
He oído que los dictados están obsoletos y son antipedagógicos, que eso de repetir las faltas de ortografía para corregirlas es aburrido y no se corresponde a los métodos de aprendizaje que hoy, en la era de la informática, digital, y de las nuevas comunicaciones, no tiene cabida. De hecho, una Inspectora de educación en Andalucía se permitió ridiculizar el hecho como algo trasnochado y prehistórico impropio de los tiempos que corren. Es una corriente que se extiende hasta tal punto que en la Prueba de Acceso a Ciclos celebrada en Andalucía en 2012, la ortografía solo tenía un valor específico de 0,5 puntos en el valor de la prueba correspondiente a Lengua Castellana -preferiría Española-.
Durante años he defendido lo contrario. Hoy me encuentro con una noticia publicada en ABC el día 11 de septiembre de 2013. Anoto la fecha porque es importante reseñar la actualidad de la noticia. El artículo está escrito por Félix Iglesias y se refiere a una resolución publicada el día 10 en el Boletín Oficial de Castilla y León, por la que la Consejería de Educación incorpora explícitamente los dictados a la metodología de aprendizaje de la lengua escrita, además de otras instrucciones que nos devuelven, desde mi punto de vista, al sentido común en el proceso de aprendizaje.
El uso de los dictados para la mejora de la ortografía es un recurso antiguo. Es cierto. Pero no todo lo anterior a la era informática, por ser antiguo, ha de ser inútil. Al contrario, cuando un método ha demostrado su eficacia, cualquier otro que venga a sustituirlo deberá demostrar previamente que es «más eficaz» o no tiene sentido cambiar de método. No tiene ningún sentido un adiestramiento exclusivo en teclados, móviles u ordenadores cuando nuestros alumnos van a ser examinados y evaluados a través de exámenes escritos donde no solo la ortografía sino también la caligrafía van a ser puntos clave en la evaluación.
Permítanme dos observaciones: la primera es que, gracias a las tomografías cerebrales, hoy sabemos que escribir a mano activa más áreas cerebrales que escribir sobre un teclado. El trazo escrito refuerza la memoria mecánica -el cuerpo memoriza los movimientos que ejecuta hasta desarrollar la tendencia a la repetición automática-, lo que no ocurre cuando el movimiento consiste simplemente en pulsar una tecla. La asociación del trazo con la visualización de la grafía escrita a ritmo de aprendizaje se realiza a una velocidad que mejora la memoria visual. Las repeticiones actúan transformando los trazos en reflejos mecánicos de manera que la única forma de erradicar un error es acostumbrar a la mente, la vista, y la mano a la ejecución del trazo correcto. Luego no siempre se ha hecho mal y es muy probable que el sistema, testeado a través de los siglos, no haya encontrado aún un modelo de relevo que mejore los resultados.
Si además queremos lograr la excelencia tendremos en cuenta dos elementos de refuerzo de aprendizaje: en primer lugar, el aprendizaje léxico, es decir, no solo corregir la ortografía, sino ofrecer junto a ella el significado de las palabras que se escriben. De esta forma logramos aumentar el caudal léxico de nuestros alumnos y con ello su capacidad de expresión y comprensión lectora. En segundo lugar, la contextualización, es decir, ofrecer las palabras en una oración donde el significado pueda apreciarse.
Hay una primera fase de aprendizaje donde enseñamos el uso de las grafías con sus reglas correspondientes, durante los primeros cursos de Primaria el niño aprende cuando «rr» se escribe con una sola «r» o con dos, cuando debemos escribir «g» o «gu» según suene la grafía y vaya o no seguida de «e» o «i», etc.; esta primera fase de aprendizaje está muy bien desarrollada en la mayoría de los libros de texto. Pero nos quedamos en esta fase, y curso tras curso vuelven a aparecer una y otra vez las mismas reglas con ejercicios dispersos al final de cada unidad. La experiencia nos dice que no obtenemos resultados, luego el regresar a los dictados y a la corrección, como pretende Castilla-León no parece tan disparatado.
Cuando diseñé el método de autoaprendizaje en Manual de ortografía y redacción (Berenice, 2010), me enfrenté a estos problemas. El grado de madurez de nuestros alumnos no es el mismo, cada uno tiene más o menos dificultades o tiene unas dificultades específicas. Además, hay faltas de ortografía recurrentes, es decir, hay errores que se cometen con mucha más frecuencia que otros. Teniendo esto en cuenta, el desafío consiste en diseñar un método personal, que permita el trabajo individual del alumno en función de su nivel de desarrollo y posibilite el apoyo de la familia en un momento dado; un método, además, que incida de forma más insistente en aquellos errores que, por ser los más frecuentes, suponen un mayor índice de dificultad en el aprendizaje. Fue así como diseñé este método con 60 dictados breves -unas diez frases- donde los puntos de especial dificultad aparecen de forma recurrente para erradicarlos. Cada dictado lleva a continuación un autocorrector que permite al profesor en el aula, o al alumno en casa, consultar la regla correspondiente al error que haya cometido. Cada alumno se centra exclusivamente en sus propios errores, copia una vez la regla, y repite cinco veces la palabra correcta retintando en otro color la grafía correspondiente a la falta.
La compilación de reglas de ortografía me llevó también a realizar un estudio de la rentabilidad práctica de las mismas, porque no todas las reglas que enseñamos tienen el mismo espectro de aplicación. A pie de cada página, regla a regla, reseñé las palabras que cumplían esa norma. El resultado fue el primer ÍNDICE LEXICOGRÁFICO REMITIDO A REGLAS ORTOGRÁFICAS ESCRITO EN LENGUA CASTELLANA con más de 2500 palabras y que se incluye al final de la obra. Esto nos permite, como profesores, componer nuestros propios dictados buscando en el índice las reglas a las que podemos remitir a los alumnos en cada caso. Hay reglas que siempre se cumplen, como las del uso de la tilde o las mayúsculas, por ejemplo, o el escribir «m» delante de «p» o «b», o el escribir «rr» con dos «r» cuando aparece entre vocales y con una cuando aparece a principio de palabra o detrás de consonante. Remitir al alumno al aprendizaje de estas reglas es práctico porque no solo está erradicando el error concreto sino que está aprendiendo a prevenirlo en palabras que cumplan las mismas condiciones.
La aplicación del método en cursos de Refuerzo de 2º de la ESO y PCPI ha logrado erradicar el 70 y el 80 % de los errores ortográficos a lo largo de un curso escolar dedicando a la actividad veinte minutos a la semana. Similares resultados me han ofrecido otros tantos profesores y familias que lo han aplicado desde 5º de Primaria hasta Ciclos de Preimpresión. La clave está en la constancia, no en la cantidad.
La recomendación que realiza la Consejería respecto a la redacción es también elemental. Con frecuencia repito a mis alumnos: «A montar en bicicleta aprendemos montando en bicicleta, a escribir aprendemos escribiendo, y a leer, leyendo». En este sentido, el aspecto peor tratado es el empleo de los signos de puntuación. En el Manual de ortografía y redacción diseñé un programa de aprendizaje compuesto por 24 unidades de dificultad progresiva que, como en el caso anterior, incluye un autocorrector para que el usuario pueda autocorregir, comprender y mejorar en el empleo de la coma, el punto, el punto y coma, los paréntesis, guiones, interrogaciones, exclamaciones…
Pero, como muy bien se dice la Consejería, no todos los errores se cometen en las grafías, hay errores que afectan a la cohesión, la concordancia temporal o modal de los verbos, o el mal uso de preposiciones, conjunciones o pronombres, mal uso del género, etc. Aunque en el Manual de ortografía y redacción añadí un anexo sobre estas cuestiones, le faltaba el desarrollo de ejercicios concretos que pudieran facilitar el aprendizaje y la corrección. Eso me llevo a escribir el Manual de redacción para profesionales e internautas (Berenice, 2011) que trata mucho más de cerca los errores de ortografía y redacción que pasan desapercibidos a los correctores. Lo fundamental de esta obra es que recoge 80 ejercicios prácticos cuya corrección podemos consultar en Internet, además de plantear dudas e interactuar conmigo mismo como autor. El mundo de la información es imparable, nuestros alumnos pertenecen a la era digital, pero la celeridad de implantación y las modalidades de comunicación que se nos abren han atraído una mala praxis en la escritura que puede suponerles un serio problema en su desarrollo profesional. De ahí la necesidad de enseñarlos a utilizar adecuadamente estas vías de comunicación en su provecho -el capítulo referido al curriculum electrónico es especialmente recomendable para aquellos que buscan trabajo hoy por hoy, por ejemplo- y a discernir entre el lenguaje formal necesario en el ámbito académico o profesional, y el lenguaje coloquial utilizado en foros con amigos o conocidos. La contaminación de registros es, para ellos, el mayor problema.
No. No creo que esté equivocada esta Consejería, más bien aplaudo el retorno al sentido común y a la buena praxis. Debemos aprovechar lo que nos ofrecen las nuevas tecnologías en nuestra labor docente -que es mucho-, pero sin renunciar a metodologías eficaces en el proceso de enseñanza-aprendizaje en tanto no se nos ofrezcan otras testeadas que hayan demostrado más allá de toda duda que mejoran lo anterior. Cambiar a golpe de impulso pseudopedagógico movido por presentar imágenes modernas e innovadoras sin tener en cuenta la eficacia real en el aula solo nos llevará -nos ha llevado- a unos criterios erráticos en Educación.
Aquí les dejo con el artículo original publicado en ABC, cuyo titular no acaba de agradarme. Quienes apostamos por cuidar la ortografía, la presentación, la organización y la coherencia en la forma de hablar o escribir, ya sea en textos manuscritos o textos mecanografiados, no estamos «anti-nada», estamos a favor de la excelencia educativa. No se trata de erradicar ni los mensajes en twitter, ni los mensajes en Watsapp, se trata de concienciar y favorecer una buena praxis en la comunicación.
José Carlos Aranda
félix iglesias / valladolid
Día 11/09/2013 – 09.58h
«La Consejería de Educación busca lograr la excelencia en la expresión oral y escrita del alumnado

Lograr la excelencia en la expresión oral y escrita del alumnado es el objetivo primordial de la resolución publicada ayer en el Boletín Oficial de Castilla y León, por la que la Consejería de Educación implanta en este curso recién iniciado los exámenes orales y la lectura expresiva.
Frente a la síntesis y encriptado de los SMS y Whatsapp, el departamento que dirige el consejero Juan José Mateos, pone en primer plano «la lengua oral y escrita como instrumento vehicular de aprendizaje en todas las áreas de la educación primera». Por lo tanto, en todas las ásignaturas habrá exámenes orales vinculados específicamente a las respectivas materias.
Las orientaciones pedagógicas de la resolución inciden en aspectos como el uso funcional de las normas gramaticales, realizar al menos dos veces por semana pruebas orales, prevenir los errores ortográficos, estimular el manejo adecuado y frecuente de diccionarios, ejercitar la caligrafía, fomentar la redacción y producción de textos escritos, promover la lectura expresiva como ejercicio de comunicación.
Criterios para los dictados
La nueva disposición docente se adaptará a las características propias de las áreas de conocimiento. Así en Matemáticas uno de los objetivos es «utilizar el conocimiento para comprender, valorar y producir informaciones y mensajes sobre hechos y situaciones de la vida cotidiana», por lo que deberá usarse con precisión los números, medidas y cálculos, frente a muletillas «mogollón», «cantidad» o «super» para describir situaciones, cantidades o emociones.
La resolución de Educación marca pautas para la realización de los dictados, como que deberán tener «relación con los contenidos del tema que se esté trabajando» y que «considerar errores ortográficos no sólo las faltas en la grafía de alguna palabra del dictado, sino también la unión o separación incorrecta de palabras, omisiones de palabras dictadas, escribir una palabra parecida a la dictada, añadir palabras no dictadas y no aplicar correctamente las reglas de acentuación.
Esta inicitiva pedagógica enfatiza que, en definitiva, se busca que «el alumnado se comunique adecuadamente en lengua oral y lengua escrita, comprenda lo que otros transmiten y asuma su propia expresión como forma de apertura hacia los demás», reza en la resolución publicada ayer.»
ENLACE CON EL ARTÍCULO ORIGINAL: ABC