AGRESIÓN A UN PROFESOR

Hoy me despierto con la noticia en prensa: «Agreden a un profesor en pleno patio del IES Fuensanta», titula ABC; «El hermano de una alumna amenaza y golpea a un profesor», titula el Diario Córdoba de 15 de junio de 2012. Al parecer, el único motivo que había dado este profesor fue impedir la entrada a clase de una alumna absentista. Los hechos resultan coincidentes en los dos medios: el agresor saltó la valla para «colarse» en el Instituto. Dio una patada al profesor para llamar su atención. «Está claro que quería armar jaleo porque si no, se hubiera dirigido a mí en la calle», dice del profesor agredido. Le preguntó si sabía quién era él, si tenía algo contra su hermana, lo amenazó con una navaja y le propino un puñetazo en la cara cuyas huellas de vergüenza pueden aún apreciarse en el rostro fotografiado en Diario Córdoba.

Sé que los moratones desaparecerán del rostro de Antonio, lo que no sé es si la humillación llegará algún día a desaparecer de su alma. Antonio no respondió la agresión. Se dio la vuelta «…porque soy un profesor y se supone que no puedo entrar al trapo sino dar ejemplo».

Quizá lo grave no sea el hecho en sí, sino las circunstancias y el entorno que propician este tipo de actuaciones. En el relato leemos cómo mientras se producía la agresión un coro de alumnos rodeaban el incidente jaleando la violencia al grito de «mátalo, mátalo». No sé si además veremos el incidente convertido en espectáculo esperpéntico en Youtube o algo parecido grabado con algún móvil de última generación que familias, que no pueden permitirse comprar libros de texto, regalan a sus hijos para que estén en la onda.

Cuando se habla de calidad de la educación, de plataformas de profesores indignados, de la defensa de la educación pública, no se habla de la dignidad de la profesión.  Muchos de nosotros aspiramos simplemente a hacer bien nuestro trabajo. Nos gustaría poder llegar al corazón de todos los jóvenes que pasan por nuestras manos. No podemos. Hay algo que nos lo impide. Hemos creado una sociedad en la que todo son derechos pero nadie habla de obligaciones, ni de responsabilidad, ni del respeto debido a la edad, las canas, el cargo, el oficio. Los medios de comunicación, por intereses meramente políticos, cargan las tintas en que somos unos perros que no merecen ni el pan que comemos, que no trabajamos, que solo sabemos quejarnos… que somos funcionarios. Pero nadie habla de que la escuela pública es la única garante de la igualdad de oportunidades, que es un privilegio que todos los niños puedan acudir a los medios de formación, que es una inversión de futuro. Esta inversión de futuro merece el mimo, el cuidado, el cariño, el aprecio de la sociedad. Y merece partir de una premisa: nadie tiene derecho a sustraer el futuro de quien acude a su clase buscando la superación a través del esfuerzo. Esos alumnos que año tras año vegetan en las aulas con la connivencia de las familias. Que palían el aburrimiento con el insulto y la violencia en la más completa impunidad transformando la clase en un campo de batalla, impidiendo el más mínimo aprovechamiento del tiempo, con el respaldo de una Administración y una normativa que propicia este tipo de actitudes, merecerían un trato mucho más contundente y clarificador.

Mientras que no existan consecuencias claras y contundentes a este tipo de actuaciones por parte de la Administración y la Justicia, mientras que la sociedad en pleno no condene estas actitudes, mientras no exista el más mínimo respeto, estaremos creando una sociedad falsa en la perversión de un buenismo falaz que impide la regeneración a los mismos afectados.

Funciona la amenaza y la violencia. Mañana entraré en el aula y me cuidaré muy mucho de impedir que un alumno entre en clase, o encienda su móvil, o utilice el ordenador para jugar en lugar de para trabajar, o dé  voces, o me grite «…porque no me sale del coño» -anécdota real- no sea que pueda algún hermano, algún padre o amigo, algún novio, estar esperándome en la salida para «rajarme».

Soñaba con «educar», con conducir a los estudiantes en la formación para ayudarlos a convertirse en ciudadanos responsables y útiles para sí mismos y para la sociedad. Hoy solo sueño con sobrevivir. ¡Qué pena, que actitudes como esta cercenen las posibilidades de futuro de tantos jóvenes!

Y para ti, Antonio, solo decirte que hoy tú somos todos los profesores. Solo desearte que encuentres algún rincón en tu corazón que te anime a seguir adelante sin desmayar, sin renunciar a lo que un día fue tu sueño por culpa de un insensato que te ha hecho diana de sus propias frustraciones. ¡Ánimo!

José Carlos Aranda

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COMENTARIO DE TEXTO: RESUMEN, TEMA, ESQUEMA Y COMENTARIO CRÍTICO SOBRE UN FRAGMENTO DE BODAS DE SANGRE («Se sienta la novia en una silla baja y se mira en un espejito de mano. La criada la peina»).

Bodas de sangre

BODAS DE SANGRE

Las ideas que quedan aquí expresadas son de carácter orientativo. Cada comentario puede elaborarse desde distintas perspectivas igualmente válidas y certeras. Lo importante es “razonar” y, a partir de las perspectivas seleccionadas, alcanzar una conclusión personal. Planteamos el desarrollo atendiendo a las claves que pueden encontrarse en el manual CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

TEXTO:

(Se sienta la novia en una silla baja y se mira en un espejito de mano. La criada la peina.)
Novia: Mi madre era de un sitio donde había muchos árboles. De tierra rica.
Criada: ¡Así era ella de alegre!
Novia: Pero se consumió aquí.
Criada: El sino.
Novia: Como nos consumimos todas. Echan fuego las paredes. ¡Ay!, no tires demasiado.
Criada: Es para arreglarte mejor esta onda. Quiero que te caiga sobre la frente. (La novia se mira en el espejo.) ¡Qué hermosa estás! ¡Ay! (La besa apasionadamente.)
Novia: (Seria) Sigue peinándome.
Criada: (Peinándola)¡Dichosa tú que vas a abrazar a un hombre, que lo vas a besar, que vas a sentir su peso!
Novia: Calla.
Criada: Y lo mejor es cuando te despiertes y lo sientas al lado y que él te roza los hombros con su aliento, como con una plumilla de ruiseñor.
Novia: (Fuerte.) ¿Te quieres callar?
Criada: ¡Pero, niña! Una boda, ¿qué es? Una boda es esto y nada más. ¿Son los dulces? ¿Son los ramos de flores? No. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer.
Novia: No se debe decir.
Criada: Eso es otra cosa. ¡Pero es bien alegre!
Novia: O bien amargo.
Criada: El azahar te lo voy a poner desde aquí hasta aquí, de modo que la corona luzca sobre el peinado.
(Le prueba un ramo de azahar.)
Novia: (Se mira en el espejo) Trae. (Coge el azahar y lo mira y deja caer la cabeza abatida.)
Criada: ¿Qué es esto?
Novia: Déjame.
Criada: No son horas de ponerse triste. (Animosa.) Trae el azahar. (La novia tira el azahar.) ¡Niña! Qué castigo pides tirando al suelo la corona? ¡Levanta esa frente! ¿Es que no te quieres casar? Dilo. Todavía te puedes arrepentir.(Se levanta.)
Novia: Son nublos. Un mal aire en el centro, ¿quién no lo tiene?
Criada: Tú quieres a tu novio.
Novia: Lo quiero.
Criada: Sí, sí, estoy segura.
Novia: Pero este es un paso muy grande.
Criada: Hay que darlo.
Novia: Ya me he comprometido.
Criada: Te voy a poner la corona.
Novia: (Se sienta) Date prisa, que ya deben ir llegando.

(Bodas de sangre, Federico García Lorca, Acto II, cuadro I)

RESUMEN:

A la entrada de la casa, la novia y la criada dialogan mientras esta acaba de peinarla para la boda. La novia comenta cómo su madre, antes alegre, que venía de tierra fértil, se consumió como todas en aquella tierra calcinada. La criada la peina para la boda mientras envidia su suerte por poder tener a un hombre para sí. Pero la novia no comparte su entusiasmo, la alegría puede ser amargura. Cuando le pone el azahar su cara se entristece, acaba tirándolo al suelo ante el escándalo de la criada que acaba por pretuntarle si realmente quiere o no a su novio. La novia responde que sí, está segura porque se ha comprometido, pero es una decisión importante. Se dan prisa en acabar ante la llegada de los invitados.

TEMA:

Pesadumbre de la novia ante la inminencia de la boda.

ESTRUCTURA:

1: Esa tierra acabará consumiéndola. (1-6)

……….1.1.  La madre alegre de tierra fértil acabó consumida.

……….1.2. Todas acabarán consumidas en esa tierra árida.

2: Alegría de la criada frente a pesadumbre de la novia en los preparativos.(7-19)

………..2.1. La boda es alegría. Es poseer y ser poseída por un hombre.

………..2.2. [pero] Puede ser amargura.

[escena simbólica del azahar tirado por la novia] (20-27)

3: Afirmación del amor al novio y confirmación de su compromiso con la boda (20-final)

El texto presenta el diálogo entre dos personajes, la criada y la novia. El contenido se estructura en tres módulos temáticos. Una primera reflexión (1-6) centra la idea en la fuerza del medio para condicionar el carácter y el destino de las personas. Sirve a modo de anticipación del estado de ánimo que presenta la novia en el fragmento. La segunda parte (7-19) contrasta dos actitudes: la tradicional alegría ante el evento –criada-, frente a las reservas y pesadumbre de la novia ante su propia boda. La imagen se centra en la escena donde la novia tira al suelo la corona de azahar, símbolo de la pureza (20-27). La tercera parte es confirmatoria (20-final), ante las preguntas de la criada, la novia acaba reafirmando su amor por el novio y su intención de llevar el compromiso hasta el final.

COMENTARIO CRÍTICO:

El fragmento de Bodas de sangre nos presenta algunos de los temas constantes en la dramaturgia de Federico García Lorca. Por una parte, el destino de la mujer a verse consumida en el papel que socialmente le ha sido asignado y que, en distintas partes de la obra, se nos describe. Una vez casada, la mujer permanecerá en casa cuidando de su marido y de sus hijos. No existe vida más allá de los muros de la casa. Pero además, nos vincula la alegría o la tristeza con la dureza de la tierra que se habita, un concepto muy unamuniano, solo que en nuestro caso la tierra infértil, árida, ardiente no es sinónimo de espíritus duros y hechos al trabajo, sino de desgracia ante el destino cierto de repetir la historia ya vivida por su madre: el consumirse en vida. Por otra parte, la angustia y las dudas de la novia pueden ser interpretadas en el sentido literal del texto, es decir, de responsabilidad ante la gravedad y trascendencia de la decisión que está a punto de tomar. No obstante, sabemos por el desarrollo argumental de la obra que asistimos a una escena cumbre por cuanto plasma la lucha interna de la protagonista entre sus sentimientos y su razón, entre la pasión que siente  por Leonardo y la coherencia de renunciar a él, ya casado, para seguir con su propia vida según unos parámetros de honradez y honestidad socialmente asignados. Pero no siente amor hacia el novio y algo en ella rechaza su destino de mujer, el descrito por la criada en el fragmento.

Mucho ha evolucionado el papel de la mujer desde que Federico García Lorca escribiera la obra. La sensibilidad social ha cambiado en apoyo al derecho de la mujer a tomar sus propias decisiones. Especialmente en las sociedades industrializadas y en ambientes urbanos. Pero lo que más ha cambiado, afortunadamente, consiste en liberarse de la servidumbre impuesta de “vivir para casarse”. No hace aún mucho tiempo que una mujer que no aspirara al matrimonio era considerada como algo extraño, que el no tener o no poder tener hijos, como una desgracia –véase en Un viejo que leía novelas de amor-. La presión social en estos casos podía llegar a ser obsesiva e impulsar a la toma de decisiones precipitadas no inspiradas en el amor sino en la conveniencia o en la necesidad de integrarse como uno más en la sociedad.  Tampoco podemos generalizar esta evolución, sabemos que en determinadas razas, religiones, zonas rurales, países del tercer mundo… la mujer sigue con un papel asignado de sumisión e inmovilismo contra el que poco o nada podemos hacer salvo alzar nuestra voz –casos de atentados a escuelas, ablaciones, matrimonios concertados, lapidación por adulterio, incapacidad legal para actuar sin el consentimiento del marido, etc.-.

La sociedad industrializada ha liberado, definitivamente, a la mujer de un papel en que se  daba preeminencia a sus funciones como madre y esposa que al ser como persona. En este sentido, ha contribuido poderosamente la disminución de la natalidad, la generalización de los métodos anticonceptivos y la lucha por la concienciación social. Sin embargo, sería interesante reflexionar que el hecho en sí supone la renuncia a una distribución de funciones entre los sexos que ha sobreprotegido a la mujer hasta el punto de anularla (hombre cazador/mujer recolectora). Una distribución funcional que ha permitido la expansión de la raza humana a lo largo de la historia y que hoy, con la evolución urbana e industrial, ha quedado obsoleta produciendo la alienación de la mujer en la vida moderna. Es esta alienación la que manifiesta Lorca a través de la “no realización”, del tabú, de los convencionalismos sociales que nos han apartado de nuestros ciclos naturales –el amor pasión, la procreación, junto al instinto de superviviencia es uno de los más fuertes en cualquier animal-.

Sin embargo, el texto, más allá de la necesaria libertad, nos habla de entregarnos a nuestras pasiones. Si bien la libertad es una conquista necesaria, el actuar al dictado de nuestros sentimientos puede cortapisar la libertad. La libertad de cada cual tiene su límite en la libertad de los demás. No puede existir libertad sin responsabilidad. Y ahí entramos en la paradoja del ejercicio de la “libertad”. De nada nos sirve nuestra libertad si no la usamos para tomar decisiones. Pero cada decisión que tomamos limita nuestras posibilidades futuras, limita nuestra disponibilidad. En este sentido, actuar al dictado de la pasión sin medir las consecuencias de nuestros actos impide la realización personal. Es el caso de la novia y Leonardo. Leonardo está casado, ha tomado su decisión. Tiene un hijo y su mujer está embarazada de un segundo. Estas son sus circunstancias fruto de elecciones libres. La novia conoce estas circunstancias, es prima de la mujer de Leonardo, sabe que el tomar la decisión de huir con Leonardo puede acarrear la desgracia. Si realmente ama a Leonardo, tal vez hubiera preferido preservar su vida antes que precipitar su muerte. Pero hablamos del amor-pasión, ciego ante la fuerza de los sentimientos. De él deriva, como no puede ser de otro modo, el fin trágico de la obra.

Hay, con todo, una diferencia a destacar con las tragedias clásicas: no mueren todos los personajes. Muere el culpable, Leonardo, y el inocente, el novio. Se salva la novia, la otra culpable. ¿Qué sentido tiene el que Lorca salve a la novia? Por encima del hecho de que la obra está inspirada en un suceso real, solo hay una respuesta posible y la encontramos al final de tercer acto, cuando la novia, ya viuda, se presenta en casa de la madre del novio. Su destino, el futuro que le aguarda a partir de ese momento,  es quedar enterrada en vida, en un encierro obligado e impuesto. El luto resulta otro de los convencionalismos sociales que pueden asfixiar al ser humano y Lorca lo retrata magistralmente en La casa de Bernarda Alba. Para Lorca, triunfan los convencionalismos, las fuerzas telúricas y sociales sobre el ansia de libertad y la posibilidad de realización personal. Y, está claro, hay destinos que pueden ser peor que la propia muerte.

Un fragmento clave de tensión dramática que deja entrever todos los elementos que actúan en el alma de la protagonista de la obra, contrastados con la alegría inocente de la criada ante la boda. La lucha constante entre razón y sentimiento que tan bien describiera Bécquer como fuente de inspiración poética (“…mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, habrá poesía”) y que Lorca trasforma en motor de acción dramática.

José Carlos Aranda

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CÓMO ANULAR A UNA PERSONA

OSITO INÚTIL

Mucho se puede comentar, opinar, reflexionar… pero las verdades del barquero, esas que parecen irrefutables, nos acompañan desde el sentido común y la conciencia. Sobre este artículo, conviene que reflexionemos sobre un sistema educativo que forma en la cultura de los derechos y no de las obligaciones, donde se prima la ineptitud y se beca la desidia. Conviene preguntarnos a quién puede interesar una fábrica de fracasos vitales. Lo siento, no es una opinión personal, los datos sobre el abandono escolar y los niveles educativos están ahí para quien quiera mirarlos. Las causas están más que claras… y si alguien duda que nos pregunte a cualquiera de los que nos dedicamos día a día a luchar por nuestros alumnos a pesar del sistema. Aquí dejo este artículo de Ana Critina Aristizábal -Medellín- publicado en 2010, y que cada uno opine lo que estime oportuno.

Cómo anular a una persona

Ana Cristina Aristizábal Uribe| Medellín | Publicado el 29 de agosto de 2010

El peor daño que se le hace a una persona es darle todo. Quien quiera anular a otro solo tiene que evitarle el esfuerzo, impedirle que trabaje, que proponga, que se enfrente a los problemas (o posibilidades) de cada día, que tenga que resolver dificultades.

Regálele todo: la comida, la diversión y todo lo que pida. Así le evita usar todas las potencialidades que tiene, sacar recursos que desconocía y desplegar su creatividad. Quien vive de lo regalado se anula como persona, se vuelve perezosa, anquilosada y como un estanque de agua que por inactividad pudre el contenido.

Aquellos sistemas que por «amor» o demagogia sistemáticamente le regalan todo a la gente, la vuelven la más pobre entre las pobres. Es una de las caras de la miseria humana: carecer de iniciativa, desaprovechar los talentos, potencialidades y capacidades con que están dotados casi todos los seres humanos.

Quien ha recibido todo regalado se transforma en un indigente, porque asume la posición de la víctima que sólo se queja. Cree que los demás tienen obligación de ponerle todo en las manos, y considera una desgracia desarrollarse en un trabajo digno.

Es muy difícil que quien ha recibido todo regalado, algún día quiera convertirse en alguien útil para sí mismo. Le parece que todos a su alrededor son responsables de hacerle vivir bien, y cuando esa «ayuda» no llega, culpa a los demás de su «desgracia» (no por anularlo como persona, sino por no volverle a dar). Solo los sistemas más despóticos impiden que los seres humanos desarrollen toda su potencialidad para vivir. Creen estar haciendo bonito, pero en definitiva están empleando un arma para anular a las personas. (No quiere decir que la caridad de una ayuda temporal no sea necesaria en momentos especiales).

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COMENTARIO CRÍTICO SOBRE UN TEXTO DE ANTONIO MACHADO, JUAN DE MAIRENA: «La política, señores -sigue hablando Mairena-, es una actividad importantísima…»

Las ideas que quedan aquí expresadas son de carácter orientativo. Cada comentario puede elaborarse desde distintas perspectivas igualmente válidas y certeras. Lo importante es “razonar” y, a partir de las perspectivas seleccionadas, alcanzar una conclusión personal. Planteamos el desarrollo atendiendo a las claves que pueden encontrarse en el manual CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

TEXTO:

«La política, señores -sigue hablando Mairena-, es una actividad importantísima… Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra vosotros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la política, y a enturbiar la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.

    Y a quien os eche en cara vuestros pocos años bien podéis responderle que la política no ha de ser, necesariamente, cosa de viejos. Hay movimientos politicos que tienen su punto de arranque en una justificada rebelión de menores contra la inepcia de los sedicentes padres de la patria. Esta política, vista desde el barullo juvenil, puede parecer demasiado revolucionaria, siendo, en el fondo, perfectamente conservadora. Hasta las madres -¿hay algo más conservador que una madre?- pudieran aconsejarla con estas o parecidas palabras: «Toma el volante, niño, porque estoy viendo que tu papá nos va a estrellar a todos -de una vez- en la cuneta del camino».

(Antonio Machado, Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo)

RESUMEN:

Se debe hacer política a pesar de quienes tratan de apartarnos de ella. El apolitismo no es una opción, todo lo más, debemos despreciar la mala política de los arribistas aprovechados. Pero ha de ser clara y honesta para evitar confusiones. A quienes critican la juventud hay que recordarles que muchas rebeliones fueron iniciadas por jóvenes en contra de la ineptitud de los gobernantes, que es una actitud lícita e incluso conservadora antes que revolucionaria.

TEMA:

El compromiso juvenil, clave para la regeneración política.

ORGANIZACIÓN DE IDEAS:

…..1: La juventud debe hacer política.

…………1.1. [porque] El apoliticismo no es una opción.

………….1.2: Debe practicarse aunque traten de apartarnos de ella.

…………………a: [pero]  Hay que desdeñar la política de los arribistas aprovechados.

…………………b: [y] Hay que hacerla con honestidad para evitar confusiones.

……2: La juventud no es un inconveniente para hacer política.

…………2.1. [porque] Muchos movimientos políticos arrancan de rebeliones juveniles.

………………….a: Son justas si van contra la ineptitud y las imposturas de los gobernantes.

………………….b: Necesarias y conservadoras aunque parezcan revolucionarias.

El texto se organiza en dos párrafos de organización deductiva. Se parte en cada uno de ellos de la  idea básica [1: La juventud debe hacer política y 2: La juventud no es un inconveniente para hacer política]. Y se argumentan las ideas clave, a continuación,  en relación causal (1.1. y 1.2; 2.1) introduciendo matices en estos argumentos (apartados a y b)

COMENTARIO CRÍTICO DE LOS CONTENIDOS EXPRESADOS EN EL TEXTO:

El texto de Antonio Machado nos plantea un tema, a pesar del tiempo transcurrido, de plena actualidad: la necesidad del compromiso político de los jóvenes para lograr la regeneración social. Se trata de un tema propio de la Generación del 98 que busca claves para la recuperación de España.  Lamentablemente, la constatación de una crisis espiritual y económica de España cuenta con precedentes literarios que se remontan al Siglo de Oro -Quevedo, «Miré los muros de la patria mía…»-, siguen con la ilustración -Jovellanos, Moratín o Cadalso- y se mantienen en el siglo XIX -Mariano José de Larra o Joaquín Costa-. La generación del 98 incide de nuevo en esta necesidad que recogen otros autores como políticos y militares en la primera mitad del siglo XX -véase Memorias de José Cruz Conde-.

Estamos pues ante un problema, al parecer, endémico de una sociedad que no logra despegar, anclada en una mala praxis que perdura en el tiempo y cuya regenaración no puede sino venir de mano de la pureza y la inocencia de los espíritus jóvenes aún no contaminados por un sistema político caduco y corrupto. Esta es la tesis de don Antonio Machado que, en la situación que hoy se está viviendo, cobra toda su actualidad.

Vivimos en un país esperpéntico al más puro estilo valleinclanesco. Quienes debieran ser los representantes de los valores puros del juego democrático han apostado por asentar un sistema que impide la democracia incurriendo así en un espejismo de manipulación. En una democracia deben primar los valores éticos, que quienes gobiernan lo hagan cuidando los intereses de los gobernados sin engaños y sin mentiras. Hoy todo está permitido para perpetuarse en el poder. Vemos cómo nuestros políticos han dilapidado un ciclo de bonanza económica en continuas malversaciones e inversiones sin sentido y sin futuro. Han gestionado pésimamente el fruto del trabajo de sus ciudadanos. Han cometido todo tipo de delitos económicos pero no hay ninguna responsabilidad civil para quienes nos han llevado a la ruina. Por no haber, no hay ni una dimisión. La solución que nos ofrecen está en alentar la apariencia de posiciones ideológicas enfrentadas.

No existe democracia real cuando el poder judicial está instrumentalizado por el poder legislativo -véase el Fiscal General o el Tribunal Supremo-, tampoco la hay cuando los ciudadanos no tienen otra opción que votar listas cerradas con independencia de que algunos componentes puedan, incluso, estar imputados en causas judiciales; tampoco la hay cuando la disciplina de voto de partido merma las funciones del Parlamento obligando a las personas elegidas, incluso, a votar en contra de su conciencia a favor de directrices concretas orquestadas por la demagogia del momento. Tampoco puede existir libertad de expresión y de presión cuando los sindicatos están sostenidos por el Gobierno. Todo es políticamente correcto, pero cívicamente inútil.

No cabe reacción desde la población adulta porque ha sido adiestrada en una bipolaridad partidista en la que «los suyos» siempre tienen razón hagan lo que hagan. Mensajes sencillos mueven los sentimientos y la visceralidad sin que la razón intervenga en la votación. Los grandes partidos se perpetúan, los dirigentes también. No hay regeneración de ideas, de principios, de conceptos. Hemos asistido a ministros y ministrables sin una mínima titulación universitaria que los capacitase, por encima de ideologías, para el trabajo en el ámbito en que fueron destinados. Tampoco una mínima preparación profesional puesto que nunca antes trabajaron en nada que no fuera la política. Con casi cien años de antigüedad, Antonio Machado está retratando el «tipo» que aún hoy sigue siendo el lastre del país.

Y si esto existe -la mentira, el dispendio, el abuso, la dilapidación…- es porque lo consentimos. La conciencia social, que debiera ser árbitro de tanta barbarie, está desviada como en el espejo cóncavo del callejón del gato. El pueblo admira al arribista y piensa que es un listo por aprovecharse de la ocasión que le brinda el cargo, y lo reelige. No es de extrañar, a la manipulación de la tribuna decimonónica se le ha sumado la de la televisión con su información focalizada y sus partidos de fútbol o sus programas de «famosos». No interesa aplaudir el esfuerzo ni la inteligencia, sino la estulticia elevada a «princesa del pueblo» sin que el pueblo se dé cuenta de que así lo están llamando «imbécil».

Por todo esto, la regeneración política y espiritual de España no puede venir de la mano de los viejos, sino de la ilusión, la pureza y la energía de las mentes jóvenes. Si es cierto que la televisión es una pantalla de deformación permanente, no lo es menos que contamos en la actualidad con medios técnicos para coordinarnos e intentar, entre todos, un cambio radical. La telefonía móvil, Internet, los SMS… ya han demostrado su valía en la organización de protestas colectivas. Es necesario promover la conciencia social de la urgencia en esta transformación porque el tiempo se nos agota y serán nuestros hijos, las próximas generaciones, las que pagarán las consecuencias. Y si miramos al pasado, sea para aprender de nuestros errores, no para seguir siendo víctimas de ellos condenando nuestro futuro. Y urge, además, porque el terreno ya está abonado y no lo dudéis: «Si no sembramos trigo, vendrá quien se aproveche para sembrar cizaña».

José Carlos Aranda

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A LA LUZ DE GÓNGORA. Ana Capilla, Antonio González y Natividad Molinero. Litopress, 2011.

Siempre es motivo de satisfacción la publicación de un nuevo libro y si, además, es sobre don Luis de Góngora, un motivo de orgullo. Este libro cuenta con el aval de tres grandes firmas, todos ellos docentes, todos ellos profesores de secundaria, adiestrados no solo en el rigor y profundidad de la información, sino –y esto es importante- en la didáctica de la presentación de los contenidos. Entre ellos se encuentra mi compañera de Instituto y Departamento Natividad Molinero con quien tanto comparto de ilusiones y afanes en el día a día.

Al esbozar estas líneas quise fijar mi atención en una reflexión simple: ¿otro libro sobre Góngora?; ¿es que no se ha escrito, investigado, publicado ya suficiente sobre nuestro autor?; ¿es posible que quede aún algo por decir?

Pero la respuesta es sencilla porque nunca está de más un libro nuevo sobre nuestro poeta. Si hubiera que destacar a algún autor cordobés, es probable que él sobresaliera con diferencia entre todos los demás, lo cual no es decir poco cuando lo situamos junto a personajes de la talla de Maimónides, Averroes, Séneca, Lucano o el duque de Rivas. A quien le pudiera parecer exagerado el elogio, le dejo aquí estos versos que a él se refieren:

“Aquel que tiene de escribir la llave,

con gracia y agudeza en tanto extremo

que su igual en el orbe no se sabe

es don Luis de Góngora, a quien temo

agraviar en mis cortas alabanzas

aunque las suba al grado más supremo”

Nadie dudará de la agudeza y acierto del criterio de don Miguel de Cervantes, autor de los anteriores versos en Viaje al Parnaso. El que quinientos años después se publique una nueva obra sobre Góngora no hace sino confirmar la validez del sentido crítico del autor de El Quijote. Don Luis impuso una nueva concepción de la poesía y del lenguaje poético de tal envergadura que aún sigue siendo referente en la estética moderna. Los poetas de todas las épocas se han mirado en él y, aún hoy, lo siguen haciendo. Constituye, pues, en sí mismo, un patrimonio cultural y cordobés digno de revisión permanente.

Nuevas épocas, nuevos autores, nuevos lectores. La obra se hace independiente del autor cuando sale de su pluma y es interpretada por cada lector a la luz del conocimiento, de la época, de la experiencia personal de cada sujeto. Las palabras resuenan en cada mente y se hacen diferentes en su mensaje a partir de las vivencias, las lecturas, la sensibilidad de cada lector. De ahí que, lo que nuestros autores nos ofrecen a través de A la luz de Góngora sea una visión personal con sentido propio y original. Desde esta perspectiva, la obra es magnífica y novedosa por distintas razones.

En primer lugar, quien se acerque a este nuevo libro debe ser consciente de que viene avalado por más de un siglo de docencia si sumamos la experiencia acumulada por los tres autores (Ana, Antonio y Natividad). Todos ellos vienen respaldados por su rigor intelectual y por su vocación hacia la enseñanza, pero, además, cada uno de ellos tiene por sí mismo un valor añadido: Ana Capilla y su conocimiento y manejo de las nuevas tecnologías; Antonio González y su visión humanista desde la perspectiva de la Filosofía; Natividad Molinero y su perspectiva pedagógica y enorme sensibilidad.

Esto nos lleva al segundo aspecto digno de destacar en la obra: su concepción y su desarrollo interdepartamental. En él veremos conjugados los aspectos lingüísticos y literarios, pero también humanísticos, de pensamiento, con la intención de ofrecer una visión de la obra desde el autor y desde los enclaves de Córdoba, la ciudad donde nació y creció el poeta universar. Y todo ello dinamizado y estructurado desde las nuevas tecnologías para su empleo a través de soportes informáticos: cuadros, esquemas, poemas cantados, hipervínculos… modernidad y amenidad, en definitiva, didáctica aplicada en la presentación de los contenidos que trascienden, de esta forma, el soporte del libro tradicional.

En tercer lugar, destacaría la orientación didáctica que se deja sentir ya desde la selección realizada entre los poemas de Luis de Góngora. Se ha preferido al principe de la luz, más asequible y cercano, no menos genial, más ameno. La imagen que se ofrece así del poeta lo hace más próximo. Se han volcado, además, en cada texto desde preguntas, hasta sugerencias, ejercicios y enlaces que nos ayudan en ese acercamiento progresivo a nuestro autor no solo en la vertiente literaria, sino también en la vertiente humana –empatizar, comprender, disfrutar-.

También destacaría, en cuarto lugar, su carácter lúdico y sociológico. Para mí quizás el más maravilloso aspecto de la obra: integra a Góngora en su ciudad, en su entorno. Cada plaza, cada rincón de la Catedral, cada calle… cobran nuevos significados. Después de leer el libro, Luis de Góngora nos acompañará en nuestros paseos porque quedará asociado y recreado en su vida y en sus versos. Es un libro para pasear la ciudad “a la luz –desde el conocimiento- de Góngora”.

Por último, para no extenderme, quisiera destacar el carácter abierto de la obra. Merced al CD incorporado al libro y los enlaces enla Web, el lector podrá seguir ampliando información y aportando datos, opiniones, sugerencias, vivencias personales, que, en un futuro irán enriqueciendo la obra.  ¿Se puede pedir más?

A Ana, Antonio y Natividad, gracias por ofrecernos el fruto de su esfuerzo, amor, dedicación y experiencia. A todos ellos, felicidades

José Carlos Aranda

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XI CERTAMEN ANDALUZ DE ESCRITORES NOVELES

PARTICIPANTES: Jóvenes de entre 10 y 20 años.

MODALIDADES: Cuento (de 10 a 12 años, de 13 a 15 años y de 16 a 18 años), Poesía (de 10 a 12 años, de 13 a 15 años y de 16 a 18 años), Relato (hasta 20 años).

EXTENSIÓN: Poesía, entre 30 y 60 versos; Cuento, 1500 y 2500 palabras; Relato, 15.000 y 20000 palabras.

FALLO: 16 de diciembre de 2012.

PRESENTACIÓN: Correo electrónico a cal.aaiicc@juntadeandalucia.es (para otras modalidades, consultar página)

PLAZO DE PRESENTACIÓN: Hasta el 3 de octubre de 2012.

PREMIO: Beca de formación y publicación de la obra.

INFORMACIÓN: www.caletras.com

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Claraboya. José Saramago. Alfaguara, 2012 (Reseña de lectura)

Siempre es bueno dejarse acompañar por los clásicos. José Saramago nunca defrauda a quienes nos gusta la lectura reflexiva -no todo va a ser evasión histórica- y un Nobel, de vez en cuando, viene bien para depurar estilo y pulsar la calidad.

Tenía curiosidad por leer esta novela, la novela inédita de este autor portugués tan nuestro y tan universal. Fue la primera que intentó publicar, la primera que le fue rechazada por las editoriales, la misma que quisieron publicarle cuando ya la fama le perseguía más allá de sus páginas. Esa misma que él se negó a publicar en vida. Saramago no perdonó la indiferencia ni la ignorancia: «Nadie está obligado a amar a nadie, todos estamos obligados a respetarnos…»;  consideraba nuestro autor que ninguna empresa tiene la obligación de publicar los manuscritos que le llegan, pero existe el deber de ofrecer una respuesta a quien la espera día tras día porque el libro entregado, ese manuscrito, es algo más que una montaña de letras, lleva un ser humano dentro…». A Pilar del Río, Presidenta de la Fundación José Saramago, debemos estas palabras en el prólogo. ¿Alguien quiere más?

El universo de Saramago se halla presente en este novela. Es un relato realista que se desarrolla a mediados del siglo XX en Lisboa. Una casa de vecinos, humilde, que nos recuerda la Historia de una escalera de Buero Vallejo. Con el edificio como hilo conductor, el autor va saltando entre los distintos personajes que habitan el bloque. Son personajes reales atrapados en sus propias vidas. Cada uno tiene su historia, historias humanas, tristes, adocenadas. Permítanme que nos les revele el argumento, pero sí que destaque la hondura del tratamiento psicológico de los personajes ante sus situaciones vitales.

Es una obra para reflexionar y algunas reflexiones sí quiero dejarles a raíz de fragmentos de la novela.

Emilio hace tiempo que vive sintiéndose preso de su propia vida, su mujer se ha convertido, por rutina, en su enemiga y no encuentra en su corazón un atisbo de amor hacia su hijo enfermo. Se siente extraño en su casa. Creyendo dormido a su hijo le dice:

«Cuando sea mayor querrás ser feliz. Por ahora no piensas en ello y lo eres precisamente por eso mismo. Cuando pienses, cuando quieras ser feliz, dejarás de serlo. Para siempre… La felicidad no es cosa que se conquiste. Te dirán que sí. No lo creas. La felicidad es o no es.» (págs. 121-2)

Y es curioso cómo en la sociedad moderna esa «obligación» que nos ha sido impuesta de ser felices por decreto, nos causa una angustia que nos impide permanentemente disfrutar de la vida como nos ha sido dada, como un regalo que se vive día a día.

La sensación de desarraigo lo lleva a dos reflexiones interesantes. La primera sobre el concepto de «poseeer»: «…sentía de forma clara que en esa casa era un extraño, que nada de lo que lo rodeaba, aunque hubiera sido comprado con su dinero, le pertenecía. Tener no es poseer. Puede tenerse aquello que no se desea. Posesión es tener y disfrutar lo que se tiene. Tenía una casa, una mujer y un hijo, pero nada era, efectivamente, suyo. Que se pudiera decir suyo, solo se tenía a sí mismo, y no por completo» (pág. 179). Poseer en el sentido de ser capaz de disfrutar aquello que se tiene es un concepto más que interesante. Vivimos inmersos en el mundo medio vacío, fijando nuestra atención en aquello de lo que carecemos, en aquello que no se pliega a nuestro concepto de la realidad. Es más que cierto que tenemos, pero vivimos en permanente insatisfacción pensando en nuestras carencias. Puede que sea algo netamente humano. Fue Lope de Vega quien nos recordó: «Alentó mi esperanza el mar, perdonola el viento, matóla el puerto». ¡Qué pocas veces somos capaces de recrearnos en la contemplación de los logros, en disfrutar los bienes que la vida nos ofrece sin pedir nada a cambio, de los bienes que nos han llegado como fruto de nuestras conquistas!
Y el problema, como nuestro autor apunta a continuación como hilo del relato es que: «Estos pensamientos, mil veces repetidos, lo conducían siempre al mismo punto. Se comparaba con un animal uncido a una noria, que camina leguas en un círculo estrecho, con los ojos vendados, sin darse cuenta de por qué pasa por donde ha pasado miles de veces. No era ese animal, no tenía los ojos cerrados, pero reconocía que el pensamiento lo llevaba por un camino ya trillado» (pág. 180). Es el principio del pensamiento circular obsesivo, el que nos lleva a la depresión. ¿Logrará el personaje escapar de este círculo? Eso se lo dejo al lector.

Abel, un muchacho incapaz de comprometerse con nada ni con nadie, nos confiesa: «Tengo la sensación de que la vida está detrás de una cortina, riéndose a carcajadas de nuestros esfuerzos por conocerla». Y, ¿quién no ha tenido alguna vez la sensación de que hay cosas que se le escapan, de que no está viviendo realmente, de que debe haber algo más en alguna parte?

Su zapatero amigo lo desengaña respondiéndole: «Hay tanto que hacer en este lado de la cortina, amigo mío… Aunque viviera mil años y tuviera las experiencias de todos los hombres, no conseguiría conocer la vida» (pág. 144). Y es cierto que un instante atrapado vale toda una vida, o que toda una vida puede ser vivida en un solo instante. Pero, con frecuencia, no estamos ahí para sentirla porque nuestra mente anda ocupada en otros quehaceres. Porque quizás no se trate de «conocer».

Es el propio Abel quien reflexiona sentenciando más adelante: «…el sentido oculto de la vida es que la vida no tiene ningún sentido oculto» (pág. 281)
El pensamiento de Silvestre, el zapatero, me trae a la memoria  una reflexión propia realizada en El libro de la gramática vital, allí establecía la diferencia entre «vivir» y «ser vivido». Se «es vivido» cuando se es inconsciente y se consume la vida sin saber, sin plantearnos, ni quiénes somos ni qué deseamos ser. Se «vive» cuando uno asume la vida de forma consciente buscando un proyecto de ser hacia el que encamina sus actos. En esta línea se expresa Silvestre: «Aprendí que, tras esta vida desgraciada que los hombres llevan, hay un gran ideal, una gran esperanza. Aprendí que la vida de cada uno de nosotros debe estar orientada por esa esperanza y por ese ideal. Y que si hay gente que no siente así, es porque murió antes de nacer…» (pág. 232).

Y su terapia es la acción, pensar y actuar por y para los demás a través del amor, ¿no os recuerda a don Manuel, el entrañable personaje de don Miguel de Unamuno: «La experiencia solo vale cuando es útil a otros, y usted no es útil a nadie» (pág. 232). «Lo que cada uno tenga que ser en la vida, no lo será por las palabras que oye ni por los consejos que admite. Tendremos que recibir en la propia carne la cicatriz que nos transforma en verdaderos hombres. Después, se trata de actuar…» (pág. 290).

Es fácil caer en la tentación de que todo es malo, nada puede ser cambiado, no merece la pena intentarlo. Pero… «…la vida así como la ha descrito hace poco, no es vida, es un estercolero, es una ciénaga.

-¿Y qué le vamos a hacer?

-¡Transformarla!

-¿Cómo? ¿Amándonos los unos a los otros?

-Sí, pero con un amor lúcido y activo, un amor que venza al odio.

-¿Y que podemos hacer nosotros? ¿Yo? ¿Usted?

-Vivimos entre los hombres, ayudemos a los hombres.

-¿Y el amor resolverá todo eso?

-No lo sé. Es lo único que todavía no se ha experimentado…»

Cuando una periodista, Ima Sanchís, me preguntaba en La Vanguardia si se puede ser feliz, le respondía que sí, que era posible cuando nuestro proyecto de ser y nuestros actos caminan en la misma dirección. Abel manifiesta en el transcurso de su conversación: «Todos pensamos. Pero sucede que pensamos mal la mayor parte de las veces. O bien hay un abismo entre lo que pensamos y lo que hacemos…» (págs. 410-1).

Espero que estas notas sean un aliciente, una invitación, a la lectura pausada y reflexiva de esta novela. En ella encontramos ya a un Saramago maduro, con todas las claves narrativas y vitales que harían de él un autor universal. Feliz viaje.

José Carlos Aranda

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EL CÍRCULO DE LA ADICCIÓN (del acto de la creación al libro impreso). 25 de abril de 2012. IES El Tablero, Córdoba.

Escrito por Super User:

En conmemoración del Día del Libro y bajo el lema “El Círculo de la adicción”, el pasado 25 de abril tuvo lugar en el I.E.S. El Tablero de Córdoba un interesante encuentro entre profesionales del libro y alumnado de Artes Gráficas. La actividad, enmarcada dentro de la IX Feria del Día del Libro que celebraba dicho Centro, pretendía ser una charla-coloquio que permitiese a los estudiantes profundizar en la realidad del mundo editorial.

La mesa, compuesta por Manuel Amaro Parrado (profesor de Matemáticas de I.E.S. Jándula de Andújar y autor de León González, santo y de la antología de relatos Fobos), José Carlos Aranda Aguilar (profesor de Lengua Castellana del mismo I.E.S. El Tablero y autor más consolidado, con títulos como El libro de la gramática vital o Manual de ortografía y redacción) y Antonio Cuesta López (Director de la Editorial Almuzara), ofreció al alumnado de Artes Gráficas la oportunidad de conocer de primera mano las aventuras y desventuras de sus respectivos oficios y el cariz de la verdadera interacción entre ellos.

Se echó de menos un cuarto invitado, Ángel Casares (Presidente de Asagra), que no pudo asistir al evento por motivos profesionales, y que tenía previsto acudir como representante del último eslabón de la cadena del libro: la impresión.

El acto, presentado por Antonio del Moral (profesor de Artes Gráficas en I.E.S. El Tablero) y moderado por Eduardo González (alumno de 1º de Diseño) transcurrió de forma amena y fluida, y despertó gran interés entre todos los estudiantes, que participaron haciendo preguntas a los invitados.

Fue un divertido e interesante encuentro entre “adictos” al libro, profesionales que, con sus acuerdos y desavenencias, trabajan codo con codo para que todos podamos acceder al placer de la lectura… Un evento que dejó muy buen sabor de boca.

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MEMORIAS DE JOSE CRUZ CONDE. NOTAS DE UN ASILO DIPLOMÁTICO (MADRID, JULIO 1936-ENERO 1938). Enrique Aguilar y Julio Ponce. Almuzara, 2011.

Se trata de un libro magnífico para todo aquel que sea aficionado a la historia, a nuestra historia, y le apetezca leerla desde una perspectiva vivencial, no  literaria. Gracias a Almuzara, a la generosidad de la familia Cruz Conde y la erudición de don Enrique Aguilar y don Julio Ponce, nos llega este cuaderno diario en el que el cordobés José Cruz Conde va volcando sus sensaciones, ideas, sentimientos, premoniciones y confesiones íntimas sobre el devenir de los acontecimientos durante la Guerra Civil, sobre el conflicto intenacional que va gestando la II Guerra Mundial y sobre su propia situación en ese asilo forzado.

No es una obra literaria, es un diario. No tenía intención alguna de que fuera publicado y su única esperanza fue que llegara algún día a su mujer, a su familia, a pesar de las enormes dificultades de comunicación que suponía el ser buscado, el estar confinado en medio del Madrid republicano, el miedo constante a ser apresado y ejecutado un día cualquiera en medio de la contienda. Esa sinceridad es la que más puede apreciarse a lo largo de las páginas que, con frecuencia, se convierten en la purga de la conciencia de un militar reconducido, por las circunstancias, a político. Esto, precisamente, es lo que confiere un valor extraordinario a la obra. No es ficción, son vivencias reales. Su conocimiento del ejército -era Coronel de Artillería-, de la política -Alcalde de Córdoba- y de la diplomacia internacional -Gobernador Civil y Comisario de la Exposición Universal de Sevilla durante la dictadura de Primo de Rivera- lo hacen un observador y un comentarista de extraordinario calado y precisión.

Lo que más me ha impresionado es ver cómo, desde su nobleza, lamenta una y otra vez el derramamiento de sangre en esa Guerra Civil. Él la juzga necesaria pero llega un momento en que prefiere la derrota antes que seguir viendo masacrado al pueblo cuyo valor y nobleza admira una y otra vez. Llega, así, a ser un derrotado de la guerra.  Y murió unos meses antes de la victoria de su bando, los nacionales.

En este sentido, y porque es un sentimiento que me sugiere la evolución del capitán Alegría en Los girasoles ciegos -«Primera derrota»-, he seleccionado algunos fragmentos que nos sumergen en esa lectura de la realidad de la guerra, del horror de la muerte y, por fin, de la injustificación ética del hecho en sí. Para todos aquellos que sean aficionados a la historia, es un libro que no deben perderse.

SOBRE EL VALOR ADMIRABLE DE UNA RAZA VÍCTIMA DE LA MANIPULACIÓN POLÍTICA:

«Sus reiterados anuncios de ofensiva [de los republicanos] siempre me preocupan algo porque en periodo revolucionario con la masa inmejorable por crédula, valerosa y sufrida… cualquier momento es bueno para que aparezca el que sea capaz de manejarla. No aparece porque en las alturas no hay revolucionarios-verdad… por fortuna. No pasan de explotadores de la credulidad inocente del pueblo, eterno engañado. Ellos, los de arriba, enchufándose en pingües cargos en el extranjero […] y los milicianos, carne viva y sana de la Patria, cayendo sin cesar en la pelea sin que vacile su espíritu de sacrificio ni aún ante lo reiterado de sus derrotas. ¡Qué admirable tenacidad y qué derroche de valor y de energía! ¡Dura y brava raza la nuestra! Cuando lo eternos pesimistas la creían atacada de indiferencia y cansancio, lógica consecuencia de tres siglos de decadencia y derrotas, surge el chispazo que enciende el rescoldo no extinguido jamás de su inmortal espíritu y se levanta joven, heroica, encendida de entusiasmo para luchar y morir… como si hoy empezáramos a escribir nuestra historia. ¡Qué pena que jamás haya encontrado nuestro pueblo quien encauce y oriente este caudal inagotable de energías en un sentido de nacional grandeza…!» (Págs. 107-8)

LOS CULPABLES SIEMPRE SON LOS MISMOS: POLÍTICOS, REYES, DIRIGENTES INCAPACES:

«Bilbao próximo a caer, y Madrid… perdiendo mucho de su heroico e inagotable aliento. ¡Y todos son españoles! ¡Qué pena! ¿Será triste destino de nuestra raza este morir, casi por capricho; por vanas discrepancias políticas, como ahora, por razones dinásticas en el pasado siglo y nunca todos unidos sirviendo un ideal de Nacional grandeza? Los culpables de este «insensato» desconcierto, ayer y hoy, no podrán cancelar nunca ante la historia la responsabilidad de su crimen de lesa Patria. Y ayer y hoy… eran los mismos: en su tiempo, los Reyes y sus validos; hoy sus sustitutos los políticos de profesión con sus partidos organizados como viejas mesnadas hábiles para toda suerte de aventuras y latrocinios.» (pág. 120)

SOBRE EL LAMENTO DE LA MUERTE DE UN ESPAÑOL, AUNQUE SEA ENEMIGO:

«Anoche conocimos la desagradable y humillante noticia del bombardeo de Almería por los alemanes. […] Yo no puedo, no sé, mejor dicho, llegar en mi pasión de partido a alegrarme de que caigan españoles ametrallados por barcos extranjeros. […] Y [creo] despreciable del todo el gesto de contento de muchos de los nuestros que, cegados por un egoísmo feroz y sin patria… ¡todo les parece bien con tal de ganar! No han llegado a la vida, por lo visto, más que a gozarla, al amparo de organizaciones sociales protectoras de su privilegiada situación. Y si llega, como ahora, una crisis en la que esto peligra, bueno será cualquier remedio, aun cuando suponga tirar al barro varios siglos de gloriosa historia, y si útil fuera, hasta cambiar de nacionalidad. ¡Cuánta «masa» despreciable hay en nuestras mal llamadas «derechas»!». (págs. 137-8)

15 de junio de 1937: «La toma de Bilbao, previamente destrozado, sería un éxito… pero ideal de nuestros doloroso y poco alentador. Si la guerra se ha de ganar conquistando ruinas españolas, será una victoria bien triste. ¿Hasta dónde será capaz de llegar el espíritu de sacrificio y la fe en su ideal de nuestros enemigos? ¡Quién lo sabe! Y esta es mi principal preocupación. La capacidad ofensiva no la tuvieron nunca eficaz, pero resistir cada día lo hacen mejor y  más tozudamente: ¡es la eterna ley de la herencia! Un español detrás de una tapia y un fusil es algo muy serio que difícilmente se domina. […] La desesperanza no tiene más remedio que «ganarlos» a fuerza de derrotas.» (pág. 145)

25 de junio de 1937: «[…] Yo no quiero ni aun ganar la guerra, si a ello se ha de llegar a fuerza de bombardear ciudades españolas las escuadras italiana y alemana: si esto se vuelve a repetir… me sentiré un poco «rojo»… sin poderlo remediar. […] Porque Almería, Valencia o Barcelona son carne de la Patria de todos, son España «única» y a nosotros nos tiene que herir su dolor, con la misma intensidad que lo sientan nuestros «circunstanciales» adversarios de hoy, que fatalmente han de ser nuestros «hermanos» mañana». (pág. 150)

28 de junio de 1937: «Como decía con clarividente visión del porvenir Perico Sáez en la primavera del 36, aquí solo se trata de alcanzar al final la condición de superviviente.» (pág. 155)

SOBRE EL PROBLEMA DEL EGOÍSMO AUTONÓMICO VASCO Y CATALÁN:

2 de julio de 1937: «[…] ha continuado sin cesar el avance en Vizcaya […]. Acabó el fantasma vasco, rojo y anti-español. Parece que se ha decretado la supresión de «fueros» y «conciertos económicos» de Vizcaya y Guipuzcoa. Ya era hora de que entraran en el régimen común estas privilegiadas provincias que tan mal han correspondido siempre al trato de favor que les otorga el Estado. ¿Cuándo le llegará la hora a Cataluña? Yo que, hasta ahora, sin grandes conocimientos del problema, un poco instintivamente, me sentía inclinado a conceder cierta autonomía regional, convencido hoy de que en el fondo de esta aspiración donde se siente, no late el noble deseo de desligar su desenvolvimiento económico de las posibles trabas de una administración central lenta y torpe, sino la aspiración egoísta de eludir las cargas que a todos nos obligan, el alarde de presumir de «hechos diferenciales» y supuestas tradiciones y derechos de «nacionalidad» que no existieron jamás… para terminar todo ello en un sentimiento irreductiblemente separatista y antiespañol, he cambiado radicalmente de criterio. Descentralización administrativa… toda la que se quiera y para todas las provincias. Nada de Regiones y menos admitir la palabra «autonomía». (pág. 156)

«Es muy cómodo admitir sin protesta la nacionalidad española para gozar de todo lo que el Estado español sostiene y paga, y a la hora de contribuir a las cargas de este mismo Estado, eludir habilidosamente la obligación aduciendo inadmisibles razones de un supuesto españolismo «especial» y «condicionado» que, según ellos, les da derecho a todo y les obliga a muy poco». (pág. 157)

SOBRE LA NECESIDAD DE UN GOBIERNO QUE PUEDA GOBERNAR, DA IGUAL QUIEN, PERO QUE SEA QUIEN MÁS CONVENGA A ESPAÑA:

11 de agosto de 1937: «[…] ya es hora de que España llegue a una meta clara y definida de su destino histórico: ¡blanca o roja! Gris nunca: esto es… no ser nada y seguir debatiéndose en la irresolución estéril y en la duda intranquila y perturbadora. Que gane de los dos bandos el que más convenga al progreso y la felicidad de la Patria; pero que gane del todo, rotundamente, en forma tal que proporcione a nuestro desdichado País (¡una vez siquiera en su sangrienta historia!) cincuenta años de tranquilo y humano vivir, dedicándonos todos a algo más noble y más útil que devorarnos los unos a los otros.» (pág. 175)

REFLEXIÓN SOBRE LA CONTRADICCIÓN DE BOATO, RIQUEZA Y RELIGIÓN:

2 de octubre de 1937: «En Asturias sigue el avance «por metros». Ha caído Covadonga y desaparecido la riquísima corona de la Virgen. Condenado el robo, me parece mejor y más digna de adoración la venerada imagen… sin un montón de miles de duros en la cabeza. Nunca he comprendido cómo nuestra religión, por errores de su Iglesia, pudo llegar a esa exaltación y derroche de lujo y poder en el exorno de sus imágenes y cruces, que constituye además una traición a la buena doctrina de Cristo (culto a la «pobreza» y a la «caridad») y un intolerable insulto a los hambrientos y desvalidos. El oro y los brillantes pueden adornar cualquier cosa, menos cruces y santos, si estos símbolos han de seguir representando los «preceptos» y mandatos sociles y religiosos de Aquel que voluntariamente nació en un pesebre y murió en una Cruz. ¡¡El dinero o cosa que lo suponga en poder de la Iglesia, a cumplir la función social en socorro del menesteroso!! ¡¡Como lo hacía Cristo!! Si ha de emplearse estérilmente en empeños de ostentación, brillo o soberbia… no está del todo mal la imprevista y revolucionaria «incautación», como justo castigo a tan grave y condenable error del destino.

Estoy seguro de que algún día, por quien pueda, seglar o religioso, se prohibirán, por inmorales en el sentido social y en desacuerdo con los sanos y puros principios de nuestra religión, esas exhibiciones de oro y pedrería en las manifestaciones externas del culto cristiano. Todas ellas, reducidas a dinero, debieran emplearse en «casas de comer» y de «dormir» para tanto desdichado que no puede lograr ni lo uno ni lo otro en este régimen social organizado de cualquier manera… menos justa y cristianamente. […] No hay modo de «ligar» el oro y las piedras preciosas con las ideas de humildad, pobreza, amor y caridad que llenan el Templo. El sitio de perlas y diamantes está «fuera», en el «atrio», entre los mercaderes, esperando el látigo de Cristo que disperse ricos y riquezas por un mundo sin amor y sin piedad» (págs. 204-5)

SOBRE EL TEATRO INÚTIL DE LA DIPLOMACIA INTERNACIONAL:

5 de octubre de 1937: «Cayó el telón en Ginebra. Ha terminado la representación cómico-trágica número X. Cerca de un mes han durado los trabajos de aquellos buenos señores para conseguir su tradicional y firme propósito de no hacer nada, ni «justo» ni «útil». Hay que confesar que lo han logrado brillantemente. Cabildeos, conferencias reservadas, debates espectaculares, suntuosos banquetes, más suntuosas dietas… y la obligada declaración romántica de condolencia por las «desdichas comprobadas», que por unas u otras razones la Asamblea no remedia, llegando a lo más a esperar que la prudencia y reflexión de todas las naciones mejore las horas del mundo, sacudido por los horrores de la guerra… y esto es todo. […] Y vamos ganando días, semanas, meses…  hasta que uno de los contendientes perezca, de lo que sea… y no exista posible error ni riesgo alguno, en declarar vencedor al único superviviente… como hecho inevitable y consumado. ¿Hasta cuando soportarán los pueblos esta burla constante de Ginebra?». (págs 205-6)

17 de octubre de 1937: [tras el fracaso de otra conferencia internacional] «Claro está que la «prensa roja» endulza el fracaso afirmando que se tomarán por las democracias las medidas de previsión necesarias para evitar que otra vez nada se consiga, merced a expedientes dilatorios… ya lo veremos. Yo empiezo a creer que todo esto es un «acto» más de la eterna comedia ginebrina y que unos y otros saben a donde van. Los únicos inocentones somos nosotros, los malditos de siempre, que nos tragamos crédulamente toda la «puesta en escena» que tan brillante y emocionadamente saben organizar los grandes «cómicos internacionales»… y que siga la bola, que ya parará». (pág. 211)

29 de noviembre de 1938: [Ante la falta de posturas internacionales válidas que puedan acabar con el conflicto] «Los que se proponen que de esta tragedia salga nuestra Patria destrozada y sin valor estimable internacional para muchos años, lo están organizando todo de la mejor manera para conseguirlo. Por este camino llegará la victoria, sin duda alguna; pero si aún tardan mucho las luminarias, alumbrarán solo desolación, ruinas y dolor…». (págs. 353-4)

REFLEXIÓN SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE FASCISMO, SOCIALISMO Y DEMOCRACIA:

13 de marzo de 1938: «Lo que se ventila hoy en España con las armas en la mano es un problema que preocupa y alcanza a todo el mundo civilizado. O «socialismo integral» o «fascismo»: estos son los dos modos que hoy se disputan el gobierno de los pueblos. Quedan en pie aún algunas democracias grandes y pequeñas, pero cada vez más debilitadas y en trance inevitable de desaparecer poco a poco, absorbidas por el torrente «socialista» y «sindical». Hijas legítimas de la Revolución Francesa, han cumplido su misión histórica. La «libertad» decía Lenin es «un privilegio burgués» y al negarse a la burguesía casi hasta el derecho a la vida no se comprende como pueden subsistir (después de una revolución de avances sociales) democracias que no son otra cosa, en general, que la hegemonía de la clase burguesa. El proletariado, la «masa» al vencer hooy, condena por igual a clero, aristocracia y burguesía; ahoga toda libertad que no sea la suya, implanta «su dictadura» y quema el Registro de la Propiedad. Contra este programa surgió el fascismo que también es dictadura, que también es «socialismo», pero que conserva y exalta el culto a la Patria y respeta la propiedad privada, aunque muy notablemente condicionada. Y no hay opción: o uno u otro sistema. Y en «eso» estamos debatiéndonos, aun cuando los dos bandos nos hablen de libertad, justicia, etc., etc. El que gane impondrá su dictadra y extirpará hasta el recuerdo del enemigo vencido: ¡un encanto de porvenir dulce y cordial! ¡Y nos creemos super civilizados! ¿Dónde estarán la verdad y la justicia…?: ¿En Moscú?; ¿en Berlín y Roma? No lo sé, pero los modos en los dos campos son dignos de la Edad de Piedra.» (pág. 233).

Y, AL FINAL, TODO ES LO MISMO:

21 de septiembre de 1938: «Lo perpetrado con Checoslovakia es una faena de despreciables rufianes [se refiere al reparto de Checoslovakia entre los distintos países][…] Por Dios, vamos a no hablar más de Democracia, de justicia, de derecho y de santidad de los tratados. Confesemos que el que está arriba, hace ahora y siempre lo que le conviene y le gusta sin más limitación en estos últimos tiempos que la conveniencia de encubrir sus apetitos y atropellos al derecho ajeno, con el oporuno y pudoroso atuendo protocolar que tan inteligentemente proporciona siempre la moderna y sabia diplomacia.

Por fuera vestiditos y educados; por dentro, y en conducta, como el hombre desnudo de las cavernas. Por esto, entre otras cosas, no siento yo gran respeto por las llamadas democracias: ¡no lo son más que de nombre! Llegada la hora, resuelven media docena de hombres lo que ellos estimen más oportuno, sin cuidarse de la opinión de la masa y menos aún de las obligaciones morales o compromisos firmados y escritos. Lo mismo que en las dictaduras, con la responsabilidadd más diluida y una presentación de aparente respeto y consideración a la opinión pública y al derecho.» (págs. 322-3)

SOBRE LA POSIBILIDAD DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Y EL FRACASO DE LA CIVILIZACIÓN:

10 de mayo de 1938: [la tensión va aumentando en Europa. Hitler visita Roma y crece el fantasma de la segunda guerra mundial] «Yo creo que todo acabará por arreglarse sin desenvainar la espada: ¡aún está muy reciente el horror de 1914! Claro que hoy existe una pugna trágica -entonces inexistente- entre dos principios del todo incompatibles, en franca lucha de muerte, «comunismo y fascismo» y esta batalla general habrá que darla algún día. A nuestra desdichada patria le ha tocado ser la primera nación europea en que se ventila este problema con armas en la mano: ¡triste suerte!». (pág. 258)

8 de septiembre 1938: «Yo no puedo creer que ni por los «checos»… más o menos legítimos… ni por nuestro «pleito interno», consientan quienes pueden evitarlo, que ¡otra vez! arda el mundo entero. Si así sucediera, habría que considerar fracasada esta «civilización occidental»… que no quiere o no sabe, (¡poder, sí puede!) evitar una segunda hecatombe mundial… a los 24 años de haber sufrido la primera. ¡No cabría mayor demostración de «incapacidad» y de «impotencia» para el bien!». (págs. 314-5)

27 de septiembre de 1938: [ante la posibilidad manifiesta de la segunda guerra mundial] «Sin embargo, yo no puedo creer en la guerra. No concibo que se pueda llegar a tal horror por los motivos que se ven. ¿Es que habrá algo oculto? Háyalo o no, es bien triste considerar que nuestra decantada civilización solo ofrezca como solución a las diferencias y pugnas de las naciones una catástrofe mundial cada 25 años. Eso no puede ser. Mañana o pasado surgirá lo imprevisto, o acaso lo concertado, algo que resolverá el conflicto sin ensangrentar Europa. Yo así lo espero, para no despreciar del todo a los hombres… ¡y para seguir creyendo en Dios!». (Pág. 329)

EL INDIVIDUALISMO ESPAÑOL, CLAVE DE LA DURACIÓN DEL CONFLICTO Y LA RESISTENCIA HEROICA DEL EJÉRCITO REPUBLICANO:

17 de junio de 1938: «Como aquellas patrióticas bandas de la Independencia, [los rojos] no vences nunca o muy rara vez, pero se baten siempre inaccesibles al cansancio y al desaliento, tenaces en el pelear y morir. Parecía imposible lograr esta «amplia elasticidad» en un Ejército moderno […] Pero eso será verdad en cualquier parte menos aquí: ahí están nuestros «rojos» para demostrar que no hay imposible que resista a los españoles si se trata de dar rienda suelta a sus pasiones, a su tendencia a la aventura, a la pugna personal, a la lucha por la lucha misma. ¡La locura heroica, eterno motivo de esta  tragedia española y de su gloriosa historia! En este medio de violencias se desenvuelve, libre y potente, nuestro «individualismo» duro, agrio, agresivo, incansable, muchas veces cruel y siempre irreductible y sectario. Pero también siempre de una eficacia en la acción imposible de alcanzar sin estas características tan netamente españolas.» (pág. 266)

SOBRE LO INEVITABLE DE LA RECONCILIACIÓN Y LA CONVIVENCIA EL DÍA DE DESPUÉS:

13 de julio de 1938: «[…] si difícil ha sido dominar la sacudida revolucionaria y ganar la guerra, será mucho más difícil administrar sabia y sensatamente la victoria. Y cuando llegue esta ansiada hora y en silencio las armas estalle la pugna apasionada sectaria y vengativa de las distintas tendencias, sindicatos u organizaciones que fatalmente pretenderán una hegemonía del éxito, siempre incompatible con la salud de la Patria. […] Con la guerra deben terminar las violencias: no habrá más remedio que olvidar agravios, daños y dolores y convivir todos los españoles más o menos agriamente al principio. Unos, los patriotas y «obligados» de grado, otros, los incomprensivos y sectarios. Y esta necesaria labor de «convencimiento» e «imposición» necesita en las «alturas» un hombre que a los que no inspire fe, imponga respeto. […] Porque no todo es malo en los «rojos»; ni mucho menos perfecto todo en el «ideario vulgar» derechista. Habrá que prescindir, de nuestra parte, de muchas cosas que nos parecían «derechas» y admitir algunas del bando opuesto que entendíamos disolventes y perturbadoras de nuestro concepto estático y cómodo del derecho a la propiedad. […] ¡Pobre señorito!». (pág. 289)

REFLEXIÓN SOBRE LO INNECESARIO DE LA CRUELDAD Y LA CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN DEL SER HUMANO A LA GUERRA:

14 de agosto de 1938: «Mis queridos «compañeros» nos obsequiaron anoche con una sesión muy estimable: más de quinientos proyectiles en el centro de Madrid. ¡Cada vez comprendo menos… esta innecesaria crueldad!». (pág. 306)

21 de agosto de 1938: «La adaptación al ambiente agrio y duro de la guerra, a sus miserias y a sus privaciones… es una «alta capacidad»… bien poco envidiable. También resulta en cambio a veces una gran virtud y, en todo caso, es una característica exclusivamente española. El cañón truena, los hermanos caen y la Patria sangra… ¡pero no importa: el pueblo ríe, llena los teatros… y los ministros se dedican, (a 100 leguas de sus puestos y de su primordial obligación) a disertar sobre problemas de sindicalismo o fisiología! ¡Asombroso… e inexplicable! ¿Somos como pueblo «locos» o de una suprema y despectiva indiferencia ante el dolor y la muerte y para «enjuiciar» y «exigir» a nuestros conductores? Yo no lo entiendo bien […]

SOBRE LA URGENTE NECESIDAD DE AHORRAR MUERTES INNECESARIAS (no  puedo evitar pensar en el Capitán Alegría):

23 de noviembre de 1938: «[…] había que ganar la guerra, en una palabra, y ante esa primordial necesidad todo sacrificio, por sensible que fuera, era lícito y necesario. Hoy, alcanzado el principal objetivo, con la guerra absoluta y totalmente ganada, hay que ahorrar sangre y riqueza que no sea preciso gastar. […] Las pérdidas de ambos bandos son pérdidas nuestras». (Pág. 350)

SOBRE EL EGOÍSMO DE LA DERECHA Y SU FALTA DE VISIÓN COMO PARTE RESPONSABLE EN EL CONFLICTO:

13 de septiembre de 1938: «Monarquía y clases privilegiadas! ¡He aquí los inconscientes organizadores de la tragedia que hoy vivimos! ¡Que Dios los perdone! La historia no podrá ser benévola con ellos en sus juicios. Fue excesiva e indefendible su contumacia en el error, su apego cerril a privilegios insostenibles, su ceguera ante el peligro… y llegado éste, lamentable la falta de decisión para afrontarlo o para caer con gallardía. ¡No han sabido ni perder! Vayan con Dios y que no vuelvan si no son capaces de arrepentimiento y enmienda.» (págs. 318-9).

PROPUESTA DE ARTÍCULO FUNDAMENTAL QUE PREVENDRÍA LAS GUERRAS (lo suscribo):

27 de septiembre de 1938: «La presunción o la vanidad en los hombres de Estado, es una enfermedad gravísima para los pueblos que han de soportarla y sufrir sus consecuencias. […] Claro está que estos buenos señores presenciarán el terremoto a distancia y al margen de todo riesgo personal. A mí se me ocurre pensar que si en la diversaas Cartas Constitucionales que rigen los Estados europeos existiera (en todas, desde luego) un articulito en el que yo he soñado muchas veces… ello resultaría eficacísimo para evitar toda clase de guerras. Podría redactarlo así:

ARTÍCULO FUNDAMENTAL: «El servicio a la Patria con armas en la mano constituye la primera obligación y el mayor honor de todo buen ciudadano. Como consecuencia, en caso de conflicto armado, la primera guerrilla del primer batallón de la vanguardia de la nación en armas estará integrada por el Presidente y los ministros del Gobierno que haya declarado o aceptado la guerra. Es puesto de honor que les pertenece, por derecho natural, en su cualidad de primeros ciudadanos de la Patria».

No estaría mal, ¿verdad?», (pág. 328)

Y de todo esto, que cada uno extraiga sus propias conclusiones. Da miedo ver reflejadas algunas opiniones que podrían ser recogidas en cualquier medio de comunicación actual.

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BODAS DE SANGRE. FEDERICO GARCÍA LORCA: RESUMEN DE LA OBRA POR ACTOS.

Bodas de sangre

BODAS DE SANGRE

ACTO I

CUADRO PRIMERO

(Habitación pintada de amarillo)

Entra el novio para despedirse de la madre, se va a las viñas. La madre quiere que se lleve el almuerzo, pero tiene prisa, se comerá unas uvas. Le pide a la madre la “navaja” para cortarlas y la madre se descompone al escuchar la palabra. La busca mientras lanza maldiciones a las navajas y a todas las armas que pueden acabar con la vida de un hombre. El hijo trata de calmarla en vano porque el recuerdo del marido y el hijo muertos violentamente está ahí y la madre no puede comprender que el asesino solo tenga el presidio como castigo porque no es pena suficiente cuando los suyos están muertos. Siente miedo cada vez que ve salir a su hijo por la puerta, desearía que fuera mujer para que permaneciera en casa. El novio bromea con ella y trata de apartar su mente del  miedo.

Aprovecha la ocasión para sacar el tema de su propia boda. La madre no se muestra muy conforme porque siente que va a quedarse sola y, aunque el hijo le ofrece vivir con ellos, no puede abandonar a sus muertos, se siente en la obligación de vigilar que no entierren junto a ellos a algún Félix, familia de los asesinos de su marido y su hijo, sería imperdonable. Los novios llevan ya tres años de relaciones y la madre se muestra preocupada porque le ha llegado el rumor de que ella tuvo un novio de joven, pero él lo niega. De cualquier forma, le hubiera gustado conocer a la madre de la novia. Finalmente, acepta la boda del hijo y ajustan la petición de mano para el domingo siguiente. Para ello, encarga a su hijo que compre unas medias caladas para la novia y tres trajes nuevos para él. Quisiera tener nietos y nietas que llenen la casa. El novio le asegura que querrá a su mujer y la madre lo despide con un beso no sin antes encargarle que cave bien la parte del molinillo que la tiene descuidada.

Llega una vecina vestida de oscuro, pañuelo en la cabeza. Le cuenta a la madre que hace dos días trajeron al hijo de la vecina con los brazos cortados por una máquina. Se consuela pensando que sus hijos, ya muertos, al menos no están expuestos a accidentes. La madre reacciona: “Todo eso son invenciones, pero no consuelos”. Después pregunta a la vecina sobre la novia: es una buena muchacha, vive sola con su padre en una casa de las afueras, a diez leguas. Se interesa por la madre de la muchacha: aunque guapa, no era del agrado de la vecina, no quería a su marido, era orgullosa, pero no fue motivo de habladurías. La madre comenta que le habían dicho que la chica tuvo un novio. La vecina se lo confirma: tendría ella unos quince años, pero él ya se casó con una prima de la novia. Se llamaba Leonardo, de la familia de los Félix. La madre reacciona ante el nombre, se pone de pie, y la vecina trata de calmarla porque Leonardo solo tendría unos ocho años cuando sucedió la tragedia. No merece la pena intervenir: “Tú estás vieja. Yo también. A ti y a mí nos toca callar”. Más calmada, terminan la conversación hablando del calor que hace. La madre se dirige a la puerta, se detiene y se santigua. (TELÓN)

CUADRO SEGUNDO:

(Habitación pintada de rosa, con cobres y ramos de flores populares. En el centro una mesa con mantel. Por la mañana)

La suegra de Leonardo sostiene a un niño en brazos mientras la mujer en la esquina hace punto de media. Están cantando una nana a dúo (“Duérmete, clavel, que el caballo no quiere beber…”). Cuando acaban, la suegra va a acostar al niño justo en el momento en que llega Leonardo. El niño ha pasado mala noche pero ya está bien. Leonardo viene del herrador, el caballo pierde muchas herraduras. La mujer le recrimina que lo use demasiado tiempo, pero él lo niega. Sin embargo lo vieron y el caballo llegó reventado de sudar. Él trata de cambiar de tema. No vino a comer porque lo entretuvieron los medidores de trigo. La mujer le ofrece un refresco de limón frío que él acepta. Entra la suegra y comenta que el caballo está reventado. La mujer disculpa a Leonardo, estuvo con los medidores de trigo. La mujer informa a su marido de que han pedido a su prima -la exnovia-. Comentan que la futura suegra no está muy satisfecha con el enlace y Leonardo apostilla que “ella es de cuidado”. La suegra recuerda que fue su novia y Leonardo consuela a su mujer recordándole que la dejó para casarse con ella.

Llega una muchacha cotilleando sobre los regalos que el novio ha comprado en la tienda. Describe las medias caladas: golondrina en el tobillo, un barco en la pantorrilla y una rosa en el muslo. La suegra apunta que pueden porque tienen dinero y, además, van a juntar dos buenos capitales. Leonardo se pone nervioso, echa a la muchacha y se enfrenta a su suegra cuando le recrimina su actitud. La mujer trata de indagar sobre el sentido de su agitación pero sin respuesta. Ante la presión, Leonardo se levanta y se marcha ofuscado.

Los gritos han despertado al niño. La suegra va a por él y regresa con el niño en brazos. Vuelven las dos mujeres a cantar la nana con que se inició el cuadro. (TELÓN)

CUADRO TERCERO:

(Interior de la cueva donde vive la novia. Al fondo una cruz con grandes flores rosa. Las puertas redondas con cortinas de encaje y lazos rosa. Por las paredes, de material blanco  puro, abanicos redondos, jarros azules  pequeños espejos)

La madre y el novio son invitados a pasar por una criada que se retira. A solas hablan de las tierras, de lo lejos que están, son buenas aunque de secano. Llega el padre de la novia y tras los saludos de rigor vuelven a centrarse en las tierras: las tierras de la novia producen esparto, son buenas, pero mejores las del novio, las viñas son más ricas. La pena es que no están juntas, pero no hay que pensar en vender sino en comprar siempre. El padre se lamenta de no tener hijos varones que le hubieran ayudado, habría comprado las tierras hasta el arroyo; las malas tierras, con buenos brazos, se hacen buenas.

Padre y madre ensalzan las virtudes de sus respectivos hijos y se ajustan para celebrar la boda el jueves siguiente, coincidiendo con el 22 cumpleaños de la novia. Solo entonces, el padre manda llamar a la novia. Esta llega y saluda a la madre que le entrega los regalos. Los recibe con respeto pero sin alegría. El padre los invita a una copa que ellos rechazan porque él no bebe. Queda en regresar al día siguiente, a las 5. La novia sigue sin mostrar emoción. Se despiden, la madre besa a la novia y el padre los acompaña hasta la puerta.

Ya a solas, la criada le propone ver los regalos que le han traído pero ella lo rechaza, parece no querer casarse, está desencajada e impide físicamente que la criada abra la caja. Por fin, va calmándose a medida que cambian de tema. La luz va desapareciendo del escenario. La criada le comenta que oyó anoche un caballo sobre las tres de la madrugada, era Leonardo. La novia lo desmiente, ¿a qué iría allí? Pero en ese momento vuelve a oírse un caballo y, efectivamente, se trata de Leonardo (TELÓN RÁPIDO).

FIN DEL ACTO PRIMERO

 

ACTO II

CUADRO PRIMERO

(Zaguán de casa de la novia. La novia y la criada en enaguas blancas)

La novia se sienta en una silla baja, va a acabar de peinarse para la boda, el calor lo impide en el interior. La novia culpa a esa tierra de que su madre se consumiera. La criada comienza a ponderar la vida de casada pero la novia la manda callar. Cuando le prueba la corona de azahar, la coge y la deja caer con la cabeza abatida; acaba tirándola al suelo. Ante las recriminaciones de la criada se recompone, ella quiere a su novio, ha dado su consentimiento y es un paso muy grande, se disculpa. Cambian de tema: la iglesia queda a cinco leguas, ya vienen los invitados. Finalmente se coloca la corona y la criada entusiasmada la besa, canta y baila a su alrededor.

Llaman a la puerta y la criada abre creyendo que son los primeros invitados pero es Leonardo. Viene solo, se ha adelantado a caballo.  Le pregunta por su hijo, pero no lo van a traer a la boda. Leonardo le pregunta, con intención, si el novio había llevado el azahar -las voces de la gente se van escuchando cada vez más cerca-, sale la novia y se le encara. La criada trata de terciar para que acaben los reproches que uno y otro se lanzan. Hubo una historia entre ellos y sigue viva. Leonardo sigue buscando la causa y la culpa de que lo suyo no tuviera buen fin. Cree que la novia se casa por orgullo. Y le advierte que él se equivocó al separarse de ella porque no logró más que echarse fuego encima. Sus palabras hacen temblar a la novia y la criada acaba cogiendo a Leonardo por las solapas para callarlo. Sin embargo, ambos insisten: ella en la debilidad que siente por él y él en la necesidad que tenía de confesárselo. Las voces, mientras, han seguido acercándose. La criada insta a Leonardo a que no vuelva a acercarse a la novia y, finalmente, sale por la izquierda mientras comienza ya a clarear.

Empiezan a entrar los invitados (muchacha 1, muchacha 2, mozo 1). Vienen cantando mientras otras voces fuera le hacen coro (muchacha 3, convidado). Entra el padre y se une a la fiesta. Por fin aparece la novia con traje negro. Lleva un peinado de visera con la corona de azahar. Entra el novio seguido de la mujer de Leonardo que los felicita. La madre se queja de la presencia de “esos”, y el padre de la novia la calma alegando que es un día de perdones. La novia tiene mucha prisa por llegar a la Iglesia. Se marchan entre los cánticos de los asistentes que continúan.

La mujer pide a Leonardo que la acompañe en el carro, pero él se niega. Discuten. Ella tiene un hijo y otro que viene de camino. Siente cómo Leonardo no le pertenece y lo quiere para ella. Por fin salen juntos. (TELÓN LENTO)

CUADRO SEGUNDO:

(Exterior de la cueva de la novia. Tonos blancos grises y azules fríos. Grandes chumberas. Tonos sombríos y plateados)

La criada prepara las mesas para el convite mientras recita versos sobre la boda. Llegan el padre de la novia y la madre del novio. Creen ser los primeros, pero la criada les informa de que ya llegaron Leonardo y la mujer. Que ésta venía descompuesta. El hecho da pie para que ambos carguen contra Leonardo y su familia. La madre remueve la tragedia  remontándose al bisabuelo que ya mató, carga sobre sí la muerte de su marido y su hijo. Ahora se incrementa con la próxima soledad. El padre trata de animarla hablando de los nietos, varones para labrar la tierra; hembras las prefiere ella para que permanezcan en casa y no puedan ser asesinadas. Ambos confían en que el enlace dé pronto su fruto.

Entran Leonardo y su mujer felicitando a los padres. Va a haber poca fiesta. La gente va entrando. La novia está sombría. La conversación se centra en la cantidad de gente que acudió al enlace. La madre interroga a la novia, cree que el motivo de su seriedad es el peso de la obligación. Comienza el baile. El novio se siente orgulloso del azahar de cera lucido por la novia, ella trata de desviar el tema.

Leonardo sale por la izquierda e inmediatamente la novia se excusa y se marcha también. La mujer de Leonardo habla con el novio, quisiera vivir así de lejos, pero no ve a Leonardo centrado. Echan en falta a Leonardo y la mujer va a buscarlo. El novio se entretiene hablando con la criada, hay un cuadro animado de figuras. La criada vieja alaba al novio y recuerda al abuelo. Echan en falta a la novia, está quitándose la toca. La criada le explica que ha preparado un ágape para media noche por si lo necesitan. La novia se incorpora a la reunión mientras le preguntan las muchachas a quién dio el alfiler. Ella está ausente. Leonardo cruza por el fondo y la novia está pendiente de él mientras sigue la conversación con las muchachas que desean los alfileres como talismán para casarse cuanto antes. El novio se acerca para abrazar a la novia por detrás y ella reacciona asustada. Él no comprende el motivo y vuelve a abrazarla pero ella lo rechaza. No quiere ser vista y le ruega que no se vaya.

La mujer de Leonardo pasa preguntando por el marido, no está él ni su caballo. Va a buscarlo y la novia se siente indispuesta (“¡Tengo un golpe en las sienes!”) y rechaza la invitación del novio para bailar con el pretexto de echarse un rato a descansar. Le pide que se quede a atender a los invitados.

Entra la madre y pregunta por la novia. No comprende que sea mal día para la novia cuando fue el mejor de su vida. Da instrucciones a su hijo sobre cómo ha de tratar a su mujer (“…procura ser cariñoso, y si la notas infatuada o arisca, hazle una caricia que le produzca un poco de daño, un abrazo fuerte, un mordisco y luego un beso suave…”). El padre entra preguntando por la hija y el novio va a buscarla, los reclaman para bailar. Pero la novia no está. La buscan sin resultado y va creciendo la alarma.

La mujer de Leonardo entra gritando que han huido juntos. Pasan de la incredulidad a la rabia e inmediatamente organizan una partida que salga en persecución de los huidos. La madre pasa del miedo al odio y a reclamar sangre por el ultraje. (TELÓN)

FIN DEL SEGUNDO ACTO

ACTO TERCERO

CUADRO PRIMERO

(Bosque. Es de noche. Grandes troncos húmedos. Ambiente oscuro. Se oyen dos violines)

Hablan dos leñadores preguntándose si ya los habrán encontrado. Acabarán por encontrarlos. Se engañaban y han hecho bien en huir, pero acabarán por encontrarlos y matarlos (“¿Y qué? Vale más ser muerto desangrado que vivo con ella podrida”). Especulan con que por fin estén juntos, con la posibilidad de que logren escapar, con lo inevitable de la tragedia. La salida de la luna augura la proximidad de la muerte.

Salen los leñadores de escena y entra la luna que vaticina que no podrán escapar, que la muerte estará presente esa noche, su luz los hará visibles. Desaparece la luna.

Entra una anciana cubierta de paños verdeoscuros, descalza. Apenas se le ve el rostro. A modo de coro anticipatorio señala el lugar como el indicado y llama a la luna. Con ella vuelve la iluminación azul intensa. Dialogan. La mendiga le pide que ilumine, la luna le pide que tarden en morir. Se acercan. La luna deja el escenario que se oscurece. Cuando entran en escena el novio y el mozo 1º la mendiga se sienta y se tapa con el manto. El novio se muestra desesperado por encontrarlos, escucha los ruidos de la noche. Siente en su brazo la fuerza de la venganza de su padre y de su hermano.

El mozo sale de escena y queda el novio con la mendiga. El novio la interroga y ella admira su porte pero como yacente (“¡Qué espaldas más anchas! ¿Cómo no te gusta estar tendido sobre ellas y no andar sobre las plantas…?”), finalmente se ofrece a acompañarlo para localizar a los prófugos. Salen de escena mientras se escuchan los violines.

Vuelven a entrar los leñadores. Van cantando a la muerte, se mueven lentamente hasta que salen de escena.

Entran Leonardo y la novia. Leonardo no quiere que se separen y ella pretende regresar y que él huya. En su pasión, ella habla de suicidarse y él la manda callar. Fue ella quien ensilló el caballo y le calzó las espuelas. Ambos se declaran su pasión irrefrenable (“Que yo no tengo la culpa, que la culpa es de la tierra y de ese olor que te sale de los pechos y las trenzas”). Quisieran actuar de otra forma pero no pueden. Lorca describe la escena como “violenta y llena de gran sensualidad”. Al sonido de unas voces, los dos salen de escena sin poder separarse el uno del otro, abrazados.

Aparece la luna muy despacio, fuerte luz azul. Violines. Se oyen dos largos gritos desgarrados y se corta la música de los violines. Al segundo grito aparece la mendiga y queda de espaldas. Abre el manto y queda en el centro como un gran pájaro de alas inmensas. (El telón baja en medio de un silencio absoluto)

(TELÓN)

CUADRO ÚLTIMO:

(Habitación blanca con arcos. A la derecha e izquierda escaleras blancas. Suelo blanco reluciente. Esta habitación simple tendrá un sentido monumental de iglesia. No habrá ni un gris, ni una sombra, ni siquiera lo preciso para la perspectiva)

Dos muchachas vestidas de azul oscuro están devanando una madeja roja mientras cantan. Una niña las acompaña. La canción habla de la boda que acabó en tragedia. La niña se va. Se aproxima un cortejo. Aparecen la mujer y la suegra de Leonardo. Llegan angustiadas. No saben qué ha ocurrido. La suegra insta a la mujer a que se olvide de Leonardo. Una mendiga pide un trozo de pan en la puerta, hablan con ella. Les cuenta que viene de allí, les  anuncia la muerte de los dos hombres. Se marcha la mendiga y quedan las muchachas ya componiendo versos a la muerte. Salen de escena.

Entran la madre con una vecina que llora. La madre la manda callar, no quiere llantos por la muerte de su hijo. La vecina no quiere que se quede sola, pero ella tiene que permanecer en su casa. En esto, aparece la novia, ya sin azahar y con un manto negro. La madre la reconoce y quisiera matarla allí mismo, la golpea hasta tumbarla. La vecina las separa. Pero la novia quisiera que la matara por haber deshonrado a su hijo. Ella no hubiera querido actuar así y plantea su papel como mujer-víctima de su pasión por un hombre. La madre consiente en que es tan víctima como ella misma por ser mujer. Llega otra vecina. La madre trata de resignarse. Las mujeres –la novia, la madre, la mujer de Leonardo, las vecinas- quedan juntas llorando cada una su tragedia. (TELÓN)

FIN DEL DRAMA.

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