ABRAZAR, AMAMANTAR, SONREÍR, COGER EN BRAZOS SON CLAVES PARA EL DESARROLLO PSICOLÓGICO DEL BEBÉ

mama abraza

En Inteligencia natural hablamos paso a paso de la evolución y desarrollo de la psicología del niño desde el propio embarazo. Uno de los tópicos más extendidos se trata de esa frase tan oída y repetida: «No cojas al niño en brazos que lo malcrías».

Todo lo contrario. La pieza clave para una correcta evolución y desarrollo es la sensación de seguridad y confort. Cuando nos sentimos en peligro, nuestra mente activa el modo «supervivencia», se prepara para defenderse. Cuando estamos tranquilos, la curiosidad nos empuja a la experimentación y, a través de ella, obtenemos el desarrollo muscular y neurológico necesario para conquistar nuestra autonomía. Un niño que está llorando no te escucha cuando le hablas, está bloqueado emocionalmente y necesita salir de ese modo «supervivencia», necesita sentirse seguro para abrir sus ojos y su mente al entorno. Y el principal factor que puede provocar la ansiedad en un niño pequeño es el desapego, el no sentirse protegido, el no sentir ese contacto placentero con la piel, las manos y la mirada de quien lo cuida.

Necesitamos sentirnos protegidos, primero, y aceptados, queridos, después. Todo influye, pero en los seis primeros meses, cuando el bebé aún no cuenta con un sistema lingüístico que le permita la comunicación verbal, cuando todavía su mirada ha de aprender a centrarse y capturar, aislar los rostros, cuando el oído aún tiene que aprender a focalizar los sonidos… el tacto y el olfato son esenciales. El abrazo se transforma así en el vínculo afectivo más fuerte que podemos ofrecer. La ausencia de afecto, la desatención, en casos extremos, puede derivar en el llamado «síndrome hospitalario». El amor, el contacto, el abrazo, la compañía, la voz, el ambiente tranquilo… favorecen el desarrollo neurológico como ningún otro método puede.

Los brazos deberán ir cediendo poco a poco a medida que el niño vaya ganando en autonomía, es decir, pueda valerse por sí mismo: girarse, gatear, caminar… El periodo de apego fuerte va de los 6 meses al año y medio aproximadamente y solo hay una línea roja que debemos atender para procurar su correcta socialización: evitar la exclusividad. Si es bueno que el niño tenga una persona de apego estable durante este periodo, también lo es que vaya acostumbrándose a formar parte de la familia, a compartir con la familia. Se trata de ese llanto provocado cuando observa que nuestra atención se desvía hacia nuestro cónyuge o hacia un hermano. Si cedemos a esa exigencia de exclusividad sí podemos perjudicar su desarrollo social y nuestra propia convivencia familiar. Pero esto habremos de atenderlo a partir del primer año.

Para comprender mejor este desarrollo, en Inteligencia natural explicamos la evolución de esa fase de apego, cómo ayudarlo en cada momento, cómo evitar la exclusividad, cómo acoompañarlo sin ansiedades.

Os recomiendo este artículo de Cristina Silvente sobre el tema. En él encontraréis, además, bibligrafía si queréis profundizar.

http://www.mibebeyyo.com/bebes/salud-bienestar/cuidados/coger-en-brazos-bebe-5226

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PENSAMIENTO ASERTIVO, ¿CÓMO DESARROLLARLO?

tablero de ajedrez

El pensamiento asertivo consiste en ir desarrollando a lo largo de la vida la capacidad de tomar decisiones. Normalmente, las decisiones que tomamos se basan en nuestras emociones y éstas son directas e inconscientes. Algunas emociones son instintivas, otras muchas son instaladas por convenios sociales. El miedo, por ejemplo, es una emoción instintiva que nos salvaguarda y sirve de alarma para prevenir situaciones que puedan conllevar peligro físico o psíquico, es decir, que prevemos pueden comportar un riesgo del que derive sufrimiento. La traición o el honor, en cambio, son conceptos asociados a unas emociónes que desarrollamos de acuerdo a unos criterios sociales según los cuales cierta acción no nos permite sino una reacción pareja para proteger nuestra autoestima, pero ¿qué acciones?

El entrenamiento en el pensamiento asertivo se basa en hacer consciente al individuo de que no puede controlar lo que sucede, pero sí puede decidir cuál será su reacción frente a los acontecimientos. No puedo impedir que el que yo creía mi mejor amigo deje de invitarme a una fiesta, no podré dejar de sentirme mal por eso porque menoscaba mi autoestima, pero si puedo decidir si eso es o no motivo de enfado y cuál debe ser mi respuesta. Sobre eso sí que somos dueños. Cuando sabemos esto, estamos en condiciones de decidir de acuerdo con nuestras emociones o a pesar de ellas. De ello van a depender los acontecimientos que se sucedan.

Cuando no somos conscientes de esto, vivimos esclavos de nuestras emociones y la zona límbica nos programa para acciones predeterminadas en una primera fase moral, la de la ley del Talión: te hago lo que me haces, la violencia se paga con la violencia, si tú me pegas yo te pego, etc. Esto nos lleva a una espiral en la que no somos nosotros quienes controlamos nuestras circunstancias, sino que somos víctimas inconscientes de los acontecimientos.

Pero el pensamiento asertivo no se basa solo en tomar conciencia de nuestra capacidad de decidir midiendo las posibles opciones a nuestro alcance, tiene también un componente moral útil para el individuo. El pensamiento asertivo positivo es aquel que nos lleva a elegir aquella opción que nos conduce a nuestro fin, con el menor coste emocional posible -menor sufrimiento-, con la mayor justicia posible. Es decir, no renunciamos a lo que pretendemos alcanzar, sufrimos lo menos posible y somos ecuánimes.

Muchísimas veces, esta carencia nos lleva a situaciones de violencia y delincuencia. El individuo actúa de una forma programada porque entiende que es la única conducta posible. La ofensa solo se lava con la violencia, si me siento humillado solo puedo humillarte más para quedar sobre ti. Es lo que sucede con el código moral de muchos jóvenes y no tan jóvenes en zonas marginales con poco o nulo nivel de formación.

Para entrenar el pensamiento asertivo, en Inteligencia natural, trato de una técnica que demostró una enorme eficacia reduciendo la marginalidad y delincuencia en las fabelas de Brasil: enseñar a nuestros hijos a jugar al ajedrez. No tratamos ahora de que se conviertan en magníficos ajedrecistas, la clave está en el juego en sí durante la segunda infancia. Nuestro acompañamiento como padres o profesores, hará el resto en esta etapa. A esto, hemos de añadir, el ofrecer a nuestros hijos, siempre que ello sea posible, opciones entre las que elegir libremente desde muy pequeños (qué pantalón, cine o circo, parque o un cuento, dibujar o ver la tele, etc.). Cuando lo hagamos, preguntemos el porqué de su decisión y respetémosla. Dejarlos cometer errores y asumir sus consecuencias forma parte del aprendizaje en la vida. De esa forma, irán desarrollando una perspectiva de su personalidad.

Cuando llegue la pubertad, estará en condiciones de extrapolar el juego a la realidad de la vida para comprender el valor del pensamiento asertivo. La razón de esperar hasta los doce o trece años es sencilla: junto con las hormonas que impulsan la transformación física en esta etapa y despierta el instinto sexual, también se pone en marcha la dopamina, un auténtico abono para la precorteza cerebral que le va a permitir elaborar hipótesis, proyectar sus acciones y a sí mismo en el futuro, elucubrar. En Inteligencia natural las llamo «el turbo cerebral». Entonces será el momento de explicarle cómo cada ficha en el tablero tiene un valor diferente, que la pieza que más vale es el rey y todas las demás piezas juegan para protegerlo. Habrá que preguntarse, qué es para nosotros el rey en nuestras vidas, qué es aquello que más valor tiene para nosotros, lo que más nos interesa proteger. A partir de ahí, nuestras decisiones, nuestras acciones -las demás fichas del tablero- se moverán para proteger ese valor. El tablero nos ofrece otro magnífico ejemplo, es un sistema vivo como la vida. Siempre tenemos opciones para mover más de una ficha, habremos de dicidir cuál nos conviene mover para alcanzar nuestro objetivo (ganar la partida), con el mínimo coste posible (sacrificando el menor número de piezas), sin quebrantar las reglas. Como la vida misma.

El pensamiento asertivo no solo es necesario, es imprescindible para alcanzar una madurez como ser humano que nos permita en el futuro ser felices. Pero requiere tiempo y paciencia, esa paciencia del buen labrador que prepara el terreno y siembra sabiendo que el tiempo y la naturaleza harán el resto, que sabe que para cosechar hay que sembrar.

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EL JARDÍN OLVIDADO. Por Kate Morton (Madrid: Santillana Ediciones Generales S.L., 2013)

El jardín olvidado

Para muchos de nosotros, Kate Morton es una autora desconocida. No es de extrañar, el título que nos ocupa es su segunda novela publicada y, teniendo en cuenta que es australiana… Sin embargo, tomen nota del nombre porque está llamada a ser uno de los autores más vendidos en la próxima década. Las cifras marean. Ya su primera novela –La casa de Riverton– fue publicada en más de 38 países y con ésta segunda, El jardín olvidado, supera los cuatro millones de ejemplares vendidos.

Hay quien dice que los lectores necesitan material digerible y poco voluminoso. Esta obra contradice esta tesis tan repetida. La novela, en la edición de manejo de Punto de Lectura, cuenta con 537 páginas con una letra que desafía el aumento de mis gafas. Y les puedo asegurar que la arquitectura de la obra, que va tejiendo la historia de cuatro generaciones simultáneamente como si se tratara de los hilos de un tapiz, no es fácil.

Sin embargo, hay algo que engancha en su lectura. La prosa contiene unas bellisimas imágenes y unas cuidadas descripciones que no llegan a ralentizar el avance de la acción. Pero creo que su secreto está en la sensibilidad con que va construyendo sus personajes femeninos, unos personajes que se ven enfrentados a algo parecido a una maldición de soledad a lo largo de cuatro generaciones. Mujeres solas que tratan de hallar su sitio y encontrarse a sí mismas. Una novela donde los hombres brillan por su ausencia, casi. Y cuando aparecen constituyen un bálsamo o un tóxico necesario para engrasar el relato.

Como siempre, no os voy a adelantar acontecimientos, pero imaginad que viérais una niña abandonada con una maleta en un muelle. Tiene cuatro años. Sus enormes ojos te miran. No sabe cómo se llama. Estamos en los umbrales de la Primera Guerra Mundial, en Australia. ¿Cómo ha llegado hasta allí? ¿Quién es? ¿Qué haríais con ella? Sin ser una novela de aventuras, estas respuestas serán poco a poco reveladas a lo largo de la trama. Será Cassandra, su nieta, la que logre por fin descubrir los misterios que rodearon aquellos orígenes.

Es una buena novela de vacaciones, de esas de tarde por delante y viento, lluvia o sol tórrido en la calle, cualquier excusa que invite a permanecer atento al deslizarse de las páginas entre las manos y evadir nuestra mente a otras vidas que compartir.

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CÓMO LOGRAR PONER LÍMITES A TU HIJO PEQUEÑO

tijeras

 En Inteligencia natural trato de la necesidad de los límites en educación. Es algo necesario e imprescindible para un correcto desarrollo. La conducta debe orientarse y en especial a partir del primer año, cuando el niño entra en lo que yo llamo «la edad del perdigón», cuando la conquista de su autonomía y el desapego lo llevan a la exploración del mundo circundante. Estos límites o «líneas rojas» han de adecuarse al desarrollo del cerebro del niño y para esto conviene que conozcamos cómo va creciendo e incorporando emociones y experiencias porque no siempre debemos actuar y, a veces, podemos exigir a nuestro hijo comportamientos para los que aún no está preparado. De ahí el seguimiento paso a paso que realizamos en el libro por las distintas etapas. La técnica expuesta por Debora De Sá en este artículo es la adecuada: no hay que ponerse nervioso, ni gritar, porque lo único que logramos es que la mente de nuestro hijo se bloquee y pase al «modo» protección a través de llanto o la reacción. Llega un momento en que el «no» nos va a salir solo cuando lo vemos en uno de esos miles de peligros que anticipamos cuando comienzan a moverse por sí mismos. No obstante, permitidme puntualizar el «no» que sirve de titular a este artículo y que he suprimido en mi entrada.

El «no» hemos de reservarlo para casos extremos en los que tratemos de corregir conductas peligrosas para él (coger un cuchillo, introducir los dedos en un enchufe, por ejemplo), pero debemos mantenerlo en reserva y procurando seguir los consejos que aquí se exponen. Siempre que nos sea posible, sustituyamos el «no» por una oración que plantee alternativa de acción a aquello que tratamos de corregir. Por ejemplo: mejor que «No grites», «Hablamos tranquilos» y procuramos no prestarle atención mientras que siga gritando; mejor que «No saltes en el sofá», «En el sofá nos sentamos, saltamos en la calle», por ejemplo. Se trata de usar un lenguaje positivo en que le ofrecemos alternativas válidas de conducta que puede seguir como opción a la que tratamos de corregir. Acompañemos, además, la alternativa por la explicación del porqué, «te puedes cortar y hacerte daño», «los muebles se rompen, tú puedes caerte», «usamos un tono tranquilo y alegre», etc. En la formación neurolingüística, la motivación de las normas para se integren en su mente es muy importante, de lo contrario solo nuestra presencia evitará el riesgo.

Por último, añadir que tan necesario es coordinar esfuerzos y que todos los cuidadores sigan una misma técnica, como el corregir poco a poco para no saturar la conducta del niño. Con poco a poco no me refiero a hoy sí y mañana no, la constancia es fundamental, me refiero a una conducta detrás de otra  y, una vez lograda, vamos a fijarnos otro objetivo en común. Si lo hacemos desde el principio, es fácil y nos ahorrará muchos problemas. Ahí os dejo con el artículo prometido.

Cómo hacer que un niño pequeño entienda el No

Cómo hacer que un niño pequeño entienda el No

Entre el primer y el segundo año nuestro bebé ya está lo suficientemente grande para comprender el significado de la palabra no, pero la realidad es que los padres la pronuncian con mucha frecuencia y para el pequeño puede resultar difícil detectar cuando se trata de una orden seria y cuando no es más que una expresión casual. Por eso, en unComo.com te damos algunas claves para que consigas poner límites y sepas cómo hacer que un niño pequeño entienda el no

Instrucciones

A partir del año es necesario que los padres comiencen a impartir disciplina en el niño, es importante que entienda los límites, pues a partir de esta etapa se convertirá en un explorador de su entorno y debe tener claras las normas y reglas y saber hasta donde puede llegar
Cuando el niño se disponga a realizar algo que está prohibido, por ejemplo tomar algún objeto con el que no puede jugar, debes acercarte, ponerte a su nivel, mirarlo a los ojos y sin alterarte decirle firmemente «no»
Durante esta etapa es importante elaborar frases sencillas y acompañarlas con gestos, por ejemplo, «no, con eso no se juega», y con un movimiento delicado retirar el objeto de su mano
Esta premisa de contacto visual, decisión pero calma, frases sencillas y gestos debe convertirse en un patrón, pero toma en cuenta que tendrás que repetirlo mucho y en diferentes situaciones pues la misión es que el pequeño entienda los limites
Es importante que todas las personas que cuidan al niño utilicen la misma técnica para decirle que no, pues si recibe instrucciones diferentes podría confundirse y demorar más tiempo en entender que significa el no referente a la disciplina
Además todos deben estar de acuerdo en cuáles son las cosas que el niño no debe hacer para que el lineamiento sea mucho más claro para el pequeño
Todos deben estar atentos a la conducta del niño para ir corrigiendo aquello que sabemos que no debe hacer. Si un día le llamamos la atención, pero al siguiente lo ignoramos, estamos deshaciendo lo que hemos logrado, por eso una vez que una norma se establece hay que mantenerla
Es necesario ser persistente, una tarea que puede resultar agotadora, pues es ocasiones los niños tienen la costumbre de hacer una y otra vez aquello que les está prohibido, por eso recuerda no perder la paciencia y entender que esto también es parte del proceso de disciplinar al pequeño
Si deseas leer más artículos parecidos a cómo hacer que un niño pequeño entienda el No, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Consejos para padres.

Consejos

  • Debes tener mucha paciencia y calma, hay pequeños que se muestran desafiantes o rebeldes, pero aunque te cueste lo mejor es no alterarte
  • No puedes convertir el acto de impartir disciplina en un campo de batalla, recuerda que el adulto eres tú así que el auto control es importante

Sigue leyendo: http://educacion.uncomo.com/articulo/como-hacer-que-un-nino-pequeno-entienda-el-no-5314.html#ixzz2breQekrO

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EL BOLÍGRAFO DE GEL VERDE. Eloy Moreno (Barcelona: Espasa, 2012)

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Ya he comentado, en alguna que otra entrada, que a veces son los libros los que te buscan. Esta impresión vuelvo a tener con El bolígrafo de gel verde. Andaba a la caza de alguna novela para estas vacaciones y, aunque soy internauta, todavía practico el arte de la buena conversación con los libreros. Con algunos, como sucede con José Ignacio, de Librería Jara en Córdoba, incluso tengo buena amistad. Él sabe que no me gusta andar por caminos trillados, que los autores afamados me son conocidos y no llevo una línea muy comercial, sabe que me gusta explorar autores noveles donde, de vez en cuando, te encuentras con sorpresas agradables.

Fue él quien me recomendó esta novela de Eloy Moreno, me contó cómo era una novela publicada por vocación y testarudez, cómo el autor se empeñó en darla a conocer con una fe ciega en sí mismo, en su calidad, en su oportunidad; que andaba siempre con la obra bajo el brazo y fue el boca a boca e Internet los que, por fin, le abrieron la puerta de una gran editorial. Me pudo la curiosidad y la compré.

Voy a evitar reventar el argumento, simplemente os diré que trata del ser humano en la sociedad moderna y de esa desazón que va transformando poco a poco nuestros sueños en una alienación permanente. El sinsentido que puede a llegar a ser la existencia a través de un individuo urbano, casado, informático, padre de un hijo, enamorado y, sin embargo, que vive en la desazón permanente de los sueños destrozados. Una encrucijada en la que todos nos encontramos cuando el trabajo se va comiendo horas y hace que la convivencia y nuestra propia vida personal se diluya en no sabemos exactamente qué. Es ese momento en que nos preguntamos «¿Y esto es todo?», es ese el momento en el que estamos tentados de tomar decisiones sobre nuestra vida, nuestros seres queridos, nuestro futuro, el nuestro propio a pesar de nosotros mismos o de aquellos a quienes amamos. Pero, como dice el autor: «»Cuando las cosas no van como esperamos, nos empecinamos en cambiar los personajes, cuando lo único que hay que cambiar es la historia» (pág. 314).

En una época en la que triunfa la novela de evasión, la novela histórica, la ciencia-ficción o la aventura…, lo que sea para no pensar, Eloy ha apostado por la reflexión serena y el análisis del alma de sus personajes. Y, créanme, sabe hacerlo. Inevitablemente es un espejo donde reflejarse.

La técnica narrativa es el diario con frecuentes saltos atrás e instrospecciones. Tiene el arte de la figura y sus descripciones son magníficas. Para ser una opera prima augura un autor de prestigio a medio plazo.

Léanlo y saquen sus conclusiones. Enhorabuena al autor y gracias a José Ignacio.

José Carlos Aranda

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EL ADOLESCENTE CAUTIVO (Adolescentes y adultos ante el reto de crecer en la sociedad actual) por Rubén D. Gualterno y Asunción Soriano (Barcelona: Gredisa Editorial, 2013)

Mucho se habla y se hablará sobre la adolescencia. Pero me duele que normalmente se hable de esta etapa en clave de crisis negativa porque ser adolescente hoy, créanme, no es nada fácil.

El adolescente cautivo 2

Y esta idea es la que encuentro reflejada en este libro bien documentado, bien estructurado y sencillo de leer.

Que la etapa de la adolescencia es una etapa crítica está claro. Es esa etapa en la que el niño se transforma en adulto, es decir, en una persona capaz de asumir las riendas de su vida y tomar sus propias decisiones que no siempre -a Dios gracias- han de ser coincidentes con las de la familia. Y digo lo de «a Dios gracias» porque la realidad a la que ellos se enfrentan es muy diferente a aquella que nos tocó vivir a nosotros. No digo con esto que sea mejor ni peor, es sencillamente distinta y ello conlleva la necesidad de adaptación, de saber manejar las velas para aprovechar los vientos, de tomar posturas, de elaborar un proyecto de vida propio.

Este libro trata de esto, de las dificultades que nuestros jóvenes encuentran para hacer frente a su futuro y de los problemas que los padres tenemos de comprender sus dificultades. La forma de relacionarnos con ellos no siempre es la adecuada. Ellos están aprendiendo, nosotros venimos aprendidos pero en unas claves que ya no son coincidentes. De ahí la necesidad de reflexión.

Hay mucho tema de reflexión en este libro que nos ayudará. Entre otras cuestiones, aquí encontraremos la desmitificación del «joven feliz y nihilista» que encierra tras su fachada despreocupada una derrota vital frente a una sociedad que no le ofrece futuro; la dificultad de aceptarse a sí mismos frente a unos iconos publicitarios que bombardean un modelo idílico de belleza prácticamente inexistente; la dificultad de crecer entre adultos que no quieren crecer, o que han renunciado o fracasado en su propio proyecto vital generando situaciones caóticas y confusas que pretendemos que ellos asuman y acepten  como normalizadas; huidas que se transforman en negación de autoridad paterna o hiperprotección que impiden el desarrollo en equilibrio; la dificultad de una autonomía que pasa por un trabajo estable que no existe, etc.

Solo apuntar que, en  medio de tanto libro sobre adolescentes, el equilibrio de relación  hemos de fraguarlo antes con nuestros hijos. Poco o nada se habla de esa etapa de la segunda infancia, la etapa del seguimiento y la laboriosidad, donde se inculcan lo hábitos y valores que van a acompañarlos en la transición, de ahí que en Inteligencia natural (Toromítico, 2013), abordamos cómo podemos abonar el terreno durante este periodo; tampoco se habla de la pubertad, de ese inicio en las transformaciones tanto del cuerpo como de la mente, de ahí que en Inteligencia natural 2 (en preparación) abordemos el tema de la educación en la adolescencia desde este estadio previo donde se fraguan las nuevas relaciones con la familia. Cuando esperamos hasta la adolescencia para solucionar problemas en educación, solemos llegar con retraso y dando traspiés.

Si me permiten la figura, yo diría que la adolescencia es ese momento en que el gusano ha tejido su capullo de seda y, en la oscura intimidad aislada de su interior, se está transformando. Es ese momento en que la comunicación ha quedado interrumpida momentáneamente y ha de alimentar el espíritu con lo que ha ido digiriendo durante su infancia y pubertad. La anticipación, en este sentido, se hace imprescindible aunque nunca es tarde para comenzar. Cuando nosotros cambiamos, la realidad cambia con nosotros y esto también vale para nuestra forma de relacionarnos con nuestros hijos.

Toda reflexión es poca y en este libro encontramos material en abundancia para esta difícil tarea de transitar por la adolescencia.

Mi enhorabuena a los autores.

José Carlos Aranda

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FAMILIA Y ESCUELA, ESCUELA Y FAMILIA (Guía para que padres y docentes nos entendamos). Por Óscar González (Madrid: Editorial Manuscritos, 2012)

Aunque sea muy brevemente, ya sabéis que me gusta dejar alguna reseña sobre lo que voy leyendo -no siempre tengo tiempo, no siempre tengo ganas…-

 

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Conocí al autor del libro cuando se puso en contacto conmigo a raíz de la publicación de Inteligencia natural (Toromítico, 2013). A partir de ese momento, el contacto fue fluido. Tenía en marcha el proyecto de Escuela de Padres con Talento, se interesaba por el contenido de mi obra y mi posible colaboración. Esto me llevó a acercarme primero a su proyecto y luego a su persona.

Me desplacé hasta la presentación oficial de este proyecto en Madrid y allí tuvimos ocasión de conocernos personalmente. Óscar es una persona sencilla, ilusionada y positiva y es algo que sabe transmitir. El mensaje de su libro es plenamente coincidente con mis conclusiones como docente y que dejé también plasmadas en mi obra. Allí, la extensión no dio cabida más que a apuntar la necesidad de adoptar una postura proactiva por parte de las familias frente a los centros docentes para coordinar esfuerzos en aras de optimizar la educación de nuestros hijos. Óscar, en su obra, analiza las dificultades que ello plantea hoy en día y propone soluciones. Su análisis no parte de la teoría, sino de la práctica llevada a cabo sobre el terreno durante tres años, además del análisis y conclusiones de otros docentes y profesionales del sector.

Las Escuelas de Padres, así como las líneas de participación de las familias en los Centros Escolares funcionan esporádicamente y mal. Pero si queremos lograr una educación de calidad, o de excelencia si lo prefieren, esto debe cambiar. La clave pasa por coordinar esfuerzos, concienciar de la necesidad y programar contenidos adecuados y útiles.

Este libro plantea cómo podemos lograrlo a pesar de las dificultades. Todo un manifiesto del proyecto que ahora lidera y que, auguro, irrumpirá con fuerza en el sistema a partir del próximo curso.

El libro cuenta, además, con un prologuista de excepción, José Antonio Marina.

Si tienen ocasión, aconsejo su lectura a padres y docentes.

José Carlos Aranda

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EL DUELO Y SUS EMOCIONES (por Pilar Jericó)

El duelo y sus emociones

Por: Pilar Jericó | 26 de julio de 2013

Galiciapilar

El accidente ferroviario es un terrible cisne negro, en palabras de Nassim Taleb. Hasta el siglo XVIII en Europa se pensaba que todos los cisnes eran blancos, hasta que unos exploradores trajeron unos negros. Nadie podía imaginarse que aquello podría ocurrir, al igual que el accidente en Galicia, que ninguno podíamos suponerlo. El cisne negro tiene muchas formas, desde un proceso de cáncer, una ruptura matrimonial o un despido. Cuando aparece, se abre una secuencia borrosas de emociones de diferente intensidad, dependiendo de la gravedad de lo vivido. Las primeras son hermanas de la ira o del miedo. No es de extrañar la rabia, las preguntas de por qué, la búsqueda de culpables o invertir toda esa energía acumulada contra algo o contra alguien. Es normal. Los expertos en estrés post traumático aseguran que negar la realidad o no aceptarla es un recurso de nuestro cerebro cuando la situación nos supera y muy posiblemente, muchas personas que hayan perdido a alguien en el accidente puedan estar viviendo este ácido momento, que puede durar días o semanas, incluso meses.

Después de este periodo de negación y de miedo, se abre el paso al duelo o a la noche oscura, como diría san Juan de la Cruz. Es el momento de la aceptación, una vez que se ha abandonado la ira. Cuanto antes se llegue a este punto, antes se puede integrar una pérdida. En esta fase se viven tres emociones de modo intensísimo: la tristeza, el dolor y el vacío.

La tristeza agota físicamente, por lo que no es de extrañar que durante un duelo la energía esté bajo mínimos. Es una emoción pegajosa, que evita que nos recuperemos incluso de nuestras enfermedades. Ver sufrir nos duele corporalmente. Lo sabemos todos los que hayamos visto las imágenes del accidente y hayamos sido conscientes de una congoja interna aunque no hayamos perdido a ningún familiar. La ciencia una vez más lo demuestra. En un artículo publicado por la revista Science en 2004, la London University College comprobó que las zonas de cerebro relacionadas con el dolor se activan cuando vemos sufrir a una persona que queremos o con la que nos identificamos. Esa sensación, además, crea un registro emocional similar al que sentimos cuando nos hacemos daño corporalmente, y no se olvida tan fácilmente. Así pues, si estás con alguien que lo está pasando mal, acepta que tu cerebro también lo siente. Somos empáticos por naturaleza.

El vacío se relaciona con una sensación de abandono, de incomprensión, de no encontrarle alicientes a nada de lo que nos rodea. En situaciones tan difíciles, además, puede ser la antesala de una depresión.

¿Y qué podemos hacer? En una noche oscura hay una máxima importante: el tiempo ayuda a deshacer el impacto de las emociones. Por supuesto, estamos hablando del duelo más difícil de todos y máxime si alguien ha perdido a un hijo. Y aunque las cicatrices no se borran, se aprende a convivir con ellas.

En momentos así es importante cuidarse, tratarse con ternura, no exigirse más de lo que podemos. No consiste en convertirnos en un “héroe”, que no necesita a nadie. Cuando los acontecimientos nos superan, es recomendable pedir ayuda profesional para acelerar la salida. No se puede evitar lo vivido, pero sí se puede reinterpretar para tener una visión más amable.

Algo que ayuda pasado un tiempo es comenzar tímidamente a agradecer lo que tenemos. La pérdida pone énfasis en la ausencia y evita contemplar el resto de personas o de situaciones que seguimos teniendo. Pero a esta fase solo podemos llegar si hemos atravesado las anteriores. No hay atajos en el duelo.

En definitiva, el duelo es un gran punto de inflexión en la vida, en donde parece que todo se rompe. Produce una extraña sensación de derrota, de dejar de ser omnipotentes. Reconocer por un momento que las circunstancias te superan o que tus expectativas no se han cumplido ni se cumplirán es una aparente “derrota”. Mientras uno se siga negando el dolor, el dolor seguirá habitando el uno. Aceptar la derrota es ya una primera victoria y una reverencia a la vida que permanece.

(http://blogs.elpais.com/laboratorio-de-felicidad/2013/07/el-duelo-y-las-emociones-inh%C3%B3spitas.html)

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INTELIGENCIA EMOCIONAL Y EDUCACIÓN

Mucho estamos hablando de inteligencia emocional, y desde luego es uno de los pilares en el desarrollo del equilibrio y el crecimiento de cualquier ser humano. Pero creo que no siempre se entiende qué es eso de la educación emocional y se confunde con «que el niño no sufra, que el niño no se traumatice».

niñas riendoLa inteligencia emocional es la capacidad que el individuo va desarrollando de reconocer y ser capaz de gestionar sus propias emociones. Está claro que todos sentimos miedo, ansiedad, euforia, tristeza, melancolía, envidia, admiración, amor, odio… Las emociones se producen lo queramos o no ante determinadas situaciones, circunstancias, acontecimientos. También está claro que de nada sirve la negación de las emociones, porque están ahí y forman parte de nosotros. Lo que sí depende de nosotros es cómo gestionamos esas emociones y en eso consiste la educación emocional, en enseñar a un niño a gestionar sus emociones para que colaboren en su crecimiento y enriquecimiento personal.

Evidentemente ninguno de nosotros pega a un hijo para acostumbrarlo al dolor, pero niño que llorasabemos que el dolor llegará con una caída, un golpe o un accidente. Se trata de saber que existe, que está ahí y que a lo largo de la vida lo experimentaremos y tendremos que superarlo. Lo mismo sucede con la tan temida «frustración». Es inevitable que el niño se frustre porque siempre habrá algo que inevitablemente escape a la posibilidad de satisfacción inmediata, por ejemplo, que te nazca el bigote, crecer más, o jugar mejor al fútbol que tu compañero. Lo mismo sucede con las demás emociones.

Cuando confundimos educación emocional con evitar que el niño lo pase mal a toda costa, lo que generamos es el efecto contrario: creamos niños que confunden atender a sus emociones con hacer lo que les da la gana, creamos niños dependientes con intolerancia a la insatisfacción. Con el tiempo acaban siendo niños dictadores porque no aceptarán sino su voluntad o dependientes, incapaces de enfrentarse a la vida por sí mismos, siempre necesitados de la protección familiar. Y esto es muy peligroso porque el niño no sabe lo que necesita, porque es un niño. Siempre preferirá azúcar a verdura, salsa de tomate o pizza a unas buenas lentejas, ver la televisión a hacer los deberes, o que le hagas caso a él antes que al hermano…

La frustración es necesaria para evitar la exclusividad en la relación afectiva, para saber ocupar el lugar que le corresponde en la familia, respecto a los padres, respecto a los hermanos, para saber aceptar límites necesarios en cualquier convivencia. Y, por mucho que queramos, no se la podemos evitar.

niño tímido

Ayudar a nuestros hijos a nombrar y reconocer las emociones, a comprender que buenas o malas se pasan, que las buenas las buscamos, las malas tratamos de evitarlas, que el dolor físico no lo podemos evitar, pero la emoción negativa que nos hace infelices, sí. Enseñarlo a respirar, a relajarse, a no dejarse dominar por la ira ni el pánico, a conocer y acompañar el miedo… En definitiva, ayudarlo a que no solo conozca sus emociones, sino a que sea capaz de actuar sobre ellas para transformarlas en aliadas en la vida. Y eso, a lo largo de todo el proceso educativo, porque las emociones van cambiando a medida que nuestro cerebro se desarrolla y vamos creciendo, a medida que alcanzamos la segunda niñez, la pubertad o la adolescencia.

Y es importantísima porque en ella, en la inteligencia emocional, está la llave de la autoestima, la seguridad, la tranquilidad y la empatía. Lo otro no es educación emocional, es malcriar a un niño.

En Inteligencia natural (Toromítico, 2013) , es ésta, la «emocional» una de las cuatro claves de acompañamiento que desarrollo en el método, desde el nacimiento hasta los doce años.

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¿INFLUYE LA LENGUA EN NUESTRA FELICIDAD?: UNA GRAMÁTICA PARA LA VIDA. ENTREVISTA EN RTVE, «DE IDA Y VUELTA».

La vida es un sistema donde los actos que realizamos están relacionados entre sí. Cuando hablamos tratamos de comunicar, cuando actuamos comunicamos más intensamente porque somos lo que hacemos. La imagen que ofrecemos a los demás se define por la percepción de cómo actuamos en el día a día.

Podemos colocar juntas las palabras y pronunciarlas. El resultado no tendrá sentido si esas palabras no guardan entre sí una relación, si no tienen una coherencia en los significados, si no tienen una sintaxis, una forma adecuada de relacionarse. De la misma forma, podemos limitarnos a actuar, pero si nuestros actos no están dirigidos a un fin determinado, carecerán de coherencia, no compondrán una imagen comprensible para quienes nos rodean.

El aprendizaje neurolingüístico, símbolos a partir de las palabras que traducen a nuestro cerebro la experiencia de la vida, puede ser erróneo y tendremos que esforzarnos en redefinir continuamente nuestras emociones para coordinarlas con la realidad de forma que construyamos una vida con sentido. Todo esto y mucho más desarrollé en el libro de El libro de la gramática vital (Almuzara, 2011). El resultado es un ensayo que nos acerca a comprender mejor cómo podemos alcanzar la felicidad a través de comprender cómo el lenguaje influye en nuestra percepción de la realidad y en la composición de la propia imagen. Toda una aventura para analizar nuestra vida y comenzar a construir un futuro mejor.

Aquí les dejo con esta entrevista realizada por RTVE para el programa «De ida y vuelta».

http://www.rtve.es/alacarta/audios/de-ida-y-vuelta/ida-vuelta-jose-carlos-aranda-cuenta-como-gramatica-esta-relacionada-nuestra-propia-vida-09-01-11/983373/

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