¡GRACIAS, PROFES! Madrid, 5 de septiembre 2013.

El próximo 5 de septiembre tendrá lugar en Madrid este evento. Si hay una profesión que necesita urgentemente de retroalimentarse en sentido positivo, de sentir el reconocimiento social que ha ido degradándose con el paso de los años, esa es la de «maestro». Mi sentir de esta labor ya os lo dejé escrito en «Carta a mis alumnos«, a ella me remito. Desgraciadamente, ese mismo día estaré en el Curso de Monitores de TeenStar España que se celebra en Córdoba. Me hubiera encantado asistir y poder saludar personalmente a algunos de los ponentes a los que admiro desde hace tiempo.  No obstante, aquí os dejo esta referencia tomada del blog de Óscar González para que le deis publicidad y acudáis aquellos a los que os sea posible. Un abrazo.

«Hoy me gustaría hablarte de una iniciativa que me parece extraordinaria. Me refiero al evento que ha organizado la Fundación Atresmedia bajo el título «¡Gracias, profes!! para el próximo 5 de septiembre en los cines Kinépolis de Madrid ya que en 2013 están organizando actividades en torno a la educación celebrando el año de la educación.

Se trata de un encuentro para profesores que tiene como objetivo inspirar, estimular y reconocer su labor con motivo del inicio del curso escolar. Durante ¡Gracias, profes! vamos a viajar por algunas de las funciones que hacen del profesor un buen profesor.

El evento contará con unos ponentes de reconocido prestigio, que abordarán qué es un profesor desde diversas perspectivas (comunicación, creatividad, sentimientos, etc.). Me alegra saber que estarán dos grandes amigos míos como son José Antonio Marina y Javier Urra.

Estos son algunos de los ponentes que participarán en el evento:


Aquí puedes consultar el interesante programa del mismo:
 

BLOG DE ÓSCAR GONZÁLEZ: AQUÍ

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VIVIR ES UN ASUNTO URGENTE. Mario Alonso Puig (Madrid: Santillana Ediciones Generales S.L., 2012)

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Me preguntaba una periodista, a raíz de la publicación de Inteligencia natural, si los descubrimientos de la neurociencia podían aplicarse a la pedagogía. Y le respondí que debería aplicarse. Vivimos una época apasionante de descubrimientos, pero hemos de ser humildes y curiosos y estar agradecidos a quienes se quitan el birrete de doctor para emprender una labor divulgativa que nos permita a los demás comprender estos nuevos descubrimientos y su utilidad.

Mi formación es lingüística y literaria, algo ajeno completamente al mundo de las hormonas o la compartimentación del cerebro. Pero en cambio muy en relación con la experimentación de la emoción humana a través de dos campos de pruebas extraordinarios: la literatura y el aula. Los profesores somos «adiestradores» para la vida antes que transmisores de conocimientos. Los conocimientos se olvidan, los valores y los hábitos permanecen. Los contenidos no dejan de ser un medio para alcanzar un fin: la formación del ser humano.

Por eso, porque hay algo más que transmitir que lengua y literatura me acerco con frecuencia a autores que pueden explicarnos cómo funciona el cerebro, cómo funcionan las emociones, cómo actuar sobre ellas y cómo lograr orientarnos hacia la felicidad superando las frustraciones y el miedo.

El doctor Mario Alonso Puig es cirujano, un médico con un extraordinario curriculum. Pero puede que le haga más feliz ayudar a la gente a comprender qué le ocurre cuando se bloquea y cómo puede superar esos trances en la vida desde el pensamiento positivo y el optimismo. Algún día lo escucharé en directo, coincidiremos, y estoy seguro de que disfrutaré enormemente de su saber y humanidad. Y lo sé porque habla y escribe como a mí me gusta, desde la cercanía, desde el corazón y desde la experiencia con conocimiento.

Mis publicaciones van en una línea muy paralela al pensamiento del autor porque el contenido es, además, útil y práctico. ¿Sabían, por ejemplo, que el estrés no es malo?, ¿o la diferencia entre el estrés -positivo- y el distrés -negativo? ¿Conocen la importancia de saber decir «no»?, o ¿cómo actúa el cortisol en un momento de peligro?, o ¿cómo la motivación y la determinación pueden multiplicar las posibilidades de éxito en cualquier empresa?, o ¿cómo las emociones pueden relacionarse con las enfermedades? ¡Cómo no voy a estar en línea, siendo filólogo, con este médico y orador que alerta sobre la enorme influencia de la lengua en la gestión de las emociones y en la configuración de cerebro! En fin, ya sabéis que no me gusta reventar la maravilla que es el descubrimiento de un autor a través de su lectura. Simplemente apuntar el aroma para que se despierte en vosotros el hambre de la lectura. Y este libro es un buen plato. ¡Que aproveche!

Mi enhorabuena a don Mario Alonso Puig.

ENLACE: ENTREVISTA A MARIO ALONSO PUIG SOBRE VIVIR ES UN ASUNTO URGENTE

José Carlos Aranda

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SIN TIEMPO PARA VIVIR

ESCALERA DE CARACOL

«El tiempo vuela», «No tengo tiempo», «Lo siento, hoy no puedo»… ¿Cuántas veces oímos repetidas estas palabras? Y es cierto, vivimos sin tiempo… para nosotros. A veces, cuando en una clase alguno de mis alumnos, agobiado, me lanza alguno de estos mensajes me gusta detener el tiempo. Levanto una mano como reclamando atención a la clase y, con algo de teatro, inmovilizo el tiempo mientras contemplo en el minutero del reloj cómo transcurre un minuto. Los alumnos aguardan expectantes a que diga algo, pero no lo hago, simplemente me mantengo inmóvil esperando pacientemente que transcurran sesenta segundos. No han pasado ni quince cuando comienza el nerviosismo, ¿qué ocurre? Finalizado ese minuto en silencio les invito a reflexionar: ¿os dais cuenta de cuánto tiempo contiene un solo minuto?

En El libro de la gramática vital invitaba a vivir despacio o, si lo prefieren, con conciencia de nuestros actos en el tiempo y mencionaba un movimiento que va ganando adeptos en el mundo nacido en Italia con nombre inglés y que podríamos traducir como: el vivir lento. Decía John Lenon que la vida era eso que se nos pasaba mientras planeábamos el futuro. Y es así, vivimos sin conciencia de vivir porque siempre andamos con el piloto automático a cuestas, actuando de forma más o menos inconsciente mientras calculamos nuestro siguiente paso, nuestra siguiente actividad, nuestras siguiente tarea, nuestro siguiente trabajo, precipitándonos frenéticamente en un ritmo impuesto por una sociedad que nos ha hecho creer que esto es así. Y es así porque debemos ser rápidos, competitivos, eficientes, resolutivos, seguros… Y, ¿es así como lo logramos?

Lo del piloto automático no es una metáfora, es la forma en que nuestro cerebro funciona. Recupero el ejemplo que ponía en aquel libro: ¿recuerdan la proeza que les supuso aprender a atarse los cordones de los zapatos? No es nada fácil enseñar a nuestro cuerpo a realizar una serie de movimientos coordinados hasta lograr la perfección que nos permita obtener un resultado, aunque aparentemente sea tan fácil como atarse los cordones de los zapatos. Ocurre que, una vez logrado y repetido una y mil veces, nuestras conexiones neuronales quedan establecidas, nuestro cerebro aprende a poner en marcha una orden cuyas acciones concatenadas suponen una ejecución compleja pero ya aprendida, y los músculos obedecen de forma automática. Hoy ya podemos atarnos los cordones mientras estamos pensando en que debemos apagar la cafetera porque está pitando. Cuando esto ocurre, ya tenemos funcionando el piloto automático. Y eso  está muy bien porque facilita nuestro quehacer diario eliminando del punto de conciencia todo aquello que no es relevante.

Nuestra mente racional se impone y anteponemos el hacer al sentir. Nuestra forma de programar la realidad hace el resto cuando nuestra precorteza cerebral se centra, se concentra, en que seamos «eficientes», es decir, cumplamos unos objetivos que consideramos importantes e ineludibles: hacer ese balance, llegar a tiempo al colegio, preparar la comida, hacer una hora de ejercicio, ayudar a mi hijo con los deberes, la cena, acudir a la cita con el médico, con el jefe, con el profe, con… Y, en medio de esta programación de acciones, relegamos de nuestra conciencia «el sentir la realidad que vivimos». Y nos perdemos lo maravillosa que es esa realidad en sí misma.

Por es bueno, necesario, urgente recuperar la conciencia de la exquisitez que supone el refrescante sabor del agua que apaga nuestra sed, o cómo la inocencia en la mirada de tu hijo te hace sentir como quien realmente eres, la persona más importante de su vida, o aspirar tomándote tu tiempo el perfume de esa rosa, o detenerte a sentir el milagro del amor en una sonrisa de tu pareja, o en relajar la mente y el espíritu con el murmullo del agua o el estallido cromático de un atardecer… Y es tan urgente porque son las cosas realmente importantes en la vida. Trabajamos, nos esforzamos, crecemos para poder disfrutar de la vida, pero ¿qué sentido tiene tanto esfuerzo si en el transcurso nos olvidamos de sentir la vida, de vivirla?

Hoy me he encontrado con este bonito artículo deRachel Macy Stafford, «El día que dejé de decir ‘date prisa’, y he querido compartir con vosotros esa vivencia. Aquí tenéis el enlace: http://www.huffingtonpost.es/rachel-macy-stafford/el-dia-en-que-deje-de-decir-date-prisa_b_3747873.html

Y para terminar, una reflexión importante: «No llega antes quien más corre, sino quién sabe cuál es su destino».

José Carlos Aranda

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LA CONCIENCIA EMOCIONAL

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No somos dueños de nuestras emociones, sentimos sin más y si no tomamos conciencia de ellas y actuamos sobre ellas, nos condenamos a ser víctimas de nuestro estado de ánimo.  A veces, un simple retraso por la mañana, el despertador que no suena, o nuestros hijos que tardan más en levantarse de lo que estaba previsto… Cualquier detalle que nos arrebate nuestra rutina segura basta para que se apodere de nosotros un estado de tensión, de estrés negativo (distres) que va tiñendo de gris el día. Todo se vuelve en contra, los atascos son más prolongados, el semáforo rojo no acaba de abrirse, ese peatón tarda más de la cuenta en cruzar el paso de cebra, los comentarios de tus hijos se te hacen insoportables y no comprendes cómo el mundo se acompasa a un ritmo tan diferente al tuyo.

El mundo no ha cambiado, tu estado de ánimo condiciona tu percepción de la realidad y lo que no son sino meras anécdotas se van transformando en obstáculos que van generando más ansiedad; esa ansiedad va agrandando los obstáculos hasta hacerse imposibles. La negatividad se apodera de ti y solo eres capaz de pensar en las posibles consecuencias de tu retraso, culpabilizas al mundo y lo pagas con quien tienes más cerca.

Tomar conciencia de nuestras emociones nos ayuda a ser capaces de controlarlas y encauzarlas. Si, en ese momento, somos capaces de aislar la causa y minimizar las consecuencias, si somos capaces de relajarnos, el mundo vuelve a su orden natural. Hay dos consejos que nos ayudarán enormemente a encauzarlas: el primero es respirar profundamente y relajarnos física y mentalmente; una mayor oxigenación del cerebro libera hormonas que nos ayudan a serenar el ánimo, de ahí la importancia de serenar las reacciones. El segundo paso es inundar conscientemente nuestro cerebro de imágenes positivas: nuestros hijos nos necesitan, hoy hace un día soleado, los quiero con locura, me encanta su sonrisa, ¡están para comérselos!

La serenidad es importante porque se transmite, a través de ella generamos serenidad en nuestro entorno. Los orientales, mucho más experimentados en el análisis interior, nos dicen: procura mantener tu paz interior y aflorará la serenidad en tus actos; si tus ruidos no te lo permiten, conduce tus actos de forma serena y esa paz llegará a tu corazón.

Dicen que la vida depende del color del cristal con que se mire y esos colores son las emociones. Nuestra interpretación de la realidad está escrita en clave emocional, y es esencial conocernos para poder actuar e influir sobre ellas.

Haz la prueba de mantener durante un día la sonrisa en tu cara y cuenta cuántas personas te devuelven la sonrisa. La realidad de tu entorno cambia contigo. Compruébalo y te sorprenderás.

José Carlos Aranda

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LAS CLAVES PARA EDUCAR EN TIEMPOS DE CRISIS -Cómo transformar las dificultades en estímulo para una mejor educación-, Felipe Díaz Pardo (Córdoba: Toromítico, 2012)

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Felipe Díaz Pardo es un filólogo con una amplia trayectoria que le ha llevado de profesor de Lengua Castellana y Literatura, a Director de Centro, hasta las funciones de Inspector de Educación en Madrid. Esta experiencia le otorga una perspectiva de los entresijos educativos que pocos pueden aportar en un análisis.

Tuve la suerte de coincidir con él en la última Feria de Libro de Madrid, compartimos editorial y ya tuve ocasión de reseñar su anterior obra. Se me presentó y la conversación surgió rápida, la empatía fue inmediata como no puede ser de otra forma entre quienes vivimos en la ocupación y preocupación de cómo mejorar la educación. En esa línea me dedicó el libro que ahora tengo en las manos.

Es un libro importante que pone el acento en las claves de este laberinto en que se ha convertido la educación. Que la situación está mal, es un hecho; que puede mejorarse, también; la cuestión es cómo lograrlo. En Inteligencia natural dediqué una parte a lo que denominé «laberintos», ideas que asumimos como ciertas e inamovibles y que contaminan la esperanza y las ganas de hacer condenándonos a la frustración y al inmovilismo. El objetivo de aquella obra era ambicioso, se trataba de diseñar un método educativo desde la infancia, Felipe Díaz Pardo se centra en desarrollar aquella parte del laberinto que allá esbozamos como punto de partida en la obra. En este sentido, es perfectamente complementaria. Coincidimos en un hecho elemental: ante la situación de crisis que vivimos, podemos caer en el pesimismo inmovilista y en la queja permanente o podemos considerar el momento como una oportunidad y, desde la comprensión de la realidad compleja y cambiante, plantearnos qué podemos hacer.

Y es mucho lo que podemos hacer, empezando por desmontar tópicos, replantear la necesidad del esfuerzo, orientar la necesaria implicación de la familia en las labores educativas, ser proactivos en nuestra labor en los centros, atrevernos como padres y profesores a recuperar la necesaria autoridad y liderazgo que nos devuelva al puesto de referentes educativos que nunca debimos abandonar, limpiar conceptos pervertidos por los medios y las circunstancias para recuperar actitudes básicas que nos permitan ser felices… Y un largo etcétera que el autor nos va planteando  a modo de propuestas que todos podemos implementar en nuestro día a día.

El desarrollo de la obra se elabora con frecuentes inserciones de referencias literarias, en ellas aparece el filólogo más allá de las demás ocupaciones. Facilita y agiliza la lectura. Desde luego, es un título para disfrutar, con ideas claras y necesarias en tiempos convulsos. Muy recomendable para todos los profesionales de la docencia, también para las familias. Enhorabuena, Felipe.

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ABRAZAR, AMAMANTAR, SONREÍR, COGER EN BRAZOS SON CLAVES PARA EL DESARROLLO PSICOLÓGICO DEL BEBÉ

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En Inteligencia natural hablamos paso a paso de la evolución y desarrollo de la psicología del niño desde el propio embarazo. Uno de los tópicos más extendidos se trata de esa frase tan oída y repetida: «No cojas al niño en brazos que lo malcrías».

Todo lo contrario. La pieza clave para una correcta evolución y desarrollo es la sensación de seguridad y confort. Cuando nos sentimos en peligro, nuestra mente activa el modo «supervivencia», se prepara para defenderse. Cuando estamos tranquilos, la curiosidad nos empuja a la experimentación y, a través de ella, obtenemos el desarrollo muscular y neurológico necesario para conquistar nuestra autonomía. Un niño que está llorando no te escucha cuando le hablas, está bloqueado emocionalmente y necesita salir de ese modo «supervivencia», necesita sentirse seguro para abrir sus ojos y su mente al entorno. Y el principal factor que puede provocar la ansiedad en un niño pequeño es el desapego, el no sentirse protegido, el no sentir ese contacto placentero con la piel, las manos y la mirada de quien lo cuida.

Necesitamos sentirnos protegidos, primero, y aceptados, queridos, después. Todo influye, pero en los seis primeros meses, cuando el bebé aún no cuenta con un sistema lingüístico que le permita la comunicación verbal, cuando todavía su mirada ha de aprender a centrarse y capturar, aislar los rostros, cuando el oído aún tiene que aprender a focalizar los sonidos… el tacto y el olfato son esenciales. El abrazo se transforma así en el vínculo afectivo más fuerte que podemos ofrecer. La ausencia de afecto, la desatención, en casos extremos, puede derivar en el llamado «síndrome hospitalario». El amor, el contacto, el abrazo, la compañía, la voz, el ambiente tranquilo… favorecen el desarrollo neurológico como ningún otro método puede.

Los brazos deberán ir cediendo poco a poco a medida que el niño vaya ganando en autonomía, es decir, pueda valerse por sí mismo: girarse, gatear, caminar… El periodo de apego fuerte va de los 6 meses al año y medio aproximadamente y solo hay una línea roja que debemos atender para procurar su correcta socialización: evitar la exclusividad. Si es bueno que el niño tenga una persona de apego estable durante este periodo, también lo es que vaya acostumbrándose a formar parte de la familia, a compartir con la familia. Se trata de ese llanto provocado cuando observa que nuestra atención se desvía hacia nuestro cónyuge o hacia un hermano. Si cedemos a esa exigencia de exclusividad sí podemos perjudicar su desarrollo social y nuestra propia convivencia familiar. Pero esto habremos de atenderlo a partir del primer año.

Para comprender mejor este desarrollo, en Inteligencia natural explicamos la evolución de esa fase de apego, cómo ayudarlo en cada momento, cómo evitar la exclusividad, cómo acoompañarlo sin ansiedades.

Os recomiendo este artículo de Cristina Silvente sobre el tema. En él encontraréis, además, bibligrafía si queréis profundizar.

http://www.mibebeyyo.com/bebes/salud-bienestar/cuidados/coger-en-brazos-bebe-5226

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PENSAMIENTO ASERTIVO, ¿CÓMO DESARROLLARLO?

tablero de ajedrez

El pensamiento asertivo consiste en ir desarrollando a lo largo de la vida la capacidad de tomar decisiones. Normalmente, las decisiones que tomamos se basan en nuestras emociones y éstas son directas e inconscientes. Algunas emociones son instintivas, otras muchas son instaladas por convenios sociales. El miedo, por ejemplo, es una emoción instintiva que nos salvaguarda y sirve de alarma para prevenir situaciones que puedan conllevar peligro físico o psíquico, es decir, que prevemos pueden comportar un riesgo del que derive sufrimiento. La traición o el honor, en cambio, son conceptos asociados a unas emociónes que desarrollamos de acuerdo a unos criterios sociales según los cuales cierta acción no nos permite sino una reacción pareja para proteger nuestra autoestima, pero ¿qué acciones?

El entrenamiento en el pensamiento asertivo se basa en hacer consciente al individuo de que no puede controlar lo que sucede, pero sí puede decidir cuál será su reacción frente a los acontecimientos. No puedo impedir que el que yo creía mi mejor amigo deje de invitarme a una fiesta, no podré dejar de sentirme mal por eso porque menoscaba mi autoestima, pero si puedo decidir si eso es o no motivo de enfado y cuál debe ser mi respuesta. Sobre eso sí que somos dueños. Cuando sabemos esto, estamos en condiciones de decidir de acuerdo con nuestras emociones o a pesar de ellas. De ello van a depender los acontecimientos que se sucedan.

Cuando no somos conscientes de esto, vivimos esclavos de nuestras emociones y la zona límbica nos programa para acciones predeterminadas en una primera fase moral, la de la ley del Talión: te hago lo que me haces, la violencia se paga con la violencia, si tú me pegas yo te pego, etc. Esto nos lleva a una espiral en la que no somos nosotros quienes controlamos nuestras circunstancias, sino que somos víctimas inconscientes de los acontecimientos.

Pero el pensamiento asertivo no se basa solo en tomar conciencia de nuestra capacidad de decidir midiendo las posibles opciones a nuestro alcance, tiene también un componente moral útil para el individuo. El pensamiento asertivo positivo es aquel que nos lleva a elegir aquella opción que nos conduce a nuestro fin, con el menor coste emocional posible -menor sufrimiento-, con la mayor justicia posible. Es decir, no renunciamos a lo que pretendemos alcanzar, sufrimos lo menos posible y somos ecuánimes.

Muchísimas veces, esta carencia nos lleva a situaciones de violencia y delincuencia. El individuo actúa de una forma programada porque entiende que es la única conducta posible. La ofensa solo se lava con la violencia, si me siento humillado solo puedo humillarte más para quedar sobre ti. Es lo que sucede con el código moral de muchos jóvenes y no tan jóvenes en zonas marginales con poco o nulo nivel de formación.

Para entrenar el pensamiento asertivo, en Inteligencia natural, trato de una técnica que demostró una enorme eficacia reduciendo la marginalidad y delincuencia en las fabelas de Brasil: enseñar a nuestros hijos a jugar al ajedrez. No tratamos ahora de que se conviertan en magníficos ajedrecistas, la clave está en el juego en sí durante la segunda infancia. Nuestro acompañamiento como padres o profesores, hará el resto en esta etapa. A esto, hemos de añadir, el ofrecer a nuestros hijos, siempre que ello sea posible, opciones entre las que elegir libremente desde muy pequeños (qué pantalón, cine o circo, parque o un cuento, dibujar o ver la tele, etc.). Cuando lo hagamos, preguntemos el porqué de su decisión y respetémosla. Dejarlos cometer errores y asumir sus consecuencias forma parte del aprendizaje en la vida. De esa forma, irán desarrollando una perspectiva de su personalidad.

Cuando llegue la pubertad, estará en condiciones de extrapolar el juego a la realidad de la vida para comprender el valor del pensamiento asertivo. La razón de esperar hasta los doce o trece años es sencilla: junto con las hormonas que impulsan la transformación física en esta etapa y despierta el instinto sexual, también se pone en marcha la dopamina, un auténtico abono para la precorteza cerebral que le va a permitir elaborar hipótesis, proyectar sus acciones y a sí mismo en el futuro, elucubrar. En Inteligencia natural las llamo «el turbo cerebral». Entonces será el momento de explicarle cómo cada ficha en el tablero tiene un valor diferente, que la pieza que más vale es el rey y todas las demás piezas juegan para protegerlo. Habrá que preguntarse, qué es para nosotros el rey en nuestras vidas, qué es aquello que más valor tiene para nosotros, lo que más nos interesa proteger. A partir de ahí, nuestras decisiones, nuestras acciones -las demás fichas del tablero- se moverán para proteger ese valor. El tablero nos ofrece otro magnífico ejemplo, es un sistema vivo como la vida. Siempre tenemos opciones para mover más de una ficha, habremos de dicidir cuál nos conviene mover para alcanzar nuestro objetivo (ganar la partida), con el mínimo coste posible (sacrificando el menor número de piezas), sin quebrantar las reglas. Como la vida misma.

El pensamiento asertivo no solo es necesario, es imprescindible para alcanzar una madurez como ser humano que nos permita en el futuro ser felices. Pero requiere tiempo y paciencia, esa paciencia del buen labrador que prepara el terreno y siembra sabiendo que el tiempo y la naturaleza harán el resto, que sabe que para cosechar hay que sembrar.

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EL JARDÍN OLVIDADO. Por Kate Morton (Madrid: Santillana Ediciones Generales S.L., 2013)

El jardín olvidado

Para muchos de nosotros, Kate Morton es una autora desconocida. No es de extrañar, el título que nos ocupa es su segunda novela publicada y, teniendo en cuenta que es australiana… Sin embargo, tomen nota del nombre porque está llamada a ser uno de los autores más vendidos en la próxima década. Las cifras marean. Ya su primera novela –La casa de Riverton– fue publicada en más de 38 países y con ésta segunda, El jardín olvidado, supera los cuatro millones de ejemplares vendidos.

Hay quien dice que los lectores necesitan material digerible y poco voluminoso. Esta obra contradice esta tesis tan repetida. La novela, en la edición de manejo de Punto de Lectura, cuenta con 537 páginas con una letra que desafía el aumento de mis gafas. Y les puedo asegurar que la arquitectura de la obra, que va tejiendo la historia de cuatro generaciones simultáneamente como si se tratara de los hilos de un tapiz, no es fácil.

Sin embargo, hay algo que engancha en su lectura. La prosa contiene unas bellisimas imágenes y unas cuidadas descripciones que no llegan a ralentizar el avance de la acción. Pero creo que su secreto está en la sensibilidad con que va construyendo sus personajes femeninos, unos personajes que se ven enfrentados a algo parecido a una maldición de soledad a lo largo de cuatro generaciones. Mujeres solas que tratan de hallar su sitio y encontrarse a sí mismas. Una novela donde los hombres brillan por su ausencia, casi. Y cuando aparecen constituyen un bálsamo o un tóxico necesario para engrasar el relato.

Como siempre, no os voy a adelantar acontecimientos, pero imaginad que viérais una niña abandonada con una maleta en un muelle. Tiene cuatro años. Sus enormes ojos te miran. No sabe cómo se llama. Estamos en los umbrales de la Primera Guerra Mundial, en Australia. ¿Cómo ha llegado hasta allí? ¿Quién es? ¿Qué haríais con ella? Sin ser una novela de aventuras, estas respuestas serán poco a poco reveladas a lo largo de la trama. Será Cassandra, su nieta, la que logre por fin descubrir los misterios que rodearon aquellos orígenes.

Es una buena novela de vacaciones, de esas de tarde por delante y viento, lluvia o sol tórrido en la calle, cualquier excusa que invite a permanecer atento al deslizarse de las páginas entre las manos y evadir nuestra mente a otras vidas que compartir.

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CÓMO LOGRAR PONER LÍMITES A TU HIJO PEQUEÑO

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 En Inteligencia natural trato de la necesidad de los límites en educación. Es algo necesario e imprescindible para un correcto desarrollo. La conducta debe orientarse y en especial a partir del primer año, cuando el niño entra en lo que yo llamo «la edad del perdigón», cuando la conquista de su autonomía y el desapego lo llevan a la exploración del mundo circundante. Estos límites o «líneas rojas» han de adecuarse al desarrollo del cerebro del niño y para esto conviene que conozcamos cómo va creciendo e incorporando emociones y experiencias porque no siempre debemos actuar y, a veces, podemos exigir a nuestro hijo comportamientos para los que aún no está preparado. De ahí el seguimiento paso a paso que realizamos en el libro por las distintas etapas. La técnica expuesta por Debora De Sá en este artículo es la adecuada: no hay que ponerse nervioso, ni gritar, porque lo único que logramos es que la mente de nuestro hijo se bloquee y pase al «modo» protección a través de llanto o la reacción. Llega un momento en que el «no» nos va a salir solo cuando lo vemos en uno de esos miles de peligros que anticipamos cuando comienzan a moverse por sí mismos. No obstante, permitidme puntualizar el «no» que sirve de titular a este artículo y que he suprimido en mi entrada.

El «no» hemos de reservarlo para casos extremos en los que tratemos de corregir conductas peligrosas para él (coger un cuchillo, introducir los dedos en un enchufe, por ejemplo), pero debemos mantenerlo en reserva y procurando seguir los consejos que aquí se exponen. Siempre que nos sea posible, sustituyamos el «no» por una oración que plantee alternativa de acción a aquello que tratamos de corregir. Por ejemplo: mejor que «No grites», «Hablamos tranquilos» y procuramos no prestarle atención mientras que siga gritando; mejor que «No saltes en el sofá», «En el sofá nos sentamos, saltamos en la calle», por ejemplo. Se trata de usar un lenguaje positivo en que le ofrecemos alternativas válidas de conducta que puede seguir como opción a la que tratamos de corregir. Acompañemos, además, la alternativa por la explicación del porqué, «te puedes cortar y hacerte daño», «los muebles se rompen, tú puedes caerte», «usamos un tono tranquilo y alegre», etc. En la formación neurolingüística, la motivación de las normas para se integren en su mente es muy importante, de lo contrario solo nuestra presencia evitará el riesgo.

Por último, añadir que tan necesario es coordinar esfuerzos y que todos los cuidadores sigan una misma técnica, como el corregir poco a poco para no saturar la conducta del niño. Con poco a poco no me refiero a hoy sí y mañana no, la constancia es fundamental, me refiero a una conducta detrás de otra  y, una vez lograda, vamos a fijarnos otro objetivo en común. Si lo hacemos desde el principio, es fácil y nos ahorrará muchos problemas. Ahí os dejo con el artículo prometido.

Cómo hacer que un niño pequeño entienda el No

Cómo hacer que un niño pequeño entienda el No

Entre el primer y el segundo año nuestro bebé ya está lo suficientemente grande para comprender el significado de la palabra no, pero la realidad es que los padres la pronuncian con mucha frecuencia y para el pequeño puede resultar difícil detectar cuando se trata de una orden seria y cuando no es más que una expresión casual. Por eso, en unComo.com te damos algunas claves para que consigas poner límites y sepas cómo hacer que un niño pequeño entienda el no

Instrucciones

A partir del año es necesario que los padres comiencen a impartir disciplina en el niño, es importante que entienda los límites, pues a partir de esta etapa se convertirá en un explorador de su entorno y debe tener claras las normas y reglas y saber hasta donde puede llegar
Cuando el niño se disponga a realizar algo que está prohibido, por ejemplo tomar algún objeto con el que no puede jugar, debes acercarte, ponerte a su nivel, mirarlo a los ojos y sin alterarte decirle firmemente «no»
Durante esta etapa es importante elaborar frases sencillas y acompañarlas con gestos, por ejemplo, «no, con eso no se juega», y con un movimiento delicado retirar el objeto de su mano
Esta premisa de contacto visual, decisión pero calma, frases sencillas y gestos debe convertirse en un patrón, pero toma en cuenta que tendrás que repetirlo mucho y en diferentes situaciones pues la misión es que el pequeño entienda los limites
Es importante que todas las personas que cuidan al niño utilicen la misma técnica para decirle que no, pues si recibe instrucciones diferentes podría confundirse y demorar más tiempo en entender que significa el no referente a la disciplina
Además todos deben estar de acuerdo en cuáles son las cosas que el niño no debe hacer para que el lineamiento sea mucho más claro para el pequeño
Todos deben estar atentos a la conducta del niño para ir corrigiendo aquello que sabemos que no debe hacer. Si un día le llamamos la atención, pero al siguiente lo ignoramos, estamos deshaciendo lo que hemos logrado, por eso una vez que una norma se establece hay que mantenerla
Es necesario ser persistente, una tarea que puede resultar agotadora, pues es ocasiones los niños tienen la costumbre de hacer una y otra vez aquello que les está prohibido, por eso recuerda no perder la paciencia y entender que esto también es parte del proceso de disciplinar al pequeño
Si deseas leer más artículos parecidos a cómo hacer que un niño pequeño entienda el No, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Consejos para padres.

Consejos

  • Debes tener mucha paciencia y calma, hay pequeños que se muestran desafiantes o rebeldes, pero aunque te cueste lo mejor es no alterarte
  • No puedes convertir el acto de impartir disciplina en un campo de batalla, recuerda que el adulto eres tú así que el auto control es importante

Sigue leyendo: http://educacion.uncomo.com/articulo/como-hacer-que-un-nino-pequeno-entienda-el-no-5314.html#ixzz2breQekrO

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EL BOLÍGRAFO DE GEL VERDE. Eloy Moreno (Barcelona: Espasa, 2012)

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Ya he comentado, en alguna que otra entrada, que a veces son los libros los que te buscan. Esta impresión vuelvo a tener con El bolígrafo de gel verde. Andaba a la caza de alguna novela para estas vacaciones y, aunque soy internauta, todavía practico el arte de la buena conversación con los libreros. Con algunos, como sucede con José Ignacio, de Librería Jara en Córdoba, incluso tengo buena amistad. Él sabe que no me gusta andar por caminos trillados, que los autores afamados me son conocidos y no llevo una línea muy comercial, sabe que me gusta explorar autores noveles donde, de vez en cuando, te encuentras con sorpresas agradables.

Fue él quien me recomendó esta novela de Eloy Moreno, me contó cómo era una novela publicada por vocación y testarudez, cómo el autor se empeñó en darla a conocer con una fe ciega en sí mismo, en su calidad, en su oportunidad; que andaba siempre con la obra bajo el brazo y fue el boca a boca e Internet los que, por fin, le abrieron la puerta de una gran editorial. Me pudo la curiosidad y la compré.

Voy a evitar reventar el argumento, simplemente os diré que trata del ser humano en la sociedad moderna y de esa desazón que va transformando poco a poco nuestros sueños en una alienación permanente. El sinsentido que puede a llegar a ser la existencia a través de un individuo urbano, casado, informático, padre de un hijo, enamorado y, sin embargo, que vive en la desazón permanente de los sueños destrozados. Una encrucijada en la que todos nos encontramos cuando el trabajo se va comiendo horas y hace que la convivencia y nuestra propia vida personal se diluya en no sabemos exactamente qué. Es ese momento en que nos preguntamos «¿Y esto es todo?», es ese el momento en el que estamos tentados de tomar decisiones sobre nuestra vida, nuestros seres queridos, nuestro futuro, el nuestro propio a pesar de nosotros mismos o de aquellos a quienes amamos. Pero, como dice el autor: «»Cuando las cosas no van como esperamos, nos empecinamos en cambiar los personajes, cuando lo único que hay que cambiar es la historia» (pág. 314).

En una época en la que triunfa la novela de evasión, la novela histórica, la ciencia-ficción o la aventura…, lo que sea para no pensar, Eloy ha apostado por la reflexión serena y el análisis del alma de sus personajes. Y, créanme, sabe hacerlo. Inevitablemente es un espejo donde reflejarse.

La técnica narrativa es el diario con frecuentes saltos atrás e instrospecciones. Tiene el arte de la figura y sus descripciones son magníficas. Para ser una opera prima augura un autor de prestigio a medio plazo.

Léanlo y saquen sus conclusiones. Enhorabuena al autor y gracias a José Ignacio.

José Carlos Aranda

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