LOS GIRASOLES CIEGOS. Alberto Méndez. Anagrama, 2004 (RESUMEN DE LA OBRA)

Los girasoles ciegos

                                                          LOS GIRASOLES CIEGOS

NOTA PREVIA DE JOSÉ CARLOS ARANDA: Estás ante el resumen de una obra realmente magistral. El hecho de que sea lectura recomendada en las pruebas de Selectividad de Andalucía me ha llevado a realizar esta síntesis del argumento respetando la estructura de los contenidos -sustituyo la 1ª persona en la narración por la 3ª-, para permitir a mis alumnos el repaso del argumento de forma rápida pero pormenorizada. No solo basta con leer, en estos casos, hay que refrescar la memoria de cara al examen. No obstante, el resumen no puede sustituir la lectura. Las diferentes «derrotas» se plantean desde distintas técnicas narrativas, pero además el autor cambia continuamente las perspectivas recreando diversos universos separados por la derrota, la edad, la situación vital, la experiencia: el militar del capitán Alegría, el «eclesiástico» del hermano Salvador -que nos recuerda el epistolario de Luisito en Pepita Jiménez– de Juan Valera, el «infantil» de Lorenzo -que nos recuerda la perspectiva del Mochuelo en El camino de Miguel Delibes-, además del propio narrador que va trabando las piezas del puzzle; o el lenguaje poético impregnado de Miguel Hernández en ese poeta demasiado joven para sufrir tanto. El autor logra que sintamos miedo al ruido y pánico al silencio y nos trae los olores y las sensaciones de una época marcada por la postguerra. Una obra de una enorme dureza envuelta en seda que nos vomita el sinsentido de la guerra.  A aquellos que lleguéis a estas páginas, os ruego que leáis el original. No os arrepentiréis.

LOS GIRASOLES CIEGOS de Alberto Méndez.

INTRODUCCIÓN DE CARLOS PIERA A TOMÁS SEGOVIA: «EN LOS OJOS DEL DÍA», ANTOLOGÍA POÉTICA:
«Superar exige asumir el duelo […] que se patentiza [en] su ausencia definitiva [la del muerto]. En España no se ha cumplido con el duelo».

PRIMERA DERROTA: 1939 o «SI EL CORAZÓN DEJARA DE LATIR»:

     El capitán Alegría se entregó al enemigo: «¡Soy un rendido!». Era una frase meditada porque primero se rindió y luego se entregó. Había que elegir entre ganar la guerra o conquistar un cementerio y él había rechazado ambas opciones (carta a su novia Inés, enero de 1938). Sólo se escuchaba el silencio de la noche y el bombardeo a lo lejos sobre Madrid cuando cruzó entre las trincheras.

Su rendición comenzó dos meses atrás. Pensaba que el sentido de la guerra sólo era mera supervivencia y una amalgama de crueldades tanto para la víctima como para el verdugo (carta a su profesor de Derecho Natural de Salamanca). Había estado tres años en Intendencia controlando milimétricamente los suministros, escrutando la derrota. Al principio pensó que al enemigo le faltaba alma de ejército, pero se dio cuenta de que el problema es que era un «ejército civil» que no podía sino perder frente a los militares.

El no era un desertor, sino un rendido porque seguía siendo enemigo después de su rendición. Según su opinión, los republicanos hubieran humillado más a Franco rindiéndose el primer día porque sin muertos no hay gloria, solo derrotados.

La falta de cualidades del capitán Alegría hizo que sus superiores lo destinaran a Intendencia cuando se incorporó al ejército sublevado en julio de 1936. Su labor de gestión fue tan eficaz que a finales de 1938 era ya capitán, pero con el pasar de los muertos se había convertido en un «vivo rutinario». Cuando llegó a la trinchera enemiga, y los sorprendidos enemigos le quitaron la pistola, estaba sin estrenar. Obedeció escrupulosamente las órdenes que le dieron. Cuando le preguntaron por qué se entregaba, respondió que el Comité de Defensa de Madrid estaba a punto de rendirse. Aquellos soldados sin uniforme lo tomaron por loco. Quiso explicarse, no lo dejaron. Él no comprendía que aquellos desastrados actuaran como si no fueran conscientes de que su muerte [la de ellos] era inevitable.

A las 3 de la mañana fue conducido en una furgoneta hasta Madrid. A la altura de Bravo Murillo subieron a un herido con el hombro destrozado, sangraba. Trató de detener la hemorragia. Al verle el uniforme, el herido sugiere que lo maten. Lo dejaron en el Hospital General de Cuatro Caminos. Ellos siguieron destartaladamente hasta el Cuartel General. Los transeuntes iban aumentando a medida que se acercaban al centro de Madrid.

     Ya en la Capitanía se tranquilizó. Allí, entre militares, sabía cómo actuar. Volvía a estar en su sitio. Pero, a pesar de su uniforme nacional, nadie le prestaba atención. No estaba atado, podría haber escapado. Allí estaban demasiado ocupados cargando documentos con prisas en furgonetas, o quemándolos en hogueras en el patio. Él, en posición de descanso, lo observaba todo. Finalmente, dos «números» armados lo condujeron hasta un calabozo del sótano. Había otro preso, desalmado y enfermizo, le pide picadura, pero él no fuma. El capitán se retiró hasta el rincón más alejado, se dejó caer.

     El capitán Alegría pertenecía a la nobleza rural, nació en 1912, casa con arcos de piedra y escudo heráldico. Estudió Derecho en Madrid y Salamanca. Jiménez de Assúa le enseñó que el legislador debe tomar partido para ser igualitario. Después aprendió que la ley no elige nada. Tuvo una relación formal de jovencito con Inés Hoyuelos, hija de unos abaceros. Se unió al bando sublevado como algo natural para defender lo suyo. Y allí administró para que otros murieran. En el último parte que firma, se define a sí mismo como «un círculo cuadrado que abominando de su enemigo no quiere sentirse responsable de su derrota».

     Al amanecer, evacuaron la Capitanía. A las 10 de la mañana no quedaba nadie excepto los dos prisioneros. El nuevo ejército fue ocupando el edificio. Un coronel y tres escoltas abrieron el calabozo y él les explica que se rindió esa misma mañana. El coronel guarda su cartilla estupefacto y vuelven a cerrar el calabozo dejándolos encerrados. El cabo 1º, el otro prisionero, sabía que el estar encerrado podía ser su salvación, como de hecho lo fue.

     Pronto empezaron a llegar prisioneros hasta estar hacinados. Entre ellos reconoció al herido en el hombro que coincidió con él en el camino. Se salvó porque le estaban amputando el brazo justo cuando lo sentenciaban a muerte. A los 3 días comenzaron a trasladar presos. Lo llevaron al aérodromo de Barajas donde juzgaban a los militares de graduación. Allí lo dejaron ignorado. Pasó miedo -lo cuenta en una carta a la novia-. Se debilitó entre desmayos y vómitos. Unos falangistas le tomaron la filiación. Los prisioneros eran humillados. Fueron despojados de su graduación y de sus efectos personales. El coronel Luzón se negó a entregar unas insignias ganadas en el campo de batalla. Le dieron un tiro en la cabeza y alegaron intento de fuga.

     Allí estuvo desde el 4 al 8 de abril que lo llamaron. Se reproduce el Acta del Juicio Sumarísimo en el que el capitán Alegría es condenado a morir fusilado. Preguntado por el motivo de su traición, responde que el avance de las tropas nacionales -descrito minuciosamente- hacía inevitable la derrota inminente de los republicanos. Finalmente es mandado callar. Su cargo en la Intendencia le había proporcionado todo el conocimiento de la evolución de la guerra. Finalmente, vuelto a preguntar, arguye que «se rindió» porque no querían ganar al Frente Popular, querían matarlos. Culpable del delito de traición es condenado a muerte.

     Los hechos ahora son confusos. Volvió al hangar y escribió 3 cartas: una a Inés, otra a sus padres y, la última, a Franco para decirle que lo sucedido sería imposible de olvidar. Sus padres nunca recibieron la suya y murieron de tristeza. En otra carta a Inés se constata cómo se está convirtiendo en un despojo humano en total soledad. Tuvo que esperar 9 días viendo como grupos de presos eran llevados a la muerte. Insoportable para una mente metódica y ordenada como la suya. El día 18 lo subieron con otros a un camión. Alguien apretó su mano. Desapareció la soledad: había entrado en la comunidad de los vencidos. «Perdonadme» -dijo. Llegaron a las 8 de la mañana a Arganda del Rey. Un sacerdote impartió su bendición y el pelotón de fusilamiento disparó.

     Despertó en la fosa común atrapado entre los muertos. Se dio cuenta de que estaba vivo al escuchar su propio llanto. Una bala le rozó la cabeza abriéndole una brecha pero sin romper el hueso. Venciendo el dolor y haciendo acopio de fuerzas fue liberándose de los cuerpos que lo enterraban. Se arrastró fuera. Había perdido sus gafas y la herida volvía a sangrar. Estaba anocheciendo.

     Lo encontraron agonizante en los campos de La Acebeda unos labriegos que lo descubrieron vivo cuando trataban de robarle las botas. Después de dudar, una anciana resolvió cuidarlo («Todos somos hijos de Dios, hasta éstos»). Lo atendieron durante 3 días allí mismo, tumbado entre las jaras. La generosidad de estos vencidos le hizo pensar que algo humano había sobrevivido a la guerra. Lo que le torturaba entonces no era el miedo, sino la vergüenza por su hedor y podredumbre. Al cuarto día, comido por la fiebre, emprendió el camino hacia Huérmeces, su pueblo, donde quería morir.

     Fue por caminos aislados pero próximos a la carretera por miedo a desfallecer. Se tumbaría entonces en el camino para ser encontrado y enterrado. Tres días duró la travesía. Llegó a Somosierra al atardecer. Allí se encontró con una patrulla de carretera. Sintió melancolía. Los observó: actuaban con desgana. Fue entonces cuando debió escribir las notas que se le encontraron cuando se suicidó de un disparo en la cabeza con el fusil de uno de los guardianes. También los vencedores son «carne de vencidos», sólo los separará el rencor.  Ambos temerán al vencedor real de unos y otros y sólo algunos muertos serán considerados protagonistas de la guerra.

     Arrastrándose, se acercó al cuerpo de guardia para decir entre sollozos: «Soy uno de los vuestros».

SEGUNDA DERROTA: 1940 o «MANUSCRITO ENCONTRADO EN EL OLVIDO»

     En 1952, buscando unos documentos en el Archivo General de la Guardia Civil, encontró un sobre amarillo que contenía un cuaderno con pastas de hule. El sobre fue encontrado en 1940, en unos prados de Somiedo, junto a los cadáveres de un adulto y un niño de pecho. Estaban tumbados en un jergón, sobre un saco y tapados con una manta blanca. La libreta estaba en un taburete con una piedra pesada encima. En el techo de la cabaña colgaba un vestido negro de mujer. La caligrafía se va haciendo más pequeña y minuciosa a medida que avanza el relato. Lo que viene a continuación es la transcripción:

PÁGINA 1: Elena ha muerto pero el recién nacido vive. Piensa en dejar morir al niño. La vida no tiene sentido sin Elena.

PÁGINA 2: Un muerte tan temprana es injusta. Permanece inmóvil decidido a morir con su hijo junto a Elena. Al margen se lee: «¿Es este niño la causa de la muerte o su fruto?

PÁGINA 3: Pide que quien encuentre sus cadáveres esparza sus restos por los montes. Se siente culpable de haber podido evitar lo ocurrido. Solo sabe escribir y hacerlo le ayuda a no recordar. El niño no deja de llorar. Aunque es octubre, las noches son ya invernales. El niño ha dejado de llorar, al moverlo tiene la sensación de que alguien le hubiera quitado el esqueleto. Aún respira.

PÁGINA 4: Elena ha perdido el color. Ha soltado su mano. Ya no hay caricias en ella y no quiere que ése sea su último recuerdo. El niño está exhausto junto a ella. Cuando escapó de los fascistas ella se empeñó en seguirlo y no pudo disuadirla. Se equivocaron. Rememora a su amigo Miguel (Hernández) cuando piensa dejarse morir en los prados para que nazcan flores en las cuencas de los ojos de su calavera. Miguel lo llamaba «el arquero proletario». Elena quería a Miguel por eso.

PÁGINA 5: Se pregunta si Elena hubiera querido que el niño viviera. No puede ser bueno un dios que no permita reescribir el pasado para evitar el error que la condujo a la muerte. Se duerme pero el llanto del niño lo despierta. Su lamento cambia la rabia en pena. Lleva tres días sin comer nada. Le arrima un trapo mojado en leche aguada que el niño acaba sorbiendo con avidez hasta quedarse dormido.

PÁGINA 6: Hace una cuna improvisada que cubre con una colcha de ganchillo que Elena heredó de su abuela  y se empeñó en llevar consigo. La vida del niño junto a la muerte en la madre ha trazado una raya. Se le está secando el cordón umbilical y llora (un dibujo representa una estrella fugaz chocando contra la luna).

PÁGINA 7: Él aún no ha comido. Hoy enterrará a Elena. El niño parece saciarse. Hay vacas abandonadas en el valle que necesitan ser ordeñadas o morirán. Está lloviendo. Ha logrado acorralar dos vacas, una de ellas tiene mastitis. Habrá que sacrificarla.

PÁGINA 8: Ayer enterró el cuerpo en descomposición de Elena entre sollozos. La muerte no es contagiosa pero la derrota sí. Elena murió de derrota como lo harán él y su hijo. Ha colocado una gran piedra blanca, sin nombre, los ángeles sabrán encontrarla. Recuerda unos versos de Garcilaso en que el poeta pide a su amada que reciba sus lágrimas hasta que la muerte vuelva a reunirlos.

PÁGINA 9: Se alegra de escribir el diario pensando en la posibilidad de que alguien lo lea. Hace frío, pronto nevará. Todo un invierno por delante para decidir cómo morir.

PÁGINA 10: (Dibujos: 3 rostros de niño, 2 de mujer, rostros de ancianos. Bajo ellos una frase: «¿Dónde yacéis?») Hay que matar la vaca enferma, pero debe esperar a que se formen neveros para conservarla. Confía en poder alimentar la otra vaca. Hay leña en abundancia. Se le acaba el lápiz y quisiera que quien encuentre sus cadáveres en primavera supiera quiénes son («Soy un poeta sin versos»).

PÁGINA 11: Ha nevado. Parte de la vaca sacrificada la ha ahumado, otra parte la ha congelado. La otra vaca da leche. El niño vive. Le da sopa de boniatos. Se ha hecho ya el centro de su vida. Los ruidos que emite lo llenan todo.

PÁGINA 12: Ha encontrado los restos de una cabra montesa medio devorada por los lobos. Usará sus restos como alimento. Su mente se va con sus padres y el inicio de la guerra en su aldea cuando mataron al maestro, don Servando, y quemaron sus libros. Él no hubiera desterrado a los poetas. ¿Qué le llevó a Madrid? Sólo llevó la palabra y sus dibujos al campo de batalla para consolar a los heridos.

PÁGINA 13: El niño crece. Relee el cuaderno y también él está cambiando: «Y si pierdo la ira, ¿qué me queda? Hace un frío intenso. Tiene miedo de que el niño enferme, de que muera la vaca, de enfermar, de ser descubiertos. El viento aúlla.

PÁGINA 14: Ha matado un lobo que merodeaba. Dejó una rendija en la puerta, le atrapó la cabeza, un hachazo. Ahora tienen comida, pero ha vuelto a tener contacto con la muerte (dibujo de un niño jugando a lomos de un lobo en un prado florido)

PÁGINA 15: Anota un poema en el que un lobo y un niño, tras dialogar, mueren ambos de hambre antes de hacerse daño: «…evitándose el engaño / de que para sobrevivir dos personas que se quieran / sea siempre necesario / que, al margen de los afectos, unos vivan y otros mueran».

PÁGINA 16: El frío los debilita. Nieva. Tiene dificultades para cortar leña. La vaca, el niño y él están muy delgados pero aún da suficiente leche para los dos. El niño aún no tiene nombre. Siguiendo las huellas de un animal ha visto a unos leñadores. Ha sentido miedo. Tanto si se quedan como si se van, morirán. No sabe en qué mes está, ¿navidades?

PÁGINA 17: «Que muera yo puede ser justo, que muera el niño solo necesario» ¿Qué le contaría a su hijo sobre su madre, sobre Caviades, sobre sus abuelos, sobre sí mismo? …que había sido un rapsoda entre balas y ahora su sepulturero.

PÁGINA 18: Rodeados de nieve falta la comida. El niño se debilita. Ni siquiera con el hacha logra rebanar algo de la vaca congelada. Al tratar de desenterrarla, encontró en la nieve…

PÁGINA 19: Un animal muerto del que nada quedaba aprovechable (un dibujo: la cabeza de una vaca. Debajo hay una frase: «¿Dónde estará el paraíso de las vacas?»). Piensa en matar la otra vaca, pero no podría conservarla, en los neveros la encontrarían los lobos, en la cabaña se pudriría (aquí hay 9 hojas arrancadas cuidadosamente. La numeración no se interrumpe).

PÁGINA 20: El niño está enfermo y ha matado la vaca para alimentarlo. Lo abraza, tiene fiebre. Le canta una canción de Federico: «Llanto de calavera / que espera un beso de oro / (Fuera viento umbrío / y estrellas turbias)». Ya no recuerda sus versos, pero en su mente resuenan mil nanas para su hijo, todas con la misma letra: Elena. Lo besa por primera vez. El miedo, el frío, el hambre y la soledad desalojan la ternura.

PÁGINA 21: Huele a podrido pero solo recuerda el olor del hinojo («Ah, sin ti no soy nada»)

PÁGINA 22: Había perdido el lápiz. Había estado un tiempo sin escribir. Subido a un tronco, rodeado de nieve, experimenta una sensación indescifrable que ahora reconoce: era soledad. Tiene la sensación de que todo acabará cuando acabe el diario, se demora en escribir. Su última palabra será «melancolía».

PÁGINA 23: El niño ha muerto. Lo llamará Rafael. No tenía nombre. No ha sido capaz de mantenerlo vivo. El resto de la página repite hasta 63 veces la palabra «Rafael» con caligrafía primorosa.

PÁGINA 24: 62 veces «Rafael».

PÁGINA 25: 119 veces «Rafael» (letra mucho más pequeña).

PÁGINA 26: Escrita con un tizón apagado y emborronado. Parece poner:»Infame turba de nocturnas aves».

NOTA DEL EDITOR: En 1954 visitó el pueblo de Caviedes. Está en Santander, en la montaña, próximo al mar que no se ve. El maestro, don Servando, fue ajusticiado en 1937 por republicano. Su mejor alumno marchó a la guerra. Los padres de éste, Rafael y Felisa, murieron de pena al terminar la contienda. Nadie volvió a saber de él. Era poeta y se llamaba Eulalio Ceballos Suárez. Si era él el autor del manuscrito, tendría 18 años y «…creo que no es edad para tanto sufrimiento».

TERCERA DERROTA: 1941 o «El idioma de los muertos»

     Juan Senra, profesor de chelo, prisionero, se había quedado en los huesos. Cuando fue llamado a declarar, el coronel Eymar -bajito, fumador de uñas amarillas, cuello enjuto, bigotillo horizontal, pecho empedrado de condecoraciones- actuaba de juez. Con él estaban en el interrogatorio el capitán Martínez, el alférez Rioboo y el teniente Alonso -albino y grueso parecía un muñeco de nieve- que ejercía de Secretario del Tribunal.

     Cuando le preguntó el coronel le dijo que sí lo había conocido, en la cárcel de Porlier, cuando lo trasladaron de la checa de Chamberil en mayo de 1938 donde él pertenecía al Cuerpo de Enfermeros donde fue destinado por estar estudiando tercero de Medicina y Música. Era una verdad a medias. Juan Senra era un masón, organizador del presidio popular, comunista, soltero y criminal de guerra, según la acusación. Pero dijo conocer a Miguelito, hijo del coronel fusilado por los rojos. Todos los días, Violeta, la mujer del coronel, se lo recordaba, que indagara sobre él. El coronel le dijo a Juan que Miguelito era su hijo y quiso saber de qué hablaron. Juan respondió que de él, que de la patria no habían hablado. Y el coronel se emocionó porque nadie hasta ahora le había dado noticias de su hijo. Juan recordaba perfectamente a Miguelito, pero se guardó la verdad.

     Una clase servía de sala del tribunal. Un encerado, un crucifijo y la fotografía de Franco. Tres soldados de guardia parecían estatuas al fondo de la sala. Se hizo el silencio.

     Juan se apoyó un instante en la mesa del secretario y un palmetazo y un golpe en el costado lo devolvieron a la posición de «firmes» para caer blandamente hasta el suelo, enrollado sobre sí mismo. Hacía mucho frío.

     Fue arrastrado hasta el calabozo. Alguien lo llamó por su nombre. Eso lo reconfortó. Le preguntaron qué le habían hecho. Perdió el conocimiento. Al amanecer lo separaron de sus compañeros para llevarlo a la segunda galería de la cárcel. Allí iban los que aún no habían sido condenados. A la cuarta los que ya lo habían sido. Al llegar a la segunda galería lo asaltaron a preguntas: no, no lo habían torturado. No sabía por qué lo habían devuelto allí. El miedo fue, probablemente la causa del desmayo. Eduardo López dio por buenas las respuestas y cesó el interrogatorio. Eduardo pertenecía al Partido Comunista, fue organizador de la resistencia en Madrid, se ocupaba de organizar actividades en la cárcel que mantuvieran ocupadas las mentes de los condenados. Actuaba de líder.

     Cogió su escudilla, significaba que aún comería otro día, y se acurrucó en un rincón. Pensó en la carta que le envió a su hermano. En ella debió hablarle de sentimientos. No lo hizo y se arrepentía. El silencio de la noche anticipaba la muerte. A las 5 empezarían a llamar a reclusos, los meterían en un camión y los llevarían a fusilar al cementerio de la Almudena. Pero serían de la 4ª galería y él estaba en la 2ª. Aún debía ser juzgado y condenado. Eso era tiempo y el tiempo, por poco que fuera, podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Sabían por el alférez capellán que disminuía el número de condenas a muerte con el paso del tiempo. Había que resistir y pasar desapercibido. Poco a poco, los gestos de rebeldía y solidaridad ante la barbarie se fueron apagando en los presos.

     No fue llamado al día siguiente. Comió dos veces sopicaldo templado y se entretuvo despiojando a un muchacho. Le devolvieron la carta que enviara a su hermano censurada. Todas las líneas habían sido tachadas. El muchacho se llamaba Eugenio Paz, tenía 16 años y era de Brunete. Se hizo republicano por ir contra su tío. Su tío era propietario del bar del pueblo y maltrataba a su madre que trabajaba para él limpiando y cocinando. Hizo la guerra como quien participa en un juego y llegó hasta el final actuando como francotirador cuando las tropas de Franco entraron en Madrid. Lo arrestaron por violar el toque de queda cuando iba a reunirse con su novia en un portal del barrio de Salamanca. Pero durante tres días, con su rifle, él fue el juez y el verdugo. Ahora, en la cárcel, sabía lo que era la derrota. Su novia estaba embarazada. Igual pensaba que él se había ido con otra. Era inocente como un niño, no odiaba a sus enemigos, sencillamente esta vez le había tocado perder.

     Al día siguiente lo volvieron a llamar al tribunal. Todos sus compañeros de lista fueron condenados a muerte, pero a él lo dejaron para el final. En la sala había una mujer con gesto severo -abrigo de astracán, bolso negro-. El coronel le preguntó por qué recordaba a su hijo y Juan respondió que porque era bueno haciendo juegos de prestidigitación. Los ojos del coronel buscaron los de la mujer. Que por qué estaba preso, le preguntó, y él sabía que por estraperlo con medicamentos caducados, por comercio ilegal con nafta y carburantes, por asesino. «Por pertenecer a la quinta columna» -respondió-. «Por ser un héroe, hijo de puta» le gritó Rioboo. Que por qué lo mataron, y él contestó que ni lo había arrestado ni lo había matado, que simplemente era un enfermero que trabajaba en la cárcel a la que lo llevaron y que habló con él muchas veces. Pero sabía y se calló que Miguelito mató a un pastor para robar sus corderos y venderlos (Fuencarral) y que el hijo del pastor le había clavado un bieldo en la barriga, que hubo de ser operado. Así lo conoció. La mujer, haciendo caso omiso al coronel se levantó para preguntarle de qué hablaban. Hablaban un poco de todo… y su mente comenzó a urdir una mentira bella. Le preguntó dónde tenía una cicatriz. En el muslo derecho que se la vio haciéndole las curas de la operación de «apendicitis»: «Era un buen paciente».

     La mujer siguió acercándose hasta que logró decir «Era mi hijo». El coronel se adelantó para situarse junto a ella. Se acabó la sesión y, de regreso, tuvo que soportar las miradas de sus compañeros cuando él era conducido de nuevo a la segunda galería y no a la cuarta. Llegó ya tarde y se durmió solo y acurrucado, abrazado a su escudilla sin saber por qué seguía vivo. Fue entonces cuando trató de imaginar en qué idioma hablarían los difuntos.

     Se despertó queriendo escribir  a su hermano. Espoz y Mina le proporcionarían el papel y el lápiz que necesitaba. Eran dos soldados nacionales condenados que gozaban de privilegios y actuaban como intermediarios entre los carceleros y los presos. A cambio de un calcetín obtuvo un lápiz y tres cuartillas. Inicia una nueva carta donde recomienda a su hermano que busque un trabajo, pero no en la serrería porque sus pulmones no lo resistirían. Quizás el tío Luis pueda darle trabajo en la abacería. Si lograba vender las tierras de sus padres, que dedicase el dinero a estudiar, que don Julio, el maestro, podía ayudarle.

     Solo pudo escribir un párrafo. El tiempo en la cárcel se diluía en largas colas para todo. Además, Eduardo López había organizado una charla sobre «la plusvalía y sus consecuencias en el proletariado internacional». Las charlas se daban en voz baja a «cadáveres informados». La lectura de la lista de condenados lo despertó. Ya en el desayuno algunos presos se acercaron a él hostiles. Sospechaban que era un chivato. Les contó la verdad y lo dejaron tranquilo.

     Pasaron algunos días sin ser llamado durante los que estrechó su relación con Eugenio Paz. Se había dedicado siempre al campo allá en Brunete. Su madre era soltera. La había preñado el dueño de la venta que se jactaba de tirarse todo lo que se movía. Jamás consintió que lo llamara padre. A Juan, cada vez le costaba más recordar. No hubo lista el segundo día y un aire de esperanza empezó a recorrer la galería. En una de las conversaciones, Eugenio le confiesa su preocupación porque ya no erecta: «Es que ya estás muerto» -pensó Juan-; «Estarás guardando ausencias» -le dijo.

     Estaba haciendo cola en las letrinas cuando fue llamado por el cabo y conducido a una celda. Allí encontró a un moribundo al que debía mantener con vida hasta las 6 del día siguiente para que pudiera ser fusilado. El enfermo se llamaba Cruz Salido, redactor jefe de El Socialista. Logró pasar a Francia, pero fue apresado en Génova por unos camisas negras cuando trataba de llegar a Orán. Estaba tísico. Pidió a Juan que lo matara. Él sabía que no podía pedirle eso. Hablar lo agotaba físicamente, por eso no dejó de hablar sin permitir a Juan que le ayudara en ningún momento. Fue apagándose hasta que logró morir antes del amanecer. El sargento decidió fusilarlo igualmente. Y a Juan le propinaron tres culatazos antes de devolverlo a su galería. Y allí continúa con la carta a su hermano.

     Le cuenta cómo vive en duermevela y que en sus sueños aparecen personas que le hablan en un lenguaje que le encanta, pero que no entiende, en un paisaje de horizonte pequeño pero infinito, inalcanzable.

      Una vez al mes, Espoz y Mina subían a la azotea para varear los colchones de los suboficiales. Con las varas de fresno que les daban y utilizando migas de pan como cebo cazaban dos palomas. Una se la comían, otra la usaban para intercambios con los guardias. Así consiguieron más papel para Juan que tuvo que darles a cambio su cinturón. Lo importante es que sigue vivo. No quiere hablarle a su hermano de lo que sucede allí en la cárcel. Poder pensar es el privilegio de un condenado.

     Hubo una pelea entre dos presos. Los tuvieron dos horas de cara a la pared con los brazos en alto y a ellos los apalearon hasta que les desperdigaron las ideas.

     Poco a poco comenzaron algunas visitas de familiares y comenzaron a circular rumores que traían esperanza.

     El Rorro era un preso envejecido con una gran cicatriz en la cara. Siempre estaba solo. Se llamaba Carlos Alegría y fue alférez del ejército rebelde. Pasó la guerra en los cuarteles y alcanzó el grado de capitán de Intendencia. Se rindió poco antes de que el coronel Casado depusiera las armas. Fue juzgado, condenado y fusilado. Pero sobrevivió. Logró salir de la fosa común, nadie quiso socorrerle y volvió a ser detenido en Somosierra y enviado al cuartel de Conde-Duque. Desde entonces decía llamarse Carlos Alegría y que había nacido el 18 de abril de 1939 en una fosa común de Arganda. De ahí que le llamaran Rorro. Un día le dijo a Juan: «Tú y yo vivimos de prestado. Tenemos que hacer algo para no deber nada a nadie». Se fue hacia la reja y comenzó a dar voces, llamó a los centinelas que intentaron reducirlo a culatazos. Consiguió arrebatar un fusil. Se hizo el silencio. Puso el cañón en su barbilla y disparó.

     Al día siguiente volvieron las listas y los camiones. Había conseguido ocultar que él había sido encargado de preparar un atentado contra el coronel Casado, que no llegó a producirse porque la guerra terminó. Podía seguir haciéndose pasar por un simple funcionario de prisiones y así salvar su vida. El sargento Edelmiro lo llamó y lo condujo a un cuartucho del sótano. Allí lo esperaban el coronel Eymar y su mujer. Esta vez los dejaron solos. La madre le enseñó una fotografía de su hijo. Juan siguió inventando historias bellas de valentía, arrojo y generosidad que otros habían protagonizado puestas en Miguelito. Sentía lástima por esa mujer que acabó invitándolo a sentarse junto a ellos. Al despedirse: «Te traeré un jersey», le dijo. A su regreso, Eduardo López escuchó la historia estupefacto.

     En la misa del domingo, el alférez capellán condenó el suicidio. Algunos se acercaron a comulgar por hambre o por instinto de supervivencia. Se decide a continuar la carta y en ella le habla de ese extraño lenguaje de sus sueños. Cada vez le gusta más hablar en ese lenguaje inventado. Después habló con el muchacho de las liendres que estaba cada vez más melancólico. Aunque no servía para nada, hablando se olvidaban de la muerte. Las listas, los juicios y los camiones se iban espaciando.

     Pasadas unas semanas volvió a entrevistarse con el coronel Eyre y su esposa que le llevó un jersey de su hijo. Intercambiaban anécdotas y él continuó atribuyéndole mérito de otros. Al final, la mujer le entrega un bocadillo de arenques. De regreso a la galería es interrogado de nuevo por Eduardo López y se pregunta ¿para que querrá toda esa información si ya está muerto?

     Con el frío que hacía, agradeció el jersey. Las listas se hacían más cortas y comenzaron a aparecer las cadenas perpetuas como condena. Poco a poco volvía la vida. Había que aguantar, como Sherezade, un día más. Pero un día llamaron a juicio al muchacho de las liendres y ya no regresó. Sobornó con el jersey al sargento Edelmiro y supo que lo habían enviado a la 4ª galería. Quiso enviarle un recado, decirle algo, pero no tenía nada que ofrecer. Al día siguiente, cuando oyó el nombre del muchacho en la lista, se aferró a los barrotes y gritó que no subiera al camión. Después, cayó extenuado y lloró.

     Estuvo dos días como ausente, después supo que debía terminar la carta a su hermano y la continuó hasta agotar todo el papel: he intentado enloquecer pero no lo he conseguido. Renuncio a seguir viviendo con toda esta tristeza. Acuérdate de mí. Sé feliz.

     Lo volvieron a llamar, pero esta vez los guardias tuvieron que llevarlo a rastras. No aceptó esta vez la comida que le ofrecía la mujer del coronel y entonces les contó la verdad, que Miguelito era un ladrón, un estraperlista, un asesino y un traidor; que él mismo mandó el pelotón de fusilamiento que lo ejecutó; que fue un cobarde hasta el final, lloró, suplicó, se cagó encima. «Todo lo que les he contado hasta ahora es mentira. Lo hice para salvarme, pero ya no quiero vivir si eso le produce a usted alguna satisfacción». Y el coronel comprendió que era ahora cuando escuchaba la verdad. Y fue ahora Juan quien ordenó al sargento que lo devolviera a su galería.

     Dos días después fue llamado, juzgado y condenado sin que amenazas ni golpes lograran en él una posición de firme. Le consolaba saber que el rostro del coronel nunca volvería a tener aquella mueca de satisfacción impune. Y solo dejó de odiar cuando pensó en su hermano.

CUARTA DERROTA: 1942 o “Los girasoles ciegos”

NARRADOR 1 (Se trata del hermano Salvador, es una epístola que dirige a un sacerdote a modo de confesión solicitando la absolución):

     Confiesa sentirse derrotado, y eso a pesar de haber presenciado ese mismo día el fusilamiento de un comunista. Le pide al destinatario -reverendo padre- su absolución o sus oraciones porque entiende que su pecado es imperdonable y duda de su propio arrepentimiento. Él se alistó en el “Glorioso Ejército Nacional” y combatió tres años. Vio lo mejor y lo peor del ser humano, y en el Monte Quemado mató. Los ideales se acaban perdiendo en la guerra. También conoció la carne y le resultó algo prodigioso.

NARRADOR 2 (Recuerdos de Lorenzo, niño en el relato, escritos en primera persona):
El tiempo altera los recuerdos, excepto de aquello que perdimos, eso queda como congelado en la memoria. Por eso, en sus recuerdos puede ver a su madre ya vieja, pero no a su padre ni al hermano Salvador, a ellos los recuerda jóvenes.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): A su regreso, fue incorporado como profesor de párvulos en el Colegio de la Sagrada Familia. Hablaba de la luz a sus discípulos, pero luz y tinieblas van unidas. Quizás por eso se fijó en un alumno que ya sabía leer cuando sus compañeros apenas balbuceaban.

NARRADOR 3: (Es el autor- narrador en perspectiva omnisciente) Cuando la madre lo despertaba, el padre estaba ya en la cocina calentando la leche que se tomaba caliente y migada con pan de centeno. Lorenzo no quería ir al Colegio porque el hermano Salvador le tenía manía. Mientras él desayunaba, la madre lo iba vistiendo. Sus protestas continuaban hasta que peinado la ida resultaba inevitable. No le gustaba mentir y fingir que su padre estaba muerto.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Él siempre vivió en un mundo en orden, con una infancia feliz, en una familia acomodada. Le llegó la vocación con naturalidad y entró en el Seminario feliz ante la perspectiva de una vida de sacrificio ofrecida a Dios. Por eso no estaba preparado para enfrentarse al mal y poco a poco fue perdiendo la batalla.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Vivió su infancia como mirando un espejo: a un lado lo fingido y al otro lado la realidad. Su mundo era su barrio. Más allá había otros barrios cuyas bandas infantiles eran rivales y se odiaban porque sí. En medio había un pasillo neutral que le conducía al Colegio de la Sagrada Familia. De todos sus recuerdos de infancia prevalece el que su padre viviera escondido en su propia casa.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): El hermano Salvador se vio reflejado en aquel niño y pensó que Lorenzo podía ser un buen pastor. Mantenía la compostura en el patio cuando se cantaba el “Cara al sol”, pero observó que solo movía los labios. Lo castigó a permanecer en el patio, brazo en alto, le gritaba que se trataba del himno de los que quieren dar la vida por la patria cuando una voz dulce lo interrumpió: “Mi hijo no quiere morir por nadie, quiere vivir para mí”. Era la madre de Lorenzo y en su mirada lo esperaba su desvarío.

NARRADOR 3 (Autor): Cuando se acostaba Lorenzo, Elena y Ricardo permanecían hablando a oscuras, susurrando. Ricardo solo podía salir de su escondite cuando había luz fuera, y ver la calle a través de las habitaciones del fondo, que daban a C/ Argel, durante el día. Después se convertía en una sombra que se movía sin hacer ruido. Querían escapar los tres juntos. Pero era complicado: Francia estaba deportando refugiados. Elena, la hija mayor, se había escapado con un poeta adolescente. Estaba entonces embarazada de 8 meses. No volvieron a saber de ella. El muchacho había publicado poemas en Mundo Obrero y en algún boletín de Ejército Popular. Salieron de Madrid en un camión de transporte de ganado.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Él creía saberlo todo hasta que conoció a Elena. Entre el mal y el bien hay un campo ambiguo que es lo humano. Y él no era más que un hombre.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Los balcones daban a la C/ Ayala, la zona humilde del bloque. Las ventanas eran un peligro porque podían ver a su padre. El ruido del ascensor los ponía en alerta y cuando se paraba en su planta, la tercera, contenían la respiración hasta que sonaba el timbre en cualquier otra puerta. Si alguien llamaba a casa, su padre se escondía en el armario que había en el dormitorio empotrado tras un tocador con dos mesillas a ambos lados de un espejo. Se había construido para aprovechar una irregularidad del piso y ahora servía como refugio. Había en el dormitorio también un armario de tres cuerpos con una gran luna en el que su derecha era la izquierda y viceversa. A eso, su padre lo llamaba puntos de vista. El armario olía a naftalina; el escondite de su padre, a humillación; las cárceles, a lejía y a frío.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): No volvió a obligar a cantar a Lorenzo, pero lo seguía al acabar las clases para encontrarse con su madre. Poco a poco comenzaron a hablar y él se sentía a gusto con ella. Creía que era la voluntad de Dios. El acompañarlos un trecho del camino se convirtió en hábito. Libraba su propia batalla interior.

NARRADOR 3 (Autor): Lorenzo no quería ir al Colegio e inventaba todo tipo de excusas. Pero tenían que llevarlo para evitar sospechas. “Tenemos que ser fuertes para ayudar a Papá. Él nos necesita” -le susurraba la madre al dejarlo en el Colegio. Después permanecía en la valla hasta que los niños empezaban a cantar el himno y se iba en Metro a trabajar. Lo hacía como traductora en Hélices, empresa hispano-alemana auxiliar de otras empresas aeronáuticas; aunque, en realidad, era su marido quien traducía los encargos en una vieja máquina de escribir «Underwood» negra. Solo podía usarse la máquina cuando Elena estaba en casa. También trabajaba ella con su máquina de coser «Singer», negra, para una lencería fina de la C/ Torrijos. Cuando regresó aquel día, la portera le dijo que un cura había ido a visitarla, que insistió en subir y había estado llamando a su casa.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Lorenzo lograba mantener su doble vida. Nada traía del exterior a su piso, ni siquiera los recuerdos o el miedo. Jugaba con los otros niños a esos juegos sin juguetes en los que siempre había víctimas y verdugos con castigos dolorosos -la taba, pídola, el rescate…-. Los otros niños hablaban de sus padres. El de Tino era picador y oficinista. Disfrutaban viéndolo llegar en el coche de cuadrillas que funcionaba con gasógeno, vestido de luces. Pepe Amigo presumía de que su padre cazaba pájaros en Paracuellos del Jarama. Tenía una motocicleta Gilera con las marchas en el depósito, había que soltar el manillar para cambiar, era todo una proeza. Tenía, además, la casa llena de jilgueros. Los dos hermanos Chaburre tenían 12 vacas en el patio que ordeñaba el padre. Él no podía hablar del suyo, y esa fue la única compensación que tuvo cuando se supo que vivía y lo cuidaba desde el interior de un armario.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Empezó a seguir a Elena y a informase. Por un alférez, Comisario en Gobernación, supo que el marido, Ricardo Mazo, profesor de Literatura en el instituto Galindo, constaba en los archivos como huido. Fue uno de los organizadores del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, Comisionado por el Gobierno en 1936 a Plymouth para alterar las resoluciones de No Intervención tomadas por las Trade-Unions inglesas. Tenían dos hijos. Elena, la mayor, nació en 1922 y Lorenzo, que tenía 7 años. No constaba su bautismo. Fue a la parroquia de Covadonga pero no pudieron facilitarle su fe de bautismo. Aunque habían nacido antes del alzamiento, la parroquia no había sido saqueada. También le extrañaba que nunca hablaran de Elena, la hija mayor.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Aunque era un niño, vivía en el miedo. Un día en que jugaban al parchís, arrancó el ascensor y se detuvo en el 3º. Su padre se escondió, su madre recogió un juego de fichas y a él lo acostó. Después fue a abrir la puerta, la estaban aporreando. Entonces recordó que no habían recogido los papeles que su padre había dejado en la mesa. Se levantó y sigilosamente los recogió. Oía voces desabridas que insultaban a su madre. Echó las hojas en el armario donde “…se escondía mi padre y su silencio”.

NARRADOR 3 (Autor): Llegaron 4 hombres gritones a registrar la casa. Un joven “dandi” iba al mando. Llevaron a Elena a la cocina y mientras dos de ellos la interrogaban, otros dos registraron el piso. Dejaron una pistola sobre la mesa de mármol. Elena contestó al interrogatorio como pudo, eran preguntas caóticas, rápidas, salpicadas de insultos y procacidades. El interrogatorio se interrumpió cuando uno de ellos apareció arrastrando a Lorenzo de una oreja. Después lo revolvieron todo, pero no encontraron el armario.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Elena pide a Ricardo que no siga bebiendo, no quiere que Lorenzo lo vea así. Le retira la botella y cuando regresa lo encuentra en el balcón. Serían las 10 de la noche. Se arrojó sobre él para apartarlo y quedaron tumbados en el suelo. Lo que horrorizaba a Ricardo era pensar que alguien quisiera matarlo por sus ideas, o que matar fuera la única solución. Elena recogió los pedazos de su marido deshecho y lo llevó dulcemente al dormitorio. Y allí tuvo que ayudarle, recomponerlo, suavemente hasta que acabaron haciendo el amor en silencio.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Nunca hablaban de sus recuerdos de la guerra. Se había impuesto el léxico de los ganadores donde Franco y Primo de Rivera eran los “salvadores”, las víctimas eran “héroes” y los muertos, “caídos por la Patria”. Javier Ruiz Tapiador eran un amigo de familia acomodada que vestía de tarde en tarde el traje de flecha. Tenía un hermano mayor, Carlos, que los aterrorizaba con historias de miedo de niños acosados por leprosos carnívoros. Una pesadilla que lo persiguió en su infancia.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Quiere contar la verdad, pero no logra encontrar el arrepentimiento: nadie le enseñó a distinguir entre el amor y la lascivia.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Siempre tuvo miedo de los leprosos.

NARRADOR 3 (Autor): Ricardo se fue volviendo más taciturno. Se alteraba si le hablaban de la vida exterior. No soportaba pensar que allí se había vuelto a la rutina en el olvido. Apenas era ya una sombra de lo que fue, parecía que quisiera ser transparente. Solo la insistencia de Elena y su ternura lograban sacarlo de ese estado. El hombre resuelto que había sido solo aparecía cuando Lorenzo estaba en casa.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Por evitar sospechas, a veces, iban amigos a jugar a su casa. El padre se encerraba en el armario con sus libros y un candil de carburo. Por fortuna, el mal carácter de la portera y su marido, Casto, evitaba visitas imprevistas. Recuerda una vez que tuvo su padre que salir con una descomposición y los amigos lo entrevieron por los cristales de la puerta. La madre inventó la historia de un fantasma que todos aceptaron para seguir jugando al parchís sin más preguntas. Pero el ruido de la cisterna les heló la sangre. La madre afirmó con naturalidad que el fantasma siempre hacía lo mismo: tiraba de la cisterna y luego desaparecía. Después de saberlo, todos siguieron jugando al parchís.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Un día siguió a Elena hasta un piso que resultó un taller de ropa íntima. Le molestó pensar en aquellas manos tejiendo prendas destinadas a mujeres disolutas. Sin pensarlo, le cogió las manos y se las llevó a su rostro. Cuando la miró, ella lloraba. Las costureras los miraban. Él creyó que ella estaba conmovida al comprobar la intensidad de su afecto. Balbuceó una excusa y regresó al Colegio sintiéndose satisfecho. Tuvo que morir un hombre para que comprendiera lo equivocado que estaba.

NARRADOR 3 (Autor): El hermano Salvador interrogó a Lorenzo por su padre. Estaba muerto. Su madre, a veces, era ayudada por la Señora Eulalia, pero ahora estaba en la cárcel por estraperlista. Su madre la conocía desde niña. Los jueves a las 6, iban a la cárcel de Las Ventas a verla. Se situaban en la acera de enfrente y un pañuelo ondeando entre las rejas era la señal de que estaba recuperando fuerzas para seguir viviendo. Y el hermano Salvador se sintió lleno de regocijo por las respuestas de Lorenzo: todo estaba en su sitio.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Un amigo del grupo, Silverín, cuyo padre era un apocado y su madre un encanto, no se acercó un día a besar la mano del párroco de la iglesia de Covadonga como hicieron todos: “¿Creéis que los curas no se limpian el culo?”. Aquello le supuso a Lorenzo una revelación: sus padres tenían miedo de decirle lo que pensaban y ahora él sentía miedo de saberlo. Los secretos eran otra forma de complicidad.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Su afecto por Elena había ido creciendo hasta llevarlo a pensar en renunciar a su sacerdocio. La veía desvalida, viuda, sin noticias de su hija y con la obligación de criar a Lorenzo. Acudió a su casa para sincerarse con ella, pero nunca lograba encontrarla. El hermano Arcediano, el Superior, llegó a llamarle la atención por tanta salida, a pesar de que formara parte de sus obligaciones el recaudar fondos. Y tenía razón, porque las oraciones se le hacían interminables.

NARRADOR 3 (Autor): Ricardo dejó de escribir en la «Underwood» y Elena de limpiar lentejas cuando el ascensor se puso en marcha y se detuvo en la 3ª planta. Ricardo se escondió y ella comprobó que todo estaba en orden. Abrió el balcón. Sonó el timbre y era el hermano Salvador. Tuvo que dejarlo entrar, lo acompañó al comedor, le ofreció agua pero él pidió vino. Quería hablarle de Lorenzo: podía ser el primero, el mejor, él podía conseguir que entrara en el Seminario. Le daría una buena formación y eso no significaba que tuviera que ser sacerdote. Él ya no quería ser sacerdote. Ante la sorpresa de Elena, le aclaró que solo era diácono, pero que esperaba formar algún día una familia.
Cuando pasó al servició, Elena aprovechó para comprobar que todo estaba en orden. Regresó del baño exhibiendo una cuchilla de afeitar. Elena, simulando un pudor que ocultaba su rabia, le dijo que la usaba ella para afeitarse las piernas. Subió su falda para demostrarlo. El hermano Salvador se arrodilló para acariciar su pantorrilla y ella, entonces, maldijo el ser atractiva. Tenía miedo de gritar, estaba indefensa.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Desde un descampado vecino al cine Argel, a través de la puerta de zinc, los niños oían las bandas sonoras de las películas. Allí descubrió lo prohibido. Junto al portal de su casa vivía Ceferino, el carbonero, y su mujer Blanca, que tenía aspecto de viuda. Tenían 2 hijos: Luis que sabía mucho de mundo y el otro, ¿Juan? con una capacidad de ira inolvidable. Luis tenía 7 u 8 años más y los llevaba a oír la bandas sonoras de las películas 4, las más peligrosas según la clasificación eclesiástica. Vendían con las entradas unos escudos “para la reconstrucción nacional”. “Cruzada” significaba, en realidad “guerra”; “nacional”, “vencedor; “voluntario”, “obligatorio”; y todo se aceptaba sin rechistar.
     Junto a la puerta de zinc del cine oían los diálogos que no entendían pero que el hijo del carbonero interpretaba para ellos. Así aprendió los primeros secretos que tuvo que ocultar a sus padres. Se empezó a sentir sabio, y a comprender frases y gestos que antes no entendía. El cuerpo estaba proscrito, el dolor era bueno y el placer malo. A la salud se llegaba por el sacrificio y a la enfermedad por los instintos. A veces, fingía dormir para escuchar a sus padres pecar. Hoy recuerda con nostalgia su silencio.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Todo lo que él creyó victoria se transformó en fracaso por la concupiscencia. Vivía obsesionado por Elena. Fue a su casa para proponerle que entrara Lorenzo en el Seminario, hablaron. Y, de pronto, se encontró arrodillado ante ella. Elena le atrajo y lo rechazó. Aquello lo enloqueció y aún no sabe si recobró la cordura.

NARRADOR 3 (Autor): Debían escapar, podían dejar a Lorenzo con sus tíos en Méntrida. Pero Elena quería que fueran los 3. Debían ir en autobuses, en trayectos cortos. Podían llegar hasta Almería y pasar a Marruecos. Debían vender lo que pudieran, conseguir dinero. Lorenzo llevó una carta al Colegio explicando que debían operarlo de anginas. El hermano Salvador le preguntó por qué no lo acompañaba ya su madre al colegio y el niño explicó que también tenía anginas.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Lorenzó no preguntó por qué su madre ya no lo acompañaba. Ella había hablado con las taquilleras del Metro para que lo dejaran atravesar el cruce más peligroso del trayecto a la escuela. El Metro olía a ropa usada y a aliento y tenía luz mortecina. Imaginaba a los leprosos en el tunel y el chirriar de los trenes se le representaba sus gritos moribundos.
     Su padre salía cada vez menos. A él le gustaba acurrucarse juntos en su armario y permanecer a su lado. Llegó un momento en que no salía ni para comer, y aquel armario comenzó a oler como el Metro. Sin embargo, el ir y venir al Colegio, solo, le trajo una nueva sensación de libertad. Un día descubrió que el hermano Salvador lo seguía.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Pidió autorización para abandonar el convento y el colegio y se instaló en una pensión. Se sentía perdido. Una mujer le había arrebatado todo aquello en lo que había creído. Necesitaba saber por qué no le correspondía.

NARRADOR 3 (Autor): Los muebles fueron vendiéndose y desapareciendo. Ricardo podía enfermar y había que precipitar la huida. Estaban solos, no podían acudir a nadie. Ricardo ya no salía, el niño le leía pasajes de Lewis Carroll para animarlo. Ya casí habían reunido el dinero cuando un día sonó el timbre. Era el hermano Salvador vestido de seglar. Preguntó por Lorenzo.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Debió avisar a sus padres de que el hermano Salvador lo seguía. No estaban preparados. Llegó furioso y su madre tuvo que dejarlo pasar. Encontró a Lorenzo en la cocina, fingía leer Alicia en el país de las maravillas. Le pidió que le dejara hablar a solas con la madre. Cuando acudió a los gritos de su madre vio cómo su padre se abalanzaba sobre el hermano Salvador “…que estaba a horcajadas sobre ella”.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Había sido un instrumento de Dios. Arremetió contra ella llevado por un deseo desconocido para él, pero eso fue lo que hizo salir al marido escondido (“el instigador del mal, el abyecto organizador de ese entramado de mentiras”).

NARRADOR 3 (Autor): Pasado el primer momento de estupor, al hermano Salvador le bastó un manotazo para sacudirse de encima a Ricardo. Preguntó a Lorenzo, inmóvil en la puerta, quién era aquel: “Es mi padre, hijo de puta”. Y entonces se marchó gritando: llamaba a la Policía.

NARRADOR 2 (Lorenzo): El padre parecía un alfeñique. Los tres se abrazaron llorando. Todo había llegado a su fin.

NARRADOR 3 (Autor): Ricardo logró levantarse a duras penas y avanzó por el pasillo. A los gritos del diácono, algunos rostros comenzaban a asomar por las ventanas.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Buscaba justicia y no venganza. El maligno trocó su orgullo en remordimiento y lo humilló.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Recuerda a su padre sentado en el alfeizar de la ventana del pasillo. Se arrojó al vacío. Recuerda que se despidió de ellos, aunque la madre dice que no pronunció una sola palabra.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): Se suicidó para cargar sobre su conciencia (de Salvador) su perdición y arrebatarle la gloria de haber hecho justicia.

NARRADOR 3 (Autor): Antes de arrojarse al vacío, Ricardo miró a su mujer y a su hijo y sonrió.

NARRADOR 2 (Lorenzo): Su madre debía tener razón porque el recuerdo de su padre sonriendo mientras caía no pudo existir. Él era pequeño y no alcanzaba a asomarse a la ventana.

NARRADOR 1 (Hermano Salvador): “Aquí termina mi confesión”. Solicita la absolución, renuncia al sacerdocio. “…en el futuro vivirá como uno más entre los girasoles ciegos”.

ENLACES RELACIONADOS:

Sobre el sentimiento de fracaso ante la guerra: Memorias de José Cruz Conde.

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POESÍA EN VENA 2011: EL ACTO

POESIA EN VENA 2011. IES EL TABLERO
22 DE DICIEMBRE DE 2011

PROGRAMA:
CONFERENCIA INAUGURAL:
“Poesía en la vida y vida en la poesía”
A cargo del ILLMO. SR. D. JOSÉ JAVIER AMORÓS AZPELICUETA

Tuvimos el placer y el privilegio de contar con don José Javier Amorós Azpelicueta para esta conferencia inaugural, este acto académico con que de forma solemne iniciamos la actividad y tiempla los espíritus. Y me tocó la extraña responsabilidad de presentar a alguien que opina y defiende que los conferenciantes no deben ser presentados…. porque se presentan a sí mismos en cuanto comienzan a hablar. Y es cierto, qué deciros de todo cuanto se transmite más allá del simple significado de las palabras.

Podría centrarme en su extraordinario curriculum profesional, pero sería perder el tiempo y no decir más que lo que cualquiera puede encontrar fácilmente en Internet, en lugar de esto lo presentaré con aquellos datos que solo puede facilitar un amigo.

José Javier Amorós es mi amigo y uso ahora el término “”amigo en el sentido en que lo hiciera Miguel Hernández en su Elegía, “con quien tanto quería”. Creo que es ese querer «con», ese compartir inquitudes y visiones, deseos y sueños, también frustraciones lo que hermana y aúna más que un sentimiento de afecto «hacia». Podría decir que somos viejos amigos, pero mentiría y, a veces, la verdad es mucho más poética que la fantasía. Lo conocí hace menos de un año y hoy me siento afín y deudor de este maestro que vive la poesía en la vida y ha hecho de su vida un recital de poesía.

Desde luego sus palabras no solo no defraudaron sino que demostraron cómo es la poesía en su «inutilidad» la única capaz de transfigurar el mundo que nos rodea a través de los sentimientos. Y, demostró, que el arte de la palabra es un don y una conquista por el que merece la pena luchar. Desde aquí mi agradecimiento a la lección de este gran maestro de la oratoria y de la vida.

RECITAL:
PROYECCIÓN: POETAS ANDALUCES

12:20: MANUEL CÓRDOBA: El viaje definitivo (Juan Ramón Jiménez)

«El viaje definitivo» de Juan Ramón nos transporta al universo becqueriano de la nostalgia, del tiempo material que se nos va. El poema evoca la soledad en la muerte, el mundo que sigue su curso, la ausencia de todo.
Con riquísimos matices que nos trasladan a nuestra infancia, a nuestras raíces.

…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

12:25: YOLANDA CARRILLO: Caminante no hay camino (Antonio Machado)
Me gustaría leer el poema “Caminante, son tus huellas…”, porque fue el primer poema que leí con unos 7 años, fue el que me inicio en el bello mundo de la poesía y desde entonces no pude parar de leer. Ademas es un poema que encanta a mi madre y me gusta mucho poder tener algo tan bello y hermoso como la poesía en común.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

12:30: ELENA ÁBALOS: Todo esto por amor (Luis Cernuda)

Me he decidido por este poema de Luis Cernuda. Me encanta la fuerza expresiva con la que transmite ese deseo de amor irrefrenable. Es un poema que va más allá de la transmisión a través de las palabras adecuadas: ‘que derriben imperios… que derriben monarquías… que derriben los ojos y las manos … no significa nada’ y todo eso, por amor.

Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,
derriban los instintos como flores,
deseos como estrellas
para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.
Que derriben también imperios de una noche,
monarquías de un beso,
no significa nada;
que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas
vacías.
Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,
su forma entre las brumas escarlata,
quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas
hojas
hacia el último cielo,
donde estrellas
sus labios dan otras estrellas,
donde mis ojos, estos ojos,
se despiertan en otro.

12:35: PROYECCIÓN: LIS MIAMI: Aprenderás (Jorge Luis Borges)

Quizás la calidad del sonido o la imagen no sean las adecuadas, pero es encomiable el esfuerzo que nuestros compañeros del proyecto LIS han realizado para estar presentes en este acto. Desde Miami y tras dos intentos fallidos, nos llega esta grabación en la que podréis ver las caras de vuestros tutor friends.

Nos gustaría recitar un poema de Jorge Luis Borges titulado “Aprenderás…”. Este poema nos descubre al leerlo emociones que intuimos aunque aún no las hayamos descubierto; nos revela que el ser humano constantemente aprende y descubre, cae y se levanta, se adapta, acepta y crece.

Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas….
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma…. descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida. Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian. Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar su compañía. Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que mas te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la ultima vez que las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.
Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto. Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y sino lo sabes cualquier lugar sirve…
Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias…
Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene mas que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho mas de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo… No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.
Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho mas lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía mas.
Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla!!!

12:40: PROYECCIÓN: LEONARD COHEN, PEQUEÑO VALS VIENÉS
En inglés cantó Leonard Cohen a Federico García Lorca, en una versión que ha dado la vuelta al mundo. Permitidme que os recite la letra de este pequeño vals vienés tal y como apareció en Poeta en Nueva York:

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals, este vals del «Te quiero siempre».
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

PEQUEÑO VALS VIENÉS

12:45: ÁNGELES BENÍTEZ: “En una despedida” de Jaime Gil de Biedma.

He elegido este poema (si crees que es demasiado largo para la dinámica del acto, puedo cambiar) porque empieza hablando de cartas y aunque no esté de moda, a mi me sigue gustando, de tarde en tarde, escribir o recibir alguna, pero sobre todo porque habla de la amistad y de que a veces los amigos no están cerca, nos vemos obligados a despedirnos, pero si la amistad es verdadera, nos ayudará a ser mejores y en ese deseo, el de ser mejores, estará la presencia del amigo.

Tardan las cartas y son poco
para decir lo que uno quiere.
Después pasan los años, y la vida
(demasiado confusa para explicar por carta)
nos hará más perdidos.
Los unos en los otros, iguales a las sombras
al fondo un pasillo desvayéndonos,
viviremos de luz involuntaria
pero sólo un instante, porque ya el recuerdo
será como un puñado de conchas recogidas,
tan hermoso en sí mismo que no devuelve nunca
las palmeras felices y el mar trémulo.
Todo fue hace minutos: dos amigos
hemos visto tu rostro terriblemente serio
queriendo sonreír.
Has desaparecido.
Y estamos los dos solos y en silencio,
en medio de este día de domingo,
bellísimo de mayo, con matrimonios jóvenes
y niños excitados que gritaban
al levantarse tu avión.
Ahora las montañas parecen más cercanas.
Y, por primera vez,
pensamos en nosotros.
A solas con tu imagen,
cada cual se conoce por este sentimiento
de cansancio, que es dulce —como un brillo de lágrimas
que empaña la memoria de estos días,
esta extraña semana.
Y el mal que nos hacemos,
como el que a ti te hicimos, lo inevitablemente
amargo de esta vida en la que siempre, siempre,
somos peores que nosotros mismos,
acaso resucite un viejo sueño
sabido y olvidado.
El sueño de ser buenos y felices.
Porque sueño y recuerdo tienen fuerza
para obligar la vida,
aunque sean no más que un límite imposible.
Si este mar de proyectos
y tentativas naufragadas,
este torpe tapiz a cada instante
tejido y destejido,
esta guerra perdida,
nuestra vida,
da de sí alguna vez un sentimiento digno,
un acto verdadero,
en él tu estarás para siempre asociado
a mi amigo y a mí. No te habremos perdido.

12:49: JUAN NARAÍN: Como el toro para el luto (Miguel Hernández)

Me he decidido por este poema porque yo, al igual que muchos, me uno a las tristezas y decepciones que nos da el amor, comparando así el engaño que sufrimos, con el que sufre el toro en una corrida por ejemplo.

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.

12:53: Mercedes Carretero Trenas y Carmen de la Torre Cañadilla: “Al olmo seco” (Antonio Machado)

Hemos elegido este poema porque aunque es muy conocido es un poema que no pasa de moda, en mi punto de vista transmite esa esperanza a la que todos nos aferramos cuando tenemos a alguien cercano con alguna enfermedad, en mi caso esta situacion la estoy viviendo con la enfermedad de mi abuela, pero como se suele decir la esperanza es lo ultimo que se pierde.

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

12:57: PROYECCIÓN: CAMARÓN, SAETA (Antonio Machado)

Y seguimos con este sevillano reciclado en Castilla, al que la ironía de la vida ha dejado, musicado por Serrat, como eterno fondo en la Semana Santa, esa que él criticaba en esta misma composición. Desgarrada y andaluza, gitana y rota, vamos a oír “La Saeta”, en la voz de Camarón

LA SAETA

¿Quien me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
(Saeta Popular)
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la Cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

01:05: JESÚS PRIETO: Otoño sin adiós ()

Me he decidido por este poema ya que me encanta como Miguel Hernández refleja en este poema muchos de los tópicos que trata en sus diferentes obras.
Al principio, no entendí qué significaba este poema, quizá por la acumulación de figuras retóricas; pero con el tiempo, he ido aprendiendolo y comprendiéndolo hasta que hoy es, sin duda, uno de mis favoritos.

Ese verano caliente
como ninguno
se apareció,
mi ser no se alteró,
¡indiferente al amor me encontró!.

Otoño llegó,
como los otros pasados no fue,
transcurrió suave en calentura
y así jugábamos yo y ella inocentes,
surgiendo el amor,el deseo,la unión
…y la separación.

Brusco invierno,brusca separación,
y en mi imaginación,amor nuevo en primavera,redención
que no llegaba …en otro puerto todavía anclaba.

Pensaba en ese amor de otoño:
sensual en bella mujer,
indagaba si existía o no existía,
¿sublimación!…

El verano se fue de mi mente,
desapareció,así como vino,de repente,
el otoño fue real
sin un adios de esa bella mujer ideal
¡desesperación!

1:09: BELÉN GARCÍA: Prendimiento y muerte de Antonio Camborio (Federico García Lorca)

“Es un poema que me pone el vello de punta. Por su maestría en sumergirnos a través del romance tradicional en el mundo trágico lorquiano, donde la nobleza tiene tintes gitanos andaluces, y la muerte solo la siente el confidente testigo entre. Por el contraste de la indiferencia ante la tragedia de quien la causa, Guardia Civil que se hace símbolo de un mundo hostil, represor, sin alma.

Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de capricornio
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
vienes sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios.
Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre con cinco chorros.
Ni tú eres hijo de nadie,
ni legítimo Camborio.
¡ Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.
A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro. Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
«Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿ Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?»
«Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color Corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.»
«¡Ay, Antoñito el Camborio,
digno de una emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.»
«¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.»
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rumor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

1:13: Natividad Molinero: “Qué les queda a los jóvenes” (Mario Benedetti)

La juventud me interesa mucho, pues, como decía Machado, es el futuro. Sin embargo, pienso que la mayoría de los jóvenes están desorientados y son bastante conformistas. Con este poema quiero alzar la voz y que escuchen esta magnífica exhortación de Benedetti.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.

01:17: HOMENAJE A GÓNGORA: Paco Osuna: “Que se nos va la Pascua, mozas”.

Vamos ahora a hacer un alto para rendir un homenaje a don Luis de Góngora, poeta entre poetas, del que este año celebramos su aniversario. Desde Córdoba y hacia el mundo, supone un referente poético que ha inspirado a través de los siglos y, estamos seguros, seguirá inspirando por su genialidad magistral. Aprovecho para felicitar a doña Natividad Molinero, profesora de este Instituto y profesora vuestra, por la publicación su último libro, presentado el viernes de la semana pasada sobre Góngora. Un nuevo libro siempre es motivo de alegría, el que sea de Natividad es, además, una garantía de calidad en el contenido, de buen gusto y de sensibilidad.
Góngora fue definido como el “Principe de la tinieblas” por lo difícil que era entenderlo. Pero también lo fue como “Príncipe de la luz” porque cuando quería, su poesía era diáfana y sencilla como un rayo de sol. Hoy, en este homenaje vamos a intentar quitarle esa cara tan seria a nuestro Luis de Góngora, esa con la que siempre se representa en cuadros y estatuas de nariz judía y rictus de mal genio. Para ello, para dibujar una sonrisa, nuestro compañero de Departamento, don Francisco Osuna, nos va recitar “Que se nos va la Pascua, mozas”.
Y en la misma línea oiremos cómo su poesía sigue viva musicada por Paco Ibáñez que versiona “Ande yo caliente y ríase la gente”.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Mozuelas las de mi barrio,
Loquillas y confiadas,
Mirad no os engañe el tiempo,
La edad y la confianza.
No os dejéis lisonjear
De la juventud lozana,
Porque de caducas flores
Teje el tiempo sus guirnaldas.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Vuelan los ligeros años,
Y con presurosas alas
Nos roban, como harpías,
Nuestras sabrosas viandas.
La flor de la maravilla
Esta verdad nos declara,
Porque le hurta la tarde
Lo que le dio la mañana.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Mirad que cuando pensáis
Que hacen la señal del alba
Las campanas de la vida,
Es la queda, y os desarman
De vuestro color y lustre,
De vuestro donaire y gracia,
Y quedáis todas perdidas
Por mayores de la marca.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Yo sé de una buena vieja
Que fue un tiempo rubia y zarca,
Y que al presente le cuesta
Harto caro el ver su cara,
Porque su bruñida frente
Y sus mejillas se hallan
Más que roquete de obispo
Encogidas y arrugadas.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Y sé de otra buena vieja,
Que un diente que le quedaba
Se lo dejó este otro día
Sepultado en unas natas,
Y con lágrimas le dice:
«Diente mío de mi alma,
Yo sé cuándo fuistes perla,
Aunque ahora no sois caña.»
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!
Por eso, mozuelas locas,
Antes que la edad avara
El rubio cabello de oro
Convierta en luciente plata,
Quered cuando sois queridas,
Amad cuando sois amadas,
Mirad, bobas, que detrás
Se pinta la ocasión calva.
¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

01:21: PROYECCIÓN DE ANDE YO CALIENTE DE PACO IBÁÑEZ (Luis de Góngora)

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.
Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días 5
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,(1)
y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla 10
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;(2)
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla(3)
que en el asador reviente, 15
y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas, 20
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,(4)
y ríase la gente.
Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,(5) 25
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena (6)
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente. 30
Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,(7)
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar 35
la blanca o roja corriente,(8)
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada, 40
do se juntan ella y él,(9)
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

01:26: LAURA DEL PINO: Encuentro (Rafael de León)

Este escritor me llama la atención por ser, además de poeta, autor de muchas canciones y coplas.
Este poema en particular me transmite ternura y me gusta por su delicada forma de expresión.

Encuentro

Me tropecé contigo en primavera,
una tarde de sol, delgada y fina,
y fuiste en mi espalda enredadera,
y en mi cintura, lazo y serpentina.

Me diste la blandura de tu cera,
y yo te di la sal de mi salina.
Y navegamos juntos, sin bandera,
por el mar de la rosa y de la espina.

Y después, a morir, a ser dos ríos
sin adelfas, oscuros y vacíos,
para la boca torpe de la gente….

Y por detrás, dos lunas, dos espadas,
dos cinturas, dos bocas enlazadas
y dos arcos de amor de un mismo puente.

01:30: PABLO RAMÍREZ IGLESIAS: Rima XLVIII (Gustavo Adolfo Bécquer)
He elegido la rima XVLIII de Bécquer por dos razones, la primera porque fue el primer poema que yo leí de manera voluntaria y por su estilo sencillo pero cargado de sentimiento. Es impresionante cómo Bécquer en pocas palabras consigue decir tantas cosas con tanto sentimiento.

Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué;
aunque sentí al hacerlo que la vida
¡me arrancaba con él!

Del altar que le alcé en el alma mía,
la voluntad su imagen arrojó;
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.

Aún para combatir mi firme empeño
viene a mi mente su visión tenaz…
¡Cuánto podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!

01:34: ALBERTO FLORES Y CRISTIAN TENA: Recobrar amor (Francisco Luis Bernárdez)
Lo hemos elegido, por lo que quiere transmitir el poeta: que antes de de disfrutar algo de verdad, debemos haberlo vivido y sufrido antes por primera vez, que después del sufrimiento puede haber gozo, en resumen, no hay que hundirse.

Estar enamorado, amigos, es encontrar
el nombre justo de la vida.

Es dar al fin con la palabra que para hacer
frente a la muerte se precisa.
Es recobrar la llave oculta que abre la cárcel
en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra con una fuerza
que reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento que por encima
de la carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre de la persona
la razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos una mirada
verdadera que nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz
profundamente repetida.

Es sorprender en unas manos ese calor
de la perfecta compañía.
Es sospechar, que, para siempre, la soledad
de nuestra sombra está vencida.
Estar enamorado, amigos, es descubrir
dónde se juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto la cristalina
voz de un río que nos llama.
Es ver el mar desde la torre donde ha quedado
prisionera nuestra infancia.
Es apoyar los ojos tristes en un paisaje
de cigüeñas y campanas.
Es ocupar un territorio donde conviven
los perfumes y las armas.
Es dar la ley a cada rosa y al mismo tiempo
recibirla de su espada.
Es confundir el sentimiento con una hoguera
que del pecho se levanta.
Es gobernar la luz del fuego y al mismo tiempo
ser esclavo de la llama.
Es entender la pensativa conversación
del corazón y la distancia.
Es encontrar el derrotero que lleva al reino
de la música sin tasa.
Estar enamorado, amigos, es adueñarse
de las noches y los días.
Es olvidar entre los dedos emocionados
la cabeza distraída.
Es recordar a Garcilaso cuando se siente
la canción de una herrería.
Es ir leyendo lo que escriben en el espacio
las primeras golondrinas.
Es ver la estrella de la tarde por la ventana
de una casa campesina.
Es contemplar un tren que pasa por la montaña
con las luces encendidas.
Es comprender perfectamente que no hay fronteras
entre el sueño y la vigilia.
Es ignorar en qué consiste la diferencia
entre la pena y la alegría.
Es escuchar a medianoche la vagabunda
confesión de la llovizna.
Es divisar en las tinieblas del corazón
una pequeña lucecita.
Estar enamorado amigos, es padecer
espacio y tiempo con dulzura.
Es despertarse una mañana con el secreto
de las flores y las frutas.
Es libertarse de sí mismo y estar unido
con las otras criaturas.
Es no saber si son ajenas o si son propias
las lejanas amarguras.
Es remontar hasta la fuente las aguas turbias
del torrente de la angustia
Es compartir la luz del mundo y al mismo tiempo
compartir su noche obscura.
Es asombrarse y alegrarse de que la luna
todavía sea luna.
Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea
de ser hombre es menos dura.
Es empezar a decir siempre y en adelante
no volver a decir nunca.
Y es además, amigos míos, estar seguro
de tener las manos puras.

Amor y sufrimiento, sufrimiento y amor. La belleza como incitación y disfrute, el dolor que nos acecha cuando menos lo esperamos. La belleza de la rosa, la expresión de la belleza perecedera que nos atrae seductora, las espinas que nos acechan dispuestas a herir a quien trate de alcanzarla. Las variaciones sobre el tema pueden ser infinitas “…logré arrancármela un día, ya no siento el corazón…” ¿Recordáis? Pero pocas veces ha saltado este tópico literario a la música con tanto éxito como en esta canción de un grupo ya mítico de los años 80, Mecano, que espero que disfrutéis.

01:38: PROYECCIÓN: MECANO “UNA ROSA”.

Es por culpa de una hembra
que me estoy volviendo loco.
No puedo vivir sin ella,
pero con ella tampoco.

Y si de este mal de amores
yo me fuera pa la tumba,
a mi no me mandéis flores,
que como dice esta rumba:

Quise cortar la flor
más tierna del rosal,
pensando que de amor
no me podría pinchar,
y mientras me pinchaba
me enseñó una cosa
que una rosa es una rosa es una rosa…

Y cuando abrí la mano
y la dejé caer
rompieron a sangrar
las llagas en mi piel
y con sus pétalos
me las curó mimosa
que una rosa es una rosa es una rosa…

Pero cuanto más me cura,
al ratito más me escuece,
porque amar es el empiece
de la palabra amargura.

Una mentira y un credo
por cada espina del tallo,
que injertándose en los dedos
una rosa es un rosario.

Quise cortar la flor
más tierna del rosal,
pensando que de amor
no me podría pinchar,
y mientras me pinchaba
me enseñó una cosa
que una rosa es una rosa es una rosa…

Y cuando abrí la mano
y la dejé caer
rompieron a sangrar
las llagas en mi piel
y con sus pétalos
me las curó mimosa
que una rosa es una rosa es una rosa…

1:43: CARLOS RODRÍGUEZ COBOS: “Yo quiero ser llorando el hortelano” (Miguel Hernández)
Lo que más me ha impactado de este poema ha sido el vocabulario que utiliza y lo bien que transmite su pesar por la pérdida de su amigo:

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

1:50: CARMEN PEREA Y PATRICIA DOBLAS: Baladilla de los tres ríos (Federico García Lorca)

Queremos leer en el acto de “Poesía en vena” y para ello hemos escogido el poema de “Baladilla de los tres ríos”, de Federico García Lorca, ya que sus versos transmiten sentimiento andaluz sobre el río Guadalquivir.

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor,
que se fue y no vino!
El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor,
que se fue por el aire!
Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor,
que se fue y no vino!
Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.
¡Ay, amor,
que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!
¡Ay, amor,
que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

1:55: JOSÉ CARLOS ARANDA: Canción para Julia (José Agustín Goytisolo)

Y, para terminar el acto, he seleccionado un poema de José Agustín Goytisolo. La fuerza de la palabra en el tiempo, lo que se dice se esfuma, lo que se escribe, permanece y se hace presente en nuestras vidas. El padre transmite el testigo de esperanza espectante, sincera, honesta, humilde a esa hija que comienza a vivir a la que sabe que no podrá evitar el sufrimiento. Para su lectura y despedida, he pedido a vuestra compañera Isabel López Leal que me acompañe al violín, el tener la oportunidad de escucharla, por sí solo, ya merece la pena.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Desde aquí, y para terminar, mi agradecimiento a cuantos han intervenido y hecho posible esta tercera edición de «Poesía en vena 2011». A todos los que con sus voces han vuelto a dar vida a nuestros poetas y han impregnado el aire de la magia del mundo de la palabra.

1:55: POETAS ANDALUCES, DESPEDIDA

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LOS DÍAS ENTRE EL MAR Y LA MUERTE. Luis Herrero. Madrid: La esfera de los libros, 2001

Luis Herrero es un conocido profesional de los medios, un periodista con ese desparpajo que dan los años, la experiencia y el buen hacer. Me apetecía leer esta novela desde que le escuché en un programa de radio que estaba tan seguro de la calidad de su obra que estaba dispuesto a invitar a un pincho de tortilla a quien no le gustara. Aparte de esto, es ya su quinta novela y le ha precedido un éxito notable.

Los días entre el mar y la muerte es una novela negra donde hay crímenes y gente que trata de sobrevivir a los malos mientras realiza unas pesquisas cuyo riesgo real solo reconocen cuando es tarde. No hay policías, tampoco detectives al uso con gabardina, sombrero inclinado y pitillo en la comisura para exagerar el rictus de «vengo de vuelta». En este caso, los protagonistas son dos adolescentes entre los que se establece una extraña relación que los impulsará en el avance del relato.

El autor juega bien con el lector planteando una trama que nos intriga desde el principio rotundo: un niño que es amenazado de muerte, la madre que logra salvarlo por las calles esquivando asesinos, la huida, persecución… y la incógnita de qué fue lo que sucedió. El salto en el tiempo, nos sitúa diecisiete años más tarde, con los dos jóvenes protagonistas, una becaria de un periódico y un estudiante hijo de la «pescadera», en el pueblo donde se perdió la pista a los personajes iniciales. El juego ha comenzado.

Es una novela que se lee con facilidad. Especialmente interesante para lectores jóvenes, a partir de los 13 o 14 años, estoy seguro de que se la beberán.

José Carlos Aranda.

Otras obras de Luis Herrero:

El tercer disparo
Los que le llamábamos Adolfo
En vida de Antonio Herrero

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COMENTARIO DE TEXTO PERIODÍSTICO DE OPINIÓN: LA NECESIDAD DE REFLEXIÓN EN LA DEMOCRACIA: «ASERTIVISMO POLÍTICO», por Emilio Gómez, Diario Córdoba.

TEXTO: ASERTIVISMO POLÍTICO
EMILIO Gómez, Diario Córdoba, 16/01/2012

     El pasado 20N se nos brindó la oportunidad de hacer honor a nuestro derecho democrático, ser miembros de un jurado popular con voz y voto. Pero, ¿cuál es el uso real que hacemos los españoles de este privilegio? La mayoría de nosotros coincidiríamos en nuestro deseo de mejorar lo presente, la activación de la economía, la creación de empleo, la mejora de nuestra calidad de vida.

     Está claro que a nadie le gusta la melodía que cada vez se repite más y más, en todos los rincones de nuestro país: crisis, prima de riesgo, recesión- Al ejercer nuestro derecho al voto, se nos ofrece la posibilidad de cambiar de director de orquesta. Voto a voto somos partícipes en la construcción de un nuevo futuro, pero quizás, antes de tomar una apresurada decisión fuese necesario una reflexión más objetiva. En que nos basamos a la hora de elegir. Nos preocupamos realmente de escuchar, de analizar, de discernir los posibles pros y contras de lo que se nos ofrece, o por el contrario nos dejamos llevar por simpatías, modas, costumbres y rutinas.

     Ya desde muy pequeños, muchos de nosotros habíamos elegido ser del Barça o del Madrid, influidos en gran medida porque nuestro padre o nuestros hermanos así lo eran. No importaba a quién se fichara, como se jugara, ganara o perdiera, siempre estaríamos ahí, fieles a nuestro equipo. Por desgracia, cuando nos hacemos mayores hay cosas que no cambian demasiado. Votamos a «nuestro» partido lo haga mejor o peor, diga verdades o mentiras. Protagonistas, en este juego de opuestos, -siempre habremos votado a los buenos-.

     El ser humano es competidor por naturaleza, casi sin darnos cuenta tendemos a alimentar ese dualismo ya sea social, deportivo o político. A la hora de elegir nos es mucho más cómodo cuando hemos de decantarnos por una opción entre dos. Poco a poco restamos de valor, de credibilidad, de convicción al resto de participantes.

     Una vez más, dejamos patente muestras de una gran pereza intelectual, donde la dependencia con nuestro entorno se hace evidente. Ante tal falta de asertivismo político, nos embarcamos hacía un vacío ideológico, perdidos a la deriva y en muchos casos ajenos a la realidad que nos rodea.

*Maestro

PROPUESTAS DE DESARROLLO

Las ideas que quedan aquí expresadas son de carácter orientativo. Cada comentario puede elaborarse desde distintas perspectivas igualmente válidas y certeras. Lo importante es “razonar” y, a partir de las perspectivas seleccionadas, alcanzar una conclusión personal. Planteamos el desarrollo atendiendeo a las claves que pueden encontrarse en el manual CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición)

RESUMEN, ORGANIZACIÓN DE LAS IDEAS (ESQUEMA) Y TEMA:

RESUMEN: En la democracia, a través del voto tenemos la posibilidad de cambiar la realidad, y todos quisiéramos mejorar nuestro país y nuestra vida. Sin embargo es cuestionable si hacemos un uso adecuado de este derecho. Parece que las simpatías priman sobre la reflexión seria. Desde pequeños nos definimos en grupos concretos –Madrid/Barça- a los que nos mantenemos fieles por influencia del entorno o por comodidad sin tener en cuenta aciertos ni errores. De mayores continuamos con este adiestramiento alimentando el dualismo político como opción más cómoda decantándonos a favor de nuestro partido en detrimento del contrario, con o sin argumentos lógicos. La pereza intelectual y la influencia dependiente del entorno nos lleva hacia un vacío ideológico que nos aleja de la realidad.

ESQUEMA:

1: La democracia nos permite actuar sobre la realidad.

1.1:[pero] Para ello el voto debería ser reflexivo.
1.2.[pero] Las decisiones se toman por simpatía

-[por] Adiestramiento desde la infancia (equipos fútbol)
– Influencia del entorno(familia)
-Pereza mental.

1.3. [Por lo tanto] Incentivamos el dualismo..

CONCLUSIÓN: Caminamos hacia el vacío ideológico a espaldas de la realidad.

     El texto se organiza en cuatro párrafos en relación estructural. En cuanto al contenido, plantea una estructura inductiva que parte del hecho concreto (votaciones y significado en la democracia, párrafo 1), cuestiona su trascendencia y validez (punto 1, párrafo 1) y desarrolla su reflexión a través de ideas que contradicen la norma general (puntos 1.1 y 1.2, párrafos 2 y 3) para alcanzar una conclusión, la inoperancia del principio inicial en base a la realidad (párrafo 4).

TEMA:
La democracia resulta ineficaz sin reflexión del ciudadano

COMENTARIO CRÍTICO DE LAS IDEAS EXPRESADAS EN EL TEXTO:

     El texto de Emilio Gómez pone el acento en la esencia que mantiene la realidad de una democracia a partir de dos elementos clave: en primer lugar, que a través de la votación en las urnas, el ciudadano dispone de la posibilidad de cambiar al gobernante y con ello unas directrices determinadas; en segundo lugar, que todos deseamos mejorar nuestras condiciones de vida. Teniendo en cuenta estos supuestos, debería estar clara la responsabilidad en el ejercicio de este derecho y privilegio. El hecho de que se vota por simpatía y sin que medie una mínima reflexión, simplemente por afinidad con un partido político puede condenarnos a un panorama sin opciones, centrado en un bipartidismo excluyente. La tesis viene avalada por el aparente inmovilismo en los resultados electorales donde, haga lo que haga el partido gobernante, los partidos mayoritarios mantienen unos votos similares.

     El hecho de que el bipartidismo es cada vez más acusado en nuestro país no parece cuestionable. En las últimas elecciones, los dos grandes partidos han acaparado la inmensa mayoría de votos. Sin embargo, las causas aducidas por el autor se centran exclusivamente en la responsabilidad individual frente al hecho en sí. Es cierto que la decisión en el cerebro se realiza primero en el ámbito de los sentimientos. Parece que es la zona límbica la que decanta nuestras simpatías a la hora de realizar cualquier elección –un coche, una pareja, la ropa, un equipo de fútbol o un partido político-. La zona frontal, racional del cerebro, entra en juego más adelante justificando la decisión que goza de nuestras simpatías (nota 1).

     También parece cierto que sin reflexión, sin que los hechos tengan consecuencias, el juego necesario para el correcto funcionamiento de la democracia no resulta operativo. Dar el salto de la intuición emocional a la decisión racional es algo necesario, pero ¿qué nos lo impide? La actitud crítica, la capacidad de reflexión, la personalidad en cuanto a mantener unos criterios propios más allá del entorno dominante son cualidades que deben educarse y es algo que no se hace. Cabe preguntarse si por fracaso del sistema o por intereses promovidos por quienes saben que incentivar la ignorancia y la falta de espíritu crítico son elementos esenciales para manipular las masas y lograr perpetuarse en el poder.

     Noam Chomsky, el lingüista norteamericano abogaba por esta tesis y es uno de los diez puntos que plantea en sus “Medios de manipulación de masas” (nota 2). Un pueblo inculto carece de recursos intelectuales para analizar la situación y extraer conclusiones propias más allá de lo que los medios de comunicación transmiten. Así, quien domina los medios de comunicación de masa tienen el poder de crear “conciencia social”, un opinión pública proclive a sus intereses electorales. Podríamos apostar por esta idea en base a la cantidad de leyes de educación aprobadas desde la llegada de la Democracia, la discutida LOGSE, los actuales criterios sobre competencias, la denostación de la enseñanza pública, etc., etc., idea de la que diversos autores se han ocupado por extenso –véase, por ejemplo, El panfleto antipedagógico-.

     El artículo se centra en una perspectiva subjetiva, la del propio individuo ante la decisión. Hay otros elementos que deben ser revisados para que incentiven la reflexión y esto desde la propia ley electoral. La actual ley promueve el bipartidismo y potencia los partidos autonómicos en detrimento de otras opciones de carácter nacional. Solo basta comparar el número de votos y el de diputados obtenidos por IU o por UPD frente al número obtenido por partidos regionalistas como CIU o PNV. Por otra parte, la política de listas cerradas impide que el ciudadano pueda excluir en su votación a aquellos candidatos que por su trayectoria personal, ideología concreta, formación, actuaciones, no considere idóneos para representarle. La opción es o todo o nada. La reflexión que podría conducirnos a una línea pragmática excluyendo a quienes creemos inapropiados para ejercer la función pública, no tiene ninguna utilidad.

     Por tanto, existe una responsabilidad subjetiva que debemos asumir como ciudadanos para el correcto funcionamiento de la Democracia. Pero el criterio ha de formarse, para lo cual el Estado debe actuar procurando una educación tanto en valores como la responsabilidad y la ética, como en capacidades intelectuales que puedan aplicarse a una crítica constructiva y responsable de la realidad cotidiana. Han de promoverse leyes que posibiliten votar con libertad y no sujetar al ciudadano a directrices partidistas. Y se ha de fomentar la pluralidad por encima de intereses regionales. Hace falta, en definitiva, visión de Estado que entienda como la Ilustración que no puede existir mejora sin cultura y conocimiento. No es que caminemos hacia el vacío por la falta de reflexión, vivimos en una falta de reflexión y una renuncia de valores porque se incentiva intencionadamente el modelo para lograr mantenernos en la ilusión óptica de la democracia en libertad cuando son otros los que deciden por nosotros.

NOTA 1: Para profundizar en esta idea, véase «¿Condiciona la lengua nuestro cerebro?, ¿nuestra vida?: Entrevista a don Mario Alonso Puig por Ima Sanchís en La Vanguardia», entrada del 24/12/2011, categoría de opinión, en este mismo blog.
NOTA 2: Para leer el artículo de Noam Chomsky, véase: «10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN DE LOS MEDIOS. NOAM CHOMSKY», entrada del 18/02/2011, categoría de opinión, en este mismo blog.

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CÓRDOBA NOSTÁLGICA

A veces gusta una mirada nostálgica hacia el pasado. Comparto con todos vosotros este viaje en el tiempo por Córdoba, sus calles, plazas, sus gentes de hace ya cien años, cincuenta años… Algunas de ellas se tocan conmigo en el tiempo y me traen imágenes de un kiosco fantasma adosado a San Nicolás, algunos baberos escolares que nos ponían cuando aprendíamos a escribir con tinta y plumilla, calles de tierra, despachos de vino, cuando se «despachaba el vino» por litros sueltos directamente del barril con un embudo… Son las más recientes. Capas, sombreros, gorras, sobretodos, coches de tiro de caballos, la calle Nueva… me llevan casi irremediablemente a La feria de los discretos con Pío Baroja y mi imaginación se vuela hacia Valle-Inclán, y Lorca que compone unos versos viendo entrar la Esperanza desde el Corral de las Beatillas… Hacia el Grupo Cántico, Pablo García Baena y sus recuerdos en su último libro de Almuzara, Ricardo Molina, Julio Aumente, Juan Bernier, Vicente Núñez… Pasearían por el Círculo Mercantil esquina Gondomar como yo también lo recuerdo en mi infancia. Ellos verían y vivirían buena parte de estas imágenes. Esta Córdoba eterna, quieta, de mirada de frente, inquisitiva, tranquila, dormida, suena a estrofa de Gerardo Diego, siempre cantando la misma canción pero con distinta agua. Y sin embargo, sí que cambiamos. Cambiamos y pasamos nosotros, pero también cambia ella que nos ve pasar. Aquí está la prueba. Que la disfrutéis.

CÓRDOBA NOSTÁLGICA. PINCHA AQUÍ

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¿TE GUSTA LA MÚSICA?

Este enlace os llevará a hasta una página donde podréis elegir canciones y cantantes y disfrutar con su música. No todo va a ser trabajar, ¿no?

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 9. SINTAGMA NOMINAL: APOSICIÓN.

SINTAXIS DE LA ORACIÓN SIMPLE 9. SINTAGMA NOMINAL: APOSICIÓN.

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

Se trata de otro procedimiento para concretar el referente significado por un nombre. La aposición consiste en usar un nombre o un sintagma nominal referido a otro nombre sin que exista preposición de enlace, por ejemplo:

1) Rafael, el director del colegio.

2) El rey Alfonso.

Es fácil de identificar porque es la única función que desempeña un nombre o sintagma nominal en el interior de otro sintagma nominal sin que exista preposición intermedia. En los ejemplos anteriores aparecen las dos formas en que podemos encontrar la aposición:

1) Separada por coma del nombre al que se refiere («Rafael, el director,»). Esta coma es un signo doble, y debe cerrarse detrás de la aposición. Cuando aparece encerrada entre comas decimos que es una aposición explicativa.

2) El nombre aparece unido al núcleo sin que exista pausa entre ellos («El rey Alfonso»). En este caso decimos que es una aposición adjunta.

Como ocurría con los demás adyacentes del nombre, a través de la aposición expresamos un significado referido al núcleo que nos ayuda a identificar al referente. Cuando decimos «Alfonso» señalamos a un rey en concreto entre los posibles «reyes». De la misma forma, cuando decimos «el director del colegio», entre todas las personas conocidas que se llamen «Rafael» identificamos a aquella en concreto.

Algunos ejemplos de análisis podrían ser los siguientes:

1) La señora Rodríguez

SINTAGMA NOMINAL: «la señora Rodríguez». Consta de:

DETERMINANTE: la

NOMBRE (núcleo): señora

SINTAGMA NOMINAL (aposición adjunta), consta de:

NOMBRE (núcleo) Rodríguez

2) Rafael, el director del colegio,

SINTAGMA NOMINAL: «Rafael, el director del colegio,…». Consta de:

NOMBRE (núcleo): Rafael.

SINTAGMA NOMINAL (aposición explicativa): «el director del colegio». Consta de:

DETERMINANTE: el

NOMBRE (núcleo): director

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): «del colegio». Consta de:

PREPOSICIÓN: de (de+el: artículo contracto).

SINTAGMA NOMINAL: «el colegio». Consta de:

DETERMINANTE: el (de + el)

NOMBRE (núcleo): colegio.

3) El señor Vicente, abogado de oficio,

SINTAGMA NOMINAL: «El señor Vicente, abogado de oficio,…». Consta de:

DETERMINANTE: el

NOMBRE (núcleo): señor

SINTAGMA NOMINAL (aposición adjunta): «Vicente». Consta de:

NOMBRE (núcleo): Vicente

SINTAGMA NOMINAL (aposición explicativa): «abogado de oficio». Consta de:

NOMBRE (núcleo): abogado

GRUPO PREPOSICIONAL (complemento del nombre): «de oficio». Consta de:

PREPOSICIÓN: de

SINTAGMA NOMINAL: «oficio». Consta de:

NOMBRE (núcleo): oficio.

EJERCICIOS:

TEXTO: «El señor Pitipón, hombre fuerte, decidió una mañana salir de paseo. Era un día soleado y los pájaros, cantores de la naturaleza, no cesaban de entonar sus trinos. El ruiseñor Pico de Oro daba los tonos agudos , el cuervo Levitón Negro entonaba los graves y los gorriones Arco Iris hacían el acompañamiento. Pitipón quiso ensayar su brillante voz de trueno, pesadilla del bosque, y a su primera nota se hizo el silencio más absoluto».

1) Subraya en el texto todos los sintagmas nominales que aparecen en función de aposición.

2) Analiza los sintagmas nominales donde aparezca una aposición.

3) Trata de explicar la diferencia entre una aposición adjunta y una aposición explicativa.

4) Invéntate tres ejemplos de aposición explicativa y tres ejemplos de aposición adjunta.

5) Enumera y clasifica los determinantes que aparecen en el texto.

6) Analiza las formas verbales indicando persona, número, tiempo, modo y conjugación.

NOTA: En caso de duda sobre si una palabra es adjetivo o nombre, recuerda que los adjetivos -salvo excepciones- tienen cambio de género (rojo/a; alto/a, etc.); los sustantivos, en cambio, -salvo excepciones- tienen género (son masculinos o femeninos), pero no presentan alternancia («bombilla», femenino, pero no existe masculino; «pared», femenino, pero no existe el masculino, etc.). Si aún así persisten las dudas, consulta el diccionario, debe ser una herramienta de consulta continua en el aprendizaje.

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CONCURSOS LITERARIOS

El objetivo de esta entrada es dar publicidad a aquellos concursos literarios convocados desde distintas instancias para que tengan la mayor difusión posible. Animo desde aquí a todos aquellos que tienen inquietudes a que envíen sus trabajos, siempre es una buena excusa para pasar a limpio, revisar y dar publicidad a esos borradores que todos tenemos en los cajones y, si no, una buena excusa para redactar e iniciarse en ese difícil arte de pelearse con el papel en blanco.

CONCURSOS CONVOCADOS:

1- «I Concurso de relatos Cortos convocado por la editorial Defoto».

En El Puig, a 10 de octubre de 2012, se convoca el primer concurso de relatos cortos.
BASES
1. Podrá participar en este concurso cualquier persona residente en España que lo desee, siendo la inscripción gratuita.
2. Los pecados capitales son el tema del concurso. Cada autor deberá escoger uno de los siete, como argumento de su relato.
3. Formato: la obra tendrá una extensión máxima de 200 palabras. Para su redacción, deberá utilizarse Word. El formato será de A4, con un margen de 3 cm a cada lado. Deberá estar escrita en castellano y en letra times new roman, tamaño 12.
4. Únicamente será admitido un relato por persona.
5. La presentación de los trabajos se hará a través de correo electrónico a la dirección libramentvm@gmail.com
En el asunto deberá indicarse: I CONCURSO DE MICRORRELATOS: PECADOS CAPITALES.
Al mensaje se adjuntará un único archivo de Word cuyo contenido será el microrrelato y los datos personales del autor (nombre y apellidos, DNI, dirección completa, teléfono y dirección de correo electrónico)
Se excluirá cualquier trabajo premiado o publicado en otro concurso o certamen.
6.- Plazo de presentación: el plazo de presentación de los trabajos finalizará el 31 de marzo de 2013 a las 24:00 horas.
La editorial declina toda responsabilidad sobre pérdidas o deterioro que pudieran sufrirse durante el traslado de los trabajos.
7.- El jurado estará compuesto por miembros de la directiva de Defoto. Las personas premiadas serán avisadas telefónicamente o a través de correo electrónico, previamente al anuncio que será publicado en el blog libramentvm.blogspot.com.es a partir del 15 de junio de 2013.
8.- El fallo del jurado será inapelable.
9.- Premios: los microrrelatos seleccionados serán publicados en un libro. El relato ganador recibirá 10 ejemplares de dicho libro, además de una mención honorífica por parte de Defoto. El libro será objeto de las oportunas presentaciones, destinándose los beneficios obtenidos a la ayuda de niños con discapacidad y al fomento de escritores noveles. Se considerará la concesión de accésits que serán premiados con diploma acreditativo.
10.- Propiedad y uso de las obras. Las obras publicadas pasarán a ser propiedad de Defoto quedando integradas en su archivo. Su uso estará regulado por la legislación vigente sobre propiedad intelectual. Defoto adquiere el compromiso de identificar la autoría de la obra cuando sea reproducida por parte de la propia entidad, en cualquier soporte.
Entre todos los trabajos presentados podrá realizarse una selección para la realización de una exposición y/o publicación figurando siempre en lugar visible el nombre del autor o autora.
Defoto queda eximida de cualquier responsabilidad en el caso de plagio o mal uso de las obras presentadas por parte de terceros.
11.-Las personas participantes se responsabilizan del cumplimiento de las disposiciones legales vigentes en materia de propiedad intelectual y del derecho a la propia imagen declarando, responsablemente, que la difusión o reproducción de la obra en el marco del presente concurso no lesionará ni perjudicará derecho alguno del participante ni de terceros.
12.- CLÁUSULA DE INFORMACIÓN
De acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de Protección de Datos de Carácter Personal, le informamos de que los datos personales facilitados serán tratados con la finalidad de participar en el certamen, así como de informar, por correo electrónico u ordinario, de futuras actividades organizadas por Defoto, salvo que se indique lo contrario al solicitar la participación. Defoto podrá hacer públicas las obras presentadas, con indicación del nombre de su autor.
Para el ejercicio de sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición deberá dirigirse al responsable del fichero, Defoto.
13.-La interpretación de estas bases y la solución a las dudas que pudiera plantear su aplicación corresponderá al Jurado designado por Defoto.
14.-Aceptación de las bases: la participación en el Concurso implica su aceptación plena.

3 -XIX PREMIO INTERNACIONAL DE POESIA Y NARRATIVA  2013 «MIGUEL FERNÁNDEZ»

CONVOCA: IES Miguel Fernández (Melilla).

BASES:

Participates: Alumnos entre 14 y 18 años.

PREMIOS:

Relato Corto: Primer premio 600 € y Placa; Segundo premio 200 € y placa.

Poesía: Primer premio 600 € y Placa; Segundo premio 200 € y Placa.

EXTENSIÓN:

Relato corto: máximo 8 folios, mínimo 4 folios.

Poesía: Máximo 40 versos en un solo poema; mínimo, 14 versos.

CARACTERÍSTICAS:

-Trabajos originales e inéditos.

-Presentados a doble espacio en cuerpo de 12 puntos Arial o similar, en DIN A-4.

-Temática libre.

Datos Adjuntos: nombre del autor, centro en el que estudia, dirección, teléfono y fotocopia de cualquier documento donde figure fecha de nacimiento.

Plazo de Admisión: Hasta el 31 de marzo de 2013.

Dirección para remitir los trabajos:

IES MIGUEL FERNÁNDEZ

XIX PREMIO MIGUEL FERNÁNDEZ

APARTADO DE CORREOS, 537

52006-MELILLA

E-MAIL: premiomfernandez@yahoo.es

Entrega de Premios: 10 de mayo de 2013.

Teléfono de contacto: 952672517

6: «I Concurso de microcuentos “Érase una vez…un microcuento”

Organizado por el portal literario http://www.diversidadliteraria.es

Enlace del concurso http://www.diversidadliteraria.es/concursos/concursos-microcuentos/

7: CONCURSO DE MICRORRELATOS

Organizado por la Universidad de Córdoba

Fecha límite de presentación de trabajos: 29 marzo 2013

Primer premio: iPad 2. Segundo premio: iPad mini. Tercer premio: iPad touch

Información: http://www.uco.es/servicios/informacon/concurso.htlm

8: XXI PREMIO NACIONAL DE POESÍA «POETA MARIO LÓPEZ»

PARTICIPANTES: Todos los autores que lo deseen, en lengua castellana.

TEMA: Libre.

EXTENSIÓN:

PREMIO NACIONAL DE POESÍA «POETA MARIO LÓPEZ»: Un libro de poemas de 250 versos mímino y 600 máximo, en folio.

PREMIO: 3000 €, galardón, flor natural y publicación del libro.

PREMIO DE LOS JUEGOS FLORALES: mínimo de 50 versos y máximo de 100.

PREMIO: 500 €, galardón y flor natural.

PREMIO RESERVADO: Para alumnos matriculados en cualquier centro del Alto Guadalquivir que no tengan más de 20 años, extensión máxima 50 versos.

PREMIO: 250 €, galardón y flor natural.

ENVÍO: Seenviarán por el sistema de plicas, en cuatro copias mecanografiadas, a doble espacio y por una sola cara.

FECHA LÍMITE: 4 de abril de 2013

DIRECCIÓN DE ENVÍO: Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Bujalance. Plaza Mayor, 1, 14650, Bujalance (Córdoba).

XV CERTAMEN DE POESÍA Y RELATOS CORTOS ORGANIZADO POR CASA DE CASTILLA-LA MANCHA EN CÓRDOBA

DESTINADO: Alumnos de ESO de Córdoba y provincia.

TEMA: Relacionado con Don Quijote de la Mancha.

EXTENSIÓN:

Poesía: Mínimo 1 soneto o 20 versos; máximo 40 versos.

Narrativa: Mínimo folio y medio a una cara y doble espacio. Máximo 3 folios a una cara y doble espacio.

PRESENTACIÓN: A máquina u ordenador, original y copia. Los autores se identificarán bajo pseudónimo que adjuntarán a los trabajos en sobre cerrado donde se insertarán los datos personales.

FECHA LÍMITE: 15 de abril de 2013.

PREMIOS:

1º Premio Poesía y narrativa: 75 euros y un ejemplar del libro D. Quijote.

2º Premio Poesía y narrativa:  50 euros y un ejemplar del libro D. Quijote.

ENVÍO DE TRABAJOS: Casa de Castilla-La Mancha en Córdoba, Apartado de Correos 5046. Domicilio Social en C/ Cruz Conde 10, planta 2ª, puerta 9, 14002 Córdoba.

XXXIX PREMIO DE CUENTO Y POESÍA «MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA» (IES MIGUEL DEL CERVANTES SAAVEDRA, ALCÁZAR DE SAN JUAN, CIUDAD REAL).

PARTICIPANTES: 4º ESO, Bachillerato o Ciclos Formativos, alumnos matriculados que no superen los 21 años.

TEMA Y EXTENSIÓN: Redactados en lengua española y tema libre. La extensión no excederá de los cinco folios en la modalidad de cuento y de sesenta versos en poesía.

FECHA LÍMITE: 3 de mayo de 2013.

ENVÍO DE TRABAJOS: Se enviarán los trabajos por triplicado (dos copias en papel y una en soporte informático) haciendo constar el Centro de procedencia, a la siguiente dirección: «Premio de Cuento y Poesía», C/ Jesús de Haro, s/n. 13600 Alcázar de San Juan, (Ciudad Real).

PREMIOS: 1er. premio: 300 euros; 2º premio: 100 euros.

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¿TIENEN CABIDA LOS FILÓSOFOS EN LA VIDA MODERNA?

Acabo de leer este artículo de Ricardo Serna. Su reflexión es refrescante y viene a tocar un tema cuando menos preocupante: el de la consideración social de aquellos que se dedican a la filosofía y, en general, a cultivar el intelecto. En cierta ocasión, me hallaba con mi padre tomando una copa de vino en nuestra judería. Llegó un amigo, ya mayor, y me preguntó si yo era el médico. Ante mi negativa quiso saber quién de los hijos de mi padre era yo. Le respondí que el filósofo, por aquello de que había estudiado Filosofía y Letras. El hombre, reflexivo, se quedó mirándome y me preguntó: «¿Y de eso come uno?».

Vivimos envueltos en un falso pragmatismo que ahora se ha dado en llamar «competencias curriculares». El pragmatismo no es malo, es más diría que necesario. Pero cuando el pragmatismo se separa de la actitud analítica y reflexiva nos lleva a aplicaciones más o menos de carácter inmediato carentes de la profundidad necesaria para que sean eficaces. Y esa actitud reflexiva, analítica y crítica se cultiva a través de la inteligencia. En el mundo en el que vivimos, en esa cultura al cuerpo y a la salud, nadie critica que alguien se suba a una cinta y corra durante 30 minutos para no llegar a ninguna parte. Es más, se fomentan maravillosamente esta y otras prácticas semejantes desde los medios de comunicación. Si le preguntas a cualquiera, te respondería que el objetivo no es «llegar a alguna parte con tu esfuerzo», sino quemar calorías, mantener ágil el cuerpo, eliminar colesterol, sudar, etc. Y lloverían apóstoles de todas partes abogando porque esta práctica es necesaria incorporarla en nuestro hábito diario. Sin embargo, nadie dice que leas media hora al día, que eso pone en marcha los circuitos neuronales, que mantiene ágil tu cerebro, que te ayuda a comprender la realidad y a comprenderte a ti mismo. Leer, trabajar el intelecto, reflexionar, todo eso es un anacronismo sin sentido porque no te ayuda a «ligar más» ni a estar más guapo. ¿Por qué este doble rasero? Vivimos en una sociedad que entiende y predica el esfuerzo físico por el esfuerzo físico en sí mismo sin necesidad de un fin práctico inmediato, pero no entiende y critica el esfuerzo intelectual si no va encaminado a un fin práctico más o menos inmediato, ¿curioso? Tiene pues sentido la pregunta y mucho más la reflexión que tomo de http://www.ellibrepensador.com/2012/01/01/los-intelectuales-y-la-filosofia-practica/ una página que merece la pena consultar de vez en cuando.

Los intelectuales y la filosofía práctica

Publicado por Ricardo Serna el 01/01/2012 en Cultura y Ocio | 6s comentarios

      «Se considera generalmente que los intelectuales, es decir, las personas que trabajan con la mente y no con las manos, los creadores, los escritores y ensayistas, los universitarios que no dejan de serlo al terminar estudios superiores y viven de alguna manera ligados a la universidad durante buena parte de sus vidas, ven la Filosofía de manera distinta a como la ve el común de los mortales.

     En cierta forma es verdad, porque el intelectual puro posee más capacidad objetiva que otras personas menos cultivadas en el proceso de comprensión de los conceptos teóricos derivados de las ciencias humanas, pero no sería tan cierto si lo mirásemos desde viciadas perspectivas. No hay que despreciar al intelectual por considerarlo miembro de una estirpe privilegiada o de una clase elitista alejada de la vida de los mercados y las calles. Esa visión del intelectual enclaustrado en su torre de marfil es decimonónica y en absoluto real a día de hoy. Los filósofos que han llegado a la Filosofía con mayúscula no solo abordan el estudio de extraños conceptos teóricos que de poco sirven en principio a la gente normal; también aplican esos conceptos al vivir cotidiano de la inmensa mayoría. Por eso, los beneficiarios últimos no son ellos en exclusiva, sino también la gente de la calle.

     Ortega y Gasset y su discípulo Julián Marías, por ejemplo, fueron intelectuales públicos que permanecieron atentos al mundo y a la sociedad, y mantuvieron siempre una posición de independencia que les honra. Ambos, desde sus respectivas trayectorias, supieron analizar la situación de la España de su tiempo y fueron capaces de colaborar en el bienestar de la nación. Yo tuve el privilegio de charlar con don Julián Marías en dos o tres simposios y cursos, la última vez en El Escorial –de esto hace ya muchos años, por desgracia–, y puedo dar fe de su sana preocupación por acercar el pensamiento filosófico al común de los mortales. No fue nunca un filósofo encastillado, sino más bien un ciudadano comprometido y lúcido que colaboró en el mejoramiento del país con las valiosas armas del intelecto.

     Jaime de Salas decía, en un artículo publicado el 16 de diciembre de 2005 en ABC, que «los dos, Marías y Ortega, coinciden en buscar una comprensión de la vida cotidiana desde la metafísica. Logran que a través de sus páginas el lector llegue a comprender mejor su mundo y a sí mismo». Pienso que los dos unieron su interés por la metafísica –es decir, por el conocimiento último de las esencias del ser en cuanto tal- con la capacidad de observar en derredor, comprender la vida y regenerarla en lo posible.

    A veces pedimos al intelectual que baje su nivel para comprenderlo y asimilar sus ideas con mayor facilidad, y sobre todo sin esfuerzo; y a nadie se le ocurre, en cambio, subir el suyo propio al objeto de llegar a otro estadio de mayor conocimiento. De ahí nace un cierto rechazo enrabietado contra la postura del ilustrado, del erudito, del universitario. A mí me parece muy bien solicitar sencillez al que nos supera en nivel académico o intelectivo, de modo que podamos entenderle mejor y asimilar su discurso, pero creo que es un disparate –digno de sociedades o personas de pobre mentalidad– pretender que el intelectual no se comporte como lo que es, una persona preparada que aporta con su trabajo lo que antes la sociedad le ha dado: cultura. Cultura a través de sus teorías, de sus pensamientos, de sus investigaciones, de sus conferencias y publicaciones.

     Habría que preguntarse para qué forma intelectuales una sociedad como la nuestra, con el dineral que cuesta eso, si luego los ningunea o los orilla. O peor aún, si considera la erudición como una forma de soberbia. La Filosofía, lo mismo que el resto de las ciencias y disciplinas, no constituye ningún reducto idóneo exclusivo para universitarios; vale para todos, por supuesto que sí, pero esa adaptación a la mayoría es preciso hacerla con talento, sabiduría y prudencia. Utilicemos la cabeza para algo más que separar las orejas.»

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BENITO PÉREZ GALDÓS: «“Cadalsito estaba en el comedor, sentado a la mesa…». Comentario literario de un fragmento del capítulo IV de Miau.

INTRODUCCIÓN:

No existe una solución única para la resolución perfecta de las preguntas de comentario. No obstante, hemos de distinguir el comentario de contenido, del lingüístico y del literario. En el presente comentario sigo el criterio que explico en CÓMO SE HACE UN COMENTARIO DE TEXTO. Berenice, 2009 (3ª edición) en el apartado de comentario de textos literarios narrativos. El nivel aplicado en la resolución sería indicado para alumnos de primero y segundo de Bachillerato. El presente comentario no se ciñe a lo exigido para Selectividad de Andalucía, excepto en los apartados de tema, resumen y esquema. En otras comunidades como Madrid, por ejemplo, sí solicitan en el apartado de comentario rasgos correspondientes al análisis lingüístico y literario de forma explícita en el ejercicio.

TEXTO:

Cadalsito estaba en el comedor, sentado a la mesa, los codos sobre ella, los libros delante. Estos eran tantos, que el escolar se sentía orgulloso de ponerlos en fila, y parecía que les pasaba revista, como un general a sus unidades tácticas. Estaban los infelices tan estropeados, cual si hubieran servido de proyectiles en furioso combate; las hojas retorcidas, los picos de las cubiertas dobladas o rotas, la pasta con pegajosa mugre. Pero no faltaba a ninguno, en la primera hoja, una inscripción en letra vacilante, que declaraba la propiedad de la finca, pues sería en verdad muy sensible que no se supiera que pertenecían exclusivamente a Luis Cadalso y Villaamil. Este cogía uno cualquiera, a la suerte, a ver lo que salía. ¡Contro, siempre salía la condenada Gramática!… Abríala con prevención y veía las letras hormiguear sobre el papel iluminado por la luz de la lámpara colgante. Parecían mosquitos revoloteando en un rayo de sol. Cadalso leía algunos renglones. «¿Qué es adverbio?». Las letras de la respuesta eran las que se habían propuesto no dejarse leer, corriendo y saltando de una margen a otra. Total, que el adverbio debía de ser una cosa muy buena; pero Cadalsito no lograba enterarse de ello claramente. Después leía páginas enteras, sin que el sentido de ellas penetrara en su espíritu, que no se había desprendido aún del asombro de la visión; ni se le había quitado el malestar del cuerpo, a pesar de haber comido con tanta gana; y como notase que al fijar la atención en el libro se ponía peor, tuvo por buen remedio el ir doblando una a una las puntas de las hojas de la Gramática, hasta dejar el pobre libro rizado como una escarola.

En esto estaba cuando sintió que su abuelo salía del despacho. Se le había apagado la luz por falta de petróleo, y aunque no escribía, la oscuridad le lanzó de su guarida hacia el comedor. En este y en el pasillo se paseó un rato el infeliz hombre, excitadísimo, hablando solo y dando algunos tropezones, porque la desigual y en algunos puntos agujereada estera no permitía el paso franco por aquellas regiones.

Otras noches que se quedaban solos abuelo y nieto, aquel le tomaba las lecciones, repitiéndoselas y fijándoselas en la memoria. Aquella noche, Villaamil no estaba para lecciones, lo que agradeció mucho el pequeño, quien por el bien parecer empezó a desdoblar las hojas del martirizado texto, planchándolas con la palma de la mano. Poco después, el mismo libro fue blando cojín para su cabeza, fatigada de estudios y visiones, y dejándola caer se quedó dormido sobre la definición del adverbio.

Villaamil decía: «Esto ya es demasiado, Señor Todopoderoso. ¿Qué he hecho yo para que me trates así? ¿Por qué no me colocan? ¿Por qué me abandonan hasta los amigos en quienes más confiaba?». Tan pronto se abatía el ánimo del cesante sin ventura, como se inflamaba, suponiéndose perseguido por ocultos enemigos que le habían jurado rencor eterno. «¿Quién será, pero quién será el danzante que me hace la guerra? Algún ingrato, quizá, que me debe su carrera». Para mayor desconsuelo, se le representaba entonces toda su vida administrativa, carrera lenta y honrosa en la Península y Ultramar, desde que entró a servir allá por el año 41 y cuando tenía veinticuatro de edad (siendo Ministro de Hacienda el Sr. Surrá). Poco tiempo había estado cesante antes de la terrible crujía en que le encontramos: cuatro meses en tiempo de Bertrán de Lis, once durante el bienio, tres y medio en tiempo de Salaverría. Después de la Revolución pasó a Cuba, y luego a Filipinas, de donde le echó la disentería. En fin, que había cumplido sesenta años, y los de servicio, bien sumados, eran treinta y cuatro y diez meses. Le faltaban dos para jubilarse con los cuatro quintos del sueldo regulador, que era el de su destino más alto, Jefe de Administración de tercera. «¡Qué mundo este! ¡Cuánta injusticia! ¡Y luego no quieren que haya revoluciones…! No pido más que los dos meses, para jubilarme con los cuatro quintos, sí, señor…». En lo más vivo de su soliloquio, vaciló y fue a chocar contra la puerta, repercutiendo al punto para dar con su cuerpo en el borde de la mesa, que se estremeció toda. Despertando sobresaltado, oyó Luis a su abuelo pronunciar claramente al incorporarse estas palabras, que le parecieron lo más terrorífico que había oído en su vida: «…¡con arreglo a la ley de Presupuestos del 35, modificada el 65 y el 68!». (Inicio del Capítulo IV, Miau)

COMENTARIO DE TEXTO:

LOCALIZACIÓN:

El fragmento propuesto para comentario pertenece a uno de los grandes autores del Realismo español iniciado en la segunda mitad del XIX, Benito Pérez Galdós (Las Palmas, 1843 – Madrid, 1920). Con él entramos de lleno en un periodo en el que la novela se convierte en el género literario por excelencia y es enfocado hacia el reflejo y análisis de la realidad cotidiana buscando una crítica confiada en la reforma y regeneración de una sociedad que no acaba de dar soluciones. En España fue la generación que irrumpió con el impulso de la Revolución de 1868, casi coincidente con la fecha de publicación de la primera obra de nuestro autor, La fontana de oro.

En la producción del autor puede observarse una cierta evolución desde unos planteamientos realistas puros en su primera época (de corte histórico como La fontana de oro y El audaz; o de corte contemporáneo, la más amplia entre la que encontraríamos Fortunata y Jacinta, La de Bridas, Miau o sus Episodios Nacionales; o las novelas de tesis, como Doña Perfecta, Gloria o Marianela), hacia una progresiva humanización social en la que el novelista orienta y participa afectivamente de los personajes (Nazarín o Misericordia).

Miau fue publicada en 1888 y pertenece al grupo de novelas que centran la trama en los acontecimientos coetáneos al autor. En concreto, la acción transcurre en Madrid en el periodo de la Restauración. El protagonista es Ramón Villaamil, un funcionario cesante del Ministerio de Hacienda. Solo le quedan dos meses de trabajo para tener derecho a jubilarse, pero los vaivenes políticos le han hecho caer en desgracia y, a pesar de toda una vida de dedicación, de su preparación y su valía, es apartado y olvidado. En esta situación, ha de mantener a su mujer, doña Pura, su cuñada Milagros, su propia hija, Abelarda, tres mujeres a las que apodan “las miau” por su aspecto relamido y su afán de aparentar. Y, además, con su nieto, Luisito Cadalso, hijo de la difunta Luisa y de Víctor Cadalso. Su esposa, lejos de ayudarle a sobrellevar la situación, no hace sino gastar. Y la amargura de Ramón se ve incrementada por contraste con el éxito de Víctor, también dedicado a la administración y que medra en sus cargos políticos a pesar de su inutilidad por su buena planta y su verborrea. Cuando aparece, se instala también en la propia casa, antítesis de Villaamil, acaba por hundir la poca dignidad de anciano. Galdós nos lleva a rebelarnos ante la situación entre la angustiada resignación del anciano y la mirada inocente de su nieto, sin concesiones cuando cierra el cuadro de la desesperanza con el suicidio de Ramón.

La obra presenta una estructura de desarrollo bastante clásica: una primera parte de presentación de ambiente, situación y personajes (capítulos 1-14); una segunda parte de nudo o enredo: se nos pone al corriente de las dificultades para la subsistencia, la llegada de Víctor y los conflictos derivados de su falta de ética (capítulos 15-33); y, finalmente, el desenlace en la tercera y última (capítulos 34-44). El fragmento propuesto para comentario es el inicio del capítulo IV y corresponde, precisamente a la parte de presentación de los personajes.

RESUMEN, ESTRUCTURA Y TEMA:

El texto nos presenta a Cadalsito, el nieto, y sus esfuerzos aparentemente inútiles frente a unos libros maltratados que más que ayudarle al estudio le sirven de distracción. El abuelo aparece en la escena al salir de su despacho por falta de luz. A diferencia de otros días, hoy no le tomaría las lecciones, y en lugar de ello, se dedicó a deambular despotricando por su mala suerte, la falta de apoyo y el abandono de sus amigos y deudores. Se rememora su vida de entrega a la Administración, y se nos muestra indignado por el olvido, unas veces airado y otras abatido: solo le quedaban dos meses para poder jubilarse con los cuatro quintos de sueldo de Jefe de Administración de Tercera. Chocó contra la puerta y tras un desvanecimiento despertó recitando leyes con el consiguiente susto de Luis.

El texto se compone de cuatro párrafos con una estructura bien definida:

   1: Luis, torpe y aburrido, se distrae frente a sus libros.

  2: Entrada en escena del abuelo. 

2.1. Irrupción del abuelo desde despacho.

2.2. Percepción de que no habría lecciones y vuelta a la desidia

 3: Diatriba del abuelo.

3.1. Indignación ante su situación de cesante.

3.2. Repaso a su historial en la Administración.

3.3. Anécdota del golpe final.

El primer párrafo describe a Luis frente a sus libros, la escena de la entrada del abuelo se estructura en los párrafos 2 y 3 coincidentes con la narración de la entrada y la constatación por parte de Luis de que el hecho no altera la situación y el párrafo 4 que se centra en la diatriba del abuelo hasta que es interrumpida por el golpe y su salida.

En cuanto al tema, el fragmento nos trasmite la indignación y desesperación del abuelo cesante ante su nieto aburrido e inconsciente de la trascendencia de los hechos.

ANÁLISIS ESTILÍSTICO:

El Realismo fue un movimiento literario que trató, en principio de plasmar la realidad como si de un espejo se tratara. No obstante, es difícil inhibirse de un cierto perspectivismo a la hora de tratar a los personajes y Pérez Galdós los presenta a través de sus ojos mediante esbozos, trazos rápidos que los caracterizan con una afectividad contaminada por los propios personajes o por el propio Galdós. El estilo indirecto libre usado por el autor hace difícil establecer esta distinción como veremos inmediatamente.

El fragmento se abre con la descripción del nieto. A través de sus actos se nos va descubriendo su personalidad. La relación afectiva con el abuelo queda señalada con el uso del sufijo afectivo (“Cadals-ito”). El uso de la tercera persona verbal nos separa al narrador de los personajes desde una actitud omnisciente, dado que conoce los pensamientos y sentimientos de Luis (“se sentía orgulloso”, “sería muy sensible que no se supiera que pertenecían…”, “siempre salía la maldita gramática”, etc.). En este apartado, la descripción de la escena queda patente en el uso de verbos copulativos (“estaba”, línea 1, “”eran”, línea 2, “parecía”, línea 4, “estaban”, línea 5, etc.) expresando el estado permanente de los libros (ser) o el carácter transitorio de su situación (estar) u haciendo una mera conjetura (parecer). La escena descrita, lejos de ser algo puntual, se transmite como estampas habituales en la vida del muchacho mediante el uso del pretérito imperfecto de indicativo.

Choca la actitud externa del personaje, que aparenta estar estudiando (“los codos sobre ella”, “los libros delante”), con la relación que establece con los libros. Su relación es meramente física (“se sentía orgulloso de ponerlos en fila”, “estaban… estropeados”, “las hojas retorcidas”, “los picos en las cubiertas doblados o rotos”, etc.) de tal forma que el autor remata el resultado con una comparación “…tan estropeados, cual si hubieran servido de proyectiles…”. Y contrasta enormemente con la incapacidad de Luis para comprender el conocimiento que se le ofrece. Frente al orgullo que siente en ese ordenar los libros, Galdós lo muestra desorganizado (“cogía uno cualquiera a ver lo que salía”), siente “prevención” al abrirlos, reacciona molesto contra la gramática, las letras le parecían hormigas y era incapaz de comprender lo que leía. Para mostrarlo, el narrador cambia de perspectiva y asume la del personaje mezclando su interpretación con los pensamientos y sensaciones del propio Luis. La clave está, como ya se dijo, en el uso del estilo indirecto libre del que fuera creador: “…cogía uno cualquiera a ver lo que salía. ¡Contro, siempre salía la condenada Gramática!...”. Al omitir el verbo de lengua o pensamiento (pensó, dijo) el narrador deja sin definir el sujeto que dice o piensa la oración que podría ser el propio personaje, o ser el mismo narrador. No ha usado comillas ni dos puntos, ha evitado el estilo directo; tampoco ha usado nexo de introducción ni verbo principal, y encontramos el verbo subordinado transformado a imperfecto de indicativo para mantener la concordancia con el verbo anterior -cogía-. Narrador y personaje se confunden de esta forma. A través de cuatro datos nos acaba de describir la ausencia de concentración del niño frente a los libros que “…leía páginas enteras sin que el sentido de ellas penetrara en su espíritu…”.

La segunda parte, además de la separación de párrafos, queda marcada por el cambio de formas verbales. En efecto, ahora veremos alternar los imperfectos que nos marcan acciones durativas (estaba, escribía, permitía, quedaban, etc.), con acciones puntuales marcadas por el perfecto simple y que ordenan la secuencia de hechos (sintió, lanzó, paseó, agradeció, empezó, fue y quedó) y las insertan en las secuencias anteriores. Se entrelazan los hechos habituales con los puntuales contrastándolos y dando un motivo de reacción al niño que tras observar por la actitud del abuelo que no habría toma de lecciones (habitual) primero “agradeció” evitarse el esfuerzo, luego “ordenó” sus libros, “apoyó” la cabeza y se “durmió”.

Junto a ello se nos describe al abuelo al que se caracteriza como “infeliz” un adjetivo que antepuesto adquiere un significado moral más que explicativo, era digno de lástima. El adjetivo superlativo explicativo, situado entre comas, “excitadísimo”, condensa en sí mismo su estado de ánimo y justifica sus actos inmediatos (hablar solo, dar tropezones) y la técnica estilística empleada en la diatriba posterior.

Ya en la última parte, la técnica dominante será el monólogo. El abuelo habla consigo mismo. Dominan en el inicio las interrogaciones retóricas que tratan de hallar una respuesta que no existe (“¿Que he hecho yo…?”, “¿Por qué me abandonan así?”, “¿Quién será…?”). Es el propio narrador quien nos introduce en el motivo de su desesperación a través de una breve síntesis de su historia en la Administración que pone de manifiesto su preparación, su dedicación y su sacrificio. Todo ello para acabar con una frase lapidaria por contraste: “Le faltaban dos meses para jubilarse…”. Acaba de introducirnos en el motivo de la indignación que se subraya inmediatamente regresando al monólogo recurrente, esta vez marcado por las exclamaciones (¡Qué mundo este!, ¡Cuánta injusticia…!, ¡Y luego no quieren…!”).

El golpe contra la puerta lo saca, nos saca, de este bucle. Las acciones son ahora rápidas en sucesión de pretéritos perfectos simples (“vaciló”, “fue a chocar”, “se estremeció”, “oyó”) en oraciones mucho más cortas que finalizan con un contrapunto cómico cuando enfrenta la visión del abuelo como un disco rayado (“Con arreglo a la ley de presupuestos…”) con el terror que siente Luis no por la escena, sino por el discurso de su abuelo (“(estas palabras)…le parecieron lo más terrorífico que había oído en su vida”).

CONCLUSIÓN:

El texto es un magnífico ejemplo de la técnica empleado por Benito Pérez Galdós en la presentación de los personajes desde la acción misma. A través del uso de la tercera persona se distancia de los hechos, pero el cambio de enfoque a la consideración de los acontecimientos desde la perspectiva de los distintos personajes, el uso del estilo directo y, sobre todo, del indirecto libre logran conducirnos como lectores a una estimación interesada de los acontecimientos. Algunos recursos como el uso del epíteto, sufijos afectivos y comparaciones subrayan esos tintes subjetivos en la elaboración del relato. La combinación de modos de expresión y la claridad de la estructura en desarrollo son magistrales.

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