CUANDO SER DE CÓRDOBA TE SALVA LA VIDA EN LA GUERRA

SUERTE INFELIZ DE LA PRIMERA ARMADA QUE FUE A INGLATERRA Y LO QUE SUCEDIÓ A DON ANTONIO DE CÓRDOBA.

175: Yo os quiero contar, dice Colodro, otro caso no menos lastimoso que el que habéis contado y sucedió de esta manera. Cuando hizo aquella jornada famosa la Majestad del rey Felipe 2º a petición de los católicos que había en Inglaterra tan sus aficionados desde que (B) fue Rey de aquel infeliz reino fue por Capitán General el Duque de Medina Sidonia, hicieron navegación hasta allá con próspero viento. Y llegados a Londres pudieron hacer una grande empresa por el temor que los ciudadanos tenían, viendo una de las mayores armadas que jamás se habían visto en su reino y por no tener bastantes resistencias para con el enemigo. Y si el Duque hubiera acometido luego que llegó, hubiera ganado la ciudad, sin duda. Al fin llevaba orden el General de no hacer nada hasta verse con el Príncipe de Parma y así pasó a vista de la ciudad de Londres dejando su armada a mano izquierda debajo de la artillería.

176: El Marqués pasó por este puerto acorralado y corre con ímpetu de suerte que no podían ser señores para volverse atrás ni para detenerse. Los enemigos que se vieron con la cuesta y las piedras se fueron tras la armada con los fuegos artificiales y se habían de defender ofendieron a los nuestros echando toda aquella noche [188] bombas de fuego en todos los navíos y otras mil invenciones tan prestas en encenderse que parece habían salido del infierno pues sin poderse remediar se abrasaban unos a otros. Fue tanta la pérdida que de doscientos navíos grandes no quedaron cincuenta, y entre los que dieron en la playa de Londres fue el navío de don Antonio de Córdoba que iba por capitán de él.

177: Al fin, viéndose quemar, tuvieron por mejor partido entregarse a los ingleses por esclavos que quedar quemados, pero engañáronse en esto, porque sabido por aquella furia del infierno la reina Isabela, mandó que fuesen y los hiciesen pedazos. El capitán que llevó cargo de esta empresa, sabiendo y conociendo las muchas partes de don Antonio, mandolo reservar con la admiración de todos los presentes, y a todos los demás que eran naturales de Córdoba, no permitiendo que muriesen. Aunque iba contra el orden que se le había dado, que no se dejase parte mínimamente (B) como se ejecutó en todos los demás que no tenían el nombre de Córdoba. El capitán inglés se los llevó consigo y les hizo el tratamiento bien diferente que ellos pensaron, dando orden para enviarlos a su tierra libres y ricos de muchas preseas que les dio. Al fin, el don Antonio admirado de tanta merced  y favor le preguntó le hiciese merced de decirle el motivo que tuvo para ello. El inglés capitán dijo que lo que le había movido a hacerle merced fue la noticia que tenía de los ilustrísimos hijos que ha tenido la famosa ciudad de Córdoba, así en tiempos pasados como en presentes. Y que luego que oyó nombrar a don Antonio de Córdoba, y viendo su linda presencia y que estaba en lo mejor de su edad él y sus compañeros, se movió con una amistad y amor natural que tenía por lo mucho que él había leído, a hacerles aquella merced.

178: Oído esto por don Antonio y sus compañeros le rindieron las gracias prometiéndole serles muy agradecidos. Con lo cual, se embarcaron para Flandes haciéndose lenguas dondequiera que llegaban de lo que había hecho aquel hereje, sólo por tener noticia del valor de los caballeros de Córdoba. Al fin, dentro [180] de pocos meses, todos estos caballeros dieron la vuelta para su patria adonde estaban ya llorados por muertos. Fueron recibidos de sus padres y de toda la ciudad con notable alegría. Contaron lo que les había sucedido en Inglaterra y los muchos trabajos que habían padecido y el infeliz suceso de aquella desdichada jornada que en grandeza y majestad fue una de las mejores que en España se han visto, habiéndose hecho a petición de los cristianos de Inglaterra firmándose sus nombres que a la hora que desembarcase el ejército católico se les juntarían más de treinta mil cristianos en su ayuda. Y con ser una demanda tan pía tuvo el fin que habemos dicho. En semejantes casos no hay sino dar gracias a Dios y reverenciar sus juicios.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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SI ASÍ DE LINDOS SON LOS CORDOBESES, ¡CÓMO SERÁN SUS MUJERES! -ISABEL LA CATÓLICA- (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

DESECHA TORMENTA QUE PADECIÓ DON MARTÍN DE AGUAYO Y CÓMO, POR MILAGRO DE NUESTRA SEÑORA DE LA FUENSANTA, SE SALVÓ CON OTROS CUATRO COMPAÑEROS QUE IBAN EN LA NAVE.

166: Un caso os quiero contar, dice Excusado, que se me olvidó cuando referí el milagro que hizo nuestra Señora de la Fuensanta con el Padre Tomás Sánchez y es de esta manera: cuando la Majestad del rey Felipe 2º envió la segunda armada a Inglaterra, yendo por Capitán General con Martín de Padilla, no menos desdichada que la que había enviado antes con el Duque de Medina, entre los demás capitanes que llevaban fue uno don Martín de Aguayo, hijo de Córdoba y soldado viejo en Flandes y hombre de quien se tenía mucha satisfacción por su mucha valentía y nobleza. Por todas estas buenas partes fue hecho capitán y se le dio una Nao de las mejores. Viéndose en este puesto tan honroso, escribió una carta a su hermano don Diego de Aguayo avisádole cómo iba por Capitán de una nao a la jornada que se hacía contra Inglaterra, la mucha merced que le hacía el Capitán General [144] y que si había algunos caballeros, parientes y amigos que se quisiesen ir con él, les avisase, fiando a Dios habían de volver a su tierra con honra y con riquezas. Y que de su parte, les ofrecía a todos los que viniesen, la amistad de pariente e hijos de la patria y que les daba su palabra, a fe de caballero, o hacer mucho más de lo que prometía.

167: Con esta carta de don Martín, que su hermano enseñó, fueron tantos los caballeros mozos que se movieron a ir a la jornada que llegaron a más de doscientos. Reciobiolos en la ciudad de Lisboa don Martín con las caricias y amor de propios hijos, dándoles a todos el parabién de su venida y acomodándolos de posadas, de vestidos y de dineros, con que quedaron satisfechos que las obras venían con las palabras. Salió el buen don Martín a otro día rodeado de esta Ilustre Escuadra de Caballeros gentiles, hombres de lindo parecer como lo son todos los caballeros de Córdoba, señalándose en toda España. Y a este propósito, dijo la reina Isabel viniendo a Córdoba y viendo tan lindos hombres que cómo (B) serían las mujeres siendo los hombres de tan lindo parecer.

168: Al fin, la noche que llegaron, ensayolos a todos su capitán dándoles todo lo que les faltaba para parecer soldados, salió con ellos como dije y fue a besar las manos al  Capitán General, y llegando a él e informándole de quiénes eran y el modo de proceder, se persuadió por la muestra que todos eran soldados viejos y que quisiera tener doscientas conductas para darle a cada uno la suya; abrazolos a todos y díjoles que si Dios les daba victoria, él les daba su palabra de honrarlos en todo lo que él pudiese con este favor muy contentos se fueron aprestando para embarcarse para otro día que había de salir la Armada. Salieron de Lisboa por mandado de su Majestad, sin embargo de que era en el riñón del invierno adivinando todos lo que después sucedió.

169: Llevaron su derrota a la Coruña y antes de llegar allá se levantó una tormen-[185]-ta tan furiosa y brava que desbarató toda la Armada, no quedando cosa con cosa. El navío de don Martín dio en unas peñas con que se hizo mil pedazos. Conociose luego el peligro y el capitán como tan valeroso acudió a todos los remedios posibles, siendo el primero para todo lo que era menester; pero el daño fue tal que no admitió cura, y viendo que se iban todos a hundir, mandó que se confesasen y arrepintiesen de sus pecados, y junto con esto, que se desenredasen para salvar la vida nadando que así lo había él hecho en otras dos ocasiones.

170: Al fin, desnudáronse todos y puestos en tablas, y al borde del navío, aguardaban el punto de hundirse lo mismo hizo el valeroso capitán, púsose junto al árbol mayor por ver si hundido el navío quedaba descubierto algo del árbol para librarse, pero engañóse porque yéndose el navío a pique, se fueron subiendo el árbol arriba todos sus parientes hasta la gabia y desde allí se fueron echando a la mar. El buen capitán se enredó en (B) entre las jarcias de tal suerte que quedó debajo del agua y no turbándose con esto, antes cobrando ánimo, se fue desenredando, y viéndose libre de las jarcias, subió arriba y dando un gran suspiro le pidió favor a la Madre de Dios de la Fuensanta de Córdoba, de quien era devotísimo, y fiado de esta ayuda comenzó a nadar sin saber adónde iba, contrastando las aguas que lo subían y bajaban al cielo y a los abismos con unos relámpagos y truenos temerosísimos.

171: Al fin, de más de cuatrocientos que iban en la nao no se salvaron más de cinco en una peña que estaba en medio del mar y fueron dos marineros, el piloto, un tambor y un mochilero. El piloto estaba en una y en el suspiro conoció a su capitán y así le nombró por su nombre, llamándole muchas veces. Al fin se vino hacia donde oyó las voces y en poco espacio llegó adonde estaban con grandísimo trabajo por los golpes de mar que lo arrojaban a hacerse pedazos. Al fin [186] asiéndose de un capote que le echó el piloto, salió a la orilla adonde se hincó de rodillas dando infinitas gracias a Dios y a su Santa Madre por la singular merced que le habían hecho.

172: Abrazó luego al piloto y a los demás y preguntoles si habían oído algún soldado, ellos dijeron que no. Viendo que el aire los traspasaba fuéronse a un abrigo y torciendo muy bien el capote se pusieron espaldas con espaldas y luego se cubrieron con el capote y de esta manera estuvieron hasta que amaneció, pidiendo a Dios remedio para sí y para sus compañeros que no sabían su paradero. Así que amaneció Dios, hallaron todos sus deudos, soldados y oficiales de la nao ahogados y hechos mil pedazos en aquellas costas. El sentimiento que se hizo por este famoso Capitán, viendo la ruina y miseria de sus parientes y demás soldados, no hay lengua que lo pueda explicar (B) y en particular viendo los ahogados que en aquel miserable estado se hallaban por su causa y respeto, quisiera haberse ahogado con ellos y no verlos con tanto dolor.

173: Cada uno de los que se habían salvado contaba el modo que había tenido para salir, los cuerpos muertos que encontraban pensando que eran marrajos o tiburonos que se les venían a tragar con otras mil miserias que allí se referían. En fin, entraron en consulta sobre qué les parecía que hiciesen y fue decretado que uno de los marineros fuese al lugar más cercano y que diese aviso de lo sucedido y que viniese la justicia y tomase fe y testimonio de lo sucedido y trajese ropa para cubrirse. Al fin llegó a un lugar de la Coruña y acudió la justicia con mucha caridad, trayéndoles vestidos y comida después que se hubieron vestido y confesado, tomaron fe y testimonio lo que había pasado.

174: Y después pidió el capitán a todos lo que allí estaban que no se partieses sin dar sepultura a los muertos. Hízose así, siendo [187] el capitán el primero. Renovose aquí el llanto de todos y acabado el entierro se fue don Martín a un lugar adonde supo cómo el Adelantado se había escapado con menos peligro que él y estaba dos leguas de allí. Fue a besarle las manos y a darle la fe y testimonio del navío que le entregó. El Adelantado se holgó mucho de verlo, le dio mil abrazos, un famoso vestido y quinientos ducados de acostamiento y lo mismo hizo con otros muchos oficiales que se salvaron. Este fin tuvo aquella desdichada jornada de Inglaterra y este fue el fin del valeroso capitán don Martín de Aguayo, que fue luego a Córdoba a dar las gracias a la que tantas mercedes le había hecho.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

  1. Se refiere el texto a la flota enviada en 1597: «En 1597Felipe II volvió a enviar una nueva flota de invasión contra Inglaterra, más poderosa que su precursora de 1588. Tras avanzar hacia las costas inglesas sin encontrar oposición, un fuerte temporal dispersó la flota, si bien en esta ocasión no se produjeron los catastróficos resultados de 1588. Aun así, siete barcos llegaron a tierra en las proximidades de Falmouth, desembarcando a 400 soldados de élite que se atrincheraron esperando refuerzos para marchar hacia Londres. Tras dos días de espera, en los que las milicias inglesas no se atrevieron a hostigarlos, recibieron la orden de embarcar, pues la flota se había dispersado irremediablemente, y regresaron a España. (Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Armada_Invencible)
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DONDE SE CRITICA LA MATANZA DE CATÓLICOS EN INGLATERRA. PEDRO I EL CRUEL O EL JUSTICIERO

CRUELDAD QUE HIZO EL REY DON PEDRO EL JUSTICIERO, NO, EL CRUEL:

164: Bien se echa de ver en este caso, dice Colodro, y en otros que cada día suceden la fuerza que tiene la sangre y entre otra fue lo que sucedió en Toledo con el rey don Pedro, a quien mandó el rey Felipe 2 que no se llamase el Cruel, sino el Justiciero. Fue que los hermanos del rey don Pedro que fueron Enrique y Fadrique se apoderaron de la ciudad de Toledo. Sabido por el rey, partió de Sevilla a grandes jornadas y los hermanos la dejaron y se fueron no atreviéndose a aguardarlo. Entró el Rey en la ciudad y vengó [183] el agrabio y enojo en los ciudadanos y entre los demás que mandó matar fue a un platero de ochenta años. De su voluntad, se ofreció a morir por su padre un hijo suyo de hasta dieciocho años.

165: El Rey, en lugar de perdonarlo, que al parecer de todos lo merecía por su raro amor y caridad, le otorgó el trueque y fue muerto. Siendo un espectáculo este muy horrendo para el pueblo y misericordia mezclada con justicia tanta. Y pues para con los padres hay tanta inclinación, no hay que maravillarse que por nuestro padre Dios demos la vida cuando se ofreciere como lo hacen cada día tantos millares de mártires en el reino de Inglaterra, pues por no ir a las iglesias de los herejes pierden con tanto amor sus haciendas y sus vidas.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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SOBRE UNA CRECIDA DEL RÍO GUADALQUIVIR Y UN SALVAMENTO MILAGROSO

CASO ESPECIAL QUE SUCEDIÓ EN EL RÍO GUADALQUIVIR DE CÓRDOBA:

161: Un caso se me ofreció, dice Excusado, [181] que sucedió en la ilustre ciudad de Córdoba, nuestra patria, que lo contó el Padre Ministro Fray Francisco Delgado en el púlpito, y fue que un año de muchas aguas, viniendo avenidas de otros cinco ríos que en él se juntan, día de San Andrés, vino tan crecido y fuera de sus cauces, que se temió no se llevase la puente porque faltó muy poco para cerrarse los arcos. Estaba toda la ciudad a la mira y temerosos de la braveza del río y de lo que pudiera suceder. Sucedió pues que el otro Fay Francisco Delgado, que a la sazón era Prior en el Convento de los Mártires que es de Dominicos y la casa tiene los cuerpos de los mártires Acisclo y Victoria, que cae a los molinos de Martos, y el convento cae sobre el río. Estaba con sus frailes mirando la furia y los muchos ganados, chozas de pastores, árboles y leña que traía. Estando en esto, vio venir un barco pequeño y dos hombres dentro dando voces que los favoreciesen, que venían sin remedio. Y era tanto el raudal y su furia que no se les pudo acudir por ser dificultoso lo que pedían. El miedo de estos hombres era tal que en llegando el barco a la Azuda que atraviesa todo el río, era fuerza que al caer por la ladera de ella misma a la parte honda (B) ellos y el barco la habían allí de perder si Dios no hacía un evidente milagro, pues viéndose en tan manifiesto peligro y que no había quien los pudiese favorecer, se determinaron arrojarse al agua y ver si nadando se podían salvar.

162: Hiciéronlo así y el más mozo salió primero, y puesto en la orilla, echó de ver que su padre se iba ahogando por su poca fuerza y con el amor natural de hijo, fiando en Dios, se volvió a arrojar a las furiosas aguas, yéndose adonde su padre estaba más muerto que vivo. Metiose debajo del agua y forcejeando con aquel furioso elemento le vino a sacar a la orilla con tanto espanto de los presentes que les parecía que sin particular ayuda de Dios era imposible en tan gran tormenta poder escapar. Particularmente por estar el hijo tan cansado, cuanto más, sacar a su padre a cuestas como otro Eneas a su padre Anchises de Troya. Al fin, fue tan grande el alegría que todos los presentes recibieron de ver la buena suerte de aquel mancebo, que no se puede encarecer con palabras. [182]. Mandó el padre Prior que los llevasen al convento y en su propia cama que los acostasen y con mucha presteza los envolviesen en dos sábanas, de vino muy caliente y darles bien de comer.

163: Después que hizo esto con gran consuelo de los religiosos y no menos edificación de los seglares que lo habían visto, el padre Prior que desde que lo había visto volver al río tenía deseo de saber qué le había movido a aventurar su vida en tan manifiesto peligro, díjole el mozo: Padre, pues que usted reparó en eso, yo se lo diré con verdad, lo que me movió cuando vi que mi padre se estaba ahogando y que por su vejez no podía resistir a la furia del agua, dije entre mí: Dios me ha de castigar si no socorro a mi padre, a quien después de Dios debo el ser que tengo. Y fiado de Dios y con aquel amor de hijo a padre, me arrojé a las aguas y no me engañé en esto porque como Vuestra Paternidad vio, parecía que me llevaban del brazo y con menos trabajo saqué yo a mi padre que salí yo. Por donde aquellos santos religiosos vieron (B) claramente que Dios le ayudó por el respeto que tuvo a su padre y que todos los hijos que los honran serán de Dios en esta vida y en la otra favorecidos como se vio en este mozo.

Fotografía tomada del artículo de ABC (ver notas)

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Hasta no hace mucho, aún existían barqueros en el río. En la novela La mano de Fátima, de Ildefonso Falcone, nos relata el contrabando por el río y la vida de la Plaza del Potro en la época.
  2. Antes de la construcción de los pantanos, las crecidas del río no eran tan extrañas. Algunas he vivido. Y recuerdo cómo antes de la canalización a su paso por Córdoba, todo el Campo de la Verdad quedaba anegado por las crecidas. Os dejo este enlace a un artículo de ABC al respecto: https://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-guadalquivir-y-temibles-crecidas-paso-cordoba-201711180908_noticia.html
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ASESINADO POR CULPA DE SU CRIADA, Y ES QUE… CÓMO EL ASESINO ESCAPÓ

Aunque coinciden los nombre y cuadran las fechas, no puede tratarse de este Juan Ponce de León que, en la fecha señalada en el texto, se encontraba en América.

COMO DON JUAN PONCE DE LEÓN MATÓ EN UTRERA A DON PEDRO DE CÓRDOBA:

156: Ya que va de lástimas, dice Colodro, quiero contar lo que le sucedió a otro caballero de Córdoba que no es de menos lástima que el pasado y sucedió de esta suerte. En la villa de Utrera estaba un pariente de aquel caballero que mató a su sobrina que se llamaba Pedro de Córdoba (dos líneas tachadas). Casó con una señora muy principal y vivieron algunos años con mucho contento estimándola el don Pedro como a hija de quien era y ella para sí lo merecía por su nobleza y hermosu-[178]-ra y grande entendimiento. Ella pagaba a su esposo en la misma moneda. Estando estos dos buenos casados con el gusto que se podía desear, sucedió una de las mayores desgracias que jamás se han oído y fue que esta señora tenía una criada de labor, era doncella y hermosa y preciábase de ello. En Utrera estaba un caballero que se decía don Juan Ponce de León, el cual puso los ojos en la criada, y viéndose del caballero favorecida diole audiencia a sus demandas, y de lance en lance le vino a dar entrada en casa de su señor. Fue tanta su desvergüenza que le vino a meter en la antecámara donde sus amos dormían sin advertir la traición que hacían a Dios y a su amo. Una noche entre otras oyó don Pedro que estaban consejando y conoció ser habla de hombre lo que oía. Levantose de la cama y tomó una espada y salió de la sala a oscuras y en la mesa de la escalera sintió ruido (B) arremetió como un león. Mas el don Juan, viéndose acometer lo aguardó extendiendo el brazo para defenderse pero fue tan a mal tiempo que le metió a don Pedro la espada por los pechos, y como no traía defensa con las ansias de la muerte dio una gran voz diciendo: “Ay, que me han muerto”.

157: El matador se salió viendo lo que había hecho por donde había entrado y se fue a San Francisco entendiendo que no muriera. La pobre señora estaba en la cama muy sobresaltada, luego que oyó la voz se levantó a gran priesa y halló que su marido estaba muerto. Dio mil voces y clamores a que acudieron los criados y toda la vecindad, y trayendo lumbre hallaron abrazada, caída y amortecida a la desdichada señora sobre su marido. Volvió en sí haciendo las mayores demostraciones de dolor que se puedan imaginar, acudieron los parientes y conocidos y entre ellos su tío, el que degollaron en Sevilla [179]. Este, sabidos los indicios que había de la criada y del don Juan, el cual sabiendo de la muerte de don Pedro, no teniéndose por seguro en San Francisco por ser tan poderosos los contrarios, envió a por un caballo para irse a Sevilla, saliendo, como dicen, a las voladas. Quiso su suerte que al salir por cerca de la villa le encontró un criado de don Pedro que venía de su cortijo y llegando a casa de su señora y viendo lo que pasaba dijo que cerca del lugar había encontrado a don Juan que iba camino de Sevilla a grandes carreras.Y que, aunque iba embozado, que conoció ser don Juan y también el caballo que era morcillo.

158: Sabido por su tío del muerto subió en su caballo y avisó a sus criados que le fuesen siguiendo y partió a grandes jornadas. Iba preguntando a los que encontraba y todos le decían cómo iba cerca aquel hombre por quien preguntaba con todas las señas que decía. Con esto el (B) buen cordobés volaba tras su enemigo de suerte que lo vino a columbrar en unas cuestas al fin de esta jornada. Llegó el don Juan a Sevilla y barruntando que la Puerta de Carmona era de mucho concurso y que su modo de ir había de ser de nota, dejó aquel paraje y se fue a la puerta de Jerez. El cordobés que le iba en los alcances juzgo como él lo dijo después, que don Juan tenía en San Agustín un deudo y entendiendo que se iba allá, por ser tan gran Convento, fuese derecho a él, pero engañose. Llevó la justicia, de camino y requiriolos que buscase a don Juan, que había entrado allí porque había muerto a don Pedro de Córdoba.

159: La justicia hizo todas las diligencias posibles, cerraronse la puertas, mirábanse los hombres que salían, al fín hiciéronse las demás diligencias que en un caso tan grande se suelen hacer. Mientras esto pasaba en la ciudad, don Juan Ponce de León estaba en la Compañía de Jesús y para que el caballo no fuese conocido, dieron orden de pintarlo muy al vivo de otras manchas diferentes [180] y salió tan bien que su propio dueño no lo conocía. Tratose con el padre Prior de San Agustín que se llevase allá el caballo y que la justicia lo viese y con eso dejasen las demás iglesias y monasterios. Pareció bien al Prior la estratagema y lo llevaron con una carga y lo pusieron en la caballeriza, laváronlo con agua caliente con que se le quitaron sus manchas. Estando pues la justicia a visitar el convento dijo un fraile echadizo a un alguacil, su amigo, que no habían faltado nada el día pasado para topar con don Juan, que nos hubiera dado hasta pena. No lo echó en saco roto, porque luego de su hora fue avisado el asistente y llevando a su lado el tío del muerto y toda la justicia de Sevilla no dejaron cosa en San Agustín que no anduviesen. Finalmente, un criado que fue hacia la caballeriza y viendo el caballo dio voces, acudió el asistente con los demás, y conociendo el caballo se confirmaron en que don juan estaba dentro y así se quitaron las guardas de los demás conventos y se acudió solo al de San Agustín (B). Con este engaño y descuido de la justicia, se dio traza de sacar a don Juan de Sevilla en hábito de Padre de la Compañía, quitáronle las barbas tiñéndoselas de negro, diéronle no sé qué humazos con que el color blanco se trocó en trigueño y pusiéronle un parche en un ojo, que todo esto fue necesario para desmentir las señas que decía el pregón.

160: Con este disfraz salió don Juan con otro religioso de la Compañía por la puerta Macarena sin que nadie lo pudiese conocer y en pocas jornadas llegó a Portugal con que él quedó seguro y don Pedro de Córdoba muerto, cuya muerte se sintió en todo el Andalucía por ser muy conocido en toda ella por su mucha nobleza. Era tío de este caballero el Padre F (ray? Rancisco?) Gaspar de Córdoba, confesor del rey don Felipe Tercero que hoy vive y viva felices años, y este es el de 1618.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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EL ASESINATO SE PAGABA CON LA MUERTE. DON ALONSO DE CÓRDOBA DEGOLLADO EN SEVILLA (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Don Luis de Haro: El grabado no se corresponde con el personaje histórico del que no he encontrado referencias. Se trata de un personaje con el mismo nombre que fue valido de Felipe IV.

 DON ALONSO DE CÓRDOBA MATÓ AL LICENCIADO BALAVARCA Y A UN CRIADO SUYO Y POR ESTO FUE DEGOLLADO EN SEVILLA.

152: Yo os contaré, dice Excusado, un caso pocas veces sucedido y que está hasta ahora chorreando sangre. Fue pues que siendo Asistente de Sevilla don Luis de Haro, Marqués del Carpio, llevó para su Teniente Mayor al Licenciado Balavarca, hombre de mucho valor y letras y sobre todo de una afabilidad nunca vista con que tenía de su parte toda la ciudad y por esto y sus letras, muchas [176] esperanzas de subir a cosas mayores. Estando en este estado, andaba un caballero que se decía don Alonso de Córdoba hecho soldado ya en los galeones, ya en las galeras. Era pariente del Marqués dicho y tenía entretenimiento de mozo. Supo el Teniente Mayor que don Alonso acudía a aquella casa. Dio en visitarla y a no tanto para quitar la ocasión y cuando por quedarse con la pieza por parecerle bien.

153: Entre otras veces que fue, halló allí a don Alonso y no llevaba el teniente más que un criado. Pidiole el don Alonso encarecidamente que no lo llevase preso, pues sabía quién era y el deudo que tenía con el Marqués su señor, y que en sabiendo su prisión le había de dar pesadumbre. No bastó nada para desistir de su propósito; el don Alonso había muerto a un hombre principal y andaba temeroso de caer en la cárcel, y visto que no bastaban ruegos ni promesas se determinó hacer un hecho temerario, y fue darle de puñaladas bajando una escalera abajo, y de recibida le dio al criado (B) otras dos estocadas que los dejó a ambos poco menos que muertos y él se escapó sin ser visto ni oído. La pobre señora que vio dos hombres muertos y uno de ellos tan principal, fue a dar aviso al asistente y sabido el caso, le dio tan notable pesadumbre que es imponderable. Hizo luego muchas diligencias, mandó cerrar las puertas de la ciudad y pregonó que daría quinientos ducados a quien le descubriese a don Alonso de Córdoba. No se dejó templo ni convento que no se anduviese por su persona, que no quiso fiar de nadie.

154: Andando haciendo estas diligencias, sucedió un caso nunca visto, y fue para que don Alonso pagara las tres muertes que tenía. Estaba el otro escondido en casa de un clérigo amigo suyo y andando toda la justicia de Sevilla haciendo mil diligencias y llegó un muchacho como de siete a ocho años a un alguacil de la audiencia y le dijo que el hombre que buscaban estaba en aquella casa. El alguacil se lo dijo al Alcalde y sin más pesquisas se apeó del caballo y entró en la casa del clérigo con toda su chusma y halló al don [177] Alonso que se levantaba de dormir. Echole mano y viéndose salteado tan de repente, se quedó como muerto. Lleváronlo a la cárcel y tomada su confesión confesó de plano su maldad. Substanciose el proceso y diose sentencia que fuese degollado. Hízose en la Plaza de San Francisco un gran cadalso y sabido en toda la ciudad, se junto toda ella con un millón de aldeanos que habían venido a la feria; tanto que afirmaban muchas personas no acordarse haber visto tanta gente junta. El don Alonso era de buen talle como lo son todos los caballeros de Córdoba, en lo mejor de su edad, todo lo cual causó una muy grande compasión en toda la ciudad.

155: Al fin fue sacado en una mula cubierta de bayeta y después de haber andado las calles acostumbradas, llegó al cadalso adonde subió con mucho ánimo, confesose y habiendo acabado, pidió perdón a todos y ofreció a Dios su muerte diciendo que según habían sido graves sus culpas, era poco castigo que le daban. Cortáronle la cabeza y pedida (B) licencia al Asistente (que aunque su pariente no había podido favorecerlo por ser tan grave el delito) se encendieron hachas muchas, y con un grande acompañamiento lo llevaron a enterrar con toda la autoridad posible.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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EL CABALLERO ERA DE CÓRDOBA, PERO SUCEDIÓ EN UTRERA Y FUE AJUSTICIADO EN SEVILLA (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

148: Por cierto, dice Colodro, que nos habemos hallado una mina de cuentos según nos van ofreciendo a la memoria y ahora se me ha ocurrido a mí uno de un caballero de Córdoba que sucedió en este mismo tiempo y es en esta forma. En la Villa de Utrera, vivía un caballero de Córdoba, el cual tenía una sobrina hija de su hermano que la había criado y la tenía colgada de las niñas de los ojos y le pensaba dejar toda su hacienda que era mucha. Y por su nobleza y el mucho dote le parecía que no había en toda aquella (B) tierra quien la mereciese.

149: Estando en estos pensamientos, sucedió que un hidalgo de Virera que se había aficionado a ella y pareciéndole que no se la habían de dar si la pidiese, se resolvió de pedirla por el Provisor: acudió a ello el ordinario enviando un secretario y alguacil, y pidiéndole licencia para hablar a su sobrina y depositarla por mandado del señor Arzobispo; el tío oyó la embajada y disimulando lo más que pudo, les rogó que aguardasen allí mientras le avisaba que se aderezase porque estaba de revuelta. Hiciéronlo así y entró el tío y halló a la pobre sobrina labrando y bien descuidada de lo uno y de lo otro. Y tomando una daga, le dio de puñaladas quitándole la vida.

150: Hecho esto, los llamó que entrasen y les llevó adonde vieron a la pobre señora [175] revuelta en su sangre y muerta. El Secretario y alguacil, alborotados, dieron voces y acudió gente, de suerte que prendieron al tío, y tomada su confesión declaraon por ella que él la había muerto. La ciudad de Sevilla sabido el caso llevado allá el preso y vista la información, sentenciaron que merecía ser degollado. Oída la sentencia, la llevó con mucho ánimo. Pidió que le trajeran un confesor y se confesó con grande dolor de haber ofendido a Dios y le ofreció la muerte y afrenta que había de padecer en satisfacción de sus culpas. Era, el buen viejo, blanco como una paloma, de más de 66 años y venerable y gentil hombre. Viéndole sacar a degollar, no se puede decir la lástima que causó a todo género de gentes.

151: Fue acompañado de todo lo principal de la ciudad. Llegando al cadalso, se apeó y subió a lo alto pidiendo perdón a todos del mal ejemplo que había dado y, volvi-(B)-endo a reconciliarse con mucho dolor, dijo el Credo y pedido perdón al verdugo le cortaron la cabeza haciéndole un solemnísimo entierro. Pero lo que más admira es ver morir un viejo una muerte tan desdichada por dejarse llevar de una pasión de cólera con tan poca ocasión ni fundamento. Quién dijera que tal cosa le había de suceder después de tantos años de vida.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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EL ADULTERIO SOLÍA ACABAR MAL. (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Tejiendo lino

CASO QUE SUCEDIÓ A MIGUEL DE ROA, HIDALGO DE CÓRDOBA, QUIEN MATÓ A UN HOMBRE QUE ENTRABA EN SU CASA.

145: Yo os contaré, dice Excusado, otro caso no menos lastimoso que el pasado. En Córdoba, entre los apellidos de los ganadores de ella, es uno que se dice Roa. Uno de estos hidalgos que se decía Miguel de Roa, casó con una señora igual suya, muy mujer de su casa, que lo son las cordobesas muy para mucho y muy hacendosas. Estas señoras, madre y dos hijas, se ocupaban en hacer telas de lino y en otras ocupaciones honestas. Tenía un linero de quien tomaba cada semana algunas libras de lino para sus menesteres y el trato de el comprarlo pasó tan adelante que el linero por ida y por venida se entraba por casa del hidalgo de suerte que en la vecindad se miraba y aun murmuraba. Uno de sus parientes ofendido y afren-(B)-tado se determinó decírselo y de no acudir a ello, tomar la demanda por suya. Avisó a su primo y pareciole tan mal la nota que había que determinó pedirle consejo [dos palabras tachadas] para ver cómo lo matarían entrambos. Sin ruido dieron y tomaron sobre el caso y viendo que no entraba de noche sino de día, se resolvieron en que lo afeasen y entrando lo matarían en secreto y llevarían de noche al río, donde quedase ahogada su infamia y afrenta.

146: Parecioles bien el consejo y al fin andando con cuidado y estando un día en casa de un boticario que era el asiento más cierto para descubrir la caza vieron entrar al linero y con mucha disimulación se salieron de la botica, aunque no dejaron de sentir su alboroto los que estaban presentes. Entró en su casa y cerró la puerta con la llave que la traía consigo para que no se le fuese; metió mano como un león, y el [173] linero, oyendo el ruido cogió su talega al hombro y metiose en un corralillo sin puertas y allí estuvo esperando su buena o mala suerte con un terciado (1) desnudo y con que se pudo muy bien defender de un enemigo y ofenderlo. Andando de pieza en pieza buscando al linero, vino al corralillo y viéndolo le hizo una estocada a los pechos y sin resistencia ninguna lo pasó de parte a parte. Y como el linero se vio atravesado y su enemigo cerca, le tiró un tajo abierto que si le cogiera de medio como le cogió de lado, allí quedaran ambos muertos; y fuera de esta herida, le dio otra en la cabeza peor que la primera, pero viéndose herir tan mal, sacó la espada para volver a herirlo y en este tiempo cayó muerto.

147: Mientras esto pasaba, la mujer e hijas dieron mil alaridos, acudieron a la puerta y oyendo que no tenían por donde escapar tronaban el cielo a voces, con lo cual (B) se alborotó toda la ciudad y cuantos por allí pasaban. Vino la justicia y viendo que estaban las puertas cerradas, las echaron abajo y entrando hallaron muerto al linero y a su contrario en los mismos pasos por la mucha sangre que le salía de las heridas. Fueron luego por la extremaunción y mientras se la daban, su mujer a quien le debía de remorder la conciencia se fue a las Recogidas (2); de suerte que informada la justicia de la verdad, se holgaran de haberla a las manos. El hidalgo Miguel de Roa (3) estuvo más de un mes desahuciado, al fin él escapó de una de las más desaforadas cuchilladas que se han vista en nuestros tiempos, pues cuando lo curaban decían los que lo veían que parecía a San Pedro Mártir. Al fin yo le vi en pie y le di el parabién de su levantada y supe cómo su mujer le había puesto pleito sobre los alimentos. [Permaneció en Las Recogidas] De donde no quiso jamás salir temiendo que el marido la matara. Este fin tuvo esta desgracia causada por la liviandad de un demonio que peores son si se dan en ser malas.

1: Espada corta y ancha.

2. Las Recogidas fue un convento donde acudían las mujeres arrepentidas a hacer penitencia. Desconocemos dónde se ubicaba en Córdoba. Si alguien tiene noticias, puede aportarlas: https://es.wikipedia.org/wiki/Convento_de_las_Recogidas_de_Santa_Mar%C3%ADa_Magdalena

3. El apellido Roa está asociado a Córdoba desde el siglo XVI. Según su genealogía, era hijo de Andrés de Roa y pasó a las Indias en 1587, ¿será el mismo? La cronología coincide. https://www.genealog.cl/Chile/R/Roa/

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

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EL FAMOSO CRIMEN DE PEDRO MATO MERECIÓ UNA CALLE EN CÓRDOBA CON SU NOMBRE (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Cuesta de Pedro Mato, Córdoba, Fotografía recuperada del artículo de ABC

TRAGEDIA DE PEDRO MATO, NATURAL DE CÓRDOBA:

141: Algún mal astro o planeta cayó en estos tiempos, dice Colodro, por las muchas desgracias que sucedieron en aquella ocasión, y entre ellas fue la del famoso médico Pedro Mato que para su desgracia y por sus muchas letras, fue famoso en toda España. Pedro Mato fue natural de Córdoba, hijo de personajes [169] ricos y honrados, y hoy día se le conoce por las casas famosas y heredades que poseyó, en las cuales casas, por ser tan capaces, se representan las comedias, reservando hoy día el nombre de su señor. Después de sus estudios, se casó una señora llamada doña Beatriz, cuyo apellido se calla para no afrentar tantos vivos. Basta saber, que se decía Beatriz porque de ordinario son hermosas, aunque desdichadas. Era pues esta señora adorada de su marido y servida de sus criadas y criados con el cuidado que su señor se lo mandaba estuvieron algunos años con mucho gusto, tuvieron dos o tres hijos. Su casa está en lo alto de la ciudad, de donde se descubre una muy grande parte de ella. Cuatro casas cerca de la suya, vivía un caballero y desde los terrados de sus casas se comenzaron a tratar y a dar las buenas noches, y poco a poco hizo el diablo de las suyas. Tratábanse ya y visitábanse con amistad maliciosa; fue neecesario (B) para conseguir sus gustos, darle parte de ella a una criada que fue la que encubría su maldad. Un día, llevada de una impaciencia de las que las mujeres suelen tener, sin acordarse de que sabía sus desenvolturas, tomó un palo y la trató muy mal de palabra y obra y tanto que se entendió que la quería matar según había tomado de veras el castigarla.

142: Alborotose y todos deseaban que viniese el doctor para que se la quitase, porque todos los de la casa no habían sido poderosos para ello. Estando en este alboroto entró el doctor y viéndola sonroseada con agitación y pesadumbre le dijo que no hiciese ella aquellos castigos, que era delicada y le podía hacer daño; sino que, pues tenía criados y criadas que lo mandase a ellos y que la dejase, pues él se lo rogaba con muchas palabras de amor que le decía. La criada, hecha un demonio y viendo el mal retorno que le daba al secreto de sus maldades que ella guardaba, tomando algún aliento, le dijo a su señor que muy bien le pagaba su señora todo aquel amor que le mostraba, pues sepa que es mala mujer y que le pone a usted los cuernos con don Fulano y de esta y esta suerte y estos palos que me ha dado son sobre celos, que tiene de mí, y así, señor, mirad por vuestra casa, que lo que digo es la pura verdad. Mientras estas cosas decía la criada, la pobre doña Beatriz tomó un manto y se fue al Monasterio de las Recogidas con que confirmó todo lo que se había dicho.

143: Alborotose con esto el Doctor y toda la ciudad, tanto que no se hablaba en toda ella de otra cosa. Estando en este estado las cosas y no habiendo más fundamento que lo que había dicho aquella criada, trataron de componerlos y para esto pusieron al obispo Fresneda con otros muchos caballeros. Al fin le supieron decir tantas cosas que se rindió a (B) lo que le quisieron pedir. Pidieron algún seguro de que no la haría mal, y así hizo una escritura en que daba su palabra de no herirla ni lastimarla con arma alguna. Y debajo de este pleino o menaje se la entregaron, acompañándola desde las Recogidas todos los caballeros que trataron del concierto. Reciobiola el Doctor con tantas muestras de amor de suerte que todos quedaron satisfechos que duraría gran tiempo, y no se engañaron sino sucediera lo que después sucedió. Fue el caso que pasados algunos años que estuvieron en paz, no saliendo jamás de su casa a donde le decían misa y confesaba y comulgaba, llevando esta clausura y penitencia con harta paciencia, estando las cosas en este estado, le pareció a un mal cristiano que sería bien ponerle al Doctor un sartal de cuernos a su puerta  o por vengarse del Doctor o pareciéndole que con este accidente se iría de la tierra [171] y sacaría de aquella clausura a doña Beatriz, pero engañose en todo.

144: Porque saliendo el Doctor de su casa, halló colgada la sarta de los cuernos, quitolos de la puerta y afligido y lastimado su corazón fue a hacer sus visitas, y acabadas se volvió a su casa habiendo en este tiempo determinado de matar a doña Beatriz. Y por no ir contra el juramento que tenía hecho dispuso ahogarla, tomó una toalla y entrose en el aposento adonde la desdichada estaba y le dijo que al salir de casa había hallado una sarta de cuernos de que ella era la causa y de toda su deshonra y que determinaba quitarle la vida, pues con ella se acabarían tantas afrentas y trabajos como había pasado. Estremeciose la pobre Señora y le pidió que por las entrañas de Dios se apiadase de su alma ya que no tenía lástima de su cuerpo, no bastaron ruegos ni plegarias, y viendo la triste señora la determinación de su marido (B) le pidió un breve término para pedir a Dios perdón de sus culpas. Este se lo concedió y luego le echó la toalla al cuello y la ahogó. Hecho esto sin ruido ni alboroto, tomó lo más precioso que tenía en su casa y se fue con ello a la Compañía, donde fue amparado de la Justicia, la cual puso gran diligencia en prenderlo. Al fin se escapó por la industria de los Padres y quedó tan agradecido a este beneficio que los curó de balde toda su vida. Estuvo con el Duque de Medina por su médico con un gran salario y después se vino a Sevilla y fue tanta la fama y buena ventura que le corrió en su oficio que ganó cincuenta mil ducados que dio a una hija en dote y otra metió monja en Santa Clara de Córdoba. Este fin tuvo el famoso cordobés Pedro Mato. Escribió unos libros de mucha gravedad y tanto que fueron estimados y lo han sido de todos los hombres [172] doctos de nuestros tiempos, con grande opinión de muy docto.

Convento de Santa Ana donde dice la leyenda ingresó la hija de Pero Mato

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

  1. Para más información, recomiendo este artículo publicado en ABC donde se amplía la historia con fotografías de la Cuesta de Pedro Mato: https://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-cuesta-pero-mato-islote-retiro-y-201912142111_noticia.html
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ENCIMA DE CORNUDO, APALEADO. Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba

SUCESO LASTIMOSO QUE ACAECIÓ A DON GERÓNIMO DE ANGULO, CABALLERO DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA:

134: Notable lástima me ha causado la muerte de este caballero, dice Excusado, y por no salir de la materia que vamos tratando yo contaré otro caso que sucedió en Córdoba en este tiempo, en que metió también las manos Valladares Sarmiento, y sucedió de esta manera. Estaba en Córdoba un caballero rico y noble que se decía don Gerónimo de Angulo. Este casó con una señora, su igual, y vivieron algún tiempo con mucho gusto [164]. Olvidada pues esta señora de tantas obligaciones como tenía a su marido, honestidad y nobleza, se resolvió con un prebendado de la Santa Iglesia, y este por no poder ir todas veces a casa de la señora, tenía una monja que le servía de entretenimiento. Súpolo la señora y con mucha rabia y celos que tenía, se lo reprendió muchas veces. El pobre canónico negó siempre, pero la maldita mujer llevada de su pasión y locura, determinó de poner espías para que en viéndole en el locutorio la avisasen. No descuidó el que tenía esto a su cargo y así luego que lo vio al prebendado en el locutorio, avisó de su hora a la celosa señora.

135: La cual loca de celos y de rabia tomó su manto, criadas y escuderos y se fue derecha al convento de monjas, las cuales estaban bien descuidadas de lo que había de suceder particularmente siendo señora de tanta estima. Pero ciega de sus negros amores entró dentro del locutorio adonde estaba una deuda (B) de su marido que es la que dio cuenta de todo y en entrando, se fue al canónico como una leona desatada. Asiole de las orejas dándole bocados y bofetadas y tantos golpes que lo dejó por muerto diciéndole que ella tenía la culpa de haber hecho caso de un hombre tan ruin e infame con otras palabras muy afrentosas, diciéndole que no atravesase más sus umbrales porque le haría matar. Y con esto, se volvió a la monja y le dijo que era una mondaria y que le había de hacer cruzar la cara y que diese gracias a Dios que estaban las rejas de por medio, que ella quedara también con su merecido.

136: El pobre canónigo se limpió la sangre y se puso lo mejor que pudo y se salió la puerta afuera dando gracias a Dios que se veía libre de las uñas de aquella fiera. Hecho esto, la mala hembra volviose a su casa como si no hubiera hecho nada. Pero [166: debemos retroceder tres hojas para recuperar el orden] la parienta monja que estuvo presente, a todos les pareció que tenía la obligación de avisar a su marido quien era su mujer, y sin tomar consejo lo envió a llamar y le contó todo lo que yo he referido. Bien se echara de ver lo que sentía este pobre caballero esta afrenta y deshonra, y hecho un demonio trató de la venganza, pero no le sucedió como pensó que fue a matar al prebendado y a la mujer y ni hizo lo uno ni lo otro. Recogió todo lo mejor de su casa y tomó un pistolete y pusose presente por donde había de pasar el canónigo. Era tiempo de invierno y llevaba vestido el canónigo loba y manteo de paño, y por de dentro muy bien aforrado. Dejó pasar al canónigo y luego, por detrás, le retó y el mucho paño que llevaba detuvo la bala que no pasase y así se le quedó en los riñones sin que le ofendiese.

137: Fuese a su casa muy descuidado, pensando que no se supiera, pero fue (B) al revés, porque luego la justicia lo supo y tomándole su declaración al canónigo, dijo que si no fuera don Gerónimo de Angulo, que no tenía otro enemigo. Fue luego la justicia a su casa y hallándolo acostado, lo prendieron y pusieron a buen recaudo. Prendieron a sus criados y secuestráronle todos sus bienes. La mujer a quien acusaba su conciencia, no se atrevió a quedar en casa, y así se fue a las recogidas, con que confirmó la sospecha porque su marido estaba preso. Pidió el canónigo en la Corte un Juez pesquisidor, diose la querella y se hizo gran sentimiento, y pareció a la Majestad del Rey Felipe 2º  que nadie mejor que Valadares Sarmiento acudiría a este negocio y así le envió a mandar que aceptase aquella comisión encargándole el Rey mucho correspondiese el castigo a la insolencia y atrevimiento que aquel negocio [167] pedía.

138: Recibida su comisión se partió a las voladas a Córdoba, pensando hacer la noche que llegó gran parte del negocio. Al fin, sabida la venida de Valladares, le dieron al carcelero mil ducados para que dejase salir al dómine Jerónimo y salió entre un colchón doblado encima de la cabeza de un ganapán y de esta suerte se desapareció. Otro día de mañana fue Valladares Sarmiento a tomar la confesión a don Gerónimo y viendo que se había salido no se puede decir la furia y rabia con que se quería comer los carceleros y demás ministros. Hízolos atormentar a todos y todos negaron la verdad diciendo que si no había salido por una reja de hierro metiéndose por entre ellas, la cual vuela a los Beteones de la Cárcel, a la parte de afuera, por ser él muy delgado, que no sabían debajo del cielo por donde hubiese salido. Hizo Valladares la experiencia trayendo un hombre delgado y puesto en cueros (B) con poca diligencia se coló por entre las dos rejas. Con esto quedó satisfecho […?].

139: Antes de esta diligencia se informó de los caballeros que el día antes le habían visitado y los prendió a todos. Fue uno don Gómez de Córdoba, del hábito de Santiago y otro fue don Juan de Saavedra, del mismo hábito y a don Fernando Páez de Castillejo y a don Fernando de Arias y Cárdenas, a todos cuatro los sacó con grillos y descaperuzados y les habló tan hinchadamente que dio bien que decir, y entre otras cosas fue decirles que de cuatro diablos que tenía el Rey su señor era él el uno y que dijesen la verdad de lo que les preguntase y que de no que le perdonase porque los había de poner en el potro donde la dirían mal de su grado. Respondieron los tres comendadores que él no era su Juez y así que no tenían que decir y cuando lo hubiera no querían decírselo.

140: Hecho esto despacharon el Consejo [168] de órdenes y advocaron la causa así; y a don Fernando Páez, por estar enfermo, no pudo proceder contra él; pero sí contra sus bienes haciendo vicio en ellos. No contento con esto, buscaba el preso con todas diligencias y prometimientos, que fue gran milagro poderse el pobre caballero escapar de sus manos. Al fin, viendo el pleito mal parado sentenció en ausencia de don Gerónimo a cortar la cabeza y dos mil ducados para la cámara del Rey; y él llevó sus salarios y se fue aquel rayo del cielo dejando atemorizados a todos lo que tuvieron que ver con él. La causadora de todas estas desgracias se quedó en las recogidas y allí murió. Y el canónigo, por quitarse de inquietudes se fue a Jaén, pareciéndole que no estaba seguro en Córdoba. Celebró este hecho don Luis de Góngora con sus satíricos versos tomando por tema: “Abades guardad el bonete, / que tiran con pistolete”. El pobre don Gerónimo, viéndose (B) sentenciado a degollar y vendidos sus bienes, se fue a Orán con el conde de Alcaudete que iba a ser Capitán General de aquel presidio. Estuvo allí muchos años sirviendo a su Rey como valiente y esforzado caballero en muchas empresas de importancia. Y al fin de más de veinte años, se volvió con salvoconducto a Córdoba adonde yo le conocí ya muy viejo y cansado de tantos trabajos como le habían sucedido por una mujer antojadiza y mal considerada causadora de tantos males y revueltas como hubo por su causa.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

  1. No he podido localizar el poema que se menciona en el texto, si alguien lo tiene localizado, por favor, que me lo comunique en un comentario. Gracias.
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