SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR. Miguel de Unamuno (RESUMEN DE LA OBRA)

san manuel bueno

[Un resumen nunca podrá sustituir la lectura reposada de la obra, menos cuando se trata de un exponente de la filosofía de uno de los más grandes pensadores del siglo XX. Pero cuando la lectura es obligada y es motivo de examen, necesitamos recordar, actualizar, rememorar personajes, argumentos y vivencias. Ese es el sentido de estos resúmenes, ayudar a mis alumnos a refrescar contenidos de forma eficaz.

Para la correcta realización del comentario, recomiendo que se trabaje siguiendo las pautas de Cómo se hace un comentario de texto (Berenice, 2009, 3ª ed.). Ahí encontraréis las guías útiles para el desarrollo de comentarios tanto de contenido, como de forma y literarios].

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO I: El obispo de Renada está promoviendo la beatificación de don Manuel, párroco de Valverde de Lucerna. Esto motiva a Ángela Carballido a escribir el relato de sus recuerdos de don Manuel, su padre espiritual. De su auténtico padre apenas guarda recuerdos, murió siendo ella pequeña. Sabe que llegó de fuera con algunos libros, los únicos de la aldea -El Quijote, obras de teatro clásico, algunas novelas y el Bertoldo-, que ella devoraba siendo niña.

Sus primeros recuerdos de don Manuel se remontan a cuando ella tenía unos 10 años, unos 37 tendría el párroco: alto, delgado, erguido, de profundos ojos azules como el lago. Era amado por todos, en especial por los niños.

Su hermano Lázaro, que vivía en América desde donde les mandaba dinero, decidió que estudiara fuera de la aldea en un colegio de religiosas a pesar de su escepticismo -no había colegios laicos progresivos y menos para señoritas- para evitar que se convirtiera en una zafia aldeana. Y ella quiso en su momento ser maestra, pero se le atragantó la pedagogía.

CAPÍTULO 2: Hasta el colegio llegaba la fama de santo de don Manuel, su madre le contaba las novedades en sus cartas y las religiosas le pedían noticias y recuerdos del párroco. También una íntima amiga que le cobró excesiva afición y escuchaba arrobada sus recuerdos o las nuevas que llegaban. Nunca más volvió a tener noticias suyas a pesar de que le insistiera en que mantendrían correspondencia para estar al corriente de la vida del santo.

CAPÍTULO 3: Cuando regresó al pueblo con 15 años, estaba ansiosa por seguir a don Manuel. Se contaba de él que entró en el Seminario por ayudar a una hermana viuda con dos hijos, que era muy inteligente y prometía una gran carrera, pero lo dejó todo por hacerse cargo de la parroquia de Valverde de Lucerna, su aldea perdida entre el lago y la montaña. Allí amaba a todo el mundo y siempre procuraba el bien. Recuerda la anécdota de Perote, un aldeano que logró que se casara con su antigua novia cuando ella regresó a la aldea con un hijo y soltera; recuerda cómo lo convenció y cómo ahora, paralítico, aquel hijo se había convertido en el báculo de su vejez.

CAPÍTULO 4: En la noche de San Juan solía realizar curaciones a enfermos a orillas del lago, su presencia, su voz, consiguieron algunas milagrosas, por lo que su fama se fue extendiendo. Pero cuando una madre le pidió que realizara un milagro respondió que no tenía licencia del señor Obispo. Procuraba que todos fueran limpios y aseados, los mandaba al Sacristán -también sastre- a remendar los rotos y les proporcionaba ropa si era necesario.

Aunque amaba a todos, sentía especial debilidad por Blasillo, el bobo, quien se empeñaba en imitar a don Manuel. Su voz era un prodigio que conmovía, en especial en el Evangelio del Viernes Santo cuando resonaban las palabras de Cristo: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”, y la gente se echaba a llorar y luego Blasillo iba por el pueblo repitiendo con su misma voz la misma pregunta.

Nadie se atrevía a mentir en su presencia, pero se negaba a sacar partido de esta cualidad, y por eso se negó a interrogar a un acusado a instancias de un juez que pretendía que le sacara la verdad para condenarlo: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Él no juzgaba ni creía en la justicia de este mundo.

CAPÍTULO 5: Cuando el pueblo entero, reunido en misa, rezaba el Credo, la voz de don Manuel se callaba al llegar al punto de la resurrección de los muertos. Entonces creía oír las voces de quienes nos precedieron en la muerte, después, al conocer el secreto de don Manuel, lo veía como el caudillo desfallecido arropado por los suyos y empujado ya sin vida a la tierra de promisión.

Todos deseaban aferrar su mano a la hora de morir y nunca, en sus sermones, despotricó contra nadie. Pero no soportaba la maledicencia ni la envidia. Para él la ociosidad era la madre de todos los vicios, y el peor de todos es “el pensar ocioso”. Así se mantenía continuamente ocupado incluso en trabajos manuales en ciertas labores del pueblo como la trilla, sustituyendo a algún enfermo, o yendo a por una res en pleno invierno en lugar de un niño aterido de frío a quien su padre enviara, o cortando leña para los pobres. Cuando se secó el nogal “matriarcal” del pueblo, pidió el tronco, hizo seis tablas y las guardó al pie de su cama. También hacia pelotas y juguetes para jóvenes y niños.

CAPÍTULO 6: Acompañaba al médico y se interesaba sobre todo por los embarazos. Para él la muerte de un recién nacido, o un niño y el suicidio eran terribles misterios. A los suicidas los enterraba en suelo sagrado convencido de su arrepentimiento “in extremis”. También ayudaba al maestro y acudía a las fiestas incluso tocaba el tamboril que dejaba a un lado cuando llegaba la hora de rezar el Ángelus. Y todo se revestía de ministerio cuando él lo hacía.

CAPÍTULO 7: Había que estar contentos, vivir era suficiente; lo último, desear la muerte. En cierta ocasión, acompañó en su muerte a la esposa de un titiritero mientras que éste seguía con el espectáculo de payaso haciendo reír a los niños. Cuando el titiritero quiso darle las gracias, se dirigió al pueblo agradeciéndole a él que dedicara su vida a hacer felices a los demás y asegurándole que su esposa ya lo esperaba en el cielo. Más tarde, Ángela comprendió que la alegría del párroco era una infinita tristeza recatada heroicamente a los ojos de los demás.

CAPÍTULO 8: A pesar de su actividad trepidante, y de su temor a la soledad, a veces iba a pasear solo por las ruinas del monasterio cisterciense. Allí, la celda del Padre Capitán conservaba las salpicaduras de sangre de sus mortificaciones. Cuando Ángela intrigada le pregunta por qué no había optado por la vida de meditación, don Manuel responde que la soledad le mataría el alma, que era un don que le había sido negado, “yo no podría llevar solo la cruz del nacimiento”.

SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO 1: Hasta aquí nos ha contado sus recuerdos de don Manuel cuando ella llegó al pueblo. Entonces la recibió con entusiasmo y se interesó por su hermano que seguía en América deseándole un pronto regreso. El miedo la paralizó en su primera confesión y necesitó de la ayuda de don Manuel para hablar. Don Manuel la insta a que le transmita sus inquietudes como si hablara con su hermano y se olvidara de cuentos de santidad. Cuando ella manifiesta sus dudas, les quita toda importancia: “¿Y dónde has leído eso, marisabidilla? Todo eso es literatura”. Fue entonces cuando ella sintiéndose mujer notó cómo su miedo se trocó en lástima maternal hacia don Manuel, y empezó a acudir al confesionario para consolarle.

Al plantearle sus dudas, don Manuel siempre respondía “A eso, ya sabes, lo del Catecismo”, porque las dudas las inspira el Demonio. Pero al insistir ella, intuye que quizás don Manuel no creía en el Demonio. De regreso a casa en estas reflexiones, la voz de Blasillo repitió el “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” y ella llegó para echarse a llorar. Con tanta confesión, la madre cree que puede ir para monja, pero ella, responde al hilo de don Manuel que su convento es el pueblo y hay mucho por hacer allí. Un día se atreve a preguntarle abiertamente si hay infierno. Don Manuel evade la pregunta respondiendo que para ella no; al insistirle, el sacerdote responde que crea en el cielo que ve. Pero ella plantea su última duda: si no hay que creer en el infierno tampoco hay que creer en el cielo. Don Manuel regresa a la fe sencilla: “Se ha de creer todo lo que enseña la Santa Madre Iglesia”. Zanja así el tema, con una honda tristeza en la mirada.

CAPÍTULO 2: Poco a Poco, Ángela se va convirtiendo en la ayudante del párroco en el pueblo. Una vez fue a la ciudad invitada por una antigua compañera y tuvo que regresar. Parecía que le faltara el aire, sentía como si don Manuel la necesitara. Reconoce en este sentimiento, que había desarrollado hacia el sacerdote, un afecto maternal: “Quería aliviarle del peso de su cruz del nacimiento”.

CAPÍTULO 3: Ángela tiene 24 años cuando su hermano regresa de América con algunos ahorros. Quiere llevarlas a vivir a la ciudad. Para él, la aldea es el pasado feudal y la ciudad el progreso. Había que huir de la ignorancia. Cuando la madre se niega a abandonar la aldea, Lázaro comienza a darse cuenta del imperio que ejerce don Manuel y se revuelve contra lo que entiende una teocracia oscura y medieval. Pero con el tiempo va viendo la labor de don Manuel y se rinde a su bondad. Seguía manteniendo su posición progresista y anticlerical, pero veía en el párroco algo diferente que motivaba su curiosidad. Con el tiempo aquello derivó en una especie de duelo entre Lázaro y don Manuel, hasta que Lázaro acudió a escucharlo y salió reafirmado en que no era un cura normal. Aunque afirma que alguien tan inteligente no puede creer en lo que predica.

Ángela consulta con don Manuel el consejo de Lázaro de que lea. Don Manuel aplaude la idea porque más vale la literatura que los chismes de pueblo, pero recomienda lecturas piadosas “que te den contento de vivir”. Ángela acaba preguntándose si él tenía ese contento de vivir.

CAPÍTULO 4: Su madre enfermó de muerte y don Manuel le hizo jurar a Lázaro que rezaría por ella porque el contento con que ella muriera sería su vida eterna; porque una vez prometido él lo cumpliría y con su oración… Con los ojos arrasados en lágrimas Lázaro lo promete solemnemente y ella muere en la certeza de que también ella rezaría desde el más allá por los vivos.

CAPÍTULO 5: Comienzan los paseos y las conversaciones entre don Manuel y Lázaro, cada vez más entregado, pero que intuye un secreto en el alma del sacerdote como las campanas sumergidas que dicen que suenan en la noche de San Juan en el lago. Ángela ve en esas campanas la voz de todos los difuntos del pueblo, el alma sumergida de los antepasados.

CAPÍTULO 6: Lázaro cumple su promesa, va a misa y el pueblo se regocija creyéndolo convertido. Cuando se acercó a comulgar por primera vez, la Sagrada Forma cayó de la mano temblorosa del párroco y fue el propio Lázaro quien la recogió para introducirla en su boca mientras lloraba don Manuel. El gallo cantó. Ya en casa, Ángela lo abraza por la alegría que les había dado a todos. Entonces él le confiesa que por eso lo hizo, que don Manuel lo había convencido para que fingiese la conversión. Ante el escándalo de Ángela, Lázaro le revela que el propio sacerdote no había logrado creer. Que ahí residía precisamente su santidad, en el sacrificio propio que hacía por mantener en los demás la ilusión y la felicidad. No lo hacía por su propio beneficio sino por la convicción de que la verdad no podría ser asumida por la gente sencilla, que solo lograría atormentarlos. Por eso era mejor hacerlos felices, “hacerles que se sueñen inmortales”. “Todas las religiones consuelan de haber nacido para tener que morir”. Y la religión de don Manuel era buscar el propio consuelo en consolar a los demás.

Ángela queda atribulada en un mar de dudas. Pero Lázaro le hace ver que ahora él era un apóstol más en el pueblo para consolar a los demás. ¿Y el pueblo? ¿Cree el pueblo? “… lo que hace falta es no despertarle. Y que viva en su pobreza de sentimientos para que no adquiera torturas de lujo”. Ángela comprueba que el hermano ha cumplido su promesa de rezar por la madre y le insta para que, en adelante, rece también por sí mismo y por el propio don Manuel.

CAPÍTULO 7: Temía quedarse a solas con don Manuel y cuando por fin se acercó a confesar los dos se echaron a llorar. Don Manuel quería de ella que le confirmara que creía y ella lo confirma. “Pues sigue creyendo. Y si se te ocurren dudas cállatelas a ti misma”. Pero ella le devuelve la pregunta y el sacerdote es incapaz de mentir, concluye: “Hay que vivir y dar vida”. La insta a que se case para acabar con esas angustias, para que deje de preocuparse tanto por los demás porque “harto tiene cada cual con tener que responder de sí mismo”. Ella le recrimina que sea él quien le dé ese consejo y él, cambiando las tornas, afirma no saber qué se dice desde que se confiesa con ella. El sacerdote le pide su absolución y ella lo hace. “Y salimos de la iglesia y al salir se me estremecían las entrañas maternales”.

CAPÍTULO 8: Don Manuel, durante un paseo, explica a Lázaro cómo había heredado de su padre, que murió “de cerca de noventa años”, la tentación del suicidio. Su vida, como la de su progenitor, había sido un continuo escapar del suicidio hasta convertir la vida en un suicidio lento. Ayudando a morir a los aldeanos ha comprendido que la enfermedad de la muerte es el tedio de vivir. “Sigamos Lázaro suicidándonos en nuestra obra y en nuestro pueblo y que sueñe éste su vida como el lago sueña su cielo”. Viendo a una zagala cantar sobre una roca hizo ver a Lázaro la sensación de atemporalidad comprendida en la escena, ajena al tiempo, encerrando en sí misma la eternidad en la propia naturaleza; como la alegoría de la nieve “cayendo en el lago y muriendo en él mientras cubre con su toca a la montaña”.

CAPÍTULO 9: En cierta ocasión recriminó a Lázaro que criticara las supersticiones populares porque más valía que creyeran todo a que no creyeran en nada. Lo importante era que hallaran consuelo. Otra vez, paseando a orillas del lago observó el agua rizada por el viento y dijo a Lázaro que el agua rezaba “puerta del cielo, ruega por nosotros” mientras se le caían dos lágrimas.

CAPÍTULO 10: Las fuerzas ya le iban abandonando y Lázaro, para animarlo, le propuso fundar en la iglesia un sindicato católico agrario. Pero don Manuel rechaza la idea: para él, el único sindicato es la iglesia y la idea no era sino un resabio de la época progresista de Lázaro. La religión no busca resolver el problema económico sino el consuelo de todos, ricos y pobres, otorgándoles la ilusión de que todo tiene una finalidad en la vida. “Resignación y caridad en todos y para todos”. Don Manuel afirma que en una sociedad del bienestar sin ricos ni pobres como pretenden las nuevas ideas, sería aún más fuerte el tedio de la vida. Si la religión era el opio, bien está dar opio para que duerman y sueñen.

La actividad era el opio del propio don Manuel, reconoce, pero no lograba dormir bien, ni soñar. Vivía en una terrible pesadilla: “Mi alma está triste hasta la muerte”. Si ellos desean un sindicato y lo crean, bien está si les distrae.

CAPITULO 11: Don Manuel seguía debilitándose, la voz le temblaba, se emocionaba con facilidad. Blasillo gemía, ya no reía. Ángela recuerda lo memorable que fue la última semana santa oficiada por el párroco, cómo resonaban sus palabras y su mano estuvo firme al acercar la comunión a Lázaro diciéndole al oído: “No hay más vida eterna que esta…, que la sueñen eterna, eterna de unos pocos años”. Y al dar la comunión a Ángela, le susurró: “Reza, hija mía, reza por nosotros… y reza también por nuestro señor Jesucristo”. Salió conmovida y al llegar a casa se puso a rezar sin comprender cuál era nuestro pecado. Angustiada, le dirige la pregunta a don Manuel al día siguiente, ¿cuál es nuestro pecado? Y el párroco le responde con una cita de Calderón de la Barca, “el delito mayor del hombre es haber nacido”. Y ese pecado se redime con la muerte.

CAPÍTULO 12: Antes de morir, don Manuel mandó llamar a Ángela y a Lázaro a su casa. Allí les encomendó que cuidaran de su rebaño y dieran testimonio hasta el final. Les pide ser enterrado en las tablas que talló del viejo nogal a cuya sombra jugaba cuando empezaba a soñar. Como un nuevo Moisés, le es negado entrar en la tierra prometida, y encarga a Lázaro que como Josué continuó la labor de Moisés acompañando a los israelitas hasta el paraiso que a él le había sido vedado por Dios, acompañara a sus fieles de Valverde de Lucerna hasta el paraíso prometido, que siga creyendo para ser feliz. A Ángela le encarga seguir rezando por todos para que sigan soñando la vida eterna.

Después pidió ser llevado a la iglesia, impedido como estaba por la parálisis. Allí se le sentó en el sillón del presbiterio. Blasillo se le acerca y le coge la mano. Don Manuel se dirige a los fieles pidiéndoles que recen para que algún día todos puedan reencontrarse en la vida eterna. Les mandó rezar e impartió la bendición. Con el rumor de las oraciones, don Manuel y Blasillo se fueron adormeciendo. Al llegar al Credo, a la resurrección de la carne, el pueblo supo que había muerto. Blasillo había muerto con él.

El pueblo fue inmediatamente a recoger reliquias a su casa. Lázaro guardó su breviario donde encontró una clavellina disecada sobre un papel con una cruz y una fecha.

CAPÍTULO 13: Nadie quería creer que hubiese muerto, pero pronto empezó a formarse un culto sobre su tumba donde acudía la gente esperando un milagro. Lázaro comenzó a escribir sus recuerdos agradecido a don Manuel por haberle dado la fe en el contento de la vida (“…él me hizo un verdadero Lázaro resucitado”). Interrogado por Ángela, responde que hay dos tipos de hombres peligrosos, los que creyendo en la vida eterna se dedican a atormentar a los demás para que renuncien a esta vida; y lo que no creyendo en la otra vida se empeñan en negarle ese consuelo a los demás.

CAPÍTULO 14: El nuevo párroco llega abrumado por el peso del recuerdo del santo. Lázaro y Ángela le ayudan a seguir los pasos de don Manuel. Pero Lázaro cada vez sentía más morriña y pasaba horas junto a la tumba. Ángela trata de animarlo recordándole las palabras del cura, la necesidad de salvaguardar la alegría de vivir. Pero lo que es consuelo para los demás no lo es para quien no cree en el más allá. Don Manuel, en cierta ocasión, cuando le instó a se guardara para sí sus dudas, le confesó sospechar que más de una santo murió sin creer. Lázaro se muestra preocupado porque el pueblo pueda descrubrir el secreto, pero Ángela, sencilla, le responde que el pueblo no entiende de palabras, sino de obras.

Una enfermedad acaba llevándoselo, sentía que con su muerte se perdía otro trozo de don Manuel. Le encomendó a Ángela que rezara por él, por todos. Y murió entre la gente del pueblo que acudió, como de costumbre, a verlo agonizar.

CAPÍTULO 15: Ahora, sola, Ángela toma conciencia de haber envejecido. Pero sigue viva en su aldea y en sus gentes como si siempre hubiera de ser así. No sentía la terrible soledad que alguna vez experimentó en Madrid rodeada de seres desconocidos porque en la aldea conocía a todos y en todos vivía. Reflexiona y concluye que su hermano y don Manuel murieron creyendo no creer, que don Manuel no trató de engañar a Lázaro porque comprendió que la única manera de convertirlo era con la verdad, con su verdad. Y así, también, la ganó a ella que sí creía. Quizás en el último instante murieron creyendo, ¿y ella?

CAPÍTULO 16: Ya con 50 años, nieva sobre el pueblo cubriendo el lago y la montaña, nieva también sobre sus recuerdos de manera que ya no sabe discernir entre lo que fue verdad y lo que tal vez soñó, tampoco sabe ya si al escribir sus memorias traspasará al papel su conciencia. Ignora si los demás creen o dudan, pero al menos sabe que viven.

Ahora que el Obispo ha iniciado el proceso de beatificación de don Manuel, le pide todo tipo de noticias y se las ha dado callando siempre el terrible secreto del santo. Confía en que estas memorias no caigan en sus manos. Teme a la autoridad temporal de la Tierra, aunque sea de la Iglesia.

EPÍLOGO DEL AUTOR:
No quiere decir Unamuno cómo llegó este manuscrito a sus manos. Y contra la acusación de que los personajes son obra suya se defiende afirmando que quizás sus personajes tengan su propia alma inmortal. Pone como ejemplo a su Augusto Pérez, de Nivola, el que se le rebeló como personaje cuestionando quién de los dos era más real si cuando él, Unamuno, ya hubiera desaparecido, él, Augusto, seguiría viviendo. Si alguien ha de reprenderle algo, será el propio Dios, concluye poniendo la afirmación en labios de San Miguel dirigiéndose al Diablo en su disputa por el cuerpo de Moisés -verso noveno de la olvidada epístola del apóstol San Judas-. La verdad de don Manuel y Lázaro no hubiera sido comprendida por el pueblo que entiende solo los actos, no las palabras. Confía en que se disculpe el que no pase nada en el relato como tampoco pasa nada en las almas sencillas que viven más allá de la fe y de la desesperación.

CONSIDERACIÓN FINAL DE JOSÉ CARLOS ARANDA:
El resumen no sustituye la lectura de la obra o, mejor dicho, no debe sustituirla. Lamentablemente, a veces, cuando leemos por obligación se nos olvida que la finalidad no es otra que disfrutar del viaje. Los contenidos expresados en el resumen no pueden trasladar la fuerza dramática de los diálogos ni los sentimientos transmitidos ante determinadas situaciones que reflejan algo esencial en la obra: la angustia vital. Esa angustia vital de todos los personajes enfrentados a sus propias decisiones y contradicciones. Dicen que don Quijote y Sancho no son sino dos representaciones de los dos polos de nuestra conciencia, quizá los personajes de don Manuel lo sean de la conciencia de Unamuno en permanente diálogo e intento de reconciliación. No obstante, cuando tenemos que estudiar una obra, no basta con leerla. Con frecuencia debemos mantener en la memoria el hilo conductor del relato para poder contextualizar episodios, diálogos, escenas que pueden resultar clave en la evolución de la trama y los personajes. Esto nos facilita el comentario de un texto en cuestión y es clave en la comprensión de un fragmento concreto. Para esto sí sirve un buen resumen, para refrescar, ubicar y contextualizar la información cuando ya ha transcurrido tiempo desde nuestra lectura.

ENLACES RECOMENDADOS EN EL BLOG:

Lectura de la obra completa: San Manuel Bueno, mártir.

PARA LA PREPARACIÓN DEL COMENTARIO DE TEXTO SOBRE SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR:

-http://josecarlosaranda.com/2010/05/13/%C2%BFcomo-enfocar-un-comentario-critico-de-san-manuel-bueno-martir/

SOBRE COMENTARIOS DE TEXTO YA REALIZADOS (TIPO SELECTIVIDAD):

-http://josecarlosaranda.com/2011/03/12/comentario-de-texto-san-manuel-bueno-martir-miguel-de-unamuno-capitulo-8-resumen-estructura-tema-y-comentario-de-opinion-modelo-selectividad-andalucia/

REFLEXIONES PARA PROFUNDIZAR EN LA LECTURA:

-http://www.ensayistas.org/curso3030/textos/narrativa/sanmanuel-r.htm

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¿Condiciona la lengua nuestro cerebro?, ¿nuestra vida?: Entrevista a don Mario Alonso Puig por Ima Sanchís en La Vanguardia.

La respuesta a esta pregunta solo puede ser positiva. Esta es la tesis que defiendo en El libro de la gramática vital (Almuzara, 2010). En definitiva, las palabras y los enunciados que escuchamos se traducen en nuestro oído a impulsos nerviosos que circulan por nuestros circuitos neuronales. Es una forma de energía que nos predispone a un determinado estado de ánimo clave para la percepción e interpretación de la realidad. Cuando Ferdinand de Saussure, a principios del siglo XX, definía el signo lingüístico como una simbiosis entre significante -conjunto de sonidos alineados en un orden preciso percibidos- y significado -imagen mental o representación del concepto- se olvidó de un elemento fundamental que tiene que ver con la parte límbica del cerebro, el sentimiento. No estamos jugando a dos bandas, sino a tres. Las palabras son capaces de despertar en nosotros sentimientos inconscientes que son necesarios para nuestra supervivencia. El miedo, el asco, la indiferencia o el deseo nos mueven para atrapar o rehuir las realidades expresadas a través de las palabras. Aseguramos así la prevención necesaria contra la electricidad, o la apetencia que nos impele a comer cuando la sensación de hambre y su satisfacción se condiciona a un determinado estímulo. Mucho más hay que decir y ya lo dije en El libro de la gramática vital, mucha más reflexión es necesaria sobre este aspecto esencial al desarrollo y comportamiento de nuestro cerebro y su interacción con la lengua. Estoy convencido de que el conocimiento de esta interrelación, y el uso de técnicas precisas en la comunicación con los demás y con nosotros mismos, pueden ayudarnos en esa búsqueda de la felicidad que todos pretendemos. Lo que me ha sorprendido ahora es que un médico cirujano, desde su conocimiento científico, venga a confirmar estas tesis desde el campo de la neurocirugía. Las concomitancias de sus respuestas con las mías propias («Yo no tengo nada mejor que dar que mí mismo», La Vanguardia, enero de 2011) también ante la periodista Ima Sanchís, me han resultado extraordinarias tanto más cuanto no conozco a don Mario Alonso Puig ni estaba al corriente de sus estudios y publicaciones. A continuación les reproduzco íntegra la entrevista y aprovecho para felicitar a don Mario Alonso y a Ima Sanchís por su magnífica labor.

Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra

Entrevista a Mario Alonso Puig, Cirujano por Ima Sanchís en La Vanguardia (30/03/2010)

Mario Alonso Puig.

Mario Alonso Puig.

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. «Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando». Hay que entrenar esa mente

Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas. Soy católico. Acabo de publicar Madera líder (Empresa Activa)

Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?

Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.

¿Psiconeuroinmunobiología?

Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.

¿De qué se trata?

Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.

¿Qué tipo de cambios?

Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.

– ¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?

-Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.

¿Cambiar la mente a través del cuerpo?

Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.

¿Dice que no hay que ser razonable?

Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.

Exagera.

Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.

Más recursos…

La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.

¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?

Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: «Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro».

¿Seguro que no exagera?

No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

¿Hablamos de filosofía o de ciencia?

Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?

Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.

La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.

Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.

Deme alguna pista.

Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos «voy a hacer esto» y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.

Ver lo que hay y aceptarlo.

Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

Enhorabuena de nuevo a entrevistadora y entrevistado.

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¿QUÉ MUNDO LE VAMOS A DEJAR A NUESTROS HIJOS?

guerra niños corriendo

Me ha llegado este artículo que nos pone negro sobre blanco uno de los problemas más frecuentes en nuestra sociedad: como todo está tan mal, no merece la pena intentar cambiar nada porque es imposible. Alguien muy inteligente, Einstein creo que se llamó, decía que si no cambiamos de perspectiva nunca veremos más que el problema. Este artículo es un buen ejemplo de cómo un problema deja de serlo simplemente cambiando la perspectiva, replanteando la pregunta. Ante este pensamiento negativo, me viene a la mente aquella célebre frase que nos recordaba que hay un único rincón en el universo que puedes cambiar y ese eres tú mismo, y que si no somos parte de la solución, somos parte del problema. Aquí os dejo el artículo tal y como me ha llegado, espero que os ayude:

Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933), profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual (autor de La crisis Ninja) dice en su artículo:

«Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que «Dios les coja confesados». Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación. En muchas de misconferencias, se levantabauna señora (esto es pregunta de señoras) y decíaesa frase que a mí me hace tanta gracia: «qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?».
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir «qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?». Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: «Y a mí, qué me importa?!». Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco. Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64. Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.

Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

  • 1. La guerra civil española
  • 2. La segunda guerra mundial
  • 3. Las dos bombas atómicas
  • 4. Corea
  • 5. Vietnam
  • 6. Los Balcanes
  • 7. Afganistán
  • 8. Irak
  • 9. Internet
  • 10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía. Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo. A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama «buena gente». Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:

  • Que sepan distinguir el bien del mal,
  • Que no digan que todo vale,
  • Que piensen en los demás,
  • Que sean generosos. . . .

En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran. Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo.

A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas. Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de «Historia de mi pueblo» (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas. Pero lo fundamental es lo otro:  los padres.

Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA».

Leopoldo Abadía.

P.D:
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.»

Leopoldo Abadía.

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LA LÍRICA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS (TEMA)

LA LÍRICA DESDE LOS AÑOS 70 A NUESTROS DÍAS

Este tema lo he tomado de http://lenguayliteratura2bac.wikispaces.com/file/view/Poes%C3%ADa_70aXXI.pdf una dirección muy interesante para consultas y ampliación, especialmente para alumnos de 2º de bachillerato. Mi enhorabuena, desde aquí por el trabajo realizado.

0. INTRODUCCIÓN

Aunque la década de los 70 se inicia, prácticamente, con la grave crisis del petróleo que sacudirá las economías occidentales durante más de una década, el principal acontecimiento histórico que marca este período en España es la muerte del dictador Francisco Franco en 1975. Con la muerte de Franco se produce la llamada transición a la democracia: 1977, legalización de partidos políticos; 1978, promulgación de la Constitución; 1981, golpe de Estado frustrado; ingreso en la Comunidad Europea en 1986 y en la OTAN en 1982… Asimismo, el período democrático supone la descentralización del Estado. España se organiza en 17 comunidades autónomas, algunas gobernadas durante varias legislaturas por partidos de vocación nacionalista: PNV, CiU, CC… Por lo que se refiere al poder central, tras el hundimiento de la UCD, partido que había gobernado España durante la transición democrática, se produce una alternancia en el Gobierno entre los dos partidos estatales de voto mayoritario. Así, el PSOE gana en 1982 las elecciones y continuará en el poder hasta 1996. Desde este año a 2004 gobernará España el PP, que perderá en esa fecha las elecciones frente al PSOE. En el 2011, vuelve a ganar el PP.

La repercusión de estos acontecimientos políticos arriba esbozados en la vida literaria española son evidentes: desaparición de la censura, recuperación de los autores exiliados, apertura hacia la literatura extranjera- europea, norteamericana y latinoamericana, fundamentalmente-, impulso político a la creación literaria en lenguas españolas distintas al español, generosa política de subvenciones oficiales a autores, multiplicación de premios y certámenes literarios… y con el crecimiento y expansión de poderosos grupos editoriales y de comunicación (PRISA, Planeta, RBA…), el tratamiento del libro -en especial, la novela- en la sociedad de masas como un producto de consumo más que permite en algunos casos tiradas de varios centenares de miles -e incluso millones- de ejemplares (best-seller).

Rasgos de la literatura española de las últimas décadas son la variedad temática y estética, la diversidad de tendencias y corrientes literarias y la proliferación de autores.

No obstante, esta diversidad puede ser también consecuencia de la falta del necesario período de tiempo que se precisa en la Historia de la Literatura para evaluar y enjuiciar los textos literarios que aparecen en un número desorbitado cada año. La producción editorial en España tiende al gigantismo: se publican unos 75.000 títulos cada año, de los cuales constituyen novedades unos 10.000. Como la tirada media es de 3.500 ejemplares, ello significa, en total, unos 35 millones de ejemplares de novedades.

1. LA POESÍA EN LA DÉCADA DE LOS SETENTA. LOS «NOVíSIMOS»

En 1970, publica José María Castellet la antología Nueve novísimos poetas españoles. Se trata de un grupo de poetas (nacidos entre 1939 y 1949): Manuel Vázquez Montalbán, Pedro Gimferrer, Félix de Azúa, Martínez Sarrión, José María Álvarez, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. Otros poetas, algunos más jóvenes, cercanos a estos son: Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena, Antonio Colinas, José Miguel Ullán, Jenaro Talens.

Rasgos comunes a ellos son :

a) Distanciamiento de los preceptos éticos de la literatura anterior. No obstante, no niegan toda la tradición cultural previa, sino la tradición literaria española, con excepción de algunos poetas del 27 como Cernuda o Aleixandre, y de algún otro de la promoción anterior, como Gil de Biedma, o bien poetas marginales como Ory, Cirlot o el grupo Cántico.

b) Vasto bagaje intelectual, en contacto con las corrientes culturales de vanguardia (los poetas ingleses y franceses del siglo XX y de los hispano-americanos como Paz, Vallejo o Neruda), para marcar su distancia respecto a la literatura española anterior.

c) Sociedad de consumo y ambientes decadentes. Su formación se cimienta en la cultura de los medios de comunicación de masas -«mass media»-. Son continuas las referencias a la sociedad de consumo: el cine, la música pop, el deporte, los tebeos. Esta reelaboración de los clichés se realiza desde la frivolidad y con ironía. Aunque pueda resultar paradójico, en otros poemas, de sesgo culturalista, describen ambientes refinados y decadentes (Venecia), defienden el gusto por lo exquisito. De hecho, peyorativamente, se alude en ocasiones a ellos como los venecianos.

d) Defienden explícitamente -contra algunos poetas sociales- la ineficacia de la poesía para cambiar el mundo. Es frecuente la poesía como tema, la reflexión metapoética: la poesía como valor absoluto en sí misma, autónoma. También les aglutina la concepción lúdica que tienen de la poesía. Como no existe vínculo entre poesía y mundo o realidad, el poeta se centra en el lenguaje, la experimentación lingüística, que termina por ser la única justificación de la creación artística.

e) Nuevo vanguardismo. En consonancia con su rechazo a entender el poema como un modo de interpretar el mundo, defienden la libertad absoluta del poeta: utilización de la escritura automática e incorporación de las técnicas de «collage», el verso libre amplio, la disposición visual y tipográfica del poema (poemas visuales), la prosa libre… en línea con su voluntario hermetismo.

En fin, todos estos rasgos explican que esta poesía sea en ocasiones elitista, de tendencia culturista y con frecuencia hermética, y por tanto, difícil para la mayoría de los lectores.

2. ÚLTIMAS TENDENCIAS

La estética novísima es la dominante de 1966 hasta 1985. No obstante, tras la muerte de Franco, buscan una expresión más personal: se atenúan las actitudes provocadoras y culturalistas de los venecianos. Siguen presentes, sin embargo, algunas líneas como la de la metapoesía (Guillermo Carnero o Jenaro Talens), la poesía experimental (poemas visuales de José Miguel Ullán). Otros poetas del grupo entroncan con la tradición: la poesía clásica greco-latina en Luis Antonio de Villena; el Romanticismo y Modernismo en Antonio Colinas, la poesía barroca en Antonio Carvajal, el malditismo de Leopoldo Mª. Panero o la poesía pura, intelectual, minimalista de Jaime Siles o Andrés Sánchez Robayna. Dos corrientes pueden advertirse a mediados de los ochenta en el seno de los poetas postnovísimos: la poesía figurativa, narrativa, proclive a la prosa (Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena) y la poesía elegíaca (Eloy Sánchez Rosillo).

En torno a 1980 se produce un cierto declive de la estética novísima y una nueva promoción entra en escena. Sus representantes son poetas nacidos entre 1954 y 1968. En 1986 son presentados en una nueva antología, Postnovísimos, preparada por Luis Antonio de Villena. Más allá de la pluralidad de tendencias (neosimbolismo, neorromanticismo, neosurrealismo, minimalismo…), podemos señalar como características (Jaime Siles) que definen a la poesía de los ochenta las siguientes:

a) Recuperación de los poetas de los sesenta, en especial Gil de Biedma. Los consideran clásicos de la segunda mitad del siglo XX.

b) Relectura de la tradición. Se pone énfasis en la experiencia, en la emoción y en la percepción e inteligibilidad del texto. Se recuperan la métrica, la rima y la estrofa.

c) Vuelta a la narración y empleo del lenguaje coloquial. Se cuentan historias a partir de una anécdota, se introducen términos cotidianos y del lenguaje publicitario (Kodak, cepillo de dientes, escaparate, supositorio). Se abomina de lo conceptual y lo abstracto.

d) Renovación de temas: subjetividad (el monólogo interior), el paso del tiempo, lo urbano y lo cotidiano…

e) Empleo del humor, el pastiche y la parodia. Imitan de forma paródica a autores del Siglo de Oro. La ironía y el distanciamiento son asimismo característicos.

Sobresalen también en los 80 importantes poetisas: Juana Castro, Ana Rosetti, Blanca Andreu. Junto a ellas, la vena intimista se acentúa en poetas neorrománticos andaluces: Alejandro Duque Amusco o Francisco Bejarano.

De todas las tendencias de la poesía de los ochenta hay dos que parecen imponerse en la década de los noventa:

a) Poesía del silencio. Una poesía minimalista, que reivindica las vanguardias, compuesta de poemas breves en los que se elimina la anécdota. Se trata también de una poesía reflexiva, filosófica, intelectual. El discurso se interrumpe para hacer oír la voz del silencio.  Todos buscan el uso de una palabra que se quiere esencial y tensa, depurada y concisa, en la estela de los presupuestos de la «poesía pura».

b) Poesía de la experiencia. Esta corriente dominó el panorama poético durante una década: mitad de los 80 hasta mediada la década de los 90. Propugnan estos poetas granadinos una nueva sentimentalidad. Una poesía realista, que habla de la vida y de la realidad cotidiana de carácter urbano, con una expresión coloquial, y que revaloriza la experiencia, el humor y la emoción. La poesía parecía volver a su condición de relato de una existencia, acotada por la incomunicación, la soledad urbana y el escepticismo filosófico y religioso. El protagonismo del yo de estos poemas no se corresponde con el yo romántico, de tono confesional, sino con un yo recreado, ficticio. El poeta busca transmitir su emoción al lector y que éste le comprenda: existe una vocación clara de comunicación con el lector, por lo que se hace uso de un lenguaje poético accesible, coloquial.

En estos poetas, tienen gran importancia modelos de la tradición mediata e inmediata: Manuel Machado, los modernistas, los poetas de los sesenta (Gil de Biedma), Cernuda…

Como ramificación de la dominante poesía de la experiencia, se cultiva una poesía elegíaca que reflexiona el paso del tiempo y la pérdida, un lirismo reflexivo. Los temas más frecuente son la vida cotidiana y la estampa costumbrista, tamizados por el humorismo y la distancia.

Al finalizar el siglo XX, poesía de la experiencia y poesía del silencio marcaban las tendencias. Progresivamente, se fue manifestando un rechazo al relativismo moral de ambas tendencias en favor de un compromiso social del poeta frente a un mundo injusto e insolidario con el sufrimiento ajeno, una poesía del compromiso civil. El hombre de la calle (2001) es el título de una antología publicada por Fernando Beltrán, que cultiva una poesía “entrometida” en la que se desarrollan temas como la globalización, la ecología, las guerras imperialistas, el subdesarrollo o el neoliberalismo. El poeta de referencia para muchos de ellos es Jorge Riechmann. Se considera la poesía como el espacio de la resistencia, y el realismo como instrumento de indagación, vigilancia y alerta, que pretende la transformación del sujeto y, mediante el circuito de la comunicación, la transformación del mundo.

Otras formas de oposición a la poesía de la experiencia surgen en Andalucía: «poesía de la diferencia». No obstante, más allá del rechazo a los mecanismos mediáticos y de propaganda que permiten la omnipresencia en foros y premios a los poetas de la experiencia asentados como canónicos, no se advierte un ideario común en estos poetas.

De estas variadas tendencias podemos citar a algunos autores: Luis García Montero (poesía de la experiencia), José Carlos Cataño (poesía del silencio), Andrés Trapiello (neoimpresionismo), Blanca Andreu (neosurrealismo), Antonio Enrique (poesía de la diferencia) o Juan Lamillar (poesía metafísica o lirismo reflexivo).

 

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 8. SINTAGMA NOMINAL: EL COMPLEMENTO DEL NOMBRE.

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 8. SINTAGMA NOMINAL: EL COMPLEMENTO DEL NOMBRE.

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

Un complemento del nombre es un «grupo preposicional», normalmente introducido por la preposición «de», que sirve para concretar el significado del nombre al que se refiere. Su función es, pues, equivalente a la del adjetivo con el que puede alternar en algunos casos (mesa de metal /metálica), aunque debe usarse cuando el concepto que precisa no puede ser significado por un adjetivo o este resulta excesivamente culto (mesa de madera / *ebúrnea).

Resulta fácil de identificar dado que es siempre un grupo preposicional que aparece detrás del nombre al que se refiere (café con leche, muñeca de trapo, una falta de ortografía) y, en este caso, su movilidad en la oración es muy reducida. Si lo anteponemos al nombre, generamos una figura retórica por la extrañeza que produce (hipérbaton: de plata los cubiertos). Estas dos características lo van diferenciar de otras funciones desempeñadas por los grupos preposicionales.

EJEMPLOS: Un bonito lápiz de madera

SINTAGMA NOMINAL: «Un bonito lápiz de madera«. Compuesto por:

DETERMINANTE: un.

ADJETIVO: bonito.

NOMBRE (núcleo): lápiz.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): «de madera». Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE (núcleo): madera.

EJEMPLO 2: «Aquella muñeca de trapo«

SINTAGMA NOMINAL: «Aquella muñeca de trapo«. Consta de:

DETERMINANTE: aquella.

NOMBRE (núcleo): muñeca.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): «de trapo». Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE (núcleo): trapo.

Todo grupo preposicional consta de un sintagma nominal introducido por una preposición. Insistimos en que el término de un grupo preposicional es un sintagma nominal porque esto quiere decir que en su interior podemos encontrar desde un nombre (núcleo) hasta una estructura completa desarrollada con su determinante, adjetivo, complemento del nombre, etc.; observad:

«Un caballero de Zamora».

SINTAGMA NOMINAL = DET + NOMBRE + GPREP (CN: PREP + SN (nombre)

«Un caballero de aquel pueblo«

SINTAGMA NOMINAL: DET + NOMBRE + GPREP (CN: PREP + SN (DET + NOMBRE)

«Un caballero de algún lugar lejano«.

SINTAGMA NOMINAL: DET + NOMBRE + GPREP (CN: PREP + SN (DET + NOMBRE + ADJ)

«Un caballero de aquel lugar de La Mancha«.

SINTAGMA NOMINAL: DET + NOMBRE + GPREP (CN: PREP + SN (DET + N + GPREP (CN: PREP + SN (NOMBRE PROPIO).

Y así podríamos seguir indefinidamente.

Aunque la preposición más frecuente es «de», el complemento del nombre puede aparecer con otras preposiciones, por ejemplo: «café con leche«, «pollo al chilindrón«, etc.

EJERCICIOS:

1.- Subraya los Complementos del Nombre del siguiente texto:

«La avenida de mi barrio es grande. Los bancos de madera aparecen esparcidos aquí y allí. Por la tarde, en verano, se ven pasear los jóvenes de derecha a izquierda, con un ritmo monótono de marcha lenta. Hay también algunos puestos de refrescos y los dueños son viejos conocidos que saludan a los niños del barrio con una sonrisa que promete la felicidad de un delicioso helado».

2. En el texto anterior, identifica los determinantes y clasifícalos.

3. Invéntate tres oraciones en las que aparezcan complementos del nombre.

4. Construye un ejemplo en el que de un sintagma nominal dependan tres complementos del nombre.

5. Identifica los sustantivos en el texto anterior.

6. Di en qué persona, tiempo y modo están los verbos conjugados que aparecen en el texto.

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¡VAMOS A MONTAR EL BELÉN!

La Navidad es una época cargada de tradiciones, y una de las costumbres más entrañables en nuestra infancia fue la de hacer el Belén. Montar el Belén marcaba en casa el inicio de las fiestas, un periodo de vacaciones, alegría compartida, juegos en la calle y una ilusión mantenida hasta los Reyes Magos en la madrugada del 5 de enero.

BELEN 1Montar el Belén era la excusa perfecta para entretenernos de niños cuando las vacaciones escolares nos convertían en estorbos traviesos en nuestros hogares. Solían enviarnos entonces con mis abuelos paternos. Mis abuelos vivían en una casa, en un barrio con calles de tierra donde se podía jugar al trompo o hacer agujeros para jugar a las canicas, también jugar al fútbol, pero entonces el ruido molestaba y las vecinas salían a protestar por miedo a que algún cristal acabara roto; pero no importaba porque nos íbamos a jugar al campillo que había detrás. Podías montar en bicicleta o irte al arroyo del Moro a pescar ranas, hacer collares de flores, cazar lagartijas, fabricar un arco o un tirachinas o un tirachinchetas con las gomas de bicicleta picadas que te regalaba Pedro, el del taller de bicis que había en la esquina. Creo que nos daba tiempo a hacer tantas cosas porque entonces no teníamos televisión. Cuando no tenías televisión, ni cine, ni ordenador, el tiempo era muy muy largo y podías hacer tantas tantas cosas que en un solo día podías vivir las aventuras de una vida. O quizá sea que entonces… era niño.

BELEN2

A través del Belén se canalizaban energías, pero sobre todo se transmitía una cultura ancestral y atávica con historias religiosas impregnadas de magia y de misterio: la odisea de San José, la Virgen María y el niño Jesús. Toda una historia que se iba relatando en esa metáfora visual de la que participábamos como niños y en la que, además, nos hacían sentir protagonistas.

La actividad y los nervios empezaban ya a principios de diciembre, hacia el día de la Inmaculada, patrona de España, que, al ser festivo nos solía proporcionar un buen puente que nos sabía a anticipo de las fiestas que se aproximaban. Nosotros montábamos el Belén en casa de mi tío Antonio, junto a la casa de mis abuelos, en la pared del fondo del cuarto de estar donde se arrinconaba una mesa sobre la que iríamos trabajando hasta completar el Belén. La tarea no se iniciaba en la casa, sino en el campo. Durante la primera excursión, todos los primos buscábamos troncos que nos sirvieran de fondo, algunas ramas y guijarros bonitos por su color o su forma. Todos los primos íbamos como en manada a la búsqueda del tesoro. Correteábamos ilusionados con nuestro hallazgo hasta mis tíos. Ellos los examinaban con mirada experta y los escogían o los rechazaban.

El siguiente paso consistía en preparar la base sobre la que iríamos colocando las figuras: se BELEN3extendía un hule en la mesa y, sobre ella, una capa de serrín que hacía las veces de tierra o de arena. El rincón quedaba reservado para el tronco más grande, el más bonito, hueco. Ese era el que iba a hacer funciones de «portal»; los demás se distribuían en los laterales de forma irregular; ellos serían las colinas o las montañas escarpadas. De izquierda a derecha colocábamos una cinta de papel de plata que sujetábamos a tramos con guijarros y a tramos con serrín para formar pequeñas playas en los meandros. Después sacábamos de las cajas las figuras. Las nuestras eran de plástico policromado. También las había de barro, pero nuestro Belén tenía muchas piezas y hubiera sido muy caro. San José con su vara en la mano, la Virgen sentada, un pequeño pesebre, la figura sonriente de el Niño Jesús, la mula, el buey; y el ángel que, encima del portal, anunciaría la buena nueva, la noticia del nacimiento de Dios hecho humano entre los hombres.

A medida que las figuras iban encontrando su lugar, los niños, boquiabiertos, escuchábamos BELEN4su historia: esa era la mula en la que llegaron José y María, nadie les dio posada, «¿Dónde ponemos la posada?», y se colocaba en un lado del camino o en una colina con su puerta cerrada y el posadero asomándose a la ventana de la planta alta con un farol en su mano derecha, y se iba vistiendo de imágenes la historia. San José y María huían de Herodes que, cuando nació el niño, mandó matar a todos los recién nacidos, «¿Y dónde ponemos el castillo de Herodes?», y allí quedaba el castillo de Herodes con sus torres de corcho y sus dos centinelas romanos. Hacía tanto frío que cuando nació el niño, San José decidió colocar junto al pequeño pesebre al buey y la mula. «¡Ahhh!», por eso hay que ponerlos a los pies del niño, sus hocicos orientados hacia sus pequeños pies para que no se hielen. Y Dios mandó a sus ángeles a anunciar el nacimiento de Jesús: y los ángeles iban apareciendo, primero sobre el portal, luego en los pequeños campamentos de pastores dispersos por el belén reunidos en torno a una fogata donde, normalmente, un caldero anunciaba la humeante cena. Allí, en medio, quedaban suspendidos con su alambre y sus brazos extendidos. Los ángeles siempre tenían los brazos abiertos, sonreían, un halo dorado o blanco rodeaba su cabeza y la mano derecha estaba semicerrada y algo adelantada, como si estuvieran impartiendo una bendición. El ángel que más me gustaba era el que iba encima del portal porque era más grande y tenía las alas más largas.

Después hacíamos el camino sobre el serrín, algo serpenteante, con un carrete vacío de hilo. Sobre él íbamos colocando pastores: unos con las manos vacías, otros llevando cestos con huevos, con verduras, otros con corderillos al hombro. No podían faltar el tamborilero y el flautista. Todos se dirigían al portal a adorar al niño, como decía el villancico que invariablemente canturreábamos mientras los situábamos en el camino con sus presentes. Y de oriente, guiados por una estrella -«¿Dónde está la estrella? ¿Y dónde la ponemos? Ven aquí yo te sujeto», y la estrella de plata de larga cola quedaba sujeta a la cortina de fondo que hacía las veces de cielo- llegarón tres Reyes Magos que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Y entonces había que sacar a los tres reyes con sus pajes y sus caballos. Teníamos entonces caballos y no camellos y, además, los Reyes podían descabalgarse, pero entonces se quedaban con las piernas como entre paréntesis en una actitud impropia de un rey, y a mí no me gustaba. Sacábamos el puente, lo situábamos sobre el río enfrente del portal y colocábamos en orden los tres reyes: primero Melchor, el de la barba blanca; después, Gaspar, el de la barba rubia; y, por último, mi favorito, Baltasar, el más exótico porque venía de un lugar donde la gente era negra y aquello debía estar muy lejos muy lejos y ser maravillosamente extraño -todavía no me habían inundado los prejuicios de los miedos de las primeras películas de Tarzán-.

BELEN5Ahora que lo esencial estaba planteado, teníamos que volver al campo a recoger piñas, madroños y verdina. La verdina había que dejarla siempre para el final porque si no, se secaba, se ponía marrón y ya no quedaba bonita. Las piñas no eran para el Belén, las usabamos para adornar la mesa y luego comernos los piñones. Ya de vuelta en casa, se empezaba por plantear los cables con las bombillas para la iluminación. Eran cables largos con muchas bombillas de colores verdes, amarillas, rojas, azules… Había primero que desenredarlos y comprobar que funcionaran. Luego se presentaban sobre el Belén haciendo coincidir las bombillitas con casas, ventanas, hogueras, fragua… y hasta en los pozos. Una vez presentados, había que camuflarlos, así que íbamos moviendo las figuras ya colocadas para pisar los cables, enterrarlos con el serrín, ocultarlos con los guijarros… hasta que quedaba perfectamente disimulado. Después le dábamos el toque final situando las ramas de madroño en la pared como adorno y usando la verdina para crear pequeñas praderas de césped.

Ya solo nos faltaba distribuir el resto de las figuras para ir creando la ilusión de un pueblo: las lavanderas en el río, el herrero golpeando en su fragua, los panaderos sacando pan del horno encendido, el agricultor con su arado -los surcos los hacíamos con un peine y quedaban de maravilla-, los rebaños de cabras, las piaras de cerdos, los patos, las ocas y los cisnes en el río nadando bajo el puente -ese río no entendía de corrientes-, la noria… En fin, todo un mundo de fantasía donde volcar la imaginación de un niño.

BELEN6Ya estaba. Faltaba la puesta de largo. Ese convocar a la familia para que vieran nuestro Belén. Los niños los arrastrábamos hasta él en un día señalado. Lo tapábamos con la complicidad de mi tía Fali y se lo descubríamos con las luces encendidas. Invariablemente decían «Ohhhh, qué bonito» y nos sentíamos orgullosos de nuestro esfuerzo, de haber creado algo bonito y de haberles podido ofrecer nuestro belén.

BELEN7Sacábamos al niño Jesús del pesebre, porque no nacería hasta el día 24, mi tía lo guardaba. Luego, el 24 de diciembre, a las 12 de la noche, antes de ir a la Misa del Gallo, lo colocaríamos en el portal.

Había empezado la Navidad. Olía a castañas asadas y a frío. A humo de chimenea, a leña de encina y olivo. Olía a anís y coñac. Olía a tabaco y mantecado. Olía a risa y sonaba a villancicos y felicidad.

Así era nuestro Belén.

Feliz Navidad.

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CARACTERÍSTICAS DE LOS TEXTOS PERIODÍSTICOS

CARACTERÍSTICAS DE LOS TEXTOS PERIODÍSTICOS.-

Los periódicos se elaboran persiguiendo tres finalidades claras: informar, persuadir y entretener. Estas finalidades se desarrollarán a través de diferentes modalidades de texto específicas según el caso. Los subgéneros más tratados que podemos encontrar en cualquier diario son los relativos a información, opinión y géneros mixtos. Según su intención fundamental se dirija a uno u otro fin, se van a determinar las características presentes como veremos inmediatamente centrándonos en los dos grandes subgéneros: informativos y de opinión.

TEXTOS INFORMATIVOS:

El modo de expresión por excelencia para la información es la «noticia», aunque los rasgos que vamos a analizar a continuación son aplicables a los escritos meramente informativos en general. Su misión es transmitir lo acontecido de una forma breve y objetiva destacando lo más relevante del suceso. Esto va a condicionar tanto su estructura como su desarrollo y rasgos lingüísticos más relevantes en todos los niveles.

En cuanto a la estructura, se organiza de forma extralingüística destacando el titular de la entradilla y el cuerpo mediante la letra negrita y en un tamaño de fuente superior al resto de la información. El titular debe ser sintético y llamativo, debe cumplir una función conativa -despertar la curiosidad del lector- y diferencial -destacar entre el conjunto de noticias de la misma página-. Para lograrlo, suele usarse un estilo impresionista a través de la frase nominal, lo que genera una cierta ambigüedad que nos lleva a la lectura de la entradilla o primer párrafo del cuerpo para su precisión. En él se destaca lo más relevante. A partir de ahí, la información en el cuerpo de la noticia se organiza en párrafos de interés decreciente: van concentrando los datos de más importancia en el primer párrafo para ampliar en párrafos sucesivos la información. Es lo que conocemos como estructura «piramidal», aunque yo prefiero llamarla «espiral» por la recurrencia de la información. Esta organización permitirá a la redacción del periódico ampliar o acortar la extensión del texto en función de las noticias del día sin que se pierda lo esencial del contenido.

Se trata básicamente de una narración de hechos acaecidos muy recientes en donde desaparece el periodista en aras de una mayor objetividad. Por otra parte, el público al que se dirige es muy amplio. En el plano sintáctico-oracional se prefieren las oraciones simples o con poca complejidad sintáctica con predominio absoluto de la entonación enunciativa -la exclamación o la interrogación marcarían actitudes del emisor indicativas de subjetividad-.

En cuanto al sintagma nominal, la precisión en la información nos llevará al empleo de nombres propios de personas -sustituidos por iniciales para proteger la identidad- u organismos o entidades -con excesiva frecuencia nombrados por sus siglas para lograr una mayor brevedad-. Se procura evitar un léxico excesivamente técnico para facilitar la comprensión, pero sin caer en la ambigüedad por vulgarización. El ámbito referencial significado es concreto y conocido, por lo que los nombres aparecen determinados en las funciones de sujeto y complemento directo. Con frecuencia, los determinantes aportan una relación deíctica -demostrativos o posesivos, por ejemplo- que ayudan a la organización temporal, espacial o de relación entre los referentes significados. En cuanto a la adjetivación, se usa de carácter especificativo y siempre pospuesta. La precisión nocional puede obligar a la adjetivación compleja a través de complementos del nombre u oraciones adjetivas de relativo.

El sintagma verbal se caracterizará por el uso exclusivo del indicativo, modo de la realidad a través del que expresamos hechos acaecidos. Al tratarse de sucesos pasados, aparece el perfecto simple -pasó- o pretérito perfecto compuesto -ha pasado-, aunque puede alternar con el presente usado con valor histórico u otras formas cuando se insertan citas textuales de alguno de los protagonistas de la noticia. El distanciamiento y objetividad con que se trata la información fuerza el empleo de la tercera persona verbal, y la objetividad suele reforzarse mediante el uso de estructuras impersonales, pasivas reflejas y pasivas.

Suelen considerarse como errores en los textos informativos la vulgarización y la literarización. El peridista puede sentirse tentado a procurar un acercamiento a la masa de lectores mediante la utilización de palabras propias del registro vulgar, lo que resulta impropio de la corrección requerida en estos textos. O puede procurar un cierto estilo personal mediante el uso de figuras retóricas, alteración del orden del discurso, uso de la ironía, etc., lo que va en contra de la necesaria claridad y concreción en la redacción de la noticia.

TEXTOS DE OPINIÓN:

En este caso, la finalidad es persuadir al lector en una determinada posición ideológica frente a un tema determinado. El modo de expresión se acerca a la argumentación aunque lo que prima es la libre creatividad del autor para lograr este fin. Estamos ante ensayos cortos limitados por la extensión ordenada por las necesidades de espacio en el periódico -columna, artículo, carta al director, etc.-. A diferencia de los géneros informativos, la subjetividad será la perspectiva dominante en el tratamiento del tema y la organización de los contenidos es arbitraria. Aunque el público receptor sigue siendo muy amplio, prima el estilo del articulista que puede hacer de él una auténtica pieza literaria.

En cuanto a la organización de los contenidos, no existe una determinada. Dado que la extensión suele estar prefijada en un número de líneas, cada autor organiza el desarrollo de un modo particular en función del tema y la argumentación. La entonación enunciativa deja de ser exclusiva y podemos encontrar oraciones interrogativas por conveniencia didáctica, retórica o conclusión abierta, e incluso exclamativas marcando la actitud de sorpresa, indignación, alegría, ironía, etc. ante la idea expresada. La persuasión no solo compete al razonamiento, también a los sentimientos y un buen orador lo sabe.

La sitaxis oracional se hace más compleja. Y aunque pueden aparecer oraciones simples, la necesidad de matizar, ampliar, restringir las ideas expresadas suele manifestarse a través de oraciones compuestas, tanto coordinadas como subordinadas. Adquieren también una especial importancia los ordenadores o conectores del discurso que marcan la relación lógica de contenidos previos con los sucesivos.Entre ellos destacan por su frecuencia e importancia los que marcan relaciones de causa-consecuencia (ilativos, consecutivos y causales) y por ampliación y ejemplificación los explicativos y los distributivos.

En cuanto al sintagma nominal, los nombres abstractos aparecerán junto a los concretos para designar procesos y relaciones (humanidad, ética, especulación, etc.) complejos. Con frecuencia se tratará de aplicación de ideas, principios o procesos al conjunto de los referentes, por lo que los determinantes estarán presentes, pero abundarán más en los indefinidos actuando como primeros presentadores en el discurso y, junto con el determinante artículo con valor de actualizador, encontraremos el valor de determinación mínima («el hombre es mortal»). Se rompe la necesidad de propiedad léxica en aras de un lenguaje connotativo y sugerente por lo que los nombres pueden verse afectados por figuras retóricas (metáforas, metonimias, sinécdoques, ironia, reduplicación, neologísmos…) al servicio de la intencionalidad concreta.

En la misma línea, junto a los adjetivos especificativos precisos para concretar significados, podemos encontrar adjetivos explicativos que motiven una perspectiva determinada que interese al autor. Y junto a ellos, cuando la complejidad lo requiera, encontraremos abundantes adyacentes complejos, complementos del nombre, aposiciones o proposiciones subordinadas adjetivas. Dado que el estilo personal está permitido, la literarización puede conjugar combinaciones nuevas buscando la originalidad.

Por último, en cuanto al sintagma verbal, se trata de un modelo de texto donde tiene cabida la subjetividad y, por tanto, la función expresiva. Esto puede quedar reflejado mediante la aparición en el discurso de la primera persona tanto en el verbo como en las formas pronominales. Junto a los verbos predicativos, aparecen los verbos atributivos para definir o clasificar conceptos cuando tienden a hacerse universales. El modo indicativo, modo de la realidad, va a alternar con el tiempo condicional y el subjuntivo propio de las hipótesis y conjeturas proyectadas hacia el futuro o desde el pasado hacia el presente con indeterminación temporal. El uso del subjuntivo vendrá también determinado por la abundancia de estructuras sintácticas subordinadas.

La literarización está permitida en aras de la búsqueda de un estilo personal y persuasivo, de ahí que todos los planos del discurso puedan quedar afectados en mayor o menor medida por el uso de figuras literarias. Su mayor o menor condensación dependerá del autor, del tema tratado y del subgénero en cuestión primando en todo caso la libertad individual.

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 7. SINTAGMA NOMINAL: EL ADJETIVO.

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 7. SINTAGMA NOMINAL: EL ADJETIVO.

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

El adjetivo es una palabra variable en género y número que usamos referido a un nombre. Suele significar una cualidad del nombre que nos permite identificar o caracterizar al referente; así, si decimos «el niño alto» la cualidad «ser alto» debería ayudarnos a identificar a ese «niño» entre los demás.

Ejemplo: «El niño alto»

SINTAGMA NOMINAL: «el niño alto». Compuesto de:

  • DETERMINANTE: el.
  • NOMBRE (núcleo): niño.
  • ADJETIVO: alto.

A diferencia del sustantivo, el adjetivo tiene variación de género y número salvo excepciones (por ejemplo: los terminados en «-e» se mantienen invariables en cuanto al género -«verde», «posible», «rebelde», etc-. Esto les permite concertar con el nombre al que acompañan adoptando sus morfemas correspondientes. Obsérvese que el sustantivo, como término primario, posee género, pero rara vez posee alternancia de género. «Luz» es femenino, pero no posee masculino, esto determinará que los adyacentes -determinante y adjetivo- vayan en femenino y en singular o plural según aparezca»luz» o «luces».

A diferencia de los determinantes:

  • Los adjetivos aportan información, mientras que los determinantes no lo hacían.
  • Pueden admitir gradación en su significado como veremos más adelante.
  • Su posición, el que aparezca delante o detrás del sustantivo, dependerá de la relación de su significado con el nombre al que acompaña -de que actúen como explicativos o especificativos-.
  • No admiten pronominalización, se sustantivan con un determinante: «el licor verde» / «el verde».

CLASES DE ADJETIVOS:

Según su relación de significado con el nombre al que acompañan pueden ser ESPECIFICATIVOS O EXPLICATIVOS.

ADJETIVOS ESPECIFICATIVOS:

Los adjetivos especificativos significan una cualidad no poseída por todos los referentes y que, por lo tanto, caracteriza al referente entre los demás de su conjunto. Por ejemplo: «Aquel libro infantil«; no todos los libros son «infantiles», de ahí que el uso de este adjetivo nos ayudaría a identificar aquel libro en concreto entre los demás. Los adjetivos especificativos van situados detrás del nombre al que acompañan.

ADJETIVOS EXPLICATIVOS:

Los adjetivos explicativos indican una cualidad que poseen todos los referentes. Por ejemplo, «nieve blanca»; toda nieve, por serlo, es «blanca», luego el adjetivo no nos aporta información nueva ni nos ayuda a identificar un referente entre los de su conjunto. Lo importante en este caso es que, entre las características o culidades que posee el referente, destacamos esa en concreto. La posición del adjetivo explicativo es más libre: puede ir antepuesto («la blanca nieve»), pospuesto («la nieve blanca»), o entre comas («la nieve, blanca,…»).

LA GRADACIÓN DEL ADJETIVO:

La gradación es la capacidad que poseen los adjetivos -junto con los adverbios- de expresar su significado en distintos grados de intensidad. Para expresar esta gradación disponemos de tres procedimientos:

  1. Procedimiento léxico: Usamos distintas palabras para significar distintos grados. Por ejemplo: bueno / mejor, malo / peor, etc.
  2. Por composición con adverbios: alto / muy alto; blanco /más, menos, bastante inteligente, etc.
  3. Por sufijación: añadiendo el sufijo «-ísimo». blanco / blanquísimo; alto / altísimo.

 

POSIBLES ADYACENTES DEL ADJETIVO.-

El adjetivo puede llevar sus propios adyacentes, son dos:

1.- El adverbio modificador a través del que expresamos la idea de cuantificación: «Un niño muy inteligente».

EJEMPLO DE ANÁLISIS: SINTAGMA NOMINAL: «Un niño muy inteligente»

  1. Determinante: un.
  2. Nombre (núcleo): niño.
  3. Grupo adjetival (compuesto de…):
  1.  adverbio cuantificador: muy
  2. adjetivo (núcleo): inteligente.

2.- Un grupo preposicional, en función de Complemento del Adjetivo.– Su función es delimitar el ámbito de aplicación del significado del adjetivo a una parte del sustantivo y no a la totalidad de referente. Así, si decimos que un niño es «ancho», la cualidad la entendemos referida a todo el cuerpo; pero si decimos «un niño ancho de espaldas» entenderemos la cualidad referida solo a esa parte del referente -la espalda- y no a la totalidad. Los ejemplos pueden multiplicarse: «rubia de bote», «tonto del bote», «rápido de piernas / manos / ideas», etc.

EJEMPLO DE ANÁLISIS: «Un boxeador muy rápido de piernas»

SINTAGMA NOMINAL: «Un boxeador muy rápido de piernas». Consta de:

  1. DETERMINANTE: Un.
  2. NOMBRE: Boxeador.
  3. GRUPO ADJETIVAL. Consta de::
  1. ADVERBIO CUANTIFICADOR: muy.
  2. ADJETIVO (núcleo): rápido.
  3. GRUPO PREPOSICIONAL (Complemento del Adjetivo): de piernas. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.
SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE (núcleo): piernas

EJERCICIOS:

«Valencia, ciudad insigne de las que tiene nuestra España, madre de nobilísimas familias, centro de claros ingenios y sagrario de cuerpos gloriosos santos, fue patria de don Alejandro, caballero mozo y de grandes partes, que saliendo de doce años en compañía de un hermano de su padre que iba por capitán a Flandes, aprobó en aquellos países tan bien que mereció sustituir la jineta de su tío por muerte suya, asistiendo en servicio del católico Felipe Tercero contra aquellas rebeldes provincias doce años continuadamente, mereciendo por sus servicios un hábito de Santiago con grandes ayudas de costa» (Alonso de Castillo Solorzado, La Garduña de Sevilla, Libro Primero).

1.- Identifica los nombres presentes en el texto.

2.- Identifica y clasifica los determinantes presentes en el texto.

3.- Identifica los adjetivos presentes en el texto.

4.- Copia en los sintagmas nominales formados por determinante más nombre.

5.- Copia los sintagmas nominales formados por determinante, nombre y adjetivo.

6.- Observa si aparece algún grupo adjetival, copialo y analízalo.

7.- Invéntate cinco ejemplos donde aparezcan adjetivos con adverbios modificadores.

8.- Invéntate tres ejemplos donde aparezcan complementos del adjetivo.

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 6. SINTAGMA NOMINAL: DETERMINANTE Y NOMBRE

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 6. SINTAGMA NOMINAL: DETERMINANTE Y NOMBRE.

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Los determinantes son una clase de palabras que usamos para actualizar el significado del nombre al que acompañan. Esto es, sirven para asociar el significado esencial del nombre a un referente concreto -uno o varios, conocidos o no-. Si añadimos un determinante al sustantivo «mesa», dejará de significar «objeto mueble con un tablero superior», «esta mesa» significa el mueble que tengo junto a mí, con sus cualidades concretas y definidas -es marrón, de madera, con cuatro patas, con un metro de altura, etc.-.

¿CÓMO SE IDENTIFICAN?

Los determinantes pueden confundirse con los adjetivos, y la frontera entre unos y otros no siempre está clara, pero podemos considerar las siguientes diferencias en caso de duda:

  1. Los determinantes no añaden significado al nombre, solo lo actualizan.
  2. No admiten gradación -la mayoría de los adjetivos sí lo hacen. La gradación es una capacidad que tienen los adjetivos y adverbios por la que pueden expresar su significado en distintos «grados» de intensidad. Obsérvese que podemos decir «Pared blanca», «Pared muy blanca / poco blanca /blanquísima».
  3. Suelen ir antepuestos al nombre -muy pocos tienen la posibilidad de aparecer pospuestos-.
  4. Se convierten en pronombres -excepto «cada» y los posesivos-.

En cualquier caso, es conveniente memorizar el cuadro de los determinantes para evitar errores.

CUADRO DE DETERMINANTES:

  1. DETERMINANTE ARTÍCULO: El / los ; la /las («la casa»; «el perro»)
  2. DETERMINANTES DEMOSTRATIVOS: Este / ese / aquel (con variación de género y número)(«ese bolígrafo», «estos perros», «aquellas colinas»).
  3. DETERMINANTE POSESIVOS: Varían según vayan antepuestos o átonos (para un poseedor: mi(-s), tu(-s), su(-s) («mi padre, tu madre y su tía»); para varios poseedores: nuestro(-a/-s), vuestro(-a/-s), su(-s)(«nuestros recuerdos, vuestras ideas y sus recursos»), o pospuestos o tónicos (para un poseedor: mío(-a/-s), tuyo(-a/-s), suyo(-a/-s) («ese libro mío/tuyo/suyo»); para varios poseedores: nuestro(-a/-s), vuestro(-a/-s), suyo(-a/-s)(«esos pensamientos nuestros/vuestros/suyos).
  4. DETERMINANTES TOTALIZADORES: POSITIVOS: Todo(-a / -s) («Todo hombre merece una oportunidad»), cada («Cada día es lo mismo») y cualquier (antepuesto: cualquier / cualesquier; pospuesto: cualquiera / cualesquiera)(«»Cualquier idea será bien recibida») y NEGATIVO: Ningún (-a / -s) («Ninguna nube en el horizonte»).
  5. DETERMINANTES INDEFINIDOS:

5.1. DE INDIVIDUALIZACIÓNUn (-a /-s) y algún (-a / -s)Un / algún entretenimiento«).

5.2. DE CUANTIFICACIÓN: más, menos, poco (-a / -s), mucho ( -a / -s), demasiado ( -a / -s), bastante (-s), varios ( -a / -s), etc. (coinciden con adverbios de cantidad pero como determinantes acompañan al nombre: «menos penas y más alegría«, por ejemplo. Cuando son determinantes cambian de género y número para concertar con el sustantivo: «poco dinero» / «pocas ganas«).

5.3. DE EXCLUSIÓN (y REITERATIVO): Otro (-a / -s) («Deme otra manzana«)

5.4. DE IDENTIDAD: tal (-s)(«En mi vida me he visto en tal aprieto«)

5.5. NUMERALES: dos, tres, cuatro, cinco, seis… («Compré cinco chicles«)

6. DETERMINANTES DISTRIBUTIVOS: Ambos ( -a / -s)(«Ambos entrenadores daban sus intrucciones»), entrambos ( -a / -s) («Entrambos muchachos resolvieron el problema), sendos (-a / -s)(«Juan y Luis llegaron con sendas cámaras«).

7. DETERMINANTES INTERROGATIVOS Y EXCLAMATIVOS: Qué (¿Qué película…?; ¡Qué desastre!), cuánto (-a / -s) (¿Cuántos años…?; ¡Cuánta miseria!), tanto (-a / -s) (¿Tantas ganas…?; ¡Tanto esfuerzo baldío!).

EJERCICIOS:

Sobre el siguiente texto de Don Quijote de la Mancha, subraya los determinantes, clasifícalos e indica el nombre al que acompañan (recuerda que en caso de duda puedes consultar el diccionario):

«¿Quién oyera el pasado razonamiento de don Quijote que no le tuviera por persona muy cuerda y mejor intencionada? Pero, como muchas veces en el proceso de esta gran historia hemos dicho, solamente desvariaba cuando se hablaba de caballería, y en los demás discursos demostraba tener claro y desenfadado entendimiento, de manera que a cada paso desacreditaban sus obras su juicio, y su juicio sus obras; pero en estos segundos documentos que dio a Sancho mostró tener donaire, y puso su discreción y su locura en un levantado punto. Atentísimamente le escuhaba Sancho, y procuraba guardar en la memoria sus consejos… »  (Don Quijote… Cap. 43)

¿PUEDEN IR DOS O MÁS DETERMINANTES REFERIDOS A UN MISMO NOMBRE?

La respuesta es «sí» y, en algunos casos, es obligado. Por ejemplo, cuando usamos el determinante totalizador «todo» en plural: «Todos los días son importantes»; o usamos un demotrativo pospuesto al nombre («ese niño/ el niño ese«), o un posesivo pospuesto («mi libro / el libro mío«). También ocurre con «cualquier» («cualquier día / un día cualquiera«). De esta forma, podríamos encontrar incluso tres determinantes actuando simultáneamente sobre un mismo nombre, como sucede en «todas aquellas ilusiones nuestras«.

¿QUÉ FUNCIÓN TIENE EL DETERMINANTE?

Todo determinante es un «actualizador» del nombre. Esa es su función, por lo que basta decir que es un «adyacente -palabra situada junto a otra- actualizador.

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JOSE ANTONIO PONFERRADA CEREZO: ACADÉMICO.

ACTO DE PRESENTACIÓN DE DON JOSÉ ANTONIO PONFERRADA CEREZO COMO ACADÉMICO CORRESPONDIENTE POR MONTILLA DE LA REAL ACADEMIA DE CÓRDOBA (JUEVES, 24 DE NOVIEMBRE DE 2011).

Se efectuaron las presentaciones, nuestro maestro Joaquín Criado hizo la glosa de tus méritos y subiste hasta el atril. No puedo evitar oír repetidos los versos que Dámaso Alonso dedicara a Vicente Alexandre, ¿te acuerdas? («Vicentico, Vicentico, ya te lo decía yo / la gran zorra de la vida nos la jugaba a los dos»).

Te subiste hasta el atril para mirar frente a frente, como siempre has hecho. Gafas de media luna, brillo en tu frente ya ancha, despejada; pajarita en camisa blanca bajo traje oscuro, gris: ¡qué otro tú! Pero te busco detrás de las apariencias y sigues ahí, donde siempre: tu coleta delata esa seña de identidad nunca perdida de rebeldía vital contracorriente, como los quevedos de Valle-Inclán. Y se me fue la mente hasta nuestra facultad y nuestras tardes de café, de sol en el patio de los naranjos, de cuadrafónico sonando a Garfunkel en aquel piso del barrio viejo, nuestras densas conversaciones de libros y de música, de política y de ideas y de ideales, entre el humanismo exacerbado de Feliciano, los panfletos volando anónimos por las ventanas de la segunda planta del patio mudéjar que aterrizaban indiferentes a nuestras inquietudes sobre la solera de canto rodado en que aguardábamos las clases de Filosofía de Miguel Castillejo. ¡Cuánto admiré siempre tu erudición, tus lecturas, tu buenhomía!

José Antonio, qué placer verte hoy arropado, oírte amontillado entre las brumas de un Palacio Valdés decimonónico. Hay siempre un interés muy humano detrás de esa erudición bien anclada -hoy ya académica-. Un deleite simple y terruñero de lo más unamuniano, pero también machadiano que logra armonizar a los dos hermanos: el inquieto filósofo responsable y el panteista contumaz. Montilla, tu vino, tu vida, tu literatura. El placer de vivir sin más otero que el paladar fino y el gusto refinado por lo auténtico y lo cercano.

Enhorabuena. Desde hoy la Academia será más personal, más íntima, más cercana, más mía… porque tú estás ahí.

José Carlos Aranda Aguilar

    Querido José Carlos:

                                     Aprovecharé que te mando una foto de la Academia, para divagar sobre la letrilla que te gusta decirme. Aquella de : Vicentico, Vicentico / ya te lo decía yo / que la perra de la vida / nos la jugaba a los dos. Que le decía don Dámaso a Vicente Aleixandre.

                                      Pues el caso es, por lo que he podido averiguar, que ya venía de antiguo. La nuestra es un calco de la original, una admonición atribuida a Ignacio Sánchez Mejías para su pariente Joselito el Gallo: Joselito, Joselito / ya te lo decía yo: / no vayas a Talavera / que va a ser tu perdición. Y en la plaza de Talavera de la Reina fue muerto Joselito.

                                        Más. En flamenco esto se canta por bulerías, como lo hace José Monge «Camarón de la Isla». Al que sus amigos llamaron también Joselito y que muerto quedó, también, en los ruedos de la vida de artista: Joselito, Joselito, / que bien te lo decía yo, / que no fueras p´a la vera / que iba a ser tu perdición. Está en la letra de «Una estrella chiquitita». Variantes, tan del gusto de la literatura popular.

                                         Lo que nos muestra, una vez más, que la tradición es la forma suprema de la originalidad (origen).

                                         Espero haberte entretenido, colega, con estas filologías. Como sé que estas cosas te gustan, puedes si quieres ponerlo en tu blog.

                                          Recuerdos y besos para los tuyos.

José Antonio Ponferrada

Amigo José Antonio, dicho y hecho. Henos aquí ambos a dos, como siempre estuvimos. Un fuerte abrazo.

José Carlos Aranda.

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