DE CÓMO LA CASA RECONSTRUIDA POR DON JUAN FERNÁNDEZ CÓRDOBA FUE DONADA A LOS JESUITAS. VIDA DE DON JUAN FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, DEÁN Y SEÑOR DE RUTE (5). Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba.

80: El señor don Juan mandó que se labrase una casa de mejor montea y traza que la que tenía, anunciando esto que había de venir a ser de religiosos que son los padres de la Compañía de Jesús. Pintola y donola y puso en ella las armas y trofeos de sus mayores con las nuevas que a su padre habían dado los reyes, que son un rey preso con 22 banderas que le tomó cuando lo prendió. En esta ocasión salió a luz la religión de la Compañía que el padre Ignacio había fundado. Vinieron a Córdoba algunos religiosos [132] a sembrar la doctrina cristiana y santos ejercicios con el buen ejemplo que suelen. Tomaron una casa en la judería, iban a los hospitales, hacían las camas y barrían los aposentos llevando muchos tras de sí que acudían a estas obras de piedad, junto con esto había sus doctrinas por las calles; pusieron todos los ojos en ellos y cada uno sentía como le parecía.

81: Y entre los demás que no sentían bien de los padres de la Compañía era el señor don Juan, hablando con libertad y siéndoles contrario en todo. Y como era tan granado y famoso llevábase mucha gente tras sí. Sabiendo esto, los padres trataron de ganarle encomendándolo muy de veras a Dios, y tratándole familiarmente comenzando a gustar de su santa conversación y en muy poco tiempo se vino a desengañar de lo que antes contradecía de los padres y fue de suerte que se tuvo a milagro la vuelta de este caballero que al parecer de toda la ciudad fue otra conversión de San Pablo en su modo. Siendo protector y defensor a capa y espada de los padres de la Compañía y se echaría esto de ver en un caso que supe de su hija doña Leonor de Córdoba que habiendo convidado su Ilustrísima que todavía era don Leopoldo de Austria a un fraile dominico para que le predicara entre los dos coros; convidó el deán a el padre Francisco Gómez o que para emulación o que no se supiese el cómo, los dos predicadores se hallaron juntos en la Sacristía y cada uno alegaba que era convidado el uno del obispo y el otro del Deán.

82: El deán, cuando le dijeron que estaba en la Sacristía el padre Francisco Gómez, se levantó de su silla y pidió a un criado un bastón, y fue a la Sacristía por el padre, dándole él la bendición lo llevó al púlpito y se sentó al pie de él mientras que predicó, sin que el tío del emperador, Obispo de Córdoba, se atreviese a contradecirlo, de que todos quedaron admirados viendo que solo [133] por defender los padres se expuso a perderse aquel día si el obispo no se reportara. En lo que se echó de ver lo que Cristo dijo, que tiene 24 horas el día y hay esperanza que en alguna de ellas sea de diferente parecer el que lo tenía tan contrario como se ha dicho.

83: Últimamente aficionado a la santa vida de los Padres, se resolvió darles su misma casa pasándose a otra pared por medio y en las cítaras y tabiques hacía dejar unos agujeros ocultos para ojear desde allí si se hacía en casa lo que se predicaba fuera de ella. Los padres, ignorantes de saber que les miraban a las manos se ejercitaban en una vida santa religiosa y muy penitente, no dejando género de castigo y aspereza que no usasen satisfaciendo a Dios por sus pecados y por los ajenos. Quedó con lo que  veía por sus ojos el señor don Juan tan edificado que le parecía que era imposible que hombres de carne como él pudiesen vivir vida tan áspera y penitente. Todo esto le llevó el corazón para darles cuanto tenía, que era lo más lucido de aquel tiempo, y entre otras cosas de valor que dio fue las palabras de la consagración, que son de Plata sobre doradas y todas las letras y algunas labores de oro esmaltado, todo lo cual está apreciado en seis mil ducados. Dio todo lo demás que es menester para la fundación de un colegio con muy ricos ornamentos para la Sacristía. Su mayorazgo, que puso en cabeza de su hijo lo dejó de suerte que faltando heredero vendría a la Compañía. Son 6000 ducados de renta y están en una señorita tan enferma que se espera por momentos la herencia.

84: Hizo este buen caballero una confesión general y lo dispuso un padre tan bien que lograba confesando y llorando con admiración del padre dándole a Dios mil gracias viendo convertido tan de veras a aquel pecadorazo con tan gran conocimiento como tenía de las culpas tan graves que había cometido. Antes de su muerte lo consoló Dios con un [134] particular caso de un turco que había tenido en su casa, con deseo de que se convirtiese, lo cual él se lo había pedido muchas veces y el dicho turco no respondía más que esto: “Ben señor, cuando Dios quieren” y no había con qué sacarlo de aquí. Una noche se le apareció la Reina de los Ángeles muy hermosa y con mucho acompañamiento y le mandó que se bautizase. Él estuvo muy alegre de ver cosa tan bella, se lo prometió y fue a el aposento del señor don Juan y le dijo: “Señor, yo quiero ser cristiano, que me lo ha mandado la Madre de Dios, a la cual he visto esta noche tan tenida y tan acompañada que se echa muy bien de ver quien ella es”. Su señor se alegró extraordinariamente y lo abrazó e instruyó en la fe todo lo que fue menester, bautizole e hizo gran fiesta siendo el mismo señor don Juan su padrino, y se llamó Juan, como su amo. vivió poco y se fue a gozar de la Señora que tanta merced le hizo. Últimamente ocupado el señor don Juan [B] ya en los últimos días en tratar de su alma, haciendo cuantas buenas obras podía, se lo llevó Dios a la gloria con satisfacción de toda la ciudad, que está gozando de su majestad como piadosamente se debe creer.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

  1. Como anécdota diré que mi hermano Pedro estudió Primaria en este colegio cuando aún era Cervantes antes de su nuevo emplazamiento en La Fuensanta-Santuario.
  2. Allí se emplazó, en primer término, el colegio de Santa Catalina, cuya historia entronca con la leyenda aquí relatada: https://cordobapedia.wikanda.es/wiki/Reales_Escuelas_P%C3%ADas
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DE CÓMO LA MUJER DE DON LUIS CONSIGUIÓ BURLAR EL EMBARGO DERIVADO DEL INCENDIO. VIDA DE DON JUAN FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, DEÁN Y SEÑOR DE LA VILLA DE RUTE (4). Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba.

78: Esto es en suma lo que he sabido de las cosas del señor don Juan de Córdoba. Estoy admirado y casi fuera de mí que entre cristianos y gente tan principal se tomen un enojo tan de vera que por satisfacerse de un disgusto pusiesen en riesgo la persona del deán con toda su casa, que si no acudieran a quitar la reja, se quemara como se quemó el paje. Deseo saber, señor Excusado, que hizo el deán en un agravio como este con tanta pérdida de hacienda que según lo que se ha referido fuera de la casa que era un grande señor con el adorno de ella y trastos de criados, se aprecia  en tres[131]cientos mil ducados, en lo que toca a el agravio por ser cosa criminal y ser sacerdote el deán no lo siguió. Pero tomola por suya el marqués de Comares y Alcaide de los Donceles y los acusó de muerte y puso en tanto aprieto que me contó un nieto suyo que vino un juez pesquisidor tan severo y deseoso de castigar este delito que les hizo secuestro de sus bienes a todos los indiciados, y hasta las paredes les vendió.

79: Sucedió un caso notable, que viéndose tan acabados y destruidos del pesquisidor, la mujer de don Luis se halló con una saya grande y en su estrado, y llegó de repente el pesquisidor para no dejar clavo en la pared, y tenía un cofrecillo de oro con unos seis mil doblones la señora para enviarlo fuera a esconder y viendo que el juez entraba, se lo metió debajo de la saya. Esto solo se escapó de sus manos, con que pasaron mien[B]tras duró aquella tempestad que no fueron muy pocos los años. Hasta que la majestad del Rey Felipe 2º se puso de por medio y pidió al Marqués de Comares que partiese mano de ello, y el otro lo hizo. Pero siempre ellos se defendieron negando el hecho y que la chimenea había sido la causa de esta desgracia.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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VENGANZA DE DON LUIS. VIDA DE DON JUAN FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, DEÁN Y SEÑOR DE RUTE (3 CONT). Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba.

73: Este caballero vivía en frente de un postigo del señor don Juan, y estaba una calle en medio que se llama ca calle del Filete: Este don Luis tenía unas hijas y desde los miradores del señor don Juan se sojuzgaban toda su casa de suerte que las pobres señoras estaban todo el año arrinconadas que no se atrevían a salir de sus aposentos por los criados del señor don Juan que estaban siempre registrándolos. viéndose estas señoras tan oprimidas, le rogaron a su padre que pusiera remedia en aquello o que las metiese monjas porque no lo podían sufrir. Viendo don Luis ser justa la demanda de sus hijas, se fue a don Juan y le significó el agravio que recibía su casa de sus criados, y que estaban sus hijas por irse a un convento, que le suplicaba mandase cerrar unas ventanas que caían a una azotea, con que se [B] evitaría toda esta pesadumbre y él recibiría mucha merced. Pesole mucho al deán de la molestia que sus criados daban y prometiole hacer todo lo que se le pedía con mucho gusto. Despidiose de él don Luis contento con el buen despacho entendiendo que otro día como dicen se acudiría al remedio. Pero fue al revés, no haciéndose y pasando muy adelante la desvergüenza de los criados.

74: Tomo don Luis esto por caso de afrenta viendo el poco caso que se había hecho de él y de su petición y trató del remedio y de la venganza, con un hecho que ha de quebrantar el corazón oírlo y yo no lo tengo de saber contar con el sentimiento que a mí me lo dijo quien lo vio por sus ojos. Tenía el señor don Juan su casa abierta de día y de noche… Sucedió que le vinieron a ver cuatro sobrinos suyos hijos de duques, condes y [129] marqueses, que tiene hartos. Ricibiolos como tío y aquella noche primera les hizo un estupendo banquete con mil géneros de entretenimientos que duraron hasta la una de la noche. Viendo don Luis de las Infantas tan buena ocasión, se metió dentro de la casa del señor deán con otros muchos de su linaje y como los criados estaban cansados con la fatiga del trabajo y huéspedes, pudieron a su salvo pegar fuego a la casa por parte de la chimenea que este descargo dieron ellos después del gran fuego que todo el día y la noche duró. Al fin pegado fuego, como he dicho…

75: Se salieron sin ser sentidos ni al entrar ni al salir. Soplaba a la sazón un aire poniente algo reforzado: el alquitrán que echaron fue mucho y con la ayuda del aire bramaba tanto que en poco tiempo se abrasaba toda la [B] casa. Llenose toda de humo y fuego y los primeros criados que lo sintieron salieron a la calle dando voces con que acudió toda la vecindad. Tocaron juntamente las campanas y como era en el silencio de la noche fue tanto el alboroto que entendiendo que se habían levantado los moros, salían todos armados levantándose toda la justicia, y al fin sabiendo la ocasión acudieron a ella y viendo levantarse las llamas hasta el cielo y siendo el fuego tan pujante nadie se atrevió a entrar dentro.

76: Llegó el incendio hasta la sala del señor don Juan, daba voces que le favoreciesen, nadie se atrevió por la puerta por ser el peligro manifiesto. Salía un reja de la sala a la casa enfrente de las casas del Marqués de la Guardia, dieron orden de quitarla [130] y por allí se arrojó el deán en camisa. A este tiempo salieron los capellanes, mayordomos y los demás criados, unos chamuscados y otros medio quemados y al fin se quemó el paje que tenía el señor don Juan en su recámara. Quemáronse los caballos, acémilas, perros y gatos con los riquísimos tapicerías. La plata de su recámara que era mucha y buena, se derritió y salió por los patios corriéndose con la fuerza del fuego. Finalmente, sin poder ser sofocado, se quemó toda la casa sin quedar más que los paredones enhiestos.

La imagen es ilustrativa, pero no corresponde al edificio en cuestión.

77: Toda la ciudad estaba asombrada, cada uno echaba juicio que era castigo de Dios, aunque se engañaba que no fue, aunque después pareció si no dispone su majestad las cosas de suerte que el deán abriese los ojos y atendiese a su salvación, como en efecto lo hizo con gran satisfacción de los que se habían escandalizado de su pasada vida. Dio esta desgracia tran gran campanada que se supo [b] en toda España. Y así, se venía a ver como cosa prodigiosa y todos los grandes y señores le enviaron el pésame de esta desgracia porque se decía con más encarecimiento de lo que había sido.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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DE CUANDO UNOS CERDOS SE COMIERON A LOS NIÑOS ABANDONADOS. VIDA DE DON JUAN FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, DEÁN Y SEÑOR DE RUTE (2 CONT). Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba.

71: El señor don Juan, yendo un día a la iglesia, halló que aquella mañana se habían echado a la puerta de ella tres criaturas. Tenía la iglesia una cuna redonda donde ponían los niños, tenía otra cuna una tercia de alto. Entraron unos puercos en la iglesia y se comieron las criaturas por no haber allí nadie en esta ocasión. Sintiose esta desgracia tanto en los prebendados y obispo, que se acudió al remedio con muchas veras. El que más sintió esta desgracia fue el señor don Juan, por ser de suyo muy compasivo y así se determinó encargarle a él solo de aquella obra. Y fue de suerte que lo pudieran pintar como pintan la caridad y fue tan confirmada esta virtud en este príncipe, que es como increíble cuando llegaba de la iglesia por tarde o por mañana y ya le estaban aguardando un gran nùmero de niños. Y después que sabían andar, los llevaba a casa y se le subían hasta los hombros muy jugando con él, otros pidiéndole pan, otros un tres. Y era fuerza ensuciarle los vestidos con los pies y lo llenaban de manchas y todo lo sufría por el gusto que a nuestro Señor le daba esto.

72: Enseñaba a leer a los niños y él mismo les daba lección y les mostraba de noche la doctrina, y cuando ya eran de ocho o diez años, los ponía a oficio y lo mismo hacía con las niñas. Y en teniendo edad, las casaba y les daba en Rute casas y hacienda. Y se dice por cosa cierta que todo este lugar es de los niños que crio de la puerta de la iglesia y supe de un portero de su casa que le sirvió más de 30 años, que se llamaba Pezanzules, que por su cuenta y las de otras muchas personas que anduvieron advirtiendo esto, dicen que pasaron de 10.000 los muchachos que crio y otros añaden más. Fue este servicio muy grato a nuestro Señor, y así se lo pagó con darle un fin y muerte dichosa y antes que llegue a ella os contaré lo que le sucedió con unos caballeros Infantas que es un linaje en aquella ciudad muy largo y muy noble de suerte que en las fiestas R. que se hacen siempre salen una cuadrilla de aquel linaje, siendo el cuadrillero don Luis de las Infantas que es la  [128] cabeza de ellos.

Postigo de la leche. Catedral de Córdoba

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

NOTA: Una de las puertas del la catedral es conocida como el «postigo de la leche» porque allí eran abandonados los niños recién nacidos que no podían ser atendidos por sus madres para que alguna familia los acogiera. También era costumbre sacar piaras de cerdos para limpiar las calles de basura. Siempre he relacionado esta historia con ese lugar. Os dejo este enlace para completar la información: https://charlarte.com/postigo-de-la-leche/

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VIDA DEL SEÑOR DON JUAN FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, ABAD Y SEÑOR DE LA VILLA DE RUTE, DEAN Y CANÓNIGO DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA (I). Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba.

65: Comenzando pues digo que el Señor don Juan de Córdoba fue hijo de aquel famoso Conde de Cabra que prendió al Rey Chico de Granada y después se halló en la conquista de aquel reino con el rey don Fernando el Católico, preciándose todos los señores de España tener algún parentesco con el Conde, tanto por su nobleza cuanto por sus hazañas. Y lo que más campea a mi ver es cuando prendió al Rey Chico en su tierra quitándole la famosa presa que había robado de hombres, mujeres y niños con una infinidad de ganados de todos géneros sin ser posible para evitar esto los triunfantes moros y tan superiores que dicen los que escriben esta historia que pasaban de 15.000 y escogidos soldados a todos los cuales venció y les tomó la presa con solo 4.000 hombres que llevaba en su compañía.

66: Al fin, este señor don Juan se echó para la iglesia, diosele el decanato de la ciudad por principio de lo mucho que todos esperaban que había de alcanzar por sus merecimientos y nobleza. Demás de ser deán y canónigo, le dio su padre la villa de Rute para que hubiese sus casas conforme a quien era. Había vacado el obispado de Córdoba y confiando en los brazos que en la corte tenía se fue allá a pretenderlo. Estando tratando de esto se puso a jugar una noche y perdió en ella treinta mil ducados que para aquellos tiempos fue cosa que admiró. Vino esto a oídos del Emperador y llevolo tan mal que vino a decir que no los había él jugado jamás y que para obispo era muy gran falta. Con este mal despacho se volvió a su iglesia y el obispado se dio a don Leopoldo de Austria, tío del emperador y hermano del rey Felipe el primero, y así fue opuesto el deán al obispo todo el tiempo que vivieron, pues parecía al deán que se le había hecho agravio en no haberle dado el obispado.

67: Vuelto pues de la Corte con el enojo que tenía, se dio a una vida tan ancha y ajena de su estado que era el escándalo de toda Andalucía, porque además de los pasatiempos que tenía de juegos, banquetes y saraos, a lo que más desenfrenadamente se dio fue al vicio de la deshonestidad (1). Y fuese despeñando tanto en él que se perdió la cuenta de sus hijos y mujeres que tenía. Entre los muchos hijos que tuvo fue el mayorazgo don Luis de Córdoba y del hábito de Santiago. Fuera de este caballero, tuvo una hija que se llamó doña Leonor de Córdoba. Esta señora se casó con un corregidor de Córdoba que se llamó don Juan Suárez de Carvajal, señor de Guadalcázar; y tuvo otra hija que casó con don Antonio de Córdoba, señor de Guadalcázar, y otro que se llamó el bello por su extremada hermosura. Este murió en Sigüenza siendo canónigo y arcediano de Madrid con grandes esperanzas, a quien la iglesia de Córdoba hizo unas honras que del rey abajo no se pudieran hacer a otro. Y preguntando yo por qué causa se había empeñado la iglesia en hacer aquellas honras, me fue respondido que todo aquello se le debía a la buena memoria de su padre el señor don Juan. De estos tres hijos que he dicho tuve yo noticia sin otras cuatro hijas que metió monjas. Pero junto con esto era el señor don Juan compasivo y limosnero; con las cuales virtudes parece que ataba las manos […?] [125]

Antiguo Colegio de Cervantes, al fondo Santa Victoria, aquí sitúan las fuentes la vivienda de don Juan Fernández de Córdoba.

68: Sucedió pues que habiendo hallado un ciudadano de Córdoba en adulterio a su mujer, fue presa y, convencida de este delito, juntamente con su quebradero de cabeza, fue dada la sentencia que fuesen degollados: el adulterio bien quito [era un mancebo que se llamaba Juan de Maldonado] y amado de toda la ciudad y le causó a toda ella tanto dolor el verle morir que todos los principales de Córdoba lo fueran a rogar a su marido de la adultera los perdonase. Y llegó a tanto que el mismo don Leopoldo le fue a pedir lo mismo, pero el señor cornudo era tan honrado que a todos respondió que no quería. Visto esto, se hizo el cadalso, sacaron a los desdichados de la cárcel por las calles acostumbradas para escarmiento de todos. Eran tantas las lágrimas y sentimientos de todos viendo que aquello no se podía remediar que fueron al señor don Juan pareciéndoles que si él le hablase lo acabaría. Contándole cuán pertinaz y terrible estaba, pues el mismo obispo había dado de mano, enterneciose con esto de manera que lo movió a compasión oír lo que le contaban y decían. Envió un paje a los tablados rogándole al verdugo que no los degollase hasta que él llegase, que quería ver aquella tragedia.

69: Llegó a tiempo que ya la pobre mujer estaba vendados los ojos y puesta en el cajón y el verdugo era su marido alzando el brazo como otro Abrahán. Estando en esto, llegó el señor don Juan cerca del tablado con que se alborotó toda la plaza de la Corredera, pronosticando todos de su venida el gran suceso que había de tener aquel negocio. Paró el verdugo porque se lo ordenó la justicia y la gente toda comenzó a darle mil gritos pidiéndole favoreciese aquellos desdichados. Al fin subió al cadalso con tan grande imperio y majestad, mandando y no rogando que el [126] paciente (como después dijo) no pudo hacer otra cosa sino concederle todo lo que le pidió, que los perdonase que él se lo pedía y llevaba su mujer a su casa que fuese por ella, que no lo perdería.

Detalle de la Plaza de la Corredera, Córdoba.

70: Con esto, desataron los afligidos de la collera de la muerte y cada uno de por sí, hincado de rodillas, le dio las gracias por la vida que les daba y todo el resto de la gente, como a otro David, le dieron mil aclamaciones que le diese Dios muchos años de vida. Hecho esto, tomó la señora a las ancas de la mula para muy honrarla acompañándole toda la nobleza de Córdoba, diciendo todos mil bienes del hecho y valor del señor don Juan. Envió a llamar a su marido y le tenía contados 1.000 doblones con otras joyas de mucho precio, y le rogó que los recibiese por hacerle placer. Y viéndose el pobre galápago tan obligado, le dijo que por servirlo haría lo que le mandase. No se descuidó del otro pobre que lo llevaron a la cárcel y el señor don Juan negoció el partimiento de mano y le pagó las costas y le dio quinientos ducados para consuelo de su trabajo. Yo lo conocí harto rico y mucho más agradecido al señor don Juan, a quien se lo debió todo. Estos fuera de mí, dice Colodro, del hecho de este caballero y prometo que lo restante de sus cosas han de sobrepujar a esta que me ha contado. Y así como deseo y tengo de saberlas, le ruego que pase adelante.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Sobre sus excesos, podéis leer esta entrada donde se nos informa de que vivía por Santa Victoria y cómo sus abusos acabaron en una venganza: https://www.notascordobesas.com/2009/11/el-abusador-y-disoluto-dean-don-juan.html
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ORIGEN DE LA MILAGROSA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA FUENSANTA Y ALGUNOS PRODIGIOS QUE HA OBRADO (CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA)

Virgen de La Fuensanta (Córdoba)

«55. Mucho deseo saber, dice Colodro, el origen de esta Santa Imagen por ser tan famosa e ilustrada con tantos milagros y os ruego si lo sabéis me lo digáis. El mismo deseo he tenido y he procurado saberlo y en parte ninguna he descubierto que me satisface de ello en lo que dice Ambrosio de Morales. Que entre otras imágenes que hubo antiguamente en Córdoba fue una esta Señora calificando esta su opinión con muchos escritos antiguos como se verá en el mismo autor referido. Yo os quiero contar lo que le pasó a un hijo de Córdoba, sacerdote y gran letrado y me lo contó él.

56. El rey don Felipe el Segundo envió este sacerdote siendo colegial del Colegio del Maese Rodrigo de Sevilla que se llamaba el Doctor Ortiz de Leva por visitador de las Universidades de Indias. Después de haber vuelto a España y remunerado de sus trabajos se fue a Jaén [119] a ver la Santa Verónica que en España es tan venerada. Y viendo tan grande gentío como allí se junta de España y fuera de ella que esta santa reliquia no tiene el apoyo de verdad que la devoción que la gente tiene y que ningún escritor había puesto la pluma en decir el principio que haya tenido. Movido este Doctor de un deseo cristiano para que esta Santa Reliquia fuera estimada de todo el orbe y que la santidad de Sixto que gobernaba la Iglesia concediera grandes gracias a los que viniesen en Romería, juntó las dignidades y canónigos y racioneros con otros muchos de la ciudad y les propuso aquel su pensamiento. Y que él se prefería a hacer todos los gastos que fuesen menester por su devoción y por la veneración de esta Santa Reliquia.

57. Juntáronse en el cabildo confiriendo lo propuesto por el Doctor Ortiz y dando y tomando sobre el caso salió que la ciudad de Jaén y aquella iglesia tenía pacífica posesión y pía devoción de toda [119B] la cristiandad que no desenvolviesen ahora alguna piscina a que se pudiese hallar fondo que le dijesen al señor Doctor que todo el Cabildo le besaba las manos por la voluntad que tenía de servir a aquella Santa Reliquia pero que no le estaba bien averiguar cosas tan olvidadas y así se quedó este negocio.

58. He traído esta historia a cuento de la Santa Imagen de la Fuensanta y así digo que esta Señora en toda el Andalucía tiene gran devoción y se prometen grandes novenas  y todas las paredes de su Santa Iglesia están llenas de trofeos, de galeras, navíos, culebras de notable grandeza, lagartos, mortajas, pechos de cera, manos y pies sino cuento, y entre las demás cosas que allí vi fue una que me causó admiración y fue que un hombre estaba arando del día de Nuestra Señora. Cuando un vecino suyo le dijo fulano pues hoy día de la Virgen aráis? Él respondió no lo sabía pero perdóneme la Virgen en que no puedo [120] dejar de arar.

59. Caso nunca visto. En diciendo estas palabras se le pegó la mano a la mancera, conoció el pobre su pecado y así como estaba se fue a la Iglesia de Nuestra Señora y dando voces le pidió perdón con muchas lágrimas. A la fama de lo que pasaba y la mucha gente que venía a visitar la Iglesia y Santa Imagen por ese su día concurrió toda la ciudad viendo aquella maravilla. El pobre hombre y todos los circundantes pidieron a la Reina del Cielo favoreciese a aquel pecador arrepentido y la Clementísima Señora compadecida de sus lágrimas de las oraciones de sus siervos le despegó la mano quedando la señal de ella en la mancera como se ve hoy día. Y para memoria de los venideros se pintó este Ilustre Milagro estando yo en Córdoba el año de 1599 presente a él.

60. Ese mismo año, dice Escusado, vi yo otro milagro y fue que yendo a hacer una novena [120B], una señora que se llamaba doña Francisca de Ulloa, hasta cumplir sus nueve días, estando en la Iglesia adonde hay casa para dormir, un niño de dos años fue llevado a ella para quien se habían ofrecido las novenas. Levantose de las faldas de su ama y tomó de la mesa un pan y un cuchillo de espada para partirlo: fuese sin advertirlo nadie hacia la puerta de la Iglesia que tiene cinco gradas y teniendo el pan puesto en el pecho y hincando el cuchillo por el suelo de él cayó de la grada primera a la segunda. Dio con el cuchillo primero atravesando el pan, baquero y jubón y la camisa y llegando a la carne se dobló la punta del cuchillo quedando hecho garabato conociéndose en el pecho del niño un cardenal. La pobre señora se levantó a las voces y entendiendo que el niño estaba atravesado porque no se aparecía en el pan más que el cabo del cuchillo: pensando [121] que estaba herido se comenzó a mesar y a dar grandes voces, pero sabida la verdad y desnudando al niño se tornaron lágrimas de alegría y se confirmó en la devoción que tenía viendo un tan manifiesto milagro.

61. Yo os contaré otro milagro que hizo esta Santa Imagen con el padre Thomas Sánchez que fue uno de los grandes siervos de Dios y de más literatura que ha tenido la Compañía de Jesús y se escribe en el 4 tomo de sus obras que del primero y segundo mandamiento. Era este padre Thomas Sánchez hijo de un hidalgo de Córdoba que se llamaba Diego Lorenzo de Ávila. Pretendió este padre entrar en la Compañía y le pareció al superior de ella que era muy impedido de la lengua para los ministerios de la Compañía. Diéronle esto por respuesta y quedó tan desconsolado que se fue a nuestra Señora de la Fuensanta e hincado de [121B] rodillas le pidió con muchas lágrimas le quitara aquel impedimento que tenía de la lengua para ser recibido en la Compañía, que no se había de levantar de allí hasta que le otorgase aquella merced. La Reina del Cielo lo oyó.

62. Apiadose en fin de su petición concediéndosela como la pedía, quitándole el impedimento con señal que quedó ceceoso viéndose favorecido de aquella Reina del Cielo. Rindiole allí mil gracias prometiéndola serle agradecido toda la vida a un tan singular favor como el que le había hecho. Levantose de allí y se fue derecho a la Compañía y contó al superior lo que había pasado con aquella Santa Imagen y viendo el superior el milagro y la perseverancia de su devoto novicio fue recibido en la religión [122] sin dificultad alguna.

63. Y como he dicho fue uno de los varones doctos y santos que ha tenido esta  Santa Religión. Quedó tan agradecido a esta Señora que siempre le rezaba, y cuando iba a Córdoba pasaba por la Ermita de su querida Señora dándole muchas gracias por la merced que le había hecho: y pedía licencia al superior para ir a decir Misa y se estaba todo el día delante de su Señora regalándose con ella. Son patronos de esta Santa Iglesia de nuestra Señora de la Fuensanta don Francisco del Corral, caballero del hábito de Santiago y sus descendientes que son las señoras de Almodóvar del Rio. Tiene cuatro capellanes que asisten allí, no faltando fama o gente que va a novenas recibiendo todos mil favores.

64. Bastantemente quedó satisfecho con lo que se ha dicho y he estado esperando, señor Colodro, [122B] que entre las demás buenas cosas que ha dicho, que me contara algo del señor Don Juan de Córdoba, el que fue Deán y Canónigo de la Santa Iglesia de su Patria, por ser tan famoso este caballero y haber oído muchas cosas dignas de su grandeza y linaje. Mucho hay que decir, dice Escusado y de industria lo he dejado para en medio de nuestros cuentos. Para que sirva como de comedia o entremés su vida que comenzó mal y acabó bien. Todo lo cual se debe a la Compañía de Jesús como adelante se referirá.»

Ermita de La Fuensanta (Córdoba)

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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SALTO PRODIGIOSO QUE DIO UN HOMBRE A VISTA DEL REY FELIPE II EN LA FUENSANTA DE CORDOBA[118] (CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA)

Santuario de La Fuensanta. Córdoba

«53. Este día, dice Escusado que sucedió esta hazaña que le salió tan cara me contó un caballero que él presenció otra que pasó en la Fuensanta: que es una fuente donde se apareció aquella Santa Imagen. Apareciose pues encima de una fuente que vino a quedar dos varas y media de altura (1). Hizose encima de la fuente una capillita, quedando tapada la fuente con la peana de ella y súbese por un lado de la fuente por una escalera de ocho pasos y por mesa, como dije, está una hermosa losa levantada un grande estado.

54. Llegó su Majestad a hacer oración y después de haberla hecho llegó allí un hombre ordinario y dijo que si gustaba el rey daría un salto desde el suelo y pondríase encima de ella. Y teniéndolo por imposible se le dio licencia y ahorrándose de ropas dio su salto tan sin trabajo como si lo anduviera. Y se puso encima besando las sayas de la imagen quedando todos admirados de la ligereza del hombre.  Su majestad se lo agradeció de palabra y mandole dar cien escudos [118B]»

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

  1. VARA: Unidad de medida usada en la antigüedad. Aunque variaba según la región, la más empleada era la vara castellana o vara de Burgos, de 0,835905 m, lo que quiere decir que estamos hablando de algo más de dos metros. Toda una hazaña.
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GARCÍA DE PAREDES DETIENE UNA PIEDRA DE MOLINO Y SUDA SANGRE POR LOS OJOS, NARICES Y BOCA. (CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA)

«50. En confirmación, dice Colodro, de lo que un trabajo aflige, contaré un caso que sucedió a García de Paredes en las Aceñas (1) de Córdoba que no ha de admirar menos que a mí el pasado. [117] Cuando se levantaron los moros en el reino de Granada que habrá 48 años (2), para dar más calor a las guerras se avisó a su majestad don Felipe II que se fuese a Córdoba. Viendo lo que importaba, hizo su viaje para aquella ciudad. Estando en ella entre las demás cosas que tuvo que ver fueron unas Aceñas que son 17 piedras y 6 batanes que le valen al Rey cada año tres mil ducados y por habérselos alabado y por ser suyos los fue a ver.

51. Fueron todos los grandes y cortesanos acompañándole. Alegrose de la obra y de la buena traza por el buen gusto que en este arte tenía, como se echó de ver en la octava maravilla del mundo, el Escorial, y en la puente de Madrid y en otras mil obras de sus poderosas manos. Al fin afirmó que no había obra en toda España que la igualase por la traza peregrina que tenía. Hallose en esta sazón García de Paredes, caballero extremeño y queriendo hacer muestra de su esfuerzo o porque él se considerase o porque los grandes se lo pidiesen para festejar al rey, se prefirió detener una de aquellas piedras. Destajando por la gran fuerza que traían [117B] que quitasen la mitad del agua. El molinero a cuyo cargo estaba el hacer esto […] no solo no hizo lo que se le mandó sino que echó otra tanta agua de la que solía traer.

52. Quitose el extremeño la espada y la capa e hizo su tanteo y conoció que había prometido mucho. Al fin se afirmó en los pies y puso las manos en la piedra con tanta fuerza que la detuvo cumpliendo lo que había prometido con espanto de toda la gente y admiración del rey. Mas fue este servicio que hizo al rey tan a su costa que reventó la sangre por narices, oídos, ojos, boca y por todo su cuerpo. Quedando desfigurado y conociéndolo el rey le mandó se fuese a reparar porque la piedra le había quebrantado. Esta hazaña se le atribuye al famoso Céspedes: cada uno crea lo que más gusto le diere».

  1. ACEÑA: Molino harinero de agua situado dentro del cauce de un río.
  2. REBELIÓN DE LOS MORISCOS EN LAS ALPUJARRAS: Se originó en 1568, buen dato cronológico.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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UN POCERO A QUIEN SE LE HUNDIÓ UN POZO ESTUVO TRES DÍAS SUDANDO SANGRE Y LO SACARON VIVO POR MILAGRO DE NUESTRA SEÑORA DE LA FUENSANTA (CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA)

«Yo contaré un caso que sucedió estando yo en Córdoba, dice Colodro, y lo cuento por uno de los más raros que han sucedido en el mundo y está fuera de toda explicación. El abogado Rivera que en aquellos tiempos fue uno de los hombres más aceptados que hubo en la abogacía y  después salió en aquel famoso auto que se hizo en Córdoba en el año 1596 cuando salió en aquel famoso dogmaticante. Abrahan de Pozas tenía unas casas junto a la Compañía: determinó limpiar un pozo y para esto llamó al pocero de la ciudad y concertados le dijo que otro día vendría. Vino el pocero atáronlo, llegó abajo y se puso sobre una piedra que estaba abajo algo salida y apartada de las demás para allí desatarse y comenzar su faena.

47. Apenas el pobre hombre se puso de pie sobre la piedra cuando se hundió todo el pozo y él quedó arrimado a la piedra y las demás que cayeron se fueron teniendo en aquella quedando el pobre pocero como con un capillita. Pero tan oprimido que hasta que lo sacaron siempre estaba sudando sangre [116] como después lo vio toda la ciudad. Fue de suerte que esta piedra sola que este hombre dividió y apartó de las demás era la que las sustentaba. Fue tanto el sentimiento que hicieron todos los cimientos de las casas circunvecinas que fue necesario apuntalarlas porque se venían abajo. El pobre hombre daba unas voces que las metía en el cielo; como él después dijo, aunque no se oían sino una cosa muy en confuso en que echaban de ver que estaba vivo. Esto fue causa para que llevasen maestros y oficiales y se comenzase a sacar tanta cantidad de piedras y barro que ya no había calles donde echarlo: yo llegue allí hartas veces y me asomé a ver la hondura de donde sacaban la tierra y parecía la boca del infierno.

48. Asistió allí la justicia para que aquello no se dejase de la mano para socorrer al pocero que estaba dando mil voces. Al fin tres días estuvo y parte de otro sin comer ni beber y tan oprimido que se tuvo por milagro que nuestra Señora de la Fuensanta hizo asistiéndole y consolándole en aquella aflicción. Decía el después que era tanto el consuelo que recibía cuando iban cabando cerca de él que no sentía tanto su trabajo por ser el pozo de más de dos sogas [116B] de hondo. Luego que lo subieron arriba acudió toda la ciudad a ver un prodigio tan nunca visto habiendo escapado con la vida la que decía deber a Nuestra Señora de la Fuensanta de la que era devotísimo.

49. Salió desfigurado y quitándose la camisa la vieron por cosa rara que estaba empapada de sangre, infiriose que aquellos sudores y agonías de la muerte cuando son tan apretadas como esta, expele sangre la naturaleza y en la oración que el hijo de Dios tuvo en el Huerto conoció como Dios que le estaban esperando tantas afrentas y la muerte tan vigorosa y así se ve que resultó en in sagrado cuerpo aquel sudor de sangre que corrió hasta la tierra por nuestros pecados y para darnos remedio para las almas».

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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CASO PARTICULAR SUCEDIDO EN EL CONVENTO DE LA ARRUZAFA DE CÓRDOBA (CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA)

Parador de La Arruzafa en Córdoba

Pocos cordobeses saben que La Arruzafa fue, en su día, un palacio de verano de los califas cordobeses construido por Abderramán I y, después de la Reconquista se convirtió en un convento de la orden de San Francisco. En su puerta se erigía el triunfo de San Rafael que hoy se encuentra en la Plaza del Potro. Esta es la leyenda que se nos cuenta en este maravilloso libro de finales del siglo XVI. Hoy nos preguntamos dónde estará ese osario. Quizás algún día tropecemos con él y haya algo de historia en esta leyenda.

43. Helado estoy dice Escusado de lo que os he oído contar, y me espanto que sabiendo los hombres semejantes castigos como los que Dios ha hecho en los perjuros se atrevan a hacerlo con tanta facilidad. Ya que nos habemos metido en desgracias, os tengo de contar una que sucedió en Córdoba hace pocos años. En la Albaida hay un convento de frailes descalzos de San Francisco con reputación de grandes santos y en apoyo de esta verdad tienen unas catacumbas y subterráneos hondos y llenos de huesos y Calaveras de hombres. Y eso en tanto número que todos los huesos juntos de la ciudad no llegan al que está en aquella santa casa. Tenían en casa apartado o subterráneo un altar donde decían misa, y todo esto los ayudaba a su devoción. Esto estaba sin cerca y así entraban [114B] todos los que querían a verlo. Sucedió que unos caballeros de la ciudad se salieron una noche y tratando de cosas que a cada uno le habían pasado, llegaron cerca de la Arruzafa.

Castillo de La Albaida, Córdoba

44. Tomo uno de ellos la mano y dijo: hagamos una apuesta, que no hay ninguno de los que vamos aquí que llegue a la capilla donde están los huesos y traiga uno. Salieron a la apuesta dos: al fin el uno que se tuvo por más animoso tomó su derrota quedándose los demás aguardando. Era esto en el peso de la noche, aguardaron un rato, lo que les pareció que bastaba para llegar y volver. Al fin estuvieron más de dos horas, y viendo que no volvía sospecharon mal de la tardanza. Trataron de ir a la cueva, no hubo el ánimo que pedía la soledad de la noche. Determinaron esperar hasta la mañana y saber qué se había hecho del caballero. Estuvieron temerosos de lo que después sucedió. Luego pues que amaneció se fueron a los osarios y hallaron a su amigo muerto, que venía ya con un hueso en la mano saliendo de la catacumba o que se sobresaltó o venciéndoles el temor natural por salir con su apuesta o que de parte de los difuntos que le hicieron la merced dando a Dios lugar a ello para escarmiento de otros.

45. Él se quedó muerto hasta ciento y un años y lo enterraron los frailes con los demás que allí estaban. Los religiosos, vista esta desgracia, se determinaron cercar aquellas cuevas y así ahora está con más reverencia. Yo lo he visto hartas veces y en el camino está la ermita donde don Diego hizo penitencia el tiempo que estuvo en aquel convento. Yo he preguntado por curiosidad de dónde se juntó tanta infinidad de huesos, y me han respondido que la tradición que ha venido de padres a hijos es que hubo entre moros y cristianos en aquellas partes grandes batallas, y como es lo ordinario quedarse los cuerpos en el campo desechos y cada cosa por su parte, después algunos caritativos los recogieron allí todos. Como se ven que son innumerables pues de solo calaveras hay más de cuatro mil  e infinidad de cascos y pedazos de otros huesos de brazos y de piernas no tiene cuento, hay muchos huesos y calaveras de mucha grandeza que sobrepujan a lo que ahora vemos.

Cueva de El Guerra, a la derecha de La Arruzafa

Justo a la derecha de la entrada del hoy parador de La Arruzafa existe una cueva de enorme tamaño conocida por los cordobeses como la cueva de El Guerra por pertenecer la finca a este torero en su tiempo. Me contaba mi abuela que en ella se refugiaban los cordobeses de los bombardeos durante la guerra civil. ¿Sería esta la cueva? En mi infancia, la cueva no tenía rejas y podías entrar en ella, yo nunca me atreví.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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