FUNCIONARIOS Y CRISIS: DIVIDE Y VENCERÁS.

Resulta fácil, en una situación de crisis como la que vivimos, señalar un chivo expiatorio para que pague las culpas. La técnica es bien conocida y antigua, ¿no fue Nerón quien inmoló a los cristianos entre el aplauso del pueblo señalándolos como responsables del incendio de Roma? Entonces, para distraer a la opinión pública se decía aquello de «panem et circem», dales pan y circo. Hoy el pan se nos está acabando, pero somos los campeones de Europa y están próximas las olimpiadas.

El tener un sueldo estable y un puesto de trabajo garantizado es motivo suficiente para suscitar la envidia y el recelo de una población que sufre horriblemente. La imagen lanzada desde los medios de comunicación «demoniza» a los funcionarios que aparecen como vagos e irresponsables. Pero no se les dice que, gracias a ellos y a las garantías de su trabajo como funcionarios, la Administración Pública puede funcionar con independencia del partido que gobierne. En definitiva, su estabilidad no sujeta a nombramientos a dedo es la única garante de una administración que respete la ley.

En un país con seis millones de parados, se vende la idea permanente de que el gasto público obedece a la nómina de estos empleados, se repite una y otra vez que el 70% del gasto de las Comunidades Autónomas se destina a Educación y Sanidad. Pero se confunde intencionadamente «funcionario» con «empleado público», ese que es nombrado a dedo para que ocupe cargos de responsabilidad, ese que dispone de coche oficial y dietas, teléfono móvil y tarjeta Visa a cargo de erario público. Durante veinte años he estado viajando para desempeñar mi trabajo como profesor, nadie me ha pagado dietas, nadie me ha pagado el alojamiento en el sitio de destino, nadie me ha pagado kilometraje y debo trabajar un mínimo de 35 años para tener derecho a pensión. ¿De dónde han salido éstos?

El acudir a la rebaja del sueldo de los funcionarios o a la subida del IVA no obedece a la «necesidad de preservar puestos de trabajo», obedece sencillamente a la necesidad de dinero en efectivo para salir del paso. Pero a estos señores se les olvida -ellos lo saben de sobra- que el mes que viene habrá que pagar otra vez la hipoteca, España tendrá que pagar la parte correspondiente a la deuda contraída. Volverán a necesitar dinero en efectivo, ¿qué harán? Volverán a bajarnos el suelo y a subir el IVA, a rebajar el paro o bajar las pensiones… Y eso, ¿hasta cuándo?, ¿hasta cuándo podremos soportarlo los españoles?

En esta época en que la necesidad nos ha hecho a todos grandes economistas -aunque no solo no nos paguen por ello, sino que nos embarguen- cualquiera sabe que para salir del atolladero hay que actuar en un doble sentido: minimizar los gastos y activar mecanismos que a medio y largo plazo nos puedan generar más ingresos. En minizar el gasto, estos políticos -me da igual la bandera- están atacando únicamente al sector productivo con el incremento del IRPF y los impuestos, al funcionariado además con el incremento de jornada laboral y la rebaja del sueldo -un 20 % en solo dos años-, y a las clases pasivas más desfavorecidas y débiles que dependen de ellos -parados y pensionistas- y eso es mala cosa porque hay que dar de comer al buey que ara, pero no están haciendo absolutamente nada por reducir el gasto en lo que es improductivo: este montaje nacional que más que un país parece un chiste de Forges donde el entramado de las Autonomías nos cuesta el sueldo, las dietas y complementos de más de 70 000 políticos. Si a esto le sumamos los cargos designados para la gestión de sociedades paralelas, cargos de designación política, no funcionarios, nos vamos a más de 200 000. Entes públicos como Canal Sur son el exponente máximo de esta negligencia: comparen, por favor, el número de empleados de esta radiotelevisión andaluza con cualquiera de las demás cadenas nacionales o extranjeras y díganme, después de saber cuánto nos cuesta mantenerla, si de verdad es un gasto necesario en los tiempos que corren u otro ejemplo de lo bien que se vive cuando disparo con pólvora ajena.

El recorte de salarios y derechos no es la única bolsa donde meter mano, ni siquiera la más inteligente, es, sencillamente la que más les interesa para mantener sus propios intereses y derechos adquiridos: derecho a la pensión después de siete años, posibilidad de compatibilizar la pensión con otros salarios o ingresos, compatibilidad de sueldos durante el ejercicio de su cargo, derecho a dietas por desplazamientos, viajes pagados, telefonía móvil gratuita, tarjeta de crédito para gastos de representación… Etc. ¿De verdad sabemos lo que nos cuestan mantener este aparato político? ¿Son necesarias las Diputaciones en un Estado de las Autonomías? ¿Es necesario el Senado? ¿Son necesarios tantos Senadores y Congresistas? ¿Deben ser los alcaldes y concejales los que decidan qué sueldo van a cobrar? Y, ahora, piensen en estas preguntas multiplicadas por 17.

Pero es que tampoco se está haciendo nada para activar el sector productivo del país a medio plazo. Todas las medidas serán inútiles si no se activa el consumo y el consumo no puede activarse en una época en la que no vivimos, sobrevivimos. Y lo peor de todo quizás sea la falta de una comunicación clara, de una apuesta común que nos haga luchar como nación como uno solo por salir de este atolladero. Las razones son sencillas: los dos grandes partidos siguen alentando a sus seguidores a mantener la división, cualquier cosa que haga el otro, siempre estará mal hecha, no hay un mensaje aglutinador cuando más falta nos hace; y, en segundo lugar, porque los españoles estamos hartos de tanta corrupción, mentira, intereses creados y actos que desdicen las palabras. Hemos perdido la fe en nuestros políticos.

La maniobra está clara: desviar la atención y dividir a la opinión pública. Mientras que el odio se concentre en los funcionarios, no pensarán en nosotros. Aplaudimos el paso de los mineros aunque los números en el papel nos digan que es irracional mantener las minas abiertas, pero abucheamos a los funcionarios que se manifiestan en protesta contra la ruina y la persecución a la que están siendo sometidos.

El problema no somos los funcionarios, ni los empresarios, ni los obreros. Lo que todos queremos es un país donde podamos vivir en paz y sin la amenaza a la vuelta de la esquina. No queremos vivir con el miedo a perder nuestro trabajo, nuestros ahorros, nuestra casa, nuestra vida.

Y en este estado de cosas, empiezo a creer que lo mejor que nos puede ocurrir es que Europa nos intervenga como país, porque éstos, nuestros gobernantes, son incapaces de ordenar la casa. Demasiados intereses creados. Hemos puesto al zorro a cuidar el gallinero, lo que ha de ver el zorro es que muertas las gallinas, muerto el zorro.

Permítanme, por último que les deje esta reflexión de Martin Niemöller, blanco sobre negro, sobre el riesgo de jugar su juego y dejarnos dividir en la opinión, en la intención y en los actos:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

José Carlos Aranda Aguilar

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FUNCIONARIOS Y CRISIS: ¿POR QUÉ TANTO ODIO?

Me envía una compañera del Instituto este artículo de don Francisco J. Bastida. En un momento en que están acabando con nosotros como funcionarios, el profesor pone el punto sobre uno de los aspectos más criticados y detestados: la estabilidad. ¿Por qué los funcionarios tienen que tener el trabajo para siempre?, ¿es justo? Les invito a leer su respuesta que conviene tener en cuenta cuando una manada de buitres carroñeros sin más mérito que la partidocracia endogámica ya han puesto en marcha la maquinaria para dar la puntilla a este perro ya apaleado y desangrado por sus predecesores. Una vez desaparecido nuestro privilegio podremos ser sustituidos por otros cachorros de buitre que no tendrán que acreditar más mérito que su carné. Y, por favor, no crean que no soy crítico hacia muchos aspectos del desempeño de las funciones entre el funcionariado de según qué cuerpos, pero para eso está la inspección y el control desde la propia administración. Lo que aquí se está jugando es la eficacia de una administración pública más allá del iluminado de turno que llegue a la Moncloa o al palacio correspondiente de su «reino de Taifa», que en eso se han convertido las «autonosuyas».

FRANCISCO J. BASTIDA.
CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL

Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplauden de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión.                                              
       
Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status -y por eso se critica- la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público, sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho.

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición. Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla.

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad. Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva. Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición -que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo- no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos.

En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta.

Francisco J. Bastida.
Catedrático de Derecho Constitucional.
Universidad de Oviedo.

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AGRESIÓN A UN PROFESOR

Hoy me despierto con la noticia en prensa: «Agreden a un profesor en pleno patio del IES Fuensanta», titula ABC; «El hermano de una alumna amenaza y golpea a un profesor», titula el Diario Córdoba de 15 de junio de 2012. Al parecer, el único motivo que había dado este profesor fue impedir la entrada a clase de una alumna absentista. Los hechos resultan coincidentes en los dos medios: el agresor saltó la valla para «colarse» en el Instituto. Dio una patada al profesor para llamar su atención. «Está claro que quería armar jaleo porque si no, se hubiera dirigido a mí en la calle», dice del profesor agredido. Le preguntó si sabía quién era él, si tenía algo contra su hermana, lo amenazó con una navaja y le propino un puñetazo en la cara cuyas huellas de vergüenza pueden aún apreciarse en el rostro fotografiado en Diario Córdoba.

Sé que los moratones desaparecerán del rostro de Antonio, lo que no sé es si la humillación llegará algún día a desaparecer de su alma. Antonio no respondió la agresión. Se dio la vuelta «…porque soy un profesor y se supone que no puedo entrar al trapo sino dar ejemplo».

Quizá lo grave no sea el hecho en sí, sino las circunstancias y el entorno que propician este tipo de actuaciones. En el relato leemos cómo mientras se producía la agresión un coro de alumnos rodeaban el incidente jaleando la violencia al grito de «mátalo, mátalo». No sé si además veremos el incidente convertido en espectáculo esperpéntico en Youtube o algo parecido grabado con algún móvil de última generación que familias, que no pueden permitirse comprar libros de texto, regalan a sus hijos para que estén en la onda.

Cuando se habla de calidad de la educación, de plataformas de profesores indignados, de la defensa de la educación pública, no se habla de la dignidad de la profesión.  Muchos de nosotros aspiramos simplemente a hacer bien nuestro trabajo. Nos gustaría poder llegar al corazón de todos los jóvenes que pasan por nuestras manos. No podemos. Hay algo que nos lo impide. Hemos creado una sociedad en la que todo son derechos pero nadie habla de obligaciones, ni de responsabilidad, ni del respeto debido a la edad, las canas, el cargo, el oficio. Los medios de comunicación, por intereses meramente políticos, cargan las tintas en que somos unos perros que no merecen ni el pan que comemos, que no trabajamos, que solo sabemos quejarnos… que somos funcionarios. Pero nadie habla de que la escuela pública es la única garante de la igualdad de oportunidades, que es un privilegio que todos los niños puedan acudir a los medios de formación, que es una inversión de futuro. Esta inversión de futuro merece el mimo, el cuidado, el cariño, el aprecio de la sociedad. Y merece partir de una premisa: nadie tiene derecho a sustraer el futuro de quien acude a su clase buscando la superación a través del esfuerzo. Esos alumnos que año tras año vegetan en las aulas con la connivencia de las familias. Que palían el aburrimiento con el insulto y la violencia en la más completa impunidad transformando la clase en un campo de batalla, impidiendo el más mínimo aprovechamiento del tiempo, con el respaldo de una Administración y una normativa que propicia este tipo de actitudes, merecerían un trato mucho más contundente y clarificador.

Mientras que no existan consecuencias claras y contundentes a este tipo de actuaciones por parte de la Administración y la Justicia, mientras que la sociedad en pleno no condene estas actitudes, mientras no exista el más mínimo respeto, estaremos creando una sociedad falsa en la perversión de un buenismo falaz que impide la regeneración a los mismos afectados.

Funciona la amenaza y la violencia. Mañana entraré en el aula y me cuidaré muy mucho de impedir que un alumno entre en clase, o encienda su móvil, o utilice el ordenador para jugar en lugar de para trabajar, o dé  voces, o me grite «…porque no me sale del coño» -anécdota real- no sea que pueda algún hermano, algún padre o amigo, algún novio, estar esperándome en la salida para «rajarme».

Soñaba con «educar», con conducir a los estudiantes en la formación para ayudarlos a convertirse en ciudadanos responsables y útiles para sí mismos y para la sociedad. Hoy solo sueño con sobrevivir. ¡Qué pena, que actitudes como esta cercenen las posibilidades de futuro de tantos jóvenes!

Y para ti, Antonio, solo decirte que hoy tú somos todos los profesores. Solo desearte que encuentres algún rincón en tu corazón que te anime a seguir adelante sin desmayar, sin renunciar a lo que un día fue tu sueño por culpa de un insensato que te ha hecho diana de sus propias frustraciones. ¡Ánimo!

José Carlos Aranda

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COMENTARIO DE TEXTO: RESUMEN, TEMA, ESQUEMA Y COMENTARIO CRÍTICO SOBRE UN FRAGMENTO DE BODAS DE SANGRE («Se sienta la novia en una silla baja y se mira en un espejito de mano. La criada la peina»).

Bodas de sangre

BODAS DE SANGRE

Las ideas que quedan aquí expresadas son de carácter orientativo. Cada comentario puede elaborarse desde distintas perspectivas igualmente válidas y certeras. Lo importante es “razonar” y, a partir de las perspectivas seleccionadas, alcanzar una conclusión personal. Planteamos el desarrollo atendiendo a las claves que pueden encontrarse en el manual CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

TEXTO:

(Se sienta la novia en una silla baja y se mira en un espejito de mano. La criada la peina.)
Novia: Mi madre era de un sitio donde había muchos árboles. De tierra rica.
Criada: ¡Así era ella de alegre!
Novia: Pero se consumió aquí.
Criada: El sino.
Novia: Como nos consumimos todas. Echan fuego las paredes. ¡Ay!, no tires demasiado.
Criada: Es para arreglarte mejor esta onda. Quiero que te caiga sobre la frente. (La novia se mira en el espejo.) ¡Qué hermosa estás! ¡Ay! (La besa apasionadamente.)
Novia: (Seria) Sigue peinándome.
Criada: (Peinándola)¡Dichosa tú que vas a abrazar a un hombre, que lo vas a besar, que vas a sentir su peso!
Novia: Calla.
Criada: Y lo mejor es cuando te despiertes y lo sientas al lado y que él te roza los hombros con su aliento, como con una plumilla de ruiseñor.
Novia: (Fuerte.) ¿Te quieres callar?
Criada: ¡Pero, niña! Una boda, ¿qué es? Una boda es esto y nada más. ¿Son los dulces? ¿Son los ramos de flores? No. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer.
Novia: No se debe decir.
Criada: Eso es otra cosa. ¡Pero es bien alegre!
Novia: O bien amargo.
Criada: El azahar te lo voy a poner desde aquí hasta aquí, de modo que la corona luzca sobre el peinado.
(Le prueba un ramo de azahar.)
Novia: (Se mira en el espejo) Trae. (Coge el azahar y lo mira y deja caer la cabeza abatida.)
Criada: ¿Qué es esto?
Novia: Déjame.
Criada: No son horas de ponerse triste. (Animosa.) Trae el azahar. (La novia tira el azahar.) ¡Niña! Qué castigo pides tirando al suelo la corona? ¡Levanta esa frente! ¿Es que no te quieres casar? Dilo. Todavía te puedes arrepentir.(Se levanta.)
Novia: Son nublos. Un mal aire en el centro, ¿quién no lo tiene?
Criada: Tú quieres a tu novio.
Novia: Lo quiero.
Criada: Sí, sí, estoy segura.
Novia: Pero este es un paso muy grande.
Criada: Hay que darlo.
Novia: Ya me he comprometido.
Criada: Te voy a poner la corona.
Novia: (Se sienta) Date prisa, que ya deben ir llegando.

(Bodas de sangre, Federico García Lorca, Acto II, cuadro I)

RESUMEN:

A la entrada de la casa, la novia y la criada dialogan mientras esta acaba de peinarla para la boda. La novia comenta cómo su madre, antes alegre, que venía de tierra fértil, se consumió como todas en aquella tierra calcinada. La criada la peina para la boda mientras envidia su suerte por poder tener a un hombre para sí. Pero la novia no comparte su entusiasmo, la alegría puede ser amargura. Cuando le pone el azahar su cara se entristece, acaba tirándolo al suelo ante el escándalo de la criada que acaba por pretuntarle si realmente quiere o no a su novio. La novia responde que sí, está segura porque se ha comprometido, pero es una decisión importante. Se dan prisa en acabar ante la llegada de los invitados.

TEMA:

Pesadumbre de la novia ante la inminencia de la boda.

ESTRUCTURA:

1: Esa tierra acabará consumiéndola. (1-6)

……….1.1.  La madre alegre de tierra fértil acabó consumida.

……….1.2. Todas acabarán consumidas en esa tierra árida.

2: Alegría de la criada frente a pesadumbre de la novia en los preparativos.(7-19)

………..2.1. La boda es alegría. Es poseer y ser poseída por un hombre.

………..2.2. [pero] Puede ser amargura.

[escena simbólica del azahar tirado por la novia] (20-27)

3: Afirmación del amor al novio y confirmación de su compromiso con la boda (20-final)

El texto presenta el diálogo entre dos personajes, la criada y la novia. El contenido se estructura en tres módulos temáticos. Una primera reflexión (1-6) centra la idea en la fuerza del medio para condicionar el carácter y el destino de las personas. Sirve a modo de anticipación del estado de ánimo que presenta la novia en el fragmento. La segunda parte (7-19) contrasta dos actitudes: la tradicional alegría ante el evento –criada-, frente a las reservas y pesadumbre de la novia ante su propia boda. La imagen se centra en la escena donde la novia tira al suelo la corona de azahar, símbolo de la pureza (20-27). La tercera parte es confirmatoria (20-final), ante las preguntas de la criada, la novia acaba reafirmando su amor por el novio y su intención de llevar el compromiso hasta el final.

COMENTARIO CRÍTICO:

El fragmento de Bodas de sangre nos presenta algunos de los temas constantes en la dramaturgia de Federico García Lorca. Por una parte, el destino de la mujer a verse consumida en el papel que socialmente le ha sido asignado y que, en distintas partes de la obra, se nos describe. Una vez casada, la mujer permanecerá en casa cuidando de su marido y de sus hijos. No existe vida más allá de los muros de la casa. Pero además, nos vincula la alegría o la tristeza con la dureza de la tierra que se habita, un concepto muy unamuniano, solo que en nuestro caso la tierra infértil, árida, ardiente no es sinónimo de espíritus duros y hechos al trabajo, sino de desgracia ante el destino cierto de repetir la historia ya vivida por su madre: el consumirse en vida. Por otra parte, la angustia y las dudas de la novia pueden ser interpretadas en el sentido literal del texto, es decir, de responsabilidad ante la gravedad y trascendencia de la decisión que está a punto de tomar. No obstante, sabemos por el desarrollo argumental de la obra que asistimos a una escena cumbre por cuanto plasma la lucha interna de la protagonista entre sus sentimientos y su razón, entre la pasión que siente  por Leonardo y la coherencia de renunciar a él, ya casado, para seguir con su propia vida según unos parámetros de honradez y honestidad socialmente asignados. Pero no siente amor hacia el novio y algo en ella rechaza su destino de mujer, el descrito por la criada en el fragmento.

Mucho ha evolucionado el papel de la mujer desde que Federico García Lorca escribiera la obra. La sensibilidad social ha cambiado en apoyo al derecho de la mujer a tomar sus propias decisiones. Especialmente en las sociedades industrializadas y en ambientes urbanos. Pero lo que más ha cambiado, afortunadamente, consiste en liberarse de la servidumbre impuesta de “vivir para casarse”. No hace aún mucho tiempo que una mujer que no aspirara al matrimonio era considerada como algo extraño, que el no tener o no poder tener hijos, como una desgracia –véase en Un viejo que leía novelas de amor-. La presión social en estos casos podía llegar a ser obsesiva e impulsar a la toma de decisiones precipitadas no inspiradas en el amor sino en la conveniencia o en la necesidad de integrarse como uno más en la sociedad.  Tampoco podemos generalizar esta evolución, sabemos que en determinadas razas, religiones, zonas rurales, países del tercer mundo… la mujer sigue con un papel asignado de sumisión e inmovilismo contra el que poco o nada podemos hacer salvo alzar nuestra voz –casos de atentados a escuelas, ablaciones, matrimonios concertados, lapidación por adulterio, incapacidad legal para actuar sin el consentimiento del marido, etc.-.

La sociedad industrializada ha liberado, definitivamente, a la mujer de un papel en que se  daba preeminencia a sus funciones como madre y esposa que al ser como persona. En este sentido, ha contribuido poderosamente la disminución de la natalidad, la generalización de los métodos anticonceptivos y la lucha por la concienciación social. Sin embargo, sería interesante reflexionar que el hecho en sí supone la renuncia a una distribución de funciones entre los sexos que ha sobreprotegido a la mujer hasta el punto de anularla (hombre cazador/mujer recolectora). Una distribución funcional que ha permitido la expansión de la raza humana a lo largo de la historia y que hoy, con la evolución urbana e industrial, ha quedado obsoleta produciendo la alienación de la mujer en la vida moderna. Es esta alienación la que manifiesta Lorca a través de la “no realización”, del tabú, de los convencionalismos sociales que nos han apartado de nuestros ciclos naturales –el amor pasión, la procreación, junto al instinto de superviviencia es uno de los más fuertes en cualquier animal-.

Sin embargo, el texto, más allá de la necesaria libertad, nos habla de entregarnos a nuestras pasiones. Si bien la libertad es una conquista necesaria, el actuar al dictado de nuestros sentimientos puede cortapisar la libertad. La libertad de cada cual tiene su límite en la libertad de los demás. No puede existir libertad sin responsabilidad. Y ahí entramos en la paradoja del ejercicio de la “libertad”. De nada nos sirve nuestra libertad si no la usamos para tomar decisiones. Pero cada decisión que tomamos limita nuestras posibilidades futuras, limita nuestra disponibilidad. En este sentido, actuar al dictado de la pasión sin medir las consecuencias de nuestros actos impide la realización personal. Es el caso de la novia y Leonardo. Leonardo está casado, ha tomado su decisión. Tiene un hijo y su mujer está embarazada de un segundo. Estas son sus circunstancias fruto de elecciones libres. La novia conoce estas circunstancias, es prima de la mujer de Leonardo, sabe que el tomar la decisión de huir con Leonardo puede acarrear la desgracia. Si realmente ama a Leonardo, tal vez hubiera preferido preservar su vida antes que precipitar su muerte. Pero hablamos del amor-pasión, ciego ante la fuerza de los sentimientos. De él deriva, como no puede ser de otro modo, el fin trágico de la obra.

Hay, con todo, una diferencia a destacar con las tragedias clásicas: no mueren todos los personajes. Muere el culpable, Leonardo, y el inocente, el novio. Se salva la novia, la otra culpable. ¿Qué sentido tiene el que Lorca salve a la novia? Por encima del hecho de que la obra está inspirada en un suceso real, solo hay una respuesta posible y la encontramos al final de tercer acto, cuando la novia, ya viuda, se presenta en casa de la madre del novio. Su destino, el futuro que le aguarda a partir de ese momento,  es quedar enterrada en vida, en un encierro obligado e impuesto. El luto resulta otro de los convencionalismos sociales que pueden asfixiar al ser humano y Lorca lo retrata magistralmente en La casa de Bernarda Alba. Para Lorca, triunfan los convencionalismos, las fuerzas telúricas y sociales sobre el ansia de libertad y la posibilidad de realización personal. Y, está claro, hay destinos que pueden ser peor que la propia muerte.

Un fragmento clave de tensión dramática que deja entrever todos los elementos que actúan en el alma de la protagonista de la obra, contrastados con la alegría inocente de la criada ante la boda. La lucha constante entre razón y sentimiento que tan bien describiera Bécquer como fuente de inspiración poética (“…mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, habrá poesía”) y que Lorca trasforma en motor de acción dramática.

José Carlos Aranda

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CÓMO ANULAR A UNA PERSONA

OSITO INÚTIL

Mucho se puede comentar, opinar, reflexionar… pero las verdades del barquero, esas que parecen irrefutables, nos acompañan desde el sentido común y la conciencia. Sobre este artículo, conviene que reflexionemos sobre un sistema educativo que forma en la cultura de los derechos y no de las obligaciones, donde se prima la ineptitud y se beca la desidia. Conviene preguntarnos a quién puede interesar una fábrica de fracasos vitales. Lo siento, no es una opinión personal, los datos sobre el abandono escolar y los niveles educativos están ahí para quien quiera mirarlos. Las causas están más que claras… y si alguien duda que nos pregunte a cualquiera de los que nos dedicamos día a día a luchar por nuestros alumnos a pesar del sistema. Aquí dejo este artículo de Ana Critina Aristizábal -Medellín- publicado en 2010, y que cada uno opine lo que estime oportuno.

Cómo anular a una persona

Ana Cristina Aristizábal Uribe| Medellín | Publicado el 29 de agosto de 2010

El peor daño que se le hace a una persona es darle todo. Quien quiera anular a otro solo tiene que evitarle el esfuerzo, impedirle que trabaje, que proponga, que se enfrente a los problemas (o posibilidades) de cada día, que tenga que resolver dificultades.

Regálele todo: la comida, la diversión y todo lo que pida. Así le evita usar todas las potencialidades que tiene, sacar recursos que desconocía y desplegar su creatividad. Quien vive de lo regalado se anula como persona, se vuelve perezosa, anquilosada y como un estanque de agua que por inactividad pudre el contenido.

Aquellos sistemas que por «amor» o demagogia sistemáticamente le regalan todo a la gente, la vuelven la más pobre entre las pobres. Es una de las caras de la miseria humana: carecer de iniciativa, desaprovechar los talentos, potencialidades y capacidades con que están dotados casi todos los seres humanos.

Quien ha recibido todo regalado se transforma en un indigente, porque asume la posición de la víctima que sólo se queja. Cree que los demás tienen obligación de ponerle todo en las manos, y considera una desgracia desarrollarse en un trabajo digno.

Es muy difícil que quien ha recibido todo regalado, algún día quiera convertirse en alguien útil para sí mismo. Le parece que todos a su alrededor son responsables de hacerle vivir bien, y cuando esa «ayuda» no llega, culpa a los demás de su «desgracia» (no por anularlo como persona, sino por no volverle a dar). Solo los sistemas más despóticos impiden que los seres humanos desarrollen toda su potencialidad para vivir. Creen estar haciendo bonito, pero en definitiva están empleando un arma para anular a las personas. (No quiere decir que la caridad de una ayuda temporal no sea necesaria en momentos especiales).

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COMENTARIO CRÍTICO SOBRE UN TEXTO DE ANTONIO MACHADO, JUAN DE MAIRENA: «La política, señores -sigue hablando Mairena-, es una actividad importantísima…»

Las ideas que quedan aquí expresadas son de carácter orientativo. Cada comentario puede elaborarse desde distintas perspectivas igualmente válidas y certeras. Lo importante es “razonar” y, a partir de las perspectivas seleccionadas, alcanzar una conclusión personal. Planteamos el desarrollo atendiendo a las claves que pueden encontrarse en el manual CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

TEXTO:

«La política, señores -sigue hablando Mairena-, es una actividad importantísima… Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra vosotros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la política, y a enturbiar la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.

    Y a quien os eche en cara vuestros pocos años bien podéis responderle que la política no ha de ser, necesariamente, cosa de viejos. Hay movimientos politicos que tienen su punto de arranque en una justificada rebelión de menores contra la inepcia de los sedicentes padres de la patria. Esta política, vista desde el barullo juvenil, puede parecer demasiado revolucionaria, siendo, en el fondo, perfectamente conservadora. Hasta las madres -¿hay algo más conservador que una madre?- pudieran aconsejarla con estas o parecidas palabras: «Toma el volante, niño, porque estoy viendo que tu papá nos va a estrellar a todos -de una vez- en la cuneta del camino».

(Antonio Machado, Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo)

RESUMEN:

Se debe hacer política a pesar de quienes tratan de apartarnos de ella. El apolitismo no es una opción, todo lo más, debemos despreciar la mala política de los arribistas aprovechados. Pero ha de ser clara y honesta para evitar confusiones. A quienes critican la juventud hay que recordarles que muchas rebeliones fueron iniciadas por jóvenes en contra de la ineptitud de los gobernantes, que es una actitud lícita e incluso conservadora antes que revolucionaria.

TEMA:

El compromiso juvenil, clave para la regeneración política.

ORGANIZACIÓN DE IDEAS:

…..1: La juventud debe hacer política.

…………1.1. [porque] El apoliticismo no es una opción.

………….1.2: Debe practicarse aunque traten de apartarnos de ella.

…………………a: [pero]  Hay que desdeñar la política de los arribistas aprovechados.

…………………b: [y] Hay que hacerla con honestidad para evitar confusiones.

……2: La juventud no es un inconveniente para hacer política.

…………2.1. [porque] Muchos movimientos políticos arrancan de rebeliones juveniles.

………………….a: Son justas si van contra la ineptitud y las imposturas de los gobernantes.

………………….b: Necesarias y conservadoras aunque parezcan revolucionarias.

El texto se organiza en dos párrafos de organización deductiva. Se parte en cada uno de ellos de la  idea básica [1: La juventud debe hacer política y 2: La juventud no es un inconveniente para hacer política]. Y se argumentan las ideas clave, a continuación,  en relación causal (1.1. y 1.2; 2.1) introduciendo matices en estos argumentos (apartados a y b)

COMENTARIO CRÍTICO DE LOS CONTENIDOS EXPRESADOS EN EL TEXTO:

El texto de Antonio Machado nos plantea un tema, a pesar del tiempo transcurrido, de plena actualidad: la necesidad del compromiso político de los jóvenes para lograr la regeneración social. Se trata de un tema propio de la Generación del 98 que busca claves para la recuperación de España.  Lamentablemente, la constatación de una crisis espiritual y económica de España cuenta con precedentes literarios que se remontan al Siglo de Oro -Quevedo, «Miré los muros de la patria mía…»-, siguen con la ilustración -Jovellanos, Moratín o Cadalso- y se mantienen en el siglo XIX -Mariano José de Larra o Joaquín Costa-. La generación del 98 incide de nuevo en esta necesidad que recogen otros autores como políticos y militares en la primera mitad del siglo XX -véase Memorias de José Cruz Conde-.

Estamos pues ante un problema, al parecer, endémico de una sociedad que no logra despegar, anclada en una mala praxis que perdura en el tiempo y cuya regenaración no puede sino venir de mano de la pureza y la inocencia de los espíritus jóvenes aún no contaminados por un sistema político caduco y corrupto. Esta es la tesis de don Antonio Machado que, en la situación que hoy se está viviendo, cobra toda su actualidad.

Vivimos en un país esperpéntico al más puro estilo valleinclanesco. Quienes debieran ser los representantes de los valores puros del juego democrático han apostado por asentar un sistema que impide la democracia incurriendo así en un espejismo de manipulación. En una democracia deben primar los valores éticos, que quienes gobiernan lo hagan cuidando los intereses de los gobernados sin engaños y sin mentiras. Hoy todo está permitido para perpetuarse en el poder. Vemos cómo nuestros políticos han dilapidado un ciclo de bonanza económica en continuas malversaciones e inversiones sin sentido y sin futuro. Han gestionado pésimamente el fruto del trabajo de sus ciudadanos. Han cometido todo tipo de delitos económicos pero no hay ninguna responsabilidad civil para quienes nos han llevado a la ruina. Por no haber, no hay ni una dimisión. La solución que nos ofrecen está en alentar la apariencia de posiciones ideológicas enfrentadas.

No existe democracia real cuando el poder judicial está instrumentalizado por el poder legislativo -véase el Fiscal General o el Tribunal Supremo-, tampoco la hay cuando los ciudadanos no tienen otra opción que votar listas cerradas con independencia de que algunos componentes puedan, incluso, estar imputados en causas judiciales; tampoco la hay cuando la disciplina de voto de partido merma las funciones del Parlamento obligando a las personas elegidas, incluso, a votar en contra de su conciencia a favor de directrices concretas orquestadas por la demagogia del momento. Tampoco puede existir libertad de expresión y de presión cuando los sindicatos están sostenidos por el Gobierno. Todo es políticamente correcto, pero cívicamente inútil.

No cabe reacción desde la población adulta porque ha sido adiestrada en una bipolaridad partidista en la que «los suyos» siempre tienen razón hagan lo que hagan. Mensajes sencillos mueven los sentimientos y la visceralidad sin que la razón intervenga en la votación. Los grandes partidos se perpetúan, los dirigentes también. No hay regeneración de ideas, de principios, de conceptos. Hemos asistido a ministros y ministrables sin una mínima titulación universitaria que los capacitase, por encima de ideologías, para el trabajo en el ámbito en que fueron destinados. Tampoco una mínima preparación profesional puesto que nunca antes trabajaron en nada que no fuera la política. Con casi cien años de antigüedad, Antonio Machado está retratando el «tipo» que aún hoy sigue siendo el lastre del país.

Y si esto existe -la mentira, el dispendio, el abuso, la dilapidación…- es porque lo consentimos. La conciencia social, que debiera ser árbitro de tanta barbarie, está desviada como en el espejo cóncavo del callejón del gato. El pueblo admira al arribista y piensa que es un listo por aprovecharse de la ocasión que le brinda el cargo, y lo reelige. No es de extrañar, a la manipulación de la tribuna decimonónica se le ha sumado la de la televisión con su información focalizada y sus partidos de fútbol o sus programas de «famosos». No interesa aplaudir el esfuerzo ni la inteligencia, sino la estulticia elevada a «princesa del pueblo» sin que el pueblo se dé cuenta de que así lo están llamando «imbécil».

Por todo esto, la regeneración política y espiritual de España no puede venir de la mano de los viejos, sino de la ilusión, la pureza y la energía de las mentes jóvenes. Si es cierto que la televisión es una pantalla de deformación permanente, no lo es menos que contamos en la actualidad con medios técnicos para coordinarnos e intentar, entre todos, un cambio radical. La telefonía móvil, Internet, los SMS… ya han demostrado su valía en la organización de protestas colectivas. Es necesario promover la conciencia social de la urgencia en esta transformación porque el tiempo se nos agota y serán nuestros hijos, las próximas generaciones, las que pagarán las consecuencias. Y si miramos al pasado, sea para aprender de nuestros errores, no para seguir siendo víctimas de ellos condenando nuestro futuro. Y urge, además, porque el terreno ya está abonado y no lo dudéis: «Si no sembramos trigo, vendrá quien se aproveche para sembrar cizaña».

José Carlos Aranda

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A LA LUZ DE GÓNGORA. Ana Capilla, Antonio González y Natividad Molinero. Litopress, 2011.

Siempre es motivo de satisfacción la publicación de un nuevo libro y si, además, es sobre don Luis de Góngora, un motivo de orgullo. Este libro cuenta con el aval de tres grandes firmas, todos ellos docentes, todos ellos profesores de secundaria, adiestrados no solo en el rigor y profundidad de la información, sino –y esto es importante- en la didáctica de la presentación de los contenidos. Entre ellos se encuentra mi compañera de Instituto y Departamento Natividad Molinero con quien tanto comparto de ilusiones y afanes en el día a día.

Al esbozar estas líneas quise fijar mi atención en una reflexión simple: ¿otro libro sobre Góngora?; ¿es que no se ha escrito, investigado, publicado ya suficiente sobre nuestro autor?; ¿es posible que quede aún algo por decir?

Pero la respuesta es sencilla porque nunca está de más un libro nuevo sobre nuestro poeta. Si hubiera que destacar a algún autor cordobés, es probable que él sobresaliera con diferencia entre todos los demás, lo cual no es decir poco cuando lo situamos junto a personajes de la talla de Maimónides, Averroes, Séneca, Lucano o el duque de Rivas. A quien le pudiera parecer exagerado el elogio, le dejo aquí estos versos que a él se refieren:

“Aquel que tiene de escribir la llave,

con gracia y agudeza en tanto extremo

que su igual en el orbe no se sabe

es don Luis de Góngora, a quien temo

agraviar en mis cortas alabanzas

aunque las suba al grado más supremo”

Nadie dudará de la agudeza y acierto del criterio de don Miguel de Cervantes, autor de los anteriores versos en Viaje al Parnaso. El que quinientos años después se publique una nueva obra sobre Góngora no hace sino confirmar la validez del sentido crítico del autor de El Quijote. Don Luis impuso una nueva concepción de la poesía y del lenguaje poético de tal envergadura que aún sigue siendo referente en la estética moderna. Los poetas de todas las épocas se han mirado en él y, aún hoy, lo siguen haciendo. Constituye, pues, en sí mismo, un patrimonio cultural y cordobés digno de revisión permanente.

Nuevas épocas, nuevos autores, nuevos lectores. La obra se hace independiente del autor cuando sale de su pluma y es interpretada por cada lector a la luz del conocimiento, de la época, de la experiencia personal de cada sujeto. Las palabras resuenan en cada mente y se hacen diferentes en su mensaje a partir de las vivencias, las lecturas, la sensibilidad de cada lector. De ahí que, lo que nuestros autores nos ofrecen a través de A la luz de Góngora sea una visión personal con sentido propio y original. Desde esta perspectiva, la obra es magnífica y novedosa por distintas razones.

En primer lugar, quien se acerque a este nuevo libro debe ser consciente de que viene avalado por más de un siglo de docencia si sumamos la experiencia acumulada por los tres autores (Ana, Antonio y Natividad). Todos ellos vienen respaldados por su rigor intelectual y por su vocación hacia la enseñanza, pero, además, cada uno de ellos tiene por sí mismo un valor añadido: Ana Capilla y su conocimiento y manejo de las nuevas tecnologías; Antonio González y su visión humanista desde la perspectiva de la Filosofía; Natividad Molinero y su perspectiva pedagógica y enorme sensibilidad.

Esto nos lleva al segundo aspecto digno de destacar en la obra: su concepción y su desarrollo interdepartamental. En él veremos conjugados los aspectos lingüísticos y literarios, pero también humanísticos, de pensamiento, con la intención de ofrecer una visión de la obra desde el autor y desde los enclaves de Córdoba, la ciudad donde nació y creció el poeta universar. Y todo ello dinamizado y estructurado desde las nuevas tecnologías para su empleo a través de soportes informáticos: cuadros, esquemas, poemas cantados, hipervínculos… modernidad y amenidad, en definitiva, didáctica aplicada en la presentación de los contenidos que trascienden, de esta forma, el soporte del libro tradicional.

En tercer lugar, destacaría la orientación didáctica que se deja sentir ya desde la selección realizada entre los poemas de Luis de Góngora. Se ha preferido al principe de la luz, más asequible y cercano, no menos genial, más ameno. La imagen que se ofrece así del poeta lo hace más próximo. Se han volcado, además, en cada texto desde preguntas, hasta sugerencias, ejercicios y enlaces que nos ayudan en ese acercamiento progresivo a nuestro autor no solo en la vertiente literaria, sino también en la vertiente humana –empatizar, comprender, disfrutar-.

También destacaría, en cuarto lugar, su carácter lúdico y sociológico. Para mí quizás el más maravilloso aspecto de la obra: integra a Góngora en su ciudad, en su entorno. Cada plaza, cada rincón de la Catedral, cada calle… cobran nuevos significados. Después de leer el libro, Luis de Góngora nos acompañará en nuestros paseos porque quedará asociado y recreado en su vida y en sus versos. Es un libro para pasear la ciudad “a la luz –desde el conocimiento- de Góngora”.

Por último, para no extenderme, quisiera destacar el carácter abierto de la obra. Merced al CD incorporado al libro y los enlaces enla Web, el lector podrá seguir ampliando información y aportando datos, opiniones, sugerencias, vivencias personales, que, en un futuro irán enriqueciendo la obra.  ¿Se puede pedir más?

A Ana, Antonio y Natividad, gracias por ofrecernos el fruto de su esfuerzo, amor, dedicación y experiencia. A todos ellos, felicidades

José Carlos Aranda

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XI CERTAMEN ANDALUZ DE ESCRITORES NOVELES

PARTICIPANTES: Jóvenes de entre 10 y 20 años.

MODALIDADES: Cuento (de 10 a 12 años, de 13 a 15 años y de 16 a 18 años), Poesía (de 10 a 12 años, de 13 a 15 años y de 16 a 18 años), Relato (hasta 20 años).

EXTENSIÓN: Poesía, entre 30 y 60 versos; Cuento, 1500 y 2500 palabras; Relato, 15.000 y 20000 palabras.

FALLO: 16 de diciembre de 2012.

PRESENTACIÓN: Correo electrónico a cal.aaiicc@juntadeandalucia.es (para otras modalidades, consultar página)

PLAZO DE PRESENTACIÓN: Hasta el 3 de octubre de 2012.

PREMIO: Beca de formación y publicación de la obra.

INFORMACIÓN: www.caletras.com

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Claraboya. José Saramago. Alfaguara, 2012 (Reseña de lectura)

Siempre es bueno dejarse acompañar por los clásicos. José Saramago nunca defrauda a quienes nos gusta la lectura reflexiva -no todo va a ser evasión histórica- y un Nobel, de vez en cuando, viene bien para depurar estilo y pulsar la calidad.

Tenía curiosidad por leer esta novela, la novela inédita de este autor portugués tan nuestro y tan universal. Fue la primera que intentó publicar, la primera que le fue rechazada por las editoriales, la misma que quisieron publicarle cuando ya la fama le perseguía más allá de sus páginas. Esa misma que él se negó a publicar en vida. Saramago no perdonó la indiferencia ni la ignorancia: «Nadie está obligado a amar a nadie, todos estamos obligados a respetarnos…»;  consideraba nuestro autor que ninguna empresa tiene la obligación de publicar los manuscritos que le llegan, pero existe el deber de ofrecer una respuesta a quien la espera día tras día porque el libro entregado, ese manuscrito, es algo más que una montaña de letras, lleva un ser humano dentro…». A Pilar del Río, Presidenta de la Fundación José Saramago, debemos estas palabras en el prólogo. ¿Alguien quiere más?

El universo de Saramago se halla presente en este novela. Es un relato realista que se desarrolla a mediados del siglo XX en Lisboa. Una casa de vecinos, humilde, que nos recuerda la Historia de una escalera de Buero Vallejo. Con el edificio como hilo conductor, el autor va saltando entre los distintos personajes que habitan el bloque. Son personajes reales atrapados en sus propias vidas. Cada uno tiene su historia, historias humanas, tristes, adocenadas. Permítanme que nos les revele el argumento, pero sí que destaque la hondura del tratamiento psicológico de los personajes ante sus situaciones vitales.

Es una obra para reflexionar y algunas reflexiones sí quiero dejarles a raíz de fragmentos de la novela.

Emilio hace tiempo que vive sintiéndose preso de su propia vida, su mujer se ha convertido, por rutina, en su enemiga y no encuentra en su corazón un atisbo de amor hacia su hijo enfermo. Se siente extraño en su casa. Creyendo dormido a su hijo le dice:

«Cuando sea mayor querrás ser feliz. Por ahora no piensas en ello y lo eres precisamente por eso mismo. Cuando pienses, cuando quieras ser feliz, dejarás de serlo. Para siempre… La felicidad no es cosa que se conquiste. Te dirán que sí. No lo creas. La felicidad es o no es.» (págs. 121-2)

Y es curioso cómo en la sociedad moderna esa «obligación» que nos ha sido impuesta de ser felices por decreto, nos causa una angustia que nos impide permanentemente disfrutar de la vida como nos ha sido dada, como un regalo que se vive día a día.

La sensación de desarraigo lo lleva a dos reflexiones interesantes. La primera sobre el concepto de «poseeer»: «…sentía de forma clara que en esa casa era un extraño, que nada de lo que lo rodeaba, aunque hubiera sido comprado con su dinero, le pertenecía. Tener no es poseer. Puede tenerse aquello que no se desea. Posesión es tener y disfrutar lo que se tiene. Tenía una casa, una mujer y un hijo, pero nada era, efectivamente, suyo. Que se pudiera decir suyo, solo se tenía a sí mismo, y no por completo» (pág. 179). Poseer en el sentido de ser capaz de disfrutar aquello que se tiene es un concepto más que interesante. Vivimos inmersos en el mundo medio vacío, fijando nuestra atención en aquello de lo que carecemos, en aquello que no se pliega a nuestro concepto de la realidad. Es más que cierto que tenemos, pero vivimos en permanente insatisfacción pensando en nuestras carencias. Puede que sea algo netamente humano. Fue Lope de Vega quien nos recordó: «Alentó mi esperanza el mar, perdonola el viento, matóla el puerto». ¡Qué pocas veces somos capaces de recrearnos en la contemplación de los logros, en disfrutar los bienes que la vida nos ofrece sin pedir nada a cambio, de los bienes que nos han llegado como fruto de nuestras conquistas!
Y el problema, como nuestro autor apunta a continuación como hilo del relato es que: «Estos pensamientos, mil veces repetidos, lo conducían siempre al mismo punto. Se comparaba con un animal uncido a una noria, que camina leguas en un círculo estrecho, con los ojos vendados, sin darse cuenta de por qué pasa por donde ha pasado miles de veces. No era ese animal, no tenía los ojos cerrados, pero reconocía que el pensamiento lo llevaba por un camino ya trillado» (pág. 180). Es el principio del pensamiento circular obsesivo, el que nos lleva a la depresión. ¿Logrará el personaje escapar de este círculo? Eso se lo dejo al lector.

Abel, un muchacho incapaz de comprometerse con nada ni con nadie, nos confiesa: «Tengo la sensación de que la vida está detrás de una cortina, riéndose a carcajadas de nuestros esfuerzos por conocerla». Y, ¿quién no ha tenido alguna vez la sensación de que hay cosas que se le escapan, de que no está viviendo realmente, de que debe haber algo más en alguna parte?

Su zapatero amigo lo desengaña respondiéndole: «Hay tanto que hacer en este lado de la cortina, amigo mío… Aunque viviera mil años y tuviera las experiencias de todos los hombres, no conseguiría conocer la vida» (pág. 144). Y es cierto que un instante atrapado vale toda una vida, o que toda una vida puede ser vivida en un solo instante. Pero, con frecuencia, no estamos ahí para sentirla porque nuestra mente anda ocupada en otros quehaceres. Porque quizás no se trate de «conocer».

Es el propio Abel quien reflexiona sentenciando más adelante: «…el sentido oculto de la vida es que la vida no tiene ningún sentido oculto» (pág. 281)
El pensamiento de Silvestre, el zapatero, me trae a la memoria  una reflexión propia realizada en El libro de la gramática vital, allí establecía la diferencia entre «vivir» y «ser vivido». Se «es vivido» cuando se es inconsciente y se consume la vida sin saber, sin plantearnos, ni quiénes somos ni qué deseamos ser. Se «vive» cuando uno asume la vida de forma consciente buscando un proyecto de ser hacia el que encamina sus actos. En esta línea se expresa Silvestre: «Aprendí que, tras esta vida desgraciada que los hombres llevan, hay un gran ideal, una gran esperanza. Aprendí que la vida de cada uno de nosotros debe estar orientada por esa esperanza y por ese ideal. Y que si hay gente que no siente así, es porque murió antes de nacer…» (pág. 232).

Y su terapia es la acción, pensar y actuar por y para los demás a través del amor, ¿no os recuerda a don Manuel, el entrañable personaje de don Miguel de Unamuno: «La experiencia solo vale cuando es útil a otros, y usted no es útil a nadie» (pág. 232). «Lo que cada uno tenga que ser en la vida, no lo será por las palabras que oye ni por los consejos que admite. Tendremos que recibir en la propia carne la cicatriz que nos transforma en verdaderos hombres. Después, se trata de actuar…» (pág. 290).

Es fácil caer en la tentación de que todo es malo, nada puede ser cambiado, no merece la pena intentarlo. Pero… «…la vida así como la ha descrito hace poco, no es vida, es un estercolero, es una ciénaga.

-¿Y qué le vamos a hacer?

-¡Transformarla!

-¿Cómo? ¿Amándonos los unos a los otros?

-Sí, pero con un amor lúcido y activo, un amor que venza al odio.

-¿Y que podemos hacer nosotros? ¿Yo? ¿Usted?

-Vivimos entre los hombres, ayudemos a los hombres.

-¿Y el amor resolverá todo eso?

-No lo sé. Es lo único que todavía no se ha experimentado…»

Cuando una periodista, Ima Sanchís, me preguntaba en La Vanguardia si se puede ser feliz, le respondía que sí, que era posible cuando nuestro proyecto de ser y nuestros actos caminan en la misma dirección. Abel manifiesta en el transcurso de su conversación: «Todos pensamos. Pero sucede que pensamos mal la mayor parte de las veces. O bien hay un abismo entre lo que pensamos y lo que hacemos…» (págs. 410-1).

Espero que estas notas sean un aliciente, una invitación, a la lectura pausada y reflexiva de esta novela. En ella encontramos ya a un Saramago maduro, con todas las claves narrativas y vitales que harían de él un autor universal. Feliz viaje.

José Carlos Aranda

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EL CÍRCULO DE LA ADICCIÓN (del acto de la creación al libro impreso). 25 de abril de 2012. IES El Tablero, Córdoba.

Escrito por Super User:

En conmemoración del Día del Libro y bajo el lema “El Círculo de la adicción”, el pasado 25 de abril tuvo lugar en el I.E.S. El Tablero de Córdoba un interesante encuentro entre profesionales del libro y alumnado de Artes Gráficas. La actividad, enmarcada dentro de la IX Feria del Día del Libro que celebraba dicho Centro, pretendía ser una charla-coloquio que permitiese a los estudiantes profundizar en la realidad del mundo editorial.

La mesa, compuesta por Manuel Amaro Parrado (profesor de Matemáticas de I.E.S. Jándula de Andújar y autor de León González, santo y de la antología de relatos Fobos), José Carlos Aranda Aguilar (profesor de Lengua Castellana del mismo I.E.S. El Tablero y autor más consolidado, con títulos como El libro de la gramática vital o Manual de ortografía y redacción) y Antonio Cuesta López (Director de la Editorial Almuzara), ofreció al alumnado de Artes Gráficas la oportunidad de conocer de primera mano las aventuras y desventuras de sus respectivos oficios y el cariz de la verdadera interacción entre ellos.

Se echó de menos un cuarto invitado, Ángel Casares (Presidente de Asagra), que no pudo asistir al evento por motivos profesionales, y que tenía previsto acudir como representante del último eslabón de la cadena del libro: la impresión.

El acto, presentado por Antonio del Moral (profesor de Artes Gráficas en I.E.S. El Tablero) y moderado por Eduardo González (alumno de 1º de Diseño) transcurrió de forma amena y fluida, y despertó gran interés entre todos los estudiantes, que participaron haciendo preguntas a los invitados.

Fue un divertido e interesante encuentro entre “adictos” al libro, profesionales que, con sus acuerdos y desavenencias, trabajan codo con codo para que todos podamos acceder al placer de la lectura… Un evento que dejó muy buen sabor de boca.

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