SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 15. COMPLEMENTOS DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO CIRCUNSTANCIAL DE TIEMPO.-

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 15. COMPLEMENTOS DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO CIRCUNSTANCIAL DE TIEMPO.

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

Se trata de un complemento del predicado que sirve para concretar o matizar el instante o el desarrollo del tiempo en el que transcurre la idea significada. Puede aparecer expresado por diversos procedimientos morfosintácticos, a saber:

1: Un adverbio: “Llegó ayer / temprano / entonces”
2: Un sintagma nominal: “Quedamos el martes”
3: Un grupo preposicional: “ El tren sale a las cuatro”

Para reconocerlo, basta con preguntar “¿cuándo?” al verbo y comprobar la posible sustitución del elemento por un adverbio de tiempo como “entonces”. Por ejemplo:
1: ¿Cuándo llegó? = entonces («ayer», «temprano», «entonces» = CC tiempo).
2: ¿Cuándo quedamos? = entonces («el martes» = CC tiempo).
3: ¿Cuándo sale el tren? = entonces («a las cuatro» = CC tiempo).

Hemos de tener en cuenta que cada procedimiento de los mencionados puede recibir adyacentes hasta presentar estructuras más complejas. Tomemos el caso del adverbio:

1: «Llegó antes / antes de hora» (de hora = G. prep. -C del Adv.-).
Algunos adverbios pueden recibir un grupo preposicional que delimite su significado (complemento del adverbio) como hemos visto en el ejemplo anterior o en: “Nos vemos después de clase” /”…antes de clase” / “…entre clase y clase”.
2: «Llegó temprano / muy temprano» (muy = Adv. Cuantificador).
Cuando el significado del adverbio admite grados, otro adverbio de cantidad puede expresar cuantificación o gradación (“mucho”, “poco”, “bastante”, “demasiado”, etc.).

En el caso del sintagma nominal, podríamos encontrarnos todos los adyacentes propios de un núcleo nominal. Veamos algunos casos:

1: «Quedamos el martes de Cuaresma» (“de Cuaresma” : G. prep. -Complemento del nombre-).
2: «Nos vimos un precioso día de primavera, el martes«. (“precioso”, adjetivo; “de primavera”, complemento del nombre; y, “el martes”, aposición explicativa).

EJEMPLOS ANALIZADOS:

Oración: Los asistentes a la recepción llegaron antes de hora.
Oración simple, bimembre, enunciativa, afirmativa, intransitiva. Consta de:
SINTAGMA NOMINAL (sujeto): los asistentes a la recepción. Consta de:
……DETERMINANTE: los.
……NOMBRE (núcleo): asistentes.
……GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): a la recepción. Consta de:
…………PREPOSICIÓN: a.
…………SINTAGMA NOMINAL: la recepción. Conste de:
………………DETERMINANTE: la.
………………NOMBRE (núcleo): recepción.

SINTAGMA VERBAL (predicado): llegaron antes de hora. Consta de:
……VERBO (núcleo): llegaron.
……GRUPO ADVERBIAL (complemento circunstancial de tiempo): antes de hora. Consta de:
…………ADVERBIO: antes.
…………GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del adverbio): de hora. Consta de:
………………PREPOSICIÓN: de.
………………SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE (núcleo): hora.

ORACIÓN: ¿No tendremos el examen de Lengua el martes?
Oración simple, bimembre, interrogativa, negativa, transitiva. Consta de:
SINTAGMA NOMINAL (sujeto): elíptico (1ª persona del plural).

SINTAGMA VERBAL (predicado): no tendremos el examen de Lengua el martes. Consta de:
……ADVERBIO (marca oracional de negación): no.
……VERBO (núcleo): tendremos.
……SINTAGMA NOMINAL (complemento directo): el examen de Lengua. Consta de:
…………DETERMINANTE: el.
…………NOMBRE (núcleo): examen.
…………GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): de Lengua. Consta de:
………………PREPOSICIÓN: de.
………………SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE (núcleo): Lengua.
……SINTAGMA NOMINAL (complemento circunstancial de tiempo): el martes. Consta de:
…………DETERMINANTE: el.
…………NOMBRE: martes.

ORACIÓN: ¡Ojalá nos veamos al anochecer!
Oración simple, bimembre, exclamativa, desiderativa, transitiva. Consta de:
SINTAGMA NOMINAL (sujeto): elíptico (1ª persona de plural).

SINTAGMA VERBAL (predicado): ojalá nos veamos al anochecer. Consta de:
……ADVERBIO (marca oracional de deseo): ojalá.
……PRONOMBRE (recíproco de complemento directo): nos.
……VERBO (núcleo): veamos.
……GRUPO PREPOSICIONAL (complemento circunstancial de tiempo): al anochecer. Consta de:
…………PREPOSICIÓN: a (+el).
…………SINTAGMA NOMINAL: el amanecer. Consta de:
………………DETERMINANTE: el (a+).
………………NOMBRE (núcleo): amanecer.

EJERCICIOS PRÁCTICOS:
1. Analiza las siguientes oraciones:
1.1. Compró unos caramelos muy ricos.
1.2. Por la mañana, Santiago, mi hermano, rinde más en los estudios.
1.3. ¿Tus amigos te trajeron un regalo de cumpleaños a la fiesta?
1.4. Ojalá tus padres lleguen mañana.
1.5. Durante la conferencia, los ponentes hablaron del problema del paro.
1.6. Quizás esta tarde mi novia y yo vayamos al cine.
1.7. ¿Por la noche, son malas las películas de terror?
2. Invéntate dos oraciones en las que el complemento circunstancial de tiempo aparezca expresado mediante adverbios, otras dos mediante grupo preposicional, y otras dos mediante sintagmas nominales.
3. Invéntate ejemplos en los que aparezca el complemento circunstancial de tiempo usado junto a un complemento directo, junto a un complemento de régimen y junto a un atributo.

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 14. COMPLEMENTOS DEL PREDICADO: LOS COMPLEMENTOS CIRCUNSTANCIALES, NOCIONES GENERALES Y CLASIFICACIÓN.-

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 14. COMPLEMENTOS DEL PREDICADO: LOS COMPLEMENTOS CIRCUNSTANCIALES, NOCIONES GENERALES Y CLASIFICACIÓN.

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Con la denominación de “complementos circunstanciales” englobamos un conjunto de complementos heterogéneo que tienen en común el precisar el significado del verbo núcleo del predicado aportando diversos significados. Por ejemplo:

-”Sacó la puntilla con unos alicates” (modo).
-”Mañana vendrá” (tiempo).
-”Bebió demasiado” (cantidad).
-”Comerán en el parque” (lugar).
-”Pagó la deuda por obligación” (causa).
-”Usa el libro de instrucciones para montarlo” (finalidad)

Los gramáticos utilizamos diferentes criterios para su clasificación, según el que usemos las categorías pueden variar. Si empleamos un criterio exclusivamente funcional, todos ellos cabrían en una única categoría, la de “aditamentos” del predicado. Si utilizamos un criterio exclusivamente semántico -atendiendo a su significado- la clasificación puede incluir matices diferenciales que separen el circunstancial de modo, del circunstancial de instrumento o medio, o del circunstancial de compañía. Si atendemos a un criterio meramente morfológico, tendríamos que separar los llamados complementos adverbiales -que pueden ser expresados a través de un adverbio: tiempo, lugar, modo y cantidad-, de los llamados complementos prepositivos -solo pueden ser expresados a través de un grupo preposicional: causa y finalidad-.

Hemos preferido mantener la clasificación tradicional utilizando la denominación “complementos circunstanciales” para englobar dentro de la misma tanto a los llamados complementos adverbiales como a los prepositivos. Mantenemos la clasificación de carácter semántico porque entendemos que resulta útil para la didáctica del aula y pone de manifiesto la íntima relación entre forma, función y significado. No obstante, hemos simplificado las categorías, como veremos en cada apartado, incluyendo el llamado “complemento circunstancial de instrumento o medio” (“Lo rompió con un martillo”, “Se cubrió con un paraguas”, etc.) y el llamado “complemento circunstancial de compañía” (“Saldré con un amigo”, “Fui al cine con tus hermanos”, etc.) dentro del “complemento circunstancial de modo”.

Como cuadro general, veremos los siguientes complementos circunstanciales:

1: Complementos circunstanciales adverbiales:
Pueden ser expresados a través de un adverbio, no de forma exclusiva. Distinguimos:
……1.1. Complemento circunstancial de tiempo: “Nos veremos entonces” (también por un grupo preposicional -”Quedamos a las tres”- o un sintagma nominal -”Quedamos el martes”-),
……1.2. Complemento circunstancial de modo: “ Lo haremos así” (también por un grupo preposicional -”Comió con ansia”-).
……1.3. Complemento circunstancial de lugar: “Iremos allí” (también por un grupo preposicional -”Lo vieron en el parque”-).
……1.4. Complemento circunstancial de cantidad: “Quiero más”.
2: Complemento circunstanciales prepositivos:
Solo pueden ser expresados, de forma exclusiva, a través de un grupo preposicional. Distinguimos:
……2.1. Complemento circunstancial de causa: “Murió de / por una pulmonía”.
……2.2. Complemento circunstancial de finalidad: “Estudia para aprobar”.

Iremos tratando cada uno de ellos en entradas diferenciadas.

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 13. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO INDIRECTO.-

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 13. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO INDIRECTO.

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A través del complemento indirecto designamos en la oración a la persona -rara vez el objeto- que resulta beneficiado o perjudicado por lo dicho en el predicado. Así, si decimos «Yo me lavo las manos», lo lavado -objeto sobre el que recae la acción de lavar- son «las manos», es decir, el complemento directo, en tanto que «me»  significa que la primera persona es quien resulta beneficiada de la acción de «lavar las manos».

Morfológicamente, el complemento indirecto puede aparecer expresado en la oración mediante un pronombre personal -«le» o «les», «me», «te», «se», «nos», «os» o «se»- o por un grupo preposicional introducido por «a» o «para» como sucede en «Lavo la cara a mi hermanito» o «Compro flores para la Virgen».

Para identificarlo, debemos sustituir por «le», por ejemplo:

«Lavo la cara a mi hermanito» = LE lavo la cara.

«Compro flores para la Virgen» = LE compro flores.

Para evitar confusiones en la sustitución, siempre procuraremos trabajar con el referente en femenino. Así, si estamos ante una oración del tipo «Di el recado a mis compañeros», procuraremos primero transformar «compañeros» a femenino («mis compañeras») y después comprobar la validez de la conmutación. Así:

«Di el recado a mis compañeros» = «Di el recado a mis compañeras» = LES di el recado.

La razón de esta salvaguarda es que estamos contaminados por el «leísmo» de tal forma que nos puede resultar aceptable la sustitución por «le» en casos de complemento directo masculino. Por ejemplo: «Vi a tu padre» = *«Le vi» (incorrecto) por «Lo vi» que sería lo correcto. Observad que si cambiamos el referente a femenino («Vi a tu madre«) aparecerá inequívocamente el pronombre «la» indicando la función de complemento directo («LA vi»). Si a esto unimos que también el complemento directo puede aparecer mediante un grupo preposicional introducido por «a», la confusión está servida.

Por esta misma razón, no resulta válido preguntar «¿A quién?», dado que es una pregunta que también puede responderse por el complemento directo cuando se refiere a persona («Saludé a un viejo amigo» = ¿A quién saludé? = A un viejo amigo = LO saludé; «Vi a mi hija» = ¿A quién vi? = A mi hija = LA vi).

Aunque es menos frecuente, el complemento indirecto también puede significar objeto como sucede en ejemplos del tipo: «Pasa el paño al cristal«, «Quita la alarma al coche» donde «al cristal» y «al coche» funcionan como complemento indirecto de «pasa» y «quita» respectivamente («PasaLE el paño» o «QuítaLE la alarma»).

Normalmente, el complemento indirecto aparece en oraciones donde ya existe un complemento directo, un atributo o un complemento de régimen, como sucede en:

-Entregué el manuscrito (complemento directo) al editor (complemento indirecto).

-El esfuerzo pareció inútil (atributo) a aquellos estudiantes (complemento indirecto).

-Hablamos de ti (complemento régimen) a los representantes (complemento indirecto).

Y suele aparecer situado detrás del complemento directo, atributo o complemento régimen.  Es una de las funciones clave, de tal manera que su anteposición al predicado provoca la aparición de un pronombre reflejo delante del verbo núcleo que indica la alteración del orden lógico oracional. Por ejemplo:

-Al editor «le» (pronombre reflejo) entregué el manuscrito.

-A aquellos estudiantes, el esfuerzo «les» (pronombre reflejo) pareció inútil.

-A los representantes, «les» (pronombre reflejo) hablamos de ti.

Salvo en oraciones medias -con sentido pasivo-, los pronombres «me», «te», «se, «nos», «os» y «se» asumen la función de complemento directo en ausencia de otro complemento directo, atributo o complemento régimen, y lo hacen alterando su significado. Observemos la transformación: cuando decimos «Me lavo las manos», «las manos» -complemento directo- significa lo lavado, aquello que recibe la acción, en tanto que «me» significa que es la primera persona quien se beneficia de esa acción. En cambio, cuando decimos «Me lavo», «me» actúa de complemento directo y significa que ahora «todo yo» recibe la acción de lavar, se ha transformado en «lo lavado». Si sustituimos el pronombre por un grupo preposicional con referente femenino, veremos el juego pronominal: «Lavo la cara a mi hija» = «LE lavo la cara»  («a mi hija» = complemento indirecto)/ «Lavo a mi hija» = LA lavo («a mi hija» = complemento directo).

ALGUNOS EJEMPLOS ANALIZADOS:

ORACIÓN: A aquellos estudiantes, el esfuerzo les pareció inútil.

Oración simple, bimembre, enunciativa, afirmativa, atributiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): el esfuerzo. Consta de:

DETERMINANTE: el.

NOMBRE (núcleo): esfuerzo.

SINTAGMA VERBAL (predicado nominal): A aquellos estudiantes les pareción inútil. Consta de:

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento indirecto): a aquellos estudiantes. Consta de:

PREPOSICIÓN: a.

SINTAGMA NOMINAL: aquellos estudiantes. Consta de:

DETERMINANTE: aquellos.

NOMBRE (núcleo): estudiantes.

SINTAGMA NOMINAL (pronombre reflejo de complemento indirecto): les.

VERBO (núcleo atributivo): pareció.

ADJETIVO (atributo): inútil.

ORACIÓN: ¿Diste el último manuscrito a David, director de Berenice?

Oración simple, bimembre, interrogativa, afirmativa, transitiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): elíptico (2ª persona de singular).

SINTAGMA VERBAL (predicado): diste el último manuscrito a David, director de Berenice. Consta de:

VERBO (núcleo): diste.

SINTAGMA NOMINAL (complemento directo): el último manuscrito. Consta de:

DETERMINANTE: el.

ADJETIVO: último.

NOMBRE (núcleo): manuscrito.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento indirecto): a David, director de Berenice. Consta de:

PREPOSICIÓN: a.

SINTAGMA NOMINAL: David, director de Berenice. Consta de:

NOMBRE (núcleo): David.

SINTAGMA NOMINAL (aposición explicativa): director de Berenice. Consta de:

NOMBRE (núcleo): director.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): de Berenice. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE (núcleo): Berenice.

ORACIÓN: Quizás compremos algún regalo para nuestros familiares.

Oración simple, bimembre, enunciativa, dubitativa, transitiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): elíptico (1ª persona del plural).

SINTAGMA VERBAL (predicado): quizás compremos algún regalo para nuestros familiares. Consta de:

ADVERBIO (marca oracional dubitativa): quizás.

VERBO (núcleo): compremos.

SINTAGMA NOMINAL (complemento directo): algún regalo. Consta de:

DETERMINANTE: algún.

NOMBRE (núcleo): regalo.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento indirecto): para nuestros familiares. Consta de:

PREPOSICIÓN: para.

SINTAGMA NOMINAL: nuestros familiares. Consta de:

DETERMINANTE: nuestros.

NOMBRE (núcleo): familiares.

 

ORACIÓN: «No nos ayudó a ganar».

Oración simple, bimembre, enunciativa, negativa, transitiva -de complemento régimen-. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): Elíptico (3ª persona de singular).

SINTAGMA VERBAL (predicado): no nos ayudó a ganar. Consta de:

ADVERBIO (marca oracional de negación): no.

SINTAGMA NOMINAL: PRONOMBRE (complemento indirecto): nos.

VERBO (núcleo): ayudó.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento de régimen): a ganar. Consta de:

PREPOSICIÓN: a.

NOMBRE (núcleo en infinitivo): ganar.

 

ALGUNOS EJERCICIOS PRÁCTICOS:

1: Analizar las siguientes oraciones:

1.1. Su compañero le dijo las preguntas.

1.2. Dio un pastel de cumpleaños a sus amigos Enrique y Pedro.

1.3. Compró un buen abono para las plantas del jardín.

1.4. Pasó el balón al extremo derecho.

1.5. Me dio un caramelo muy fresco de sabor.

1.6. Escribió una carta muy larga para su hermana María.

1.7. Los compañeros de trabajo le regalaron una cartera nueva.

1.8. Nos envió el paquete.

1.9. El conserje tomó el recado para el profesor de Lengua.

1.10. Me robaron mi bicicleta roja.

2: Analiza las siguientes oraciones -actividades de repaso-:

2.1. El jugador de baloncesto, Pau, acabó destrozado.

2.2. Mis estudiantes dudaban del análisis de estas oraciones.

2.3. Los filósofos analizan las causas.

2.4. Las reglas de juego son muy importantes.

2.5. Las cosas más difíciles de aprender resultan más gratificantes.

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 12. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO DE RÉGIMEN (SUPLEMENTO):

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 12. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO DE RÉGIMEN (SUPLEMENTO).

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A veces, el significado del verbo exige o admite el uso de una preposición. Observemos estos dos ejemplos: “Se arrepintió DE sus actos” o “Se acordó DE la pregunta tras el examen”; en estos casos, la preposición “de” es exigida por el verbo. El objeto de nuestro arrepentimiento siempre aparece introducido por “de”, y lo mismo ocurre cuando queremos expresar aquello “de” lo que nos acordamos. Podemos decir, entonces, que la preposición es exigida por el “régimen” del verbo, de ahí la denominación de “complemento de régimen” (o suplemento).

También hay verbos que admiten doble construcción, bien con complemento directo (“Eso pensé yo” = “eso” complemento directo), bien con complemento de régimen (“Pensé en aquel asunto” = “en aquel asunto” complemento de régimen). Suele ocurrir con los llamados verbos de lengua o pensamiento: «pensar algo / pensar en o sobre algo»; «comentar algo / comentar sobre o de algo«; hablar algo / hablar de o sobre algo», etc. (Nota 1).

En cuanto al significado, el complemento de régimen (o suplemento) equivale a un complemento directo, es decir, expresa aquello sobre los que recae lo dicho en el predicado (aquello de lo que se arrepintió = sus actos / aquello de lo que se acordó = la pregunta), de ahí que las oraciones en las que aparece complemento de régimen sean también “transitivas”, aunque conviene añadir la coletilla “de complemento de régimen” (o de suplemento) para establecer el matiz diferencial.

Varían respecto al complemento directo en la forma y en la función. Morfológicamente, el complemento directo aparecía expresado a través de un sintagma nominal («Quiero queso») cuando significaba objeto, o por un grupo preposicional introducido por “a” («Vi a tu madre») cuando se refería a persona; también podía aparecer expresado por un pronombre («lo», «la», «los», «las», «me», «te», «se», «nos», «os» o «se», o cualquier pronombre no personal). En cambio, el complemento de régimen siempre aparecerá expresado por un grupo preposicional, dado que la preposición viene mandada por el significado del verbo. El pronombre solo puede desempeñar esta función como término de un grupo preposicional, como sucede en los siguientes ejemplos:

“Se arrepintió de sus actos” = Se arrepintió de eso.
“Se acordó de la pregunta” = Se acordó de eso (de ella, de mí, etc.)
“No volvió a pensar en aquel asunto” = No volvió a pensar en eso (en él, en ti, etc.).

En cuanto a su comportamiento (funcionalmente), a diferencia del complemento directo, no admite la sustitución por “lo”, “la”, “los” o “las” (*»Se lo arrepintió»; *»Se la acordó»; *»No lo volvió a pensar»), y no admite la transformación a pasiva (*»Sus actos fueron arrepentidos por él»; *»La pregunta se fue acordada por él», *»Aquel asunto no fue vuelto a pensar por él»)(Nota 2). Coincide con el complemento directo en que su posición lógica en la oración es inmediatamente detrás del verbo núcleo del predicado.

¿CÓMO IDENTIFICAMOS UN COMPLEMENTO DE RÉGIMEN?

Por lo que hemos visto, vamos a recordar que:

1: Siempre es un grupo preposicional.
2: Responde a la pregunta “¿qué?” precedida de la preposición correspondiente: “¿De qué se arrepintió? = de sus actos”, “¿En qué no volvió a pensar? = en aquel asunto”.
3: Suele aparecer inmediatamente detrás del verbo que actúa como núcleo.
4: El grupo preposicional no admite la sustitución por “lo” (“la”, “los” o “las”), ni por “le” (“les”), ni por un adverbio (lo que nos demostraría que se trata de un complemento circunstancial).

EJEMPLOS DE ANÁLISIS:

Oración: “El nuevo alumno destaca en el área lingüística”
Oración simple, bimembre, enunciativa, afirmativa, transitiva de complemento régimen. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): el nuevo alumno. Consta de:
……DETERMINANTE: el.
……ADJETIVO: nuevo.
……NOMBRE (núcleo): alumno.

SINTAGMA VERBAL (predicado): destaca en el área lingüística. Consta de:
……VERBO (núcleo): destaca.
……GRUPO PREPOSICIONAL (complemento de régimen): en el área lingüística. Consta de:
…………PREPOSICIÓN: en.
…………SINTAGMA NOMINAL: el área lingüística. Consta de:
………………DETERMINANTE: el.
………………NOMBRE (núcleo): área.
………………ADJETIVO: lingüística.

Oración: ¿Pensarán los miembros del Consejo en nuevas técnicas más fáciles de aplicar?
Oración simple, bimembre, interrogativa, afirmativa, transitiva de complemento de régimen. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): los miembros del Consejo. Consta de:
……DETERMINANTE: los.
……NOMBRE (núcleo): miembros.
……GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): del Consejo. Consta de:
…………PREPOSICIÓN: de (+el).
…………SINTAGMA NOMINAL: el consejo. Consta de:
………………DETERMINANTE: el (de +)
………………NOMBRE (núcleo): consejo.

SINTAGMA VERBAL (predicado): pensarán en nuevas técnicas más fáciles de aplicar. Consta de:
……VERBO (núcleo): pensarán.
……GRUPO PREPOSICIONAL (complemento de régimen): en nuevas técnicas más fáciles de aplicar. Consta de:
…………PREPOSICIÓN: en.
…………SINTAGMA NOMINAL: nuevas técnicas más fáciles de aplicar. Consta de:
………………ADJETIVO: nuevas.
………………NOMBRE (núcleo): técnicas.
………………GRUPO ADJETIVAL: más fáciles de aplicar. Consta de:
……………………ADVERBIO (cuantificador del adjetivo): más.
……………………ADJETIVO: fáciles.
……………………GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del adjetivo): de aplicar. Consta de:
…………………………PREPOSICIÓN: de.
…………………………SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE: infinitivo: aplicar.

Oración: ¡Cree en mí!
Oración simple, bimembre, exclamativa, afirmativa, transitiva de complemento de régimen. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): elíptico (2ª persona de singular).

SINTAGMA VERBAL (predicado): cree en mí. Consta de:
……VERBO (núcleo): cree.
……GRUPO PREPOSICIONAL (complemento de régimen): en mí. Consta de:
…………PREPOSICIÓN: en.
…………SINTAGMA NOMINAL: PRONOMBRE (núcleo): mí.

EJERCICIOS PRÁCTICOS PROPUESTOS:

1) Analizar las siguientes oraciones:

1.1. Ahora trataremos de los aspectos científicos del problema.
1.2. ¿El Presidente Trujillo hablará de las últimas novedades?
1.3. Los alumnos pendientes de recuperación pensaban en los resultados de los exámenes.
1.4. Mi padre entiende de mecánica.
1.5. ¡Yo creo en Dios!
1.6. La conferencia versó sobre los fenómenos atmosféricos.
1.7. ¿Has reflexionado sobre la función de complemento de régimen?
1.8. Los enfermos de meningitis sufren de fuertes dolores de cabeza.
1.9. El doctor Rodríguez trabajó sobre las variedades climáticas.
1.10. ¿Hablas de ti?

2) Analizar las siguientes oraciones de repaso:

2.1. Los alumnos pendientes de recuperación hicieron los exámenes.
2.2. ¿Está el cielo azul?
2.3. Mi hermano Julián rompió el vaso lleno de agua.
2.4. ¡Haz algo!
2.5. Mike es un ratón de dibujos animados.

NOTA 1: Hemos de observar que, en estos casos, el uso de complemento directo o complemento de régimen introduce matices de significado en la oración. Cuando usamos el complemento directo, el significado adquiere un sentido perfectivo, es decir, “Pensó eso” indica que está pensado, que hay una conclusión o un pensamiento perfecto y concluido; en cambio, cuando decimos “Pensó en eso” indicamos que fue el objeto que entretuvo su pensamiento sin indicar idea de conclusión alguna. Lo mismo podríamos decir de “Hablar algo” (quedó hablado) o “hablar de algo” (materia de conversación).

Estos verbos, además, admiten la construcción de doble complemento, es decir, pueden construirse con complemento directo más complemento régimen (Hablar / pensar algo (CD) de alguien (CR)). En estos casos, el complemento directo expresa el objeto (materia) y el complemento régimen la persona sobre la que recae el comentario o el pensamiento.

NOTA 2: Como hemos visto en la nota anterior, estos verbos admiten la doble construcción, de ahí que la sustitución por LO en el ejemplo “pensar en él” y la transformación a pasiva puedan parecernos aceptables. Hemos de insistir, no obstante, en que no significan lo mismo “pensar algo” (complemento directo = algo fue pensado) que “pensar en algo”.

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 11. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO DIRECTO.

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 11. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL COMPLEMENTO DIRECTO.

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¿QUÉ ES EL COMPLEMENTO DIRECTO?

El complemento directo es una de las funciones más frecuentes en el predicado verbal. El complemento directo significa aquello sobre lo que recae o que recibe lo dicho en el predicado. Si decimos «Veo colinas», las «colinas» es lo visto, aquello sobre lo que recae la acción de «ver». En «Llamé a tu amigo», «tu amigo» es quien recibió mi llamada.

¿CÓMO APARECE EN LA ORACIÓN?

Morfológicamente, la función de complemento directo podemos expresarla a través de un nombre  o pronombre (sintagma nominal) cuando significamos un objeto inanimado o un animal («Compré un perro«, «Pronunció un discurso«, «Quieren eso«) o por un grupo preposicional introducido por «a» cuando significamos «persona» («Ví a tu madre«, «La empresa despidió a los trabajadores«, «Necesitamos a alguien«).

¿CÓMO LO IDENTIFICAMOS?

1) El complemento directo responde a las preguntas ¿qué? (¿Qué compré? = un perro; ¿Qué pronunció? = Un discurso?; ¿Qué quieren? = Eso) o ¿a quién? (¿A quién ví? = A tu madre; ¿A quiénes despidió la empresa? = A los trabajadores; ¿A quién necesitamos? = A alguien), pero este criterio puede confundirnos y, por lo tanto, no es recomendable.

2) Admite la sustitución por el pronombre personal «lo», «la», «los» o «las» («Lo compré», «Lo pronunció», «Lo quieren», «La vi», «Los despidió», «Lo necesitamos»). Este es el sistema más fiable. (NOTA 1)

3) Y, normalmente, actúa como sujeto paciente en la transformación a pasiva («El perro (sujeto) fue comprado por mí (complemento agente)»; «El discurso (sujeto) fue pronunciado por él (complemento agente)»; «Eso (sujeto) fue querido por ellos (complemento agente)»; «Tu madre (sujeto) fue vista por mí (complemento agente)»; «Los trabajadores (sujeto) fueron despedidos por la empresa (complemento agente)»; «Alguien (sujeto) es necesitado por nosotros (complemento agente)».

EL COMPLEMENTO DIRECTO EXPRESADO CON PRONOMBRES:

Los pronombres personales que pueden actuar como complemento directo son «lo», «la», «los» y «las» como hemos visto en los ejemplos anteriores. Pero también pueden desempeñar la función de complemento directo los pronombres «me», «te», «se», «nos», «os» y «se», pronombres que también pueden desempeñar la función de complemento indirecto, lo que ocasiona no pocas confusiones en el análisis. En este sentido, la regla general es que «me», «te», «se», «nos», «os» y «se» asumen la función de complemento directo cuando no existe otro complemento directo, atributo o complemento régimen en su oración. Reflexionemos sobre el siguiente ejemplo:

a) «Yo me lavo» / «Yo me lavo las manos»

En el ejemplo «a» usamos el pronombre «me». En el caso de «Yo me lavo» la función del pronombre es de complemento directo. Lo podemos observar si pensamos en un referente femenino,  «a ella», por ejemplo («Lavo a mí» = «me lavo» / «Lavo a ella» = «La lavo») y comprobamos la posibilidad de sustitución por el pronombre «la» que inequívocamente marca la función de complemento directo. Al introducir «las manos» en el segundo ejemplo es este sintagma nominal el que asume la función de complemento directo, es decir, pasa a designar el objeto lavado, de ahí que podamos realizar la sustitución pronominal por «las» («Me las lavo»), mientras que «me» solo admitiría la sustitución por «le» («Lavo las manos a ella = Le lavo las manos). Debemos observar también cómo se produce una alteración del significado. En el caso de «Me lavo» el objeto lavado es «todo yo, todo mi cuerpo». En el caso de «Me lavo las manos», lo lavado son «las manos» (complemento directo), en tanto que «me» pasa a significar quien se beneficia o perjudica de la acción expresada en el predicado (las manos son mías, yo soy el beneficiario de la acción = complemento indirecto).

Por lo demás, cualquier otro pronombre o palabra u oración en función sustantiva puede desempeñar la función complemento directo. Veamos algunos ejemplos:

1) «Quiero eso» (pronombre demostrativo neutro = Lo quiero).

2) «Escoge el verde» (adjetivo sustativado = Escógelo).

3) «Prefiero salir» (infinitivo = Lo prefiero).

4) » Dijo que vendría (oración subordinada sustantiva = Lo dijo).

LA TRANSITIVIDAD Y LAS ORACIONES TRANSITIVAS.-

Llamamos transitividad al hecho de que el significado del predicado se obtiene por la suma del significado del verbo (núcleo) más la del complemento directo o de régimen. En efecto, el complemento directo o el complemento régimen delimitan el significado del verbo al que se refieren constituyendo con él un conjunto, hasta el punto de que, a veces, podemos sustituirlo por un vocablo («Hizo trozos» = «troceó» ; «echó una mirada» = miró; «ingirió alimentos» = comió, etc.). Por otra parte, es infrecuente que en una oración donde aparezca complemento directo, también aparezcan el atributo o el complemento régimen, de ahí que la presencia del complemento directo (o complemento régimen como veremos) determine un tipo de oración por el predicado. Cuando hay complemento directo, decimos que la oración es «transitiva».

EJEMPLOS DE ANÁLISIS:

Oración: «El Jefe de Estudios llamó a los padres del alumno expulsado«.

Oración simple, bimembre, enunciativa, afirmativa, transitiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): El Jefe de Estudios. Consta de:

DETERMINANTE: el.

NOMBRE (núcleo): Jefe.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): de Estudios. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: nombre (núcleo): estudios.

SINTAGMA VERBAL (predicado): llamó a los padres del alumno expulsado. Consta de:

VERBO (núcleo): llamó.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento directo): a los padres del alumno expulsado. Consta de:

PREPOSICIÓN: a.

SINTAGMA NOMINAL: los padres del alumno expulsado. Consta de:

DETERMINANTE: los.

NOMBRE (núcleo): padres.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): del alumno expulsado. Consta de:

PREPOSICIÓN: de (+ el).

SINTAGMA NOMINAL: el alumno expulsado. Consta de:

DETERMINANTE: el.

NOMBRE (núcleo): alumno.

ADJETIVO: expulsado.

ORACIÓN: Marta, profesora de literatura, recomendó un libro muy difícil de leer.

Oración simple, bimembre, enunciativa, afirmativa, transitiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): Marta, profesora de literatura. Consta de:

NOMBRE (núcleo): Marta.

SINTAGMA NOMINAL (aposición explicativa): profesora de literatura. Consta de:

NOMBRE (núcleo): profesora.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): de literatura. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: nombre (núcleo): literatura.

SINTAGMA VERBAL (predicado): recomendó un libro muy difícil de leer. Consta de:

VERBO (núcleo): recomendó.

SINTAGMA NOMINAL (complemento directo): un libro muy difícil de leer. Consta de:

DETERMINANTE: un.

NOMBRE (núcleo): libro.

GRUPO ADJETIVAL: muy difícil de leer. Consta de:

ADVERBIO (cuantificador): muy.

ADJETIVO: difícil.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del adjetivo): de leer. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: nombre (infinitivo, núcleo): leer.

Oración: ¿No la viste?

Oración simple, bimembre, negativa, interrogativa, transitiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): elíptico (2ª persona de singular).

SINTAGMA VERBAL (predicado): no la viste. Consta de:

ADVERBIO (marca oracional de negación): no.

SINTAGMA NOMINAL (complemento directo): pronombre: la.

VERBO (núcleo): viste.

ORACIÓN: Quizás no haya fiesta de fin de curso.

Oración simple, unimembre, enunciativa, dubitativa, negativa, transitiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): impersonal obligatoria (haber 3ª persona de singulas + complamento directo).

SINTAGMA VERBAL (predicado): quizás no haya fiesta de fin de curso. Consta de:

ADVERBIO (marca oracional de duda): quizás.

ADVERBIO (marca oracional de negación): no.

VERBO (núcleo): haya.

SINTAGMA NOMINAL (complemento directo): fiesta de fin de curso. Consta de:

NOMBRE (núcleo): fiesta.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): de fin de curso. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: fin de curso. Consta de:

NOMBRE (núcleo): fin.

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): de curso. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.

SINTAGMA NOMINAL: nombre (núcleo): curso.

NOTA 1: Debemos recordar que también la función atributo resultaba sustituible por «LO». Para no confundirnos, hemos de tener en cuenta dos diferencias: la función atributo aparece con un verbo «copulativo» («ser», «estar» o «parecer»), en tanto que la función complemento directo aparece con verbo predicativo (no copulativo); y el pronombre que sustituye al atributo es neutro e invariable (Ella es una niña/Él es un niño/ Ellas son unas niñas / Ellos son unos niños = LO es / LO son), mientras que el pronombre personal que sustituye al complemento directo no es neutro, tiene variación de género (Lo / la) y número (los / las) (Llamé a tu padre = Lo llamé / Llamé a tus hermanas = Las llamé).

EJERCICIOS PROPUESTOS:

1) Analiza morfosintácticamente las siguientes oraciones:

1.1. Tengo muchas ganas de jugar.

1.2. Nosotros la tomaremos.

1.3. Ellos beberán un vaso de agua.

1.4. Vimos una botella de Dyc, licor de whisky.

1.5. Los reyes trajeron muchos regalos bonitos.

1.6. Tendremos unas largas vacaciones.

1.7. ¿Lo conseguirás?

1.8. No utilizó el lápiz de punta fina.

1.9. Quizás tus amigos recojan el pedido de la tienda.

1.10. ¿Veremos a tus padres?

2) Invéntate cinco ejemplos de oraciones atributivas y cinco de oraciones transitivas con complemento directo (2 con complemento directo de persona, 2 con complemento directo de objeto, 1 con complemento directo pronominal).

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 10. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL ATRIBUTO.

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 10. FUNCIONES DEL PREDICADO: EL ATRIBUTO.

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

En la lengua tenemos los llamado verbos copulativos o atributivos: «ser», «estar» y «parecer». Son verbos cuya característica principal es aportar una dosis mínima de significado léxico a la oración, a diferencia de los demás verbos llamados “predicativos”. La función “atributo” es característica en construcciones con estos verbos. Por ejemplo: “Pedro es alto”, “María está enferma”, “Tus amigos parecen buenas personas”, “Sus padres son de Madrid”, “La cosa está así”, “El cuadro parece de madera”.

El atributo significa una cualidad, estado o circunstancia del sujeto de la oración.

¿CÓMO SE RECONOCE LA FUNCIÓN ATRIBUTO?

1) Cuando el verbo es copulativo puro, morfológicamente, la función atributo puede aparecer desempeñada por un adjetivo (“Pedro es alto”, “María está enferma”), un sintagma nominal (“Tus amigos parecen buenas personas”), un grupo preposicional (“Sus padres son de Madrid”, “El cuadro parece de madera”) o, incluso, un adverbio (“La cosa está así”).

2) Y, funcionalmente, admite la sustitución por el pronombre neutro “lo” (“¿Pedro es alto? Sí, LO es”; “¿Tus amigos parecen buenas personas? Sí, LO parecen”; “¿Sus padres son de Madrid? Sí, LO son”; “¿La cosa está así? Sí, LO está”).

3) Además, cuando puede, el atributo presenta concordancia formal de género y número con el sujeto : en la oración “Pedro es alto”, “alto” va en masculino singular porque se refiere a “Pedro”, sujeto masculino singular; en “Tus amigos parecen buenas personas”, “buenas personas” va en plural porque se refiere a “tus amigos”, sujeto plural; en la oración “María está enferma”, “enferma” va en femenino singular porque se refiere a “María”, sujeto femenino singular. Al tratarse de adjetivos -”alto”, “enferma”-, nombres o sintagmas nominales -”buena persona”-, la concordancia es posible. Si realizamos un cambio en el género o número del sujeto, automáticamente, variará el número y género del atributo, así:

“Él es alto”, pero “Ella es alta”/”Ellos son altos”/ “Ellas son altas”:

4) En cambio, en ejemplos como “El cuadro parece de madera”, “Sus padres son de Madrid” y “La cosa está así”, “de madera” , “de Madrid” o “así” permanecerán invariables si cambiamos el género y número del sujeto porque se trata de grupos preposicionales y adverbios, respectivamente:

“La cosa está así” y “Las cosas/ los acontecimientos están así”
“Sus padres son de Madrid” y “Su amiga es de Madrid”.

DOS ERRORES FRECUENTES:

1) Cuando la función atributo aparece desempeñada por adjetivo o un adverbio, responderá a la pregunta “¿Cómo?” (“Él es alto”: ¿Cómo es él? = alto; “Las cosas están así”: ¿Cómo están las cosas así?). Si no estamos atentos, es frecuente la confusión con el complemento circunstancial de modo. Debemos recordar 3 ideas para evitar el error:

1) Presencia del verbo atributivo (ser, estar o parecer),

2) Concordancia con el sujeto -en el caso del adjetivo- y

3) Posibilidad de sustitución por “lo” (Lo es / Lo están).

2) La posibilidad de sustitución del atributo por “lo” también nos puede llevar a la confusión con el complemento directo (“Tu hija parece ya una mujer” / “Lo parece”). Para evitar esta confusión debemos recordar dos ideas:

1) La naturaleza copulativa del verbo “ser”, “estar” o “parecer” y

2) Que el “lo” que sustituye al atributo es un pronombre neutro. En el ejemplo anterior lo vemos sustituyendo a “una mujer”, nombre femenino singular. Si la función fuera de complemento directo, el pronombre presentaría concordancia. “Compre un cuaderno” = LO compré (masculino singular); pero “Compré unas libretas” = LAS compré (femenino plural). En estos casos, las famosas preguntas tampoco nos sirven porque cuando el atributo es un nombre o sintagma nominal también responde a la pregunta ¿qué? (“¿Qué compré? = un cuaderno / una libreta”; ¿Qué parece tu hija? = una mujer).

¿PUEDE DARSE LA FUNCIÓN ATRIBUTO SIN VERBO COPULATIVO?
EL COMPLEMENTO PREDICATIVO .-

Sí. La función atributo podemos encontrarla sin verbo copulativo en ejemplos del tipo “El turista llegó enfermo de su viaje”, “Las novias lucirán espléndidas el día de su boda”, “Los peatones cruzaron rápidos el semáforo”, etc.
Pero, en estos casos, la función atributo “siempre” es desempeñada por un adjetivo que presenta concordancia formal con el sujeto (“La/-s turista/-s llegaron enferma/-s”; “El/los novio/-s lucirá/-n espléndido/-s; “El/la peatón cruzó rápido/-a”). Es muy frecuente en estos ejemplos la confusión con el complemento circunstancial de modo porque:

1) No existe verbo atributivo y

2) El complemento responde a la pregunta ¿cómo? (“enfermo”; “espléndido”; “rápido”).

Debemos recordar en estos casos que el complemento circunstancial de modo es una función adverbial y, por tanto, nunca presenta concordancia. Si al cambiar de género y número el sujeto, el adjetivo cambia, NO es un circunstancial de modo.

Como estamos ante un complemento que se comporta como un atributo (cualidad referida al sujeto de la oración con el que presenta concordancia) pero el verbo es predicativo (no es de naturaleza copulativa, no es “ser”, “estar” ni “parecer”) lo llamamos COMPLEMENTO PREDICATIVO.

CONCORDANCIA ENTRE VERBO Y ATRIBUTO:

Sucede cuando el atributo queda expresado por un nombre o sintagma nominal en plural cuando el sujeto aparece en singular. En estos casos, el verbo concuerda con el atributo y no con el sujeto, por ejemplo: «Mi infancia son recuerdos…» (Antonio Machado). Sucede también en estructuras impersonales en las que el atributo expresa la hora: «Es la una», pero «Son las tres» (Lo es / Lo son).

EJEMPLOS PRÁCTICOS DE ANÁLISIS:

1) “Pedro, mi hermano, es todavía un niño muy pequeño.”
Oración simple, bimembre, enunciativa, afirmativa, atributiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): Pedro, mi hermano… Consta de:

NOMBRE (núcleo): Pedro.
SINTAGMA NOMINAL (aposición explicativa): mi hermano. Consta de:

DETERMINANTE: mi.
NOMBRE (núcleo): hermano.

SINTAGMA VERBAL (predicado nominal): es todavía un niño muy pequeño. Consta de:

VERBO (núcleo, copulativo): es.
ADVERBIO (complemento circunstancial de tiempo): todavía.
SINTAGMA NOMINAL (atributo): un niño muy pequeño. Consta de:

DETERMINANTE: un.
NOMBRE (núcleo): niño.
GRUPO ADJETIVAL: muy pequeño. Consta de:

ADVERBIO (CUANTIFICADOR): muy.
ADJETIVO (núcleo): pequeño.

2) “Los ejercicios del cuaderno no son fáciles de resolver”.
Oración simple, bimembre, enunciativa, negativa, atributiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): los ejercicios del cuaderno. Consta de:

DETERMINANTE: los.
NOMBRE (núcleo): ejercicios.
GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): del cuaderno. Consta de:

PREPOSICIÓN: de (+el)
SINTAGMA NOMINAL: el cuaderno. Consta de:

DETERMINANTE: el (de+)
NOMBRE (núcleo): cuaderno.

SINTAGMA VERBAL (predicado nominal): no son fáciles de resolver. Consta de:

ADVERBIO (marca oracional de negación): no.
VERBO (núcleo copulativo): son.
GRUPO ADJETIVAL (atributo): fáciles de resolver. Consta de:

ADJETIVO (núcleo): fáciles.
GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del adjetivo): de resolver. Consta de:

PREPOSICIÓN: de.
SINTAGMA NOMINAL: INFINITIVO (nota 1) : resolver.

NOTA 1: Debemos recordar que el infinitivo actúa como sustantivo en el discurso. De ahí que aparezca como término de un grupo preposicional en funciones nominales.

3) ¿Están tus padres en Madrid mañana?
Oración simple, bimembre, interrogativa, afirmativa, atributiva. Consta de:

SINTAGMA NOMINAL (sujeto): tus padres. Consta de:

DETERMINANTE: tus.
NOMBRE (núcleo): padres.

SINTAGMA VERBAL (predicado nominal): están en Madrid mañana. Consta de:

VERBO (núcleo copulativo): están.
GRUPO PREPOSICIONAL (NOTA 2) (atributo): en Madrid. Consta de:

PREPOSICIÓN: en.
SINTAGMA NOMINAL: NOMBRE: Madrid.

ADVERBIO (complemento circunstancial de tiempo): mañana.

NOTA 2: Hay muchos gramáticos que consideran que en estos ejemplos “estar” tiene valor predicativo, es decir, no funciona como verbo copulativo. De ahí que analicen el grupo preposicional “en Madrid” como complemento circunstancial de lugar y no como atributo; y, efectivamente, responde a la pregunta ¿dónde? (¿dónde están? = en Madrid) y admite la sustitución por un adverbio de lugar (“Están en Madrid / allí”). En mi caso, como queda explicado, lo considero atributo por su posible sustitución por “lo” (“Sí, lo están”), inviable en cualquier complemento circunstancial. Obsérvese que la posbilidad de sustitución persiste incluso si el ejemplo lo hubiéramos construido con el adverbio (“¿Están allí?” / “Sí, lo están”).

EJERCICIOS PROPUESTOS:

1) Analice las siguientes oraciones:

1.1. El encendedor es de piedra.
1.2. Los corredores del equipo parecen cansados.
1.3. ¿El profesor está sentado?
1.4. El ser humano no es omnipotente.
1.5. La brújula de mano es imprescindible.
1.6. ¿La serpiente boa es un animal de sangre fría?
1.7. La carpeta de dibujo no parece muy resistente.
1.8. Resulta difícil de soportar la programación de televisión.
1.9. La estantería nueva resultó de muy fácil montaje.
1.10. Mi compañero Enrique es un saltador magnífico.

2) Comprueba, en el ejercicio anterior, qué atributos presentan concordancia con el sujeto y cuáles no.

3) En los casos en que no existe concordancia, explica cómo reconocerías que se trata de un atributo.

4) Invéntate tres ejemplos con diferentes atributos (adjetivo, adverbio y sintagma nominal, por ejemplo) y analízalos.

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COMENTARIO DE TEXTO: Fragmento de San Manuel Bueno, mártir, Miguel de Unamuno. «Y entonces, serena y tranquilamente, a media voz, me contó una historia que…»

Las ideas que quedan aquí expresadas son de carácter orientativo. Cada comentario puede elaborarse desde distintas perspectivas igualmente válidas y certeras. Lo importante es “razonar” y, a partir de las perspectivas seleccionadas, alcanzar una conclusión personal. Planteamos el desarrollo atendiendo a las claves que pueden encontrarse en el manual CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

TEXTO:

Y entonces, serena y tranquilamente, a media voz, me contó una historia que me sumergió en un lago de tristeza. Cómo Don Manuel le había venido trabajando, sobre todo en aquellos paseos a las ruinas de la vieja abadía cisterciense, para que no escandalizase, para que diese buen ejemplo, para que se incorporase a la vida religiosa del pueblo, para que fingiese creer si no creía, para que ocultase sus ideas al respecto, mas sin intentar siquiera catequizarle, convertirle de otra manera.
-Pero ¿es eso posible? -exclamé consternada.
-¡Y tan posible, hermana, y tan posible! Y cuando yo le decía: «¿Pero es usted, usted, el sacerdote, el que me aconseja que finja?», él, balbuciente: «¿Fingir?, ¡fingir no!, ¡eso no es fingir! Toma agua bendita, que dijo alguien, y acabarás creyendo». Y como yo, mirándole a los ojos, le dijese: «¿Y usted celebrando misa ha acabado por creer?», él bajó la mirada al lago y se le llenaron los ojos de lágrimas. Y así es como le arranqué su secreto.
-¡Lázaro! -gemí.
Y en aquel momento pasó por la calle Blasillo el bobo, clamando su: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». Y Lázaro se estremeció creyendo oír la voz de Don Manuel, acaso la de Nuestro Señor Jesucristo.
-Entonces -prosiguió mi hermano- comprendí sus móviles, y con esto comprendí su santidad; porque es un santo, hermana, todo un santo. No trataba al emprender ganarme para su santa causa -porque es una causa santa, santísima-, arrogarse un triunfo, sino que lo hacía por la paz, por la felicidad, por la ilusión si quieres, de los que le están encomendados; comprendí que si les engaña así -si es que esto es engaño- no es por medrar. Me rendí a sus razones, y he aquí mi conversión. Y no me olvidaré jamás del día en que diciéndole yo: «Pero, Don Manuel, la verdad, la verdad ante todo», él, temblando, me susurró al oído -y eso que estábamos solos en medio del campo-: «¿La verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella». «¿Y por qué me la deja entrever ahora aquí, como en confesión?», le dije. Y él: «Porque si no, me atormentaría tanto, tanto, que acabaría gritándola en medio de la plaza, y eso jamás, jamás, jamás. Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerles felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarles. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerles vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho. ¿Y la mía? La mía es consolarme en consolar a los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío». Jamás olvidaré estas sus palabras.
«

RESUMEN:

Lázaro cuenta a Ángela cómo don Manuel le había revelado su secreto en sus paseos: lo había convencido para que fingiese creer y actuase procurando el bien de los demás. Y cómo ante su requerimiento de la verdad, don Manuel le confiesa su falta de fe y el porqué fingía él mismo. Su misión era procurar la felicidad de los demás, si les quitaba la fe les impondría la carga de la angustia de aceptar la muerte. Si la felicidad pasa por la ilusión de la vida eterna, toda religión es buena y necesaria. Lo había elegido a él porque necesitaba desahogarse con alguien antes que traicionarse a sí mismo y gritarla a los cuatro vientos. Su forma de consolarse era buscar el consuelo en los demás. Así fue como convirtió a Lázaro a sus prácticas. Ángela queda escandalizada por las declaraciones.

ESTRUCTURA:

1) Lázaro revela a Ángela el secreto de don Manuel: no tiene fe.
2) Lázaro reproduce para Ángela la argumentación de San Manuel.
…..2.1. La ausencia de fe significa el reconocimiento de la muerte.
…..2.2. Esta realidad condena al ser humano al sufrimiento –experiencia propia-.
…..2.3. La fe en el más allá conforta al ser humano en su sed de eternidad.
…..2.4. La revelación de su secreto solo traería sufrimiento e infelicidad a los demás.
…..2.5. Su único consuelo es procurar la felicidad de los demás.
…..2.6 [por lo tanto] Hay que actuar como si se creyera.
……….Toda religión es bueno en cuanto satisface esa sed de eternidad.

     La estructura presenta una parte de narración introductoria (párrafo 1) y un diálogo posterior con las intervenciones de Ángela y Lázaro. El contenido se centra en las intervenciones de Lázaro (intervenciones 2 y 4). En la primera se produce la revelación (1) y en la segunda la argumentación. Las intervenciones de Ángela son expresivas; transmiten su reacción de asombro y estupor ante el relato de su hermano.

TEMA: Procurar la felicidad ajena contra la angustia existencial

COMENTARIO CRÍTICO DEL CONTENIDO:

     Estamos ante un fragmento de San Manuel Bueno, Mártir donde Ángela actúa como narrador-testigo. En él se nos reproduce una conversación clave en el argumento de la obra. En ella Lázaro, su hermano, la informa de la revelación del gran secreto del protagonista. Don Manuel es un sacerdote sin fe que vive para mantener en su pueblo la ilusión de la vida eterna que les permita ser felices en esta vida sin la angustia de pensar en la muerte como el final de todo. Se marcan así una serie de hechos que constituyen el núcleo de la obra. Don Manuel es un sacerdote y ejerce su ministerio a pesar de no creer lo que predica, ¿es esto una actitud ética? Considera que las mentes sencillas no podrían ser felices en el conocimiento de su verdad, que las condenaría al sufrimiento, ¿justifica esto la ignorancia? La acción como medio de redención de la angustia existencia enfocada a procurar la felicidad de los demás, ¿no es un planteamiento vital evangélico? ¿Pueden caber otras actitudes ante idénticos planteamientos?

     Nos enfrenta el texto a algunas de las interrogantes clave en la existencia de cualquier ser humano. La fe consiste en creer en algo sin prueba empírica que lo demuestre. El problema es que no llegamos a alcanzar la fe a través de la razón porque son cuestiones contradictorias. La razón nos pide demostración empírica, la fe se afirma a sí misma en ausencia de estas. O se tiene o no. Cuando tratamos de creer en Dios a partir de la razón el resultado suele ser un fracaso –a pesar de algunos intentos desde la filosofía como los de Santo Tomás de Aquino-, y el propio Evangelio nos habla de la fe como un don que Dios otorga, lo que significaría que el hombre no puede alcanzarlo por sí mismo.

     La ausencia de fe no significa la no existencia de Dios. En cierta ocasión un amigo estaba confuso por tener que explicarle a un hijo el don de la ubicuidad de Dios y su invisibilidad. Le contesté que le explicara como funcionan las ondas de radio. El que no tengamos capacidad para percibir las ondas no significan que estas no existan. Cuando alcanzamos el grado de conocimiento técnico necesario aprendimos a controlar ciertas ondas, generar aparatos capaces de emitirlas e interpretarlas. Encendemos una radio y oímos una emisora determinada. Encendemos la televisión y vemos una cadena determinada. Y están determinadas por unas frecuencias fijas, lo que significa que simultáneamente hay otras ondas llegando al receptor que no son sintonizadas por vibrar en una frecuencia diferente, ¿significa eso que no existen?

     Esto nos lleva al concepto de “verdad”. Ya Machado ponía en los cantares esta palabra entre interrogaciones (“¿Tu verdad no; la verdad/ y ven conmigo a buscarla/ la tuya, guárdatela”). El que nosotros creamos algo no significa que necesariamente esa sea “la verdad” en mayúsculas, de hecho sabemos que la diferencia entre dos verdades irreconciliables como un círculo y un rectángulo puede resolverse dando un paso lateral para contemplar que constituyen una realidad única: un cilindro. Esta es la prudencia que otorga la reflexión y el conocimiento. Y es el planteamiento que Ángela nos aporta al final de la obra:” acaso murieran creyendo no creer” lo cual no sería sino otra forma de fe.

Lázaro exige la verdad a don Manuel, don Manuel sufre con su verdad y necesita comunicarla para desahogar su alma. Pero, ¿es esa la verdad? Si no lo fuera, y cabe la posibilidad de que así sea, estaría condenando a un sufrimiento innecesario a aquellos que él cree (nuevo acto de fe) que no podrían ser felices compartiendo esta certeza. ¿Merece la pena afirma esta verdad, la suya, como única y verdadera? Si yo tuviera la certeza de que el receptor no iba a poder con la carga que soporto sobre mis hombros, también optaría por no descargarla sobre él si no fuera por propia supervivencia –no dejaría caer una bombona de butano sobre los hombros de mi hijo de cinco años, sé que no soportaría el peso-.

     Con independencia del concepto de verdad, Unamuno introduce un tercer elemento en la dicotomía clásica entre razón y fe: el sentimiento. Nuestro filósofo centra su atención en lo que el ser humano siente con independencia del concepto de “verdad” objetiva. Unamuno defiende que el ser humano siente la necesidad de autoafirmarse en la existencia de la eternidad. La negación de esta afirmación conduce a la angustia vital, otro sentimiento. La lucha ha de enfocarse a la felicidad –otro sentimiento- de los demás, ofreciéndoles la visión de una vida más allá de la muerte, o de la acción para procurar esa felicidad –terapia de la acción para mitigar el sufrimiento-. Hoy llamaríamos a esto inteligencia emocional en tanto en cuanto se enfoca a la capacidad del ser humano de gestionar sus propios sentimientos. ¿Es un error de don Miguel de Unamuno o fue un adelantado a su época?

     Lo que parece incuestionable es que estamos ante ideas, actitudes y planteamientos que nos invitan a la reflexión, la crítica y la adopción de posturas vitales coherentes con nuestras conclusiones, ¿qué más se puede pedir de un texto?

José Carlos Aranda

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COMENTARIO DE TEXTO: Fragmento de La Colmena de Camilo José Cela, «Victorita, a la hora de la cena, riñó con la madre». Resumen, organización y estructura, tema y comentario de ideas expuestas en el texto.

Las ideas que quedan aquí expresadas son de carácter orientativo. Cada comentario puede elaborarse desde distintas perspectivas igualmente válidas y certeras. Lo importante es “razonar” y, a partir de las perspectivas seleccionadas, alcanzar una conclusión personal. Planteamos el desarrollo atendiendo a las claves que pueden encontrarse en el manual CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

TEXTO:

“Victorita, a la hora de la cena, riñó con la madre.
-¿Cuándo dejas a ese tísico? ¡Anda, que lo que vas a sacar tú de ahí!
-Yo saco lo que me da la gana.
-Sí, microbios y que un día te hinche el vientre.
-Yo ya sé lo que me hago, lo que me pase es cosa mía.
-¿Tú? ¡Tú qué vas a saber! Tú no eres más que una mocosa que no sabe de la misa la media.
-Yo sé lo que necesito.
-Sí, pero no lo olvides; si te deja en estado, aquí no pisas.
Victorita se puso blanca.
-¿Eso es lo que te dijo la abuela? La madre se levantó y le pegó dos tortas con toda su alma.
Victorita ni se movió.
-¡Golfa! ¡Mal educada! ¡Que eres una golfa! ¡Asi no se le habla a una madre!
Victorita se secó con el pañuelo un poco de sangre que tenia en los dientes.
-Ni a una hija tampoco. Si mi novio está malo, bastante desgracia tiene para que tú estés todo el día llamándole tísico.
Victorita se levantó de golpe y salió de la cocina. El padre había estado callado todo el tiempo.
-¡Déjala que se vaya a la cama! ¡Tampoco hay derecho a hablarla así! ¿Que quiere a ese chico? Bueno, pues déjala que lo quiera, cuanto más le digas va a ser peor. Además, ¡para lo que va a durar el pobre!
Desde la cocina se oía un poco el llanto entrecortado de la chica, que se había tumbado encima de la cama.
-¡Niña, apaga la luz! Para dormir no hace falta luz. Victorita buscó a tientas la pera de la luz y la apagó.” (La colmena, Camilo José Cela)

RESUMEN:

     Victoria y su madre discutieron: la madre no soportaba la relación que mantenía con el novio tísico del que solo obtendría una enfermedad o un embarazo. Piensa que no sabe lo que se hace. Pero Victoria reafirma su independencia y desafía a la madre echándole en cara que ella misma se casó embarazada. La madre la abofetea, le exige respeto como madre y Victoria se lo exige como hija. Cuando Victoria se retira a su habitación, el padre tercia intentando calmar a la madre y haciéndole ver la inutilidad de su rechazo: solo logrará que se empecine y de todas formas el muchacho va a morir. Victoria llora en su cuarto. Le ordenan apagar la luz.

ESTRUCTURA:

1)La madre reprocha a Victoria su relación con el novio.
…..1.1. [porque] está tísico.
…..1.2. solo puede traerle una enfermedad o un embarazo.
…..1.3 [por lo tanto] Amenaza: echarla de casa si se queda embarazada.
2) Victoria reafirma su libertad y echa en cara a su madre su propio embarazo.
…..2.1. La madre la abofetea y exige respeto como madre.
…..2.2. Victoria la desafía y exige respeto como hija.
…..2.3. Humillada, Victoria se retira a su cuarto a llorar
3) El padre tercia en la disputa con la madre
…..3.1. [porque] Hará lo que quiera.
…..3.2. El novio va a morir pronto.

     El texto presenta una estructura de diálogo en la que la voz del narrador aparece de forma esporádica para hacer breves incisos. El diálogo presenta un núcleo central: la disputa entre madre e hija –apartados 1 y 2- que finaliza con la salida de Victoria (2.3) para acabar con la intervención mediadora del padre a modo de epílogo (3).

TEMA:
Defensa agresiva de Victoria por su libertad en pro de sus sentimientos.

 

COMENTARIO CRÍTICO:

    Varios son los temas propuestos en el contenido del fragmento de La colmena de Camilo José Cela. Por un lado, la libertad de la juventud para tomar sus decisiones y vivir su propia vida. Por otro lado, el derecho de los padres a intervenir en las decisiones que condicionarán la vida de sus hijos. También aparece en el texto el problema del respeto en las relaciones humanas y el uso de la violencia en las relaciones padres-hijos. Por último, la incomunicación del ser humano en general y la dificultad para gestionar los sentimientos en etapas como la adolescencia o la primera juventud cuando nos falta perspectiva y las hormonas sitúan el enamoramiento como eje central de nuestras vidas.

     El primer tema es sumamente controvertido, incluso en la sociedad actual. Asistimos diariamente a ese enfrentamiento en que, al parecer, la voluntad de los hijos prima sobre la de los padres dando lugar a salidas sin horas, interminables jornadas escolares infructuosas, ausencia de responsabilidades concretas… Todo ello ha dado lugar a la denominada “generación ni-ni” –ni estudia ni trabaja- caracterizada por asumir todos los derechos sin enfrentar ninguna responsabilidad para consigo mismos o con los demás. Las leyes parecen propiciar ese menosprecio a la autoridad de los padres cuando se aprueban leyes –como la del aborto- que hace innecesario su permiso cuando los hijos aún son menores de edad. Con todo, la tarea más difícil de unos padres consiste en educar para la libertad en la conciencia de que no puede existir libertad –en la toma de decisiones- sin responsabilidad. Y, llegado el momento marcado por la edad, asumir que los hijos tienen derecho a cometer sus propias equivocaciones.

En este sentido, los padres tienen el derecho y la obligación de tutelar y educar a los hijos. Tanto más cuanto la ley los hace responsables civiles de sus actos durante su minoría de edad, es la «patria potestad» –si yo debo responder por ti, debo poder imponerte una línea de conducta-. El hecho es que la autoridad se ha ido desdibujando en la sociedad actual donde parece que toda imposición es un signo de autoritarismo trasnochado con el que hay que acabar a toda costa. Sin embargo, es necesaria una reflexión profunda sobre el papel y la responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos. No son sus amigos, son sus progenitores. Amigos podrán tener muchos, pero ese punto de referencia en la vida sólo pueden dárselo quienes los quieren por sí mismos sin esperar nada a cambio. Solo tendrán un padre y una madre para toda la vida.

La imposición por la violencia es otro de los temas. La violencia solo genera violencia. El texto lo plantea de forma muy clara y realista. La bofetada de la madre, lejos de someter a la protagonista, la reafirma en su línea de pensamiento y conducta. La conversación queda rota. La mejor defensa es el ataque, Victoria da donde más duele: el embarazo de su propia madre. Nunca fue un medio la violencia, lo que no quiere decir que ante un desafío de autoridad el niño pueda salirse con la suya. El poner límites a la libertad de actuación es necesario en la educación para formar el criterio y la voluntad de las personas. Límites claros y justos que van abriéndose a medida que el niño va adquiriendo responsabilidad y conocimiento. Si lo hacemos bien, la bofetada nunca será necesaria ni justificable. La violencia no significa sino el fracaso de la razón y el diálogo y cuando esto nos falla hemos perdido la posibilidad de influir positivamente en la conducta del otro. Si de verdad nos duele el creer que va a cometer un error que puede conducirle a la infelicidad, el peor de los recursos será cortar la posibilidad del diálogo.

Y a esto se llega a través del respeto, palabra que me gusta más que “tolerancia”. Respetar es considerar al otro como persona. Respeto cuando reconozco en el otro su capacidad y su individualidad. “Tolerar” significa “aguantar”, “soportar”. En ambos casos nos situamos en una tensión que motiva estar a la defensiva. “Respetar” significa “aceptar” una realidad sabiendo el lugar que cada uno de nosotros ocupamos. No hay tensión, sino afirmación. Lamentablemente, esta cultura de los derechos, del amigismo, donde se dice a los padres “qué NO deben hacer” pero no se les ofrece recursos sustitutivos, nos conduce a una situación de alarma social que se manifiesta, por ejemplo, en el número de denuncias de padres a hijos por maltrato en el ámbito doméstico. El autoritarismo genera individuos sin la autoestima necesaria para la capacidad de decidir imprescindible en la toma de decisiones que se requiere para vivir en libertad. La ausencia de criterios y el libertinaje genera conductas irresponsables que imposibilitan elaborar un proyecto de futuro con sentido. El equilibrio desde el respeto ha de ser la clave. El hecho de que el texto esté ambientado hacia mediados del siglo XX y la problemática siga siendo actual nos indica la dificultad intrínseca de lograr este equilibrio.

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MAPA MUNDIAL INTERACTIVO

Los recursos que se ponen a nuestra disposición a través de Internet son maravillosos. Este enlace me lo ha enviado un buen amigo por correo electrónico y ya conocéis mi filosofía: estas cosas hay que compartirlas y darles la difusión que se merecen. Hela aquí. Esta entrada va dirigida a los profesores de humanidades, estoy convencido de que sacarán de ella un provecho extraordinario. Pero ya la hubiese querido yo para estudiar economía, o simplemente para todo el que quiera pasar un rato paseando por el planeta y satisfaciendo curiosidades de todo tipo. ¡Que lo disfrutéis!

EL MUNDO INTERACTIVO

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LOS GIRASOLES CIEGOS. Alberto Méndez. Anagrama, 2004 (RESUMEN DE LA OBRA)

Los girasoles ciegos

                                                          LOS GIRASOLES CIEGOS

NOTA PREVIA DE JOSÉ CARLOS ARANDA: Estás ante el resumen de una obra realmente magistral. El hecho de que sea lectura recomendada en las pruebas de Selectividad de Andalucía me ha llevado a realizar esta síntesis del argumento respetando la estructura de los contenidos -sustituyo la 1ª persona en la narración por la 3ª-, para permitir a mis alumnos el repaso del argumento de forma rápida pero pormenorizada. No solo basta con leer, en estos casos, hay que refrescar la memoria de cara al examen. No obstante, el resumen no puede sustituir la lectura. Las diferentes «derrotas» se plantean desde distintas técnicas narrativas, pero además el autor cambia continuamente las perspectivas recreando diversos universos separados por la derrota, la edad, la situación vital, la experiencia: el militar del capitán Alegría, el «eclesiástico» del hermano Salvador -que nos recuerda el epistolario de Luisito en Pepita Jiménez– de Juan Valera, el «infantil» de Lorenzo -que nos recuerda la perspectiva del Mochuelo en El camino de Miguel Delibes-, además del propio narrador que va trabando las piezas del puzzle; o el lenguaje poético impregnado de Miguel Hernández en ese poeta demasiado joven para sufrir tanto. El autor logra que sintamos miedo al ruido y pánico al silencio y nos trae los olores y las sensaciones de una época marcada por la postguerra. Una obra de una enorme dureza envuelta en seda que nos vomita el sinsentido de la guerra.  A aquellos que lleguéis a estas páginas, os ruego que leáis el original. No os arrepentiréis.

LOS GIRASOLES CIEGOS de Alberto Méndez.

INTRODUCCIÓN DE CARLOS PIERA A TOMÁS SEGOVIA: «EN LOS OJOS DEL DÍA», ANTOLOGÍA POÉTICA:
«Superar exige asumir el duelo […] que se patentiza [en] su ausencia definitiva [la del muerto]. En España no se ha cumplido con el duelo».

PRIMERA DERROTA: 1939 o «SI EL CORAZÓN DEJARA DE LATIR»:

     El capitán Alegría se entregó al enemigo: «¡Soy un rendido!». Era una frase meditada porque primero se rindió y luego se entregó. Había que elegir entre ganar la guerra o conquistar un cementerio y él había rechazado ambas opciones (carta a su novia Inés, enero de 1938). Sólo se escuchaba el silencio de la noche y el bombardeo a lo lejos sobre Madrid cuando cruzó entre las trincheras.

Su rendición comenzó dos meses atrás. Pensaba que el sentido de la guerra sólo era mera supervivencia y una amalgama de crueldades tanto para la víctima como para el verdugo (carta a su profesor de Derecho Natural de Salamanca). Había estado tres años en Intendencia controlando milimétricamente los suministros, escrutando la derrota. Al principio pensó que al enemigo le faltaba alma de ejército, pero se dio cuenta de que el problema es que era un «ejército civil» que no podía sino perder frente a los militares.

El no era un desertor, sino un rendido porque seguía siendo enemigo después de su rendición. Según su opinión, los republicanos hubieran humillado más a Franco rindiéndose el primer día porque sin muertos no hay gloria, solo derrotados.

La falta de cualidades del capitán Alegría hizo que sus superiores lo destinaran a Intendencia cuando se incorporó al ejército sublevado en julio de 1936. Su labor de gestión fue tan eficaz que a finales de 1938 era ya capitán, pero con el pasar de los muertos se había convertido en un «vivo rutinario». Cuando llegó a la trinchera enemiga, y los sorprendidos enemigos le quitaron la pistola, estaba sin estrenar. Obedeció escrupulosamente las órdenes que le dieron. Cuando le preguntaron por qué se entregaba, respondió que el Comité de Defensa de Madrid estaba a punto de rendirse. Aquellos soldados sin uniforme lo tomaron por loco. Quiso explicarse, no lo dejaron. Él no comprendía que aquellos desastrados actuaran como si no fueran conscientes de que su muerte [la de ellos] era inevitable.

A las 3 de la mañana fue conducido en una furgoneta hasta Madrid. A la altura de Bravo Murillo subieron a un herido con el hombro destrozado, sangraba. Trató de detener la hemorragia. Al verle el uniforme, el herido sugiere que lo maten. Lo dejaron en el Hospital General de Cuatro Caminos. Ellos siguieron destartaladamente hasta el Cuartel General. Los transeuntes iban aumentando a medida que se acercaban al centro de Madrid.

     Ya en la Capitanía se tranquilizó. Allí, entre militares, sabía cómo actuar. Volvía a estar en su sitio. Pero, a pesar de su uniforme nacional, nadie le prestaba atención. No estaba atado, podría haber escapado. Allí estaban demasiado ocupados cargando documentos con prisas en furgonetas, o quemándolos en hogueras en el patio. Él, en posición de descanso, lo observaba todo. Finalmente, dos «números» armados lo condujeron hasta un calabozo del sótano. Había otro preso, desalmado y enfermizo, le pide picadura, pero él no fuma. El capitán se retiró hasta el rincón más alejado, se dejó caer.

     El capitán Alegría pertenecía a la nobleza rural, nació en 1912, casa con arcos de piedra y escudo heráldico. Estudió Derecho en Madrid y Salamanca. Jiménez de Assúa le enseñó que el legislador debe tomar partido para ser igualitario. Después aprendió que la ley no elige nada. Tuvo una relación formal de jovencito con Inés Hoyuelos, hija de unos abaceros. Se unió al bando sublevado como algo natural para defender lo suyo. Y allí administró para que otros murieran. En el último parte que firma, se define a sí mismo como «un círculo cuadrado que abominando de su enemigo no quiere sentirse responsable de su derrota».

     Al amanecer, evacuaron la Capitanía. A las 10 de la mañana no quedaba nadie excepto los dos prisioneros. El nuevo ejército fue ocupando el edificio. Un coronel y tres escoltas abrieron el calabozo y él les explica que se rindió esa misma mañana. El coronel guarda su cartilla estupefacto y vuelven a cerrar el calabozo dejándolos encerrados. El cabo 1º, el otro prisionero, sabía que el estar encerrado podía ser su salvación, como de hecho lo fue.

     Pronto empezaron a llegar prisioneros hasta estar hacinados. Entre ellos reconoció al herido en el hombro que coincidió con él en el camino. Se salvó porque le estaban amputando el brazo justo cuando lo sentenciaban a muerte. A los 3 días comenzaron a trasladar presos. Lo llevaron al aérodromo de Barajas donde juzgaban a los militares de graduación. Allí lo dejaron ignorado. Pasó miedo -lo cuenta en una carta a la novia-. Se debilitó entre desmayos y vómitos. Unos falangistas le tomaron la filiación. Los prisioneros eran humillados. Fueron despojados de su graduación y de sus efectos personales. El coronel Luzón se negó a entregar unas insignias ganadas en el campo de batalla. Le dieron un tiro en la cabeza y alegaron intento de fuga.

     Allí estuvo desde el 4 al 8 de abril que lo llamaron. Se reproduce el Acta del Juicio Sumarísimo en el que el capitán Alegría es condenado a morir fusilado. Preguntado por el motivo de su traición, responde que el avance de las tropas nacionales -descrito minuciosamente- hacía inevitable la derrota inminente de los republicanos. Finalmente es mandado callar. Su cargo en la Intendencia le había proporcionado todo el conocimiento de la evolución de la guerra. Finalmente, vuelto a preguntar, arguye que «se rindió» porque no querían ganar al Frente Popular, querían matarlos. Culpable del delito de traición es condenado a muerte.

     Los hechos ahora son confusos. Volvió al hangar y escribió 3 cartas: una a Inés, otra a sus padres y, la última, a Franco para decirle que lo sucedido sería imposible de olvidar. Sus padres nunca recibieron la suya y murieron de tristeza. En otra carta a Inés se constata cómo se está convirtiendo en un despojo humano en total soledad. Tuvo que esperar 9 días viendo como grupos de presos eran llevados a la muerte. Insoportable para una mente metódica y ordenada como la suya. El día 18 lo subieron con otros a un camión. Alguien apretó su mano. Desapareció la soledad: había entrado en la comunidad de los vencidos. «Perdonadme» -dijo. Llegaron a las 8 de la mañana a Arganda del Rey. Un sacerdote impartió su bendición y el pelotón de fusilamiento disparó.

     Despertó en la fosa común atrapado entre los muertos. Se dio cuenta de que estaba vivo al escuchar su propio llanto. Una bala le rozó la cabeza abriéndole una brecha pero sin romper el hueso. Venciendo el dolor y haciendo acopio de fuerzas fue liberándose de los cuerpos que lo enterraban. Se arrastró fuera. Había perdido sus gafas y la herida volvía a sangrar. Estaba anocheciendo.

     Lo encontraron agonizante en los campos de La Acebeda unos labriegos que lo descubrieron vivo cuando trataban de robarle las botas. Después de dudar, una anciana resolvió cuidarlo («Todos somos hijos de Dios, hasta éstos»). Lo atendieron durante 3 días allí mismo, tumbado entre las jaras. La generosidad de estos vencidos le hizo pensar que algo humano había sobrevivido a la guerra. Lo que le torturaba entonces no era el miedo, sino la vergüenza por su hedor y podredumbre. Al cuarto día, comido por la fiebre, emprendió el camino hacia Huérmeces, su pueblo, donde quería morir.

     Fue por caminos aislados pero próximos a la carretera por miedo a desfallecer. Se tumbaría entonces en el camino para ser encontrado y enterrado. Tres días duró la travesía. Llegó a Somosierra al atardecer. Allí se encontró con una patrulla de carretera. Sintió melancolía. Los observó: actuaban con desgana. Fue entonces cuando debió escribir las notas que se le encontraron cuando se suicidó de un disparo en la cabeza con el fusil de uno de los guardianes. También los vencedores son «carne de vencidos», sólo los separará el rencor.  Ambos temerán al vencedor real de unos y otros y sólo algunos muertos serán considerados protagonistas de la guerra.

     Arrastrándose, se acercó al cuerpo de guardia para decir entre sollozos: «Soy uno de los vuestros».

SEGUNDA DERROTA: 1940 o «MANUSCRITO ENCONTRADO EN EL OLVIDO»

     En 1952, buscando unos documentos en el Archivo General de la Guardia Civil, encontró un sobre amarillo que contenía un cuaderno con pastas de hule. El sobre fue encontrado en 1940, en unos prados de Somiedo, junto a los cadáveres de un adulto y un niño de pecho. Estaban tumbados en un jergón, sobre un saco y tapados con una manta blanca. La libreta estaba en un taburete con una piedra pesada encima. En el techo de la cabaña colgaba un vestido negro de mujer. La caligrafía se va haciendo más pequeña y minuciosa a medida que avanza el relato. Lo que viene a continuación es la transcripción:

PÁGINA 1: Elena ha muerto pero el recién nacido vive. Piensa en dejar morir al niño. La vida no tiene sentido sin Elena.

PÁGINA 2: Un muerte tan temprana es injusta. Permanece inmóvil decidido a morir con su hijo junto a Elena. Al margen se lee: «¿Es este niño la causa de la muerte o su fruto?

PÁGINA 3: Pide que quien encuentre sus cadáveres esparza sus restos por los montes. Se siente culpable de haber podido evitar lo ocurrido. Solo sabe escribir y hacerlo le ayuda a no recordar. El niño no deja de llorar. Aunque es octubre, las noches son ya invernales. El niño ha dejado de llorar, al moverlo tiene la sensación de que alguien le hubiera quitado el esqueleto. Aún respira.

PÁGINA 4: Elena ha perdido el color. Ha soltado su mano. Ya no hay caricias en ella y no quiere que ése sea su último recuerdo. El niño está exhausto junto a ella. Cuando escapó de los fascistas ella se empeñó en seguirlo y no pudo disuadirla. Se equivocaron. Rememora a su amigo Miguel (Hernández) cuando piensa dejarse morir en los prados para que nazcan flores en las cuencas de los ojos de su calavera. Miguel lo llamaba «el arquero proletario». Elena quería a Miguel por eso.

PÁGINA 5: Se pregunta si Elena hubiera querido que el niño viviera. No puede ser bueno un dios que no permita reescribir el pasado para evitar el error que la condujo a la muerte. Se duerme pero el llanto del niño lo despierta. Su lamento cambia la rabia en pena. Lleva tres días sin comer nada. Le arrima un trapo mojado en leche aguada que el niño acaba sorbiendo con avidez hasta quedarse dormido.

PÁGINA 6: Hace una cuna improvisada que cubre con una colcha de ganchillo que Elena heredó de su abuela  y se empeñó en llevar consigo. La vida del niño junto a la muerte en la madre ha trazado una raya. Se le está secando el cordón umbilical y llora (un dibujo representa una estrella fugaz chocando contra la luna).

PÁGINA 7: Él aún no ha comido. Hoy enterrará a Elena. El niño parece saciarse. Hay vacas abandonadas en el valle que necesitan ser ordeñadas o morirán. Está lloviendo. Ha logrado acorralar dos vacas, una de ellas tiene mastitis. Habrá que sacrificarla.

PÁGINA 8: Ayer enterró el cuerpo en descomposición de Elena entre sollozos. La muerte no es contagiosa pero la derrota sí. Elena murió de derrota como lo harán él y su hijo. Ha colocado una gran piedra blanca, sin nombre, los ángeles sabrán encontrarla. Recuerda unos versos de Garcilaso en que el poeta pide a su amada que reciba sus lágrimas hasta que la muerte vuelva a reunirlos.

PÁGINA 9: Se alegra de escribir el diario pensando en la posibilidad de que alguien lo lea. Hace frío, pronto nevará. Todo un invierno por delante para decidir cómo morir.

PÁGINA 10: (Dibujos: 3 rostros de niño, 2 de mujer, rostros de ancianos. Bajo ellos una frase: «¿Dónde yacéis?») Hay que matar la vaca enferma, pero debe esperar a que se formen neveros para conservarla. Confía en poder alimentar la otra vaca. Hay leña en abundancia. Se le acaba el lápiz y quisiera que quien encuentre sus cadáveres en primavera supiera quiénes son («Soy un poeta sin versos»).

PÁGINA 11: Ha nevado. Parte de la vaca sacrificada la ha ahumado, otra parte la ha congelado. La otra vaca da leche. El niño vive. Le da sopa de boniatos. Se ha hecho ya el centro de su vida. Los ruidos que emite lo llenan todo.

PÁGINA 12: Ha encontrado los restos de una cabra montesa medio devorada por los lobos. Usará sus restos como alimento. Su mente se va con sus padres y el inicio de la guerra en su aldea cuando mataron al maestro, don Servando, y quemaron sus libros. Él no hubiera desterrado a los poetas. ¿Qué le llevó a Madrid? Sólo llevó la palabra y sus dibujos al campo de batalla para consolar a los heridos.

PÁGINA 13: El niño crece. Relee el cuaderno y también él está cambiando: «Y si pierdo la ira, ¿qué me queda? Hace un frío intenso. Tiene miedo de que el niño enferme, de que muera la vaca, de enfermar, de ser descubiertos. El viento aúlla.

PÁGINA 14: Ha matado un lobo que merodeaba. Dejó una rendija en la puerta, le atrapó la cabeza, un hachazo. Ahora tienen comida, pero ha vuelto a tener contacto con la muerte (dibujo de un niño jugando a lomos de un lobo en un prado florido)

PÁGINA 15: Anota un poema en el que un lobo y un niño, tras dialogar, mueren ambos de hambre antes de hacerse daño: «…evitándose el engaño / de que para sobrevivir dos personas que se quieran / sea siempre necesario / que, al margen de los afectos, unos vivan y otros mueran».

PÁGINA 16: El frío los debilita. Nieva. Tiene dificultades para cortar leña. La vaca, el niño y él están muy delgados pero aún da suficiente leche para los dos. El niño aún no tiene nombre. Siguiendo las huellas de un animal ha visto a unos leñadores. Ha sentido miedo. Tanto si se quedan como si se van, morirán. No sabe en qué mes está, ¿navidades?

PÁGINA 17: «Que muera yo puede ser justo, que muera el niño solo necesario» ¿Qué le contaría a su hijo sobre su madre, sobre Caviades, sobre sus abuelos, sobre sí mismo? …que había sido un rapsoda entre balas y ahora su sepulturero.

PÁGINA 18: Rodeados de nieve falta la comida. El niño se debilita. Ni siquiera con el hacha logra rebanar algo de la vaca congelada. Al tratar de desenterrarla, encontró en la nieve…

PÁGINA 19: Un animal muerto del que nada quedaba aprovechable (un dibujo: la cabeza de una vaca. Debajo hay una frase: «¿Dónde estará el paraíso de las vacas?»). Piensa en matar la otra vaca, pero no podría conservarla, en los neveros la encontrarían los lobos, en la cabaña se pudriría (aquí hay 9 hojas arrancadas cuidadosamente. La numeración no se interrumpe).

PÁGINA 20: El niño está enfermo y ha matado la vaca para alimentarlo. Lo abraza, tiene fiebre. Le canta una canción de Federico: «Llanto de calavera / que espera un beso de oro / (Fuera viento umbrío / y estrellas turbias)». Ya no recuerda sus versos, pero en su mente resuenan mil nanas para su hijo, todas con la misma letra: Elena. Lo besa por primera vez. El miedo, el frío, el hambre y la soledad desalojan la ternura.

PÁGINA 21: Huele a podrido pero solo recuerda el olor del hinojo («Ah, sin ti no soy nada»)

PÁGINA 22: Había perdido el lápiz. Había estado un tiempo sin escribir. Subido a un tronco, rodeado de nieve, experimenta una sensación indescifrable que ahora reconoce: era soledad. Tiene la sensación de que todo acabará cuando acabe el diario, se demora en escribir. Su última palabra será «melancolía».

PÁGINA 23: El niño ha muerto. Lo llamará Rafael. No tenía nombre. No ha sido capaz de mantenerlo vivo. El resto de la página repite hasta 63 veces la palabra «Rafael» con caligrafía primorosa.

PÁGINA 24: 62 veces «Rafael».

PÁGINA 25: 119 veces «Rafael» (letra mucho más pequeña).

PÁGINA 26: Escrita con un tizón apagado y emborronado. Parece poner:»Infame turba de nocturnas aves».

NOTA DEL EDITOR: En 1954 visitó el pueblo de Caviedes. Está en Santander, en la montaña, próximo al mar que no se ve. El maestro, don Servando, fue ajusticiado en 1937 por republicano. Su mejor alumno marchó a la guerra. Los padres de éste, Rafael y Felisa, murieron de pena al terminar la contienda. Nadie volvió a saber de él. Era poeta y se llamaba Eulalio Ceballos Suárez. Si era él el autor del manuscrito, tendría 18 años y «…creo que no es edad para tanto sufrimiento».

TERCERA DERROTA: 1941 o «El idioma de los muertos»

     Juan Senra, profesor de chelo, prisionero, se había quedado en los huesos. Cuando fue llamado a declarar, el coronel Eymar -bajito, fumador de uñas amarillas, cuello enjuto, bigotillo horizontal, pecho empedrado de condecoraciones- actuaba de juez. Con él estaban en el interrogatorio el capitán Martínez, el alférez Rioboo y el teniente Alonso -albino y grueso parecía un muñeco de nieve- que ejercía de Secretario del Tribunal.

     Cuando le preguntó el coronel le dijo que sí lo había conocido, en la cárcel de Porlier, cuando lo trasladaron de la checa de Chamberil en mayo de 1938 donde él pertenecía al Cuerpo de Enfermeros donde fue destinado por estar estudiando tercero de Medicina y Música. Era una verdad a medias. Juan Senra era un masón, organizador del presidio popular, comunista, soltero y criminal de guerra, según la acusación. Pero dijo conocer a Miguelito, hijo del coronel fusilado por los rojos. Todos los días, Violeta, la mujer del coronel, se lo recordaba, que indagara sobre él. El coronel le dijo a Juan que Miguelito era su hijo y quiso saber de qué hablaron. Juan respondió que de él, que de la patria no habían hablado. Y el coronel se emocionó porque nadie hasta ahora le había dado noticias de su hijo. Juan recordaba perfectamente a Miguelito, pero se guardó la verdad.

     Una clase servía de sala del tribunal. Un encerado, un crucifijo y la fotografía de Franco. Tres soldados de guardia parecían estatuas al fondo de la sala. Se hizo el silencio.

     Juan se apoyó un instante en la mesa del secretario y un palmetazo y un golpe en el costado lo devolvieron a la posición de «firmes» para caer blandamente hasta el suelo, enrollado sobre sí mismo. Hacía mucho frío.

     Fue arrastrado hasta el calabozo. Alguien lo llamó por su nombre. Eso lo reconfortó. Le preguntaron qué le habían hecho. Perdió el conocimiento. Al amanecer lo separaron de sus compañeros para llevarlo a la segunda galería de la cárcel. Allí iban los que aún no habían sido condenados. A la cuarta los que ya lo habían sido. Al llegar a la segunda galería lo asaltaron a preguntas: no, no lo habían torturado. No sabía por qué lo habían devuelto allí. El miedo fue, probablemente la causa del desmayo. Eduardo López dio por buenas las respuestas y cesó el interrogatorio. Eduardo pertenecía al Partido Comunista, fue organizador de la resistencia en Madrid, se ocupaba de organizar actividades en la cárcel que mantuvieran ocupadas las mentes de los condenados. Actuaba de líder.

     Cogió su escudilla, significaba que aún comería otro día, y se acurrucó en un rincón. Pensó en la carta que le envió a su hermano. En ella debió hablarle de sentimientos. No lo hizo y se arrepentía. El silencio de la noche anticipaba la muerte. A las 5 empezarían a llamar a reclusos, los meterían en un camión y los llevarían a fusilar al cementerio de la Almudena. Pero serían de la 4ª galería y él estaba en la 2ª. Aún debía ser juzgado y condenado. Eso era tiempo y el tiempo, por poco que fuera, podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Sabían por el alférez capellán que disminuía el número de condenas a muerte con el paso del tiempo. Había que resistir y pasar desapercibido. Poco a poco, los gestos de rebeldía y solidaridad ante la barbarie se fueron apagando en los presos.

     No fue llamado al día siguiente. Comió dos veces sopicaldo templado y se entretuvo despiojando a un muchacho. Le devolvieron la carta que enviara a su hermano censurada. Todas las líneas habían sido tachadas. El muchacho se llamaba Eugenio Paz, tenía 16 años y era de Brunete. Se hizo republicano por ir contra su tío. Su tío era propietario del bar del pueblo y maltrataba a su madre que trabajaba para él limpiando y cocinando. Hizo la guerra como quien participa en un juego y llegó hasta el final actuando como francotirador cuando las tropas de Franco entraron en Madrid. Lo arrestaron por violar el toque de queda cuando iba a reunirse con su novia en un portal del barrio de Salamanca. Pero durante tres días, con su rifle, él fue el juez y el verdugo. Ahora, en la cárcel, sabía lo que era la derrota. Su novia estaba embarazada. Igual pensaba que él se había ido con otra. Era inocente como un niño, no odiaba a sus enemigos, sencillamente esta vez le había tocado perder.

     Al día siguiente lo volvieron a llamar al tribunal. Todos sus compañeros de lista fueron condenados a muerte, pero a él lo dejaron para el final. En la sala había una mujer con gesto severo -abrigo de astracán, bolso negro-. El coronel le preguntó por qué recordaba a su hijo y Juan respondió que porque era bueno haciendo juegos de prestidigitación. Los ojos del coronel buscaron los de la mujer. Que por qué estaba preso, le preguntó, y él sabía que por estraperlo con medicamentos caducados, por comercio ilegal con nafta y carburantes, por asesino. «Por pertenecer a la quinta columna» -respondió-. «Por ser un héroe, hijo de puta» le gritó Rioboo. Que por qué lo mataron, y él contestó que ni lo había arrestado ni lo había matado, que simplemente era un enfermero que trabajaba en la cárcel a la que lo llevaron y que habló con él muchas veces. Pero sabía y se calló que Miguelito mató a un pastor para robar sus corderos y venderlos (Fuencarral) y que el hijo del pastor le había clavado un bieldo en la barriga, que hubo de ser operado. Así lo conoció. La mujer, haciendo caso omiso al coronel se levantó para preguntarle de qué hablaban. Hablaban un poco de todo… y su mente comenzó a urdir una mentira bella. Le preguntó dónde tenía una cicatriz. En el muslo derecho que se la vio haciéndole las curas de la operación de «apendicitis»: «Era un buen paciente».

     La mujer siguió acercándose hasta que logró decir «Era mi hijo». El coronel se adelantó para situarse junto a ella. Se acabó la sesión y, de regreso, tuvo que soportar las miradas de sus compañeros cuando él era conducido de nuevo a la segunda galería y no a la cuarta. Llegó ya tarde y se durmió solo y acurrucado, abrazado a su escudilla sin saber por qué seguía vivo. Fue entonces cuando trató de imaginar en qué idioma hablarían los difuntos.

     Se despertó queriendo escribir  a su hermano. Espoz y Mina le proporcionarían el papel y el lápiz que necesitaba. Eran dos soldados nacionales condenados que gozaban de privilegios y actuaban como intermediarios entre los carceleros y los presos. A cambio de un calcetín obtuvo un lápiz y tres cuartillas. Inicia una nueva carta donde recomienda a su hermano que busque un trabajo, pero no en la serrería porque sus pulmones no lo resistirían. Quizás el tío Luis pueda darle trabajo en la abacería. Si lograba vender las tierras de sus padres, que dedicase el dinero a estudiar, que don Julio, el maestro, podía ayudarle.

     Solo pudo escribir un párrafo. El tiempo en la cárcel se diluía en largas colas para todo. Además, Eduardo López había organizado una charla sobre «la plusvalía y sus consecuencias en el proletariado internacional». Las charlas se daban en voz baja a «cadáveres informados». La lectura de la lista de condenados lo despertó. Ya en el desayuno algunos presos se acercaron a él hostiles. Sospechaban que era un chivato. Les contó la verdad y lo dejaron tranquilo.

     Pasaron algunos días sin ser llamado durante los que estrechó su relación con Eugenio Paz. Se había dedicado siempre al campo allá en Brunete. Su madre era soltera. La había preñado el dueño de la venta que se jactaba de tirarse todo lo que se movía. Jamás consintió que lo llamara padre. A Juan, cada vez le costaba más recordar. No hubo lista el segundo día y un aire de esperanza empezó a recorrer la galería. En una de las conversaciones, Eugenio le confiesa su preocupación porque ya no erecta: «Es que ya estás muerto» -pensó Juan-; «Estarás guardando ausencias» -le dijo.

     Estaba haciendo cola en las letrinas cuando fue llamado por el cabo y conducido a una celda. Allí encontró a un moribundo al que debía mantener con vida hasta las 6 del día siguiente para que pudiera ser fusilado. El enfermo se llamaba Cruz Salido, redactor jefe de El Socialista. Logró pasar a Francia, pero fue apresado en Génova por unos camisas negras cuando trataba de llegar a Orán. Estaba tísico. Pidió a Juan que lo matara. Él sabía que no podía pedirle eso. Hablar lo agotaba físicamente, por eso no dejó de hablar sin permitir a Juan que le ayudara en ningún momento. Fue apagándose hasta que logró morir antes del amanecer. El sargento decidió fusilarlo igualmente. Y a Juan le propinaron tres culatazos antes de devolverlo a su galería. Y allí continúa con la carta a su hermano.

     Le cuenta cómo vive en duermevela y que en sus sueños aparecen personas que le hablan en un lenguaje que le encanta, pero que no entiende, en un paisaje de horizonte pequeño pero infinito, inalcanzable.

      Una vez al mes, Espoz y Mina subían a la azotea para varear los colchones de los suboficiales. Con las varas de fresno que les daban y utilizando migas de pan como cebo cazaban dos palomas. Una se la comían, otra la usaban para intercambios con los guardias. Así consiguieron más papel para Juan que tuvo que darles a cambio su cinturón. Lo importante es que sigue vivo. No quiere hablarle a su hermano de lo que sucede allí en la cárcel. Poder pensar es el privilegio de un condenado.

     Hubo una pelea entre dos presos. Los tuvieron dos horas de cara a la pared con los brazos en alto y a ellos los apalearon hasta que les desperdigaron las ideas.

     Poco a poco comenzaron algunas visitas de familiares y comenzaron a circular rumores que traían esperanza.

     El Rorro era un preso envejecido con una gran cicatriz en la cara. Siempre estaba solo. Se llamaba Carlos Alegría y fue alférez del ejército rebelde. Pasó la guerra en los cuarteles y alcanzó el grado de capitán de Intendencia. Se rindió poco antes de que el coronel Casado depusiera las armas. Fue juzgado, condenado y fusilado. Pero sobrevivió. Logró salir de la fosa común, nadie quiso socorrerle y volvió a ser detenido en Somosierra y enviado al cuartel de Conde-Duque. Desde entonces decía llamarse Carlos Alegría y que había nacido el 18 de abril de 1939 en una fosa común de Arganda. De ahí que le llamaran Rorro. Un día le dijo a Juan: «Tú y yo vivimos de prestado. Tenemos que hacer algo para no deber nada a nadie». Se fue hacia la reja y comenzó a dar voces, llamó a los centinelas que intentaron reducirlo a culatazos. Consiguió arrebatar un fusil. Se hizo el silencio. Puso el cañón en su barbilla y disparó.

     Al día siguiente volvieron las listas y los camiones. Había conseguido ocultar que él había sido encargado de preparar un atentado contra el coronel Casado, que no llegó a producirse porque la guerra terminó. Podía seguir haciéndose pasar por un simple funcionario de prisiones y así salvar su vida. El sargento Edelmiro lo llamó y lo condujo a un cuartucho del sótano. Allí lo esperaban el coronel Eymar y su mujer. Esta vez los dejaron solos. La madre le enseñó una fotografía de su hijo. Juan siguió inventando historias bellas de valentía, arrojo y generosidad que otros habían protagonizado puestas en Miguelito. Sentía lástima por esa mujer que acabó invitándolo a sentarse junto a ellos. Al despedirse: «Te traeré un jersey», le dijo. A su regreso, Eduardo López escuchó la historia estupefacto.

     En la misa del domingo, el alférez capellán condenó el suicidio. Algunos se acercaron a comulgar por hambre o por instinto de supervivencia. Se decide a continuar la carta y en ella le habla de ese extraño lenguaje de sus sueños. Cada vez le gusta más hablar en ese lenguaje inventado. Después habló con el muchacho de las liendres que estaba cada vez más melancólico. Aunque no servía para nada, hablando se olvidaban de la muerte. Las listas, los juicios y los camiones se iban espaciando.

     Pasadas unas semanas volvió a entrevistarse con el coronel Eyre y su esposa que le llevó un jersey de su hijo. Intercambiaban anécdotas y él continuó atribuyéndole mérito de otros. Al final, la mujer le entrega un bocadillo de arenques. De regreso a la galería es interrogado de nuevo por Eduardo López y se pregunta ¿para que querrá toda esa información si ya está muerto?

     Con el frío que hacía, agradeció el jersey. Las listas se hacían más cortas y comenzaron a aparecer las cadenas perpetuas como condena. Poco a poco volvía la vida. Había que aguantar, como Sherezade, un día más. Pero un día llamaron a juicio al muchacho de las liendres y ya no regresó. Sobornó con el jersey al sargento Edelmiro y supo que lo habían enviado a la 4ª galería. Quiso enviarle un recado, decirle algo, pero no tenía nada que ofrecer. Al día siguiente, cuando oyó el nombre del muchacho en la lista, se aferró a los barrotes y gritó que no subiera al camión. Después, cayó extenuado y lloró.

     Estuvo dos días como ausente, después supo que debía terminar la carta a su hermano y la continuó hasta agotar todo el papel: he intentado enloquecer pero no lo he conseguido. Renuncio a seguir viviendo con toda esta tristeza. Acuérdate de mí. Sé feliz.

     Lo volvieron a llamar, pero esta vez los guardias tuvieron que llevarlo a rastras. No aceptó esta vez la comida que le ofrecía la mujer del coronel y entonces les contó la verdad, que Miguelito era un ladrón, un estraperlista, un asesino y un traidor; que él mismo mandó el pelotón de fusilamiento que lo ejecutó; que fue un cobarde hasta el final, lloró, suplicó, se cagó encima. «Todo lo que les he contado hasta ahora es mentira. Lo hice para salvarme, pero ya no quiero vivir si eso le produce a usted alguna satisfacción». Y el coronel comprendió que era ahora cuando escuchaba la verdad. Y fue ahora Juan quien ordenó al sargento que lo devolviera a su galería.

     Dos días después fue llamado, juzgado y condenado sin que amenazas ni golpes lograran en él una posición de firme. Le consolaba saber que el rostro del coronel nunca volvería a tener aquella mueca de satisfacción impune. Y solo dejó de odiar cuando pensó en su hermano.

CUARTA DERROTA: 1942 o “Los girasoles ciegos”

NARRADOR 1 (Se trata del hermano Salvador, es una epístola que dirige a un sacerdote a modo de confesión solicitando la absolución):

     Confiesa sentirse derrotado, y eso a pesar de haber presenciado ese mismo día el fusilamiento de un comunista. Le pide al destinatario -reverendo padre- su absolución o sus oraciones porque entiende que su pecado es imperdonable y duda de su propio arrepentimiento. Él se alistó en el “Glorioso Ejército Nacional” y combatió tres años. Vio lo mejor y lo peor del ser humano, y en el Monte Quemado mató. Los ideales se acaban perdiendo en la guerra. También conoció la carne y le resultó algo prodigioso.

NARRADOR 2 (Recuerdos de Lorenzo, niño en el relato, escritos en primera persona):
El tiempo altera los recuerdos, excepto de aquello que perdimos, eso queda como congelado en la memoria. Por eso, en sus recuerdos puede ver a su madre ya vieja, pero no a su padre ni al hermano Salvador, a ellos los recuerda jóvenes.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): A su regreso, fue incorporado como profesor de párvulos en el Colegio de la Sagrada Familia. Hablaba de la luz a sus discípulos, pero luz y tinieblas van unidas. Quizás por eso se fijó en un alumno que ya sabía leer cuando sus compañeros apenas balbuceaban.

NARRADOR 3: (Es el autor- narrador en perspectiva omnisciente) Cuando la madre lo despertaba, el padre estaba ya en la cocina calentando la leche que se tomaba caliente y migada con pan de centeno. Lorenzo no quería ir al Colegio porque el hermano Salvador le tenía manía. Mientras él desayunaba, la madre lo iba vistiendo. Sus protestas continuaban hasta que peinado la ida resultaba inevitable. No le gustaba mentir y fingir que su padre estaba muerto.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Él siempre vivió en un mundo en orden, con una infancia feliz, en una familia acomodada. Le llegó la vocación con naturalidad y entró en el Seminario feliz ante la perspectiva de una vida de sacrificio ofrecida a Dios. Por eso no estaba preparado para enfrentarse al mal y poco a poco fue perdiendo la batalla.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Vivió su infancia como mirando un espejo: a un lado lo fingido y al otro lado la realidad. Su mundo era su barrio. Más allá había otros barrios cuyas bandas infantiles eran rivales y se odiaban porque sí. En medio había un pasillo neutral que le conducía al Colegio de la Sagrada Familia. De todos sus recuerdos de infancia prevalece el que su padre viviera escondido en su propia casa.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): El hermano Salvador se vio reflejado en aquel niño y pensó que Lorenzo podía ser un buen pastor. Mantenía la compostura en el patio cuando se cantaba el “Cara al sol”, pero observó que solo movía los labios. Lo castigó a permanecer en el patio, brazo en alto, le gritaba que se trataba del himno de los que quieren dar la vida por la patria cuando una voz dulce lo interrumpió: “Mi hijo no quiere morir por nadie, quiere vivir para mí”. Era la madre de Lorenzo y en su mirada lo esperaba su desvarío.

NARRADOR 3 (Autor): Cuando se acostaba Lorenzo, Elena y Ricardo permanecían hablando a oscuras, susurrando. Ricardo solo podía salir de su escondite cuando había luz fuera, y ver la calle a través de las habitaciones del fondo, que daban a C/ Argel, durante el día. Después se convertía en una sombra que se movía sin hacer ruido. Querían escapar los tres juntos. Pero era complicado: Francia estaba deportando refugiados. Elena, la hija mayor, se había escapado con un poeta adolescente. Estaba entonces embarazada de 8 meses. No volvieron a saber de ella. El muchacho había publicado poemas en Mundo Obrero y en algún boletín de Ejército Popular. Salieron de Madrid en un camión de transporte de ganado.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Él creía saberlo todo hasta que conoció a Elena. Entre el mal y el bien hay un campo ambiguo que es lo humano. Y él no era más que un hombre.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Los balcones daban a la C/ Ayala, la zona humilde del bloque. Las ventanas eran un peligro porque podían ver a su padre. El ruido del ascensor los ponía en alerta y cuando se paraba en su planta, la tercera, contenían la respiración hasta que sonaba el timbre en cualquier otra puerta. Si alguien llamaba a casa, su padre se escondía en el armario que había en el dormitorio empotrado tras un tocador con dos mesillas a ambos lados de un espejo. Se había construido para aprovechar una irregularidad del piso y ahora servía como refugio. Había en el dormitorio también un armario de tres cuerpos con una gran luna en el que su derecha era la izquierda y viceversa. A eso, su padre lo llamaba puntos de vista. El armario olía a naftalina; el escondite de su padre, a humillación; las cárceles, a lejía y a frío.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): No volvió a obligar a cantar a Lorenzo, pero lo seguía al acabar las clases para encontrarse con su madre. Poco a poco comenzaron a hablar y él se sentía a gusto con ella. Creía que era la voluntad de Dios. El acompañarlos un trecho del camino se convirtió en hábito. Libraba su propia batalla interior.

NARRADOR 3 (Autor): Lorenzo no quería ir al Colegio e inventaba todo tipo de excusas. Pero tenían que llevarlo para evitar sospechas. “Tenemos que ser fuertes para ayudar a Papá. Él nos necesita” -le susurraba la madre al dejarlo en el Colegio. Después permanecía en la valla hasta que los niños empezaban a cantar el himno y se iba en Metro a trabajar. Lo hacía como traductora en Hélices, empresa hispano-alemana auxiliar de otras empresas aeronáuticas; aunque, en realidad, era su marido quien traducía los encargos en una vieja máquina de escribir «Underwood» negra. Solo podía usarse la máquina cuando Elena estaba en casa. También trabajaba ella con su máquina de coser «Singer», negra, para una lencería fina de la C/ Torrijos. Cuando regresó aquel día, la portera le dijo que un cura había ido a visitarla, que insistió en subir y había estado llamando a su casa.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Lorenzo lograba mantener su doble vida. Nada traía del exterior a su piso, ni siquiera los recuerdos o el miedo. Jugaba con los otros niños a esos juegos sin juguetes en los que siempre había víctimas y verdugos con castigos dolorosos -la taba, pídola, el rescate…-. Los otros niños hablaban de sus padres. El de Tino era picador y oficinista. Disfrutaban viéndolo llegar en el coche de cuadrillas que funcionaba con gasógeno, vestido de luces. Pepe Amigo presumía de que su padre cazaba pájaros en Paracuellos del Jarama. Tenía una motocicleta Gilera con las marchas en el depósito, había que soltar el manillar para cambiar, era todo una proeza. Tenía, además, la casa llena de jilgueros. Los dos hermanos Chaburre tenían 12 vacas en el patio que ordeñaba el padre. Él no podía hablar del suyo, y esa fue la única compensación que tuvo cuando se supo que vivía y lo cuidaba desde el interior de un armario.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Empezó a seguir a Elena y a informase. Por un alférez, Comisario en Gobernación, supo que el marido, Ricardo Mazo, profesor de Literatura en el instituto Galindo, constaba en los archivos como huido. Fue uno de los organizadores del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, Comisionado por el Gobierno en 1936 a Plymouth para alterar las resoluciones de No Intervención tomadas por las Trade-Unions inglesas. Tenían dos hijos. Elena, la mayor, nació en 1922 y Lorenzo, que tenía 7 años. No constaba su bautismo. Fue a la parroquia de Covadonga pero no pudieron facilitarle su fe de bautismo. Aunque habían nacido antes del alzamiento, la parroquia no había sido saqueada. También le extrañaba que nunca hablaran de Elena, la hija mayor.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Aunque era un niño, vivía en el miedo. Un día en que jugaban al parchís, arrancó el ascensor y se detuvo en el 3º. Su padre se escondió, su madre recogió un juego de fichas y a él lo acostó. Después fue a abrir la puerta, la estaban aporreando. Entonces recordó que no habían recogido los papeles que su padre había dejado en la mesa. Se levantó y sigilosamente los recogió. Oía voces desabridas que insultaban a su madre. Echó las hojas en el armario donde “…se escondía mi padre y su silencio”.

NARRADOR 3 (Autor): Llegaron 4 hombres gritones a registrar la casa. Un joven “dandi” iba al mando. Llevaron a Elena a la cocina y mientras dos de ellos la interrogaban, otros dos registraron el piso. Dejaron una pistola sobre la mesa de mármol. Elena contestó al interrogatorio como pudo, eran preguntas caóticas, rápidas, salpicadas de insultos y procacidades. El interrogatorio se interrumpió cuando uno de ellos apareció arrastrando a Lorenzo de una oreja. Después lo revolvieron todo, pero no encontraron el armario.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Elena pide a Ricardo que no siga bebiendo, no quiere que Lorenzo lo vea así. Le retira la botella y cuando regresa lo encuentra en el balcón. Serían las 10 de la noche. Se arrojó sobre él para apartarlo y quedaron tumbados en el suelo. Lo que horrorizaba a Ricardo era pensar que alguien quisiera matarlo por sus ideas, o que matar fuera la única solución. Elena recogió los pedazos de su marido deshecho y lo llevó dulcemente al dormitorio. Y allí tuvo que ayudarle, recomponerlo, suavemente hasta que acabaron haciendo el amor en silencio.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Nunca hablaban de sus recuerdos de la guerra. Se había impuesto el léxico de los ganadores donde Franco y Primo de Rivera eran los “salvadores”, las víctimas eran “héroes” y los muertos, “caídos por la Patria”. Javier Ruiz Tapiador eran un amigo de familia acomodada que vestía de tarde en tarde el traje de flecha. Tenía un hermano mayor, Carlos, que los aterrorizaba con historias de miedo de niños acosados por leprosos carnívoros. Una pesadilla que lo persiguió en su infancia.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Quiere contar la verdad, pero no logra encontrar el arrepentimiento: nadie le enseñó a distinguir entre el amor y la lascivia.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Siempre tuvo miedo de los leprosos.

NARRADOR 3 (Autor): Ricardo se fue volviendo más taciturno. Se alteraba si le hablaban de la vida exterior. No soportaba pensar que allí se había vuelto a la rutina en el olvido. Apenas era ya una sombra de lo que fue, parecía que quisiera ser transparente. Solo la insistencia de Elena y su ternura lograban sacarlo de ese estado. El hombre resuelto que había sido solo aparecía cuando Lorenzo estaba en casa.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Por evitar sospechas, a veces, iban amigos a jugar a su casa. El padre se encerraba en el armario con sus libros y un candil de carburo. Por fortuna, el mal carácter de la portera y su marido, Casto, evitaba visitas imprevistas. Recuerda una vez que tuvo su padre que salir con una descomposición y los amigos lo entrevieron por los cristales de la puerta. La madre inventó la historia de un fantasma que todos aceptaron para seguir jugando al parchís sin más preguntas. Pero el ruido de la cisterna les heló la sangre. La madre afirmó con naturalidad que el fantasma siempre hacía lo mismo: tiraba de la cisterna y luego desaparecía. Después de saberlo, todos siguieron jugando al parchís.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Un día siguió a Elena hasta un piso que resultó un taller de ropa íntima. Le molestó pensar en aquellas manos tejiendo prendas destinadas a mujeres disolutas. Sin pensarlo, le cogió las manos y se las llevó a su rostro. Cuando la miró, ella lloraba. Las costureras los miraban. Él creyó que ella estaba conmovida al comprobar la intensidad de su afecto. Balbuceó una excusa y regresó al Colegio sintiéndose satisfecho. Tuvo que morir un hombre para que comprendiera lo equivocado que estaba.

NARRADOR 3 (Autor): El hermano Salvador interrogó a Lorenzo por su padre. Estaba muerto. Su madre, a veces, era ayudada por la Señora Eulalia, pero ahora estaba en la cárcel por estraperlista. Su madre la conocía desde niña. Los jueves a las 6, iban a la cárcel de Las Ventas a verla. Se situaban en la acera de enfrente y un pañuelo ondeando entre las rejas era la señal de que estaba recuperando fuerzas para seguir viviendo. Y el hermano Salvador se sintió lleno de regocijo por las respuestas de Lorenzo: todo estaba en su sitio.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Un amigo del grupo, Silverín, cuyo padre era un apocado y su madre un encanto, no se acercó un día a besar la mano del párroco de la iglesia de Covadonga como hicieron todos: “¿Creéis que los curas no se limpian el culo?”. Aquello le supuso a Lorenzo una revelación: sus padres tenían miedo de decirle lo que pensaban y ahora él sentía miedo de saberlo. Los secretos eran otra forma de complicidad.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Su afecto por Elena había ido creciendo hasta llevarlo a pensar en renunciar a su sacerdocio. La veía desvalida, viuda, sin noticias de su hija y con la obligación de criar a Lorenzo. Acudió a su casa para sincerarse con ella, pero nunca lograba encontrarla. El hermano Arcediano, el Superior, llegó a llamarle la atención por tanta salida, a pesar de que formara parte de sus obligaciones el recaudar fondos. Y tenía razón, porque las oraciones se le hacían interminables.

NARRADOR 3 (Autor): Ricardo dejó de escribir en la «Underwood» y Elena de limpiar lentejas cuando el ascensor se puso en marcha y se detuvo en la 3ª planta. Ricardo se escondió y ella comprobó que todo estaba en orden. Abrió el balcón. Sonó el timbre y era el hermano Salvador. Tuvo que dejarlo entrar, lo acompañó al comedor, le ofreció agua pero él pidió vino. Quería hablarle de Lorenzo: podía ser el primero, el mejor, él podía conseguir que entrara en el Seminario. Le daría una buena formación y eso no significaba que tuviera que ser sacerdote. Él ya no quería ser sacerdote. Ante la sorpresa de Elena, le aclaró que solo era diácono, pero que esperaba formar algún día una familia.
Cuando pasó al servició, Elena aprovechó para comprobar que todo estaba en orden. Regresó del baño exhibiendo una cuchilla de afeitar. Elena, simulando un pudor que ocultaba su rabia, le dijo que la usaba ella para afeitarse las piernas. Subió su falda para demostrarlo. El hermano Salvador se arrodilló para acariciar su pantorrilla y ella, entonces, maldijo el ser atractiva. Tenía miedo de gritar, estaba indefensa.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Desde un descampado vecino al cine Argel, a través de la puerta de zinc, los niños oían las bandas sonoras de las películas. Allí descubrió lo prohibido. Junto al portal de su casa vivía Ceferino, el carbonero, y su mujer Blanca, que tenía aspecto de viuda. Tenían 2 hijos: Luis que sabía mucho de mundo y el otro, ¿Juan? con una capacidad de ira inolvidable. Luis tenía 7 u 8 años más y los llevaba a oír la bandas sonoras de las películas 4, las más peligrosas según la clasificación eclesiástica. Vendían con las entradas unos escudos “para la reconstrucción nacional”. “Cruzada” significaba, en realidad “guerra”; “nacional”, “vencedor; “voluntario”, “obligatorio”; y todo se aceptaba sin rechistar.
     Junto a la puerta de zinc del cine oían los diálogos que no entendían pero que el hijo del carbonero interpretaba para ellos. Así aprendió los primeros secretos que tuvo que ocultar a sus padres. Se empezó a sentir sabio, y a comprender frases y gestos que antes no entendía. El cuerpo estaba proscrito, el dolor era bueno y el placer malo. A la salud se llegaba por el sacrificio y a la enfermedad por los instintos. A veces, fingía dormir para escuchar a sus padres pecar. Hoy recuerda con nostalgia su silencio.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Todo lo que él creyó victoria se transformó en fracaso por la concupiscencia. Vivía obsesionado por Elena. Fue a su casa para proponerle que entrara Lorenzo en el Seminario, hablaron. Y, de pronto, se encontró arrodillado ante ella. Elena le atrajo y lo rechazó. Aquello lo enloqueció y aún no sabe si recobró la cordura.

NARRADOR 3 (Autor): Debían escapar, podían dejar a Lorenzo con sus tíos en Méntrida. Pero Elena quería que fueran los 3. Debían ir en autobuses, en trayectos cortos. Podían llegar hasta Almería y pasar a Marruecos. Debían vender lo que pudieran, conseguir dinero. Lorenzo llevó una carta al Colegio explicando que debían operarlo de anginas. El hermano Salvador le preguntó por qué no lo acompañaba ya su madre al colegio y el niño explicó que también tenía anginas.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Lorenzó no preguntó por qué su madre ya no lo acompañaba. Ella había hablado con las taquilleras del Metro para que lo dejaran atravesar el cruce más peligroso del trayecto a la escuela. El Metro olía a ropa usada y a aliento y tenía luz mortecina. Imaginaba a los leprosos en el tunel y el chirriar de los trenes se le representaba sus gritos moribundos.
     Su padre salía cada vez menos. A él le gustaba acurrucarse juntos en su armario y permanecer a su lado. Llegó un momento en que no salía ni para comer, y aquel armario comenzó a oler como el Metro. Sin embargo, el ir y venir al Colegio, solo, le trajo una nueva sensación de libertad. Un día descubrió que el hermano Salvador lo seguía.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Pidió autorización para abandonar el convento y el colegio y se instaló en una pensión. Se sentía perdido. Una mujer le había arrebatado todo aquello en lo que había creído. Necesitaba saber por qué no le correspondía.

NARRADOR 3 (Autor): Los muebles fueron vendiéndose y desapareciendo. Ricardo podía enfermar y había que precipitar la huida. Estaban solos, no podían acudir a nadie. Ricardo ya no salía, el niño le leía pasajes de Lewis Carroll para animarlo. Ya casí habían reunido el dinero cuando un día sonó el timbre. Era el hermano Salvador vestido de seglar. Preguntó por Lorenzo.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Debió avisar a sus padres de que el hermano Salvador lo seguía. No estaban preparados. Llegó furioso y su madre tuvo que dejarlo pasar. Encontró a Lorenzo en la cocina, fingía leer Alicia en el país de las maravillas. Le pidió que le dejara hablar a solas con la madre. Cuando acudió a los gritos de su madre vio cómo su padre se abalanzaba sobre el hermano Salvador “…que estaba a horcajadas sobre ella”.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Había sido un instrumento de Dios. Arremetió contra ella llevado por un deseo desconocido para él, pero eso fue lo que hizo salir al marido escondido (“el instigador del mal, el abyecto organizador de ese entramado de mentiras”).

NARRADOR 3 (Autor): Pasado el primer momento de estupor, al hermano Salvador le bastó un manotazo para sacudirse de encima a Ricardo. Preguntó a Lorenzo, inmóvil en la puerta, quién era aquel: “Es mi padre, hijo de puta”. Y entonces se marchó gritando: llamaba a la Policía.

NARRADOR 2 (Lorenzo): El padre parecía un alfeñique. Los tres se abrazaron llorando. Todo había llegado a su fin.

NARRADOR 3 (Autor): Ricardo logró levantarse a duras penas y avanzó por el pasillo. A los gritos del diácono, algunos rostros comenzaban a asomar por las ventanas.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Buscaba justicia y no venganza. El maligno trocó su orgullo en remordimiento y lo humilló.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Recuerda a su padre sentado en el alfeizar de la ventana del pasillo. Se arrojó al vacío. Recuerda que se despidió de ellos, aunque la madre dice que no pronunció una sola palabra.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Se suicidó para cargar sobre su conciencia (de Salvador) su perdición y arrebatarle la gloria de haber hecho justicia.

NARRADOR 3 (Autor): Antes de arrojarse al vacío, Ricardo miró a su mujer y a su hijo y sonrió.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Su madre debía tener razón porque el recuerdo de su padre sonriendo mientras caía no pudo existir. Él era pequeño y no alcanzaba a asomarse a la ventana.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): “Aquí termina mi confesión”. Solicita la absolución, renuncia al sacerdocio. “…en el futuro vivirá como uno más entre los girasoles ciegos”.

ENLACES RELACIONADOS:

Sobre el sentimiento de fracaso ante la guerra: Memorias de José Cruz Conde.

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