EL ADULTERIO SOLÍA ACABAR MAL. (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Tejiendo lino

CASO QUE SUCEDIÓ A MIGUEL DE ROA, HIDALGO DE CÓRDOBA, QUIEN MATÓ A UN HOMBRE QUE ENTRABA EN SU CASA.

145: Yo os contaré, dice Excusado, otro caso no menos lastimoso que el pasado. En Córdoba, entre los apellidos de los ganadores de ella, es uno que se dice Roa. Uno de estos hidalgos que se decía Miguel de Roa, casó con una señora igual suya, muy mujer de su casa, que lo son las cordobesas muy para mucho y muy hacendosas. Estas señoras, madre y dos hijas, se ocupaban en hacer telas de lino y en otras ocupaciones honestas. Tenía un linero de quien tomaba cada semana algunas libras de lino para sus menesteres y el trato de el comprarlo pasó tan adelante que el linero por ida y por venida se entraba por casa del hidalgo de suerte que en la vecindad se miraba y aun murmuraba. Uno de sus parientes ofendido y afren-(B)-tado se determinó decírselo y de no acudir a ello, tomar la demanda por suya. Avisó a su primo y pareciole tan mal la nota que había que determinó pedirle consejo [dos palabras tachadas] para ver cómo lo matarían entrambos. Sin ruido dieron y tomaron sobre el caso y viendo que no entraba de noche sino de día, se resolvieron en que lo afeasen y entrando lo matarían en secreto y llevarían de noche al río, donde quedase ahogada su infamia y afrenta.

146: Parecioles bien el consejo y al fin andando con cuidado y estando un día en casa de un boticario que era el asiento más cierto para descubrir la caza vieron entrar al linero y con mucha disimulación se salieron de la botica, aunque no dejaron de sentir su alboroto los que estaban presentes. Entró en su casa y cerró la puerta con la llave que la traía consigo para que no se le fuese; metió mano como un león, y el [173] linero, oyendo el ruido cogió su talega al hombro y metiose en un corralillo sin puertas y allí estuvo esperando su buena o mala suerte con un terciado (1) desnudo y con que se pudo muy bien defender de un enemigo y ofenderlo. Andando de pieza en pieza buscando al linero, vino al corralillo y viéndolo le hizo una estocada a los pechos y sin resistencia ninguna lo pasó de parte a parte. Y como el linero se vio atravesado y su enemigo cerca, le tiró un tajo abierto que si le cogiera de medio como le cogió de lado, allí quedaran ambos muertos; y fuera de esta herida, le dio otra en la cabeza peor que la primera, pero viéndose herir tan mal, sacó la espada para volver a herirlo y en este tiempo cayó muerto.

147: Mientras esto pasaba, la mujer e hijas dieron mil alaridos, acudieron a la puerta y oyendo que no tenían por donde escapar tronaban el cielo a voces, con lo cual (B) se alborotó toda la ciudad y cuantos por allí pasaban. Vino la justicia y viendo que estaban las puertas cerradas, las echaron abajo y entrando hallaron muerto al linero y a su contrario en los mismos pasos por la mucha sangre que le salía de las heridas. Fueron luego por la extremaunción y mientras se la daban, su mujer a quien le debía de remorder la conciencia se fue a las Recogidas (2); de suerte que informada la justicia de la verdad, se holgaran de haberla a las manos. El hidalgo Miguel de Roa (3) estuvo más de un mes desahuciado, al fin él escapó de una de las más desaforadas cuchilladas que se han vista en nuestros tiempos, pues cuando lo curaban decían los que lo veían que parecía a San Pedro Mártir. Al fin yo le vi en pie y le di el parabién de su levantada y supe cómo su mujer le había puesto pleito sobre los alimentos. [Permaneció en Las Recogidas] De donde no quiso jamás salir temiendo que el marido la matara. Este fin tuvo esta desgracia causada por la liviandad de un demonio que peores son si se dan en ser malas.

1: Espada corta y ancha.

2. Las Recogidas fue un convento donde acudían las mujeres arrepentidas a hacer penitencia. Desconocemos dónde se ubicaba en Córdoba. Si alguien tiene noticias, puede aportarlas: https://es.wikipedia.org/wiki/Convento_de_las_Recogidas_de_Santa_Mar%C3%ADa_Magdalena

3. El apellido Roa está asociado a Córdoba desde el siglo XVI. Según su genealogía, era hijo de Andrés de Roa y pasó a las Indias en 1587, ¿será el mismo? La cronología coincide. https://www.genealog.cl/Chile/R/Roa/

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

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EL FAMOSO CRIMEN DE PEDRO MATO MERECIÓ UNA CALLE EN CÓRDOBA CON SU NOMBRE (Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba)

Cuesta de Pedro Mato, Córdoba, Fotografía recuperada del artículo de ABC

TRAGEDIA DE PEDRO MATO, NATURAL DE CÓRDOBA:

141: Algún mal astro o planeta cayó en estos tiempos, dice Colodro, por las muchas desgracias que sucedieron en aquella ocasión, y entre ellas fue la del famoso médico Pedro Mato que para su desgracia y por sus muchas letras, fue famoso en toda España. Pedro Mato fue natural de Córdoba, hijo de personajes [169] ricos y honrados, y hoy día se le conoce por las casas famosas y heredades que poseyó, en las cuales casas, por ser tan capaces, se representan las comedias, reservando hoy día el nombre de su señor. Después de sus estudios, se casó una señora llamada doña Beatriz, cuyo apellido se calla para no afrentar tantos vivos. Basta saber, que se decía Beatriz porque de ordinario son hermosas, aunque desdichadas. Era pues esta señora adorada de su marido y servida de sus criadas y criados con el cuidado que su señor se lo mandaba estuvieron algunos años con mucho gusto, tuvieron dos o tres hijos. Su casa está en lo alto de la ciudad, de donde se descubre una muy grande parte de ella. Cuatro casas cerca de la suya, vivía un caballero y desde los terrados de sus casas se comenzaron a tratar y a dar las buenas noches, y poco a poco hizo el diablo de las suyas. Tratábanse ya y visitábanse con amistad maliciosa; fue neecesario (B) para conseguir sus gustos, darle parte de ella a una criada que fue la que encubría su maldad. Un día, llevada de una impaciencia de las que las mujeres suelen tener, sin acordarse de que sabía sus desenvolturas, tomó un palo y la trató muy mal de palabra y obra y tanto que se entendió que la quería matar según había tomado de veras el castigarla.

142: Alborotose y todos deseaban que viniese el doctor para que se la quitase, porque todos los de la casa no habían sido poderosos para ello. Estando en este alboroto entró el doctor y viéndola sonroseada con agitación y pesadumbre le dijo que no hiciese ella aquellos castigos, que era delicada y le podía hacer daño; sino que, pues tenía criados y criadas que lo mandase a ellos y que la dejase, pues él se lo rogaba con muchas palabras de amor que le decía. La criada, hecha un demonio y viendo el mal retorno que le daba al secreto de sus maldades que ella guardaba, tomando algún aliento, le dijo a su señor que muy bien le pagaba su señora todo aquel amor que le mostraba, pues sepa que es mala mujer y que le pone a usted los cuernos con don Fulano y de esta y esta suerte y estos palos que me ha dado son sobre celos, que tiene de mí, y así, señor, mirad por vuestra casa, que lo que digo es la pura verdad. Mientras estas cosas decía la criada, la pobre doña Beatriz tomó un manto y se fue al Monasterio de las Recogidas con que confirmó todo lo que se había dicho.

143: Alborotose con esto el Doctor y toda la ciudad, tanto que no se hablaba en toda ella de otra cosa. Estando en este estado las cosas y no habiendo más fundamento que lo que había dicho aquella criada, trataron de componerlos y para esto pusieron al obispo Fresneda con otros muchos caballeros. Al fin le supieron decir tantas cosas que se rindió a (B) lo que le quisieron pedir. Pidieron algún seguro de que no la haría mal, y así hizo una escritura en que daba su palabra de no herirla ni lastimarla con arma alguna. Y debajo de este pleino o menaje se la entregaron, acompañándola desde las Recogidas todos los caballeros que trataron del concierto. Reciobiola el Doctor con tantas muestras de amor de suerte que todos quedaron satisfechos que duraría gran tiempo, y no se engañaron sino sucediera lo que después sucedió. Fue el caso que pasados algunos años que estuvieron en paz, no saliendo jamás de su casa a donde le decían misa y confesaba y comulgaba, llevando esta clausura y penitencia con harta paciencia, estando las cosas en este estado, le pareció a un mal cristiano que sería bien ponerle al Doctor un sartal de cuernos a su puerta  o por vengarse del Doctor o pareciéndole que con este accidente se iría de la tierra [171] y sacaría de aquella clausura a doña Beatriz, pero engañose en todo.

144: Porque saliendo el Doctor de su casa, halló colgada la sarta de los cuernos, quitolos de la puerta y afligido y lastimado su corazón fue a hacer sus visitas, y acabadas se volvió a su casa habiendo en este tiempo determinado de matar a doña Beatriz. Y por no ir contra el juramento que tenía hecho dispuso ahogarla, tomó una toalla y entrose en el aposento adonde la desdichada estaba y le dijo que al salir de casa había hallado una sarta de cuernos de que ella era la causa y de toda su deshonra y que determinaba quitarle la vida, pues con ella se acabarían tantas afrentas y trabajos como había pasado. Estremeciose la pobre Señora y le pidió que por las entrañas de Dios se apiadase de su alma ya que no tenía lástima de su cuerpo, no bastaron ruegos ni plegarias, y viendo la triste señora la determinación de su marido (B) le pidió un breve término para pedir a Dios perdón de sus culpas. Este se lo concedió y luego le echó la toalla al cuello y la ahogó. Hecho esto sin ruido ni alboroto, tomó lo más precioso que tenía en su casa y se fue con ello a la Compañía, donde fue amparado de la Justicia, la cual puso gran diligencia en prenderlo. Al fin se escapó por la industria de los Padres y quedó tan agradecido a este beneficio que los curó de balde toda su vida. Estuvo con el Duque de Medina por su médico con un gran salario y después se vino a Sevilla y fue tanta la fama y buena ventura que le corrió en su oficio que ganó cincuenta mil ducados que dio a una hija en dote y otra metió monja en Santa Clara de Córdoba. Este fin tuvo el famoso cordobés Pedro Mato. Escribió unos libros de mucha gravedad y tanto que fueron estimados y lo han sido de todos los hombres [172] doctos de nuestros tiempos, con grande opinión de muy docto.

Convento de Santa Ana donde dice la leyenda ingresó la hija de Pero Mato

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

  1. Para más información, recomiendo este artículo publicado en ABC donde se amplía la historia con fotografías de la Cuesta de Pedro Mato: https://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-cuesta-pero-mato-islote-retiro-y-201912142111_noticia.html
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ENCIMA DE CORNUDO, APALEADO. Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba

SUCESO LASTIMOSO QUE ACAECIÓ A DON GERÓNIMO DE ANGULO, CABALLERO DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA:

134: Notable lástima me ha causado la muerte de este caballero, dice Excusado, y por no salir de la materia que vamos tratando yo contaré otro caso que sucedió en Córdoba en este tiempo, en que metió también las manos Valladares Sarmiento, y sucedió de esta manera. Estaba en Córdoba un caballero rico y noble que se decía don Gerónimo de Angulo. Este casó con una señora, su igual, y vivieron algún tiempo con mucho gusto [164]. Olvidada pues esta señora de tantas obligaciones como tenía a su marido, honestidad y nobleza, se resolvió con un prebendado de la Santa Iglesia, y este por no poder ir todas veces a casa de la señora, tenía una monja que le servía de entretenimiento. Súpolo la señora y con mucha rabia y celos que tenía, se lo reprendió muchas veces. El pobre canónico negó siempre, pero la maldita mujer llevada de su pasión y locura, determinó de poner espías para que en viéndole en el locutorio la avisasen. No descuidó el que tenía esto a su cargo y así luego que lo vio al prebendado en el locutorio, avisó de su hora a la celosa señora.

135: La cual loca de celos y de rabia tomó su manto, criadas y escuderos y se fue derecha al convento de monjas, las cuales estaban bien descuidadas de lo que había de suceder particularmente siendo señora de tanta estima. Pero ciega de sus negros amores entró dentro del locutorio adonde estaba una deuda (B) de su marido que es la que dio cuenta de todo y en entrando, se fue al canónico como una leona desatada. Asiole de las orejas dándole bocados y bofetadas y tantos golpes que lo dejó por muerto diciéndole que ella tenía la culpa de haber hecho caso de un hombre tan ruin e infame con otras palabras muy afrentosas, diciéndole que no atravesase más sus umbrales porque le haría matar. Y con esto, se volvió a la monja y le dijo que era una mondaria y que le había de hacer cruzar la cara y que diese gracias a Dios que estaban las rejas de por medio, que ella quedara también con su merecido.

136: El pobre canónigo se limpió la sangre y se puso lo mejor que pudo y se salió la puerta afuera dando gracias a Dios que se veía libre de las uñas de aquella fiera. Hecho esto, la mala hembra volviose a su casa como si no hubiera hecho nada. Pero [166: debemos retroceder tres hojas para recuperar el orden] la parienta monja que estuvo presente, a todos les pareció que tenía la obligación de avisar a su marido quien era su mujer, y sin tomar consejo lo envió a llamar y le contó todo lo que yo he referido. Bien se echara de ver lo que sentía este pobre caballero esta afrenta y deshonra, y hecho un demonio trató de la venganza, pero no le sucedió como pensó que fue a matar al prebendado y a la mujer y ni hizo lo uno ni lo otro. Recogió todo lo mejor de su casa y tomó un pistolete y pusose presente por donde había de pasar el canónigo. Era tiempo de invierno y llevaba vestido el canónigo loba y manteo de paño, y por de dentro muy bien aforrado. Dejó pasar al canónigo y luego, por detrás, le retó y el mucho paño que llevaba detuvo la bala que no pasase y así se le quedó en los riñones sin que le ofendiese.

137: Fuese a su casa muy descuidado, pensando que no se supiera, pero fue (B) al revés, porque luego la justicia lo supo y tomándole su declaración al canónigo, dijo que si no fuera don Gerónimo de Angulo, que no tenía otro enemigo. Fue luego la justicia a su casa y hallándolo acostado, lo prendieron y pusieron a buen recaudo. Prendieron a sus criados y secuestráronle todos sus bienes. La mujer a quien acusaba su conciencia, no se atrevió a quedar en casa, y así se fue a las recogidas, con que confirmó la sospecha porque su marido estaba preso. Pidió el canónigo en la Corte un Juez pesquisidor, diose la querella y se hizo gran sentimiento, y pareció a la Majestad del Rey Felipe 2º  que nadie mejor que Valadares Sarmiento acudiría a este negocio y así le envió a mandar que aceptase aquella comisión encargándole el Rey mucho correspondiese el castigo a la insolencia y atrevimiento que aquel negocio [167] pedía.

138: Recibida su comisión se partió a las voladas a Córdoba, pensando hacer la noche que llegó gran parte del negocio. Al fin, sabida la venida de Valladares, le dieron al carcelero mil ducados para que dejase salir al dómine Jerónimo y salió entre un colchón doblado encima de la cabeza de un ganapán y de esta suerte se desapareció. Otro día de mañana fue Valladares Sarmiento a tomar la confesión a don Gerónimo y viendo que se había salido no se puede decir la furia y rabia con que se quería comer los carceleros y demás ministros. Hízolos atormentar a todos y todos negaron la verdad diciendo que si no había salido por una reja de hierro metiéndose por entre ellas, la cual vuela a los Beteones de la Cárcel, a la parte de afuera, por ser él muy delgado, que no sabían debajo del cielo por donde hubiese salido. Hizo Valladares la experiencia trayendo un hombre delgado y puesto en cueros (B) con poca diligencia se coló por entre las dos rejas. Con esto quedó satisfecho […?].

139: Antes de esta diligencia se informó de los caballeros que el día antes le habían visitado y los prendió a todos. Fue uno don Gómez de Córdoba, del hábito de Santiago y otro fue don Juan de Saavedra, del mismo hábito y a don Fernando Páez de Castillejo y a don Fernando de Arias y Cárdenas, a todos cuatro los sacó con grillos y descaperuzados y les habló tan hinchadamente que dio bien que decir, y entre otras cosas fue decirles que de cuatro diablos que tenía el Rey su señor era él el uno y que dijesen la verdad de lo que les preguntase y que de no que le perdonase porque los había de poner en el potro donde la dirían mal de su grado. Respondieron los tres comendadores que él no era su Juez y así que no tenían que decir y cuando lo hubiera no querían decírselo.

140: Hecho esto despacharon el Consejo [168] de órdenes y advocaron la causa así; y a don Fernando Páez, por estar enfermo, no pudo proceder contra él; pero sí contra sus bienes haciendo vicio en ellos. No contento con esto, buscaba el preso con todas diligencias y prometimientos, que fue gran milagro poderse el pobre caballero escapar de sus manos. Al fin, viendo el pleito mal parado sentenció en ausencia de don Gerónimo a cortar la cabeza y dos mil ducados para la cámara del Rey; y él llevó sus salarios y se fue aquel rayo del cielo dejando atemorizados a todos lo que tuvieron que ver con él. La causadora de todas estas desgracias se quedó en las recogidas y allí murió. Y el canónigo, por quitarse de inquietudes se fue a Jaén, pareciéndole que no estaba seguro en Córdoba. Celebró este hecho don Luis de Góngora con sus satíricos versos tomando por tema: “Abades guardad el bonete, / que tiran con pistolete”. El pobre don Gerónimo, viéndose (B) sentenciado a degollar y vendidos sus bienes, se fue a Orán con el conde de Alcaudete que iba a ser Capitán General de aquel presidio. Estuvo allí muchos años sirviendo a su Rey como valiente y esforzado caballero en muchas empresas de importancia. Y al fin de más de veinte años, se volvió con salvoconducto a Córdoba adonde yo le conocí ya muy viejo y cansado de tantos trabajos como le habían sucedido por una mujer antojadiza y mal considerada causadora de tantos males y revueltas como hubo por su causa.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error.

  1. No he podido localizar el poema que se menciona en el texto, si alguien lo tiene localizado, por favor, que me lo comunique en un comentario. Gracias.
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DE ASPIRANTE A JESUITA A MORIR EN LA HORCA

VIDA DE DON ANDRES DE BUEN ROSTRO QUE FUE JESUITA Y DESPUES, HABIENDO SALIDO DE LA RELIGIÓN, MURIÓ AHORCADO EN LA CIUDAD DE SEVILLA.

128: Por este mismo tiempo, dice Colodro, sucedió en Sevilla otra desgracia a un hidalgo de Córdoba que se llamaba don Andrés de Buenrostro, y sucedió de esta forma. Don Andrés de Buenrostro era natural de Córdoba, hijo de Jurado Buenrostro, uno de los ricos de aquella ciudad. Diole él, Jurado, estudios a don Andrés y fue tanta su habilidad que se aventajó a todos los de su tiempo. Siendo ya de veinte años pretendió ser de la Compañía y viendo los padres las grandes esperanzas que prometía en tan tierna edad, fue recibido en ella. Tuvo su noviciado con grande ejemplo de todos, sacáronlo [161] de él y llevándolo a estudiar fue de suerte que volaba en los estudios con gran satisfacción de los maestros a quien daba muy bien en que entender en las dificultades que se le ofrecían.

129: Estando pues en este estado y teniendo puestos los ojos en su notable habilidad y virtud, pidió sus vestidos para irse de la Compañía. Viendo una mudanza tan repentina, procuraron con todas las fuerzas apartarle de aquel mal pensamiento y viendo que nada aprovechaba lo enviaron en paz. Sucedió que estando en casa de su padre, le encomendó que se encargase de cobrar unos censos de don Francisco de la Cerda. Fue pues en ocasión que no estaba este caballero en casa sino dos hijas suyas. Las señoras le mandaron entrar y que se sentase en una silla pidiéndole por su salud y como se hallaba con el vestido de seglar, respondió a todo con mucha discreción porque lo era él en extremo discreto. Llevaba don Andrés en un dedo un diamante finísimo y viéndolo (B) doña María le dijo que si se quería casar con ella. El respondió que quisiera ser Rey de España para servirla y tratarla como su persona merecía. Pero dentro de los términos de su posible, y que si gustaba,  que tomase aquel diamante en prenda de su Palabra. Doña María tomó el anillo delante de su hermana doña Leonor y de dos criadas y ella le dio otro que tenía por señal de la suya.

130: Con esto se volvió a su casa y dio cuenta a su padre de lo que había hecho. El padre tomaba el cielo con las manos y hecho un león echole mil maldiciones diciendo que no era su hijo y que lo había de desheredar. Viendo al padre tan enojado se fue a la Guijarrosa que está a cuatro leguas de Córdoba donde su padre tenía toda la hacienda de olivares, viñas y tierras. Viendo pues doña María de la Cerda que don Andrés no acudía ni su padre tampoco, con licencia de su padre fue a besar las manos del obispo Pazos y [162] contole todo lo que había pasado. Mandó el obispo, oída su demanda, que se hiciese información, fuele tomado a don Andrés su dicho y viendo que venía bien con lo que doña María decía, los mandó casar [aquí, vuelve a repetir la frase “ …y viendo que venía bien con lo que doña María decía, los mandó casar”]. Su padre, viendo que se había hecho sin su licencia, no le quiso acudir con un maravedí a cosa ninguna. Viéndose el pobre caballero casado con una señora tan principal, aunque pobre, y que no tenía quien le acudiese, determinó buscar algún señor a quien servir. Recibiolo el conde de Gelvez por su caballerizo. Pasó algunos días en este oficio, y viendo lo poco que se medraba en él determinó hacer una cosa fuera de quien él era por remediar su necesidad. Y fue falsear una cédula del Duque de Arcos de dos mil ducados. Salió con su pretensión, fue con ellos a Córdoba y se vistió a sí y a su mujer y en el cambio, viendo que el Duque no aparecía, le avisaron como para una cédula (B) suya se habían dado dos mil ducados, que mandase su excelencia librar a donde se habían de pagar.

131: El duque extrañó la demanda y respondió que la firma era suya pero que él no había pedido aquel dinero porque no se había visto en ocasión tan apretada que le fuese forzoso valerse del banco. Pero sin embargo de esto, los pagó luego y mandó que se estuviese con cuidado y que si otra vez fuesen en su nombre, que no lo diesen porque sería la cédula falsa. Estúvose a la mira y pasado un año que ya don Andrés había gastado los dos mil ducados, se determinó de ir por otros mil y como  estaban tan sobreaviso lo prendieron luego y avisaron al Duque como habían cogido al malhechor. Sabido por el Duque quien era la persona, lo sintió en el alma y trató que se diese [hay una errata y se ha anticipado el folio 166, el posterior retoma la paginación por la que sigo: 163] algún coste; en esta ocasión, llegó a Sevilla el Alcalde Valladares Sarmiento para Asistente de aquella ciudad, en premio de lo que había servido a Felipe Segundo, en la Sauceda. Entró el nuevo Asistente con aceros de estrenarse en una cosa señalada, estaba la causa desdichada de don Andrés de Buenrostro chorreando sangre. Visto el proceso y sustancia, sin embargo de que era noble, lo mandó ahorcar por el hurto y por falsario.

132: Fue tan desgraciado el pobre don Andrés que de Córdoba nadie le quiso acudir por ser tan feo el crimen cometido. A la mujer la detuvieron sus parientes, no dejándola salir de Córdoba, poniéndole dagas a los pechos. Tal hacia la otra desgracia de este caballero fue que en esta ocasión había muerto su amo el Conde de Jelves de aquella desgraciada muerte que le sobrevino de aquel necio (B) salto que dio. Así que todo el mundo le fue contrario para salvar su vida por algún camino y lo peor que hubo fue la venida del asistente Valladares que tan encarnizado estaba. Notificósele la sentencia de su muerte al desdichado don Andrés, y él la recibió como discreto y prudente, dando a Dios muchas gracias por quererle castigar en esta vida sus culpas. Pidió papel y tinta y escribió a su mujer una carta tan llena de sentencias y discretos pensamientos que me afirmó su mujer que con estar reventando de dolor viéndole morir una muerte tan afrentosa y por otra parte por amarle ternísimamente por merecerlo su cara de ángel y su mucha nobleza y bondad, leyendo su carta se consoló notablemente, conformándose con la voluntad de Dios. Súpose en Córdoba la venida de esta carta y viendo ser cosa [164] de tanto precio y estima, se hicieron de ella mil traslados, porque a juicio de los hombres doctos fue de las cosas grandes que en nuestros tiempos se han escrito.

133: Sacaron pues al desdichado don Andres en una mula de albarda con una ropa de bayeta y unos borceguíes datilados y calzones de belludo. Subió en la mula con mucho ánimo y llevando a su lado dos padres de la Compañía que el uno de ellos era primo hermano de su mujer, de quien yo acabé de saber esta historia. Comenzó el pregón tan lastimero diciendo: esta es la justicia que manda hacer a don Andrés de Bonrostro por ladrón y falsario, y manda que muera ahorcado; quien tal hizo que tal pague. Fue el clamor y gritos de la gente tan grande que llegaba hasta el cielo, viendo llevar a morir a un mancebo de veintiocho años de tan lindo rostro y presencia que si cada uno pudiera lo librara. Con esta general compasión llegaron a la plaza de San Francisco. Allí fue apeado de la mula y subió por la (B) escalera arriba con grande corazón y en lo alto se volvió a reconciliar y pidiendo perdón a todos y diciendo el credo dio su espíritu a su Creador. Y se puede creer piadosamente que está gozando de su majestad, pues con tanta paciencia sufrió aquella afrenta y dio su vida en satisfacción de sus pecados.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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A PUNTO DE MORIR POR ASISTIR A UN CONDENADO A LA HORCA

VIDA DE JUAN DE ANGULO, NATURAL DE CÓRDOBA.

120: Notable gusto he recibido, dice Excusado, de lo que habéis contado, que a mi ver es uno de los extraños sucesos que ha habido en nuestros tiempos y, en consecuencia de esto, yo os quiero contar otro caso que sucedió en Granada a un (B) cordobés. Este se fue a aquella ciudad y se llamaba Juan de Angulo y según fama, era hijo bastardo de un caballero de Córdoba de los de este linaje. Aplicose pues a ser sedero y en este trato se entretenía. Era en sus costumbres tan travieso y liviano mozo que no había género de travesura en que no picase, y esto con tanto escándalo de todos los ciudadanos que nadie trataba de otra cosa. Entre las demás virtudes que tenía era ser valiente, y tanto que salía bien de cualquier cosa, porque procuraba siempre que le ayudase la razón.

121: Estando pues ocupado en estos ejercicios y tan olvidado de su alma, se fue un día a la Compañía a ver una fiesta que hacían aquellos benditos padres y estándola viendo, se llegó un padre a él y le habló [147] con tanto amor y suavidad afeándole sus escándalos y pecados que poco a poco le hizo que se confesase, aunque al principio le dijo que no está examinado, el padre le dijo que no le diese cuidado, que él le ayudaría. Con esta ayuda de costa se determinó de hacer su confesión muy despacio y el padre le ayudó y le animó a la virtud de manera que desde aquella confesión hasta hoy que debe de haber más de tres años, no ha dejado sus buenos propósitos, confesiones y comuniones cada ocho días. Iba creciendo por punto en la virtud, dejaba un día la espada, otro los paseos con otras mil ocasiones de mundo, procurando perfeccionarse cada día en todo género de virtud, y particularmente en obras de caridad, visitando hospitales y encarcelados, pidiendo para ellos limosna. Con esta buenas le comenzaron todos a mirar con diferentes ojos que hasta allí honrando con su nueva vida todos los yerros de la pasada.

122: Tanto que se decía de él que estando en su tienda y llegando mujeres galanas y ata (B) viadas a comprar, las reprendía trayéndoles a la memoria su vileza el día de la muerte y juicio: y al fin les decía las penas que les estaban guardadas a los que se condenaban y esto con tanta fuerza de razones que se trocaron muchos hombres y mujeres a mejor vida por sus buenos consejos. Estando pues en esta santa vida con mucho deseo de padecer por Dios y satisfacerle por sus grandes pecados, sucedió en Granada donde él vivía una muerte de dos hijos de dos mercaderes. Al matador le escondieron en un convento en una hornilla de carbón. El padre del muerto era hombre poderoso y pidió a la justicia con mucho encarecimiento se hiciese diligencia para buscar al matador.

123: Hízose y entre las demás fue prometer cien ducados al que lo descubriese. Con este premio se descubrió el delincuente y puesto en la cárcel y tomada su confesión lo sentenciaron a muerte, dándole solamente cuatro horas de [148] término. A este tiempo, acudió Juan de Angulo a la cárcel a consolar al pobre preso, llevándole cilicios y disciplinas y santos libros en que leyese animándole a que llevase aquella muerte con mucha paciencia, ofreciéndosela a Dios en satisfacción de sus culpas. Estaba el preso tan aprovechado con estos buenos consejos que no deseaba sino de tener mil vidas para ofrecerlas a Dios por sus culpas. Llegó pues la hora en que lo sacaban a ahorcar. El pariente de este mozo que también era rico, pidió a unos clérigos por donde había de pasar el preso, que se lo quitasen a la justicias, pues lo habían sacado de la Iglesia. Los clérigos lo tuvieron a bien y así se lo prometieron. Pusiéronse escondidos por donde había de pasar el preso con dardos terciados, palos y piedras. Y llegando la justicia y ahorcardo al puerto, salieron los clérigos tan de tropel y dando tantas voces y tirando tantas piedras y cuchilladas, que la justicia desamparó al preso al cual quitaron del asno y lo metieron en la iglesia, cerrándolo y atrancándola y poniéndose en arma para lo que pudiese (B) suceder.

124: Entretanto fueron a avisar a la justicia para que viniese a castigar aquella insolencia y desacato hecho a la justicia y el buen Juan de Angulo se quedó junto al borrico admirado de lo que había sucedido de suerte que desde la ventana le vieron a él solo y no faltó quien dijo que se quitara de allí. Fuese a la Compañía y comenzó a contar a los padres lo que había sucedido; en esto llegaron los Alcaldes al lugar donde se quitó al preso para averiguar quien fuese el que acudió a favorecer al reo. Dijo toda la vecindad que solo a Juan de Angulo habían visto junto al borrico. Con estos indicios buscaron a Angulo y hallado, sin más información, lo sentenciaron a ahorcar con dos horas de plazo para confesarse. Diósele aviso al Arzobispo, puso luego entre dicho y grandes penas y excomuniones, a todo lo cual se hacía sorda la justicia. Pasadas las dos horas, pusieron al buen Angulo [149] sobre el borrico para ahorcarlo en la horca donde habían de poner al otro. Alborotose toda Granada, daban voces chicos y grandes de lástima y compasión viendo morir sin culpa a un hombre tan virtuoso.

125: Los padres de la Compañía que sabían la verdad del caso tomaron este negocio a pecho y yendo unos al presidente, otros a los oidores y otros al Arzobispo y otros a los Alcaldes y Caballeros para que apaciguasen al Presidente. Pero toda esta diligencia no bastó para que se dejase de llevar a ahorcar al inocente Angulo. El cual estuvo todo el tiempo que en esto se gastó sobre el borrico con la soga a la garganta y un Cristo en las manos que tenía atadas. No le sacaron porque el padre Thomas Sánchez, que era un santo en opinión de todos, rogó que no lo sacasen hasta que él volviese, que iba a hablar al Presidente. Hablole excusando a Angulo que no tenía culpa ninguna antes le había pesa- (B) –do de lo que se había hecho porque tenía el preso tan bien dispuesto para morir que tenía como en las manos su salvación. Al fín, díjole quien era, sus muchas virtudes y santa vida y que si le ahorcaba pecaría mortalmente. Pues con cólera y enojo hacía una notable injusticia. Y que si tal le hacía, se había de ir a querellar al Rey en nombre de su mujer e hijos. Tantas cosas le dijo el Santo Padre que se ablandó el Presidente mandando que lo quitasen del asno y lo entregasen al padre Thomas Sánchez que a él solo lo fiaba.

126: Todo el tiempo que en esto se gastó, estuvo el buen Angulo a la puerta de la cárcel diciendo tantas cosas que suspendía a todos los que las oían. Pero así particular, pidió a todos los presentes que si se querían salvar, que se confesaran en la Compañía de los Frailes, pues de una confesión que él hizo le había venido todo su bien y remedio. Al fin, viendo que había gran rato que estaba sobre el borrico, compadeciéndose de él, le rogó al verdugo se lo echara a [160] cuestas, que esto sería más razón. Al fin, estando pidiendo a Dios perdón de sus pecados con mucho contento de verse padecer por aquella dichosa muerte de tanto gusto para él, llegó el padre Thomas Sánchez con el despacho del Presidente. No se puede encarecer la alegría que todos los presentes y toda la ciudad recibió con esta alegre nueva.

127: Solo Angulo estaba triste viéndose frustrado de lo que tanto deseaba, quejose mucho del padre Thomas Sánchez que le había quitado aquella ocasión de tanto merecimiento. Después de esto, los parientes del preso lo sacaron para asegurarlo en otra parte. Súpolo la justicia y con mucha diligencia lo cogieron y ahorcaron, con lo que quedó libre el buen Juan de Angulo, el cual con este caso quedó tan calificada su santidad que lo venían a ver como a santo y para verlo, iban muchos a comprar a su tienda para oírle cosas de Dios, el cual permitía que (B) vendiese solo más que todos los mercaderes juntos, aunque vendía con casi ninguna ganancia. Este fin tuvo esta desgracia de que sacó Dios tantos bienes como hemos dicho.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

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DE CÓMO LA PRUDENCIA Y LA PACIENCIA SIEMPRE OBTIENEN RECOMPENSA

CASO QUE SUCEDIÓ A DON FERNANDO DE NARVÁEZ, BISNIETO DE ESTE CABALLERO DEL QUE SE HA HABLADO:

117: Yo quiero darle alma a este cuento, dice Colodro, refiriendo un caso que me contó un superior de la Compañía que se halló presente, de un bis (B) nieto de ese caballero que hoy vive y se llama don Fernando de Narváez. El cual ha sucedido a sus antepasados en el oficio de Alcaide y de la Nobleza que heredó de su padre, porque es nieto de los Señores de Guadalcázar que hoy son Marqueses. Al fin este caballero que hoy vive, que es el año de 1618 (1) y envidiado de todos por sus muchos merecimientos y es la envidia tan poderosa que vemos lo que hizo en el cielo sobre las sillas más altas. Sucedió pues que este caballero pretendió ser familiar del Santo Oficio. Para esto mandaron los señores Inquisidores se hiciesen las informaciones, hechas con grandes ventajas de abono, los enemigos de este caballero, que se llamaban Roxas, dijeron que su bisabuelo había sido quemado por hereje, y presentaron para esto ocho testigos. Diose y tomose señas volviendo a hacer nuevas pruebas y constando por ellas ser falso lo que se había jurado, castigaron los testigos y diéronle a don Fernando el título [144] de familiar con mucha honra.

118: Renovó de camino el privilegio de las ocho alabardas que pueden traer los Alcaides de Antequera. Y de camino, pretendió el hábito de Santiago, lo que sucedió en las informaciones no es posible decirse, tanto que se hicieron tres pares de informaciones, gastando en esto más de dos mil ducados, que esto era lo que pretendían los enemigos, gastarlo y consumirlo hasta ponerlo en el hospital. Salió al fin con el hábito a pesar de todos los contrarios, y en este caso se verifica que la verdad adelgaza, pero no quiebra. Puesto al fin en posesión de su hábito quiso estrenarlo junto a la cruz de familia y los ocho alabarderos el día del Corpus Cristi, y sabiéndolo sus enemigos, determinaron hacerle una de las mayores afrentas que en España y fuera de ella se han visto, todo a fin de gastarlo de suerte que no le quedara cera en el oído. La ocasión fue que teniendo este (B) caballero cuatro caballos cordobeses de la famosa casta de los Valenzuela y sin temor de Dios ni de las gentes, entraron en caballeriza y les cortaron las colas y las orejas, y se fueron a sus casas, poniéndose todos a punto para lo que don Fernando de Narváez quisiese hacer.

119: Sabido pues por don Fernando el caso y el intento de sus enemigos, que era de empobrecerlo, no hizo caso de ello, con que sus enemigos quedaron mordiéndose las manos de rabia. Y toda el Andalucía que supo el caso, admirados que no saliese a la venganza tan justamente merecida. Visto esto por sus enemigos se determinaron de hacerle otra y fue que un día muy principal y de gran concurso de gentes le llamaron cornudo infame con otras semejantes palabras salidas de aquellos pechos tan dañosos que no pretendían con esto sino incitarlo para que hiciese un disparate con que lo destruyesen. Pero nada bastó para que el valeroso caballero saliese un [146] punto de lo que su mucha prudencia y virtud merecía, dejando a Dios el castigo de tan atrevidas maldades. Su Divina Majestad le vengó muy de contado, permitiendo que a todos los malhechores sucediesen trabajos y desgracias nunca vistas, muriendo uno de ellos desastradamente, y los demás, por diversos caminos a mucha ruina y pobreza, en que echaron de ver cuán justo es Dios pues no sufre que sus siervos sean afligidos, y aunque lo fue mucho, este caballero al fin le premió Dios su mucha paciencia haciéndole señor de sus enemigos, como lo es a pesar de sus malicias y maldades.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Esta fecha data el manuscrito en la primera mitad del siglo XVII, aunque la mayoría de las anécdotas históricas relatadas corresponden al reinado de Felipe II.
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NUNCA ES TARDE PARA ARREPENTIRSE. SOBRE DON RODRIGO NARVÁEZ, ALCAIDE DE ANTEQUERA.

HISTORIA DE DON RODRIGO DE NARVÁEZ, ALCAIDE DE ANTEQUERA:

110: He gustado, dice Excusado, más de los que puedo encarecer de lo que habéis contado de este gran caballero y creo que cierto que el levantar Dios algunos hombres tanto en nuestros tiempos como en los pasados  no ha sido sino para grandes servicios que hicieron a su Majestad Divina. Lo que levantó el gran Cortés por el gran respeto que tuvo a su Cruz y a los religiosos que adonde quiera que los veía se hincaba de rodillas, y particularmente delante de los judíos para que ellos, [140] por su ejemplo, hiciesen otro tanto. De el Duque de Alba se encarece el respeto que tuvo a las iglesias y cosas sagradas y del famoso Cid, Rui Díaz no acaban de ensalzar la devoción y caridad que tuvo a los pobres y se dice en su historia que llegó un pobre a pedir limosna lleno de lepra y le rogó que lo llevase caballero, y él con mucho amor tomó a las ancas del caballo y luego se desapareció, de donde se infiere que mereció ver a Cristo en figura de aquel pobre por su mucha caridad, y como he dicho de estos pudiera decir de otros muchos pero en particular os tengo que contar lo que le sucedió a un caballero de Córdoba que era Alcaide de Antequera, que en su modo no es menor la hazaña que las pasadas y es de esta suerte.

111: Don Rodrigo de Narváez fue súbdito de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Fue tan valeroso (B) capitán que los moros lo tenían por espanto de sus fronteras señalándose más que otro de su tiempo en todas las cosas de la guerra que cada día ofrecían. Para estas cosas, el Rey don Fernando de Aragón le hizo grandes mercedes y le dio la villa de Antequera. En confianza, haciéndole Alcaide de ella y que pudiese traer ocho alabarderos consigo y en unos tiempos le han confirmado los Reyes esta misión.

112: Estando pues este caballero ocupado en defensa de la ciudad que se le había dado, sin embargo de que los moros fronterizos de Granada lo sacaban a escaramuzas cada día, en las cuales el buen Alcaide se mostraba muy valeroso Capitán. Sucedió pues que en este tiempo estaba en aquella villa de Antequera una señora casada con un buen caballero. Puso el Alcaide [141] los ojos en ella con mal ánimo: festejábala y servíala de todas las maneras que le era posible. Llegó a tanto su pasión, que se determinó de escalarle la casa estando ausente su marido. La buena señora, luego que sintió la voluntad del Alcaide, se recogió no queriendo dar oídos a sus recaudos y peticiones por ser ella muy gran señora y mujer de un tan principal caballero. Cansose el Alcaide viendo que no le aprovechaban nada sus diligencias.

113: Era el Alcaide tan llano apacible y bueno con todos que no se trataba otra cosa en la villa sino de su nobleza y bondad, con que tenía ganadas las voluntades  de todos llamándole a boca llena “Padre de la Patria”. El marido de la señora que había pretendido don Rodrígo de Narváez, le fue a pedir un negocio harto dificultoso, que podía para hacerse mucho parentesco y mucha amistad, y de lo uno y de lo otro no había algo entre los dos, pues no se conocían. Pero fiado en la nobleza del Alcaide y sin saber lo que en su casa le fue a pedir lo que pretendía; y el buen Alcaide, sin poner impedimento ni venderle la dificultad que había pretendido, le concedió luego su demanda diciéndole con mucho amor que en otras cosas de más importancia quería le mandase. Viendo pues el caballero la larga mano con que le había correspondido y la voluntad que mostraba para hacerle merced en lo que se ofreciese, se partió de él rindiéndole las gracias y haciéndose lenguas donde quiera en alabanza del Alcaide.

114: Entre otra ocasión donde mostró su agradecimiento fue que viniendo a cenar a su casa y estando con su mujer a la mesa y viéndole ella tan alegre le preguntó que de dónde venía y que cual era la causa de su contento. El marido le contó lo que le [142] había sucedido con el Alcaide, añadiendo otras mil cosas que en su loor toda la tierra decía y que él determinaba ser pregonero de ellas donde quiera que se hallase. Fue tanto lo que dijo que la mujer, agradecida de su parte, le escribió un billete diciéndole que lo mucho que de él había dicho su marido, había sido bastante a rendir a la que todo el mundo no bastara como lo había experimentado; y que llevada de este agradecimiento se resolvía en condescender con su voluntad como se lo prometía por aquel billete que le enviaba.

115: Leído el billete, se quedó pasmado y viendo que se le mandaba que fuese aquella noche porque el marido no estaba en casa, disimuló y le dijo a el ama que lo llevaba que le dijese a su señora que le besaba las manos y él haría lo que se le mandaba. Sin embargo, pues del salvoconducto que se le había dado, determinó (B) por lo que sucediese, armarse de todas armas, y encima de ellas se vistió de un velludo verde. Aludiendo a la esperanza de conseguir su deseo. No quiso el buen caballero llevar a nadie consigo y llegado al puesto tiró una china a la ventana de la casa. La señora que estaba en vela, bajó y abrió a su nuevo galán, recibiéndolo con mil abrazos y todas las muestras de amor que se pueden imaginar. El caballero quedó con esto más admirado que cuando recibió el billete y deseoso de saber la causa, le rogó que se la dijese que recibiría mucha merced y regalo. Ella le respondió que le placía el decírlo y comenzó de esta suerte: “Habéis de saber, Señor Alcaide, que cenando los días pasados, mi marido y yo, vinisteis a plática [142] y él tomó la mano hablando y diciendo de vos tantas cosas en vuestra alabanza, honra y nobleza, que no sé qué más se pudiera decir del mejor hombre del mundo. Os llamó junto con esto “Padre de la Patria” y que chicos y grandes, todos, hallaban en vos amparo y remedio y, sobre todo, que erais gran señor de damas y muy cortesano con ellas. Al fin, mi marido quedó muy satisfecho y obligado a la merced que le hicisteis y yo de oírle decir tantas cosas quedé tan aficionada de vos que lo que no pudo vuestra importunación, lo ganó en mí vuestra fama, y así me resolví de serviros y he aguardado esta ocasión que está fuera mi marido para satisfaceros de todo lo que fuese vuestra voluntad como lo podréis hacer en la ocasión presente.

116: El buen Alcaide que acabó de oír (B) la causa que a la señora le había movido a la liviandad, levantándose de la silla le dijo: “No permita Dios ni su Santa Madre a hombre que de mi tanto bien dijo haga yo con él semejante traición y maldad, y así os suplico que me perdonéis, señora, porque certifico que no baste todo el mundo a trocarme de este parecer y a no ser muy agradecido a tan buena y leal voluntad como es la de vuestro esposo”, y diciendo esto, se volvió a salir por donde había entrado, quedando la pobre señora avergonzada y confusa de lo hecho; y, por otra parte, admirada de la lealtad y bondad del Alcaide, pues quiso posponer sus gustos y privarse de lo que tanto había deseado para no ofender a su [144] amigo. Fue esto causa para que la señora lo estimase en más de allí adelante, siendo pregonera de las virtudes del Alcaide en las ocasiones que se ofrecían. Todo esto se vino a descubrir después por su confesor y muerto el Alcaide se compusieron romances y muchas letras que se han cantado en toda España con grande loa de este famoso caballero don Rodrigo de Narváez, a quien ha subido hasta las nubes este caso que le sucedió pero pocos le han imitado en la virtud y fidelidad que guardó a su amigo y bienhechor.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Debió tener mucha fama en su tiempo, fue apodado «el bueno». Para más información: https://dbe.rah.es/biografias/6845/rodrigo-de-narvaez-y-biedma
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DE CÓMO EL GRAN CAPITÁN SALVÓ A DOS DONCELLAS DE LA DESHONRA EN NÁPOLES

CASO ADMIRABLE QUE SUCEDIÓ AL GRAN CAPITÁN EN NÁPOLES CON UNAS SEÑORAS POBRES:

103: Milagroso es Dios en sus obras, dice Colodro, y en sacar bienes de males, como lo hizo en esta ocasión y en otra que yo os quiero contar que el sucedió al Gran Capitán, don Gonzalo Fernández de Córdoba, y cuando él no hubiera hecho otra sino esta, bastaba para engrandecer cualquier príncipe del mundo. El caso pasó de esta forma. Después que el Gran Capitán hubo conquistado el reino de Nápoles, y hecho su entrada tan grandiosamente, y habiendo dado corte y asiento estas cosas de la paz y de la guerra, quedaron (B) desacomodados: unos pobres, otros encarcelados, por haber seguido la parte de Francia, otros huidos. Al fin, entre los que quedaron pobres y necesitados fue un gran caballero de la ciudad de Nápoles. Este tenía dos hijas ya casaderas dotadas de rara belleza y hermosura. Con los trances de la guerra, vino su padre a quedar tan pobre que no hallando remedio después de haber maquinado mil trazas, le dijo a sus hijas.

104: Ya sabéis de la suerte que estoy, la ocasión ha sido no de mi parte, pues no he jugado ni malbaratado, la guerra lo ha hecho harto; he mirado y considerado el modo que podrá tener nuestro trabajo. No ignoro, hijas mías, que es ajeno de quien somos y de los ojos de Dios, pero viendo que debajo del cielo no hay otro remedio, me he resuelto en que toméis amistad con este Gran Capitán, [146] pues lo puede todo y en su mano está la vida y la muerte; y por vuestro respeto no dejará de sacarnos de este aprieto y miseria en que nos vemos. Oídas estas razones por las pobres señoras, se desmayaron viendo su desdichada suerte y vertiendo arroyos de lágrimas de sus ojos lloraron su desventura deseando antes no haber nacido que verse en tan miserable estado. Pero mirando el caso y que era el último remedio le dijeron a su padre que ya que así lo quería la fortuna, que lo fuese a tratar. Hízolo así, fue a besar las manos al Gran Capitán y dada licencia propuso su embajada, diciendo el aprieto y necesidad en que tenían las guerras, y que por ser de lo mejor de Nápoles, no se podía poner a trabajar para ganar de comer: y por ser ya viejo, solo le habían quedado don hijas, las más hermosas doncellas de Nápoles, que su alteza se sirviese de la que más gustase y que le perdonase el atrevimiento pues su pobreza y trabajo no le daban lugar a otra cosa. (B)

105: Acabó su razonamiento vertiendo muchas lágrimas de sus ojos; y respondiole el Gran Capitán con mucha majestad que para el domingo las llevase adonde había de ir a oír misa y que se pusiesen cerca de su estrado para desde allí verlas. Despidiose el buen viejo consolado por entender que la respuesta del gran Capitán había sido favorable, y con esto se volvió a su casa y contó a sus hijas lo que le había pasado pidiéndoles que para el día señalado se aderezasen de lo mejor que pudiesen: no se descuidaron en esto por lo que interesaban.

106: Llegado pues el día, se fueron las señoras al puesto, vino el gran Capitán, púsolos en ellas y satisfecho en que eran las mismas se enterneció y compadeció de manera que allí trató del remedio del padre y de las hijas por un medio bien diferente del que ellas pensaron. Y fue que dos caballeros de los que tenía presos, de los más ricos y nobles de Nápoles, aunque de los más culpados por haber sido muy a favor del francés en la conquista de aquel reino, determinó casarlos con aquellas señoras, y como lo pensó lo puso por la obra. Fuese a su casa y luego envió a llamar con doce escopeteros a los caballeros que por puntos estaban esperando la muerte como todos los demás que habían sido de su parcialidad. Oído el mensaje se comenzaron a cubrir de sudores de muerte y con muchas lágrimas se comenzaron a despedir de sus parientes y amigos: llegados a casa del gran Capitán con sus prisiones y el acompañamiento. Mandoles entrar, y viéndose delante de él, se echaron a sus pies con grandes sollozos y lágrimas que venían: pidiéndole que se apiadase su alteza de sus pocos años y poca experiencia y que habían sido engañados y que ellos prometían muy grande enmienda y lealtad a su Rey de allí adelante. Viéndolos tan arrepentidos (B) les mandó alzar de tierra y representándoles con mucho artificio el ser Virrey de Nápoles y Capitán General por mar y tierra del Rey de España, les dijo que si no entendiera lo que allí habían dicho les era de alguna disculpa que ya hubiera ejecutado en ellos la pena que sus culpas merecían. Que él les prometía serles buen tercero para con su Rey para que sus negocios tuvieran el buen fin que ellos deseaban y que supuesto esto, les pedía hiciese por él una cosa que les rogaba. Se volvieron a hincar de rodillas y que se tenían por dichosos en que su alteza les quisiese mandar y que viese lo que era de su voluntad. Entonces, el gran Capitán les dijo que si conocían a tal caballero y a dos hijas suyas. Y respondieron que sí y que eran deudas suyas y que eran de lo mejor de Nápoles. Pues así es. Lo [148]  que quiero que hagáis por mí es que os caseis con esas dos señoras dando mi palabra de acudir a vuestros negocios como veréis.

107: Sabida su voluntad por los caballeros se volvieron a hincar de rodillas besándole los pies, dándole las gracias por tan gran merced diciendo que ellos ganaban en aquel negocio que les estaba tan bien. Hecho esto, les mandó quitar las prisiones y traer vestidos y aderezos para sus personas y de su honra, envió a llamar a el caballero y a sus hijas. Vinieron bien descuidados del bien que les tenía aparejado. Entre tanto avisó al Arzobispo para que estuviesen todos juntos a un tiempo.

108: Hecho esto, tomó la mano el gran Capitan y movido con un corazón y amor de padre propuso lo que había hecho rogando a aquellos caballeros se casaran con (B) aquellas señoras que aunque pobres eran muy principales y que el dote lo daría él y se prefería de alcanzar el perdón de su Rey. Oído esto por el arzobispo le dio las gracias por tan señalada merced, en nombre suyo y de los desposados; y hechas las preguntas, hallando las voluntades conformes, los desposó su Señoría siendo el Gran Capitán su padrino. Sentáronse todos a comer con el Gran Capitán haciéndoles un magnífico convite; sentó a sus dos lados a los desposados, al padre de las señoras, y a sus suegras y Arzobispo con otros caballeros y capitanes que le habían ayudado a ganar aquel reino. No trataron en la mesa sino de la gran hazaña que su alteza había hecho. Todos los que hasta allí estuvieron dudosos, viendo el hecho tan señalado daban voces alabando las proezas del Gran Capitán. Pero sobre todo que lengua podrá explicar la alegría [149] que tendrían el padre y las hijas que sabían a lo que venían y que de una deshonra e infamia tan grande, sin pensarlo se viesen con honra, con maridos, con hacienda y con descanso. Meta cada uno la mano en su pecho, ¡bien se echa de ver cuan agradecidos quedarían a su bienhechor!

109: Pues no paró en esto sino que a otro día se hicieron las bodas, siendo como dije el Gran Capitán y un sobrino suyo los padrinos. Dioles muchos dones y preseas y últimamente les alcanzó perdón de su Rey. Todo esto hizo el Gran Capitán, honra de España, sin ofensa de un pecado venial, sino solo por servir a Dios y no ofenderle habiéndolo podido hacer tan a su salvo. Y así se dice y escribe en su Historia que dio por descargo en aquellas tan apretadas cuentas (1) que le tomaron que mucha de aquella cantidad había gastado en casar huérfanos, en decir misas y en otras (B) muchas limosnas para que Dios le diese victoria; y así es de creer que quien vivió tan ajustado mereciera en premio tantos triunfos y victorias como alcanzó.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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  1. Se refiere a las famosas cuentas que le fueron exigidas por los Reyes Católicos, y que, molesto, justificó a su manera de forma irónica y humorística, tanto que quedaron como refrán popular. Para más información: http://www.gibralfaro.uma.es/dichos/pag_1577.htm
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A PUNTO DEL DIVORCIO POR AYUDAR A UNAS DAMAS EN APUROS FRENTE A SU CASA

SOCORRE COMPASIVO UN CABALLERO A UNA FAMILIA QUE SE LE OFRECIÓ PARA MAL USO Y LO QUE PASÓ EN LA CASA DE ESTE CABALLERO:

99: Yo contaré, dice Colodro, otro caso que (B) le sucedió a un caballero deudo de este Santo Obispo que alude a lo que ese Prelado hizo de dejarse morir por no ofender a Dios. Y lo supe de un cura de San Martín, deudo mío y de esta suerte. Por los pecados de los hombres y por sus justos juicios nos ha enviado Dios en estos tiempos unos años correspondientes a la vida que los hombres viven; fue esto el año de 1584 en el cual valía cada fanega de trigo seis ducados, sesenta y seis maravedís y lo peor era que no se hallaba; padecía la gente pobre notable necesidad y en particular las mujeres. Estaba en Córdoba una señora viuda con una hija muy hermosa fueron pasando el tiempo de el hambre con mucha necesidad, aunque para remediarla se valieron de todas las mejores halajas que tenían empeñando unas y vendiendo otras. [143] Viendo pues que ya no les quedaban otras que empeñar y que los parientes que tenían no las podían remediar, se resolvieron en que la hija se entrase por las puertas de este caballero rico que he dicho, aunque estaba casado y tenía una hermosa mujer.

100: El caballero era mozo y se entretenía en liviandades y les pareció que hallarían en él buena acogida. Al fin, llenas de angustia y dolor, y viendo el punto y desventura a que las había traído su necesidad se fueron a casa del caballero. Halláronlo solo a su puerta paseándose y la mujer detrás de una celosía atisbando y llena de celos por saber sus travesuras, lo cual era causa de muchos disgustos para entrambos. Llegaron las pobres señoras representando su necesidad, pidiéndole (B) por las entrañas de Dios las favoreciese, y entendiese que el haber venido a su casa había sido ya el último remedio: pues hacía dos días que no se habían desayunado. Fue tanto lo que se enterneció este buen caballero considerando al punto que la necesidad había traído a aquellas pobres señoras y aunque el caballero era tan sensual y arrojado, se compadeció de manera que sin intereses de lo que se le ofrecía se determinó de socorrer y amparar aquella doncella y así, saltándosele las lágrimas de pena y dolor les rogó que esperasen que luego venía.

101: La mujer que había estado en la ventana viendo que habían entrado mujeres, bajó echa una leona y comenzó a decir mil libertades al marido. El buen caballero la apacigua-[144]-ba y rogaba; y que entendiese que no era lo que ella pensaba; no quiero escuchar, respondió ella, bien me lo dicen y lo veo por mis ojos: yo me descasaré de vos que esto no se puede sufrir, no falta ya otra cosa sino traerlas a mi casa, yo me iré a la de mis padres. El pobre caballero no hacía sino apaciguarla con palabras mansas y amorosas pidiéndole que le escuchase dos palabras y que luego hiciese lo que quisiese. Al fin, reportada la mujer le comenzó a contar el estado de aquellas tan principales señoras y que iba a decirle lo que pasaba y a rogarle que ambos acudiesen a aquella obra de misericordia. Con estas razones se sosegó y le dijo a su marido que para ver si era verdad que las entrase a su (B) estrado.

102: Entraron las pobres señoras y cuando las vio y conoció quienes eran se lastimó de su necesidad, consololas con sus palabras y ayudolas con todo cuanto hubieron menester prefiriéndose de no faltarles jamás como lo hicieron con mucha largueza, las pobres señoras hincadas de rodillas y puestas las manos les dieron infinitas gracias pidiendo a Dios con muchas lágrimas les aumentase los bienes y los días de la vida quitándoselos a ellas y poniéndolos en sus personas. Con esto se fueron a sus casas arrepentidas y con propósito de morir mil muertes antes que ofender a Dios. Contaban este caso a muchas personas para ejemplo que se animasen otros a que acudan a Dios en sus trabajos. Este fin tuvo la mala determinación de estas señoras.[145]

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

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SI HUBIESES AMISTAD CON MUJER, SALVARÁS LA VIDA…VIDA DE FRANCISCO PACHECO, OBISPO DE CORDOBA (1). Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba.

96: Yo contaré, dice Excusado, un caso que le sucedió a don Francisco Pacheco, Obispo de Córdoba, de harta edificación y es de esta manera. Don Francisco Pacheco fue nieto de los marqueses de Priego y fue hermano de don Diego de Córdoba, caballerizo del rey don Felipe. Este Santo Obispo fue uno de los discípulos que tuvo el cronista Ambrosio de Morales. Fue primero (B) Obispo de Málaga, y por muerte de Presidente Pazos que le sucedió a don Martín de Córdoba, de quien se pudieran decir hartas proezas de virtud y santidad para ejemplo de los prelados, le dieron el obispado de esta ciudad. Vino a ella con mucho gusto por ser de ella natural.

97: Fue su entrada con extraña aclamación y no se engañaron porque si Dios le diera muchos años de vida, el fuera padre de la ciudad como lo han sido todos sus antecesores. Yo supe de grandes limosnas que comenzó a hacer a personas principales y a estos decía que les daba de buena gana por lo mucho que padecen para no avergonzarse de irlo a pedir a nadie ni poder trabajar. Dio este Santo Obispo a la Compañía de Jesús un retablo de mano de Céspedes que para haberlo de alabar era menester un libro entero; es la historia de Santa Catalina y en la cúpula el sacrificio [142] Abraham, obra valiente y que admira a los que entienden, los cuales dicen que no tiene precio.

98: Era este Obispo sobrino del Señor Juan, el Deán, y el que le sucedió en el mismo Deanato a que estuvo siempre muy reconocido. En esta y otras santas obras, le cogió la muerte, causada de un mal de riñones. Aconsejáronle los médicos que si su señoría hubiese amistad con una mujer se aseguraría la vida; y el Santo Obispo le respondió que no quería vida con ofensa a Dios; que la daba él y otras mil que tuviera para que no fuese Dios ofendido. El cual se lo llevó a gozar de sí premiando sus muchas virtudes.

CASOS RAROS OCURRIDOS EN LA CIUDAD DE CÓRDOBA. CAJASUR, 2003 (2 TOMOS, EDICIÓN FACSÍMIL)

Transcripción del original, publicado en edición facsímil. Los números iniciales corresponden a los párrafos, los números entre corchetes a las páginas. Hemos respetado el léxico y la sintaxis por entender que se trata de un tesoro, pero hemos actualizado la ortografía para no inducir a error

  1. Antes fue Obispo de Málaga:

«El rey Felipe II lo presentó para obispo de Córdoba en 1587, de cuya sede tomó posesión el 12 de abril de ese mismo año, entrando solemnemente en la ciudad el día 23. Su gobierno al frente de la diócesis cordobesa fue positivo aunque breve, ya que falleció el 2 de octubre de 1590. Fue enterrado en el Convento de Santa Isabel de los Ángeles.»

Para ampliar información:

https://dbe.rah.es/biografias/107771/francisco-pacheco-y-cordoba

Bibl.: L. Guede, R. Gómez Marín, Historia de Málaga, (desde su restauración hasta hoy): vicarías, parroquias, seminarios, sínodos, obispos, Málaga, Imprenta Hnos. Rodríguez, 1983, pág. 73; F. Mondéjar Cumpián, Obispos de la Iglesia de Málaga, Córdoba, Publicaciones Obra Social y Cultural Caja- Sur, 1998, págs. 201-204.

2. El libro que aparece en la fotografía pertenece a Francisco Pacheco, es de la época, pero no corresponde a nuestro obispo. Como curiosidad os diré que cuesta 600 € por si alguien lo quiere.

3. Es curioso el dato que se aporta justificando la ayuda a las familias nobles porque «no podían trabajar». En efecto, se tenía por una deshonra tal cómo podemos leer en El Lazarillo de Tormes.

4. El Obispo Francisco Pacheco es recordado, especialmente, por su encuentro con nuestro insigne poeta Luis de Góngora con motivo de sus supuesta falta de compostura y vida licenciosa. El proceso fue recogido aunque es difícil consulta y se ha interpretado tendenciosamente sin contextualizar los hechos. En este sentido recomiendo vivamente el siguiente artículo de Amelia de Paz: «Revisión de la presencia de Góngora en la visita del obispo Francisco Pacheco a la Catedral de Córdoba en 1588-1589. Transcripción, a partir del original, de todas las referencias al poeta». En él, entre otras afirmaciones encontramos la siguiente:


Sentencia es de bachilleres lo mucho que al riguroso obispo Pacheco debe la fama díscola y desenvuelta de Góngora. Sin duda no buscaba el prelado aparecer en los repertorios de literatura cuando se dispuso a pasar revista al cabildo cordobés en 1588. Pero ahí está, inseparablemente asociado al poeta, rígidos uno y otro en ademán inamovible como moldes pompeyanos

Ver en; https://journals.openedition.org/criticon/1489

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