UN CORDOBÉS DIRIGE LA BATALLA EN LA QUE MURIERON TRES REYES (EL RENEGADO) (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

LASTIMOSA TRAGEDIA DE DON JUAN DEL POZO:

190: Yo contaré, dice Excusado, otro caso que sucedió en esta desdichada jornada, bien diferente del que pasó a don Luis de Godoy que me lastima el corazón, pero es fuerza el decirlo pues que se han contado tantas proezas y se contarán delante de hijos de Córdoba, no es maravilla que caiga una mancha como dicen en el mejor paño. Sucedió, pues, que había en Córdoba entre los demás apellidos de caballeros uno que es el de los Pozos, en cuyo linaje hay 24 canónigos. Tienen en sus armas un pozo con un castillo. Antes de la guerra de Portugal hubo un licenciado deudo de estos caballeros, y de su apellido llamado licenciado del Pozo. Tuvo un hijo bastardo y dicen por Córdoba. Cuentan que su madre fue una honrada morisca. No tuvo este licenciado hijos y por esta razón se hizo más caudal de este caballero; reconociolo su padre por hijo y lo trató muy honradamente y junto con esto lo ejercitó en todos los ejercicios de caballería.

191: Fue junto con esto muy grande estudiante; y entre todas sus habilidades fue una (B), la esgrima, en que salió famoso: tanto que pudiera vivir por ella con mucho provecho y honra. Hacia malabares a un caballo extremadamente tanto que los caballeros de Córdoba le rogaban se los hiciese de su mano. Al fin por todas estas buenas partes era estimado de toda la ciudad y disimulaba la falta de su nacimiento. Sucedió que yendo el Conde de Alcahudete para Gobernador de Orán llevó de los caballeros de Córdoba una escuadra y entre los demás fue este hidalgo don Juan del Pozo. Llegados a Orán se ejercitaron en hacer correrías como se acostumbraba para ejercitar los jinetes, defendiéndose y ofendiendo como quería. Con que quedó estimado y tenido de su capitán y de los soldados por uno de los más señalados caballeros que había. Con estos buenos sucesos se comía las manos por guerra y deseaba por momentos ocasiones para señalarse más pedía el don Juan esto al Conde rogándole se hiciese alguna buena entrada la tierra adentro para ellos cobrar fama y los enemigos temor. Poreciole bien al Conde y a [196] los demás soldados y capitanes y así determinaron hacer una buena empresa a los aduares (1) más cercanos. Sucedió que sin pensar habían venido el día de antes gran cantidad de mozos a holgarse bien descuidados que de Orán les saliesen a ofender por la paz que hay entre los vecinos moros: viendo la ocasión salieron a ellos de Oran y viendo que los ofendían se dieron tan buena maña que temiendo no tuviesen los mozos alguna emboscada como suelen, comenzaron a recoger los soldados con poca reputación todos obedecieron.

192: Pero don Juan del Pozo o por su valor o por hacerse famoso se había adelantado tanto que cuando quiso retirarse se halló en medio de los enemigos sin hallar quien le ayudase porque los demás iban marchando: con gran priesa combatiéronle los moros tan fuertemente que le mataron el caballo y no por esto perdió el ánimo, antes viéndose a pie comenzó a hacer mil proezas y muy cansado por haber más de dos horas que estaba peleando. Viendo los moros su valor y mucha valentía le rogaron que se rindiese prometiéndole toda amistad y buen tratamiento, y viendo que de allí no se podía escapar hizo lo que le pedían. Rindió las (B) armas y lleváronlo a sus aduares adonde lo curaron y regalaron y sobre comida se trató de la batalluela y dijeron cómo ninguno sino él había mostrado tanto valor, y que si tuviera otros que le acompañaran que sin duda ganaran la victoria.

193: Con esto, se hizo tan afable con los moros que no le echaron prisiones ni se recelaban de él, antes le trataban como a hermano y con mucha cortesía, esperando un gran rescate por parecerles un grande caballero. Al fin, retirado el conde se echó menos don Juan del Pozo y se envió un soldado de paz a los moros, que si quedaba cautivo que tratasen del rescate y si estaba muerto se lo dieren para enterrarlo en Oran. Llegado el soldado, supo que no era muerto y que por el rescate habían de dar dos mil duros. Escribió don Juan al Conde y a su Padre en el estado que quedaba; que se enviase el rescate. Sabido por el conde que estaba cautivo se alegró, pareciéndole sería fácil el sacarlo o por trueque o por dinero. Sabido por su padre de don Juan recibió notable pena por amarlo tiernamente que lo mismo hicieron todos sus parientes y conocidos, pero templáronse estos disgustos con las grandes cosas que escribió el conde de sus hazañas y valentías y mucha nobleza de las muchas esperanzas que tenían todos de su mucho valor.

194: Los moros que lo cautivaron para asegurarlo más, metiéronlo la tierra adentro y, determinando ya a Marruecos a dar cuenta al Rey de lo que se había hecho, llevaron consigo a don Juan del Pozo. Llegados, dieron aviso al Rey de lo sucedido y que en la escaramuza se había cautivado un caballero que por las muestras que había dado se había echado de ver ser una gran persona y muy esforzado y gran jinete. Oídas las buenas partes del caballero diole deseo al Rey de verlo y traído a su presencia hízole tantas cortesías y reverencias como si fuera a su propio Rey, con que quedó muy satisfecho y le pareció que los que lo cautivaron habían quedado cortos en alabanzas. Al fin, satisfecho de su (B) persona le preguntó por su tierra y como se llamaba y a todo respondió con mucha cortesía y discreción.

195: Pidiole el Rey que dejase su ley y tomase su secta, dándole su palabra de tratarlo y honrarlo como a su propio hijo. Tuvieron tanta fuerza estas palabras que no supo contradecirle dándole su palabra de hacerlo. Se hincó de rodillas y le besó las manos. Hecho esto, diole el Rey por nombre Solimán del Pozo. Hízolo luego su caballerizo mayor y hallando en él mucha capacidad, tomaba su consejo y parecer para todos los asuntos y negocios de más importancia que se le ofrecían. Casole luego con una dama de la reina muy hermosa y principal con que todos le estimaban y honraban. Estando las cosas en este estado, llegó el dinero del rescate que lo traía de Córdoba un fraile mercenario. Llegó a la Corte y sabido por él lo que pasaba quedó fuera de sí. Para ver si era cierto lo que le habían dicho, visto ser todo verdad y que él estaba muy contento, le comenzó a persuadir, todo lo cual fue en vano. Al fin él le dijo que le volviese a su padre el dinero y le dio de lo mucho que ya tenía otra suma de doblones que les llevase, quedó con esto el fraile absorto viendo aquel mancebo en lo mejor de su vida tan rico y bien emparentado y que sin haberle hecho fuerza hubiese hecho tal disparate solo por gozar de la privanza del rey y de sus gustos.

196: Sabido esto por su padre y parientes no es posible encarecer el sentimiento que hicieron, escribiéronle muchas cartas y procuraron otras de grandes señores y de la misma Inquisición asegurándole el perdón, pero nada fue bastante a sacarlo de su dureza. Ofreciose en esta ocasión la Jornada del Rey de Portugal, don Sebastián.(2) Estaba a la sazón el rey moro malo, y por esta ocasión convidó a Rey con la paz saliendo a muchos partidos y el principal era acudir con una gran suma de dinero para el gasto. A todo esto, se hizo sordo don Sebastián y el Rey moro, aunque enfermo, se metió en una litera y acudió a la defensa de su reino. Aderezó lo necesario para la jornada y llegado a vista de sus enemigos dispuso su ejército y puso en orden todas las cosas, llevando siempre a su lado a don Soliman del Pozo, que era él quien todo lo hacía y ordenaba (B) y así era de todos obedecido.

197: Sucedió que el día de la batalla por la mañana murió el Rey de la agitación del camino y por el temor que tenía del suceso de la batalla. Finalmente, se dice que ciertamente estuvo en manos del cordobés el dar la batalla o no, pero el maldito renegado, olvidado de Dios, no quiso aprovecharse de la mejor ocasión que hombre ha tenido. Quedo muerto el Rey y él por absoluto señor a quien todos obedecían. Ordenó el ejército con tanta discreción y prudencia militar que queriéndolo así Dios, quedó por su parte la victoria, muriendo en un día tres Reyes que fueron don Sebastián, el Despojado, a cuya petición había hecho la guerra y su primo el que poseía uno de los más extraños sucesos que han sucedido en el mundo. Tantos días antes pronosticado, con aquel cometa tan famoso que se apareció sobre Portugal.

198: Ganada pues la victoria, le cupieron a don Soliman gran suma de despojos, y entre ellos fue gran cantidad de cautivos. Con esta pérdida acudieron los redentores [199] de las órdenes y entre ellos fue un Mercenario natural de Córdoba de quien yo supe toda esta historia, llamado el padre Fray Luis de Ahumada, este padre trató con don Soliman del Pozo de rescatarle una gran partida de cristianos cautivos. Hecho el concierto, le faltó alguna cantidad de dineros y concertóse con él que los dejase ir, y que él se quedaría por el dinero que faltaba. Tuvolo por bien don Solimán, pero puso una condición, pero que si no se traían para tal día el dinero que quedase el fraile para esclavo y para más seguridad lo llevó preso a su casa. El redentor lo tuvo por bien a trueque de enviar todos los cautivos. Satisfecho que en el dinero no habría falta, quedó el buen fraile en Marruecos consolando a los cautivos enfermos, acudiendo al hospital que tienen en Marruecos, confesando a unos y a otros, sacramentando y acomodando los rescates otros.

199: En esta ocasión y santa ocupación se entretuvo este santo religioso y las veces que hablaba con don Solimán trataban de Córdoba y de sus parientes y amigos y de todo le daba cuenta como hijo de la patria. No olvidaba el santo fraile en estas ocasiones de rogarle se convirtiese a Dios (B: en blanco [200]) dándole palabra de alcanzarle perdón del Rey y del Papa y de su Majestad. Le prometía grandes mercedes atribuyendo todos a su poca edad y experiencia el yerro que había hecho. Contábale muchos ejemplos, así de la Escritura como de nuestros tiempos y todo lo escuchaba con gusto, pero a cabo de rato salió con decir si el Rey me hace mercedes y el Santo Padre me perdona, dejarían de decir por eso este es el que renegó, padre? Deje esas pláticas que no tiene remedio.

200: Al fin pasose el tiempo que estaba aplazado y algo ofendido don Solimán de las persuasiones y ruegos del fraile, por vengarse de él, lo prendió y metió en una mazmorra adonde no se sabía si era de noche o de día. Y así lo tuvo hasta que vino el dinero, sin bastar con el renegado de Solimán todos los ruegos del mundo para sacarlo de la mazmorra. Al fin salió de ella el santo fraile muy contento por haber padecido algo por la fe, aunque muy indignado contra aquel hereje. Vino a Córdoba y dio aviso a aquel santo Tribunal de la Inquisición de la obstinación de aquel maldito renegado. Hizo este Santo Oficio sus diligencias notificán-(B)-dole por tres veces que se volviese a su Dios y Santa Ley. Y viendo que no quería, pronunciaron su sentencia que fuese quemada su estatua con el mismo traje que allá traía, y así se hizo el año de 1584 en un auto adonde le leyeron la sentencia y que fuese quemado fue cosa muy lastimosa lo que sintió esta afrenta toda la ciudad como tan católica viendo un hijo suyo y de tantas esperanzas echado al fuego con afrenta y deshonra de todos sus parientes. En este día noté que todos a una voz disculparon a este mozo en lo que había hecho por tener el medio camino andado como dijimos por ser hijo de una morisca (y esta maldita canalla jamás ha probado bien en España) y en confirmación de esto contaré uno con que contó un padre de la Compañía que se lo oí yo y dijo que viviendo en la ciudad de Granada conoció un caballero de los principales de ella que lo había criado una morisca desde niño y en lo que dicen que en la leche se mama en la mortaja se pierde se verificó en este caballero y fue que siendo ya grandecito le [201] dieron a comer tocino como se usa en aquella tierra pues destetan con él los muchachos y al punto lo echó del cuerpo y todas la demás veces que se lo daban sucedía lo mismo.

201: Al fin siendo ya grande le reprendió este padre sabiendo lo que pasaba y el caballero le respondió con juramento que le sabía cuando lo comía como almendras pero que en entrando en el estómago se le revolvían con el las entrañas y sin ser en su mano lo lanzaba luego y así se quejó de sus padres porque lo habían dado a criar a la morisca, de donde le venía su trabajo. Al fin, por dar fin a esta historia yo conocí y traté a su padre de Solimán que se decía el Licenciado del Pozo y a dos hermanas monjas en Santa María de las Dueñas y puedo afirmar que no se ha hecho sentimiento igual al que hicieron estas religiosas rogando a Dios con muchos ayunos y asperezas retrocase el corazón a su hermano. Lo mismo hacía el padre con otros muchos parientes y amigos, pero a todo se hizo sordo el maldito renegado hijo.

202: Estando yo en Cádiz supe (B) de un mercader que venía de Marruecos cómo era alcaide de una ciudad y me dijo que él había ido algunas veces a pedirle limosna para los pobres cautivos y que siempre se la dio con larga mano y que sentía bien de la fe, pero que poco le prestaba esto pues tenemos obligación de protegerla y morir por ella. Dícese que cuando quiso morir hizo llamar un sacerdote y le pidió le absolviese de sus pecados. El sacerdote le respondió que él no podía hacerlo si no se desdecía públicamente confesando haber ofendido a su Dios. Él lo dejó de hacer por la vergüenza que tuvo para desdecirse y así se lo llevó el diablo y estará allá harto arrepentido por no haberlo hecho. Este fin tuvo el desdichado don Solimán del Pozo.

  1. Campamento
  2. Se refiere a la batalla de Alzcazarquivir donde también murió el rey de Portugal.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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DE CÓMO DON LUIS DE GODOY SE LIBRÓ DEL CAUTIVERIO TRAS LA DERROTA EN PORTUGAL

El rey Sebastián de Portugal. Litografía.

TRAGEDIA DE DON LUIS DE GODOY Y OTROS COMPAÑEROS SUYOS:

184: Ya que va de trances de guerra, dice Colodro, os quiero contar otro caso semejante al pasado y sucedió en esta forma. Entre los capitanes que fueon en compañía de don Alonso de Aguilar a la triste jornada del rey don Sebastián, fue don Luis de Godoy, caballero Mayorazgo de Córdoba, gran jinete y muy cortesano, no solo entre los suyos, pero entre los enemigos. No fue con menos gusto recibido en el campo don Luis que lo fue don Alonso de Aguilar y dio su consejo al rey y a sus consejeros, pero no fue recibido como los demás. Al fin diose la batalla como lo dicen los cronistas y en particular Herrera el Cordobés que escribió dieciséis años del reinado del prudente rey don Felipe 2ª, dice que los castellanos que fueron dos mil, fueron los que sustentaron la batalla contra los moros después de desbaratado el rey con sus portu-191-gueses. El cual dijo viendo el valor de los castellanos que si hubieran traído más soldados de Castilla no perdiera la victoria. Finalmente, don Luis de Godoy como gran soldado y gran caballero, acaudilló su gente de tal manera que fueron los últimos que sustentaron su parte a pesar de los moros, aunque a mucha costa suya por ser solos y tener toda la morisma sobre sí.

185: Viendo algunos religiosos a porfía y que al fin habían todos de morir, fueron con Cristo en las manos pidiéndoles por Dios y por sus entrañas divinas que se diesen a partido y no muriesen allí como bestias. Viendo esto don Luis, como discreto y cristiano, se acomodó al tiempo y así dio orden a los suyos que se rindiesen. Don Luis se dio a un moro principal que tenía cargo del campo y sabía que era capitán y tan gran caballero le hizo un trato tan honrado que no hubo que desear. Diole una casa en que viviese y un tanto cada día (B) esperando por esto y por su rescate una gran suma de dinero. Don Luis de Godoy y sus compañeros lo tuvieron por bien y dieron su palabra que pagarían como caballeros. Esto hecho, escribieron a Córdoba por el rescate y como era la suma tan grande, no se pudo llevar tan presto. En este tiempo, don Luis, como soldado viejo, le pareció para no estar ocioso poner tabla de juego. Sucedió que los ciudadanos de marruecos comenzaron a picarse de suerte que comenzó el juego de burla y acabó en jugarse gran suma de dineros. Con juegos tan gruesos sacaba don Luis gran cantidad con que levantó sus pensamientos a grandes cosas: lo primero que hizo fue que a los guardas que lo custodiaban los regalaba soberbiamente dándoles dineros sin tasa y prometiéndoles para adelante montes de oro.

186: Fue de suerte que los que al principio miraban no se les fuese el preso, las dádivas los ablandaron de suerte que le dije-[193]-ron que si se quería ir, que ellos harían con otros moros que los hurtasen y los pusiesen en salvo. A los principios no salió a ello don Luis, antes afeó el caso diciendo que por ninguna cosa tomaría su libertad negociada por el hurto, que el tenía grandes riquezas en España y que presto le traerían el rescate. Con esto engañó a los moros entendiendo que eran echados de manga. Viendo los guardas que no querían irse, avisaron a unos piratas, grandes ladrones y contáronles la ocasión que tenían de coger una gran cantidad de dinero si le hablasen a un capitán famoso que cautivaron en la batalle y que estaban con bastante libertad para poderlo hacer y que ellos darían lugar porque les daba lástima de ver fuera de su casa un tan gran caballero y que de compasión ellos se lo habían dicho y que no salía a ello, que lo tratasen ellos, quizá y atendería otro parecer.

187: Sabido por los piratas lo que pasaba determinaron que fuese uno de ellos y habló a don Luis, diciéndole que si su merced quería que le hurtasen a él y sus compañeros y los pusiesen en su casa, que lo harían y esto con tanta verdad como si se trataran con sus propios parientes, y que en (B) confirmación de ello habían llevado a Portugal muchos hidalgos de aquel reino. Don Luis dio oídos a los piratas con el seguro que les dieron de la vida, y viendo que los guardas gustaban de su libertad y que ellos lo negociaban. Al fin trataron de conciertos y esto hecho señalaron día y hasta que llegó el plazo se mostró don Luis y sus compañeros más liberales con los guardas, de suerte que quedaron satisfechos de sus salarios. Fueron en este tiempo recogiendo todo el dinero que pudieron y llegado el día vinieron los piratas y quitándoles los vestidos que tenían, los vistieron a su usanza y por un postigo falso que hicieron los sacaron y llevaron a su barca. Recibido el precio de concierto, alzaron las velas y a remo y vela se dieron tan buena maña que al amanecer estaban en Ceuta. Cuando don Luis y sus compañeros se vieron en tierra de cristianos no hay encarecimiento para decir el alegría que tuvieron por tan señaladas mercedes de Dios.

188: Sabida la llegada por el capitán de [194] Ceuta vino con notable regocijo a ver a don Luis y a sus compañeros y sabiendo el modo de su liberad se fue a los piratas y les dio las gracias y cien ducados y un gran presente por lo que habían hecho, dándoles palabra de favorecerles en todo lo que quisiesen, rogándoles que todos los cristianos que pudiesen se los trajesen que él se lo pagaría y agradecería. Fue medio eficacísimo este para que se rescataran muchos cautivos a muy poca costa. Como se dio en el rescate de don Luis y sus compañeros que no se rescatarían por treinta mil ducados y se vieron libres por mil. El capitán de Ceuta, regaló a don Luis y a sus compañeros y viendo el deseo que tenían de irse a su patria, los acomodó de todo cuanto habían menester y los envió a Málaga, donde llegaron con próspero viento y sin detenerse tomaron el camino de Córdoba, y entraron en sus casas en ocasión de que se estaba vendiendo todo lo mejor de sus haciendas para el rescate.

189: Quién podrá decir con palabras (B) el contento que recibió toda la ciudad con la venida de estos caballeros, y en particular de sus padres, mujeres e hijos, bien se deja entender. Al fin, dentro de pocos días, fue don Luis a besar las manos al católico rey Felipe 2º y le dio cuenta de su venida y del suceso de la batalla, de que gustó mucho el rey. Pidiole por otros capitanes caballeros que fueron a ella y en particular por don Alonso de Aguilar y de la muerte del desdichado Rey, su sobrino Sebastián (1). Y también del estado de las cosas del reino de Marruecos. Y de todo la dio muy cumplidamente como testigo de vista. Mandole dar el Rey un buen acostamiento para el camino y un hábito de Calatrava con su encomienda y junto con esto le hizo Corregidor de Almagro, y después le dio otros muchos cargos muy honrados, con que murió muy bien y muy honrado y se llamaba don Luis el comendador a distinción de don Luis de Godoy el Bárbaro que era su sobrino. Este buen fin tuvo el cautiverio de don Luis de Godoy. [194]

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Por esta referencia, sabemos que se refiere a la batalla de Alcazarquivir, empresa del rey Sebastián para la expansión por África: https://thereaderwiki.com/es/Sebasti%C3%A1n_de_Portugal
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SOBRE CÓMO MURIÓ FELIPE DE CÓRDOBA EN LA ARMADA INVENCIBLE (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

MUERTE DESGRACIADA DE DON FELIPE DE CÓRDOBA, AHIJADO DE FELIPE 2º EN LA MISMA JORNADA.

179: Yo contaré, dice Excusado, otro caso que sucedió en esa jornada que me lo contó un amigo mío a quien por poco le costara también la vida. Y fue de esta suerte: entre los demás hijos que tuvo don Diego de Córdoba, el gran Privado de Felipe Segundo de Caballerizo Mayor tan leal (B) y noble que sirvió al Rey 4 años, fue uno que se llamó también Felipe como su padrino que fue el Rey. Este caballero desde que tuvo uso de razón puso los ojos en el sol de su nobleza y así tuvo nobles pensamientos; y el Rey, con el conocimiento que tenía de tantas cosas como por él habían pasado, considerando al muchacho le dijo a su padre don Diego que acudiese a los demás hijos que tenía, que él tendría cuidado de él. Besole las manos don Diego por las mercedes que siempre había recibido y por esta se las daba en particular.

180: Ofreciose esta jornada y para principio de lo que su Majestad pensaba hacer proveyó a don Felipe por Capitán de cuatro navíos y al Capitán General se lo encargó mucho. Don Felipe, aunque mozo y sin experiencia le besó las manos al Rey por la merced que le hacía y que le daba palabra de servirle como caballero tan extraordinaria merced como le hacía sin merecerlo. Levantolo el rey del suelo y mandole dar de su recámara todo cuanto hubiese menester para la jornada. Con esto se apartó de la Corte y se le entregó su escuadra que fue lucidísima por ser [190] de caballeros de Córdoba y casi todos parientes suyos.

181: Señaláronse sus cuatro naos y acudió a ellas como si fuera soldado viejo para que fuesen pertrechados de todo lo necesario. Tuvo en esto tanta afabilidad y mostrose tan liberal y franco con todos, chicos y grandes, que les tenía robados los corazones y se hacían lenguas pregonando sus virtudes. Partió la Armada y llegó a vista de Londres como queda dicho la noche antes tuvo don Felipe unos sudores y temores de muerte y aumentáronse de tal suerte que avergonzado de sí mismo y sacando fuerzas de flaqueza dijo a don Sancho de Clavijo que es el que me lo contó, “qué temores son estos don Sancho, soy yo nieto de los marqueses de Priego. No es posible que yo descienda del famoso don Alonso de Aguilar ni de famoso su hermano don Gonzalo Fernández de Córdoba, Gran Capitán, pues los temores me han salteado”. Don Sancho, id a traerme mis armas que yo daré hoy muestras a los ingleses de quien soy. Y alborotose el navío, los soldados y oficia-(B)-les entendieron que era otra cosa y acudieron todos a las armas por lo que sucediese.

182: Armaron al capitán de punta en blanco y quedó tan gallardo que todos lo juzgaban por merecedor de cosas mayores, tomó partesana (1) en las manos y alentado con esto y quitado todo temor le pareció que él solo bastaba para contrastar toda Inglaterra. Fuese con sus soldados hacia la proa del navío y hablando con ellos de cosas de la guerra y dándoles traza de lo que se había de hacer si se daba la batalla. Estando en estas pláticas vino una pelota como dos puños y le llevó la cabeza quedando el cuerpo destroncado. La pelota pasó al árbol mayor y dando en aquellas maromas se partió dándole a don Sancho en la pantorrilla que lo dejó medio muerto. No se puede encarecer el sentimiento que toda la Armada hizo por la muerte de don Felipe, en particular el Capitán General, pero los que más de [191] cerca lo sintieron fueron sus soldados en quien perdieron padre y madre.

183: No murió otro español de bala en toda la flota, como se lo contó don Sancho Clavijo a su tío el obispo de Córdoba don Francisco Pacheco que oyó la nueva con mucho sentimiento y preguntó si lo habían echado al mar o si lo habían enterrado. Fuele respondido que lo desarmaron y le quitaron un buen vestido que tenía y lo envolvieron en el hábito de la religión de Santiago y lo echaron al mar con grande vocería de todos los soldados de sus navíos que fueron bastantes muestras del amor que todos le tenían. En llegando aquí, don Sancho fue tanto el dolor del obispo que lo dejó con la palabra en la boca y se entró en su recámara, dando grandes gemidos de que fui yo testigo por haberle ido acompañando aquella noche por ser muy mi amigo. Este fin tuvo esta desgracia de don Felipe de Córdoba, con tantas esperanzas de ser un gran señor como se lo prometió el que lo podía hacer tan a poca costa suya.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Partesana: RAE: Arma ofensivaa modo de alabardacon el hierro muy grandeanchocortante por ambos ladosadornado en la base con dos aletas puntiagudas o en forma de media lunay encajado en un asta de madera fuerte y regatón de hierroFue durante algún tiempo insignia de los cabos de escuadra de infantería.
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CUANDO SER DE CÓRDOBA TE SALVA LA VIDA EN LA GUERRA

SUERTE INFELIZ DE LA PRIMERA ARMADA QUE FUE A INGLATERRA Y LO QUE SUCEDIÓ A DON ANTONIO DE CÓRDOBA.

175: Yo os quiero contar, dice Colodro, otro caso no menos lastimoso que el que habéis contado y sucedió de esta manera. Cuando hizo aquella jornada famosa la Majestad del rey Felipe 2º a petición de los católicos que había en Inglaterra tan sus aficionados desde que (B) fue Rey de aquel infeliz reino fue por Capitán General el Duque de Medina Sidonia, hicieron navegación hasta allá con próspero viento. Y llegados a Londres pudieron hacer una grande empresa por el temor que los ciudadanos tenían, viendo una de las mayores armadas que jamás se habían visto en su reino y por no tener bastantes resistencias para con el enemigo. Y si el Duque hubiera acometido luego que llegó, hubiera ganado la ciudad, sin duda. Al fin llevaba orden el General de no hacer nada hasta verse con el Príncipe de Parma y así pasó a vista de la ciudad de Londres dejando su armada a mano izquierda debajo de la artillería.

176: El Marqués pasó por este puerto acorralado y corre con ímpetu de suerte que no podían ser señores para volverse atrás ni para detenerse. Los enemigos que se vieron con la cuesta y las piedras se fueron tras la armada con los fuegos artificiales y se habían de defender ofendieron a los nuestros echando toda aquella noche [188] bombas de fuego en todos los navíos y otras mil invenciones tan prestas en encenderse que parece habían salido del infierno pues sin poderse remediar se abrasaban unos a otros. Fue tanta la pérdida que de doscientos navíos grandes no quedaron cincuenta, y entre los que dieron en la playa de Londres fue el navío de don Antonio de Córdoba que iba por capitán de él.

177: Al fin, viéndose quemar, tuvieron por mejor partido entregarse a los ingleses por esclavos que quedar quemados, pero engañáronse en esto, porque sabido por aquella furia del infierno la reina Isabela, mandó que fuesen y los hiciesen pedazos. El capitán que llevó cargo de esta empresa, sabiendo y conociendo las muchas partes de don Antonio, mandolo reservar con la admiración de todos los presentes, y a todos los demás que eran naturales de Córdoba, no permitiendo que muriesen. Aunque iba contra el orden que se le había dado, que no se dejase parte mínimamente (B) como se ejecutó en todos los demás que no tenían el nombre de Córdoba. El capitán inglés se los llevó consigo y les hizo el tratamiento bien diferente que ellos pensaron, dando orden para enviarlos a su tierra libres y ricos de muchas preseas que les dio. Al fin, el don Antonio admirado de tanta merced  y favor le preguntó le hiciese merced de decirle el motivo que tuvo para ello. El inglés capitán dijo que lo que le había movido a hacerle merced fue la noticia que tenía de los ilustrísimos hijos que ha tenido la famosa ciudad de Córdoba, así en tiempos pasados como en presentes. Y que luego que oyó nombrar a don Antonio de Córdoba, y viendo su linda presencia y que estaba en lo mejor de su edad él y sus compañeros, se movió con una amistad y amor natural que tenía por lo mucho que él había leído, a hacerles aquella merced.

178: Oído esto por don Antonio y sus compañeros le rindieron las gracias prometiéndole serles muy agradecidos. Con lo cual, se embarcaron para Flandes haciéndose lenguas dondequiera que llegaban de lo que había hecho aquel hereje, sólo por tener noticia del valor de los caballeros de Córdoba. Al fin, dentro [180] de pocos meses, todos estos caballeros dieron la vuelta para su patria adonde estaban ya llorados por muertos. Fueron recibidos de sus padres y de toda la ciudad con notable alegría. Contaron lo que les había sucedido en Inglaterra y los muchos trabajos que habían padecido y el infeliz suceso de aquella desdichada jornada que en grandeza y majestad fue una de las mejores que en España se han visto, habiéndose hecho a petición de los cristianos de Inglaterra firmándose sus nombres que a la hora que desembarcase el ejército católico se les juntarían más de treinta mil cristianos en su ayuda. Y con ser una demanda tan pía tuvo el fin que habemos dicho. En semejantes casos no hay sino dar gracias a Dios y reverenciar sus juicios.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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SI ASÍ DE LINDOS SON LOS CORDOBESES, ¡CÓMO SERÁN SUS MUJERES! -ISABEL LA CATÓLICA- (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

DESECHA TORMENTA QUE PADECIÓ DON MARTÍN DE AGUAYO Y CÓMO, POR MILAGRO DE NUESTRA SEÑORA DE LA FUENSANTA, SE SALVÓ CON OTROS CUATRO COMPAÑEROS QUE IBAN EN LA NAVE.

166: Un caso os quiero contar, dice Excusado, que se me olvidó cuando referí el milagro que hizo nuestra Señora de la Fuensanta con el Padre Tomás Sánchez y es de esta manera: cuando la Majestad del rey Felipe 2º envió la segunda armada a Inglaterra, yendo por Capitán General con Martín de Padilla, no menos desdichada que la que había enviado antes con el Duque de Medina, entre los demás capitanes que llevaban fue uno don Martín de Aguayo, hijo de Córdoba y soldado viejo en Flandes y hombre de quien se tenía mucha satisfacción por su mucha valentía y nobleza. Por todas estas buenas partes fue hecho capitán y se le dio una Nao de las mejores. Viéndose en este puesto tan honroso, escribió una carta a su hermano don Diego de Aguayo avisádole cómo iba por Capitán de una nao a la jornada que se hacía contra Inglaterra, la mucha merced que le hacía el Capitán General [144] y que si había algunos caballeros, parientes y amigos que se quisiesen ir con él, les avisase, fiando a Dios habían de volver a su tierra con honra y con riquezas. Y que de su parte, les ofrecía a todos los que viniesen, la amistad de pariente e hijos de la patria y que les daba su palabra, a fe de caballero, o hacer mucho más de lo que prometía.

167: Con esta carta de don Martín, que su hermano enseñó, fueron tantos los caballeros mozos que se movieron a ir a la jornada que llegaron a más de doscientos. Reciobiolos en la ciudad de Lisboa don Martín con las caricias y amor de propios hijos, dándoles a todos el parabién de su venida y acomodándolos de posadas, de vestidos y de dineros, con que quedaron satisfechos que las obras venían con las palabras. Salió el buen don Martín a otro día rodeado de esta Ilustre Escuadra de Caballeros gentiles, hombres de lindo parecer como lo son todos los caballeros de Córdoba, señalándose en toda España. Y a este propósito, dijo la reina Isabel viniendo a Córdoba y viendo tan lindos hombres que cómo (B) serían las mujeres siendo los hombres de tan lindo parecer.

168: Al fin, la noche que llegaron, ensayolos a todos su capitán dándoles todo lo que les faltaba para parecer soldados, salió con ellos como dije y fue a besar las manos al  Capitán General, y llegando a él e informándole de quiénes eran y el modo de proceder, se persuadió por la muestra que todos eran soldados viejos y que quisiera tener doscientas conductas para darle a cada uno la suya; abrazolos a todos y díjoles que si Dios les daba victoria, él les daba su palabra de honrarlos en todo lo que él pudiese con este favor muy contentos se fueron aprestando para embarcarse para otro día que había de salir la Armada. Salieron de Lisboa por mandado de su Majestad, sin embargo de que era en el riñón del invierno adivinando todos lo que después sucedió.

169: Llevaron su derrota a la Coruña y antes de llegar allá se levantó una tormen-[185]-ta tan furiosa y brava que desbarató toda la Armada, no quedando cosa con cosa. El navío de don Martín dio en unas peñas con que se hizo mil pedazos. Conociose luego el peligro y el capitán como tan valeroso acudió a todos los remedios posibles, siendo el primero para todo lo que era menester; pero el daño fue tal que no admitió cura, y viendo que se iban todos a hundir, mandó que se confesasen y arrepintiesen de sus pecados, y junto con esto, que se desenredasen para salvar la vida nadando que así lo había él hecho en otras dos ocasiones.

170: Al fin, desnudáronse todos y puestos en tablas, y al borde del navío, aguardaban el punto de hundirse lo mismo hizo el valeroso capitán, púsose junto al árbol mayor por ver si hundido el navío quedaba descubierto algo del árbol para librarse, pero engañóse porque yéndose el navío a pique, se fueron subiendo el árbol arriba todos sus parientes hasta la gabia y desde allí se fueron echando a la mar. El buen capitán se enredó en (B) entre las jarcias de tal suerte que quedó debajo del agua y no turbándose con esto, antes cobrando ánimo, se fue desenredando, y viéndose libre de las jarcias, subió arriba y dando un gran suspiro le pidió favor a la Madre de Dios de la Fuensanta de Córdoba, de quien era devotísimo, y fiado de esta ayuda comenzó a nadar sin saber adónde iba, contrastando las aguas que lo subían y bajaban al cielo y a los abismos con unos relámpagos y truenos temerosísimos.

171: Al fin, de más de cuatrocientos que iban en la nao no se salvaron más de cinco en una peña que estaba en medio del mar y fueron dos marineros, el piloto, un tambor y un mochilero. El piloto estaba en una y en el suspiro conoció a su capitán y así le nombró por su nombre, llamándole muchas veces. Al fin se vino hacia donde oyó las voces y en poco espacio llegó adonde estaban con grandísimo trabajo por los golpes de mar que lo arrojaban a hacerse pedazos. Al fin [186] asiéndose de un capote que le echó el piloto, salió a la orilla adonde se hincó de rodillas dando infinitas gracias a Dios y a su Santa Madre por la singular merced que le habían hecho.

172: Abrazó luego al piloto y a los demás y preguntoles si habían oído algún soldado, ellos dijeron que no. Viendo que el aire los traspasaba fuéronse a un abrigo y torciendo muy bien el capote se pusieron espaldas con espaldas y luego se cubrieron con el capote y de esta manera estuvieron hasta que amaneció, pidiendo a Dios remedio para sí y para sus compañeros que no sabían su paradero. Así que amaneció Dios, hallaron todos sus deudos, soldados y oficiales de la nao ahogados y hechos mil pedazos en aquellas costas. El sentimiento que se hizo por este famoso Capitán, viendo la ruina y miseria de sus parientes y demás soldados, no hay lengua que lo pueda explicar (B) y en particular viendo los ahogados que en aquel miserable estado se hallaban por su causa y respeto, quisiera haberse ahogado con ellos y no verlos con tanto dolor.

173: Cada uno de los que se habían salvado contaba el modo que había tenido para salir, los cuerpos muertos que encontraban pensando que eran marrajos o tiburonos que se les venían a tragar con otras mil miserias que allí se referían. En fin, entraron en consulta sobre qué les parecía que hiciesen y fue decretado que uno de los marineros fuese al lugar más cercano y que diese aviso de lo sucedido y que viniese la justicia y tomase fe y testimonio de lo sucedido y trajese ropa para cubrirse. Al fin llegó a un lugar de la Coruña y acudió la justicia con mucha caridad, trayéndoles vestidos y comida después que se hubieron vestido y confesado, tomaron fe y testimonio lo que había pasado.

174: Y después pidió el capitán a todos lo que allí estaban que no se partieses sin dar sepultura a los muertos. Hízose así, siendo [187] el capitán el primero. Renovose aquí el llanto de todos y acabado el entierro se fue don Martín a un lugar adonde supo cómo el Adelantado se había escapado con menos peligro que él y estaba dos leguas de allí. Fue a besarle las manos y a darle la fe y testimonio del navío que le entregó. El Adelantado se holgó mucho de verlo, le dio mil abrazos, un famoso vestido y quinientos ducados de acostamiento y lo mismo hizo con otros muchos oficiales que se salvaron. Este fin tuvo aquella desdichada jornada de Inglaterra y este fue el fin del valeroso capitán don Martín de Aguayo, que fue luego a Córdoba a dar las gracias a la que tantas mercedes le había hecho.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

  1. Se refiere el texto a la flota enviada en 1597: «En 1597Felipe II volvió a enviar una nueva flota de invasión contra Inglaterra, más poderosa que su precursora de 1588. Tras avanzar hacia las costas inglesas sin encontrar oposición, un fuerte temporal dispersó la flota, si bien en esta ocasión no se produjeron los catastróficos resultados de 1588. Aun así, siete barcos llegaron a tierra en las proximidades de Falmouth, desembarcando a 400 soldados de élite que se atrincheraron esperando refuerzos para marchar hacia Londres. Tras dos días de espera, en los que las milicias inglesas no se atrevieron a hostigarlos, recibieron la orden de embarcar, pues la flota se había dispersado irremediablemente, y regresaron a España. (Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Armada_Invencible)
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DONDE SE CRITICA LA MATANZA DE CATÓLICOS EN INGLATERRA. PEDRO I EL CRUEL O EL JUSTICIERO

CRUELDAD QUE HIZO EL REY DON PEDRO EL JUSTICIERO, NO, EL CRUEL:

164: Bien se echa de ver en este caso, dice Colodro, y en otros que cada día suceden la fuerza que tiene la sangre y entre otra fue lo que sucedió en Toledo con el rey don Pedro, a quien mandó el rey Felipe 2 que no se llamase el Cruel, sino el Justiciero. Fue que los hermanos del rey don Pedro que fueron Enrique y Fadrique se apoderaron de la ciudad de Toledo. Sabido por el rey, partió de Sevilla a grandes jornadas y los hermanos la dejaron y se fueron no atreviéndose a aguardarlo. Entró el Rey en la ciudad y vengó [183] el agrabio y enojo en los ciudadanos y entre los demás que mandó matar fue a un platero de ochenta años. De su voluntad, se ofreció a morir por su padre un hijo suyo de hasta dieciocho años.

165: El Rey, en lugar de perdonarlo, que al parecer de todos lo merecía por su raro amor y caridad, le otorgó el trueque y fue muerto. Siendo un espectáculo este muy horrendo para el pueblo y misericordia mezclada con justicia tanta. Y pues para con los padres hay tanta inclinación, no hay que maravillarse que por nuestro padre Dios demos la vida cuando se ofreciere como lo hacen cada día tantos millares de mártires en el reino de Inglaterra, pues por no ir a las iglesias de los herejes pierden con tanto amor sus haciendas y sus vidas.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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SOBRE UNA CRECIDA DEL RÍO GUADALQUIVIR Y UN SALVAMENTO MILAGROSO

CASO ESPECIAL QUE SUCEDIÓ EN EL RÍO GUADALQUIVIR DE CÓRDOBA:

161: Un caso se me ofreció, dice Excusado, [181] que sucedió en la ilustre ciudad de Córdoba, nuestra patria, que lo contó el Padre Ministro Fray Francisco Delgado en el púlpito, y fue que un año de muchas aguas, viniendo avenidas de otros cinco ríos que en él se juntan, día de San Andrés, vino tan crecido y fuera de sus cauces, que se temió no se llevase la puente porque faltó muy poco para cerrarse los arcos. Estaba toda la ciudad a la mira y temerosos de la braveza del río y de lo que pudiera suceder. Sucedió pues que el otro Fay Francisco Delgado, que a la sazón era Prior en el Convento de los Mártires que es de Dominicos y la casa tiene los cuerpos de los mártires Acisclo y Victoria, que cae a los molinos de Martos, y el convento cae sobre el río. Estaba con sus frailes mirando la furia y los muchos ganados, chozas de pastores, árboles y leña que traía. Estando en esto, vio venir un barco pequeño y dos hombres dentro dando voces que los favoreciesen, que venían sin remedio. Y era tanto el raudal y su furia que no se les pudo acudir por ser dificultoso lo que pedían. El miedo de estos hombres era tal que en llegando el barco a la Azuda que atraviesa todo el río, era fuerza que al caer por la ladera de ella misma a la parte honda (B) ellos y el barco la habían allí de perder si Dios no hacía un evidente milagro, pues viéndose en tan manifiesto peligro y que no había quien los pudiese favorecer, se determinaron arrojarse al agua y ver si nadando se podían salvar.

162: Hiciéronlo así y el más mozo salió primero, y puesto en la orilla, echó de ver que su padre se iba ahogando por su poca fuerza y con el amor natural de hijo, fiando en Dios, se volvió a arrojar a las furiosas aguas, yéndose adonde su padre estaba más muerto que vivo. Metiose debajo del agua y forcejeando con aquel furioso elemento le vino a sacar a la orilla con tanto espanto de los presentes que les parecía que sin particular ayuda de Dios era imposible en tan gran tormenta poder escapar. Particularmente por estar el hijo tan cansado, cuanto más, sacar a su padre a cuestas como otro Eneas a su padre Anchises de Troya. Al fin, fue tan grande el alegría que todos los presentes recibieron de ver la buena suerte de aquel mancebo, que no se puede encarecer con palabras. [182]. Mandó el padre Prior que los llevasen al convento y en su propia cama que los acostasen y con mucha presteza los envolviesen en dos sábanas, de vino muy caliente y darles bien de comer.

163: Después que hizo esto con gran consuelo de los religiosos y no menos edificación de los seglares que lo habían visto, el padre Prior que desde que lo había visto volver al río tenía deseo de saber qué le había movido a aventurar su vida en tan manifiesto peligro, díjole el mozo: Padre, pues que usted reparó en eso, yo se lo diré con verdad, lo que me movió cuando vi que mi padre se estaba ahogando y que por su vejez no podía resistir a la furia del agua, dije entre mí: Dios me ha de castigar si no socorro a mi padre, a quien después de Dios debo el ser que tengo. Y fiado de Dios y con aquel amor de hijo a padre, me arrojé a las aguas y no me engañé en esto porque como Vuestra Paternidad vio, parecía que me llevaban del brazo y con menos trabajo saqué yo a mi padre que salí yo. Por donde aquellos santos religiosos vieron (B) claramente que Dios le ayudó por el respeto que tuvo a su padre y que todos los hijos que los honran serán de Dios en esta vida y en la otra favorecidos como se vio en este mozo.

Fotografía tomada del artículo de ABC (ver notas)

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Hasta no hace mucho, aún existían barqueros en el río. En la novela La mano de Fátima, de Ildefonso Falcone, nos relata el contrabando por el río y la vida de la Plaza del Potro en la época.
  2. Antes de la construcción de los pantanos, las crecidas del río no eran tan extrañas. Algunas he vivido. Y recuerdo cómo antes de la canalización a su paso por Córdoba, todo el Campo de la Verdad quedaba anegado por las crecidas. Os dejo este enlace a un artículo de ABC al respecto: https://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-guadalquivir-y-temibles-crecidas-paso-cordoba-201711180908_noticia.html
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ASESINADO POR CULPA DE SU CRIADA, Y ES QUE… CÓMO EL ASESINO ESCAPÓ

Aunque coinciden los nombre y cuadran las fechas, no puede tratarse de este Juan Ponce de León que, en la fecha señalada en el texto, se encontraba en América.

COMO DON JUAN PONCE DE LEÓN MATÓ EN UTRERA A DON PEDRO DE CÓRDOBA:

156: Ya que va de lástimas, dice Colodro, quiero contar lo que le sucedió a otro caballero de Córdoba que no es de menos lástima que el pasado y sucedió de esta suerte. En la villa de Utrera estaba un pariente de aquel caballero que mató a su sobrina que se llamaba Pedro de Córdoba (dos líneas tachadas). Casó con una señora muy principal y vivieron algunos años con mucho contento estimándola el don Pedro como a hija de quien era y ella para sí lo merecía por su nobleza y hermosu-[178]-ra y grande entendimiento. Ella pagaba a su esposo en la misma moneda. Estando estos dos buenos casados con el gusto que se podía desear, sucedió una de las mayores desgracias que jamás se han oído y fue que esta señora tenía una criada de labor, era doncella y hermosa y preciábase de ello. En Utrera estaba un caballero que se decía don Juan Ponce de León, el cual puso los ojos en la criada, y viéndose del caballero favorecida diole audiencia a sus demandas, y de lance en lance le vino a dar entrada en casa de su señor. Fue tanta su desvergüenza que le vino a meter en la antecámara donde sus amos dormían sin advertir la traición que hacían a Dios y a su amo. Una noche entre otras oyó don Pedro que estaban consejando y conoció ser habla de hombre lo que oía. Levantose de la cama y tomó una espada y salió de la sala a oscuras y en la mesa de la escalera sintió ruido (B) arremetió como un león. Mas el don Juan, viéndose acometer lo aguardó extendiendo el brazo para defenderse pero fue tan a mal tiempo que le metió a don Pedro la espada por los pechos, y como no traía defensa con las ansias de la muerte dio una gran voz diciendo: “Ay, que me han muerto”.

157: El matador se salió viendo lo que había hecho por donde había entrado y se fue a San Francisco entendiendo que no muriera. La pobre señora estaba en la cama muy sobresaltada, luego que oyó la voz se levantó a gran priesa y halló que su marido estaba muerto. Dio mil voces y clamores a que acudieron los criados y toda la vecindad, y trayendo lumbre hallaron abrazada, caída y amortecida a la desdichada señora sobre su marido. Volvió en sí haciendo las mayores demostraciones de dolor que se puedan imaginar, acudieron los parientes y conocidos y entre ellos su tío, el que degollaron en Sevilla [179]. Este, sabidos los indicios que había de la criada y del don Juan, el cual sabiendo de la muerte de don Pedro, no teniéndose por seguro en San Francisco por ser tan poderosos los contrarios, envió a por un caballo para irse a Sevilla, saliendo, como dicen, a las voladas. Quiso su suerte que al salir por cerca de la villa le encontró un criado de don Pedro que venía de su cortijo y llegando a casa de su señora y viendo lo que pasaba dijo que cerca del lugar había encontrado a don Juan que iba camino de Sevilla a grandes carreras.Y que, aunque iba embozado, que conoció ser don Juan y también el caballo que era morcillo.

158: Sabido por su tío del muerto subió en su caballo y avisó a sus criados que le fuesen siguiendo y partió a grandes jornadas. Iba preguntando a los que encontraba y todos le decían cómo iba cerca aquel hombre por quien preguntaba con todas las señas que decía. Con esto el (B) buen cordobés volaba tras su enemigo de suerte que lo vino a columbrar en unas cuestas al fin de esta jornada. Llegó el don Juan a Sevilla y barruntando que la Puerta de Carmona era de mucho concurso y que su modo de ir había de ser de nota, dejó aquel paraje y se fue a la puerta de Jerez. El cordobés que le iba en los alcances juzgo como él lo dijo después, que don Juan tenía en San Agustín un deudo y entendiendo que se iba allá, por ser tan gran Convento, fuese derecho a él, pero engañose. Llevó la justicia, de camino y requiriolos que buscase a don Juan, que había entrado allí porque había muerto a don Pedro de Córdoba.

159: La justicia hizo todas las diligencias posibles, cerraronse la puertas, mirábanse los hombres que salían, al fín hiciéronse las demás diligencias que en un caso tan grande se suelen hacer. Mientras esto pasaba en la ciudad, don Juan Ponce de León estaba en la Compañía de Jesús y para que el caballo no fuese conocido, dieron orden de pintarlo muy al vivo de otras manchas diferentes [180] y salió tan bien que su propio dueño no lo conocía. Tratose con el padre Prior de San Agustín que se llevase allá el caballo y que la justicia lo viese y con eso dejasen las demás iglesias y monasterios. Pareció bien al Prior la estratagema y lo llevaron con una carga y lo pusieron en la caballeriza, laváronlo con agua caliente con que se le quitaron sus manchas. Estando pues la justicia a visitar el convento dijo un fraile echadizo a un alguacil, su amigo, que no habían faltado nada el día pasado para topar con don Juan, que nos hubiera dado hasta pena. No lo echó en saco roto, porque luego de su hora fue avisado el asistente y llevando a su lado el tío del muerto y toda la justicia de Sevilla no dejaron cosa en San Agustín que no anduviesen. Finalmente, un criado que fue hacia la caballeriza y viendo el caballo dio voces, acudió el asistente con los demás, y conociendo el caballo se confirmaron en que don juan estaba dentro y así se quitaron las guardas de los demás conventos y se acudió solo al de San Agustín (B). Con este engaño y descuido de la justicia, se dio traza de sacar a don Juan de Sevilla en hábito de Padre de la Compañía, quitáronle las barbas tiñéndoselas de negro, diéronle no sé qué humazos con que el color blanco se trocó en trigueño y pusiéronle un parche en un ojo, que todo esto fue necesario para desmentir las señas que decía el pregón.

160: Con este disfraz salió don Juan con otro religioso de la Compañía por la puerta Macarena sin que nadie lo pudiese conocer y en pocas jornadas llegó a Portugal con que él quedó seguro y don Pedro de Córdoba muerto, cuya muerte se sintió en todo el Andalucía por ser muy conocido en toda ella por su mucha nobleza. Era tío de este caballero el Padre F (ray? Rancisco?) Gaspar de Córdoba, confesor del rey don Felipe Tercero que hoy vive y viva felices años, y este es el de 1618.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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EL ASESINATO SE PAGABA CON LA MUERTE. DON ALONSO DE CÓRDOBA DEGOLLADO EN SEVILLA (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Don Luis de Haro: El grabado no se corresponde con el personaje histórico del que no he encontrado referencias. Se trata de un personaje con el mismo nombre que fue valido de Felipe IV.

 DON ALONSO DE CÓRDOBA MATÓ AL LICENCIADO BALAVARCA Y A UN CRIADO SUYO Y POR ESTO FUE DEGOLLADO EN SEVILLA.

152: Yo os contaré, dice Excusado, un caso pocas veces sucedido y que está hasta ahora chorreando sangre. Fue pues que siendo Asistente de Sevilla don Luis de Haro, Marqués del Carpio, llevó para su Teniente Mayor al Licenciado Balavarca, hombre de mucho valor y letras y sobre todo de una afabilidad nunca vista con que tenía de su parte toda la ciudad y por esto y sus letras, muchas [176] esperanzas de subir a cosas mayores. Estando en este estado, andaba un caballero que se decía don Alonso de Córdoba hecho soldado ya en los galeones, ya en las galeras. Era pariente del Marqués dicho y tenía entretenimiento de mozo. Supo el Teniente Mayor que don Alonso acudía a aquella casa. Dio en visitarla y a no tanto para quitar la ocasión y cuando por quedarse con la pieza por parecerle bien.

153: Entre otras veces que fue, halló allí a don Alonso y no llevaba el teniente más que un criado. Pidiole el don Alonso encarecidamente que no lo llevase preso, pues sabía quién era y el deudo que tenía con el Marqués su señor, y que en sabiendo su prisión le había de dar pesadumbre. No bastó nada para desistir de su propósito; el don Alonso había muerto a un hombre principal y andaba temeroso de caer en la cárcel, y visto que no bastaban ruegos ni promesas se determinó hacer un hecho temerario, y fue darle de puñaladas bajando una escalera abajo, y de recibida le dio al criado (B) otras dos estocadas que los dejó a ambos poco menos que muertos y él se escapó sin ser visto ni oído. La pobre señora que vio dos hombres muertos y uno de ellos tan principal, fue a dar aviso al asistente y sabido el caso, le dio tan notable pesadumbre que es imponderable. Hizo luego muchas diligencias, mandó cerrar las puertas de la ciudad y pregonó que daría quinientos ducados a quien le descubriese a don Alonso de Córdoba. No se dejó templo ni convento que no se anduviese por su persona, que no quiso fiar de nadie.

154: Andando haciendo estas diligencias, sucedió un caso nunca visto, y fue para que don Alonso pagara las tres muertes que tenía. Estaba el otro escondido en casa de un clérigo amigo suyo y andando toda la justicia de Sevilla haciendo mil diligencias y llegó un muchacho como de siete a ocho años a un alguacil de la audiencia y le dijo que el hombre que buscaban estaba en aquella casa. El alguacil se lo dijo al Alcalde y sin más pesquisas se apeó del caballo y entró en la casa del clérigo con toda su chusma y halló al don [177] Alonso que se levantaba de dormir. Echole mano y viéndose salteado tan de repente, se quedó como muerto. Lleváronlo a la cárcel y tomada su confesión confesó de plano su maldad. Substanciose el proceso y diose sentencia que fuese degollado. Hízose en la Plaza de San Francisco un gran cadalso y sabido en toda la ciudad, se junto toda ella con un millón de aldeanos que habían venido a la feria; tanto que afirmaban muchas personas no acordarse haber visto tanta gente junta. El don Alonso era de buen talle como lo son todos los caballeros de Córdoba, en lo mejor de su edad, todo lo cual causó una muy grande compasión en toda la ciudad.

155: Al fin fue sacado en una mula cubierta de bayeta y después de haber andado las calles acostumbradas, llegó al cadalso adonde subió con mucho ánimo, confesose y habiendo acabado, pidió perdón a todos y ofreció a Dios su muerte diciendo que según habían sido graves sus culpas, era poco castigo que le daban. Cortáronle la cabeza y pedida (B) licencia al Asistente (que aunque su pariente no había podido favorecerlo por ser tan grave el delito) se encendieron hachas muchas, y con un grande acompañamiento lo llevaron a enterrar con toda la autoridad posible.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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EL CABALLERO ERA DE CÓRDOBA, PERO SUCEDIÓ EN UTRERA Y FUE AJUSTICIADO EN SEVILLA (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

148: Por cierto, dice Colodro, que nos habemos hallado una mina de cuentos según nos van ofreciendo a la memoria y ahora se me ha ocurrido a mí uno de un caballero de Córdoba que sucedió en este mismo tiempo y es en esta forma. En la Villa de Utrera, vivía un caballero de Córdoba, el cual tenía una sobrina hija de su hermano que la había criado y la tenía colgada de las niñas de los ojos y le pensaba dejar toda su hacienda que era mucha. Y por su nobleza y el mucho dote le parecía que no había en toda aquella (B) tierra quien la mereciese.

149: Estando en estos pensamientos, sucedió que un hidalgo de Virera que se había aficionado a ella y pareciéndole que no se la habían de dar si la pidiese, se resolvió de pedirla por el Provisor: acudió a ello el ordinario enviando un secretario y alguacil, y pidiéndole licencia para hablar a su sobrina y depositarla por mandado del señor Arzobispo; el tío oyó la embajada y disimulando lo más que pudo, les rogó que aguardasen allí mientras le avisaba que se aderezase porque estaba de revuelta. Hiciéronlo así y entró el tío y halló a la pobre sobrina labrando y bien descuidada de lo uno y de lo otro. Y tomando una daga, le dio de puñaladas quitándole la vida.

150: Hecho esto, los llamó que entrasen y les llevó adonde vieron a la pobre señora [175] revuelta en su sangre y muerta. El Secretario y alguacil, alborotados, dieron voces y acudió gente, de suerte que prendieron al tío, y tomada su confesión declaraon por ella que él la había muerto. La ciudad de Sevilla sabido el caso llevado allá el preso y vista la información, sentenciaron que merecía ser degollado. Oída la sentencia, la llevó con mucho ánimo. Pidió que le trajeran un confesor y se confesó con grande dolor de haber ofendido a Dios y le ofreció la muerte y afrenta que había de padecer en satisfacción de sus culpas. Era, el buen viejo, blanco como una paloma, de más de 66 años y venerable y gentil hombre. Viéndole sacar a degollar, no se puede decir la lástima que causó a todo género de gentes.

151: Fue acompañado de todo lo principal de la ciudad. Llegando al cadalso, se apeó y subió a lo alto pidiendo perdón a todos del mal ejemplo que había dado y, volvi-(B)-endo a reconciliarse con mucho dolor, dijo el Credo y pedido perdón al verdugo le cortaron la cabeza haciéndole un solemnísimo entierro. Pero lo que más admira es ver morir un viejo una muerte tan desdichada por dejarse llevar de una pasión de cólera con tan poca ocasión ni fundamento. Quién dijera que tal cosa le había de suceder después de tantos años de vida.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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