¿qué hacemos? Mandar al Delegado a buscar al Jefe de Estudios o, en su defecto, al Director para que inste al alumno a acompañarlo… Por fin, el alumno abandonó el aula sin abandonar su móvil con la sonrisa de la victoria en la cara: «Me voy porque quiero, no porque tú me eches». Todo un espectáculo.

Comunicamos las circunstancias a la Fiscalía de menores, la respuesta que se nos dio fue que aplicaramos el reglamento docente, es decir, que lo volviéramos a expulsar por falta muy grave. ¿Qué solucionamos en el proceso? ¿Dónde estaba la familia de ese muchacho?

Temo a los imitadores que entienden el fin pero no el modo. Si vamos a educar entre todos, mejor coordinamos esfuerzos. Lo contrario ya se sabe… «A río revuelto, ganancia de pescadores»… ¡Y cómo pescan estos!

De cualquier forma, mis felicitaciones al juez Calatayud por ponernos frente al espejo del sentido común. Aquí les dejo con este artículo de ABC.

El juez Calatayud clama contra un sistema que «confunde un cachete con maltrato»

«Si los padres no pueden interferir en la vida de sus hijos es muy difícil que puedan educarlos sobre la base de unos valores», señala el titular del Juzgado de Menores de Granada

El juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud (Ciudad Real, 1955), clamó ayer contra un sistema -judicial y educativo- que no permite a los padres «interferir» en la vida de sus hijos y que «confunde un cachete con maltrato».

«Si los padres no pueden interferir en la vida de sus hijos es muy difícil que puedan educarlos sobre la base de unos valores», advirtió.

Calatayud, popular por sus sentencias ejemplares de carácter socioeducativo, pronunció una conferencia en la sede de la Fundación Barrié, en La Coruña, que se vio desbordada por el interés que había despertado su intervención en la ciudad.

Durante su intervención, que provocó la carcajada generalizada del auditorio en varias ocasiones, se mostró muy crítico con la labor de los padres, el sistema educativo y los políticos por «permitir que haya varias generaciones que se hayan criado con derechos pero sin deberes».

«A mi modo de ver, esta forma de proceder son complejos de joven democracia y reflejan que somos un país que no tiene término medio. Pasamos de ser pobres a ser ricos y, ahora, volvemos a ser pobres», manifestó.

Calatayud señaló que lleva años reclamando un pacto por el menor porque «sería bueno que se redefiniese su figura».

Se mostró especialmente crítico con el sistema educativo y reclamó «toda» la autoridad para los profesores con el objetivo de evitar situaciones indeseables como que un «niñato» agreda a un docente. «Eso es algo que no se puede consentir», proclamó.

El juez valoró que la delincuencia de menores está bajando en España y ha achacado este descenso a tres causas principales. «La primera es que los niños están volviendo a la escuela porque no hay trabajo, la segunda que los padres están también más tiempo en casa y, la tercera, es que cada vez hay menos víctimas potenciales», señaló en alusión a la crisis.

«No soy colega de mis hijos»

Aunque reconoció que educar a los hijos es una difícil tarea y ha precisado que no le gusta dar consejos en ese sentido sí ha explicado que él no es amigo de sus hijos.

«No soy colega de mis hijos, simplemente soy su padre porque en caso contrario les estaría dejando huérfanos», explicó.

Calatayud, que a lo largo de su carrera judicial ha condenado a 200 menores a sacar el título de enseñanza obligatoria, insistió en que es «absolutamente necesario» transmitir a los menores que, además de derechos, tienen obligaciones y la primera de ellas es obedecer sus padres mientras estén bajo la potestad familiar.

Explicó que el Código Civil dice que «los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre», y agregó que han de contribuir «equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella. Luego tienen sus derechos, sí, pero también sus deberes».

«Si a los 18 años no están de acuerdo con la disciplina paterna, ya saben dónde está la puerta», apostilló.

Por último, alertó de que cada vez trata más casos de malos tratos de hijos a padres -«he visto a padres con las piernas partidas por una agresión»- y ha explicado que hay numerosos casos en familias con un poder adquisitivo medio o alto. «Nunca he condenado a un gitano por agredir a su padre», concluyó el juez. Desde que en 1988 se convirtió el titular del Juzgado de Menores Único de Granada han pasado por sus manos más de 16.000 casos, incluidos 34 asesinatos y 98 violaciones.

Familia

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¿CÓMO FUNCIONAN LAS CÉLULAS ESPEJO?

¿CÓMO FUNCIONAN LAS CÉLULAS ESPEJO?

Me gustaría que reflexionáramos sobre la imagen que estamos viendo. Dos adultos en una clara actitud de preocupación, manos enlazadas detrás de una espalda cansada, cabeza cabizbaja y andar cansino. ¿Qué hace el niño? Un niño no tiene otro referente para interpretar y sentir la realidad que ese adulto a quien quiere, por el que siente apego. Sus actitudes, sus emociones, serán su guía inconsciente. Por eso, cuidemos la imagen que ofrecemos, las palabras que decimos, las emociones que transmitimos porque, a través de ellas, ofrecemos una auténtica «guía de uno y disfrute de la vida». Recuerda que:

Si queremos personas felices hemos de aceptar el reto de educar desde la felicidad”. José Carlos Aranda

A continuación, os dejo con este artículo más extenso de Celia Rodríguez Ruiz, psicóloga y pedagoga, publicado en Educayaprende. Espero que os guste:

10 Consideraciones para educar con nuestros actos, activando las neuronas espejo de los niños y niñas.

Las neuronas espejo, descubiertas por Rizzolatti en el año 1996, son un tipo de neuronas que se activan cuando una persona ejecuta una acción pero lo que las hace especiales es que también se activan,  cuando sin ejecutarla, la persona observa la ejecución de la misma acción por otro individuo.

Estas neuronas funcionan como un espejo, reflejando la acción del otro, esto significa que al observar determinadas acciones estamos realizando en nuestra mente las mismas conexiones que si las realizáramos nosotros mismos.

Estas neuronas tienen un papel fundamental en el desarrollo de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social, como la empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro), la imitación, el aprendizaje por observación, la interacción, el desarrollo del lenguaje y la comunicación. Por ello el descubrimiento de estas neuronas es uno de los avances más importantes de las últimas décadas.

La importancia de las neuronas espejo

descarga Las Neuronas Espejo y el aprendizaje

Las neuronas espejo son las responsables de nuestra capacidad para captar de forma inmediata el significado de las acciones de los demás y comprender sus intenciones y emociones. Las neuronas espejo se activan cuando vemos a un congénere realizar una acción determinada, como si nosotros mismos estuviéramos realizando esa acción. Esto tiene importantes repercusiones en el aprendizaje. Ya que nuestras acciones van a provocar la activación de las neuronas espejo de los niños y niñas como si ellos mismos estuvieran realizando esa acción.

Algunos ejemplos del funcionamiento de estas neuronas, serían:

  • Si vemos a alguien bailar, en nuestra cabeza se activaran las neuronas motoras correspondientes a esos movimientos.
  • Si vemos un rostro con expresión de asco se activa nuestro cerebro igual que si oliéramos algo que nos provocará asco.
  • Cuando vemos a alguien llorar, experimentamos una sensación de pena similar a si nos hubiera ocurrido a nosotros algo malo.
  • Las personas alegres, suelen ser más apreciadas porque hacen que en la mente de los demás se pongan en funcionamiento esas mismas neuronas, como si a los demás también les hubiera ocurrido algo alegre.
  • Los bostezos, cuando vemos a alguien bostezar, se nos contagia el bostezo. Las muecas de los bebés que hacen imitando las nuestras.

Repercusiones de las neuronas espejo en el aprendizaje y desarrollo.

  • Las neuronas espejo son las responsables de muchos aprendizajes, ya que al observar como lo hacen otros, nuestra mente pone en funcionamiento las neuronas que nos permiten hacer.
  • Estas neuronas son las bases de la empatía y las consiguientes habilidades sociales.
  • Son la clave del aprendizaje vicario, o adquisición de nuevas conductas por observación de las conductas de otro.
  • Son claves para educar.

10 Consideraciones para educar con nuestros actos, activando las neuronas espejo de los niños y niñas.

Aunque ni nosotros mismos, ni los niños y niñas que nos observan seamos y sean conscientes de ello, nuestros actos provocan la representación mental de los mismos en la mente del pequeño. Por ello es importante prestar especial atención a nuestras conductas y actitudes con los niños y niñas.

  1. Transmite optimismo y alegría, y harás que los niños y niñas experimenten estas emociones positivas.
  2. Evita emociones negativas, ya que provocarás que las experimenten los pequeños.
  3. Cuando eduques o enseñes, deja que el niño/a te vea, te pueda observar como lo haces (ves contándole lo que haces y como lo haces) y permite que él/ella también lo haga. Si le permites observar y hacer, estarás activando dos veces sus neuronas espejo y potenciando la creación de la conexión adecuada para el aprendizaje. Es importante combinar ambos procesos, la observación y el dejar hacer, ya que la acción tiene que estar en el repertorio habitual del niño/a.
  4. Dota al niño/a de interacciones, cuantas más personas observe, más amplio será el abanico de conductas observadas y mayor el número de neuronas espejo activadas.
  5. Puedes inventar un juego de imitación, donde los niños/as tengan que imitar tus actos. En este juego procura que tus actos sean aquellos que quieres reproducir en el niño/a, como leer, recoger, etc.
  6. El proceso de imitación es por lo tanto natural y espontaneo, trata de dirigir este proceso y potenciarás los aprendizajes.
  7. Educa con el ejemplo. Sé siempre un ejemplo del tipo de conductas que pretendes inculcar en los niños y niñas.
  8. Crea un clima de cariño y llénalo de afectos, desarrollarás la capacidad afectiva de los niños y niñas. Las neuronas espejo participan en la creación de vínculos.
  9. Evítales la violencia, los insultos o las conductas perjudiciales. Ya que al observar estos actos, su cerebro los reproduce y prepara a los pequeños para actuar del mismo modo.
  10. Presta atención a tus emociones de miedo o frustración y evita transmitirlas a los niños y niñas.»

Celia Rodríguez Ruiz

INTELIGENCIA NATURAL

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