SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 6.2. ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS EN FUNCIÓN DE COMPLEMENTO DIRECTO.

SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 6.2. ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS EN FUNCIÓN DE COMPLEMENTO DIRECTO.

Otra de las funciones propias del Sintagma Nominal si preposición es el Complemento Directo. Semánticamente el C.D. expresa una idea, objeto o hecho sobre el que recae la acción expresada por el verbo:

“Calentamos agua”.

Para localizar y comprobar la función C.D. se suele preguntar “¿QUÉ?” (¿Qué calentamos? = agua) pero ya hemos visto que no se trata de un procedimiento fiable porque puede inducirnos a cometer errores. El sistema más sencillo y seguro es la sustitución por LO/LA-S, el pronombre personal, teniendo en cuenta que la sustitución no puede alterar el significado de la oración (“Calentamos agua” / “LA calentamos”) y el pronombre debe concertar con el nombre sustituido en género y número (“LA” es femenino singular porque “agua”, el nombre sustituido es femenino singular). Debemos recordar también la posibilidad de que el C.D. activo asuma la función de Complemento Agente al pasar la oración a pasiva (“Vimos una película (CD-activo)”/ “Una película (Sujeto paciente) fue vista por nosotros”).

Como ocurría en el caso de la función Sujeto, también el CD puede desarrollarse mediante una estructura oracional utilizando el nexo transpositor “QUE”:

A: Los profesores siempre quieren que sus asignaturas no resulten aburridas.

Igual que el elemento simple, la proposición subordinada sustantiva asume la función de Sujeto Paciente en  la transformación a pasiva (“Que sus asignaturas no resulten aburridas  (Sujeto paciente) siempre es querido por los profesores”), y admite la sustitución por  un pronombre personal (Los profesores siempre LO quieren).

Para su identificación y análisis, recomendamos el mismo procedimiento que ya hemos visto para las de Sujeto:

1)      Sustituir la proposición por un pronombre (Los profesores quieren ESO).

2)      Actuar en el análisis como si se tratara de una oración simple (Los profesores (Sujeto) quieren (Verbo núcleo del predicado) ESO (pronombre CD) = Los profesores LO (Pr. CD) quieren).

O1: Los profesores quieren que sus asignaturas no resulten aburridas.

O. COMPLEJA, BIMEMBRE, ENUNCIATIVA, ACTIVA, AFIRMATIVA, TRANSITIVA.

…..SINTAGMA NOMINAL (SUJETO): Los profesores

……….DETERMINANTE: Los.

……….NOMBRE: Profesores.

…..SINTAGMA VERBAL (PREDICADO): quieren que sus asignaturas no resulten aburridas.

……….VERBO (núcleo): Quieren.

……….PROPOSICIÓN SUSTANTIVA INTRODUCIDA POR “QUE” (COMPLEMENTO DIRECTO). Consta de:

……………SINTAGMA NOMINAL (SUJETO): Sus asignaturas.

………………..DETERMINANTE: Sus.

………………..NOMBRE: Asignaturas.

……………SINTAGMA VERBAL (PREDICADO): No resulten aburridas.

………………..ADVERBIO (marca oracional de negación): No.

………………..VERBO (núcleo): Resulten.

………………..ADJETIVO (Atributo): Aburridas.

O2: Que sus asignaturas no resulten aburridas es querido por los profesores.

O. COMPLEJA, BIMEMBRE, ENUNCIATIVA, PASIVA, AFIRMATIVA.

…..PROPOSICIÓN SUSTANTIVA INTRODUCIDA POR “QUE” (SUJETO PACIENTE): Que sus asignaturas no resulten aburridas… Consta de:

……….SINTAGMA NOMINAL (SUJETO): Sus asignaturas.

……………DETERMINANTE: Sus.

……………NOMBRE: Asignaturas.

……….SINTAGMA VERBAL (PREDICADO): …no resulten aburridas.

……………ADVERBIO (marca oracional de negación): No.

……………VERBO (núcleo): Resulten.

……………ADJETIVO (Atributo): Aburridas.

…..SINTAGMA VERBAL (PREDICADO):

……….VERBO (Perífrasis Pasiva): es querido

……….GRUPO PREPOSICIONAL (Complemento Agente): “…por los profesores”.

……………PREPOSICIÓN: Por.

……………SINTAGMA NOMINAL: …los profesores.

………………..DETERMINANTE: Los.

………………..NOMBRE: profesores.

(NOTA:  Es frecuente suprimir la conjunción anunciativa QUE en la lengua escrita, especialmente con verbos de voluntad y temor, y en textos de carácter administrativo: “Le rogó fuese a Cádiz”, “Temieron se perdiese la ocasión” (por “Le rogó que fuese a Cádiz” y “Temieron que se perdiese la ocasión”. Otras veces, puede sustituirse por NO, lo que otorga a la expresión matiz dubitativo, por ejemplo: “Temía no la denunciasen los vecinos” (por “Temía que la denunciasen los vecinos”).

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CÓRDOBA DE LOS OMEYAS. Antonio Muñoz Molina. Barcelona, Editorial Planeta, 2002.

CÓRDOBA DE LOS OMEYAS. Antonio Muñoz Molina. Barcelona, Editorial Planeta, 2002.

Es una buena obra. Si tuviera que definirla de una manera concreta, diría que es un resumen novelado de los episodios y personajes más relevantes de la Córdoba Omeya, desde su conquista hasta su devastación. Es pasear por nuestra historia, pero una historia en la que no importan tanto las fechas –sin ser imprecisa- sino el porqué y el cómo de lo que vemos, de lo que sucedió, de las vidas de los personajes que tejieron la historia, desde Abderramán I el Inmigrado al que vemos huir oculto y solo de Damasco después de la matanza de su familia, hasta Hisham II desplazado a la sombra por el gran Almanzor para acabar siendo títere y testigo mudo y prisionero de la destrucción del imperio de sus antepasados. Costumbres, como la distribución de los patios en nuestras casas; hechos, como el vacío del mihrab, o la disposición de las columnas de la mezquita; anécdotas, como el antecedente de Leonardo estrellándose contra el suelo en su intento de volar, o el antecedente legendario del bálsamo de fierabrás de don Alonso Quijano; datos impresionantes de población, de industria… la llegada del papel a occidente, la moda perdurable de los vasos de vidrio para beber… Si de cualquier libro aprendes, se aprecia la mano de un novelista en el trazo de las historias y la forma de relatarlo. Antonio Muñoz hace fácil la lectura, nos la acerca, la ambienta y nos sumerge a través de la anécdota cercana.

El libro ha vuelto a ser publicado, los acontecimientos históricos desde su publicación en 1991 hacen que adquiera un relieve interesante para comprender algunas claves del Islam que también se nos dan en el libro. «Cuando escribí sobre la Córdoba de los Omeya», cuenta Muñoz Molina, «la materia que trataba era casi secreta, se conocía muy poco sobre al-Andalus, sobre esa larga época de la historia de España. Era un tema lejano, y como mucho existía un punto de narcisismo andaluz: querían demostrar que eran también diferentes y que, un buen día, habían llegado los castellanos a destruirles una sociedad tolerante, libre, donde convivían culturas diferentes. Abusaban de ese viejo truco que ha funcionado tan bien, el de presentarse como víctimas cuando en realidad se consideran superiores. Pero ése era un asunto de escala doméstica, pequeño. No había entonces la presencia real que el mundo del islam tiene ahora en nuestras vidas: ni estaban los inmigrantes que hoy llenan nuestras ciudades, ni existía Al Qaeda. Era, además, una época de fascinación por lo oriental. Si llegas a decir que querías tratar de la época romana de Córdoba, hubieras pasado por ser de derechas. El mundo oriental, los porritos y todo aquello, entonces estaba de moda».

(http://www.elpais.com/articulo/cultura/Cordoba/civilizacion/suicida/elpepucul/20070912elpepicul_4/Tes).

En su libro nos da algunas claves para la reflexión en este sentido: “…el Islam es una teocracia en la que no existen diferencias entre la vida civil y religión” (pág. 147); “…uno de los mandamientos del Islam era el de combatir a los infieles: la guerra santa o yihad constituía una tarea tan grata a Dios como la peregrinación a la Meca o el hábito de la oración y la limosna” (pág. 233).  La cuestión queda abierta y lamentablemente palabras como “yihad” suenan después de mil trescientos años en nuestros telediarios.

En conclusión, si te gusta la historia, se trata de un libro para revivirla, pero también con claves que te ayudarán a comprender qué está pasando por el mundo.

José Carlos Aranda Aguilar

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¿VAMOS A ESCRIBIR EN ANDALUZ CON LETRAS ÁRABES?

VAMOS TODOS A ESCRIBIR EN ANDALUZ

Llega a mis manos este cartel, no sé si anunciador o conmemorativo, de una “reunión, congreso, simposio” de escritores “en andaluz”. Se celebró en Marchena los días 18 y 19 de octubre de 2008.

Con la muralla medieval de fondo, unos contertulios conversan tranquilamente. Una señora, a la izquierda, está hablando. Los demás, hasta el niño, el único sentado en el banco, la escuchan atentamente. La mayoría son personas mayores, excepto el joven que ocupa el centro de la imagen y está de frente, y el niño. La actitud es distendida, las manos a la espalda o en los bolsillos de rebecas o pantalones… o cruzadas en el pecho: una imagen que forma parte del paisaje andaluz pero que no deja de ser una alegoría de lo que me preocupa con todo este asunto de “escribir en andaluz”.

El problema me viene cuando trato de leer lo que dice la leyenda superior. Como siempre, trato de leer de izquierda a derecha empezando por la parte superior, es mi costumbre. Y lo que me encuentro es: “Hunta d´ehkritoreh en andalú”. Como la “k” es una grafía extraña e infrecuente, y la “h” es una grafía muda, me quedo parado, un poco extrañado, perplejo. Empiezo a comprender, e interpreto que la “h” debo leerla como una aspiración laríngea que no llega a ser la “j” castellana. De ahí deduzco que lo que estoy leyendo es “Junta de escritores en andaluz”.

Y tengo un problema porque no sé qué andaluz es el que tratan de representar en esas leyendas. Desde luego no el de Jaén, la tierra del “ronquío”, precisamente porque pronuncian la “j” a lo castellano, igual que sucede en toda su serranía hasta la frontera con Murcia allá por Santiago de la Espada. Lo de la “h” sustituyendo la aspiración me provoca otro problema, porque no todas las “h” escritas se pronuncian en Andalucía, ni siquiera en todas las zonas.  Creo recordar que sólo se pronuncia la “h-“ inicial cuando procede de “f-“ latina, de ahí que digamos “jacer o jaser o hacer o haser” porque tampoco en toda la comunidad se produce este fenómeno, sólo en la Andalucía occidental. Por motivos de repoblación, no se aspira esta hache ni en Jaén, ni el Granada ni en Almería. Y pongo este ejemplo porque la palabra provoca otra división regional entre seseantes, ceceantes y distinguidores; porque hay andaluces nacidos en Andalucía que pronuncian distinguiendo la “s” de la “z”, y lo hacen como lo hacían sus padres y sus abuelos y sus bisabuelos y sus chornos, todos ellos andaluces.

Otro problema me plantea eso de usar “h” para señalar la pérdida de la “s” en posición implosiva (“ehkritores”) porque, si bien la supresión de “-s” final de los plurales, es un fenómeno muy extendido, lo más destacado es la abertura de las vocales de la palabra cuando esto sucede. Lo de la aspiración ya es un fenómeno más o menos extendido y fuerte según las zonas. Las hay incluso donde no queda vestigio ni de la abertura vocálica ni de ninguna aspiración, o eso nos decía el profesor Umberto López Morales. También hay zonas –sierra de Córdoba y Jaén- donde no se pierde esta ese. ¿Qué andaluz tratan de escribir estos señores? El de Córdoba con su seseo, el de la Sevilla rural con su ceceo, el gaditano con su peculiar “ch”, ¿qué andaluz? ¿Y quién decide las grafías que representen estos peculiares sonidos? Si elegimos el seseo como norma para esta nueva escritura, ¿estaríamos llamando incultos a los andaluces ceceantes?; ¿serían incultos y poco patriotas los serranos andaluces que distinguen “s” de “c”?; ¿tendríamos que aprender, por ser andaluces, a decir y leer “jetas” por “setas”?

Hace años, el profesor Ramón Morillo afirmaba que no podíamos pensar en un andaluz, porque no existe, debíamos pensar en “hablas” andaluzas. Cada pueblo –algunos distantes sólo cuatro o cinco kilómetros- tiene su forma peculiar de hablar. Realizan unos fenómenos fonéticos, otros no; han preferido una solución frente a otra por razones que se nos escapan –sociológicas, históricas, asentamientos, repoblaciones…- y siempre se ha tenido el castellano como lengua de referencia. Por eso los andaluces escribimos en castellano, porque desde nuestra variedad, si escribiéramos en “nuestro andaluz” no nos entenderían nuestros vecinos, y me refiero a los de “al lado”, no a los castellanos, ni los catalanes o los gallegos. Esos tampoco nos entenderían.

En alguna ocasión, ha caído en mis manos un libro de esta nueva hornada de escritores, escrito en andaluz rural occidental con soluciones gráficas más o menos pintorescas. No sé decirles nada de su calidad literaria porque no lo entendí y eso que soy andaluz, cordobés, de madre sevillana y abuelos malagueños y gaditanos. Y, a pesar de eso, no lo entendí.

Quizás sea que la cultura me ha adulterado y el ser inculto sea connatural a hablar en andaluz. En ese caso, si para ser andaluz hay que hacer alarde de incultura, renuncio a mis credenciales.

Estoy orgulloso de ser andaluz. Esta tierra ha dado buena parte de los mejores escritores en lengua castellana: desde Fernando de Herrera, pasando por Góngora o Bécquer, Juan Valera o Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado o el duque de Rivas… Yo mismo hice la tesis doctoral sobre narradores andaluces del siglo XIX, pero todos ellos escribieron en castellano su andaluz. Y si algo ha caracterizado a los escritores andaluces de todas las épocas, según la profesora María José Porro, es su vocación de proyección universal, como canta nuestro himno, por otra parte. Una cosa es erradicar ese complejo “paleto” de inferioridad que tiene el andaluz por su forma de hablar –ya mencionado por don Manuel Alvar al elaborar el ALEA-, explicar que superar el registro vulgar es algo que va más allá de la fonética y afecta al léxico y a la sintaxis; explicar que el registro familiar es el idóneo para cada uno en conversaciones de ámbito restringido, o local,  y que la cultura no supone la renuncia a tu forma de hablar, sino lograr adaptarla a tu interlocutor para lograr el fin último: la comunicación… Y otra, que se anime a ser un burro, asociar ser andaluz a la vulgaridad y el vulgarismo.

Por último, me preocupa otro detalle de este cartel: el libro abierto sobre el que se desliza una pluma que escribe de derecha a izquierda en símbolos “árabes”. El libro ocupa el centro mismo del logotipo formado por los círculos concéntricos donde podemos leer la convocatoria. ¿Qué quiere sugerir este pequeño detalle? Desde luego, la cultura andaluza debe entenderse en relación con la árabe, no en balde vivieron por estas tierras más de cinco siglos. Pero Córdoba fue la capital del imperio romano en la Bética durante más siglos todavía, a lo que hay que añadir los dos siglos de dominación visigoda y los cinco o siete siglos que hace que formamos parte de España por la expansión castellana. Limitar nuestra identidad a la época árabe es empobrecernos, es renunciar u olvidar todo aquello que civilización tras civilización, también los árabes, han ido depositando entre nosotros. Por eso, no entiendo ese reduccionismo cuando escribimos en letras latinas heredadas de Roma en una lengua romance traída al sur por castellanos y leoneses durante la Reconquista. ¿A quién se le habrá ocurrido identificar escritores andaluces o “en andaluz” con escribir en árabe? Y ahora pienso en una noticia de última hora según la cual parece que el Presidente de la Junta de Andalucía ha presentado un proyecto de ley para invertir entre 2500 millones de euros y 5000 millones en poner el árabe como segunda lengua en los centros de enseñanza de Andalucía ¿Qué significa esto? ¿No sería un enorme despropósito en tiempos como estos?

Desde mi humilde opinión, creo que lo peculiar de Andalucía no es tanto su fonética, tan dispar, como su creatividad, su capacidad de concebir imágenes, requiebros y, sobre todo, su ritmo más rápido, trepidante, respecto al castellano. Me encantan esos vocablos que perviven entre nosotros y poco a poco van perdiéndose –mejor “alfombra” que “tapiz”, me duele que se marche silencioso el “alfayate”o que la “algofifa” (aljofifa) deje de pronunciarse con ese verbo tan ecijano “algofifar” (aljofifar) con el que entregan la vivienda nueva ya limpia; mejor la “aceituna” que la “oliva”… y tantas otras-, esos arcaímos conservados inopinadamente como la aspiración de la “f-“ (¿qué has jecho? –factum-) o el uso de “ser” como auxiliar en construcciones condicionales (No me fueses llamado)… De ahí a tratar de inventar un “andaluz” con una transcripción ortográfica propia hay un abismo. Creo que es una tarea inútil por no emplear adjetivos más duros. Apoyar ese proyecto desde la Administración pública, un despilfarro. Pero como me dijo alguien en una ocasión… «¡Deja eso para los que entienden!». ¡Ah, bueno!

José Carlos Aranda

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 6.1. (ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS EN FUNCIÓN DE SUJETO).

SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 6.1.

ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS EN FUNCIÓN DE SUJETO.

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

La función de Sujeto es desempeñada en la estructura oracional por un nombre, pronombre o Sintagma Nominal (sin preposición). A través de la conjunción anunciativa “QUE” podemos introducir una estructura oracional funcionando como sujeto de su oración. Veamos algunos ejemplos:

O1: Me gustaría que vinieras a casa.

ORACIÓN COMPLEJA, BIMEMBRE, ENUNCATIVA, AFIRMATIVA, MEDIA que consta de:

…..PROPOSICIÓN SUSTANTIVA (SUJETO): que vinieras a casa

……….SINTAGMA NOMINAL (SUJETO): elíptico (2ª persona del singular)

……….SINTAGMA VERBAL (PREDICADO):

……………VERBO (núcleo): vinieras

……………GRUPO PREPOSICIONAL (C.C. LUGAR):

………………..PREPOSICIÓN: a

………………..SINTAGMA NOMINAL:

……………………NOMBRE: casa.

…..SINTAGMA VERBAL (PREDICADO): me gustaría.

……….PRONOMBRE (C. INDIRECTO): me

……….VERBO (núcleo): gustaría.

O2: Que fuera amable en la fiesta resultó agradable.

ORACIÓN COMPLEJA, BIMEMBRE, ENUNCIATIVA, AFIRMATIVA, ATRIBUTIVA, que consta de:

…..PROPOSICIÓN SUSTANTIVA (SUJETO) que fuera amable en la fiesta.

……….SINTAGMA NOMINAL (SUJETO): elíptico (3ª persona del singular).

……….SINTAGMA VERBAL (PREDICADO): fuera amable en la fiesta.

……………VERBO (núcleo): fuera.

…………… ADJETIVO (ATRIBUTO): amable.

……………GRUPO PRESPOSICIONAL (C.C. LUGAR): en la fiesta.

………………..PREPOSICIÓN: en.

………………..SINTAGMA NOMINAL: la fiesta.

…………………….DETERMINANTE: la.

…………………….NOMBRE: fiesta.

…..SINTAGMA VERBAL (PREDICADO): resultó agradable.

……….VERBO (núcleo): resultó.

……….ADJETIVO (ATRIBUTO): agradable.

La cuestión que nos planteamos ahora es cómo reconocemos la proposición sustantiva en función de Sujeto. Si equivale a un nombre, podremos sustituirla por un nombre o un pronombre sin que se altere la estructura oracional. Para comprobarlo, vamos a usar el pronombre demostrativo “ESO”:

Me gustaría que vinieras a casa” = “Me gustaría ESO

Y ahora podemos proceder como si se tratara de una oración simple. Si ponemos el pronombre en plural, observamos que el verbo también pasa a plural:

Me gustaría eso”  pero “Me gustaríaN esoS

Al pasar el pronombre al plural, hemos obligado a pasar el verbo a plural para concertar con él. Eso nos demuestra que está actuando como Sujeto de ese verbo.

Un error muy frecuente en el aprendizaje es aprender a identificar el sujeto preguntando “¿QUIÉN?” al verbo. Este procedimiento nos resulta útil en bastantes casos, pero no en todos. Cuando lo utilices, recuerda que debes siempre realizar la prueba de concordancia del verbo, así no fallaremos en casos como éste donde el sujeto responde a la pregunta “¿QUÉ?” (ocurre siempre que el sujeto es objeto: ¿QUÉ me gustaría? = ESO, por eso preguntar “QUIÉN” no es fiable).

Antes de pasar al apartado de ejercicios, recuerda que las Proposiciones Sustantivas en función de Sujeto son especialmente frecuentes en dos estructuras:

1)      Verbo Copulativo + Adjetivo (ATRIBUTO) + PROP. SUSTANTIVA (SUJETO): Es (Verbo Copulativo) bueno (Adjetivo Atributo) que el hombre esté solo (Prop. Sust. SUJETO).

2)      Pronombre (C. INDIRECTO) + Verbo de sentimiento + PROP. SUSTANTIVA (SUJETO): Me (Pr. CI) gusta (V. gusto, apetencia, sentimiento) que seáis puntuales (Prop. Sust. SUJETO)

EJERCICIOS PRÁCTICOS:

1)      En las siguientes oraciones hemos mezclado oraciones simples y oraciones complejas para que veáis la similitud de la estructura. Trata de analizarlas morfosintácticamente:

……….1.1. Le gustan los coches de carreras.

……….1.2. Le gusta que le salgan bien las cosas.

……….1.3. Nos agradan las personas divertidas.

……….1.4. Nos agrada que se hagan fiestas.

……….1.5.¿Es bueno compartir?

……….1.6. No es bueno que el hombre esté solo.

……….1.7. Te interesa la política.

……….1.8. Te interesa que te den las vacaciones en agosto.

2)      Realiza la prueba de concordancia para la identificación del Sujeto en todos y cada uno de los ejemplos anteriores.

3)      Entre las siguientes oraciones, hay una compleja por una Proposición Sustantiva en función de Sujeto. Localízala y analízala morfosintácticamente:

……….3.1. Estoy que trino.

……….3.2. Lo deprimía la idea de que podía estar solo.

……….3.3. El libro que me regalaron es interesante.

……….3.4. Dame dinero para que pague la matrícula.

……….3.5. Me entristece mucho que discutamos continuamente.

……….3.6. Te pido que no vuelvas por aquí.

……….3.7. Cuando lo encuentre, podré descansar.

……….3.8. Las olas, que eran muy altas, arrastraban a los bañistas.

……….3.9. He acabado mis deberes, así que me voy a la calle.

……….3.10. Como no vimos a nadie conocido, nos vinimos de la fiesta.

……….3.11. No te lo diría si no estuviese seguro.

……….3.12. Cuando llegue mi turno, llámame.

……….3.13. Te lo explicaré para que lo comprendas mejor.

……….3.14. A pesar de que es tonto, saldré con él el sábado.

4)      Entre las siguientes oraciones se nos ha vuelto a deslizar alguna que otra compleja por una Proposición Sustantiva en función de Sujeto. Haz lo mismo que en el ejercicio anterior.

……….4.1. Me siento satisfecho de que hayas vuelto.

……….4.2. Te avisó de que volvería tarde.

……….4.3. Sabíamos que ese sería el resultado.

……….4.4. Mis compañeros están que se mueren de envidia.

……….4.5. Le complacía que le pidieran favores.

……….4.6. Mis padres llamaron para que supiéramos cuándo regresaban.

……….4.7. Es imposible que te hayas enterado ya.

……….4.8. Se conforma con que cada uno cumplamos nuestras obligaciones.

……….4.9. No es cierto que tengas miedo.

……….4.10. Me temo que sea tarde.

……….4.11. Los clientes vienen a que les solucionemos sus problemas.

……….4.12. En el futuro será muy útil que sepas programar un ordenador.

……….4.13. El miedo a que lo pillaran copiando le ponía las orejas coloradas.

5)      En el texto de Jorge Luis Borges, hay dos oraciones complejas en las que aparecen sendas Proposiciones Sustantivas en función de Sujeto. Localízalas y analízalas. Sigue los siguientes pasos:

1.1.  Localiza y subraya los “QUE” que aparecen en el texto.

1.2.  Sustituye la estructura oracional que introducen por un pronombre (“ESO”).

1.3.  Prueba a cambiar de número el pronombre y observa si el verbo cambia de número obligado por él.

6: Conjuga los siguientes tiempos verbales:

6.1. Bendecir: presente de indicativo, pretérito perfecto simple y condicional simple.

6.2. Caer: presente de subjuntivo, presente de indicativo y perfecto simple.

6.3. Cocer: presente de subjuntivo, presente de indicativo y pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo.

6.4. Colgar: presente de subjuntivo, pretérito imperfecto de subjuntivo, imperativo.

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EL MÉDICO DE CÓRDOBA. Herbert le Porrier. Barcelona, Grijalbo, 1999 (1ª ed. Para Mitos de Bolsillo)

EL MÉDICO DE CÓRDOBA. Herbert le Porrier. Barcelona, Grijalbo, 1999 (1ª ed. Para Mitos de Bolsillo)

(Un médico, un filósofo, pero sobre todo un sabio: la reconstrucción de la vida y la época del gran Maimónides)

Recientemente Córdoba ha sido preseleccionada como una de las finalistas a la candidatura de Capital Cultural europea 2016. Es un motivo de alegría y una llamada a la esperanza para una ciudad que pasa por tantos avatares. Tomar este libro entre las manos, que compré allá por el año 2000 y releerlo es una bonita forma de celebrar esa alegría. Vivimos en Córdoba y la disfrutamos en el día a día en sus espacios de silencio ajenos a la grandeza que encierran no solo sus monumentos, sino también las almas que los habitan. Cuando entramos en la judería por la puerta de Almodóvar

–una de las pocas originales de la antigua muralla- nos sumergimos en el tiempo escuchando el eco de nuestros pasos por entre las callejuelas. Una de las más conocidas gira a la derecha, estrecha, sinuosa, encalada, medieval.

Avanzamos hasta la taberna donde los catavinos siguen siendo panzones para servir el medio exacto de un cuartillo, donde el tiempo sigue transcurriendo entre tertulias sin más excusa que el estar con un amigo. En el primer requiebro, haciendo esquina, una preciosa casa del siglo XIV, con sus patios porticados y sus columnas octogonales de ladrillo nos hablan del concepto de casa en la judería. Desniveles, pozo, ladrillos espigados, ventanas de madera y luz tamizada entre buganvillas y naranjos. Es un museo judío, la casa de Sefarat (http://www.casadesefarad.es/movie_entrada.html). Las contraventanas y las rejas nos hacen fácil adivinar el sentido de privacidad propio del mundo oriental. Vivimos de puertas adentro, creamos vergeles íntimos de penumbra, marcamos fronteras con las verjas y los zaguanes. Seguimos avanzando. A la derecha queda la sinagoga como un monumento a una raza, a un credo, que habitó entre estos muros y, un día, tuvo que huir perseguido por el fanatismo, la intolerancia, el fundamentalismo, el miedo a quien es diferente, la necesidad de afianzar credos para mantener un poder precario e inestable.

Conserva la sinagoga algo de esos rezos acompasados que durante siglos absorbieron sus paredes y su estuco. Sigues recto y abre una pequeña plazuela. Allí verás a Mahimónides,

un nombre que aún se pronuncia con respeto entre las comunidades judías. Sentado, apoyando su mano derecha en un libro. El bronce brilla en la punta de sus babuchas después de ochenta años de manos que lo tocan tratando de adivinar o acercarse a la leyenda. Este es el protagonista de nuestra historia, de la historia novelada de Herbert Porrier.

Escrita en primera persona, a modo de epístola, va narrando las peripecias de su vida, la difícil relación que mantuvo con su padre, juez de su comunidad, reputado intelectual, renovador de las esperanzas del pueblo de Israel a través de epístolas en las que animaba a las comunidades judías del Mediterráneo a perseverar en su fe, a seguir las tradiciones, a seguir siendo un pueblo, el pueblo elegido. Su elección de otro gran cordobés, Averroes, como maestro que lo iniciara en el arte de la filosofía y de la medicina, su ruptura y marcha a Toledo. El regreso. La llegada del fanatismo almohade de la mano de Almanzor –¡cómo me duele en el alma visualizar de nuevo la quema de la Biblioteca califal en el río!- y el éxodo familiar. Su periplo por tierras africanas hasta acabar siendo el médico privado del gran Saladino, quien, según la ficción novelada, llegó a ofrecerle Jerusalem para el retorno de su pueblo. Quizás nos falte la fuerza de la trama de las novelas modernas, los romances truculentos, las traiciones y vicisitudes que encontramos en otros relatos que nos recrean el mismo tiempo… Pero hay algo admirable en esta novela, cómo se introduce el autor en la mente de nuestro filósofo, jurista y médico, cómo trata de hacernos ver el enorme esfuerzo de reconciliación entre razón y fe, cómo su mente se empapa de Aristóteles y Galeno, cómo lucha por encontrar su sitio entre la verdad revelada y el conocimiento cierto. No es fácil traer esas reflexiones a una novela, que sea el  propio Mahimónides quien se dirija a nosotros y nos dirija entre las claves de un momento histórico que marcó, definitivamente, el declive de la que ha sido una de las capitales del mundo conocido.

José Carlos Aranda

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 4. CLASES DE ORACIONES COMPUESTAS.

CLASES DE ORACIONES COMPUESTAS (COORDINADAS Y SUBORDINADAS)

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

Ya hemos visto cómo hablamos de oraciones compuestas polisindéticas cuando entre dos pausas mayores encontramos dos o más verbos conjugados entre los que aparece un nexo de relación. Pero las relaciones que pueden establecerse entre cada uno de los predicados pueden ser diferentes. La clave estará en ese nexo de relación que sirve de enlace.

1)      Hay oraciones en cuyo esquema sintáctico oracional encontramos un elemento (sujeto, complemento directo, complemento del nombre, complemento agente, etc.) que se desarrolla en una estructura oracional (sujeto y predicado). Observa este ejemplo: “Me gusta el pastel” (me (CI) gusta (Verbo Núcleo Predicado) el pastel (Sujeto)); podemos tomar el sujeto y desarrollarlo mediante una estructura oracional introducida por la conjunción “que”, así: “Me gusta que me llames”, donde “que me llames” actúa de sujeto. De la misma forma, tomemos este ejemplo: “El árbol viejo ha ardido”. En ella encontramos un sujeto (“El árbol viejo”) expresado a través de un Sintagma Nominal desarrollado por un Determinante (el) + Nombre (árbol) + Adjetivo (viejo). Ahora podemos tomar el adjetivo y desarrollarlo en una estructura oracional (sujeto y predicado) usando un nexo, en este caso un pronombre relativo, así: “El árbol que plantamos ha ardido”. “Que plantamos” se refiere al sustantivo “árbol” en función adjetiva. También la función adverbial puede desarrollarse a través de una estructura oracional usando los nexos (transpositores) adecuados, por ejemplo: “Te llamaré más tarde”. En esta oración, encontramos un adverbio desempeñando la función de Complemento Circunstancial de Tiempo (“más tarde”), esta función podemos expresarla a través de una estructura oracional introducida por “cuando”, por ejemplo: “Te llamaré cuando llegue a la ciudad

Son, por tanto, estructuras oracionales compuestas con predicado propio, que aparecen desempeñando una función sintáctica en el interior de una estructura sintáctica superior. Según la función que desempeñen las clasificaremos en sustantivas (desempeñan la función propia de un nombre o sintagma nominal), adjetivas (desempeñan la función propia de un adjetivo) y circunstanciales (lo preferimos a adverbiales porque hay dos complementos circunstanciales que no podemos expresar mediante adverbios: causa y finalidad).

Para este tipo de oraciones, me gusta reservar el término ORACIÓN COMPLEJA, “compleja” porque consta de más de un predicado. La oración compleja presenta una estructura oracional base (sujeto y predicado) en la que uno de sus elementos aparece desarrollado en forma de «proposición», esto es, una estructura oracional introducida por un “transpositor” que desempeña una función sintáctica concreta en la estructura de la oración principal o base (uso el término transpositor para significar el hecho de que estos nexos “transponen” o “cambian” un elemento a otra función que no le es propia, en este caso, una estructura oracional a la función propia de un sustantivo, adjetivo o adverbio).

2)      Hay oraciones que se relacionan entre sí a través de conjunciones o locuciones conjuntivas. A diferencia de las anteriores, presentan relaciones lógicas que no están presentes en el esquema de funciones de la oración simple, pero tampoco constituyen un grupo homogéneo. La clave vuelve a estar en los nexos de relación.

2.1.NEXOS COORDINADOS: ORACIONES COORDINADAS:

Hay nexos que tanto pueden enlazar palabras como grupos de palabras u oraciones. Observa:

a)      Juan y Pedro juegan al parchís.

b)      Tenía muchos muebles en el piso y en el apartamento.

c)      Fui a la fiesta y bailé hasta el amanecer.

La conjunción “y” aparece en el ejemplo A enlazando dos palabras de la misma naturaleza morfológica y que desempeñan la misma función sintáctica, sujeto (es imprescindible que los elementos sean homogéneos): en este caso, se trata de dos nombres (“Juan”/”Pedro”). En el ejemplo B, aparece enlazando dos grupos de palabras, dos grupos preposicionales que desempeñan una misma función, Complemento Circunstancial de Lugar (“en el piso” / “en el apartamento”). En el ejemplo C, la conjunción “y” aparece enlazando dos oraciones (“Fui a la fiesta” / “bailé hasta el amanecer”).

En estos casos, cualquiera de los elementos relacionados a través de la conjunción podrían haber funcionado aisladamente con sentido completo (Juan juega al parchís / tenía muchos muebles en el piso/ Fui a la fiesta)

Cuando esto sucede, hablamos de RELACIÓN COORDINADA entre elementos. Cuando el nexo coordinado enlaza dos oraciones, decimos que son ORACIONES COORDINADAS. Entre las oraciones coordinadas distinguiremos entre COPULATIVAS, DISYUNTIVAS, ADVERSATIVAS, EXPLICATIVAS, DISTRIBUTIVAS, ILATIVAS (no todos los autores establecen la misma clasificación que iremos explicando en su lugar correspondiente).

2.2. NEXOS SUBORDINADOS: ORACIONES SUBORINADAS:

En cambio, hay otros nexos que coinciden con los anteriores en que establecen relaciones lógicas que no están presentes en el esquema de funciones de la oración simple. A diferencia de las anteriores, sólo aparecen relacionando oraciones, nunca palabras o grupos de palabras en el interior de una misma oración. Observa este ejemplo:

a)      Si me llamas, iré a verte.

En este caso, la conjunción “si” no podemos encontrarla enlazando palabras o grupos de palabras. Cuando aparece, relaciona dos oraciones. Pero, a diferencia de las coordinadas, en este caso hay una oración que puede funcionar aislada, como independiente (“iré a verte”) y otra que no tendría sentido sin el apoyo de la anterior (“me llamas”). Su significado está incompleto si no lo interpretamos en relación con lo expresado en la otra oración. En estos casos, hablamos de ORACIÓN SUBORDINADA. Toda oración subordinada (“Si me llamas”) se refiere a una ORACIÓN PRINCIPAL, aquella que tiene sentido completo por sí misma y puede funcionar de modo independiente (“iré a verte”).

Entre las SUBORDINADAS, distinguiremos las siguientes: CONCESIVAS, CONDICIONALES, COMPARATIVAS, CONSECUTIVAS (las 4 “Ces”).

NOTA: la gramática tradicional no habla de “proposiciones”, sólo menciona las oraciones COORDINADAS y oraciones SUBORDINADAS. El término “oración” debería ser redefinido para usar la terminología de una manera más precisa: está claro que no son equivalentes las estructuras oracionales que aparecen en el apartado 1 y 2, como tampoco lo son las que aparecen en los apartados 2.1 y 2.2. Dentro de la denominación “Oraciones Subordinadas” se  incluyen las sustantivas, adjetivas, circunstanciales, concesivas, condicionales, comparativas y consecutivas. No se establece distinción según sean subordinadas sintácticas (y semánticas) o sólo semánticas. Entre las COORDINADAS, no consideran las ilativas ni las distributivas.

EJERCICIOS:

1) Conjuga el perfecto simple, pretérito anterior, presente de subjuntivo e imperativo de los siguientes verbos:

1) Caber     2) Rozar     3) Imprimir     4) Prever

2) Transforma a pasiva las siguientes oraciones:

2.1. Mi hermano y yo compartimos el dormitorio en casa.

2.2. El padre de Juan le trajo un CD de su viaje a Alemania.

2.3. A mis compañeros no les gusta la clase de lengua.

3: Transforma las oraciones anteriores a Pasiva Refleja.

4: Define y propón un antónimo de los siguientes términos:

4.1. amigo     4.2. conservar     4.3. establecer     4.4. articular

5: Compón un campo semántico de la palabra «inmueble».

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 6. ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS: NOCIONES GENERALES.

SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 6.0

ORACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS –PROPOSICIONES SUSTANTIVAS-: NOCIONES GENERALES.-

Ya sabemos que hablamos de Proposición Sustantiva cuando en lugar de un nombre o un Sintagma Nominal encontramos una estructura oracional con sujeto y predicado. Lo que debemos repasar ahora son las funciones en las que podíamos encontrar un nombre o un Sintagma Nominal actuando en el esquema sintáctico de una Oración Simple. Así sabremos los tipos de Proposiciones Sustantivas que existen. Un esquema podría ser el siguiente:

NOMBRE O SINTAGMA NOMINAL:

–          SUJETO: La gente se divierte.

–          COMPLEMENTO DIRECTO (objeto): Vimos una mesa.

–          ATRIBUTO: María es un nombre propio.

PREPOSICIÓN + NOMBRE O SINTAGMA NOMINAL (GRUPO PREPOSICIONAL):

–          COMPLEMENTO DIRECTO (persona): Vimos a Enrique.

–          ATRIBUTO: La ensalada es de atún.

–          COMPLEMENTO INDIRECTO: Enviamos una carta al director.

–          COMPLEMENTO REGIDO: Nos enteramos de tu aprobado.

–          COMPLEMENTO DEL NOMBRE: El libro de Lengua Española es azul.

–          COMPLEMENTO DEL ADJETIVO: Los asistentes, entusiastas del deporte, aplaudieron.

(Habrás observado que hemos dejado atrás algunas funciones: un Sintagma Nominal también podía desempeñar la función de Complemento Circunstancial de Tiempo (Llegaremos el martes); y un Grupo Preposicional podía actuar como Complemento Circunstancial de todo tipo, además de como Complemento del Adverbio. De estos, los que alteran el orden regular del esquema son el Complemento Circunstancial de Finalidad y el de Causa porque sólo podemos expresarlos a través del Grupo Preposicional y no de adverbios. De ahí que algunos autores los integren en el apartado de Proposiciones Sustantivas, y con razón. No obstante, por tradición, seguiremos incorporándolas en el grupo de Subordinadas Circunstanciales.)

Según este cuadro, tendremos Proposiciones Sustantivas en función de Sujeto, de Complemento Directo, de Complemento Indirecto, de Complemento Regido, de Complemento del Nombre, de Complemento del Adjetivo y de Atributo.

El nexo “transpositor” común a casi todas ellas será la conjunción anunciativa “que”, e irá precedida o no de preposición según requiera la función sintáctica desempeñada por la proposición.

Se tratará ahora de ir viéndolas una a una y hacer las suficientes prácticas como para familiarizarnos con ellas.

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RETRATO CANALLA DEL MALESTAR DOCENTE (UNA DEFENSA INTELIGENTE Y MORDAZ DEL ACTUAL SISTEMA EDUCATIVO FRENTE A LOS TÓPICOS ANTI-LOGSE). Juan José Romera. Córdoba, Toromítico, 2010.

RETRATO CANALLA DEL MALESTAR DOCENTE (UNA DEFENSA INTELIGENTE Y MORDAZ DEL ACTUAL SISTEMA EDUCATIVO FRENTA A LOS TÓPICOS ANTI-LOGSE). Juan José Romera. Córdoba, Toromítico, 2010.

Este libro me fue regalado por don Manuel Pimentel en una visita a la Editorial Almuzara: “Toma, para que tengas otra perspectiva sobre educación. Yo sé que no te va a dejar indiferente”. Y tenía razón. No es un libro que pueda dejar indiferente a nadie que profesionalmente se dedique a la educación, aunque imagino que creará acólitos entre quienes entienden la educación como un escaparate en el que se vende “humo” en lugar de realidades. Nunca me acerco a la lectura con prejuicios. Tampoco lo hice con esta obra. Hace ya treinta años que me dedico profesionalmente a la docencia. Imparto en los niveles de la ESO y Bachillerato. Durante esos treinta años, ni uno solo he dejado de dar clase, he estado liberado o he tenido paréntesis alguno. Me gusta la docencia porque veo en ella la oportunidad de formar mentes jóvenes en conocimientos y también en hábitos que les abrirán las puertas del futuro. A pesar de todos los pesares, soy feliz con mi trabajo y disfruto con mis alumnos. Creo que cualquiera de ellos, o mis mismos compañeros pueden dar fe de ello.  No entiendo la educación como una mera transmisión de conocimientos, es más bien una formación de la persona en la que hábitos de conducta, de trabajo intelectual y de conocimientos proporcionan herramientas que permiten enfrentarse a la vida. La constancia, el respeto, el esfuerzo, la alegría, el orden, la empatía, también la picaresca, la curiosidad, el rigor… todo aquello que después necesitamos para el día a día forma parte de ese conducir al alumno entre sus limitaciones y sus posibilidades. Lograr sacar de cada uno lo mejor de sí mismo, mantengo esa ilusión después de treinta años.

Por eso me entristece este libro. Si me fuera indiferente el futuro de mis alumnos, también me sería indiferente el que los usaran y nos usaran para experimentos más o menos ocurrentes, aparentes, irrisorios o carnavalescos. Si tuviera puestas mis esperanzas en liberarme de la docencia para trabajar en despachos diseñando nuevos proyectos curriculares y temáticas transversales para lograr integraciones y mejorar los resultados venciendo a esos dinosaurios ciegos que sólo saben añorar la educación franquista, y se vengan suspendiendo a diestro y siniestro como si estuvieran blandiendo un mandoble vengador contra los cuellos inocentes de esas pobres criaturas que sólo quieren desean, anhelan estudiar –imagino que debo incluirme en esta categoría-, no me importaría. Porque en este caso, lo importante es cobrar y vivir del cuento trabajando lo menos posible. Pero es que mis alumnos me importan. El libro presenta una perspectiva sesgada de la realidad, es una caricatura en blanco y negro pero sin grises. Es una gran mentira, porque no hay peor mentira que la verdad a medias. O eso decía don Juan Manuel allá por el siglo XIV –perdonen si alguna vez me sale la vena enciclopédica de una cultura trasnochada-.

Pero vamos por partes. El planteamiento para el desarrollo de la obra es original. Cada capítulo es un correo electrónico que una profesora con unos cincuenta años o más envía a su hijo en respuesta a otro correo que no se recoge en el libro. A través de estos correos va expresando su frustración por el sistema educativo actual, su añoranza por el pasado, su alma desencantada por todo. El libro no recoge los correos que motivan estas respuestas, pero sí las opiniones del autor a modo de  “glosas explicativas” con las que nos ilustra la terminología que aparece en los correos, así como expresiones en clave –»Innombrable = LOGSE», por ejemplo-. El autor es persona cultivada y del gremio. Según se nos informa en el libro, Juan José Romera López (1964) es licenciado en Filología Hispánica por Granada. Amplió sus estudios en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba) y de periodismo televisivo en el Instituto de la RTVE. Después trabajó como crítico de cine y articulista del diario Ideal de Granada y (por fin) en la actualidad ejerce la docencia como profesor de Lengua Castellana y Literatura en un instituto de Málaga. Es un buen currículum, propio de una persona inquieta, que se ha movido y ha entrado en contacto con otras realidades que, sin duda, han enriquecido su perspectiva de la realidad y su sentido crítico. Por eso mismo lo entiendo menos.

Según este señor, don Juan José Romera, los dinosaurios criticados en sus glosas, son contrarios por filosofía, por sistema y por narices a las nuevas tecnologías en educación. Es curioso. Permítanme que hable desde mi experiencia personal. Hace ocho años inauguramos por desdoble un nuevo instituto en la provincia de Córdoba y nos asignaron el edificio del Instituto antiguo. Entonces ocupé el cargo de Secretario de Centro y me tocó lidiar con la puesta en marcha del proyecto. Hubiera sido de esperar que, al ser instituto de nueva creación, hubiera habido una dotación para la puesta en marcha. No fue así. Nos encontramos con un aula informática que contaba sólo con seis ordenadores de funcionamiento más que dudoso y con unas instalaciones en red defectuosas. Eso era todo lo que había para impartir clases de Informática a grupos de 24 alumnos de media. El primer año, el profesor tuvo que impartir “clases” teóricas con tiza y en pizarra verde. De nada sirvió que llamáramos, protestáramos, pataleáramos… ¿Qué quieren que les cuente? Fuimos solucionando aquello como pudimos –algunas empresas, previa solicitud, nos fueron regalando ordenadores residuales para poder completar la dotación- hasta que transcurridos dos años nos correspondió una dotación para el aula informática, ya no recuerdo si de ocho o diez ordenadores. No hubo otra manera. Entonces, me dolía profundamente que estuvieran en prensa los “Centros TIC”, la panacea, la solución a todos los problemas de la educación. Y yo pensaba en cómo se engañaba a la población con esa pantomima cuando había centros, como el nuestro, que ni siquiera estaban dotados con lo más elemental para poder enseñar informática: un aula bien equipada y actualizada. ¿Cuántos más centros habría como el mío, no tocados por la varita mágica de las “TIC” y la propaganda oficialista, centros que seguiríamos sufriendo la penuria de lo que se invertía en unos pocos elegidos para salir en los periódicos?  Y, mire usted lo que son las cosas, después de veinte años de destierro, logré un destino definitivo en mi ciudad y aterricé en un centro TIC. Llegué ilusionado, aulas con ordenadores, un aparato por cada dos alumnos. Pongan el contacto, enciendan los motores, calienten los circuitos y… “Profe… mi pantalla no se enciende”. “Este no tiene ratón”. “Este teclado no funciona”. “La torre no arranca”. Se ve que en tres años, algo había arrasado ese complejo. Puedo aprender la base para moverme como operario en el mundo de la informática y las nuevas tecnologías… De hecho soy usuario. Lo que ya no puedo es hacerme técnico y ponerme a reparar los aparatos cada vez que empiezo a dar una clase. Sólo dispongo de tres horas a la semana en Cuarto de la ESO, Primero y Segundo de Bachillerato, un programa que impartir y una responsabilidad que asumir. Sencillamente, no puedo perder el tiempo jugando a ser técnico, ni indagando quién es el gracioso de turno a quien le apetece  jugar al ratón y al gato para perder tiempo y ver cómo determinado profesor pierde los papeles, el pen, los nervios y lo que haga falta –aunque son buenos por naturaleza, a veces, les da la vena jocosa y se dedican a estas actividades de expansión curricular, seguramente con la sana intención de lograr una mayor integración en el colectivo grupal en que se insertan-. Ahora nos llegan, este mismo curso, los alumnos de Primero de la ESO con sus nuevos ordenadores portátiles sin que haya habido la más mínima preparación para los docentes. Ahora se empiezan a organizar cursos a través de los CEP, y  mientras tanto ¿qué hacemos con esas nuevas tecnologías? No es que sea antiguo, ni dinosaurio, es que creo, sencillamente que la casa hay que empezarla por los cimientos. Vale más una buena aula informática, bien instalada, con un ordenador por alumno, no solo en los centros de Secundaria, sino en los de Primaria, en todos y cada uno, antes de lanzar campanas al vuelo y vender humo. Vale más un buen cañón por aula para poder complementar las explicaciones con temas, visualizaciones, y todo lo que podamos encontrar para apoyo –una buena película o documental es bastante más rico y más atractivo que diez horas de explicación según el tema a tratar-, y luego, vamos a conquistar el ordenador por alumno. Como paso último de un proceso. Me temo que estos ordenadores se perderán en más de un 90 % de los casos, se quedarán obsoletos y no se les habrá sacado el más mínimo partido sobre sus posibilidades reales. Pero esto es andarse por las ramas y desviar la atención sobre el tema principal: la educación.

Por otra parte, la semana pasada leí un artículo sobre las conclusiones de un grupo de trabajo llevado a cabo por la Universidad de Huelva sobre la eficacia de los ordenadores y la informática en el proceso de aprendizaje. Su conclusión era que cuando los medios informáticos se usaban para el aprendizaje y no para el juego, la motivación era la misma por parte del mismo alumnado. Tenían además un agravante: el discernir claramente el ocio del trabajo en las actividades encargadas y controlar la eficacia de la dedicación el tiempo en el aula. Dicho esto antes de las concienzudas conclusiones de un equipo de trabajo universitario hubiera resultado agorero. Hubiera resultado más que suficiente para ser etiquetado tal y como lo hace el autor del libro en esta caricatura. Sin embargo, no era sino el sentido común aplicado desde la experiencia. No digo que no haya entre mis compañeros quienes se nieguen por sistema al uso de nuevas tecnologías, como tampoco puedo negar que existen ilusos que creen que todo se soluciona con ellas olvidando que el ordenador, como la tiza y la pizarra, son meros instrumentos al servicio de un fin: la educación.  Insiste en este sentido el autor, en la página 30 habla de un tipo de docente que “disfruta mandando trabajos manuscritos a sus alumnos”. No es cuestión de disfrutar. Resulta curioso que en esta era tecnológica, cuando llegamos a una prueba en la que los alumnos se juegan su futuro –léase Selectividad, pruebas de acceso a Ciclos o de obtención de Graduado Escolar- los alumnos “escriben” sus exámenes. Es de sentido común que debamos prepararlos para el tipo de prueba que han de desarrollar, la que tienen que aprobar, aquella de la que va a depender su futuro. Y, para eso, hay que escribir. Pero, sobre esto, quizás volveré más adelante, o no, no sé si merece la pena.

Una página después, se critica en el libro el “tópico” de la multiplicación de la burocracia. Incluso se permite hacer un cuadro calculando el tiempo que se emplea en rellenar los documentos que debe realizar un tutor en el desempeño de sus funciones. Su conclusión, cifras en mano, es que nos sobra tiempo con lo que se nos asigna. Es cierto que, en la mayoría de los casos, el tutor dispone de 2 horas a la semana: una lectiva, presencial con los alumnos; y, otra, para este tipo de actividades relacionadas con el ejercicio de su actividad. Pero resulta que en su cuadrante no figuran algunas de estas actividades y la “temporalización” de las mismas resulta más que cuestionable. Desde hace algunos años, se exige al tutor que introduzca los datos en el ordenador a través del programa “Séneca”. No basta con hacer un estadillo semanal, mensual, o trimestral. Hay que meter los datos en el programa informático de la Junta de Andalucía. El hecho no tendría más trascendencia si: 1) El conocimiento de la informática a nivel usuario fuera uno de los requisitos para ser profesor, pero no lo es. ¿Se puede obligar a alguien a ello? Parece que lo que en otros puestos de trabajo de la Administración está claro, y lo está en otros ámbitos laborales, en el docente se da por supuesto. Cuando fui Secretario, tenía a mi cargo al personal no docente. Lo primero que hice fue leer en el Boletín las funciones que eran exigibles para el personal que tenía a mi cargo. Me encontré con la sorpresa de que el Administrativo de Centro no tenía por qué tener conocimientos de informática, ni siquiera de mecanografía. De los Conserjes, ni hablamos. A partir de ese momento, ni yo podía exigir, ni ellos tenían por qué realizar ese trabajo que exigía el conocimiento y dominio de un paquete informático: procesador de textos y base de datos, incluidos. La buena disposición del personal suplía esta carencia legal. Pedía las cosas por favor y daba las gracias consciente de esto. Es por pura educación. Pero para los docentes, lo que hay es una actitud como la que refleja este autor en el libro: menosprecio. Y eso puede molestar y, de hecho, molesta a cualquiera. A esto debemos añadir el funcionamiento de este programa informático. Cada vez que tienes que introducir datos hay que encomendarse a Dios y al Diablo porque cuando no falla la clave de acceso personal, es que no funciona, el sistema está saturado o el ordenador no responde. No es infrecuente pasar media hora delante de la pantalla para lograr lo que hubieras hecho sólo en 5 minutos en un estadillo manuscrito y entregado en Jefatura de Estudios. Por otra parte, la cuantificación que se realiza en el libro es mucho más que cuestionable. 2) No sé si consciente o inconscientemente, el autor olvida algunas de las tareas propias del tutor. Me centraré sólo en una de ellas: la comunicación y atención a los padres y el seguimiento del absentismo escolar. Desde hace tres años a esta parte –el libro se ha publicado en 2010- se ha producido lo que yo llamo la “judicialización” de la enseñanza. Dado que el absentismo escolar puede ser causa de denuncia y derivarse a la Fiscalía de Menores, no son pocos los casos en los que no se ha podido actuar legalmente por no tener acreditado que se han respetado paso a paso las garantías de los padres -lo cual es normal en un Estado de Derecho cuando hablamos de juicios y responsabilidad civil-. Eso obliga a que el desarrollo de nuestras funciones se realice con un protocolo tan rígido en cuanto a comunicaciones, entrevistas y papeles firmados o cartas con acuse de recibo, que requiere de un tiempo no cuantificable –dependerá del número de alumnos que te toquen en tu tutoría con perfil absentista-. Entrevista con el alumno para aclararle que se trata de una obligación, llamar a los padres y anotar la fecha y hora de la llamada, entrevista personal en la que el padre (permítanme, por favor, obviar lo de madre/tutores legales) firme el haber sido informado de la situación de su hijo y las posibles consecuencias, documento de comunicación y derivación de caso a Jefatura de Estudios adjunto los documentos anteriores, asistencia a la entrevista con el Jefe de Estudios y nuevo documento firmado acreditando los mismo extremos; nuevo documento de comunicación a Jefatura de Estudios solicitando la derivación a Dirección, etc. ¿Puede alguien calcular el número de veces que un tutor tiene que llamar a un teléfono hasta obtener respuesta? ¿El tiempo perdido en entrevistas concertadas y no atendidas por la familia? ¿En reuniones con Jefatura para trata caso a caso los alumnos concretos? He sido Jefe de Estudios durante cuatro años y les garantizo que eso no lo puede calcular nadie. Y, en todo caso, es algo demasiado serio para frivolizarlo en un cuadrante que trata de demostrar que los “docentes” nos quejamos de vicio. ¡Ah, por cierto! Este año soy tutor de 2º de PCPI, sólo dispongo de 1 hora de tutoría que es lectiva, presencial con mis alumnos. No hay ni un minuto previsto para desarrollar esas labores burocráticas ¿Puede usted ajustarme esa cuenta?

En la glosa número 4, el autor realiza una defensa de las “competencias curriculares”, muy de moda. Critica la educación obsoleta que defiende la necesidad de “niveles mínimos” cuestionando el término «nivel» en sí mismo. Me llaman la atención dos cuestiones: la primera, que el autor estime que el aprendizaje de la ortografía es innecesario (“De hecho, no se emplea en la enseñanza del español como lengua extranjera por su manifiesta inutilidad, sin embargo, añade una pátina de conservadurismo trasnochado a la prueba […]”, pág. 37). Que esta afirmación salga de la pluma de un filólogo me parece una aberración. La segunda perla tampoco me merece mejor opinión: “[…] Puedo atestiguar que un ejercicio tan inútil como el análisis sintáctico poco tiene que ver con la capacidad de comunicación oral o escrita”. Evidentemente no tiene que ver con la capacidad, sino con el desarrollo de esa capacidad, lo que ahora se llama «competencia» y, lo último de lo último «implementación». Yo, por mi parte, también puedo dar testimonio después de treinta años de docencia de alumnos agradecidos que, cuando tenían dificultades en la comprensión de un texto, acudían al análisis y la ordenación lógica de los elementos de la oración para comprenderla. Por otra parte, siempre ha habido niveles en el lenguaje. Creo que el nivel coloquial y vulgar viene de fábrica y que la conquista, aquello que podemos entregarles, transmitirles, es un nivel culto que les facilite el aprendizaje y potencie sus capacidades intelectivas. Vuelvo a la idea del conocimiento como un medio, no como un fin en sí mismo.

Pero si sólo se limitara a estas apreciaciones… Resulta que, además, me encuentro con que “Frente a las pruebas de Andalucía que pedían un simple reconocimiento, las pruebas de Madrid incluían una trampa –aquí se me empinan las orejas y agudizo los sentidos, ¿qué trampa?- […] a partir de un texto de Delibes titulado “Mi querida bicicleta”, en el que un niño aprende a montar en bicicleta con dolor y esfuerzo, la Comunidad de Madrid no sólo evalúa los contenidos mínimos, sino que además adoctrina en las escuelas sobre el programa educativo de Esperanza Aguirre, centrado precisamente en la cultura del esfuerzo” (pág. 38). Y así me entero de que tratar de educar en “la cultura del esfuerzo” es un adoctrinamiento ideológico de doña Esperanza Aguirre… Y yo que creía que eso era de sentido común. Claro que la cuestión me deja una interrogante en la mente de difícil respuesta: entonces, ¿en qué cultura debemos educar? ¿En la cultura del no esfuerzo? Quizás por eso, en Andalucía, prueba que le sirve al autor como ejemplo de lo que debe ser, el índice de paro sea el más alto de España, o uno de los más altos –pienso ahora en Extremadura-.

Y aquí abandono dejándome mucho en el tintero porque, sinceramente, no merece la pena. Cierro el libro al llegar a la glosa 5. Aquí, hablando de que los conflictos en las aulas siempre han existido, el problema generacional, también, me encuentro con esta perla: “En fecha tan temprana como diciembre de 1978, el semanario La Calle publicaba un reportaje bajo el título “Violencia en los institutos: los niños fachas”, de título premonitorio, pues los niños fachas de entonces van camino de los cincuenta” (Pág. 50). Ahora resulta que quien no comulgue con sus ideas, quien se queje de la violencia escolar, del deterioro del ambiente en clase, de las dificultades para el desarrollo de nuestro trabajo y que, además, ronde los 50 años, es un facha. Lo último que puede y debe hacer alguien que trata de reflexionar sobre un tema es “descalificar” a nadie, no es excusable ni en clave humorística. Es una falacia antigua. Pero, la descalificación no invalida los argumentos y suele usarla quien carece de ellos.

Como hay cosas maravillosas que hacer en la vida, cierro este libro. Quien quiera emplear así su tiempo, es libre de hacerlo. Sirva esta reseña, no obstante, para aviso a navegantes.

José Carlos Aranda

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SINTAXIS DE LA ORACIÓN COMPUESTA 5. CLASES DE ORACIONES COMPUESTAS: COORDINADAS Y SUBORDINADAS.

CLASES DE ORACIONES COMPUESTAS (COORDINADAS Y SUBORDINADAS)

Esta entrada forma parte del Manual para una correcta sintaxis (Berenice, 2019). Si estás interesado, puedes ampliar información aquí: https://wp.me/pTRlh-24L

Ya hemos visto cómo hablamos de oraciones compuestas cuando entre dos pausas mayores encontramos dos o más verbos conjugados entre los que aparece un nexo de relación. Pero las relaciones que pueden establecerse entre cada uno de los predicados pueden ser diferentes. La clave estará en ese nexo de relación que sirve de enlace.

1)      Hay oraciones en cuyo esquema sintáctico oracional encontramos un elemento (sujeto, complemento directo, complemento del nombre, complemento agente, etc.) que se desarrolla en una estructura oracional (con sujeto y predicado propios). Observa este ejemplo: “Me gusta el pastel” (me (CI) gusta (Verbo Núcleo Predicado) el pastel (Sujeto)); podemos tomar el sujeto y desarrollarlo mediante una estructura oracional introducida por la conjunción “que”, así: “Me gusta que me llames”, donde “que me llames” actúa de sujeto. De la misma forma, tomemos este ejemplo: “El árbol viejo ha ardido”. En ella encontramos un sujeto (“El árbol viejo”) expresado a través de un Sintagma Nominal desarrollado por un Determinante (el) + Nombre (árbol) + Adjetivo (viejo). Ahora podemos tomar el adjetivo y desarrollarlo en una estructura oracional (sujeto y predicado) usando un nexo, en este caso un pronombre relativo, así: “El árbol que plantamos ha ardido”. “Que plantamos” se refiere al sustantivo “árbol” en función adjetiva. También la función adverbial puede desarrollarse a través de una estructura oracional usando los nexos (transpositores) adecuados, por ejemplo: “Te llamaré más tarde”. En esta oración, encontramos un adverbio desempeñando la función de Complemento Circunstancial de Tiempo (“más tarde”), esta función podemos expresarla a través de una estructura oracional introducida por “cuando”, por ejemplo: “Te llamaré cuando llegue a la ciudad

Son, por tanto, estructuras oracionales compuestas con predicado propio, que aparecen desempeñando una función sintáctica en el interior de una estructura sintáctica superior. Según la función que desempeñen las clasificaremos en sustantivas (desempeñan la función propia de un nombre o sintagma nominal), adjetivas (desempeñan la función propia de un adjetivo) y circunstanciales (lo preferimos a adverbiales porque hay dos complementos circunstanciales que no podemos expresar mediante adverbios: causa y finalidad).

Para este tipo de oraciones, me gusta reservar el término ORACIÓN COMPLEJA, “compleja” porque consta de más de un predicado. La oración compleja presenta una estructura oracional base (sujeto y predicado) en la que uno de sus elementos aparece desarrollado en forma de proposición, esto es, una estructura oracional introducida por un “transpositor” que desempeña una función sintáctica concreta en la estructura de la oración principal o base (uso el término transpositor para significar el hecho de que estos nexos “transponen” o “cambian” un elemento a otra función que no le es propia, en este caso, una estructura oracional a la función propia de un sustantivo, adjetivo o adverbio).

2)      Hay oraciones que se relacionan entre sí a través de conjunciones o locuciones conjuntivas. A diferencia de las anteriores, presentan relaciones lógicas que no están presentes en el esquema de funciones de la oración simple, pero tampoco constituyen un grupo homogéneo. La clave vuelve a estar en los nexos de relación.

2.1. NEXOS COORDINADOS: ORACIONES COORDINADAS:

Hay nexos que tanto pueden enlazar palabras como grupos de palabras u oraciones. Observa:

a)      Juan y Pedro juegan al parchís.

b)      Tenía muchos muebles en el piso y en el apartamento.

c)      Fui a la fiesta y bailé hasta el amanecer.

La conjunción “y” aparece en el ejemplo A enlazando dos palabras de la misma naturaleza morfológica y que desempeñan la misma función sintáctica, sujeto (es imprescindible que los elementos sean homogéneos): en este caso, se trata de dos nombres (“Juan”/”Pedro”). En el ejemplo B, aparece enlazando dos grupos de palabras, dos grupos preposicionales que desempeñan una misma función, Complemento Circunstancial de Lugar (“en el piso” / “en el apartamento”). En el ejemplo C, la conjunción “y” aparece enlazando dos oraciones (“Fui a la fiesta” / “bailé hasta el amanecer”).

En estos casos, cualquiera de los elementos relacionados a través de la conjunción podría haber funcionado aisladamente con sentido completo (Juan juega al parchís / tenía muchos muebles en el piso/ Fui a la fiesta)

Cuando esto sucede, hablamos de RELACIÓN COORDINADA entre elementos. Cuando el nexo coordinado enlaza dos oraciones, decimos que son ORACIONES COORDINADAS. Entre las oraciones coordinadas distinguiremos entre COPULATIVAS, DISYUNTIVAS, ADVERSATIVAS, EXPLICATIVAS, DISTRIBUTIVAS, ILATIVAS (no todos los autores establecen la misma clasificación que iremos explicando en su lugar correspondiente).

2.2. NEXOS SUBORDINADOS: ORACIONES SUBORINADAS:

En cambio, hay otros nexos que coinciden con los anteriores en que establecen relaciones lógicas que no están presentes en el esquema de funciones de la oración simple. A diferencia de las anteriores, sólo aparecen relacionando oraciones, nunca palabras o grupos de palabras en el interior de una misma oración. Observa este ejemplo:

a)      Si me llamas, iré a verte.

En este caso, la conjunción “si” no podemos encontrarla enlazando palabras o grupos de palabras. Cuando aparece, relaciona dos oraciones. Pero, a diferencia de las coordinadas, en este caso hay una oración que puede funcionar aislada, como independiente (“iré a verte”) y otra que no tendría sentido sin el apoyo de la anterior (“me llamas”). Su significado está incompleto si no lo interpretamos en relación con lo expresado en la otra oración. En estos casos, hablamos de ORACIÓN SUBORDINADA. Toda oración subordinada (“Si me llamas”) se refiere a una ORACIÓN PRINCIPAL, aquella que tiene sentido completo por sí misma y puede funcionar de modo independiente (“iré a verte”).

Entre las SUBORDINADAS, distinguiremos las siguientes: CONCESIVAS, CONDICIONALES, COMPARATIVAS, CONSECUTIVAS (las 4 “Ces”).

NOTA: la gramática tradicional no habla de “proposiciones”, sólo menciona las oraciones COORDINADAS y oraciones SUBORDINADAS. El término “oración” debería ser redefinido para usar la terminología de una manera más precisa: está claro que no son equivalentes las estructuras oracionales que aparecen en el apartado 1 y 2, como tampoco lo son las que aparecen en los apartados 2.1 y 2.2. Dentro de la denominación “Oraciones Subordinadas” se  incluyen las sustantivas, adjetivas, circunstanciales, concesivas, condicionales, comparativas y consecutivas. No se establece distinción según sean subordinadas sintácticas (y semánticas) o sólo semánticas. Entre las COORDINADAS, no consideran las ilativas ni las distributivas.

EJERCICIOS:
1: Invéntate dos oraciones interrogativas indirectas y pásalas a estilo directo.
2: Conjuga el pretérito perfecto simple y el presente de subjuntivo del verbo «crecer».
3: Transforma a pasiva la oración: «Mi hermano Enrique compró un piso en Madrid».
4: Analiza morfosintácticamente:
1: «Tengo miedo de que me respondan que debo incorporarme a trabajar mañana».
2: Ya va haciendo frío por las noches.

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SOBRE EL ORIGEN DEL UNIVERSO

SOBRE EL ORIGEN DEL UNIVERSO

Me ha llamado la atención que en el mismo periódico, «Diario Córdoba», el mismo día, miércoles 22 de septiembre de 2010, aparezcan dos artículos de opinión sobre el mismo tema: el origen del universo. El primero está firmado por Ramón Folch, doctor en Biología. Se inserta en la sección de «Opinión», en la pág. 8. El artículo se titula «Dios y el universo». En él, se hace eco del cambio de opinión del eminente científico Stephen Hawking. Parece ser que ahora ha afirmado que con los datos disponibles se puede explicar el origen del universo sin la intervención de ser trascendente alguno. Ramón Folch se pregunta: «¿Y con los datos que aún no disponemos o de los que no dispondremos jamás?»; «Dios -concluye- es el nombre de lo que no sabemos explicar. Prescindir de él no es la explicación que nos viene faltando».  En la página 6 del suplemento de «Educación», en un apartado que se nombra como «Rincón de la ciencia», bajo el título de «Evolución cósmica», David Galadí Enríquez nos ilustra con una frase destacada: «El universo primitivo sólo contenía hidrógeno y helio». Y explica en su artículo grosso modo el esquema de transformación de los elementos primigenios en las estrellas para fabricar con su «alquimia» los demás elementos. Ni yo tengo el conocimiento científico necesario para apreciar la fuerza de sus argumentos, ni hay argumentos en el artículo, sólo peticiones de principio, actos de fe. Quizás por ello concluye, parafraseando el Padrenuestro cristiano,  que el concepto fundamental «[…] así en la tierra como en el cielo […]» es la evolución.

Soy un simple filólogo, pero no sé cuándo estudié aquello de que la ciencia se fundamenta en la prueba, en la experiencia empírica. Creo que fue por allá lejos, Hume, el empirismo, o algo así ¿no? En tanto que no puedes demostrarlo, lo que tienes en las manos es una hipótesis de trabajo más o menos plausible. Afirmar que la materia es eterna tiene su riesgo cuando no puedes demostrarlo con pruebas. Hasta ahora, según yo entiendo de estos artículos, estamos ante una hipótesis sobre la expansión del universo y la formación de todo lo conocido a partir de dos elementos primigenios. Pero no explica cómo surgieron, de dónde, cúando, estos elementos primigenios. En algún momento, de la nada, surgió una explosión de energía que se desarrolló en base a unas leyes constantes que generaron la evolución hacia todos los elementos conocidos. La clave es «la evolución».

Claro que entonces, en mi ignorancia me pregunto: ¿Y puede surgir algo de donde no hay nada? Mi experiencia me demuestra que no. Luego tengo que afirmar que la materia es eterna, o lo fueron los elementos primigenios a partir de los cuales se desarrolló el universo tal y como lo conocemos. Y sigo preguntándome: ¿Y tengo alguna prueba de que la materia primigenia es eterna? Ahí me quedo pillado.

El planteamiento me recuerda al de los presocráticos griegos tal y como lo explica el libro aquí comentado en el blog (Platón y un ornitorrinco…). Le preguntaba el discípulo al maestro: ¿Qué es la tierra? -Es como un plato. ¿Y qué sostiene ese plato? -Está sostenido sobre el caparazón de una tortuga. ¿Y qué sostiene el caparazón de esa tortuga? -Otra tortuga. ¿Y a esa? -Otra tortuga. ¿Y a esa? -Mira, tortugas hasta el infinito.

Cuando alguien hace una afirmación como «creo que la materia es eterna», está afirmando su creencia, su fe, en algo. Es creencia o fe porque no tiene certeza demostrada a través de la experiencia gracias a la experimentación. De tenerla, ya no estaríamos hablando de fe, sino de ley, principio, evidencia o certeza. Es curioso que es el mismo principio, el de la creencia o fe en algo que no puedo demostrar, el que me lleva a pensar que hubo un ser anterior a la materia, y que la creó con una intención definida, que existe, aunque yo no la comprenda, a partir de la cual se generó la vida como la conocemos y el ser humano como tratamos de conocerlo. Es un acto de fe. ¿Y quién creó a ese ser? Es eterno -ya estamos otra vez con las dichosas tortugas-.

Decía Federico Garcia Lorca que, a través de la poesía, nos acercamos hasta el misterio donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio. Debe ser eso, que soy un poeta y me sirve aquello de mis intuiciones cuando hablamos de misterios. Pero no dejan de hacerme gracia quienes, desde un acto de fe, tratan de ridiculizar a quienes viven en su propio acto de fe. Debe de ser que eso de ir con «los nuevos tiempos» los hace sentir en posesión de la verdad única inspirada en su fe «científica», y lo entrecomillo porque eso de la fe y la ciencia no se llevan bien. ¿O será que da miedo nadar contra corriente? No lo sé. Sólo sé que desde mi fe duermo tranquilo cada noche y será que ya soy muy viejo para andar cambiando el paso y sustituir las tortugas por delfines.

José Carlos Aranda Aguilar

Permitidme seguir en la nebulosa de mis sueños. Al fin y al cabo, yo soy quien duerme conmigo cada noche. Y que Dios nos ayude a todos.

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